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Capítulo 10: Villancico (Parte 2)

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Pieza de música con origen navideño..

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Cuando era niño mi padre soñaba con ser concertista y formar parte de la Orquesta Sinfónica. Nos inculcó a mi hermano y a mí a tener la música como parte de nuestra vida. A pesar de ser muy estricto, no nos obligó, nos dio la oportunidad de elegir, pero ambos decidimos cumplir con tales metas y lograrlas. Si bien, mi padre no logró dicho objetivo porque no había grandes oportunidades en el pasado, me conmueve en el corazón que Finn y yo sí logramos formar parte de la orquesta sinfónica de Berk, incluso logré ser desde hace un par de años el director de la orquesta y director del conservatorio de mi Alma Mater.

Mi primer trabajo como músico fue, al igual que en la gran mayoría de los casos de recién egresados, como suplente de un músico titular. Era la inauguración de la Orquesta Sinfónica de Bog Burglar, se abrió la oportunidad de obtener una plaza para violinista. Casi todos queríamos ese lugar. 200 fuimos a la entrevista, 100 pasamos a la siguiente etapa, 43 fueron seleccionados como sinfónicos suplentes. Nos dieron una semana para aprendernos cinco conciertos que eran completamente nuevos y de primera ejecución. Después del concierto eligieron sólo a 8 músicos. Mi hermano y yo entre ellos, sólo que él en violonchelo. Fue la primera vez que me sentí con talento y más que con talento, con la posibilidad de que los demás también lo sintieran.

Fui suplente durante esa temporada. Esos ocho músicos fueron mi competencia directa y también mi familia, tanto que hasta rentamos un departamento para que optimizar y ahorrar en renta de cada uno de nosotros.

A media temporada le hablaron a Finn para que él fuera a aplicar por una vacante en la filarmónica de Berk. Fue de inmediato y le dieron el lugar antes de que terminara la audición, fue bueno para él, conoció a Gylda y se enamoraron perdidamente, pese a mi insistencia, se casaron en unos meses, pensé que estaba embarazada, pero no fue así.

Me quedé en Bog Burglar el resto de la temporada, lo cual fue increíble, porque pude conocer mejor a Bertha, y pese a mis intentos vanos terminé por enamorarme como loco de ella. Pero sabía que él estaba saliendo con alguien más. Fue muy reservada, no le dijo a nadie, ni siquiera a esa mejor amiga suya llamada Ivette quien tocaba el oboe también como suplente.

Después de que ella terminó con su novio le pedí una oportunidad, y comenzamos a salir durante un tiempo, dándonos la oportunidad de disfrutar las últimas semanas en la temporada antes de que dijeran quiénes se quedarían con la plaza, la cual, sin sorprender a nadie, la obtuvo Grimmel Grisly. La verdad era muy bueno. Ser maestro del Conservatorio sólo fortaleció tal puesto. Aunque para todos fue una sorpresa cuando las fotografías besándose con Grimmel estaban en la entrada del departamento, y lo que fue peor, se publicaron en la sección de chismes del periódico.

Siempre pensé que le ofrecerían ese lugar a Bertha, aunque tiempo después confirmé que sí se lo habían ofrecido.

Fue un cierre de temporada difícil para ella. Juzgada por todos (incluso por mí) por tener el favoritismo para la plaza de violinista, creyendo que convencía al director (el padre de Grimmel) por ser novia o amante del hijo de él.

Cuando esas fotos aparecieron y el río de chismes inundó las últimas presentaciones de la orquesta ella entró en una tristeza constante. Tanto que ella quiso que dejáramos de salir. Volví a Berk con el corazón roto, me enfoqué en la música y en mi propósito de estudiar para dirección de Orquesta. Salí con un par de mujeres, pero en mi mente y sentimientos seguía Bertha como musa y protagonista.

Un año después ella vino a Berk como parte de un conjunto musical invitado. El director de la OSB vio la destreza de ella en el violín y la invitó a formar parte de la orquesta. Sin pensarlo aceptó ese mismo día, y una semana después se mudó de manera definitiva.

