"La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco" -Platón.


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Llagas abiertas

Capítulo 10

Indiferencia forzada

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Una voz muerta no debería generar impacto. El llamado puede tardarse en venir pues las horas son alargadas por el anhelo de que llegue cuanto antes, pero el eco no es lo suficientemente persistente como para mantener con vida al tenue sonido de una voz que, quebrada desde el comienzo, agoniza hasta ser apenas percibida. La carta fue el ejemplo perfecto. Las palabras no parecían tener ningún orden, hasta daba la impresión de que no había propósito en disculparse después de todo lo que pasó y dedicar amor y devoción cuando todo lo que quedaba era un cuerpo frío y relativamente joven bajo tierra.

Yamato fue el primero en leerla, en consecuencia él quebró. Si es que en su condición todavía le era posible. Natsuko no fue capaz de terminar de leer, sus emociones no se lo permitieron. Y en cuanto a mí, no sé cuántas veces la habré ojeado pretendiendo encontrar respuestas. Leí y leí hasta que las palabras llegaban a mí antes de verlas. Las memoricé en búsqueda de encontrar respuestas… Miento. En realidad no había respuestas que quisiera sino una sola. No fue culpa mía.

Pensar en ello nunca me acercó a resolver el problema. Hikari me ha repetido varias veces que recordar lo que sucedió con ánimos de expiar no tiene más efecto que el indeseado. Con el tiempo sus palabras cobran mayor sentido. La melancolía y la nostalgia invaden mi mente con sus mentiras agridulces.

En la mañana del día siguiente -creyendo en una supuesta cronología que habré atendido en este desordenado relato- mis ánimos fueron difíciles de tratar. Me sentía molesto. Molesto conmigo mismo por mi manera de actuar. No tenía ánimos para levantarme a tiempo y desayunar, y el tener que enfrentar el rostro de mi padre al comenzar el día me llenaba de vergüenza por varias razones. Así que me cubrí con mantas y esperé a que el miedo a llegar tarde a la escuela me obligara a levantar. Pasó una hora y mi consciencia hizo que mi plan surta efecto.

Llegué al edificio como de costumbre. El hecho de vivir en otro lugar significaba dejar de cruzarme con ciertas personas en el camino a la escuela. Esa fue la principal razón por la que mudarnos me parecía entonces una mala idea, pero después de todo mi parecer no tenía lugar en la decisión tomada. Al cruzar el umbral de la entrada, mi celular sonó recordándome que debía ponerlo en silencio. Algo inusual, era un mensaje de Taichi.

"Debemos hablar"

En otra instancia me habría hecho esperanzas, pero sabía que se debía a mi hermano. Algo en el mensaje parecía decírmelo, estaba camuflado pero ahí estaba. Suspiré e ingresé a clases. Lo hice más tranquilo que de costumbre pues no compartiría clases con Hikari sino hasta la última hora. Tomé mi cabeza rendido. Me sentía ridículo al pensar que eso era un alivio, pero solo imaginar verla y recordar que el día anterior optó por no obsequiarme chocolates… Dios mío, qué dolor en el trasero es pasar por la adolescencia. Al sentarme saludé a mis compañeros y algunos amigos.

Las clases, recuerdo, aquel día transcurrieron muy lentamente. No participé mucho de ellas por voluntad propia, pero seguí las instrucciones de los profesores tanto mi joven carácter me lo permitió. Rogué mentalmente por que los profesores no me pidieran participar y el que el universo me apoyara aquella vez significó mucho para mí. Guardé mucho silencio y dediqué mis energías a estar ausente mentalmente. Miraba hacia afuera con desdén, me sentía distraído y algo perturbado por ello. Si no lograba controlar mi atención, podría tener problemas al final de la jornada.

Dediqué gran parte del día entonces a decidir si los sucesos del día anterior me afectarían o no. Tomar esa decisión terminó significando más tiempo del esperado. Para empezar, no sé cuándo fue que dejó de importarme, si es que algún momento eso sucedió. En mi cabeza la dualidad me presentaba conflicto por aceptar el rechazo con madurez, sombra del desinterés de Hikari, y rechazar su comportamiento y buscar respuestas. Ninguna de las opciones sonaba tentadora.

