8 Sueños, deseos, apariciones

Se sucedía un sábado en la academia Kadic. Los alumnos podían salir y entrar. Los planes de muchos amigos consistían en ir a un cine, a pasear por la ciudad, o a gastarse el dinero en un centro comercial. Tantos y tantos planes que podían hacer.

—¿Camisa? ¿En serio? —preguntó Patrick.

—¿Qué tienen de malo?

—Que solo me he puesto una cuando me tocó ir a la boda de una tía.

Estaba en el dormitorio de William. Los dos estaban eligiendo un conjunto. Un outfit. Aquel día tenían una cita doble. Gracias a la app de Fish habían encontrado dos ligues para aquella noche. Las gemelas Nicole y Paulette Roux, que vivían cerca. No eran alumnas de Kadic pero sabían dónde estaba la academia, por lo que habían quedado en un parque cercano.

—Bueno, estamos ligando con chicas mayores —le recordó William.

—¿Mayores? Tienen dieciocho. Como tú. Y como yo en enero.

—Me has entendido. Estas ya no son chicas como las de aquí. Quieren algo mas... maduro —añadió William, aunque era consciente de que se estaba metiendo en un extraño jardín diciendo aquellas cosas. En realidad, se debía a una pequeña investigación que había hecho. El Instagram de Nicole. Su cita. Todas las imágenes eran bien vestida. Ni camisetas ni sudaderas. Y las que compartía con su hermana, que no eran pocas, a juego con conjuntos trabajados. Nada de ropa cómoda—. Aparte, no vamos a un sitio cualquiera, ¿verdad?

—Verdad.

Y tan verdad. No era un restaurante de cinco estrellas Michelín, pero no era una hamburguesería. Y además, ambos contaban con que les iba a tocar invitar a la cena, por supuesto. Ojalá no fuera así, pero tenía toda la pinta. Joder. Si esta noche solo querría echar un casquete. Eso se lo puedo pedir a cualquiera de las chicas, pensaba Patrick para sus adentros.

Pero ahora no podía dejar tirado a William. No en un caso así. Si cada uno hubiera quedado con una chica diferente, que no se conocieran, pues lo podría haber anulado con facilidad. Ahora estaba vendido. Objetivamente, su cita no estaba tan mal. Nicole era rubia, y Paulette morena. Pero tenían el mismo tono pálido, casi brillante, de piel. Los mismos grandes ojos azules. Y el mismo escote, recordó Patrick. Aquello le animó un poco más.

Tuvo que contenerse para no mandar a la mierda a William cuando dejó caer que tenía alguna corbata por el armario. Todo tenía límites y aquel era uno. Era curioso, porque aunque había escuchado hablar de la fama de galán del escocés, nunca le había tan interesado como para aquella ocasión. Tal vez era verdad que se iba a tomar en serio lo de encontrar una pareja. Aunque... sería un poco incómodo que a él le saliera bien con Nicole pero lo mío con Paulette se vaya al carajo. O al revés. Nunca había perdido a un amigo por culpa de una relación, pero decían que siempre había una primera vez para todo.

—Y ahora, colonia.

—¿Cuál tienes?

—Elige —dijo William, sacando un cofrecito.

Lo abrió y Patrick se quedó anonadado. Dentro había varios frascos, y no tenía ni idea de cómo podría elegir alguna de ellas.

—¿Qué es esto?

—Estas son de almizcle —explicó el escocés—. Estas de aquí son maderas, cueros y hierbas. Y cuidado con estas dos —dijo, señalando dos botes que no cuyo tapón no era transparente, sino rojo cereza—, son de feromonas.

—Tío... estás mal de la cabeza —comentó Patrick mientras elegía al azar una del grupo de las de almizcle. William hizo lo mismo que él.

—Tú piensa lo que quieras. Pero me gusta apostarlo todo cuando tengo una cita.

—Y eso que apenas hemos hablado con ellas.

—¿A qué te refieres?

—A que no sabemos del todo de qué palo van. Es decir, igual son un par de bordes que no quieren saber nada de nosotros.

—¿Y para qué han quedado entonces? —razonó William—. Lo mismo son dos chicas encantadoras que quieren pasar una noche agradable con dos chicos encantadores.

—¿Y quiénes son esos? —bromeó Patrick.

—No. No vayas por ahí —le advirtió su amigo—. Mira, lo de jugar a menospreciar al otro no mola. No se lleva, no está bien. Pero tampoco es plan de que te pongas tú por debajo, ¿estamos? Somos dos tíos buenos quedando con dos tías buenas. Y punto. A ver qué tal.

A Patrick siempre le había dado pereza la ciencia de la seducción. Él no tenía problemas para relacionarse con la gente, tenía una simpatía natural que provocaba que la gente se acercase a él si lo quería. Pero, en palabras de William, estaba jugando en otra Liga aquella noche, por lo que su modo de ser no sería suficiente para conseguir lo que estaban buscando. Resignado, se miró al espejo. Casi no parecía ni él.

—Como acerques eso un poco más te lo clavo en el ojo —le advirtió al William al ver que se sacaba un peine del bolsillo. Se miró al espejo y se lo colocó como bien sabía: unas pasaditas con la mano, y un toque muy pequeño de gomina para asegurar la sujeción. No necesitaba más.

—Bueno, pues creo que ya estamos —dijo el otro—. Tenemos aún... quince minutos. ¿Vamos saliendo?

