—¿Mejor? —Le preguntó Daemon a Lampo.
Todavía permanecían abrazados en el suelo y el peliverde seguía aferrado a él, pero su agarre ya era menor.
—Sí... Perdón por eso Dae, mira que llorar por un mal sueño a esta edad. —Trató de bromear mientras se apartaba y limpiaba el resto de sus lágrimas.
A pesar de que sus cuerpos fueran algo traslúcidos se notaba la hinchazón de sus ojos.
—Lampo, ¿qué fue lo que te pasó?
—Ya te dije que fue un mal sueño, supongo que el avión me sorprendió más de lo esperado. —Le restó importancia al asunto, pero Daemon frunció su seño por esto.
—No trates de engañarme Lampo. Sé muy bien que no tienes vértigo, mil veces te vi en lo alto del campanario de la iglesia para arreglarlo o te fui a buscar cuando te echabas una siesta en el techo de la mansión. ¿Qué te hizo reaccionar de esa manera? —Intentó sujetar su mano, pero Lampo se paró impidiendo el contacto.
—No importa, los sueños son solo eso, paremos esto y volvamos con los chicos.
Daemon se paró también y le bloqueó el paso a la salida.
—¡Tú no hubieras reaccionado así si no importara! ¡Estabas aterrado Lampo! ¿¡Por qué no me dices para ayudarte!?
Lampo apretó sus puños al escuchar las palabras de Daemon, las emociones que se había guardado se estaban acumulando en su garganta y finalmente se desbordaron.
—¡No soy un niño Daemon! —Le gritó sorprendiéndolo—. ¡Puedo ocuparme de mis problemas yo solo! ¡No necesito que estés todo el tiempo protegiéndome como si fuera un adorno de cristal que se puede romper! ¡Tengo mis problemas y mis secretos que no necesitas saber ni quiero contarte! ¡Así que no vengas a reprenderme cuando tú fuiste el primero que no confío en mí!
Daemon sintió una punzada en su pecho al escuchar lo último, por su parte, Lampo cubrió su boca al percatarse de lo que había dicho.
—Lam...
—Lo siento. —Lo interrumpió y atravesó el suelo del avión para salir de ahí.
Daemon no lo persiguió, se quedó pensando en las palabras de su pequeño y en cuánta razón tenían.
Él lo había traicionado, le había ocultado cosas, y lo había abandonado. Y aún así no podía evitar sentir una estaca en su pecho al saber que Lampo le ocultaba algo.
—¿Qué tan imbécil puedo llegar a ser?—Se preguntó en voz baja, recordando como Lampo le había dicho que ya no era un niño que necesitaba su protección—. ¿Entonces para qué me necesitas? ¿Qué puedo ser para ti si no soy tu protector?
Por su parte, ninguno de la décima generación se tragó lo del vértigo, pero sabían que debían darles espacio y que esa situación no era una para espiar, por lo que cuando vieron que Lampo volvió con Lambo no preguntaron nada.
Un momento después Mukuro sintió como Daemon volvía al reloj a la vez que Rowl volvía con Chrome.
No sabían que había pasado esta vez entre esos dos. Pero sí tenían en claro que debían ayudarlos con más cautela y esfuerzo.
Luego de un rato de viaje llegaron a un complejo de apartamentos, en la entrada del cual los esperaban Nana y Bianchi.
—Bienvenidos chicos. —Dijo la pelirrosa.
—¿Cómo les fue con Nono-san? —Preguntó la castaña con una sonrisa.
—Muy bien mamma. —Responde Reborn con simpleza mientras Bianchi ayudaba a los chicos con su equipaje—. Aprendieron nuevas cosas sobre la empresa.
—Me alegro mucho entonces. Kyoya-kun salió hace un rato, dijo que iba a patrullar.
Luego de charlar un rato más, Nana se fue acompañada de Bianchi, mientras que Reborn y los chicos entraron al complejo donde vivían.