También tengo que hablar con Taichi. Mejor dicho, escucharlo hablar.

En la primera mitad de la jornada, me enteré de que Yamato había llegado tarde, ello no era una noticia que afectara su historial. Era un hecho que los profesores habían optado por ser más que permisivos con él. Yo diría que hasta habían comenzado a tratarlo como un caso especial. Varios compañeros suyos se sentían molestos por el que los profesores actuaran de tal manera para con él y diferentemente con ellos. Ante ese pensamiento recapacité en si debía involucrarme en su tardanza. Mi decisión fue instantánea. Fue entonces que lo busqué para hablarle, necesitaba verificar lo que tuviera para decir antes de hablar con alguien, pero no pude hacerlo. Sus compañeros y él tenían clases de educación física, lo cual significaba que estarían detrás del edificio haciendo una lista larga de cosas que Yamato seguramente odiaba. Me dirigí hacia allí ignorando mis clases personales, mas él no se encontraba con sus compañeros. Tampoco Taichi, por lo que no tenía a quien preguntarle. Suspiré para mis adentros. Esto de estar preocupándome por mi hermano mayor me resultaba tan retorcido como incómodo.

Me rendí fácilmente y decidí volver a clase. Mi falta de ánimo me indujo a perderme en mi clase, pero al girar el edificio mis planes se vieron truncados. Mi anterior objetivo se presentó frente a mí, los vi a ambos hablando. No, estaban discutiendo. O mejor dicho, Taichi le gritaba cosas a Yamato que parecían provocarlo a ira. Mi hermano reaccionó de mala manera y le contestó diciendo cosas que agravaban la situación. No, peor que eso. Sus palabras parecían confirmar lo que Taichi decía porque su expresión demostró desconcierto.

Taichi le había reclamado, al comenzar a hablarle y en su manera de hacerlo, que su indiferencia hacia los demás había terminado lastimando a Sora. Mi hermano no había comprendido cómo eso surtía efecto, por lo que lo negó y ello provocó más quejas por parte de Yagami. Le pidió que se disculpara, y cuando mi hermano lo miró desafiante, lo compelió a que obedezca. Y su distancia se había acortado. Mi hermano lo provocó desafiándolo con la mirada a lo que Taichi no supo manejar. Le dijo que si Sora seguía herida por su culpa terminaría siendo él quien lo lastimaría físicamente. Yamato le respondió, dijo cosas peores de las que debió haber hecho. Vociferó maldiciones y un desprecio que no parecía tener lugar en la escena. Taichi no podía comprender cuánto odio salía de la boca de mi hermano. Lo vio al rostro pero no supo dimensionar hacia quién se dirigía los insultos que de su boca salían. Yamato no se detuvo a pesar de que Taichi ya no planeaba intimidarlo con su persona. No planeaba obligarlo a disculparse si entendía que en su cabeza el daño no se dimensionaba. Yamato no se calmó luego de ver que no pretendía molestarlo más.

— ¡¿Eso fue todo?!

Taichi no sabía cómo reaccionar, y yo entendí entonces que Yamato al insultar, se estaba hablando a sí mismo.

— ¡¿Era todo lo que tenías para decir?!

Yamato se acercó a Taichi y le lanzó un puñetazo que este otro logró esquivar. Mi amigo empujó a mi hermano tratando de mantener distancia de él, pero Yamato se le abalanzó intentando derribarlo, a lo que ambos cayeron al suelo. Fue entonces que no pude detenerme más y corrí pretendiendo detenerlo y alejarlo de lo que lo pondría en problemas. Antes de que me diera cuenta, esto se había convertido en un espectáculo. Miradas curiosas y divertidas se posaban sobre nosotros.

Yo tomé a mi hermano de los brazos y lo jalé alejándolo de Taichi, que me miraba sin comprender. Hikari, que al parecer se había acercado al escuchar la conmoción, ayudó a su hermano a ponerse de pie y a alejarlo de ahí. Fue entonces que al acercarse el profesor corriendo, todos se dispersaron. Con fortuna logré alejar a mi hermano de la situación. Jalé de su brazo con fuerza y me dirigí corriendo a alguna parte que no tuviera estudiantes cerca.

