Como niños y adolescentes
-¿Hablas en serio?- Preguntó uno de tercer año.
-¡Que si! ¡Que si!- Respondió otro más pequeño mientras asentía efusivamente. Hermione los miró con el ceño fruncido. ¿Qué ocurría? Todo Hogwarts parecía alborotado.
La joven esquivó a un pequeño grupo de estudiantes que se encontraban congregados en medio de un pasillo, cuchicheando y riéndose por lo bajo. Un par de chicas se acercaron al grupo preguntando algo en voz baja, después empezaron a hablar más alto, casi a voces; parecían asombradas. Hermione observó al grupo un poco más para luego ver a aquellas dos chicas salir corriendo a la esquina contraria a contar lo que habían escuchado.
En serio…
¿Qué estaba pasando?
Levantó una ceja.
-¿No tenéis que estudiar o ir a clase?- Les reprochó Hermione como buena prefecta. Los niños huyeron espantados como una bandada de pájaros. Avanzó un poco molesta por ver a todo el castillo igual. Había un murmullo generalizado aquella tarde en la escuela. Entró en su sala común y se desplomó contra el sofá irritada.- ¿Qué le pasa a todo el mundo?- Preguntó derrotada.
-¿En qué mundo vives Granger?- Preguntó divertido Blaise mientras recogía sus cosas tranquilamente y salía de la sala.
-¿Qué pasa?- Preguntó de nuevo Hermione, Draco y Ginny la miraron como si le hubiera salido una segunda cabeza en el costado.- ¿Por qué me miráis así?
-Hermione… ¿Tú donde has estado metida todo el día?- Preguntó su amiga intentando no reírse.
-Ocupada.- Dijo sin más.
-Ya veo Granger.- Afirmó Draco con una sonrisilla en la cara.- Mi padrino y Black están castigados en el aula de estudio.
-¿Cómo?- Preguntó Hermione como si le estuviera tomando el pelo. -¿Castigados? ¿Hablas en serio?
-¿Tú dónde estabas esta mañana a la hora del desayuno?- Inquirió alzando una ceja.
-No desayuné.- Dijo sin más.
-Eso explica muchas cosas.- Dijo Ginny divertida.- Te has perdido una buena…
-¿A caso se pegaron?
-Ojalá.- Se rió Draco.- Creó que hubiera sido más sencillo.
-¿Entonces?
-No sé los detalles.- Soltó Malfoy. La bruja se levantó del sillón de nuevo y salió de la sala rápidamente.
-¿A dónde va?- Le preguntó Weasley a Draco.
-Apostaría mi traje nuevo a que va al aula de castigo.- Aseguró el rubio. Ginny cerró su revista de Quidditch del mes y lo miró.- Supongo que no debo decirte porque ¿verdad?
-La verdad es que ahora me pillas despistada.- Susurró frunciendo el ceño.
-¡Merlín Weasley!- Se quejó.- Que tú si estabas esta mañana en el desayuno.- Hizo una pausa, para ver si la chica lo entendía pero parecía que no iba a ser así. El Slytherin cogió aire y la miró.- Discutieron por Granger.
-¿Seguro?- Preguntó curiosa. No le extrañaba que eso fuera así, simplemente no entendía el motivo.
-Siempre.- Soltó con altanería.- Bueno… Puede que no directamente por ella, pero si, pondría mi mano en el fuego a que su pelea tuvo que ver con Hermione de alguna manera.
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Caminó impaciente por los pasillos, un poco nerviosa y un poco preocupada. Es decir…
¿Por eso el castillo estaba así de alborotado?
¿Por qué el profesor Snape y Sirius estaban en el aula de castigo?
No era raro. Era bien sabido que los profesores que atendían el aula de castigo o estudios, o bien estaban de guardia, o bien era porque realmente se habían saltado alguna de sus otras obligaciones como profesores, como rondas nocturnas, acompañamientos a Hogsmeade etc… Es decir, realmente se les obligaba o castigaba a supervisar el aula de los castigados si es que los alumnos no cumplían las detenciones con los profesores que les habían impuesto el castigo.
Así que teniendo en cuenta eso, le sorprendía el revuelo que se había montado. Era habitual ver a profesores en esa aula. Su ceja se alzó con suspicacia.
Notó el especial barullo que había en el pasillo que conducía a la sala. La puerta de la clase estaba abierta. Se acercó con cautela mientras era observada por una docena de estudiantes curiosos que murmuraban en las inmediaciones. Fuera lo que fuera lo que estaba ocurriendo… Generaba expectaciones.
Echó un rápido vistazo al interior para ver algo que jamás pensó que vería. Parpadeó un par de veces, se frotó los ojos y miró de nuevo.
La directora presidía la sala, sentada tras el escritorio de caoba, el resto del aula estaba vacía excepto por Sirius y Severus que estaban cada uno en una esquina respectivamente, haciendo algo que no podía ver muy bien pero juraría…
Pero no…
No podía ser…
-¿Señorita Granger deseaba algo?- Preguntó la directora sacándola de su ensoñación, las mejillas de la joven se tiñeron de un suave rosa cómo si la hubiera pillado haciendo una trastada.
