Disclaimer: los personajes usados para este fic son propiedad de J.K. Rowling.
Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.
La categoría que me tocó para esta historia fue los SAGRADOS VEINTIOCHO, mis condiciones:
1.Debe aparecer una rana de chocolate
2.Alguien debe hacer un hechizo
Y mi personaje: Gideon Prewet
En esta historia se incluyen:
· FAMILIA: Lestrange
· PROMPT: Pasado
HERMANA
Sus padres no hablan del pasado.
Rabastan y Rodolphus se llevaban un año, siendo Rod el mayor de los dos y ellos no hablan de su hermana pequeña.
Ellos no se acuerdan del terrible acontecimiento que ocurrió en su casa cuando tenían cinco y cuatro años, respectivamente.
Es de conocimiento general, que los niños magos tienen sus primeros brotes de magia sobre los dos y tres años, por lo menos así suele ocurrir en las familias mágicas sangrepura como los Lestrange, su familia. Algunos puede que hasta los 4 no se desarrollen pero eso era lo más raro.
Rhonda Lestrange estaba embarazada de Raisa cuando Rabastan cumplió los dos años, tiene recuerdos de como su madre estaba gorda y que la tripa parecía que le iba a explotar, pero de lo que más se acordaban los dos hermanos era de que cuando la trajeron a casa desde el hospital parecía un bulto feo y deforme, de color rojo, casi morado y que no paraba de llorar. Aun así, tanto Rabastan como Rodolphus se prometieron en sus infantiles pensamientos que la iban a proteger, que Raisa no iba a temer nada porque ellos estarían ahí para evitarlo.
Poco se iban a imaginar ellos la maldad de los adultos.
Raisa ya tenía los tres años y todavía no había desarrollado su magia, no había explosiones, no había accidentes, nada. Sus hermanos a esa edad ya habían quemado la cuna (Rodolphus) y ocasionado que todos los muebles volaran por la habitación en una rabieta (Rabastan), por lo que bastante intrigados, la llevaron al Hospital San Mungo, donde el medimago les corroboró las sospechas que tenían: Raisa era una squib, no tenía nada de magia.
Una vez en su casa, Ronda y Rodrius conversaron, investigaron e intrigaron.
Sus resultados fueron un miembro menos de la familia y la desesperanza de dos jóvenes mentes que por mucho que sus padres les hubiesen borrado de la memoria que habían tenido una hermana, siempre pensaron en que algo les faltaba, que no todo estaba bien con sus vidas, pero por más que lo se lo preguntaron a sus padres, a sus conocidos, nadie pudo darles una respuesta, una que inconscientemente ya sabían y no querían aceptar.