Me costó un tiempo pero logré conseguirnos privacidad. Entonces sentí ira. Lancé a mi hermano al suelo y éste apenas se logró componer. Sin saberlo, estaba lleno de rabia. Mi hermano no alcanzó a mirarme pero le reclamé una explicación sobre lo que había sucedido. Noté que no podía articular respuesta a pesar de que sus labios temblaban al igual que sus manos. Parecía ser una especie de ataque de pánico. Eso no pareció importarme porque le grité y lo hice hasta que mi garganta me empezó a doler, mas luego noté que sus ojos estaban perdidos y se entendía que sentía miedo. Lo miré por un tiempo hasta que mi compasión me obligó a soltar mi ira. No supe interpretar lo que sentía al ver a mi hermano mayor en tal crisis, así que lo levanté con paciencia, a pesar de que él no mostrara reparar en lo que sucedía. Nos encaminé hasta la enfermería y me inventé una excusa para su estado. La enfermera lo inspeccionó y lo mandó a reposar, por lo que mi hermano se mantuvo acostado lo que restó del día. Yo planeé volver a clase pero debía ir con Taichi primero. Necesitaba disculparme por una conducta que no fue la mía y esperar que desde el fondo de su corazón lograran perdonar a mi hermano.

Me escabullí por los pasillos procurando que los profesores no me encontraran y llegué al salón de Taichi donde pude divisar su figura a través de la ventana. Lo observé en silencio y pensé en qué decirle. Estaba claro para mí que Taichi buscaba que Yamato se disculpe con Sora por algo sucedido entre ellos. Todavía me faltaba escuchar la versión de Yamato, pero cuánto podía entender Taichi estaba en lo cierto al reclamarle. Aunque yo hubiera recomendado otra forma para hacerlo. Pensé en cómo tratar a Yamato y al tomar mi celular me dispuse a mandarle un mensaje a nuestra madre para que nos buscara, pero deseché la idea instantáneamente. Estaba seguro que su persona sólo arruinaría la situación por lo que acudí a mi segunda carta. Sin esperanza, a pesar, de que mi padre contestara le mandé un mensaje explicando la situación brevemente y pidiéndole ayuda. No tenía mucho sentido para mí conseguir que Yamato se disculpara ahora con Sora y Taichi en ese momento, para mí lo primero que debíamos atender era su estado. Luego podría disculparse, pues sabía que ambos escucharían. Ellos son buenas personas, simplemente empezaron mal con mi hermano.

Sorpresivamente mi celular me avisó de la respuesta de mi padre. Contando con su ayuda podía esperar superar el problema. Ello me hizo olvidar el episodio de la noche anterior. Suspiré aliviado, pero una silueta detrás de mí transformó mi tranquilidad en sorpresa, y de sorpresa en miedo.

— Deberías estar en clase —me giré sorprendido y mi incomodidad reapareció; su voz me sonaba extrañamente diferente. No. No era eso, simplemente olvidé hablar con ella—. Si los profesores te ven, estarás en problemas.

— Creo que… te devolvería la advertencia —me esforcé por mantener mi voz calma. Hikari me observó brevemente, luego dirigió la mirada hacia donde yo estaba viendo.

— Estaba preocupada por mi hermano —yo asentí con la cabeza, aún sabiendo que ella no me estaba viendo. Estuvimos así unos segundos que parecieron minutos.

— Tal vez sí debamos volver a clase, tendremos que tratar con nuevos rumores si nos ausentamos por más tiempo —dije bastante más incómodo, e intentando cambiar el agobiante ambiente en el que estábamos. No había notado que estaba forzando una sonrisa.

— Él tenía planeado conseguir que tu hermano se disculpara. Había ensayado lo que iba a decir, incluso lo escribimos juntos porque estaba preocupado por hacerlo enojar —guardé silencio sorprendido—. Simplemente quería que Sora se sintiera mejor, y sabía que sólo lo conseguiría haciendo que tu hermano se disculpara. Cuando le pregunté por qué preocuparse, él dijo que era lo correcto.

— Yo no sabía eso —hablé sin pensar.