—Mejor pronto que tarde —respondió Patrick. Su mente más bien pensaba va a ser una noche muy larga.


Entretanto, Ulrich regresaba a su dormitorio. Había pasado una agradable tarde con Yumi. Bueno, no tan agradable. Había estado también con Nigel... y otros compañeros de curso de su novia. En el fondo, sabía que no podía quejarse. Al fin y al cabo, ella le había regalado un inesperado (y placentero) trío con Sissi la semana anterior. Él debía cumplir ahora con ella. Aunque no le gustaba especialmente reunirse con esa panda de universitarios. Él lo sería el año siguiente. Sin embargo, aquella tarde, se sentía como un niño rodeado de gente mayor que hablaba de campus y Erasmus y esus cosus.

Pensando que aquel chiste tan malérrimo se debía al tiempo que pasaba con su compañero de cuarto, pensó en que a lo mejor le venía bien despejar la mente. Igual le apetecía jugar a la consola. Pero cuando abrió la puerta, un suave gemido le indicó que Odd parecía estar ocupado con otro asunto.

La curiosidad era fuerte, por lo que asomó la cabeza. Y probablemente, si hubiera entrado en ese momento y se hubiera sentado en la cama a mirar, no hubiera llamado la atención de los dos ocupantes de la cama de Odd. Parecían muy ensimismados en ese momento.

Aelita disfrutaba de las suaves acometidas del rubio, y este procuraba acallarla, entreteniéndole deslizando su dedo índice entre sus labios, y ella se lo lamía para evitar gemir demasiado alto y que les pillaran. El alemán se quedó hipnotizado por la imagen, observando más tiempo del que debería tal vez. Si alguien hubiera pasado en ese momento por los pasillos hubiera sido complicado disimular.

Se dio cuenta en ese momento de que el ritmo, aunque era lento, aceleraba. Iba a... Vio a Aelita cerrar los ojos mientras Odd jadeaba con la voz ronca. Diablos. El orgasmo. Habían llegado y prácticamente a la vez.

—Tío... pasa o vete, pero cierra la puerta —suspiró Odd.

—¡Perdón! —dijo Ulrich. Entró, y se quedó de espaldas a sus amigos.

—Sí, ahora disimula.

—No pasa nada, Ulrich. Pero está mal esconderse —añadió Aelita. El alemán se giró, desconfiado—. ¿Ves? No... No me importa si me ves. Es una bobada, si tenemos acordado lo que podemos hacer, ¿verdad?

—Es posible, pero... se me sigue haciendo raro —respondió el aludido—. Y tampoco contaba con encontraros aquí... así.

—Acordamos un pequeño... estimulante para ayudarme a estudiar —bromeó Odd—. Creo que es la vez que mejor me he aprendido un cacho del temario.

—Te parecerá bonito —bromeó Aelita, y ambos se incorporaron.

Ulrich en ese momento realizó una evaluación rápida. De Aelita. Qué opinar. Lo cierto era que, como solía decirse, "engañaba". Tenía buen cuerpo, sin duda. Sus senos se habían desarrollado con el paso de los años. Y sin embargo, había sido incapaz de fijarse en todo ese tiempo. Probablemente porque siempre la había visto como «la novia de Jeremy», y por tanto, su mente no podía considerarla cómo lo que era. Una joven muy atractiva.

—¿Sabes? Mi cara está un pelín más arriba —comentó la pelirrosa, consiguiendo que el alemán se pusiera colorado—. Es una broma. En realidad... ¿no os sentís mejor desde que podemos hacer esto?

—¿A qué te refieres? —preguntaron los dos chicos al unísono.

—Bueno. Estas facilidades que tenemos para explorar y descubrirnos mejor a mi me gustan. Me siento bien al saber que no solo Jeremy se siente atraído por mi. No penséis mal, le quiero con locura. Pero creo que tengo más autoestima desde que hacemos esto. Entre nosotros. No creo que me sintiera igual si esto fuera con algún gilipollas...

—Pues no lo había pensado —reconoció Ulrich—, pero entiendo lo que dices —continuó hablando. Veía a Odd y Aelita, aún desnudos, apoyados en la pared. Ella se apoyaba tiernamente sobre el hombro de su amigo con total confianza—. Sí es halagador verlo así. Es como sentirse más atractivo, ¿no?

—Soy la señorita Einstein sexy —rió Aelita.

—Y muy sexy —añadió Odd.

En ese momento, su mirada se había desviado momentáneamente al los senos de su amiga. Cuando apartó la mirada, Ulrich ya no le observaba a él. Pero lo había hecho. Qué cosa más rara. Tantos años en la academia, duchándose y cambiándose de ropa allí, y jamás se había fijado en el cuerpo de Odd. Ni siquiera para hacer las bromas inmaduras que hacían los demás compañeros de otros cursos.

Pero, aunque su amigo era delgado, o como le gustaba a él llamarlo, esbelto (no era un flacucho), podía entender que a las chicas les hubiera resultado irresistible. Al menos por el físico. Emocionalmente había sido un patoso hasta que Sam había llegado para poner las cosas claras. Y... No está mal dotado, reflexionó. Volvió a sintonizar los ojos al ángulo general de sus dos amigos justo a tiempo.

—¿Queréis que me vaya? Si os apetece... continuar —comentó Ulrich.

