Hola personitas~
Acá les traigo a nuestra pareja mágica.
Advertencias: este capítulo contiene escenas de violencia explicita, mucha sangre y muerte de un personaje.
A leer~
Capítulo VIII. Cruel y hermoso mundo
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Cabalgaban presurosos, como sombras que se movían entre la noche camuflados, casi invisibles.
Mikasa sentía hervir su sangre como nunca antes. Estaba poseída por sus pensamientos; muerte, odio, venganza; al verse invadida de esa manera por los sentimientos más negativos forzó a su caballo a ir más a prisa por el camino desierto; la vida por fin sería justa con ella, le pondría fin a la vida de la persona que más le había hecho daño, recuperaría a su hermano, salvaría a su nación, le cumpliría a su clan.
Los sonidos del golpeteo insistente de caballos que corrían a toda velocidad por el bosque eran cada vez más cercanos a los terrenos del castillo, todo estaba planeado. Solo cinco jinetes eran suficientes.
Los soldados imperiales se percataron de la emboscada e inmediatamente alertaron a toda la guardia que resguardaba el castillo. Cuatro de los jinetes enmascarados tomaron la delantera, solo Mikasa su líder, aguardó; detrás de los caballos saltaron cuatro personas con katanas desenvainadas en ambas manos, y sin previo aviso comenzaron a cortar gargantas de cada soldado imperial que les impedía el paso. Tenían habilidades para moverse con gran agilidad, y pelear simultáneamente mientras se abrían paso por el castillo y un cuerpo tras otro caían a sus pies.
—¿Y este es el ejército imperial? Qué desilusión…—dijo con demasiada prepotencia uno de los enmascarados al atravesar con sangre fría el estómago de un guardia imperial con su katana.
—No presumas Jean, todavía no hemos acabado —respondió en contestación un encapuchado más, que acababa de desenfundar una de sus espadas extras de uno de sus cintos en la cintura.
El grupo de élite estaba conformado por los soldados mejor entrenados que tenía el Clan Ackerman y que ahora era comandado por Mikasa, y lo conformaban Jean, Connie, Sasha e Ymir, personalidades con características decisivas al momento de enfrentarse al enemigo. La facilidad de ellos para arrebatarle la vida a otro ser era inigualable.
Con el frente sin soldados, Mikasa cabalgó a los adentros de los jardines reales, y a su paso iba asesinando a todo soldado que se le pusiera enfrente; los demás le seguían el paso tratando de retener y acabar con la mayoría del ejército imperial. Pronto el castillo se volvió un verdadero caos; el sonido del filo del metal chocando, el trote de los caballos que rehuían sin jinetes, el sonido de guerra, el grito de dolor, el abrazo de la muerte.
Esa sinfonía destructora sonó en los tímpanos del emperador que se encontraba en su habitación real, la preocupación le llenó su ser, luego el miedo y la incertidumbre.
El castillo estaba siendo atacado, ¿Dónde estaba el hombre que juró protegerlo? No lo sabía… ¿Y si él ya estaba…?, no, mejor no pensar. El pequeño grupo entrenado por Levi aguardaba a las afueras de la habitación, esperando el ataque enemigo.
Eren se abrazó a sí mismo presa del miedo, se hallaba vestido con un kimono rojo y sus cabellos lacios estaban sin sujetar; su calma se vio afectada aún más cuando escuchó los gritos agonizantes de sus hombres muriendo, así que corrió a apagar toda luz encendida, y se colocó a un lado de las puertas, su plan era esconderse tras ellas una vez que fueran abiertas, debía estar preparado. Tomó la daga de Levi entre sus manos y esperó.
La irrupción en su habitación no tardó tanto en llegar, los enemigos encapuchados entraron estrepitosamente a ella y comenzaron a buscar por todo lo ancho señales de él, había dos de ellos que saqueaban por los rincones y rompían cuanto hermoso objeto podían. Eren se armó de valor al ver que la espalda de uno de ellos quedaba a la disposición de su arma, con suma cautela se fue acercando, saliendo de su escondite y con determinación y rabia empuñó con ambas manos la daga, la enterró firmemente en el hombro enemigo.