— Yo creo que entiendo… parte de lo que le sucede —la voz de Hikari empezó a enfriarse—. Todo tiene su explicación —yo fruncí el seño—, pero no es excusa para comportarse como un idiota.

— Entiendo que estés molesta, pero en realidad no comprendes la situación de Yamato —pareció transmitirme su enfado.

— Y tú no tienes idea, ¿verdad, Takeru?

— ¿De qué estás hablando?

— Tú nunca sabes nada —entonces me miró—. No tienes idea de porqué mi hermano se acercó al tuyo y le pidió que se disculpara…

— Taichi no se lo pidió, él le reclamó a gritos que lo hiciera —Hikari rodó los ojos—. Yo le advertí. Le pedí a Taichi que sea paciente, le expliqué cómo es Yamato y qué es lo que le estaba sucediendo. Necesitaba comprender…

— ¿Y lo defiendes sin saber nada? —algo no parecía cuadrar para ella.

— Alguien tiene que hacerlo —sin notarlo mi voz se elevó un poco. Hikari me vio indignada, como si hubiese dicho algo imperdonable—. ¿Qué esperas que haga? Es mi hermano de quien hablamos.

— Esto es ridículo —masculló dándose la vuelta mientras negaba con la cabeza.

— Oye, espera —la seguí— ¿En serio te vas a ir sin escucharme? ¿Por qué de repente no te importa lo que tenga para decir? —me le acerqué e intenté detenerla tomándola del hombro pero ella retiró mi mano de un golpe. Impactado me quedé viéndola.

— No me toques —soltó fríamente y retomó su camino.

— ¿Qué mierda es lo que te pasa? —dije ya cansado— ¡¿Qué carajos es esa actitud?! ¡Dime qué mierda fue lo que te hice, Hikari!

De espaldas no se giró a verme, esperé que me viera y dejara esa actitud hacia mí, mas no se detuvo. Siguió caminando hasta perderse en el pasillo, yo la vi desaparecer junto a mis esperanzas por recuperar lo que en ese momento me parecía extraño. Respiré agitado por la ira que sentía y me dispuse a salir de allí. Volver a clase no sonaba una buena idea si tenía que cruzármela nuevamente, pero debía salir del lugar donde no salí victorioso.

— Disculpe, alumno —me giré asustado—. Diríjase a la sala de profesores.

Me enteré entonces que mis gritos hacia Hikari sí fueron audibles, el profesor que impartía la clase de mi hermano me apuntó mi ineludible destino al final del pasillo, el resto de la clase me miraba por la ventana. Taichi también, algo confundido. Quizá había escuchado. No, en realidad sí lo había hecho. Y supuso correctamente después de eso.

Al estar en detención por un momento, tuve tiempo para reflexionar y tranquilizarme. El profesor en el salón dónde me dirigieron resultó ser mi propio profesor a cargo, se extrañó de que estuviera ahí y por ello fue muy permisivo y paciente. Me pidió una explicación pero mi mente no pudo ser capaz de inventar una buena excusa en la cual Hikari no estuviera involucrada, por ello sencillamente me disculpé por mi comportamiento y prometí no volver a hacerlo. Me miró sin estar muy convencido pero decidió dejarme ir.

Me reuní con mis compañeros en lo que restaba la clase. Mi profesora pasó por alto mi reingreso y continuó con su clase, mas supe entonces que no todos allí ignoraban mi clara ausencia hasta el momento. Los murmullos se oyeron a lo lejos, y oí mi nombre y el de mi amiga en ellos. Me maldije en voz baja. La velocidad en lo que viaja la información…

La conclusión de la clase fue extraña, yo me sentía raramente excluido de ella. Todos parecían tener miedo de acercarse a mí o siquiera de mirarme; Haber oído que yo le grite a Hikari en los pasillos de la escuela de seguro tomó por sorpresa a varios y no supieron cómo reaccionar. Le resté importancia, puesto que en realidad no tenía ninguna. Aunque no quería que el nombre de Hikari se viera relacionado con rumores, o por lo menos que lo estuviera con la menor cantidad de ellos. El sonido de la campana me alertó del fin de la jornada. Me apresuré a buscar a Hikari puesto que sabía que había huido de dónde estaba procurando no cruzarse conmigo. La busque, la busque, olvidé a mi hermano y me aventuré únicamente a buscar a Hikari. Mi cabeza no se replanteó el comportamiento, en ella sólo estaba la necesidad de encontrar a mi mejor amiga, o a lo que quedaba de ella.

