Ouch, lo siento, más de un año en actualizar gracias a mil cosas que pasaron, pero no se me ha olvidado la historia ni mucho menos, así que la primera parte de dos se las dejo aquí e inmediatamente agrego la siguiente. Gracias por leer aunque me tarde.
Disclaimer: YoI! and its characters are not mine
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
- Entonces ese bombón es quien ha estado cuidando de tí todo este tiempo? Uff, baby! – Phichit hizo un ademán de abanicarse la cara con la mano – Siendo así apúntenme para la siguiente escapada.
- Phichit! – Yuuri le dió un golpe leve en el brazo a manera de regaño mientras el moreno se partía de la risa. – Te lo digo en serio. Yuri y Viktor han sido muy amables conmigo y con mi bebé y no se qué hacer para poder pagarles todo lo que han hecho por nosotros. Mira a tu alrededor. Incluso tengo cuidados prenatales sin tener que pagar por ello. – Yuuri se notaba un poco triste, siempre había tenido que sufrir por las cosas mientras que estuvo en la Fábrica y todavía se sentía sin ser merecedor de todo lo que estaba pasando. Y quería pagarlo de regreso, pero no se sentía cómodo al pensar en salir y batallar con las personas y el exterior. Phichit ya había podido hablar tanto con Viktor como con la psiquiatra de Yuuri, de hecho estaba esperando formar pronto parte de un nuevo grupo de terapia que se iba a abrir. – Me voy a morir del miedo. Y por el miedo de mi bebé.
- A ver, Señor Ansiedad, primero, respira. No le va a hacer bien al bebé lo que estás haciendo con esa cabeza tuya. Segundo, crees acaso que ese pedazo de hombre que fue a rescatarnos va a dejarte solo con tu cachorro? Cariño, estás pero que si bien loco. Ya viste cómo te mira? El mundo va a caerse antes de que deje que te alejes de él. Tercero, tienes que llevarme a donde vayas porque estar cerca de esos bombones suena bastante decente.
- Nunca vas a cambiar, verdad? – Yuuri rió suavemente al escucharlo y verlo guiñarle el ojo. Hablaron un poco antes de que el pelinegro se cansara y se quedara dormido poco a poco. Phichit se quedó callado con media sonrisa en los labios, ese que estaba en esa cama era su hermano sin lugar a dudas, aunque no compartieran la misma madre, era una combinación entre hermano y cachorro… El moreno se quedó pensando, sí, tal vez era su cachorro. Un ansioso y hermoso cachorro. Y eso hacía al bebé en su vientre, su nieto. La sonrisa se hizo muy amplia mientras reía en voz alta, Yuuri iba a matarlo si se enteraba de eso. – Más te vale que no le digas nada a tu madre, ok? – Murmuró suavemente acercándose al vientre de su amigo. – Va a ser nuestro primer secreto como abuelo y nieto.
La rutina era cada vez más extenuante. Desde que Phichit había llegado parecía como que las cosas habían salido poco a poco como todos querían. Yuuri ya estaba entrando en el octavo mes de embarazo y había aceptado la propuesta del rubio junto a su amigo para hacer algunas traducciones desde la cama el hospital, había empezado a ahorrar poco a poco y seguía con su terapia religiosamente. Sin embargo, estar todos los días haciendo lo mismo, las mismas horas todos los días dentro del mismo entorno se estaba haciendo pesado para la psique del Omega sin darse cuenta. Sus feromonas se tintaban suavemente del rosa de la ansiedad.
Viktor veía al chico de ojos chocolates con añoranza mientras éste le hablaba de las cosas que planeaba hacer con el dinero que estaba ganando. Notaba el ligero cambio diario del aroma del muchacho y de su cachorro, pero todavía escapaba de su comprensión lo que sucedía.
- Vamos a vivir juntos, Viktor, Phichit y yo vamos a vivir juntos en algún departamento mientras juntamos dinero para algo más adelante. Vamos a alternar el cuidado del cachorro entre los dos para poder tener más tiempo para hacer las traducciones y tu hermano Yuri nos ha dicho que podemos trabajar en los papeles que se necesitan traducir en la oficina mientras podamos, al parecer hay muchas cosas que actualizar a diferentes idiomas y dialectos rusos.
- Sabes que en la casa se encuentra mi Padre. Acaba de volver y te recuerdo que te pedí que fueras persona de compañía para él hace algunos meses. No necesita cuidados, solamente una buena conversación y que puedan leer con él o acompañarlo a pasear. Sabes que tienes todo resuelto para tí y tu cachorro mientras te encuentres con nosotros. Me gustaría que te dieras un poco más de tiempo para pensarlo de manera adecuada. La verdad, me gustaría mucho poder saber que te encuentras en mi casa, donde puedo saber que estarás seguro, que tú y tu pequeño van a estar seguros. Quiero cuidar de ustedes, Yuuri, lo entiendes? – Viktor lo miró a los ojos, expectante. El asiático volteó a verlo con los ojos muy abiertos y una sonrisa muy tierna en los labios.
- Gracias de verdad, pero me sentiría muy mal si los incomodara de esa manera, y un bebé pequeño no es algo que una persona de edad avanzada pueda tolerar de manera indiscriminada.
- En verdad crees que te diríamos algo así? – Viktor volteó la mirada de manera que su cabello cayera sobre sus ojos, ocultando el dagazo que había atravesado su corazón un segundo antes con la respuesta que le había dado.
