La siguiente semana volvió Eriol, fue durante mi paseo con Mai por los bosques. Llegó como una aparición, siempre era tan misterioso, aunque ya no lograba inquietarme tanto como antes. Lo había extrañado enormemente estos días, me sentía muy sola con toda esa gente ocupando la casa.

-"Sakura, Mai, sabía que las encontraría aquí." – se bajó de su caballo y corrió hacia nosotras. Abrazó a la pequeña y la levantó con cariño mientras le contaba de su viaje.

-"Qué bueno es verte, Eriol, te he extrañado."

-"Me lo imaginaba. Siempre se siente mucho más la soledad cuando tenemos gente alrededor".

-"¿Cómo te ha ido en tu viaje?"

-"Me ha ido de maravilla. Vine porque tengo dos cosas que contarte"- bajó a la pequeñita y le entregó un osito de género para que jugara, Mai se puso muy contenta.

-"Tal vez mañana vendré a verlos, pasaré el día con ustedes y sus invitados. Pero no vendré solo. Hay una persona a quien quiero presentarte."- puso su típica cara de complicidad y me asusté.

-"Eriol... yo... no entiendo... quieres que conozca a un hombre"?

-"Claro que no... la persona que viene conmigo mañana es lo que tú llamarías "mi pareja".

-"Oh! En serio? qué sorpresa".

-"¿No pensarías que un ser tan especial como yo andaría solo por la vida, verdad?"- dijo riéndose.

-"Eso ni pensarlo".

-"Y tú, qué me cuentas... ¿cómo va lo de ustedes?"- me miró con sus ojos inquisitivos.

-"No va".

-"No te amargues. Mi primo puede ser un completo idiota en eso, es mucho mejor que yo en casi todo lo demás, pero en las cosas que no traen manual se comporta como un verdadero estúpido".- Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y extrajo una bolsa de tela azul con estrellitas – "Mira, este anillo que tengo aquí es para ti, estuve con una persona que sabe cómo sacarte de este tiempo y llevarte de regreso a casa. Pero, debes estar muy segura cuando lo pidas, porque no creo que puedas volver."

Estaba aterrada ante sus palabras, entonces existía la posibilidad de regresar a casa, ver a papá, a Tomoyo... sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas y abracé con fuerzas a Eriol.

-"Eres increíble Eriol, de verdad! Pero cómo sabemos que es seguro, y si me saca de acá y me lleva a la prehistoria o me deja entre las invasiones de los romanos..."- empecé a hiperventilar.

-"Yo confío en ella. ¿Tú confías en mí?" - Me miraba con seriedad y sus ojos me traspasaban. Asentí con la cabeza. Y de repente recordé algo.

-"Pero aún no me has dicho cómo funciona".

-"Cuando llegaste aquí fue porque pediste un deseo, eso es lo que me contaste, de la misma manera cuando decidas volver a casa te pones el anillo y formulas el deseo de no haber pedido nunca ese deseo. Es muy simple. Casi lo olvido, debes procurar que esa noche haya luna llena".

-"Gracias, Eriol. Eres el mejor." - Lo abracé y lo besé en la mejilla.

-"Recuerda que tienes una sola oportunidad. Si te vas, no regresarás jamás."- me repitió muy serio con voz de Juez.

-"Lo sé"-

Cuando volvimos al castillo habían puesto mesas y sillas en uno de los jardines más bonitos y banderas de papel. Se estaban realizando juegos de carreras y de adivinanzas. El señor Li nos divisó y me hizo una señal para que nos acercáramos. Estaba transpirando, seguro por participar en los juegos con su grupo de amigos.

-"Esta es la mejor hora del día, cuando ustedes regresan".- lo dijo para que sólo nosotras pudiéramos escucharlo- "Si quieren se pueden incorporar al grupo y pueden jugar, tal vez le pueda conseguir una pareja que tenga tan buena condición física como la suya".

-"Muchas gracias señor, pero estoy algo cansada por la caminata".

-"Papi, ¿quieres ver el osito que me trajo tío Eriol?- dijo la pequeña Mai pasándole el oso a su padre que se agachó para quedar a su altura.

-"Está muy lindo ese osito, ¿y ya lo nombraste?"

-"Carmelo, se llama Cara melo".–dijo la pequeñita– "Papá, yo creo que tú también eres increíble."- una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.

-"Por qué lo dices, hija".

-"La señorita Sakura le dijo a tío Eriol que era increíble".

El señor Li se incorporó, me miró con seriedad y enseguida se alejó a reunirse con los demás.

Durante la cena me enteré que el caballo negro en que habíamos cabalgado estaba enfermo, había ido el veterinario a revisarlo, que era un viejo criador de caballos que conocía todos los secretos de los equinos. Le habían administrado algunos medicamentos y parecía estar respondiendo bien al tratamiento.

También me enteré que ese caballo era un regalo que le hizo su padre a Li, cuando cumplió los 15 años y era el único que solía montar. Sentía un gran afecto por él, y a sus amigos parecía molestarles que no lo compartiera con ellos.

-"No deja de preocuparme que en una semana ya se han enfermado tres ejemplares, el primero fue hace una semana, a los cuatro días se enfermó Yue y ahora Trueno".

-"Pero los dos primeros ya están mejor, ¿no es así? La influenza equina es contagiosa y aunque los caballos se recuperan, quedan muy debilitados"- dijo unos de los jóvenes.

-"Sí, les estamos administrando alimentación especial para que se recuperen pronto".

-"Cuidas a ese caballo más que a un hijo. Nunca nos has dejado montarlo y tampoco has subido contigo a alguna chica, como si el caballo entendiera los privilegios que tiene".-dijo un hombre con sorna.

-"Es cierto, Shaoran!"- dijo una de las chicas.

-"Es el caballo que me regaló mi padre y sólo un Li lo puede montar"- lo dijo con voz grave, me pareció que estaba molesto.-"Es una tradición de mi familia, no espero que lo entiendan"-.

-"Entonces la pequeña Mai lo podrá montar"- acotó una chica que no era tan habladora como las otras.

-"Sólo lo montarán mis hijos y la madre de mis hijos"- Se hizo un silencio pesado porque la respuesta de Li fue más ronca de lo habitual. No me pasó inadvertido que hablara en plural refiriéndose a sus descendientes y creo que no solamente yo lo había notado.

-"Te acuerdas en ese evento ecuestre..."- dijo una de las chicas y dejé de escuchar, pedí permiso con cortesía y dejé el comedor.

Esa noche Kerberos volvió a compartir dormitorio conmigo, llegó caminando muy lento y para entrar se levantó en las patas traseras y accionó la manija de la puerta. Entró sin ceremonias y se dejó caer sobre la alfombra, estirándose cuan largo era.

Yo lo seguí con la vista desde que lo divisé por el pasillo, era muy imponente al caminar, pero solo de apariencia. Era cosa de verlo dormir sobre mi alfombra, como un gatito demasiado grande, bostezando con pereza.

-"Kero!,"- me había tropezado con su cola y caí al duro piso del dormitorio. Me dolió mucho el golpe en el trasero, quedé en el suelo un rato recostada al lado del león, esto era más doloroso que caerse en patines.