La encontré al salir de los edificios, estaba en la puerta de la entrada con su hermano mayor y con Sora. Instantáneamente me detuve, pues había caído en cuenta de que no sabía qué estaba haciendo allí ni qué planeaba hacer. Taichi me encontró con sus ojos, luego lo hicieron los de Sora. Los míos se avergonzaron y bajé la cabeza, la mayor le dio una mirada cómplice a mi amigo y éste extrañamente sonrío y le habló a su hermana tranquilamente. Ella reaccionó de manera extraña porque al verme no supo mantener su compostura y quiso reprocharle algo a Taichi que no alcancé a entender. Sora y Taichi se marcharon murmurándole algo en el camino, logrando que Hikari se incomodara. Ella suspiró resignada y me enfrentó entonces con la mirada, supuse que era su señal de permiso para que me acercara. Al dar unos pasos, ella caminó en dirección a la salida de la escuela. Decidí seguirla por un tiempo hasta que se detuvo.

— Aquí tendremos menos razones para que se esparzan rumores —su tono de voz era cansado.

— Lamento eso —dije automáticamente. Ella entonces se volteó, me miró aunque yo no me atreví a hacerlo. Me mantuve en silencio hasta que Hikari decidió hablar.

— Yo… debería disculparme —levanté la cabeza sin alcanzar a reaccionar—. Sora me hizo entrar en razón. Esto no se trataba de nosotros, ni de nuestros hermanos —suspiró—. No sé porqué lo tomé tan personal. Era sobre ella, y Sora no quería que peleemos —Hikari perdía su mirada por algún lugar de la calle—. Me regañó mucho por eso…

— Hikari, yo…

— No irás a disculparte también, eso le quitaría el sentido a todo lo que dije antes —sonaba inexpresiva.

— Yo no sé qué decir —llamé su atención con eso—. Quiero decir, me encantaría disculparme y que todo estuviera como antes, pero… todo eso me parece tan confuso e inalcanzable ahora que lo único que imagino es nosotros distanciándonos —Hikari entonces miró hacia otro lado, me pareció molesta—. No me dirás la razón por la que te distanciaste, ¿verdad?

— Acepté hablar contigo para disculparme. Le prometí a Sora que lo haría y lo hice, no hay otra razón por la que estemos hablando...

— Sé que estás molesta. No hay forma de ignorarlo y de que no sepa reconocerlo —me daba la sensación de estar hablando solo—. No saber la razón me molesta también, pero…

— Si ya está todo solucionado, creo que terminamos. Yo tengo cosas que hacer —dio la vuelta.

— No todo está solucionado. Tenemos que hablar.

— No hay nada de qué hablar —comenzó a caminar entonces.

Sus palabras dejaron de molestarme, no sentía enojo por su indiferencia. Al momento únicamente me sentía lastimado. Hikari se dio la vuelta para verme rápidamente y comenzó a caminar alejándose.

Entonces no supe interpretarlo pero sentí desapego. Nada parecía ser familiar ahí. La Hikari que yo había llegado a conocer nunca me había tratado de esa forma, ni siquiera había llegado a verla tratando así a nadie. Sólo Taichi parecía sacarla de quicio a veces, pero ella nunca le demostraría abiertamente que quería estar lejos de él. Eso siempre le costó. Nunca pudo apartar a alguien por ser de su desagrado, no podía decir que no. Es por eso que ahora… todo era demasiado irreal. Su rechazo, su desprecio, su indiferencia… su forzada indiferencia. Era eso.

— Tú… ¿me odias? —mi pregunta parecía una súplica, pues sentía que en vez de buscar la verdad quería oír que no era cierto. Esperaba únicamente una negación y que todo aquello que ahora me parecía extraño volviese a ser lo que nos unía. Sorpresivamente, me equivoqué. Mi pregunta desencadenó un sinfín de verdades.

