Más que un error
Epilogo.
La primavera se adentra con los botones de cerezo floreciendo en las copas de los árboles. La ventisca vespertina enfría las mejillas de las personas que se aglomeran esa tarde en medio del hanami.
Sakura observa las pequeñas flores rosadas sucumbir al naranja del cielo. Frota las manos cerca de su rostro, sopla entre ellas buscando calentarla. Hace más frio del que esperaba y Madara aun no llega a su cita. Quizás debió quedarse un poco más con Sasuke en la escuela, ayudándole con la limpieza. Los últimos meses su relación se ha visto gratamente mejorada. Logran mantener una conversación sin malas caras, almorzar junto a Naruto y en un par de ocasiones han caminado de regreso a casa.
Piensa que en un tiempo, podrían llegar tener esa amistad que nunca logró darse.
– ¡Sakura! – gira sobre sus talones. Entre la multitud logra vislumbrar la cabellera azabache de su ahora (con total orgullo y sin vergüenza) novio. Alza la mano en el mar de personas, mejillas rojas y mechones al aire. – lo siento – es lo primero que le sale en un hilo de voz, en tanto intenta recuperar el aire por correr (o quizás es el que le roba la chica de cabello pastel) – El maestro dejó un trabajo a último minuto y mi grupo quería que coordinemos antes de irnos.
Sakura asiente, comprendiendo la situación. Madara es ahora un universitario, cursa su primer semestre e imagina lo difícil que ha de ser, ya que el tiempo que tienen para verse es muy limitado y constantemente sus citas se reducen a encontrarse en casa mientras él termina sus trabajos.
– Te ves pálida – se quita la bufanda, colocándosela a ella.
– Traigo puesta una.
– Dos son mejor. – acota, terminando de envolverle hasta las orejas, dándole una visión adorable de la chica.
Le sonríe y ella siente que esa bufanda es innecesaria ahora que sus mejillas irradian calor de verle hacer esa expresión.
Madara le toma de la mano e inician el recorrido por los caminos adornados por cientos de florecillas rosas. El bullicio del entorno es todo lo que oyen, entre ellos se forma un silencio cómodo, únicamente interrumpido por miradas furtivas. Traviesas y cómplices.
Aun andan encontrándole el ritmo a esa relación (que cuando uno va a la izquierda, el otro se mueve a la derecha y se pisan los pies y no coordinan). Sakura ha ido acomodándose de a pocos en las aguas revoltosas de la relación que se construye y tambalea cada que recuerda que es solo una mocosa al lado de un universitario. Cada que recuerda que sus quince años recién cumplidos, quedaran opacados cuando Madara sople sus diecinueve velas.
Más aun, cuando piensa en las muchachas hermosas y acorde a su edad que ve a diario en su facultad. O peor, ahí mismo.
Puede notar las miradas imprudentes de una y otra fémina dirigidas a él.
Asdfg
¡Vamos! Que no era posible que en los últimos meses Madara se hubiera dibujado frente a sus ojos bajo la misma belleza con la que veía a Sasuke.
O quizás siempre estuvo ahí, pero era ella quien nunca lo vio.
Uhmm...
A veces deseaba seguir teniendo el mismo pensamiento que tenía sobre él antes (Chico normalito, mediamente atractivo, nada de qué preocuparse ante otras) y los sentimientos de ahora (que ya puso en palabras una vez y duda volver a hacerlo)
Sí, definitivamente todo sería más fácil así.
– Tómenos una foto ahí– señala emocionado una verja blanca que delimita el acceso a uno de los árboles.
– Vamos.
No esta tan lejos y muchas personas se acercan a tomarse fotos por lo hermosa imagen de portada que da el ambiente.
Esperan paciente a que quede libre y cuando les toca su turno, Madara la alza, haciéndola sentarse sobre la madera blanca.
Así al menos la altura se disimula.
– Sujétate de mí. – guía las manos de ella sobre sus hombros.
– Les tomo la foto – se ofrece amablemente una señora.
Madara le entrega el móvil, se coloca a un lado de Sakura. Ella se abraza a su cuello, buscando el equilibrio necesario para no caerse.
La mujer cuenta hasta tres, dándoles chance dibujar sus mejores sonrisas, y al momento en que sale el disparo, Madara queda levemente aturdido. Su mente se toma el laberintoso ejercicio de rebobinar los últimos tres segundos.
El conteo pausado de la señora.
El flash cegador del móvil.
Los labios de Sakura sobre su mejilla.
Todavía aturdido (con la interferencia retumbando en sus tímpanos como si una granada acabara de explotar en su corazón), se gira a verla con sorpresa y las mejillas de manzanas maduras le capturan los suspiros. La sujeta de la cintura fuerte, temeroso de que pueda caer, y se deja guiar por el momento (pero, sobre todo, por el pulso acelerado que esa granada a detonado en sus venas y lleva la sangre a calentarle el cerebro).
Se acerca lento a su rostro. La brisa detenida, sin sonidos en el ambiente. Una galaxia se interpone en el espacio que les separa y Sakura, con la poca física que conoce, crea un agujero de gusano que les transporta a otra dimensión en el momento que le toca con sus labios. Un beso suave, con aires de hambre, pero pudoroso. Lento y delicado.
En el universo solo existen ellos dos.
– Hey, chicos. La gente quiere seguir tomándose fotos.
– ¡Oh! ¡Sí, claro! – claman ambos apenados.
Madara ayuda a Sakura a bajarse de la verja. Agradecen a la mujer que les ha tomado las fotos y se alejan tomados de las manos.
Entre carcajadas y sonrojos.
(Y dos corazones galopando salvajes en el verde pastizal de lo que el futuro les avecina)
Nota de la autora:
Bien, no pensé que llegara a publicarle epilogo. Pero lo tenia medianamente pensado desde que inicie la historia y dije: Reacciona! no puedes dejarla sin epilogo!
Así que, heme aquí.
Quiero agradecer mucho sus reviews, siempre los leo xD. A sido hermoso ver como esta historia recibió tanto apoyo desde el inicio, aun cuando fuera una pareja un tanto extraña. Es más, me sorprendió que cuando ya se tuviera certeza de que no se trataba de un SasuSaku, sino de un MadaSaku, continuaran leyéndome.
Espero nos volvamos a encontrar, aunque ya no ande mucho por el fandom xD tengo más historias por si les interesa, aunque no todas con Sakura jajajajaja
Ya mejor lo dejo ahí.
Besos y cuídense.