Nos vimos en los ensayos y la chispa resurgió desde la primera vez que nos sentamos juntos como violinistas principales. El resto es historia. Salimos un par de meses y le pedí que se casara conmigo. Seis meses después unimos nuestras vidas y comenzamos nuestra familia.

No todo ha sido fácil, ella me ha apoyado en todo así como yo he tratado de hacerlo con ella. Por eso mismo, es que no permitiré que ese viejo que lastimó tanto a Bertha se vuelva a interponer en nuestras vidas, y mucho menos, que él le haga lo mismo a alguien más.

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Después de terminar con el día de trabajo y un par de juntas que tenía con las coordinaciones del Conservatorio, Erick Hofferson regresó a casa. Aprovecharía que su hija estaría fuera para hablar con su esposa de la llegada inoportuna.

-Bienvenido, ¿qué tal te fue? –preguntó Bertha, casi sin voltear a verlo, pues estaba ocupada envolviendo un par de regalos para navidad.

Erick no respondió. Dejó las llaves en el recibidor de la casa y se encaminó a paso lento hasta estar de frente a la mujer. La admiró por breves segundos hasta que ella levantó la vista por sentirse observada.

-¿Todo bien, amor? –preguntó Bertha, alzando una ceja, claramente extrañada. -¿Y Astrid?

Erick resopló. –Se fue con Hiccup, el muchacho con quien hará la dupla del piano. Pero hay algo que debes saber.

Essen dejó su trabajo de lado y prestó atención a su esposo.

-Grimel Grisly está en Berk. Trabajará en el conservatorio.

Bertha ya no era una jovencita ilusa. No era la misma inocente que le creyó a su antiguo maestro que ella era la mejor violinista ni tampoco el amor eterno que decía profesarle. Era fuerte, decidida y confiada ante su talento y capacidad. Pero no evitó que esa información retumbara en su corazón.

-¿En serio?

Erick desencajó su quijada. –Sí. Hoy me enteré. –comentó, sentándose en la mesa, apartando los papeles de regalo para envolver. –Va a darles clase a Astrid y a Storm. Pero más a Astrid, por piano.

La violinista de cruzó de brazos.

-Sólo le diremos que no se confié de ese maestro. No hay porqué alarmarse. –expresó, claramente inquieta, retomando la envoltura del regalo de su esposo, el cual ya estaba listo, faltándole sólo el moño.

-Habló conmigo. –siguió.

-Supongo, eres el director. –opinó como si fuera obvio.

Ambos se sumergieron en un breve silencio incómodo.

-¿Qué pasó con él?

-¿Cómo que qué pasó? No hay nada que no sepas.

-Ber, me refiero a que…

La de ojos verdes se puso de pie, molesta. Llevando el regalo hasta debajo del árbol de Navidad.

-Mejor pregunta de una vez si nos acostamos o que si son ciertas las fotografías.

-Amor, eso no me importa. Tu pasado es tu pasado, no se trata de eso.

-¿Entonces a qué te refieres? –preguntó alzando la voz. –No hay nada que no te haya dicho ya desde que estuvimos en Bog Burglar. Él era mi maestro de violín, sí. Me engañó, me dijo que me amaba, que estaríamos juntos. Que tendría un lugar en la Orquesta de Bog Burglar. Que sí me dieron esa plaza, que le agradecí al director que era el padre de él. Que Grimel me convenció de rechazar esa plaza e irnos juntos a Bruselas y rechacé ser la primer mujer menor de veinticinco años como violinista en la orquesta… luego él se quedó con la plaza de violinista principal de la orquesta, dejándome claro que nunca seguiríamos juntos. –respiró con dificultad y la voz se le entrecortó. –Y la noche que se anunció la decisión, él se fue a festejar, y yo de tonta fui a reclamarle y él… él…

-No, Bertha, no lo repitas. –Erick la detuvo y la fue a consolar. –Lamento hacerte repetir esto.