Un grito agudo llenó los oídos de todos los presentes.
—¡Connie! —sonó el grito de una voz femenina que rápidamente corrió a socorrer a su compañero al ver cómo éste caía al suelo mientras le quitaba precipitadamente la tela color negro que cubría su rostro. La mujer también descubrió su cabeza, revelando su rostro lloroso y sus cabellos rojizos.
En ese momento un enemigo más entraba a la habitación, el cual al ver la escena endureció su mirada y localizó al autor de la reciente tragedia.
—Sasha, cuida de Connie, yo me encargaré de ese bastardo.
Eren trató de huir de la habitación, pero una mano jaló su brazo hacia atrás con gran fuerza antes de que eso sucediera, luego lo sometió contra el suelo, haciéndolo caer bruscamente contra él.
—Maldito infeliz, te mataré — Jean hizo lo mismo que todos hasta ahora y descubrió su rostro frente al emperador. Su cabello era color café claro cenizo, y poseía una mirada acusadora, miró al emperador desde arriba, observando sus ojos ámbar brillar desafiantes — malnacido hijo de perra.
Eren también le retuvo la mirada, luego amenazó por reír por lo bajo, él no era ningún cobarde.
—¡¿Miyako?! No puede ser… — sonrió— Oye, si estás enojado por lo de la semana pasada, lo siento, no sabía que podías enojarte tanto, — la cara de Jean se deformó en completa incredulidad.— Vamos Miyako, como compensación te prometo una doble ración de heno —Eren dejó escapar una juguetona mirada y luego una carcajada histérica, quizá era demasiado valiente o demasiado ingenuo. Al ver que el contrario no hallaba sentido en sus palabras, le miró con una sonrisa. — Lo siento, por un momento pensé que eras mi caballo…., te pareces tanto a él, qué susto.
Nadie creía en la torpe y suicida impertinencia del joven emperador que ahora mismo se atrevía a burlarse de su enemigo, retando a la muerte.
Ya no tenía nada que perder.
—Declárate muerto — Jean dirigió impulsivamente su espada contra el cuello del emperador.
—¡Alto!
Las miradas se tornaron a una nueva figura que se adentraba dentro de los cuatro muros, sus pasos eran firmes y resonaron impacientes hasta detenerse al lado de Connie, que se encontraba recostado boca abajo, respirando con dificultad, mientras que de la herida seguía brotando sangre — ¿Quién hizo esto?
—Este maldito bastardo —contestó Jean, tomando por el cuello a Eren, presionando con moderada fuerza.
Sasha estaba desesperada al no poder hacer que se detuviera la sangre.
—Sasha, tranquilízate ...Toma una de esas telas y úsalas para detener el flujo de sangre, primero tengo que quitarle el cuchillo de la espalda.
—Aguanta Connie...
Mikasa reconoció de inmediato la daga de su hermano y algo en su interior se removió, enojo, odio. Se perturbó unos segundos, y con ese dolor en el pecho, enroscó su mano sobre la empuñadura y de un movimiento eficaz y veloz, sustrajo la daga del cuerpo de Connie, que una vez liberado se retorció de dolor en el suelo. Sasha rápidamente lo auxilió vendando la terrible herida. Por otro lado, Mikasa se puso de pie, su rostro estaba ensombrecido; no soltó la daga, la sostuvo con más fuerza en su mano.
—Jean, cubre el rostro de esta escoria, y átalo con fuerza —ordenó ella, mientras le daba la espalda, sin siquiera mirarlo.
Sí, era su momento, lo asesinaría y todo habría acabado.
Jean llevó a cabo las indicaciones y ató al emperador de pies y manos con más fuerza de la necesaria. Ella por su parte retiró de su rostro la fina tela negra, y acomodó su bufanda color sangre respirando profundo.