Hace un tiempo Reborn convenció a Nana, Tsuyoshi y a los padres de Ryohei de que los chicos vivieran todos juntos con la excusa de que era una enseñanza para que supieran independizarse. Obviamente, eso incluyó a los que no tenían a sus padres de sangre en Japón y los que directamente no tenían.
Por su parte Ken, M.M y Chikusa habían decidido quedarse en Kokuyo, pero por insistencia de Tsuna y el un poco de persuasión de Mukuro, los tres vivían también en una casa pequeña, pero equipada con todo, incluso armas por si las moscas.
Ademas que de ves en cuando Fran pasaba un tiempo con ellos y otro con los Varia para poder acostumbrarse. Sin duda alguna, todo estaba bien organizado.
Luego de acomodar sus cosas decidieron ir a los baños termales, bueno, a excepción de Chrome que iba a juntarse con las chicas y Reborn que había salido a quién sabe donde.
Lambo le habló al anillo diciéndole a Lampo donde irían y que podría salir allí si quería. Mientras, Mukuro hacía lo mismo con el reloj, invitando a Daemon a acompañarlos.
Cuando llegaron a las termas, cada uno procedió a relajarse, Daemon había salido ya que necesitaba despejar su mente, pero escuchó algo que eliminó esa opción.
—Por cierto, ¿Por qué no vino Lampo-san? —Preguntó Takeshi sin percatarse de como Daemon se tensó.
—Tal vez solo estaba cansado, no parecía haber descansado bien durante el vuelo. —Dijo Tsuna tratando de aligerar la tensión del fantasma.
—Eso no es así. —Todos voltearon a ver al bebé que había dejado de chapotear para hablar—. Lampo-san no vino porque no le gusta que otros vean sus cicatrices.
Todos se sorprendieron ante esta afirmación, pero el peor era Daemon que se había puesto pálido y lucía aturdido.
—L-Lambo-kun. ¿A qué te refieres con cicatrices? —Le preguntó el fantasma.
—Son las marcas que quedan cuando te haces una herida muy fea. Lampo-san tiene muchas en su espalda y algunas en sus piernas, dijo que sólo yo podía verlas y que eran cicatrices muy, pero que muy viejas, de antes de entrar a Vongola.
Antes de que alguno de los chicos dijera nada Daemon se levantó bruscamente y salió del agua, materializando sus ropas sin importarle que se mojaran. Mukuro mandó a Rowl con él mientras detenía a los demás, sea lo que sea que pasara, no era algo en lo que ellos debían meterse y la intuición de Tsuna decía lo mismo.
Daemon corrió hasta llegar a la habitación de Lambo y se dirigió al anillo del trueno que había dejado el infante sobre la cama y usó sus llamas en él para sacar por la fuerza a Lampo.
—¿¡Qué rayos Daemon!? ¿¡Por qué me llamas así!? —Se quejó el menor nada más materializarse.
—¿Desde cuándo... Desde cuándo me ocultas tus cicatrices? —Lampo se puso pálido ante la pregunta.
—¿D-de qué hablas Dae? Yo no tengo ningun...
—Lambo dijo que no fuiste a las termales porque no te gusta mostrar tus cicatrices, y que le contaste que estas son de antes de Vongola. ¿Desde cuándo me ocultas tus heridas Lampo? ¿¡Por qué yo no sabía nada de ellas!?
—¡No eran importantes! ¡No había necesidad de mencionarlas!
—¿¡Si no eran importantes entonces por qué las ocultas!? ¡Primero lo del avión y ahora esto! ¿¡Cuántas cosas me ocultas Lampo!?
—¡¡Las que no te importan!! ¡¡Es mi vida así que deja de meterte como si fueras mi dueño!!
Daemon estaba arto de esto. Llevaba todo el día pensando en que podría haber causado el ataque de pánico de Lampo sin encontrar una respuesta mínimamente aceptable, y al escuchar lo de sus cicatrices trató de recordar algún accidente en el que su pequeño pudiera haberse lastimado en su infancia, pero no había nada.
—Muestramelas. —Le dijo firme.
—¿Estás loco..?