—No te preocupes por eso. Creo que por hoy lo hemos dado todo —comentó Odd—. Y tendríamos que bajar a cenar. No se vosotros, pero me muero de hambre.

—Ulrich... ¿me pasas las braguitas? —pidió Aelita.

Al chico le pareció irónico que, de toda la conversación que habían tenido, aquello fuera lo único que hiciera sonrojarse a su amiga. Pero le tendió la prenda (que en algún momento, al inicio, había salido volando hasta aterrizar en la cama de Ulrich) y se sorprendió al ver cómo se vestían delante de él, haciendo gala de ningún pudor.

—¿Vamos? —preguntó Odd mientras metía el pie a presión por las deportivas.

—Vamos —dijo Ulrich.

Me pregunto si su oferta del otro día seguirá en pie, pensó el castaño para sus adentros. Su cabeza trabajaba rápido. Había visto a Aelita disfrutar con su amigo. Y sabía que también Jeremy lo había pasado bien aquella noche aislada que pasaron los dos rubios en la tienda. ¿Sería acaso posible que también le hiciera gozar?


Patrick y William regresaban, cuando ya era de noche, a Kadic. Apenas quedaba un rato antes de que Jim saliera a cerrar la verja. No dijeron nada. En completo silencio, e ignorando los mensajes de su grupo de amigos, se encaminaron escaleras arriba hacia los dormitorios. Los dos solos. El escocés pensó que tendría una oportunidad de librarse de la charla desviándose a su habitación, pero no contaba con que su amigo entraría tras él.

—Lo siento, ¿vale? —dijo, previendo lo que iba a pasar.

La cita doble se había torcido y ni siquiera lo habían visto venir.

Habían aparecido a la hora acordada. Y, para sorpresa de ambos, Nicole y Paulette habían llegado sin retraso. Dos besos en la mejillas, hola, qué tal, encantados de conoceros. Tras una buena primera impresión, se fueron dando una vuelta hacia el centro, rato que aprovecharon para congeniar con ellas. Parecían llevarse bien, se reían con sus chascarrillos. Parecían interesadas en la cosas que les contaban sobre la vida en una academia internado. Y también les contaron historias sobre ellas mismas.

Luego llegaron al sitio donde habían reservado para cenar y habían degustado una cena no muy copiosa pero con buen sabor. En el momento en que se habían levantado un momento para ir al baño, William y Patrick habían tenido una rápida conversación de hombres,

—¿Has traído los preservativos?

—¿Estás loco? —se escandalizó Patrick.

—Ya me lo imaginaba. Tranquilo, que yo los llevo.

y cuando habían vuelto, les habían servido los postres. A la hora de pagar, había insistido ellas en, si no admitían una invitación, al menos pagar a medias, pero William había sido más rápido sacando la billetera. Luego se habían dirigido al bosque que había cerca del Kadic, donde podrían disfrutar de la soledad de la zona, y aprovechar tal vez para darse el lote. En la mente de William estaba todo en marcha, e incluso podrían aprovechar The Hermitage si todo iba bien.

Pero en el momento en que parecía que Nicole estaba esperando que el escocés le plantase un beso en condiciones que diera pie a actitudes más íntimas, la chica le había rechazado cortésmente. Que se lo había pasado muy bien. Que era un gran tipo. Pero que, lamentablemente, no había notado aquella "chispa" necesaria como para animarse a darle un beso. Y habían hecho un dos de dos, ya que su hermana Paulette tenía el mismo problema con Patrick.

—... ¿Y si nos intercambiamos? —había propuesto William, mientras se recuperaba del cortocircuito que había sufrido. Pero las chicas simplemente se habían reído (realmente habían pensado que lo decía de coña) y se habían despedido de ellos.

Y ahí estaban, digiriendo el rechazo que habían recibido en el dormitorio del escocés.

—Eres un optimista de mierda —le espetó Patrick a su amigo—. Tanto esfuerzo para nada... Por cierto, me debes cuarenta pavos.

Era el importe de la suma de su cena y la de Paulette.

—Lo siento, tío. No lo entiendo. Lo habíamos hecho todo bien.

—¿Y no se te ocurrió considerar que eso podría no ser suficiente? —protestó el otro—. Joder... si yo solo quería... echar un polvo —añadió, bajando la voz—. No hemos sacado nada de provecho. Y sí, la cena muy rica, pero estaba escasa. Te cortaría la pierna y me haría un bocata con ella —gruñó.

—Bueno, bueno... ¡tampoco tenías por qué hacerme caso! —intentó defenderse William—. Eras perfectamente libre de elegir no ir...

—¡Pero si me estuviste insistiendo toda la semana!

—Oh, ¿así que aceptaste a venir solo para que me callara?

—Pues mira, sí. A ti te he visto muy suelto con Nicole. ¿Y para qué? Para nada. Yo no podía desplegar mis encantos con Paulette delante de ti. Era muy raro.

—Y tú eres un antiguo —dijo el otro, y empezó a quitarse la camisa.

Patrick hizo lo mismo. Al fin y al cabo, no era suya. Se la desabrochó y la dejó caer al suelo sin miramientos. Sin contar con que él no debería andar por los pasillos de Kadic a pecho descubierto, pero en ese momento no contaba con ello. Solo esperaba una reacción del escocés, y la consiguió. Indignación. Quería molestarle.

—¡Qué haces! ¿Tú sabes lo que cuesta planchar esto? —se alteró William y se apresuró a rescatar la prenda del suelo malo que arrugaba la ropa—. Con la próxima si quieres quedas en chándal.