-Disculpe, buscaba al profesor Snape.- Improvisó.- Fui a mi trabajo de asistente pero no estaba, y me dijeron que podía estar aquí.- Comentó con su voz más seria pero inocente, esperando que la perspicacia de su antigua jefa no fuera tan aguda por la edad y no se diera cuenta de que le estaba mintiendo.
-El profesor Snape no podrá atenderla hoy, está castigado.- Informó con firmeza. Hermione se esforzó por no parecer perpleja ante el tono usado por la directora al decir la palabra castigado.- Tómese la tarde libre y aproveche para estudiar.- Ordenó. Hermione asintió levemente y desapareció lo más discretamente que pudo.
-Merlín Minerva, ¿es necesario tanta humillación?- Escupió el pocionista con odio.- ¿No tienes suficiente con esto que tienes que desacreditarme delante de mi estudiante?- Se quejó.
-Si no te hubieras comportado como un niño, no te castigaría como uno.- Recordó.-Ahora tengo unos asuntos que atender, entiendo que sois lo suficientemente inteligentes, porque adultos me ha quedado claro que no.- Puntualizó.- Para saber que si me engañáis o hacéis trampas… Sufriréis las consecuencias.- Advirtió. La anciana desapareciendo del aula.
Al momento Snape cogió la varita y apuntó a la estantería que tenía delante de él y que al parecer estaba limpiando sin magia.
-¡Ni se te ocurra murciélago!
-Mírame.- Le retó mientras apuntaba la punta de su varita al primero de los objetos. Sirius sacó su varita y lo apuntó directamente al pecho.
-Un movimiento mas Snivellus y te hago tragar la varita con funda y caja.- Advirtió.
-Déjame en paz chucho, no pienso tirarme aquí limpiando toda la tarde como un maldito mocoso.- Espetó.
-Si hubieras tenido la boca cerrada no estaríamos aquí.- Le recordó Sirius aun apuntándolo con la varita.
-No me vengas con esas pulgoso.- Insultó. Snape agitó su varita.
-Si tengo que comerme otro castigo por tu culpa Snivellus, te enterarás…
-¿Te piensas que soy estúpido? He sido mortífago, podría maldecirte y ni si quiera te enterarías si yo quisiera.
-Adelante, parece ser que es lo único que eres capaz de hacer últimamente… porque mantener a una mujer a tu lado… Está claro que no.- Hizo una pausa mientras le obsequiaba una mueca mas sardónica.
-No te metas con eso Black o tú y yo vamos a tener más que palabras.- Susurró peligrosamente.
-Estoy deseando que lo hagas Snape, veamos de que estás echo.- Le incitó mientras sujetaba su varita con firmeza.
-¿Y quitarte el placer de limpiar eso con tus propias manos? Ni lo sueñes… Yo en cambio puedo hacer lo que me dé la gana…
-¿Qué es lo que puedes hacer Severus?- Minerva lo miró con desaprobación y su característica mirada severa mientras entraba en el aula con paso rápido. Sirius sonrió con burla mientras observaba como Snape trataba de salir de aquella.- ¿Pensabais que podríais engañarme?
-Yo no estaba haciendo nada.- Se defendió Sirius.
-No me trates de ingenua profesor Black, que te conozco.- Susurró endureciendo la mirada.- Cómo veo que insistís en comportaros como niños, seguiré reprendiéndoos como tal. Mañana a la misma hora os quiero ver en los baños del cuarto piso, veremos quién puede más.- Ordenó.
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Hermione se tumbó sobre las mantas mientras se cruzaba de brazos y fijaba su vista en el techo del dosel de su cama. ¿Qué había pasado para que la directora los hubiera castigado como si volvieran a ser sus alumnos?
Cuando abrió los ojos varias horas después le costó unos segundos saber porque se había despertado. Su despertador aun no había sonado, su reloj de bolsillo sobre la mesita le decía que aun faltaban cuarenta minutos para las ocho. Se frotó la cara confusa y miró a su alrededor para ver un patronus con la forma de un perro corretear y jugar alrededor de su cama.
-Buenos días Hermione ¿Desayunas conmigo?- Preguntó el enorme perro lanudo.- ¿A las 8 en mi despacho?- Sugirió antes de desaparecer en volutas de humo blanco.
La joven parpadeó confusa.
-¿En serio Sirius?- Se quejó mientras se dejaba caer sobre la almohada. Ahora no le quedaría más remedio que aceptar, total, ya la había despertado y sabía que sería incapaz de volver a conciliar el sueño.
Sonrió.
Al menos desayunaría con él. Le gustaba la idea.
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Hermione entró en el despacho y fue recibida con una gran sonrisa y la mesa llena con diferentes cosas, bebidas calientes, varias cajas de cereales, platos con tostadas, galletas… Además estaba decorada con velas, y un mantel. No parecía un desayuno de diario.
-¿Y esto?- Preguntó la bruja sonriendo ante el despliegue.
-Sólo es un desayuno.