— Yo te odio —mis pies dieron un paso atrás por el impacto. Ella me estaba viendo totalmente furiosa, sus ojos estaban bien abiertos y su boca no se alcanzaba a cerrar. Me veía como si esperara alguna respuesta, pero no alcancé a moverme—. Todo esto que sucedió es tu culpa, tú quisiste que terminara así. Tú fuiste el que hizo esta distancia y rompió nuestra amistad, buscaste siempre una razón para hacer que todo se volviera extraño, y te sorprendes de que todo sea diferente ¡por supuesto que te odio!

— ¿De qué estás hablando, Hikari? —mis emociones dieron rienda libre a mi desconcierto—. Tú fuiste la que de un día para otro me dejó de hablar, hiciste como si no existiera…

— ¡Eso fue tu culpa! Fue lo que conseguiste por volver todo extraño.

— ¿"Volver todo extraño"? ¡¿Qué se supone que significa eso?!

— Oh, vamos. ¡No actúes como si no lo supieras!

— ¡No tengo idea de qué estás hablando! Yo no sé si lo ignoras adrede, pero esta es la primera vez que hablamos después de mucho tiempo, Hikari. Ya no sé qué es lo que quieres decir con eso y además todo esto que me dices simplemente no tiene sentido, ¿por qué me culpas de algo que no…?

— ¡No pretendas excusarte con lo de siempre! ¡Tú nunca sabes nada, tú nuca estás enterado! —la manera en la que mantuvo su tono de voz me sorprendió, no porque mostrara lo molesta que estaba, sino porque no la había escuchado así antes— Con tu hermano fue lo mismo. Saliste a defenderlo sin tener idea de lo que había pasado…

— ¡¿Qué no estabas disculpándote por eso hace cinco minutos, maldita sea?! ¡Decídete de una vez! —se vio contrariada por lo último— ¡Qué mierda significa todo eso que dices! ¿Cómo he vuelto todo extraño?

— Tú lo dijiste —sonaba totalmente ofendida—, "amigos" fue la palabra que usaste. Debías tratarme como una amiga, no más que eso. ¡Todos lo saben!

— ¿Qué? —no podía imaginar manera en la que sus palabras cobraran sentido.

— ¡Haces lo mismo hasta con nuestras compañeras de clase! ¿Crees que está bien actuar como lo haces? ¿Soltar cumplidos sólo porque sí? ¿Crees no tendrás problemas si apoyas a alguien aún cuando pueda estar equivocado, que no sucederá nada si eres amable con personas que no deberías? ¿Qué no confundirás a las chicas si coqueteas con ellas? —mi boca no llegaba a cerrarse.

— Hikari —aunque sorpresivamente pude mantenerme calmado—, entiende que no tengo idea de lo que estás diciendo.

— ¡Estoy diciendo que debías tratarme como una amiga, no como alguien especial! —guardé silencio entonces, sin llegar siquiera a comprender su expresión. Todas las respuestas que me daba solo eran diferentes razones para mí, y en ese momento estaba demasiado molesto como para pensar en ella, o en sus sentimientos.

— ¿Qué estás diciendo? Hikari, tú eres mi mejor amiga. Cómo debería tratarte si no fuera de manera especial —algo en mi cabeza no cuadraba—. Y no entiendo qué quieres decir con eso de nuestras compañeras. Me esfuerzo por tratar bien a todo el mundo, ¿por qué eso es razón de que te enfades conmigo?

— Las personas se confunden, Takeru —dijo como si tuviese que explicar una obviedad—. No deberías de tratar a todos igualmente bien porque podría causar malentendidos.