—Tal vez lo haga —replicó este y no se apartó. Pero William no le vadeó y tiró de la prenda. Cerca de él. Se rozaron—. El pantalón también es mío —le recordó.

Solo quería una disculpa, al fin y al cabo que la noche no se hubiera dado como habían planeado se había debido a una variable con la que era imposible contar. Pero Patrick era más orgulloso y se lo desabrochó, dejando caer la prenda al suelo también. Levantó las rodillas para sacar las piernas de las perneras.

—¿Vas a volver así a tu cuarto? —bromeó.

—Soy capaz.

—Vamos, no te enfades, colega, no iba en serio —dijo William. Y, en el gesto más natural del mundo, pasó el brazo sobre los hombros de Patrick, mientras con la otra mano apuntaba hacia el frente, como si le mostrase un cuadro que no podía entenderse salvo que algún erudito te contase "la verdadera intención del autor"—. Mira, la próxima vez, vamos a quedar con dos que no sean hermanas. Que ni se conozcan, Y quedamos en el mismo sitio aunque fingiremos que no nos conocemos... ¿estás temblando?

William se dio cuenta en ese momento de que Patrick parecía incómodo. Pero un momento. ¿Por qué se había puesto colorado?

—Tío...

—Perdona, es que... juntarte así conmigo con esa confianza... —dijo el chico. Sentía que se le aceleraba el corazón ligeramente—. ¿Fue... fue contigo?

—¿Que si fue conmigo... el qué? —preguntó William, sin entender.

—Jeremy me... me confesó que había probado a tener sexo con otro chico —comentó Patrick—. Y... por cómo me sujetas... me preguntaba si había sido contigo...

—Oh... no sabía lo de Jeremy... no fue conmigo —comentó William. Era extraño. A pesar de la revelación. A pesar del malentendido con su amigo. No sentía la necesidad imperiosa de alejarse de él para reafirmar su "heteromasculinidad"—. ¿Te dijo si le gustó?

—Sí... me dijo que sí... ¿seguro que no fue contigo? —en la mente de Patrick, aquello había sonado a "Se acostó conmigo pero nunca supe si le había gustado".

—Creo que me acordaría de una experiencia así —comentó William—. ¿Qué pasa? ¿Te... excita pensar en ello?

—No lo sé... sé que no me siento incómodo... del todo. Porque no sé qué tienes en la cabeza.

—Pues ahora mismo, tengo en mente que dos chicas no han querido probar con nosotros. ¿Podría ser interesante probar?

—No lo sé...

Y como si unas manos invisibles le tomaran el control, giró suavemente hacia William y le robó un beso. Pero cuando intentó apartarse, el otro le siguió.

—Tenemos que saber si lo que hizo Jeremy fue tan bueno —susurró William.


No muy lejos de allí, Odd y Ulrich habían terminado la cena y habían vuelto a su habitación. Iban a ponerse una película antes de dormir. De modo que al entrar, habían cerrado la puerta, sacado un portátil, y se habían extendido sobre la cama del alemán, con las espaldas en la pared.

—¿En serio has preferido venirte a ver John Wick antes de aceptar la invitación de Sissi de ir a su habitación? —preguntó Odd. La película la había visto las suficientes veces como para poder hablar durante la misma sin perderse la trama.

—Lo mismo te podría decir. Tú tienes novia que está durmiendo solo una planta arriba —respondió el otro—. Sissi es solo una amiga.

—Lo sorprendente es que Aelita le haya propuesto directamente que podría ir con Jeremy. Supongo que ella estará demasiado cansada tras la sesión conmigo —dijo, medio en broma, medio en serio, el italiano—. Ya en serio. Que Sam esté en Kadic no es razón para que tengamos que fugarnos todas las noches para hacer el amor.

—Claro que no. Seguro que el año pasado te fugabas todas las noches para ver las estrellas desde la azotea —bromeó Ulrich.

—No eran todas las noches. Pero estábamos desatados por las hormonas. Y nos daba un poco de morbo el riesgo de que nos pillaran, la verdad. Las cosas sientan mejor cuando parece que no puedes hacerlas por alguna estúpida razón.

—Ya, bueno... Si voy a acostarme con Sissi, prefiero que sea ahora que Yumi me lo permite. Por la fidelidad y eso —ironizó Ulrich.

—Y sigues siendo fiel. Aquí todos sabemos lo que hacemos. No hay ocultamientos. Nuestras parejas lo saben, y también permitimos que lo hagan. Con un círculo cerrado de gente de confianza. En eso consiste esto.

—Lo sé. Sigue siendo difícil de creer.

En ese momento Odd cerró la pantalla del portátil.

—Tío, llevas un poco ausente desde que nos has pillado esta tarde a Aelita y a mi. ¿Qué pasa? ¿Hubieras querido verte con la señorita Einstein? —preguntó—. Habérmelo dicho. Se hubiera venido aquí y yo me subía a ver a Sissi...

—No, no es eso.

—¿No estarás pensando en quedarte con todas? —bromeó Odd. Pero Ulrich no se reía—. Dios. No me digas que estás pensando en quedarte con todas.

—Gilipollas. No es eso. Es... otra cosa.

—¿Le vas a ocultar algo a tu compañero de cuarto? ¿A tu amigo del alma? —dramatizó el rubio—. Pero si yo te lo cuento todo. Incluso lo que hice con Jeremy...