-Esto es más que un desayuno.- Recalcó con una amplia sonrisa.- Es como el típico desayuno de un día especial o algo así.
-Diría que cualquier día contigo es especial, pero creo que si lo digo sonaría demasiado cursi.- Bromeó.- Así que simplemente diré que me apetecía compartirlo contigo. Aunque sea un día escolar.
-Pues entonces… Muchas gracias.- Agradeció feliz.
-Es un verdadero placer.- Sirius hizo una reverencia y se acercó.- Por cierto, buenos días Hermione, hoy estás especialmente preciosa.- La chica se sonrojó pero esta vez superó la vergüenza que la embargaba siempre y lo abrazó mientras enterraba la cara en la solapa de su traje de terciopelo verde botella. La colonia de Sirius la relajó al momento.
-¿Qué pasa Sirius?
-¿Qué?- Soltó algo confundido.
-Te he abrazado y te has quedado quieto. ¿Te molesto?
-¿Cómo dices eso?- Rápidamente, y para subsanar el posible error, le devolvió el abrazado envolviéndola en sus brazos con calidez.- Disculpa, jamás me molestas y lo sabes… Sólo… No es nada.- Sonrió para quitarle hierro al asunto mientras le apartaba la silla en un gesto de educación para que se sentara.- Prometo que no pasa nada. ¿Cuándo pondría yo objeciones a que tú me abrazaras?- Le guiñó un ojo mientras se sentaba frente a ella.
Sirius le sirvió una taza de té mientras le ofrecía una bandeja con tostadas francesas y una jarra son sirope de arce. Comieron un rato en silencio hasta que la curiosidad y las preguntas quedaron plasmadas en la frente de la joven sin falta de tener que decirlas.
-Vamos.- Animó el animago divertido.- Pregunta, que se que quieres.- Insistió mientras le guiñaba un ojo y se echaba en el plato unas cuantas tortitas de avena y arándanos. De repente Hermione se empezó a reír mientras trataba de no atragantarse con el té.
-¿Se puede saber te qué pasó?
-¿Yo?- Soltó Hermione riéndose.- Que te pasó a ti ayer…
-Puedes preguntarle a tu profesor de pociones.- Respondió divertido.- A mi no me pasa nada, pero él estaba o está, celoso, eso es lo que pasa.- Afirmó con seguridad. Hermione no parecía convencida por la respuesta obtenida y se limitó a alzar una ceja mientras rellenaba su taza de té en absoluto silencio.- Es bien sabido que Snape y yo no nos llevamos bien, desde que volví a Hogwarts menos, y desde que sabe que me gustas, ya ni hablamos. Anteayer cuando viniste a pasar la tarde a mi despacho, y de noche te acompañé a tú sala común me encontré con él y digamos que no tuvimos una charla amena, si Minerva no hubiera aparecido posiblemente no hubiera acabado bien.- Confesó.- Al día siguiente en el desayuno simplemente continuamos la conversación de la noche anterior y no le gustó a la directora.
-¿Qué clase de conversación?
-Algo muy inocente sobre la insinuación de que Snape buscaba la compañía de mujeres que ejercían el trabajo más antiguo del mundo.
-¿Qué?
-Que se iba de putas.- Aclaró con cierto deje de diversión y algo de molestia.- En realidad me dijo que había quedado con una puta porque le daban morbo las mazmorras y que seguro que yo la conocía.- Comentó sin más.- Estaba claro que era sarcasmo, pero soltando una así no podía dejarla pasar. Así que le dije que normal que fuera una puta porque de ninguna otra forma una mujer se atrevería a tocarlo.- Soltó con asco.
-¡Sirius!- Gritó enfadada.- Sabes que me he besado con él varias veces y sabes que si no fuera por él, posiblemente lo haría de nuevo. ¿Me estás llamando puta?
-Sabes que no Hermione, jamás te insultaría y lo sabes.- Dijo con sinceridad.- Dije lo primero que se me ocurrió que pudiera molestarlo.- Se excusó.- Me daba igual si era mentira, sólo quería burlarme de él.- Susurró.- Lo que no contaba es que Snape me preguntara si quería que me daba su nombre.
-¿Qué Snape dijo que?
-No creo que eso fuera por ti.- Se apresuró a decir.- Snape será muchas cosas, pero no es tan estúpido para eso.- Sirius se sorprendió a sí mismo al ver como de una manera extraña y extremadamente inusual estaba defendiendo a Snivellus. Sin embargo Hermione aún no parecía que se le hubiera quitado el enfado.- La cosa quedó ahí, pero a la mañana siguiente… bueno… -Titubeó un poco.- Digamos que empecé yo al preguntarle si la puta del día anterior le había ido bien.- Confesó algo avergonzado aunque seguía manteniendo su orgullo Merodeador intacto.- El insinuó que la chica quería el apellido Black y casarse con uno, pero le dio asco y prefirió meterse a puta. Y supongo que eso no ayudó a mejorar la impresión que le estábamos dando a Minerva.- Se encogió de hombros mientras dejaba de lado su desayuno y se cruzaba de brazos.