La mujer negó con la cabeza, reteniendo un par de lágrimas. –Él estaba ebrio, intentó violarme. Pero esa maldita prensa sacó fotografías de la escena en lugar de ayudarme a salir de eso.

El rubio la abrazó. –Lo sé, lo sé, mi amor. Perdóname, es sólo que me preocupé. No quiero que su presencia te haga daño.

Estuvieron un par de minutos así, consolándose y permitiéndose sentir el apoyo que se daban mutuamente.

-También me dieron celos. –confesó con una risa.

Bertha se separó de él, ya sin rastro de lágrimas.

-¿De él?

Hofferson se ruborizó un poco.

-Ver que él es más exitoso que yo…

-¿Qué te pasa? –se burló. –Por favor, no me hagas reír.

El pianista se ofendió.

-Erick Hofferson. Eres el hombre más noble, valiente, protector y dedicado que conozco. No te dejes intimidar por un hombre que no ha logrado nada por sí mismo en toda su vida, sólo graduarse con dos instrumentos musicales y conseguir empleo gracias a su apellido. No te compares con él. –se encogió de hombros, mostrando que él no significaba nada para ella.

Hofferson besó en la frente a su esposa.

-También hay algo más que tengo y él no. –mencionó con provocación, rodeándola de la cintura. –Tengo a la mejor violinista del mundo como esposa. Que además es una madre amorosa y una maravillosa mujer que lo da todo por quienes ama.

Bertha se volvió a conmover como él le dijo días atrás cuando le ofrecieron el protagonismo para la Orquesta de Bog Burglar. Así que rodeó su cuello con sus brazos, como si fueran jóvenes otra vez, besándolo con pasión.

-¿Quieres que hagamos música juntos? –preguntó el varón, con diversión, provocándola con sus caricias.

Bertha siguió besándolo, mientras intentaba quitarle el saco.

-Qué bueno… que Astrid está fuera.

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El frío golpeaba directamente en el rostro de ambos músicos. El castaño era un experimentado motociclista, aunque tenía tiempo de no haber manejado una debido a una serie de cambios que hubo en su vida empezando con la muerte de su padre.

Astrid, por su parte, iba muy nerviosa debido a la incógnita acerca de su prima. Ella no tenía más hermanos, y a decir verdad, tampoco tenía amigos verdaderos. No había sido consciente de eso hasta que su compañero lo invitó a esa noche de karaoke cuando se percató que no tenía esa confianza y complicidad que otros allegados a ella tenían entre iguales.

Stormfly era su único vínculo que lo impulsaba a salir de su zona de confort y a experimentar otro tipo de experiencias que no siempre se atrevía, como aquella vez en la que ambas se colaron a una función de cine o en la que se escaparon de una sala de ensayo donde sus padres estaban para ir a comprarse vestidos para la presentación de sus exámenes de curso. En todas ellas, Astrid se había mostrado recelosa en cumplir lo que se pedía, pero su prima siempre la motivaba a ir más allá de donde estaba.

Ella era su prima, su mejor amiga, y también su hermana. No quería que nada le pasara y tampoco quería sentirse ignorante ante la falta de información que tenía de ella.

Hiccup sentía la respiración agitada en su espalda, aunque iban a toda la velocidad que se permitía en la carretera y tenían los cascos aunados a las bufandas, el percibía el fuerte palpitar del corazón de la rubia casi en su cuello.

En otras circunstancias la escena panorámica y el viaje de regreso sería mucho más placentera, empezando par la compañía y creciente amistad.

Cuando entraron a la ciudad se detuvieron un poco debido a los señalamientos que había, hasta que llegaron a una pausa debido al semáforo en alto. La rubia apretó más la cintura del muchacho, buscando algo a lo que aferrarse y no caer en la preocupación.

-Tranquila, está viva y le están dando tratamiento. Llegaremos pronto al hospital. -le prometió el castaño.