—Es justo en eso en lo que estoy pensando —confesó Ulrich.

Le había estado dando vueltas a la cabeza sobre cómo tratar un tema tan delicado con Odd, pero no había llegado a ninguna conclusión. Cualquier indirecta le parecería una estupidez. Eran mayores, se suponía que debían poder hablar de cualquier tema sin miedo. Una pena que la teoría fuera más bonita que la realidad.

—Me lo temía...

—¿El qué?

—Que ya no quieras seguir teniéndome de compañero de cuarto. Es normal. Eres hetero, te dará miedo que una noche me de por colarme en tu cama a hacerte un montón de cosas sucias...

—¿Eres tonto? ¿De verdad piensas eso de mi? —preguntó Ulrich, dolido por el comentario de Odd.

—¿Entonces?

—Lo que me confesaste... y el ver a Aelita disfrutar de verdad cuando lo estaba haciendo contigo, me ha hecho pensar, ¿vale? En lo que me propusiste el otro día.

—¿Y qué piensas?

—No lo sé. Lo admito. Me ha dado curiosidad. Pero me da miedo satisfacerla.

—¿Tienes miedo de que te guste? —aventuró Odd.

—No. El miedo es... lo contrario —respondió Ulrich, y soltó una risa insegura—. Si me gusta... está bien, ¿verdad? Es otra forma de jugar. Pero si no me gusta, y tú y yo somos los mejores amigos, ¿no podría echarlo por tierra?

—Pues espero que no. Oye, si lo hiciéramos pero decides que no te gusta, no tiene por qué cambiar nada. Acepto que no te pueda gustar. Pero tendríamos que hacer un pacto entre nosotros de que nada cambiaría.

—Por lo que dices... debo entender que te apetecería hacerlo... —esta vez, Ulrich sonaba halagado.

—Claro que sí. He pensado en la posibilidad desde que probé por primera vez. Pero no iba a acosarte con el tema. Dijiste que no. Y si has cambiado de idea... Me encantaría.

—¿Por qué? Es decir, ¿por qué conmigo?

—No lo sé. Será que, desde que experimenté con un chico, me he dado cuenta de lo bueno que estás —dijo el rubio, encogiéndose de hombros—. ¿Eso es malo?

—No... No lo es —reconoció Ulrich—. Pero oye... ¿cómo vamos a hacer... esto?

—Por lo que pude probar, no hay mucha diferencia de hacerlo con una chica... es mejor si te dejas llevar.

—¿Dejarme llevar?

—Por la situación...

Odd no iba a desaprovechar la oportunidad. O ahora o nunca. Vería a Ulrich receptivo. Lo sentía. Se aproximó poco a poco a él y pudo probar el sabor de sus labios sin que este se apartara. Bien.

—Besas bien —le susurró—. Deja que siga probando.

Ulrich no respondió y se limitó a continuar el beso.


Patrick no sabía lo que había pasado. En su cabeza era como si no se hubiera movido. Como si no hubiera sido él quien había buscado el cierre del pantalón de William. Como si no lo hubiera abierto él. Como si no se lo hubiera bajado hasta quedar los dos solamente en ropa interior.

No, claro, había sido William quien le había besado. William, quien había presionado sus cuerpos con apenas una prenda de por medio. William, quien le había llevado hasta la cama, donde en ese momento estaban tumbados... y los calzoncillos se habían esfumado.

—Esto es extraño —comentó Patrick, que sentía a William rodeándole su desprotegida cintura—. Pero se siente... bien —reconoció.

—Sí, ¿verdad? —respondió William, que también se sorprendía por aquello—. Pero yo tenía razón.

—¿Razón? ¿En qué?

—En que vamos a tener sexo esta noche —comentó antes de volver a abordar los labios de Patrick, y este sentía que su cuerpo reaccionaba de forma natural subiendo sobre las piernas del escocés.


Ulrich tenía las manos sobre las caderas de un Odd que se había tumbado sobre él. No se habían quitado la ropa mutuamente, todo aquello era la primera exploración, por lo que bajó un poco más las manos, acariciando los glúteos de su amigo. Era agradable. Y le permitía no pensar en la sensación de sus penes en contacto directo. Que también era agradable.

—Te has puesto colorado —bromeó el rubio.

—¿Por qué tú no? —murmuró Ulrich.

—Ya tengo experiencia con esto —respondió Odd—. Voy a seguir—anunció.

Y empezó a besar el cuello de Ulrich mientras le acariciaba el torso.


—Podemos echarnos atrás en cualquier momento... —recordó William en voz alta, al notar a su amigo paralizado.

No era para menos. De pronto, Patrick se veía con la espalda en la pared, y las piernas separadas, apuntando hacia el techo con las rodillas, mientras su amigo estaba acomodándose entre las mismas y sus labios recorrían su cuerpo hacia abajo. Como si llevase una dirección asistida cuya meta era su pene erguido.

No... no me puede estar gustando, pensó Patrick. Pero seguía allí voluntariamente, y el contacto de la mano de William estimulando su erección era muy agradable. Estaba bien.

—Oye... no tienes por qué hacer eso —murmuró. La boca de William se encontraba en ese momento en la base de su miembro.

—Lo se —reconoció William, e insistió en bajar un poco más. Con cuidado. Los testículos de Patrick—. Pero no me he echado atrás —comentó. Y sus labios se cerraron alrededor de su pene.