-Sois igual que niños.
-Eso dijo exactamente la directora.
-Y supongo que ahí es donde acabasteis con su paciencia.
-No exactamente- Se disculpó mientras se esforzaba por ocultar su sonrisa de merodeador.- Minerva dijo algo de que no sabía cómo Snape era capaz de desayunar tan tranquilamente con un comportamiento tan infantil. El contestó algo de arriesgarse a desayunar de pie porque la alternativa de sentarse a mi lado le daban ganas de vomitar y… Creo recordar que yo mencioné algo sobre que dadas las opciones que había, preferiría verlo vomitar que verlo hablar.- Sirius se rió; era cierto, ahora que lo decía en voz alta, que parecían dos niños pequeños.- Ahí fue cuando la paciencia de Minerva se agotó y nos castigó.
Para ese momento Hermione ya estaba de brazos cruzados, con pose autoritaria y ceño fruncido.
-Sólo fueron palabras.
-Os insultasteis cómo niños pequeños.- Le reprochó la bruja.
-Y reconozco que nos lo merecíamos y por eso pagamos por ello, nos puso a limpiar las estanterías del aula de castigo a la manera muggle.- Le recordó.
-¿Eso es todo?
-No… bueno…- Sirius dejó escapar una risa traviesa de esas que Hermione tanto odiaba.- Después de que tú llegaras nos castigó de nuevo y hoy nos toca limpiar los baños.
-¡Sirius! Siempre eres tú.
-Pues siento defraudarte pero esta vez no he sido yo.
-No habrás sido tú, pero siempre te pilla en medio.
-Soy un imán para los problemas.- Dijo con sinceridad.- Pero de verdad, esta vez no fue cosa mía.- Insistió.- Snivellus quería lanzar un hechizo para acabar con su castigo, simplemente intenté que no lo hiciera, pero hecha fama y…- Se encogió de hombros.- Minerva entró cuando tenía la varita alzada, obviamente pensó que intentábamos hacer trampas y nos castigó de nuevo.
Hermione negó con la cabeza. De Sirius… Bueno, medio se lo esperaba, en el fondo siempre sería un merodeador, por mucho que madurara, esa parte (Para lo bueno y lo malo) siempre sería parte de él; así que se esperaba que pudiera tener esos arrebatos, aunque no le gustaran. ¿Pero del profesor Snape?
Sabía que habían tenido sus problemas, y sabía que su profesor podía ser muy Slytherin, es decir, podía ser muy visceral e irracional para algunas cosas. ¿Pero de ahí a seguirle el juego e Sirius y comportarse ambos como niños inmaduros? No, eso no se lo esperaba. Supongo que esperaba que Snape se comportara cómo el hombre serio, inteligente y calculador que conocía y que; a pesar de todo, le seguía gustando tanto.
-Procura no meterte más en líos.- Le reprochó la bruja mientras terminaba su último bocado y se deleitaba con el té con leche caliente que aún tenía en su taza.
-¿No debería ser yo el que te dijera eso?- Bromeó el hombre mientras esbozaba una sonrisa leve y le guiñaba un ojo. Hermione resopló desesperada, pero le devolvió la sonrisa.- Creía que yo era el profesor, ¿no es cosa mía decir esas cosas?
-Supongo que nunca has sido un profesor convencional.- Lo disculpó la joven mientras abría un libro y se enfrascaba en la lectura. Aún le faltaban más de treinta minutos para comenzar la clase y podía disfrutar de la compañía de Sirius y de un buen libro.
Black aprovechó y la miró. Se quedó observándola tanto tiempo como pudo. Deleitándose y maravillándose de que aquella increíble mujer le hubiera hecho caso. Sonrió sin darse cuenta solo por verla como bebía a pequeños sorbos lo que le quedaba de té, cómo jugaba distraídamente con el líquido de la taza y se quedaba absorta mirando algún punto de su despacho tras leer algunos párrafos. Sirius era más que consciente de que si no fuera por las constantes meteduras de pata de Snape la cosa sería muy diferente con Hermione, y no iba a quejarse. Era realista, conocía sus propias debilidades y sus fortalezas; y sabía, de sobra, que a Hermione le gustaba Snivellus y que para su maldita desgracia, ambos tenían cosas en común.
Pero le daba igual, Hermione…
Hermione era…
Se lo había dicho a Remus; era una mujer increíble y jamás había conocido a nadie igual. Extremadamente inteligente y preciosa; y cuanto más tiempo pasaba con ella, mas se daba cuenta de lo fácil que resultaría querer pasar el resto de su vida con ella y enamorarse de ella.
Si es que no lo estaba ya…
-¿Sirius?- Lo llamó.- ¡Sirius!- Dijo más alto. El hombre le dirigió una mirada cálida y amable que le calentó el estómago.- Llevo llamándote un rato.- Dijo algo preocupada.
-Disculpa, estaba distraído. ¿Qué decías?
-Nada importante. Sólo te estaba preguntando que dónde estabas.
-¿Por qué?- Preguntó el animago rápidamente.