Ahora que se encontraba ahí, sus pensamientos volaron hacia el joven de ojos verdes, ¿Dónde estaría él?
Al estar todo listo, ella se acercó lentamente hacia el emperador apresado que estaba hincado y con la cabeza agachada y cubierta.
Al fin todo acabaría.
Jean lo tenía sujeto de ambos brazos que estaban atados atrás de la espalda y cuando Mikasa estuvo frente a él, le tomó por los preciados cabellos con brusquedad obligándole a mirarla de frente, lo único que pasaba por la mente de Eren era la imagen de Levi.
No podía creer que no volvería a verlo, que moriría así. ¿Él estaría también muerto?
Todo lo que había creído y por lo que había luchado hasta ahora se perdería en un suspiro; su reino, su gente, sus súbditos y amigos…, su hermano, lo estaba perdiendo todo, lo había apostado todo por amor. ¡Amor! Al menos había amado con toda la intensidad de su corazón.
De sus ojos comenzaron a brotar lágrimas tibias, si tenía que morir, quería hacerlo junto a Levi -"Sálvame… ¡Levi, sálvame!"-. Su cuerpo tembló y su pecho inhaló y exhaló el aire descuidadamente al tratar de reprimir su llanto.
Sus fuerzas de resistencia desistieron, eso sería el fin. Morir. Morir, volver a la tierra.
La habitación real poseía una amplia ventana que dejaba ver el cielo despejado siendo adornado por una gran luna llena que se alzaba imponente y muy cerca de la tierra, como testigo silencioso de los presentes acontecimientos.
Mikasa colocó la punta de la daga en el corazón de Eren, que la miraba de frente aunque no pudiera verle el rostro, pero antes de que la daga perforara su corazón, Mikasa retiró la tela que cubría al emperador, sintió que al menos debía ver el rostro maldito una vez, y que él no se olvidara del suyo, de la encarnación de la venganza y el rencor.
Eren sintió la caricia de la tela deslizarse por su piel, sin dejar de mirar al frente siguió cubriendo sus preciados ojos de lágrimas frescas de las cuales parte de ellas no sabía si eran de profunda tristeza o alivio.
Como en cámara lenta, Mikasa dejó caer la daga de su mano, cayó como si esta le quemara, y retrocedió torpemente sobre sus pasos, tenía los ojos bien abiertos, el sonido del metal chocando contra el suelo sonó en eco por toda la habitación, lo que sorprendió a todos los presentes, que miraron con asombro a la mujer descomponerse la cual pasó de una expresión de asombro a una de terror. Solo una lágrima rodó por esa piel tan blanca que contenía todo su dolor, y luego emitió un jadeo de dolor, pues frente a ella, a la luz de la luna, estaba el joven del que se había enamorado en aquel día de tormenta; con los mismos ojos tan verdes color jade de aquella vez, solo que esta vez arruinados por abundantes lágrimas que rodaban por sus mejillas.
Permaneció un momento inmóvil. Devastada.
—No, no puede ser cierto… —negó repetidas veces, y retrocedió sobre sus pasos como si estuviera viendo algo abominable.
Eren agrandó sus ojos al reconocer a aquel gorrión perdido y mojado que cubrió con calidez aquel día, y también dándose cuenta del parecido que tenía con Levi. El nombre de Levi llenó de nuevo su mente, quería verlo.
Al destino le gusta dar vueltas y vueltas, pensó. Entonces le dedicó a Mikasa una sonrisa triste mientras Jean jalaba sus cabellos con fuerza.