-Gracias Haddock. -musitó la rubia sonriéndole y agradeciendo el apoyo, aunque él no logró ver la expresión asustada de la rubia. No sabía que le hubiera pasado a ella si hubiera estado sola en esa terrible situación.

-Conozco a tu prima, es fuerte, igual que tú.

-Gracias. Pero no debo ir al hospital. Tengo que ir a la casa de mis tíos a cuidar a mi primo. Está solo en casa y ocupan alguien que lo cuide.

Hiccup asintió asertivamente.

-Me toca a mí, mis papás se fueron con mis tíos a ver a mi prima.

-Claro, yo te llevo. Dime dónde es la casa de tus tíos.

Cuando la rubia dio la dirección el castaño tomó ruta para el arribo próximo. En cuanto llegaron a la casa vio que el carro de Storm estaba en la cochera, lo cual le angustió mucho debido a que ella siempre salía con su carro, no entendía en donde lo habían atropellado ni nada.

Llegó y agitada tocó la puerta con desesperación.

-Gracias, puedes irte ya, es tarde y no te quiero inoportunar. Es tarde y no quiero que te entretengas más. Muchas gracias, yo seguiré con esto.

El castaño negó. Apagó la motocicleta y se bajó al lado de ella, quitándose el casco como un profesional.

-Me iré hasta que entres a la casa.

Astrid Hofferson se sintió apoyada por alguien que no era de su familia. Fue una sensación extraña y reconfortante a la que no le pudo poner atención debido a la preocupación inicial que tenía. Aunque un tiempo después podría pensar detenidamente en ella y darle un significado real.

Volvió a tocar con desesperación la puerta.

-Finn, soy yo Astrid, ábreme por favor. -rogaba mientras tocaba con fuerza la puerta de la casa. Intentó abrirla pero entendió que estaba cerrado con seguro por dentro. Hablaría haz la casa para que su primito contestara y le abriera.

-Astrid. -se escuchó una llorosa vocecita asomándose por una ventana.

La rubia se giró, dejando su celular de lado. -Sí, soy yo vengo estar contigo.

El pequeño niño castañito asintió con obediencia, cerró la ventana y se dirigió a la puerta para abrirle. Se escucharon los cambios del candado que estaba dando y por fin se la dejó pasar.

Cuándo el niño vio a su prima la abrazó por la cintura y restregó su rostro en su vientre, soportando las ganas de llorar. La pianista solo beso su cabeza y lo acarició, tratando de consolarlo en la manera más tierna que pudiera.

-Ya tranquilo, no estás solo. Estoy aquí. –la chica trató de mantenerse, pero la voz se le empezaba a entrecortar.

-Tardaste mucho. Mami dijo que ibas a venir enseguida. Tuve miedo.

-Lo siento mucho, estaba lejos y me tardé en venir, pero ahora estoy aquí voy a estar contigo hasta que tengamos noticias de tu hermana, de acuerdo.

La rubia se intentaba hacer la fuerte pero ella también estaba muy asustada.

Mientras los primos se consolaban mutuamente, recordó al muchacho que amablemente la había llevado hasta este lugar.

-Muchas gracias por tu apoyo en esto.

-No tienes nada que agradecer. Somos compañeros de piano. Creo con esto la maestra estará un poquito más convencida de qué vamos trabajando y mejorando en nuestra química.

-Sí, creo que sí. -mencionó la chica despidiéndose de él.

El castaño resopló y se dio la media vuelta para marcharse. El chico volvió a subirse a la motocicleta y se despidió de la rubia en la puerta de su casa, solamente siendo un ademán de decir adiós.

Ella cerró la puerta y después se dedicó a encaminarse a su hogar. Fue cuando recordó que su carro seguía en el conservatorio así que muy probablemente le pediría ayuda a su hermano para ir por el carro, o bien lo dejaría ahí e iría por él hasta el día de mañana pero también recordó que el día siguiente tenía que ir a la disquera para firmar unos papeles de su contratación.