-Por nada, perdona si te incomodé…
-Para nada Hermione, nunca incomodas. ¿Porque me preguntas eso?
-Sólo era curiosidad. Es que…-Hizo una pausa y lo miró.- Te veías…- Se mordió el labio curiosa y le sonrió con amplitud.
-¿Qué?- Apuró curioso mientras le sonreía.- ¿Cómo me veía?
-No sé… Estabas distraído pero en realidad… Te veías relajado y estabas sonriendo.
-Siempre sonrío.- Remarcó divertido quitándole importancia.
-Si… pero no así.- Recalcó.- Por eso tenía curiosidad por saber en que estabas pensando.- Susurró Hermione encogiéndose de hombros mientras sorbía con cuidado su té.
-Pues si quieres saber en qué pensabas… Es fácil….- Afirmó mientras la mirada con aquella intensa mirada gris penetrante. Hermione sintió una fuerte presión en el estómago y un vuelco cuando la mano de Sirius fue hasta su mentón acariciándolo con suavidad. Las mejillas de la bruja se enrojecieron al momento ante la idea de lo que insinuaba.- En ti.- Confesó, aunque su intuición le decía que ella ya lo sabía.- Siempre pienso en ti Hermione.- Murmuró suavemente, hizo un suave amago de acercarse a ella de nuevo, pero paró cuando sus pechos casi se rozaron y se apartó de ella lentamente.
-No te alejes Sirius.- Pidió la bruja.
-Hermione, sabes que si me acerco más no podré separarme. Sé que soy muy inmaduro para algunas cosas, pero no para estas. Sabes que aquí…- La miró con lentitud y calma, cómo le gustaba hacer. Hermione le sonrió y asintió.- Hermione pensé… - Cogió aire.- No hemos vuelto a hablar desde que tuvimos la cita, desde que te besé.- Recordó.- No al menos seriamente, pero quiero que sepas que realmente lo disfruté.- Susurró.
-Yo también, Sirius.- Sonrió.
-Estaba pensando que quizás te gustaría repetir.
-¿Repetir?
-¿Por qué no quedamos de nuevo? Déjame invitarte el sábado a cenar.
-¿Otra cita?
-Si.- Dijo llanamente.
-Me encantaría.- Aceptó la joven. Esta vez no tuvo que pensárselo dos veces. No se planteó esquivarlo cómo había hecho la última vez. Ni si quiera había tenido dudas.
No…
Ya no tenía dudas con Sirius. ¿Qué sentido tenía? Y menos cuando sabía que realmente quería volver a salir con él. ¡Merlín! Quería volver a besarlo. Su colonia, sus gestos con ella, su mirada, su manera de hacerla sentir bien…
-Creo que es la hora de irme.- Recordó la joven mientras miraba su reloj de bolsillo.- Y tú tienes clases que dar.- Hermione se levantó lentamente, guardando su libro en su bolso y sonriéndole a Sirius.- ¿Te veo luego?
-Me encantaría.- Sirius se acercó a ella y con toda la suavidad que fue capaz, colocó un tenue beso en la comisura de su boca, haciéndole cosquillas en el labio con el mentón.- Adiós Hermione, que tengas un buen día.
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Miró su reloj rápidamente cuando al entrar en la clase vio al profesor Snape sentado tras el escritorio, con su pelo formando una cortina a ambos lados de su cara y su mano sujetando con ligereza una pluma negra que se movía rápidamente sobre un pergamino.
¿Llegaba tarde?
Comprobó de nuevo su reloj. Faltaba un minuto para las nueve. No, no llegaba tarde. Así que él debía llevar ahí un buen rato a juzgar por su concentración. Verlo así, tan temprano, concentrado tras su mesa le provocó una sensación casi indescriptible; una mezcla entre la más inocente de las curiosidades, mezclada con un sentimiento de cariño difícil de explicar. ¿Por qué?
Ojalá lo supiera…
-Buenos días señor.- Saludó cortésmente. Evidentemente su relación con él había sido distante desde su ataque de celos al enterarse de que se había besado con Sirius. Era normal, lo entendía, aunque le dolía que se hubiera comportado así. De hecho no le había hablado en dos días, ni si quiera sabía si le había gustado su regalo de cumpleaños…
Si es que no lo había tirado.
¿Se lo podía reprochar de ser así?
Le hubiera gustado saber qué opinaba del libro. Le hubiera gustado poder hablar con él. Pero también entendía un poco su postura. Además, ella prácticamente lo había mandado a la mierda así que… Eso convertía aquel extraño tira y afloja que tenían en un empate.
-Buenos días señorita Granger.- Saludó con vehemencia mientras acababa de escribir una última cosa.- Sus últimos exámenes fueron bastante correctos.- Hermione sonrió ante el comentario.- No es un cumplido, es demasiado correcta, hoy volveremos a los principios básicos.- Explicó apuntando algo en la pizarra con rapidez.- No lo apunte.- Se adelantó ante el gesto de su alumna de sacar un pergamino y pluma para poder escribir.