—¡Odd!

Ulrich sentía todos los músculos de su cuerpo contraídos. Su compañero de cuarto le estaba practicando una felación. Demonios. ¿Haría esto con Jeremy?, se preguntó. Su técnica era algo tosca. Y aún así podía notar que se estaba esforzando para darle placer. Sentía su lengua acariciándole el glande, y acompañaba el suave movimiento de sus labios con unas cuidadas caricias en sus dídimos.

—¿Te... gusta? —preguntó momentáneamente Odd, separando sus labios y continuando con la mano para una estimulación contínua.

—Mu-Mucho...

Con una sonrisa, el rubio continuó su labor. Era extraño, con Jeremy no había probado el sexo oral pero tenía un puntito de divertido hacerlo. Sintió que el cuerpo de Ulrich se contraía y le escuchó gemir su nombre justo antes de...


—Dios santo, William...

—¿Te ha gustado? —preguntó el escocés.

—Mucho... joder... ¿cómo has...?

—No tiene importancia.

Se refería al "incidente" por el cual Patrick había eyaculado de pronto, sin avisar. Pero a William no le importaba. No en exceso. El morbo de la situación era más poderoso en aquel momento. Y había algo que le apetecía experimentar. De pie como estaba en el borde de la cama, tiró suavemente de las piernas de su amigo hasta que su pene entró en contacto con sus nalgas.

—¿Me dejarías... probar? —preguntó, mientras acariciaba los labios de Patrick con el pulgar, y este se lo chupó.

—¿Tendrás... cuidado? Nunca he...

—Tranquilo.

William no lo había hecho con un chico de aquella forma, pero tenía práctica con el sexo anal. Recuperó del cajón de su mejilla un profiláctico. Extra lubricado... pero igualmente sacó el bote de mejunje. Untó su dedo y exploró suavemente el interior de Patrick.

—Aaaaaah —protestó este. Era raro. Dolía. Pero no mucho. Y tocaba en un punto que... —Aaaaaah —volvió a gemir.

—¿Quieres que pare?

—No... es raro... William... sé gentil...

—Por supuesto —asintió, y se colocó la gomita con otro chorrito de lubricante. Nunca era demasiado—. Dime si quieres que me detenga.

Patrick asintió, avergonzado.


Ulrich no dijo nada mientras notaba el pene de Odd entrando en su interior. Se sujetó a las sábanas. Odd estaba de rodillas en el colchón, erguido, mientras él había adoptado la posición tumbada. Debía reconocer que se sentía bien. Las primeras acometidas habían sido muy incómodas, pero el rubio le había dado un momento mientras se volvía a untar la erección con más lubricante, facilitando la tarea.

—¿Voy bien? —preguntó Odd, maravillado por la visión de Ulrich tan sometido a sus movimientos.

—S-Sí...

—Me alegro —comentó, mientras cerraba una mano sobre el pene de su amigo—. Está durito, ¿eh?

—No te rías de mi...

—No lo hago. Esto me demuestra que te gusta. Y eso me encanta.

Movió sus caderas un poco más rápido. Lo suficiente para no hacerle daño. Lo suficiente para que Ulrich gimiera cada vez que sentía su erección acariciando aquel punto escondido que le estimulaba. Tal vez aquello no fuera real. Tal vez fuera un sueño. Un sueño placentero del que esperaba no despertar.

—¿Te gusta hacer esto? —preguntó Ulrich.

En realidad, estoy deseando que me lo hagas tú —le susurró Odd al oído mientras aumentaba un poco más su ritmo. Sí, quería culminar de una vez y dar la oportunidad a Ulrich de hacerle sentir así de bien.


—... illiam... lliam... will... am...

Habían tornado la posición. Patrick lo estaba disfrutando, pero ver a William encima de él le daba demasiada vergüenza. Por eso se había puesto en cuatro. Por eso había enterrado la cabeza bajo la almohada y su amigo no podía escuchar sus palabras enteras. Pero sabía que le gustaba, pues su cuerpo reaccionaba con naturalidad a sus movimientos de cadera.

Jadeó. Iba a correrse. Lo sabía. Se echó hacia adelante, le informó susurrándole al oído, pero Patrick asintió y le pidió que lo hiciera. Unos momentos después, William dejó caer su semilla dentro de la gomita.

Lo primero que hizo fue liberar a Patrick de su dominio. Se quitó el preservativo, y ató el extremo para impedir que "aquello" se derramase. Lo dejó caer al suelo, y ayudó a Patrick a darse la vuelta, pues veía que le temblaban las piernas.

—¿Me... me he pasado? —preguntó, preocupado.

—No... de verdad, no, ha sido increíble. Y no me lo esperaba —dijo el chico.

—Me alegro —comentó William. Y aprovechando que su amigo seguía tumbado bocarriba, se puso encima de él y acarició su pene empleando sus glúteos.

—¿William?

—Si se ha sentido bien... no puedes quedarte con eso para ti solo.


Ulrich no daba crédito. Cuando Odd había culminado, pensó que sería el final. Pero no. Le había puesto un preservativo y se había sentado sobre él. Estaban en un abrazo, sus labios se besaban, mientras el rubio subía y bajaba lentamente por su erección. Sus manos volvieron a acariciar sus nalgas, separándolas para facilitar su tarea.