Sin embargo antes de entablar una decisión, recordó lo que su compañera Astrid había mencionado acerca del celular y la bolsa de su prima, la cual seguía resguardada en la feria de la ciudad.

Regresó a la casa para decirle a la pianista si quería que él podía ir por las cosas, cuando la vio en la puerta junto a su sobrinito, preparándose para salir.

-¿Está todo bien? ¿Ocupan que los lleve a algún lugar?

Astrid se sorprendió por verlo nuevamente ahí frente a la casa de sus tíos.

-Acabamos de hablar con mi tía, al parecer Stormfly sólo sufrió unas raspaduras y se lastimó el pie. Aunque recibió un golpe en la cabeza y le harán estudios para descartar cualquier problema mayor. Pero está fuera de peligro. -comentó ya más relajada.

-Me alegra mucho por ella, te dije que estaría bien. –empatizó la muchacha.

La rubia asintió, coincidiendo y agradeciendo las palabras de apoyo que le dieron.

-Vamos a ir a la feria. -comentó el pequeño niño de 10 años.

-¿A la feria? –preguntó Hiccup.

-Sí, tenemos que ir por el celular y la bolsa de mi prima. -le guiñó el ojo para darle a entender que quería distraer un poco al pequeño.

-Ah, entiendo.

-Rescataremos las pertenencias de mi hermana.

-Entonces los acompaño.

La rubia le negó, dándole a entender que no era necesario la compañía de él, pero él insistió nuevamente. No dejaría que algo le pasara a su compañera, no ahora que había descifrado un montón de peculiaridades que guardaba con esmero para no hacerlas tan evidentes ante el resto de las personas.

-Bien, entonces… ve con nosotros.

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Los angustiados padres entraron al área de urgencias de una manera abrupta y sin importarle con quien chocaban. Cuando vislumbraron el módulo de información se acercaron con temor.

-Buenas tardes, nos hablaron para informarnos que nuestra hija había sufrido un accidente, la atropellaron. Somos los padres de Storm Flyness Hofferson. –anunció Finn, desesperado.

La enfermera de recepción notó el nombre de la mencionada en su lista, asintiendo.

-Sí, llegó hace una media hora, yo fui quien les hablo. La señorita nos dio ese número para contactarlos. –mencionó la enfermera.

-¿Ella está bien? -preguntó la angustiada madre.

-Si está consciente, ahora le aviso al doctor que están aquí para que hable con ustedes. Por favor vayan en la sala de espera.

Los padres asintieron, angustiados aún pero con la certeza de que su hija al menos estaba despierta y consciente.

-¿Le dijiste a Erick y a Bertha que se quedaran con Finn?

El violonchelista movía su pie angustiadamente. -No, no estaban cerca de la casa, estaba en el conservatorio. Vienen directo para acá. Le dijeron a Astrid que se quede con nuestro hijo.

Gylda asintió, aunque estaba muy angustiada todavía. En eso ingresó el matrimonio a la sala de espera, viéndolos de inmediato.

-Hermano. -mencionó el director de la orquesta mientras caminaba a toda prisa al lado de su esposa.

-¿Qué les han dicho? -preguntó Bertha, angustiada por su sobrina.

El matrimonio negó. -Nada todavía.

Los cuatro resoplaron, tratando de enfocarse en algo positivo, sin imginarse el peor escenario para la muchacha. Al cabo de un par de minutos, apareció un doctor, llamando a los padres.

-¿Familiares de Storm Flyness Hofferson?

Los cuatro se pusieron de pie. -Somos sus padres. –se adelantó Gylda caminando hasta el doctor.

-Mucho gusto, soy el doctor Odín, llevo el caso de su hija.

Ambos estaban con el corazón agitado, esperando noticias de ella. -La atropelló un carro, de no ser por el muchacho que la empujó en definitiva habría sido otra historia.

-¿Que muchacho? preguntaron tanto los tíos como los padres de la hospitalizada.