—Dijiste que no tienen importancia, ¿verdad? Entonces no deberías tener problema en mostrármelas.
—¡Lambo ya les dijo que no me gusta que las vean! ¿¡Por qué insistes tanto con esto!?
—¡¡Porque estoy arto de no saber nada de lo que realmente importa sobre tí!!
—Lo siento Dae... —Se volteó con intención de volver al anillo, pero Daemon lo arrojó al suelo y se sentó sobre él para evitar esto—. ¿¡Daemon qué haces!?
—Conocerte, a las buenas o a las malas. —Dijo mientras comenzaba a tirar de la camisa de Lampo para alzarla.
Al ver esto el menor comenzó a liberar sus llamas para que parara mientras le gritaba, Daemon se detuvo un momento ante la repentina descarga, ver la reacción de Lampo le dolió y le hizo considerar detenerse. Pero sabía que las cosas no cambiarían si lo hacía, así que aguantando las descargas logró subir la prenda hasta la mitad de su espalda.
Su rostro se contorsionó en horror al ver la piel del menor, quemaduras de cigarros, marcas de latigazos, y varias más marcaban toda su espalda. Y por su apariencia parecía que las había recibido a lo largo de los años desde muy joven, incluso se atrevería a decir que algunas eran de antes de conocerlo.
—Lam... —Se interrumpió al escuchar los sollozos del menor.
—N-no quería... Que vieras esta parte parte de mi... —Dijo entrecortado mientras ocultaba su rostro entre sus brazos—. No quería mostrarte... Mi lado patético y decepcionarte...
Daemon sintió su corazón romperse al ver el estado de su pequeño, así que se tumbó a su lado y lo abrazó.
—No me has decepcionado pequeño, jamás lo harías. —Le dijo mientras dejaba salir sus propias lágrimas de impotencia.
Mientras que en otro lugar...
—Así que eso ocurrió. —Dijo cierto azabache de trenza para luego tomar un poco de té.
—Sí. —Respondió su acompañante sorbiendo un poco de su cafe.
—Sabes... Ahora entiendo por qué Kyoya dijo que me dejará viudo. —Comentó calmado—. Te pasaste con lo de la pintura.
—Veremos si logra hacer algo. —Expresó con burla.
Continuará...
Vada: Reborn me matará, me matará. — Canta como si fuera un tango.
Jessi: Descuida, está muy ocupado discutiendo mi custodia con Verde. —Le dice mientras come galletas de limón como si fuera un hamster.
Mammon: Esto vale oro. —Dice la ilusionista mientras ella y Skull graban todo.
Jessi: Y eso que no has visto cuando Verde lo manda a dormir en el sofá. —Dice ya aburrida de las discusiones maritales de el par de locos.
VADA/Mammon/Skull: ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! —Los tres se caen al suelo de la risa.
Bermuda: Fuertes declaraciones.
Jessi: Créanme que lo que yo veo. —Se pone unas gafas de sol—. Es material premium.
Vada: Jaja, dios jaja, bueno... Dae ya se enteró de las cicatrices de nuestro pequeño arbusto. —Dice sonriendo de lado.
Bermuda: Y para que se den una idea, los Vongola viven como los Simon. Todos juntos.
Skull: Sí, eso incluye a Kyoya y a Mukuro en un mismo lugar. —Expresa la nube tras recuperarse del ataque de risa.
Mammon: Digamos que Tsunayoshi tiene bien amaestrada a la piña. —Sonrie ella de forma siniestra—. Y si la alondra se porta mal... Bueno, solo basta llamar a alguien.
Jessi: Alguien 7w7...
Vada: Bueno, alguien más tiene la pregunta de la semana. —Dice mirando a Mosca Verde.
El robot, al notar que es su turno, se quita el delantal y comienza a buscar el canal de la pregunta de la semana.
Jessi: El honor es mío hoy. —Se coloca bajo un reflector con sus gafas oscuras y dice—. ¿Quién fue el * que lastimó a nuestro pequeño? ¿Desde cuándo le guarda ese secreto al melón? Dejen sus teorías en los comentarios.