Automáticamente el ceño de Hermione se frunció. No le gustaba cuando el profesor le mandaba hacer eso, no se sentía a gusto sin un libro al que recurrir. Confiaba en su instinto, no se le daban mal la pociones, por mucho que Snape le dijese lo contrario. Pero aun así prefería tener una fuente de información a mano, algo a lo que recurrir en caso de dudas. Cómo siempre… No le gustaba ir a ciegas.
-Debe olvidarse de los libros y prestar más atención a sus instintos.- Siseó mientras sus ojos negros la atravesaban. Hermione se limitó a asentir. Snape estaba extrañamente cortés, después de su discusión el día de su cumpleaños y la situación de ayer del castigo, pensó que su carácter sería insoportable. Pero no…
Estaba como siempre, frío, correcto, seco.
De nuevo, no sabía si eso le molestaba o le agradaba, con ese hombre nunca sabía que esperar.
-Hoy no hará la poción.- Soltó secamente.
-¿Entonces?
-¿Qué ve ahí?
-Uñas de grindylow, sangre de dragón, polvo de pixie, dien…
-Yo también se leer señorita Granger.- La cortó de malos modos.- ¿Qué ve ahí?- Insistió. Como siempre, Hermione se mordió el labio pensativa.- Vea mas allá de los libros.
-Todos son ingredientes de origen animal.- Hizo una breve pausa.- Animales de sangre caliente.
-Bien. Que puede decirme con esa información.- Apremió. De nuevo el cerebro de la bruja proceso a toda velocidad toda la información que conocía al respecto y buscó en su cabeza cual base de datos, todo lo que sabía sobre esos ingredientes.
-Las opciones son casi infinitas.- Murmuró la bruja.- No conozco ninguna poción que esté echa sólo con partes de animales, y menos con animales de sangre caliente.
-Claro que lo sabe.- Escupió impaciente.- Solo tiene que pensar un poco y alejarse de toda esa información inútil que lee en los libros.- La retó. Hermione se mordió el labio de nuevo, su talón empezó a golpear el suelo, presa de ese nerviosismo académico que la invadía.- ¿Puede estarse quieta?- Gruñó.
-Perdón.- Se disculpó.- Es que es complicado sin…
-¿Sin qué?
Hermione se levantó de la silla, se acercó a la pizarra, levantó la tiza e hizo unos apuntes rápidos en los márgenes y realizó algunas flechas aquí y allá.
-Mejor.- Asintió feliz consigo misma. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, su cabeza se giró bruscamente para mirar a Snape, quien la observaba con una ceja alzada, escéptico, sorprendido y bastante curioso.- Así lo veo más claro.- Se excusó encogiéndose de hombros.
-Bien. ¿Pues a que espera?- La apremió impaciente. Hermione sonrió, Snape no estaba siendo desagradable, la estaba incitando, animando a seguir; asintió orgullosa y se recostó contra el escritorio.
-Todos esos ingredientes se usan en pociones casi siempre relacionadas con la salud…
-Mejor.- Escupió sin más.- Siga.
-La mayoría son para pociones de tipo reconstituyente.
-Puede hacerlo mejor.- Insistió.- Vamos Granger.
Hermione se lo tomó como un reto. Frunció el ceño, se mordió el labio, retorció el puño de su camisa y subrayó un par de ingredientes y anotaciones que había hecho en el margen de la pizarra.
-Todos esos ingredientes se usan siempre con agua del río Nilo y pluma de fénix.- Dijo sorprendiéndose a sí misma.
-¿Y eso que le dice?-Preguntó cruzándose de brazos.
-Que son sensibles al fuego.- Susurró.
-Exacto.- Dijo al fin.- No es una come libros después de todo.- Masculló mientras borraba lo que había en la pizarra y ponía otros ingredientes.- De nuevo.- Ordenó.
La bruja repitió el proceso, pensó, analizó, apuntó un par de cosas. Dio unas vueltas.
-¿Qué ve?
-Pociones explosivas.- Susurró.
-Vamos, que más.- Dijo impaciente.
-Todas se usan bajo ambientes de luz controlada, así que son volátiles y sensibles a la luz.
-Bien.- Asintió.- De nuevo.- Ordenó agitó la varita y cambio la pizarra. Hermione apuntó dos cosas y lo miró.
-Ingredientes minerales.- Contestó.- Todos llevan magnesio, así que reaccionan con el agua.
-De nuevo.-Siseó.
-Frutas con alto contenido en acidez, se neutralizan con azúcar, sensibles al calor.
-De nuevo.- La apremió. Esta vez puso además las cantidades.
-Ingredientes líquidos de origen destilado, volátiles, se evaporan con el aire, así que las pociones se deben realizar rápidamente y no pueden hervir.- Dijo rápidamente y sonriendo con orgullo.
-Puede hacerlo mejor con esa información.- Se burló mientras se cruzaba de brazos. Sus ojos negros brillaban casi con diversión, parecía que Snape…
Parecía como si realmente se lo estuviera pasando bien; como si estuviera disfrutando de enseñarle aquello.