-La doctora se quedó sin saber muy bien a qué se refería, pero entendió que ellos acababan de enterarse. -Bueno los testigos dicen que un muchacho la aventó para que no le diera un golpe completo el carro, de no ser por eso la habrían arrollado, fueron.

Los padres le dieron gracias espiritualmente al muchacho. Estaban en deuda con él, ojalá tuvieran oportunidad de decírselo en persona. El doctor notó la angustia de todos, así que trató de tranquilizarlos. -Es una chica fuerte.

Los padres se sintieron orgullosos cuando escucharon esta descripción de ella, claro que si ella era muy fuerte.

-Recibió una torcedura en su pie derecho, traerá férula durante varias semanas, también tiene los brazos raspados y una herida en la barbilla que le dejará una cicatriz. Ya la cosieron y fueron dos infectados y están bajo control sin embargo… recibió un golpe de su asaltante.

-¿Asaltante? -preguntó Gylda, preocupada esa información la desconocía.

-Según lo que informó, la asaltaron. -comentó el doctor. -Es lo poco que he alcanzado a decir, está muy aturdida al parecer el asaltante la golpeó y ella se fue corriendo para recuperar su bolsa, al hacerlo, cruzó la calle y un automovilista la golpeó, eso fue lo que provocó el accidente.

-¿Y vieron quién fue el que lo atropelló?

-No, se dio la fuga. Los testigos fueron quienes llamaron a la ambulancia, y también ese muchacho fue el que se quedó con ella hasta que logramos contactarlos a ustedes, aunque su hija estuvo inconsciente por unos minutos debido al golpe y también… está muy aturdida por otra situación que no ha querido decir. No ha dejado de llorar.

-Entiendo, gracias. ¿Podemos ver a nuestra hija? -preguntó la madre angustiada.

-Claro que sí, la van a pasar a un cuarto, mientras seguirá en observación, principalmente por el golpe craneal. Recomiendo que se quede durante esta noche.

El doctor tranquilizó a los padres mientras que los tíos se quedaron en la sala de espera, tendrían oportunidad de ver a la muchacha. La violinista observó cómo sus cuñados avanzaban rumbo al área de los cuartos.

El matrimonio se quedó pacientemente.

-Hablaré con Astrid, me mandó un mensaje diciendo que ya estaba por llegar a la casa de Finn. Le diré que todo esté bien para que no se preocupe.

Erick le palpó la espalda, apoyándola mientras se sentaban en las incómodas sillas del hospital. Marcó el por el celular y esperó a que terminaran de sonar un par de intentos de llamada hasta que respondió la rubia.

-Hola mamá, ¿cómo están? –se escuchó la voz angustiada de Astrid.

-Hola hija. ¿Ya estás con Finn jr?

-Sí, voy llegando, está muy asustado.

-Entiendo, descuiden, tu prima está bien. Tuvo una torcedura y un par de golpes. La dejaron en observación durante esta noche y yo creo que mañana regresa casa.

-Me da mucho gusto saber eso. -comentó aliviada mientras por el otro lado de la línea tranquilizaba a su primito. -¿Hay algo que pueda hacer?

-No, sólo ten cuidado al parecer se accidentó en el parque que está cerca de la casa y la asaltaron.

Eso le recordó a Astrid el bolso de su prima.

-Sí, me llamaron del celular de Storm, lo dejaron en la feria, al igual que su bolsa. Al menos no le robaron todo.

-Sería bueno si puedes ir a recuperarlo. –opinó la mujer, mientras Erick escuchaba la conversación.

-Sí, me llevaré a Finn conmigo para ir, Creo que debe despejarse, está preocupado por su hermana.

-Sí me imagino, cuídense mucho por favor y mantenme avisada cuando regresen.

-Por supuesto, mamá. No te preocupes. Avísame como sigue mi prima.

-Claro adiós. -Bertha colgó el celular y se quedó al pendiente de cómo seguía su sobrina a la que quería como si fuera suyo.