El silencio era sepulcral en aquella habitación. Nadie se movió, todos observaban confundidos el comportamiento desconcertante de Mikasa, y mientras ella desistía de sus intenciones, Jean no dudó en cuestionar sus acciones, no comprendía qué estaba sucediendo, jamás había visto actuar a Mikasa de manera tan descompuesta y vulnerable. notó que el emperador la miraba fijamente, por ello, rápidamente intuyó que debía ser obra de sus poderes, así que lo tomó del amarre de sus manos y lo lanzó al suelo, el cual se quejó dolorosamente al recibir tal impacto, acto seguido, tomó la daga antes dejada y se abalanzó contra el cuerpo del emperador.
—¡Muere! —gritó furioso, su mano se impulsó por el aire y se movió veloz, directamente al pecho de la deidad.
Pero una mano impidió toda intención de muerte, ésta sostuvo la mano de Jean con fuerza, tanta que le hizo soltar la daga obligadamente.
—¡Ahgh! ¡Qué carajos…!, ¡¿qué estás haciendo Mikasa?! —preguntó Jean exaltado.
—No lo mataremos.
—¡¿QUÉ?! ¿Te has vuelto loca? Las órdenes de Kenny fueron asesinar al emperador, ahora podemos hacerlo... , ¡dime en qué demonios estás pensando! Si no puedes hacerlo tú, lo haré yo.
—Lo llevaremos con nosotros.
—Pero…
—¿Estas cuestionando, mis órdenes? —preguntó Mikasa con una expresión sombría y tono autoritario.
—N-no…
—Bien. Cúbrelo con algo que no llame la atención y vuelve a cubrirle el rostro y móntalo a mi caballo.
—¿Qué?
—¡Haz lo que te digo!
—Está bien —respondió Jean, inseguro y dudoso de las nuevas órdenes.
—Sasha, tú llevarás a Connie, nos vamos.
Sasha lo cargó con sumo cuidado sobre su hombro y lo ayudó a levantarse, dirigiéndose fuera de la habitación; Jean hizo lo suyo y antes de llevarse al emperador, lo golpeó fuertemente en la cabeza, lo que hizo que quedara inconsciente. Mikasa le lanzó una mirada cabreada y este solo se encogió de hombros.—No quiero que de problemas en el camino —dijo de manera natural y se cargó a Eren en el hombro, ella por su parte esperó a quedarse a solas, llevó su mano a su pecho a la altura de su corazón, el cual latía frenéticamente, asustado, confundido, dolido, abrumado. Preferiría la muerte antes de vivir lo que se aproximaba, no sabía qué pasaría ahora.
Era inevitable no tener miedo; miedo del futuro cercano, sabía que el destino del emperador sería morir si Kenny ponía sus manos en él, quizá ella tendría el mismo destino por haber desobedecido una orden. Debía ser honesta, ya había traicionado a todo su clan, pues se había fijado en el ser más precioso y menos apropiado de todos: el enemigo; aquel que le arrebató a su propio hermano. Sus pensamientos estaban divididos y su corazón confundido. ¿Qué debía hacer? Nada le daba una señal clara, pero no podía pensar demasiado estando en ese lugar.
Su mirada mostró determinación y su expresión cambió a una valiente, se dió la vuelta y salió a toda prisa. Los cuatro jinetes ya esperaban por ella, vio el cuerpo del emperador desmayado y montado boca abajo en la parte posterior del animal.
Todos aguardaban la señal de retirada. Ella se montó en un movimiento sobre el caballo negro, tomó por los brazos al emperador y lo jaló con cuidado, luego lo sostuvo hasta que su cuerpo quedó frente a ella, sus piernas estaban flexionadas y su cabeza se hallaba apoyada en su hombro izquierdo, posición que le permitió ver claramente sus parpados cerrados que cubrían unas pestañas castañas y espesas. Dormía, un ángel dormía en sus brazos, ella de inmediato se conmovió y tomó la riendas del animal.
—¡En marcha! —gritó, su caballo comenzó un trote suave, y a medida que avanzaba trotaba más rápido.