— ¡Eso es una estupidez! ¿Cuál malentendido? ¡Trato bien a las personas porque así me enseñaron! ¡Te trato a ti especial porque lo eres! —no medí mis palabras entonces, por lo que no pude ver cómo las múltiples razones de Hikari se reflejaban en lo que dije, de una forma sus palabras cobraron sentido. Yo la miré creyendo tener una idea en mi cabeza, vaga por fundamento pero la única que pude concebir. Hikari estaba contrariada, su rostro parecía rojo por los nervios, sus ojos brillaban empujando las lágrimas al borde, mas en su rostro no había felicidad ni emoción. Más bien parecía estar ofendida por lo que dije—. Un momento… tú…

— Eres un estúpido —Dijo aguantando un sollozo. Mi cabeza entonces se embriagó de la idea de que los malentendidos y la confusión que ella mencionó antes estaban referidos a nosotros y lo que sintiéramos. Hikari quiso partir, pero no se lo pude permitir. La tomé del brazo y cuando quiso golpearme para que la liberara, la tomé del otro brazo. Sencillamente no podía dejarla ir. Apliqué un poco de fuerza para que no se fuera.

Ella me vio a los ojos totalmente insegura de cómo reaccionar. Yo no estaba muy diferente pues era guiado por impulsos, por lo que no recuerdo cuáles eran mis pensamientos concretamente. Sí recuerdo hacia dónde se dirigían mis ojos, pues no salían de sus labios, que temblaban con la emoción del momento. Hikari quiso decir algo pero no pudo producir sonido alguno. Su boca balbuceó entonces mi nombre y quedó entreabierta. Quise verla a los ojos buscando respuestas pero me evitaba mirando hacia otro lado. Ya no era muy consciente de las consecuencias por lo que me dejé llevar por el impulso de probar sus labios. La idea era demasiado tentadora como para ignorar la oportunidad. Y cuando quise replantearme lo que había dicho al final, de que era mi culpa, ya estaba frotando mis labios con los suyos. El momento fue tan corto que provocó ansiedad en mí, quise volver a probarla pero me empujó con fuerza y me abofeteó. Entonces mi consciencia reapareció con un sentido fuerte de culpa.

Se tapó la boca con una mano y me vio completamente consternada. Sin saber qué hacer, pero siguiendo el único consejo lógico, corrió y huyó de mí. Yo entonces simplemente la dejé marchar.

Me sentía terrible. Nunca había hecho que Hikari pusiera esa cara. Su golpe lo seguía sintiendo en la mejilla… pero en realidad no era lo único que seguía en mis sentidos. Sus labios eran tan suaves que no lo podía creer. Mi corazón estaba tan acelerado que me dolía el pecho. Mi garganta se había atenazado por la emoción y tuve que pensar qué debía hacer.

Entonces me vino a la cabeza mi padre y recordé el favor que le pedí.

Maldición.

Tuve que correr para alcanzarlo, porque ya era tarde y había estado esperándome en la entrada de la escuela. Cuando me vio pareció aliviado, seguramente estaba planteándose volver. Le hice señas de que me siguiera y fuimos ambos a buscar a mi hermano. El guardia de la escuela no dejó pasar a mi papá a pesar de ser progenitor de estudiantes por lo que fui sólo en búsqueda de mi hermano mayor.

Lo encontré arrinconado frente a una máquina expendedora mirando lo que tenía en mano, tenía dos dulces que sabía yo eran los favoritos de Sora. Me sorprendió y no supe interpretar la situación. Me le acerqué y le dije que papá nos esperaba para volver, él no supo levantar la mirada para verme. Nos quedamos en silencio por un momento. Luego él decidió hablar. Le costó mucho pero pudo articular una disculpa. Me vio entonces y pidió mi perdón.

No pude soportar el silencio pues tenía el regaño atenazado en mi garganta. Le dije entonces que las disculpas debían ser dirigidas hacia Sora y Taichi, mi hermano bajó la cabeza y asintió lentamente. Al parecer tragarse su orgullo le causó dolor de garganta, porque tosió incómodo. Aguanté la risa y le indiqué adónde ir. Nos encontramos con papá y él se vio feliz de ver a Yamato, quien por su parte se mostraba avergonzado. Nos dirigimos al auto y viajamos hasta el departamento de mamá y Yamato en un silencio indescifrable que fue interrumpido únicamente por una anécdota que papá forzó en el ambiente. Contó que una vez se había quedado dormido en el trabajo y se encontró solo en la sala. Cuando quiso salir, se encontró con su jefe y éste sorpresivamente estaba ebrio. Le había gritado cuando lo encontró que planeaba despedirlo, a él y a todo su equipo porque no contaba con ingresos para mantener a todo el grupo. Luego empezó a llorar y a decir cosas que mi papá no alcanzó a comprender. Hiroaki le propuso llevarlo a su casa. En ese tiempo había comprado el auto recientemente. Por lo que atendió a su deprimido y ebrio jefe en camino a su casa. Cuando llegó al trabajo al siguiente día se enteró de que no lo iban a despedir. Supuso que se debía a que el jefe le tomó cariño por su cuidado, pero también se enteró de que cuando su jefe había llegado a su casa, discutió con su esposa y ella se marchó abandonándolo.