Volteó a ver a su esposo, compartiendo una mirada de apoyo y de amor. Ese día habían llegado muchos acuerdos y habían reconfortado y reafirmado el amor que inició en su juventud y que se solidificó con el paso del tiempo.

-No te afecta que venga a trabajar al conservatorio ese hombre.

-Para nada. Como tú me lo dijiste hace unos días. Es cosa del pasado y tanto tú como nuestra hija son mi presente y mi futuro. Él no me quito nada que no debía ser para mí. No cambiaría mi vida.

Erick le dio un beso en la frente, aunque no tan apasionado como el que habían compartido en su habitación varias horas atrás antes de irse de nuevo al Conservatorio.

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Se fueron caminando mientras que Astrid cuidaba a su primo, tomándolo de la mano y siendo extremadamente cuidadosa al cruzar las calles. Al cabo de unos minutos llegaron caminando a una de las últimas entradas de la feria. El cual, según el localizador que compartían Astrid y su prima le indicaba que estaba el celular.

Hiccup los acompañó todo el trayecto. Aunque traía la motocicleta, los acompañó caminando también.

-¿Podemos ir a los juegos prima? -preguntó el niño señalando a las atracciones que estaban colocando.

-Por ahora no Finn, te prometo que cuando Storm salgan del hospital y se encuentra mejor de su pie vamos a venir y te traeremos. Por ahora es tarde y le prometí a mi mamá que solamente vamos por su bolsa y el celular y regresamos a casa.

-De acuerdo. -mencionó refunfuñando el niño.

Caminaron un poco hasta que vieron al guardia.

-Debe ser él. -señaló el castaño cumpliendo su papel de macho protector. Sin embargo no le funcionó, no con Astrid Hofferson, quien era autosuficiente e independiente para hacer sus propias hazañas.

-Hola, buenas noches. Hace una hora y media más o menos me habló un joven para decirme que dejó un celular y un bolso con el guardia de la entrada de la feria. Vengo a recogerlo. -comentó la chica con amabilidad.

-Ah, sí, recuperamos esto. El muchacho lo dejo aquí.

-¿Le dijo cómo se llamaba o donde vive? Me gustaría agradecerle.

-No dijo nada, señorita sólo lo dejó aquí. Dijo que una chica vendría por él. -comentó mientras entraba a la pequeña caseta de vigilancia yendo por el bolso.

Astrid observó de inmediato el bolso amarillo, era el de su prima notó que tenía rota el asa por donde colgaba en su hombro. Vio el celular también con la pantalla un poco estrellada en una de las puntas.

-Se lo agradezco mucho. –mencionó Astrid.

-Es el de mi hermana. –dijo alegre el muchachito.

-¿Cómo? ¿Usted no es la dueña? -preguntó el guardia, desconfiado.

-No, es mi prima. De ese celular es que me llamó el muchacho, soy uno de los contactos de emergencia. Mi prima fue atropellada.

-Ah, fue la muchacha. Pobre vi el accidente.
-¿Vio lo que pasó con mi prima?
-Sí, fue muy triste. Fue en la calle de enfrente. –la señaló, la cual lucía sola ahora. -Un automovilista pasó muy rápido y la arrojó varios metros. Se dio a la fuga, dejándola en el suelo, de no ser por el muchacho que se atravesó tal vez habría sido más difícil su caso.
-¿Muchacho? ¿Quien? –preguntó Finn en calidad de celoso.

Cuando escuchó eso, Hiccup se quedó de hielo, ¿muchacho? De seguro era su hermano, era lógico, él estaba con Stormfly. Astrid mientras tanto firmó un formato de recibido.

-¿Qué pasó con el muchacho? –preguntó Hiccup con un mal presentimiento.

El guardia bajó la mirada. –Él recibió la mayor parte del golpe. Creo que murió antes de que la ambulancia llegara.

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Notas de la autora:

¿Qué tal les pareció?

Por cierto, hoy es día del músico, por eso publiqué. Aún hay mucho de historia para los padres de Astrid. Espero leernos la próxima semana.

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 22 de noviembre de 2020