—¿Te gusta? —preguntó Ulrich. Y, por un impulso que no entendió, apretó con suavidad uno de los pezones de Odd, empleando los dientes.

—Ay... sí... es genial —reconoció Odd—. ¿Sabes? Echaba esto de menos.

—¿De verdad?

—Mucho... No hables, Ulrich. Solo... dame placer —pidió Odd, derritiéndose de gusto. Sabía que hacerlo con Ulrich sería genial.


William siguió moviéndose. Sabía que Patrick iba a acabar. Intentó acelerar un poco, pero era difícil, jamás había hecho aquello. Se apoyó con cuidado en su pecho y aumentó el ritmo. Escuchó a Patricka ahogar un grito. Sí. Eso es. Suspiró. Lo había conseguido.

Con cuidado, bajó del cuerpo de su amigo y se dejó caer a la cama a su lado.

No dijeron nada por unos momentos, mientras se reponían.

—Bueno. No era la noche que esperábamos. Pero ha estado bien.

—¿Bien? —preguntó Patrick—. Demasiado bien. Joder. ¿Esto... esto qué ha significado?

—Que hemos explorado. Es en lo que consiste el Acuerdo, ¿verdad?

—¿Y lo dices tan tranquilo?

—¿Qué pasa? ¿Nunca habías fantaseado con otro chico?

—Que yo recuerde... no. ¿Tú sí?

—Conscientemente, no. Pero... he tenido algún sueño borroso —reconoció William.

—¿Es que eres... bi?

—Pensaba que no. Hasta hoy —reconoció el escocés—. ¿Eso cambia algo?

—No... es solo que empiezo a pensar que yo también lo soy.


Odd se había acurrucado entre los brazos de Ulrich. Aquel momento tan placentero no solo había provocado el clímax del alemán. Él también había culminado por aquel momento. Y su amigo no le había repudiado por ello. Al contrario, se había acomodado con él en la cama. Sí, era ñoño, y tal vez poco apropiado dormir juntos después de lo que habían hecho. Solo eran amigos. Pero había surgido con naturalidad. Así que estaba bien.

—Ul... —susurró Odd, intentando comprobar si su amigo ya dormía.

—Dime...

—Solo quería saber... si te ha gustado lo suficiente para repetir... otro día...

La única respuesta de Ulrich fue un mordisquito juguetón en el lóbulo que le provocó un escalofrío. Sonrió, tontamente, agradecido por el gesto.


Sam no era ajena a los pensamientos de su novio. Sí era cierto que le había dolido un poco que Odd confesara su experimento antes a Ulrich que a ella. Pero tener un novio bi no era en absoluto óbice para su relación, al fin y al cabo ella también lo era. Es más, en su pensamiento, pensaba que tal vez ahora podría cumplir cierta fantasía que le rondaba la mente desde hacía mucho tiempo.

Un trío con dos chicos. Porque su novio era "demasiado hetero" para juntarse en la cama con otro tío. Pero ahora, aquello podía cambiar. Obviamente, no le había molestado en exceso, ya que su propia atracción por las chicas permitía pasarlo muy bien cuando encontraban una compañera. Ahora eso podía cambiar de vez en cuando.

Pensó que era mejor cerrar el libro de Cincuenta sombras de Grey (que agradecía que se lo hubieran prestado; le hubiera dolido mucho pagar veinte pavos por "eso") y apagó la luz. Era hora de tener alguna fantasía en condiciones. Se tendió en la cama y se bajó ligeramente la ropa interior. Lo suficiente para tener libertad de movimientos.

Acomodó la cabeza sobre la almohada y cerró los ojos. Era mejor así. Se acordó de su novio sexy. Y pensó en cómo le gustaba que le mordisqueara el cuello para ponerse a tono. Sí, eso estaba bien. Y también... estaría bien que se uniera Jeremy, claro. Si Odd lo había pasado bien con él, y tenía el testimonio de Laura de que era un buen amante, era una buena opción. Aquellos dos rubios para ella. Besándola, deseándola... Casi podía sentir cómo le besaban los senos y disfrutaban de sus pezones.

Un momento. ¿Por qué se apartaban? ¿A dónde iban? No podían dejarla sola con el calentón. Y ahora... Uy. Sonrió complacida.

—Hola, Yumi —susurró.

—Hola, guapa —respondió la japonesa—. ¿Me esperabas?

—No... esto es una sorpresa... muy agradable —reconoció Sam mientras Yumi se acoplaba encima de ella. Sus manos levantaron suavemente su mentón para besarla mientras sus cuerpos se amoldaban a sus temperaturas. Notó sus dedos recorriendo sus cabellos.

Sin decir nada, su amiga empezó a besar cada poro de su piel que encontraba. Sí, Yumi. Sigue. Su cuerpo se movía solo, víctima del placer de aquella inesperada unión. Simplemente, se dejó hacer. Se entregó con pasión al beso que le dio la chica. Y dio un respingo cuando notó que su amiga empezaba a explorar su intimidad.

—Yu... mi... —suspiró.

—Di... me... —bromeó ella—. ¿Te gusta?

Asintió.

—Esto te va a encantar...

Yumi volvió a explorar el cuerpo de Sam con los labios, acariciándolo con la lengua poco a poco, bajando de entre sus pechos al vientre. Y bajó un poco más, Y Sam tuvo que ahogar un grito cuando sintió su lengua invadiendo su sexo. Ah... las manos de Yumi se apresuraron a estimular sus senos mientras devoraba su intimidad. Jadeó de gusto. Sí, le gustaba...