-Las cantidades van disminuyendo, aumentan según el contenido de alcohol.- Dijo pensativa.- Así que o bien es porque deben soportar más temperatura, o porque la poción es tipo antiséptica por vía tópica.- Habló casi atropelladamente.
-¿Y si hago esto?- Masculló mientras eliminaba uno de los elementos y añadía uno de los anteriores.
-El azúcar puede provocar aumento del alcohol con el almacenaje.
-Continúe.- Instó mientras cambiaba unos y ponía otros.
-Polvo lunar, manzana deshidratada, sangre de dragón.- Sonrió y lo miró.- Está mal.- Susurró lentamente.
-¿Cómo dice?
-Está mal…- Dijo con más firmeza.- El polvo lunar lleva magnesio, y la sangre de dragón se usa con agua del Nilo, no se pueden usar ambas porque reaccionan.
-Bien.- Dijo. Como ya era habitual agitó su varita. Esta vez cambio la pizarra entera. Hermione lo miró, pensó en todo lo que había aprendido, analizó un par de cosas y sonrió.
-Poción contra la resaca con B12 grado hospitalario.
-Siguiente.- Agitó la varita. La joven la miró, pensó unos segundos y asintió.
-Ungüento tópico para quemaduras.
-Siguiente.- Agitó el brazo.
-Poción del sueño.
-Bien.- Snape alzó una ceja, se cruzó de brazos y automáticamente la pizarra se llenó con otros ingredientes, esta vez sin cantidades, igual que había hecho al principio y en su primera clase juntos.- ¿La ha hecho alguna vez?- Hermione negó con la cabeza.- ¿La conoce?
-No.- Dijo con firmeza.
-¿Qué diría que es?- Demandó.
-Es un antídoto para intoxicaciones alimentarias.- Declaró Hermione.
-Con esa información sola… ¿Podría hacer esa poción ahora si se lo ordeno?- Preguntó escuetamente.
-Si.- Dijo rápidamente.
-Como.
-Lleva sangre de dragón para reponer fluidos, polvo de pixie que se usa para proteger el estómago, agua del Nilo y pluma de fénix como estabilizantes, polvo de espinas de bacalao del ártico y sal de mar para reponer sales minerales, boletus secos para las vitaminas, talco para neutralizar la acidez, y flores de manzanilla para el control de nauseas.- Habló con seguridad.- La sangre de dragón nunca se puede usar en más de 12 gotas de concentración por litro. La pluma de fénix indica que es una, y una pluma se usa para cantidades de medio litro. Así que tenemos 6 gotas de sangre de dragón, medio litro de agua del río Nilo y la pluma de un fénix. Tanto el polvo de espinas, el talco y la manzanilla no suponen un problema si se usa en exceso, pero si en mínimo. El polvo de pixie si tiene cantidad controlada y además es sensible al calor, por lo que no debe superar un 25 por ciento del peso total de la poción, es decir; 25 gramos de polvo de pixie, lo que determina la cantidad de boletus, talco, sal, flores y polvo de espinas a 5 gramos por ingrediente.- Hizo una pausa para coger aire y lo miró buscando algún signo de algo… Lo que fuera.
La cara de Snape era imperturbable, fría, no podría averiguar jamás si estaba en lo cierto o no. Era verdad que le veía un brillo diferente en los ojos, parecía como orgullo… Pero no su orgullo Slytherin, si no orgullo como profesor.
El problema era que con todo lo ocurrido días atrás ya no se fiaba de su instinto, y lo que creía que era orgullo, podría ser perfectamente cualquier otra cosa. Hermione resopló pero continuó.
-La sangre de dragón coagula rápido con la temperatura, y las flores de manzanilla deben hervir para ser efectivas. Por lo que primero pondría el agua del Nilo, añadiría la pluma, la manzanilla y los boletus y las espinas. Pasados unos diez minutos añadiría, el talco.
-¿Cuándo añadiría la sangre de dragón y el polvo de pixie?
-Cuando la poción se vuelva blanca, eso significaría que las espinas están disueltas y el calcio y el fósforo están integrados. Eso son 30 minutos desde que empieza a hervir.- Cogió aire y lo miró.- Apagaría el fuego, dejaría enfriar a 45 grados, que es la temperatura corporal de un dragón y asegura la no coagulación de la sangre. Añadiría las 6 gotas y el polvo y dejaría enfriar para su posterior consumo inmediato.- Susurró al fin.
El silencio se hizo en el aula. Hermione se mordió el labio. ¿Había dicho algo mal?
Claro que podía haberlo dicho, sólo con los ingredientes había sacado el tipo de poción y la elaboración. Se podía haber equivocado en cualquier momento, no era una maestra en pociones, era una alumna con pocos años de experiencia.
-Remarcable Granger.- Siseó de repente. Hermione lo miró escéptica.
-¿Es sarcasmo señor?
-No.- Dijo llanamente.- No creí que fuera capaz de hacerlo. No es tan inútil como predije.- Demandó.- Ahora elabore esa poción y ponga en práctica lo descubierto.
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Hermione resopló agotada cuando el reloj de la escuela resonó anunciando las doce del mediodía, y por lo tanto, la hora del almuerzo.