Los cuatro caballos relinchaban ante la nueva demanda de movimientos y salieron a toda velocidad, dejando atrás una escena devastadora del castillo donde algunas habitaciones ardían en llamas y varios soldados trataban de apagarlas antes de que el fuego las consumiera. Otros más con arcos y flechas trataban de alcanzar a los caballos que se alejaban más y más del castillo con un emperador secuestrado.
Levi se encontraba rodeado por cuantiosos enemigos, y frente a él estaba Kenny, transformado en una bestia blanca. Gruñó iracundo, mostró sus afilados colmillos y el brillo rojo de sus ojos resplandeció. Si moría aquí, al menos sabría que Eren estaría a salvo; contuvo su ataque unos segundos, jadeó poseído y con un movimiento final se abalanzó sobre Kenny; con las garras de sus patas delanteras se sostuvo del pelaje blanco y enseguida mordió su cuello.
Kenny lanzó un alarido de dolor, retrocediendo sus pasos mientras balanceaba su cuerpo para quitarse a Levi de encima. En un acto desesperado se tiró a sí mismo sobre su espalda, con las patas traseras empujó el cuerpo de Levi que no quería soltarle, luego se movió rápidamente hasta quedar encima de él, le propinó manotazos que rasguñaron la mitad de su rostro, haciendo que Levi aullara y se separa de él.
Del ojo izquierdo del imponente Lobo gris comenzaron a rodar gotas de sangre cayendo en picada y peligrosamente al suelo, al igual que de sus colmillos y parte del pelaje blanco del tigre.
Ambas bestias se miraban recelosamente, jadeando, cansadas. Levi gruñía sonoramente, advirtiendo, amenazando. Kenny entonces corrió hacia él, se paró sobre sus patas traseras para que las delanteras pudieran atinar arañazos al cuerpo contrario, éste no se hartaba de recibir los dolorosas impactos que le abrían la piel sin poder evitarlo, recibió uno más en el hocico, y en respuesta se abalanzó encima de él, buscando prenderse de su lomo; ambos rodaban sobre el suelo golpeándose con sus extremidades, mordiendo fuertemente la piel blanda.
La pelea llevaba horas de duración, desde lejos eran en verdad un panorama cruel, cubierto por las llamas y un tapiz de sangre y cuerpos. Si alguien pusiese mirar a la lejanía observaría en todo su esplendor a las dos criaturas irreales peleando hasta la muerte, despedazando a sangre fría la carne de sus cuerpos; el sonido que emitían, su furia, era una sinfonía de terror. Y por sus alrededores peleaban los mortales soldados de cada clan, el sonido inconfundible del metal chocando incesante, gritos de valor y de guerra, por último la muerte para el menos afortunado.
Hange observó una vez más el terrible escenario; esperaba que el mensaje que había enviado horas antes pidiendo todos los refuerzos disponibles lo hubiera recibido Erwin; por donde mirase todo se veía mal. Reiner por su parte se hallaba acabando gracias a los poderosos cortes de sus katanas con todos los enemigos que podía. Divisó el escuadrón de Hange a la lejanía, este era protegido y la mayoría de soldados eran atendidos rápidamente por ella, asique se puso en marcha cabalgando sobre su caballo, dirigiéndose a ella a toda velocidad.
Levi, quien se hallaba a unos metros adivinó las intenciones de Reiner; se separó como pudo de Kenny en desesperación por correr tras él; corrió, al estar cerca lo derribó de un manotazo del caballo, haciendo que éste siguiera su camino enfurecido y Reiner cayera violentamente al suelo. Los soldados que lo acompañaban fueron aplastados en segundos, masticados y partidos en dos; luego, Levi se dirigió a Reiner amenazante, puso una de sus pesadas patas sobre su estómago y comenzó a presionar sobre él gradualmente, de modo que los gritos de Reiner se intensificaron, buscó con la mirada a Kenny quien se acercó lentamente, jadeante y mirándolo fijo.
—¡Kenny, ayúdame!
Pero la inmensa bestia blanca lo ignoró, se quedó quieto a expensas de los movimientos de Levi y solo miraba la escena vacilante.