El silencio incómodo de antes volvió. Nadie supo hacia dónde se dirigía esa anécdota y nuestra interpretación de la moraleja era diferente para nosotros.

— Él nunca pudo recordar lo que él le dijo —papá habló de repente—, mucho menos lo que su esposa le dijo.

Supuse que trató de decirle con eso a Yamato que el uso de alcohol era malo. No supe inferir la información y más tarde me enteré de que Natsuko había estado hablando con papá sobre Yamato y su comportamiento.

Cuando llegamos al departamento, mamá nos recibió y nos invitó a pasar. Papá estaba extrañado y supe comprender que se encontraba nervioso. Que mi mamá le invitara a pasar nuevamente me hacía entender que tenían problemas que no conocíamos. Tomamos té en la sala mientras mamá nos contaba que estaba feliz por el lugar al que nos habíamos mudado. Dijo que era uno de los que ella planeaba visitar pero que había decidido quedarse con el lugar en el que estaban ahora.

El silencio de antes reapareció. Entonces mi madre notó que habíamos acabado de beber lo que nos sirvió y se propuso a llevar los trastes al lavaplatos. A lo que mi padre le pidió hacerlo. Natsuko no supo responder y simplemente esperó a que lo hiciera. Yo guardé silencio y dirigí la mirada hacia Yamato que yacía sentado sin moverse y con la cabeza baja. Total e indudablemente avergonzado. Supongo que las palabras de mi papá le dolieron más que cualquier regaño. Papá volvió a la sala y se propuso a sentarse nuevamente pero algo extraño le ocurrió a su cuerpo y perdió fuerzas. No solo eso sino que pareció perder equilibrio, por lo que trastabilló y cayó al suelo en un metro cuadrado de distancia. Me paré rápidamente y el resto me imitó.

— ¡Papá, ¿estás bien?! —sin querer levanté la voz. Natsuko me miró sorprendida por conocer mi voz en ese tono.

— Tranquilo, hijo —pronunció cansadamente—. Por favor, no grites —forzó una sonrisa.

— ¡Mamá, atiéndelo! —la voz de mi hermano me pareció parecida a la mía. Lo miré sorprendido, pero mayor sorpresa había en los ojos de mi madre que hasta parecía confundida de que le hablara.

— No se preocupen —tomó un poco de postura y comenzó a levantarse—. Estoy bien, sólo es fatiga.

Luego de eso hizo el mayor esfuerzo porque le restáramos importancia. Alegó horas extra de trabajo que yo sabía él no tenía. Preferí guardar silencio y regañarlo cuando subiéramos al auto. De hecho, fue exactamente lo que hice. Le pregunté qué había sido esa mentira, y él respondió que era mejor ocultar esas cosas de mamá. Le pregunté entonces si había ido a ver a un doctor por su cansancio constante, él guardó silencio y asintió con la cabeza. Su respuesta me dejaba inquieto.

— Prométeme que irás de nuevo —lo miré directamente a los ojos. Él me esquivó dirigiendo la mirada hacia la carretera y volvió a asentir. Noté que estaba totalmente nervioso. Su voz lo confirmo.

— Lo prometo, hijo.

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Notas: Al terminarlo siento que le falta algo. Mientras estaba escribiendo sentí que todo iba a ir bien pero cuando lo leí acabado… como que algo no terminaba de cuadrar. Ojalá sólo sea cosa mía. Espero que quien lea lo disfrute, si es que alguien sigue haciéndolo. Ojalá no me tome tanto tiempo subir el siguiente capítulo. Saludos!