-Hoy tampoco tendrá que venir por la tarde.- Comentó con desdén Snape mientras dejaba la pluma que sostenía y la miraba con impaciencia.
-Pero hay mucho trabajo acumulado, puedo venir igual aunque…
-¿No me ha oído?
-Sí.- Asintió.
-Yo tengo otras cosas que hacer.
-¿Es por el castigo?- Se aventuró a preguntar.
-Preguntaría que cómo lo sabe, pero creo que el chucho sarnoso es la respuesta. ¿Cierto?- Hermione comenzó a morderse el labio mezcla de molestia y nerviosismo. Por lo que sólo asintió.
Snape la observó, su hazaña de esa mañana al aprender a deducir cómo elaborar un poción sin libros, había sido algo extraordinario ciertamente; y mientras una parte de él estaba orgulloso de lo que había hecho y deseaba felicitarla por algo que muy poca gente era capaz de hacer, otra parte deseaba apartarla de él y recordarle lo que había pasado con Black.
Por alguna razón que no logró averiguar, las palabras de Draco de: Sabes que tiene razón, no puedes jugar con ella, la partida aún no ha acabado, no la fastidies más.
No paraban de dar vueltas en su cerebro.
Por eso había tirado de todo su autocontrol para controlar su temperamento frío.
Quiso decirle algo… pero no sabía cómo, ni sabía el qué, así que se limitó a observar como su alumna recogía sus cosas en absoluto silencio, y con rapidez; diligente como siempre y alegre. Le sonrió a él por primera vez en varios días y le recordó la noche de su cita. Quería…
Quería hacer y decir muchas cosas; pero sus habilidades con estos temas siempre habían sido escasas, y la experiencia hasta el momento le había demostrado que cuando se trataba de hablar con ella, sus habilidades disminuían aun más, y no sólo eso, si no que una creciente capacidad de meter la pata se apoderaba de él.
-Hasta mañana entonces profesor.- Se despidió.
Severus cogió aire con fuerza, aunque trató de que no se notara todo lo que estaba pasando por su cabeza en ese momento, se limitó a observarla y ver cómo se acercaba a la salida.
-Granger.- La llamó de repente. Hermione se giró rápidamente ya en el marco de la puerta. Vio como Snape se acercaba a ella con paso rápido y por un momento sintió la necesidad de salir huyendo al pensar que podía haber hecho algo mal, o pensar que la buena suerte que había tenido al estar con él tan bien esa mañana, había desaparecido.
Se detuvo a pocos centímetros de ella y la miró a los ojos unos segundos, sus facciones parecieron relajarse un poco, sus orbes negros brillaron con fuerza y su respiración era tan agitada que notaba su pecho subir y bajar pesadamente bajo su levita.
Levantó los brazos un poco y antes de que la joven supiera que estaba a punto de pasar, se vio rodeada por aquellos brazos delgados y fibrosos y aquella túnica negra con olor a hierbas.
Hermione sintió su nerviosismo, el estrés y el esfuerzo que le generaba aquel pequeño acto. Quiso devolverle el abrazo, pero cuando había comenzado el gesto, el Slytherin ya se había alejado ligeramente de ella.
-Gracias.- Siseó con voz ronca mientras se sacaba del bolsillo el libro que Hermione le había regalado por su cumpleaños. Lo sostuvo delante de ella un momento para volver a guardarlo con cuidado en su túnica.- Y siento mi comportamiento de estos días, acepte mis disculpas.- Susurró con voz aterciopelada y lenta mientras sus puños se cerraban volviendo los nudillos blancos. Hermione quiso decir algo, pero Snape desapareció rápidamente por la puerta que daba al aula principal de pociones.
La joven se quedó ahí, quieta, parada en el umbral mientras sentía como un sin fin de mariposas revoloteaban en su estómago. Sonrió, y con esa sonrisa tonta en los labios se encaminó al gran comedor sin saber que, desde la puerta cerrada del otro lado del aula, Snape se hallaba apoyado contra la pared, respirando con fuerza y apretando el libro que Hermione le había regalado contra su pecho. Sintiendo aún el calor que desprendía el cuerpo de la joven en sus brazos, recordando su hipnotizante olor agradablemente dulce y tan de ella. Y sabiendo que si no se hubiera apartado de ella…
Hermione le hubiera devuelto el abrazo.
Quizás Draco tenía razón…
Quizás después de todo no estaba todo perdido.
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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Primero, siento el retraso, siento los posibles errores, este capítulo me ha dado dolores de cabeza, por más de un motivo, no tenéis ni idea de cuánto. Y que aunque penséis que es un poco insulso, tenéis que ver más allá, se ha dado un gran paso con este capítulo.
No os imagináis cuanto, a ver quien se da cuenta de ello y me lo dice.
Y por otro lado. FELIZ NAVIDAD A TODOS
Espero que lo disfrutéis y que sea lo que sea que celebréis, lo hagáis felices y con la gente que queréis.
Muchas gracias por todo. OS QUIERO.
Saludos de Cloe.