—¡Lo siento! —gimió después de haber llegado al orgasmo. Claramente había manchado los labios de Yumi. Pero ella sonrió traviesa.

—No te preocupes, cielo. ¿Vas a hacerme lo mismo?

Por supuesto que lo haría. Sam se escurrió entre las piernas de Yumi, de forma que podía alcanzar su sexo. Probó, devoró y degustó su sabor prohibido. Sí, le gustaba, claro que sí. Y le gustaba que Yumi volviera a enredar los dedos entre sus cabellos mientras le daba placer. Qué bueno era. Sentía a Yumi temblar gracias a lo que ella le hacía.

Acarició sus caderas desde su posición bajo ella y disfrutó del sabor. Iba a hacerle terminar, claro que sí. Sintió como su amiga japonesa llegaba al orgasmo. Sí. Lo había conseguido. Y Yumi se apresuró en volver a ponerse a la altura de Sam para volver a compartir un lascivo beso.

—Yumi... —gimió Sam.

—¿Acaso no deseabas esto?

—Claro que sí... llevo días acordándome del trío... Y quería repetir sin... más gente...

Yumi sonrió y empezó a bajar de nuevo por el cuerpo de Sam. Ella sonrió, dispuesta a disfrutarlo.

Pero el momento no llegaba. Y no llegaba. Y parpadeó varias veces.

Tuvo que reconstruir los hechos. Yumi se había colado en su habitación... Pero no, no era posible. Había sido una fantasía. Una vívida fantasía. Diablos. Su orgasmo había sido real. Su propia estimulación se había ocupado de ello. Dos veces. Claro, seguro que el momento en que Yumi había "llegado", en realidad había sido ella misma, por segunda vez. Solo así podía saber que su compañera había culminado con certeza absoluta.

Intentó que su respiración se volviera a acompasar. Esperó no haber despertado a nadie, no había sido consciente de gritar pero se había metido tanto en su mente que no podía discernir en ese momento la realidad de la ficción.

Exhausta, volvió a cerrar los ojos, esta vez para intentar dormir sin que aquella amiga irrumpiera de nuevo en su sueño para darle placer.


Al día siguiente, se estaba tomando el café en la calle. Estaba esperando al grupo. Iban a hacer algún plan todos juntos. Un día de centro comercial, cotillear en algunos locales, comer e ir al cine. El plan perfecto cuando no se tenía aún la edad para... ir a hacer lo mismo a otro sitio, con un coche.

—¿Quién soy? —preguntó una voz que la asaltó de pronto por la espalda y le tapó los ojos. Una voz que le sonaba mucho y le provocó un vuelco al corazón.

—¿Yu-Yumi?

—¡Bingo! —respondió la japonesa y liberó su vista—. Que solita te veo —comentó. Y le dio un beso en la mejilla a modo que saludo que sintió que le ardía.

—He madrugado. Pero por ahí vienen los demás —comentó.

Y era cierto. Sissi, Aelita, Jeremy, William, Odd, Ulrich, Patrick y Laura salían por la puerta del edificio de estudiantes y se dirigieron hacia ellas. Todo estaba bien. Casi todo. Sintió ¿celos? cuando vio el beso en los labios que Yumi le daba a Ulrich. Pero reaccionó a tiempo para tener el mismo comportamiento con Odd.

—¿Nos vamos ya? Es temprano —comentó Jeremy.

—Podríamos parar un momento por The Hermitage —comentó William—. Hay algo que... quiero contaros.

Patrick se puso nervioso. No sabía si estaba preparado. Aunque bueno, Jeremy se había confesado ante él y no había pasado nada. Tal vez fuera liberador. Pero...

—¿Aelita? —preguntó una voz grave.

Todos se volvieron para ver al desconocido. Era un hombre muy alto. Afrofrancés. Vestía un caro traje oscuro. Sus ojos contemplaban todo con seriedad, y llevaba una ligera perilla que parecía recortada con una regla. El pelo, igualmente, bien recortado, parecía brillar por el efecto de la gomina.

Por instinto, el grupo se puso frente a la pelirrosa, cubriéndola. Era innegable quién era. Uno de los esbirros de Tyron, seguro.

—¿Qué quiere? —preguntó ella, intentando aparentar estar menos asustada de lo que de verdad estaba.

—Venga conmigo.

—Ni hablar.

—Venga conmigo —insistió el hombre, sin subir el tono—. Pueden venir también si lo desean. Pero venga conmigo —repitió.

Dubitativos, empezaron a caminar lentamente detrás del hombre, lamentando que cuando Jim abría la verja por las mañanas los domingos volviera derecho a su cama para continuar durmiendo.

Frente a la entrada, había un coche. Qué extraño, no era una limusina. Era un coche normal, de color negro. Grande, eso sí. Un SUV. El hombre llamó a la puerta de atrás, y esta se abrió. Alguien salió de ese coche.

Una persona muy alta. Bien vestida. Y con un tono de pelo muy llamativo que era idéntico al de Aelita.


¡Buenas! Qué tiempos aquellos cuando actualizaba cada domingo, ¿verdad? Aunque bueno, publicar cada dos no está tan mal al fin y al cabo.

Espero que os haya gustado el capítulo y pronto el siguiente ;) Lemmon rules!