"Ya no te necesito más".
Levi no tardó ni un segundo más y aplastó con fuerza su cuerpo, acto que hizo estallar una bomba de sangre alrededor. En sus adentros no era algo nuevo para él arrebatar una vida, pero supo que Kenny tenía otro nivel de maldad, haber abandonado a un aliado de esa manera, como si su vida fuera insignificante. Él era la verdadera bestia, el demonio encarnado del mal. Tal escena le causó en sus entrañas repulsión, se enfureció aún más, debía acabar con él rápido.
Tomó impulso y le saltó encima, adhiriéndose a su lomo con fuerza una vez más, luego abrió grande el hocico y enterró sus colmillos y demás afilados dientes en su cuello, Kenny resistió un momento pero Levi permaneció firme y hundió más sus dientes y garras inmovilizándolo.
Mátalo, mátalo ahora. Sus adentros le gritaban hacerlo.
Kenny estaba acorralado, todo indicaba que ese sería su fin.
Por el norte, a gran velocidad se vieron llegar nuevas tropas imperiales que se acercaban cada vez más al campo de batalla. Kenny palideció, a donde fuera que dirigiera su vista sus tropas retrocedían inevitablemente.
No, no podía acabar aún, no así. Su última esperanza yacía ahora en Mikasa, saber que la misión había sido completada le estaba dando el último aliento de vida para resistir.
Al instante vio ingresar unos jinetes negros que esperaba ver en ese momento.
La luna favoreció a los injustos primero.
Estas veloces sombras se apresuraron al darse cuenta de la gravedad de las cosas. Jean cabalgó rápido hacia donde se encontraba Kenny inmovilizado; en un arranque impulsivo e imprudente bajó del caballo a la par que Mikasa, tomó el cuerpo del emperador arrebatándoselo de los brazos y arrastrándolo por el suelo, desenfundó una de sus katanas y arrodilló al joven y le quitó la tela negra que cubría su cabeza, luego la puso sobre su cuello, amenazante le gritó —:¡Detente bestia asquerosa, o lo convierto en mierda!
Los ojos caninos reconocieron el dulce y débil rostro que yacía sobre sus rodillas, con sus párpados cerrados, inconsciente.
En ese momento un dolor nunca antes sentido se apoderó de su pecho, jadeó como si el aire le estuviera siendo arrebatado, casi enloqueció. Inmediatamente soltó a Kenny, sin apartar la vista del rostro de Eren; impotente lanzó un aullido lastimado; bajó sus orejas temeroso, y agachó su cuerpo, retrocediendo poco a poco, hasta que se halló recostado en el suelo, estaba atento a todos los movimientos contrarios.
Su corazón sufrió un tirón, un dolor abrumador, un miedo incontrolable. Lanzó un gruñido pero no se movió, más bien esperaba…
Kenny se irguió con dificultad, aún herido caminó hacia donde Levi se encontraba, le pisó la larga cola haciendo que Levi protestará, pero inmediatamente abrió grande su hocico y capturó el cuello del triste Lobo gris, lo mordió, le apresó. Levi no se defendió, en su lugar aulló agudamente. Lo siguiente que sintió fue un dolor punzante en los muslos de sus patas, ya que Mikasa había ordenado a unos cuantos soldados inmovilizarle las extremidades con cuerdas y lanzas, rasgando su pelaje y atando sus patas con gruesas cuerdas.
Levi se dejó hacer, derrotado, sus ojos no perdían de vista el cuerpo de Eren.
Había perdido, no había podido protegerlo.
Sintió sus párpados cerrarse lentamente, producto del cansancio y el dolor, hasta que perdió la consciencia; antes de desmayarse, la última imagen que observó fue el rostro amoratado y dormido de Eren.
Ay :( este capítulo me dolió. A ustedes que les pareció?
Nos leemos pronto, tengo planeado escribir algo para San Valentín así que, espérenlo :)