- No, claro que no, por supuesto que serían un amor, como cada día lo eres con esa bella sonrisa y ese tierno corazón tuyo, pero es difícil no sentirme obligado a pagarles todo lo que han hecho por mí en estos meses, necesito una forma de poder encontrar algo con qué compensar todo el cuidado que nos has dado. – Viktor lo tomó de la mano suavemente mientras el de cabellos oscuros hablaba, cubriéndola con la otra, atrapándola. – Y creo que, si acepto la oportunidad que me das, entonces no va a pasar nada más que el seguir endeudándome con ustedes a cada momento. – Volteó de sus papeles a mirarlo con una sonrisa que a los ojos del de cabellos plateados iluminaba el cuarto cual rayo de sol. – Lo entiendes, verdad? Además, - Dijo sonriendo de nuevo, esta vez con una sonrisa completa, - jamás había tenido un trabajo, y creo que esto de poder hacerlo me gusta, creo que sí, me gusta trabajar, al menos, no trabajado en verdad antes y…
La voz de Yuuri se fue apagando de repente…
Había entrado en el pozo de sus recuerdos con una simple frase…
Las palabras lo llevaron de nuevo al mundo detrás de las paredes de un blanco estéril de la Fábrica, ese aroma…
Su respiración se apresuró y Viktor pudo sentir a través de sus muñecas cómo se aceleraba el pulso del muchacho…
Vió el momento donde sus ojos se velaban un poco y su vista se volvía lejana…
Perdió un poco el contacto con la realidad parecía ser…
Comenzó a llamarle por su nombre pero el muchacho no respondía, e incluso, cerró los puños sobre la mano del doctor, lastimándolo. Su cuerpo crispado comenzaba a ponerse demasiado rígido.
Viktor salió corriendo del cuarto del hospital mientras llamaba frenéticamente al departamento de psiquiatría reclamando por la doctora Kitamura. Estaba preocupado por el Omega y sus feromonas lo atestiguaban desparramándose de manera descontrolada.
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
El Doctor entró en el Hospital con la tranquilidad propia de las personas acostumbradas a moverse de manera ágil dentro de las esferas más altas del país. Todo en su comportamiento gritaba que aquel hombre sudaba poder y dinero.
Sonriendo, saludó a los empleados, sorprendidos por que él se encontrara ahí. Algunos de los nuevos ni siquiera lo conocían, así de rara era su presencia en el lugar. Aunque aún y si no conocían su rostro, todos conocían su nombre y sus logros.
Algunos de los empleados más antiguos incluso bajaban el rostro de una manera muy similar a una ligera reverencia mientras pasaba y. de manera todavía más rara, algunos de ellos incluso eran recompensados por un leve roce de las manos sobre su cabeza.
Sus pasos lo llevaron directamente a la habitación de su perra de crianza. No importaba dónde estuviera, debería de saber que era de su propiedad. Ese cachorro era la culminación de todo su trabajo. No iba a dejarlo escapar tan fácilmente.
Lo encontró en medio del inicio de un quiebre disociativo. Sonrió.
Se acercó a él y le susurró despacio al oído.
- Bienvenida sea la vida.
000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
Yuuri no respondió verbalmente. Su ansiedad se disparó hacia las nubes y con ellas sus feromonas se volvieron locas. El mismo Doctor tuvo que cubrir su nariz por su ferocidad. El piso se llenó de un aroma tan desesperado que les faltaba la respiración a todos en el área, acelerando su corazón como si estuvieran frente a su miedo más irracional. A algunos incluso los tiró al piso la fuerza de la emoción que sentían, tan fuerte, tan desgarradora, tan angustiante que sus ojos se llenaban de lágrimas.
La doctora Kitamura entró al ala de Maternidad seguida de Viktor, en cuanto se abrieron los elevadores fue sorprendida por el aroma un ataque de una marcada ferocidad. Inmediatamente corrió donde el paciente para encontrarlo en pleno quiebre disociativo, por la descripción del de cabellos plateados ella había pensado en encontrarse con un estado de fuga, tal vez un trance de fuga, sin embargo esto se veía y olía como algo completamente diferente.
- Doctor Nikiforov, por favor, muévase un poco. Necesito espacio para poder hablar con el paciente. Doctor Nikiforov, por favor, necesito que me ayude a sacar a todos del cuarto. Doctor Nikiforov, por favor que salgan todos. – Empezó a ladrar las órdenes en el momento de entrar. Un frustrado Viktor la seguía, sintiendo las feromonas del Omega clavarse en su corazón fuertemente. – Viktor! – Le gritó ya frustrada por no ver que el Alfa se moviera haciendo que éste se sobresaltara al escucharla. – Necesito que salgas de ese trance! Saca a la gente de aquí, necesito estar sola con el paciente!
Viktor salió por fin de ese trance provocado y comenzó a moverse de nuevo, sacando a todos para hacerle espacio a la psiquiatra y que pudiera calmar a Yuuri.
- Yuuri, Yuuri, escúchame, sé que no alcanzas a hacerlo bien, pero también sé que muy en el fondo me estás escuchando, respira profundo. Aquí estoy. – Las paredes y ventanas anti sonido del hospital hacían la tarea mucho más fácil. – Escucha lo que digo, Yuuri. Este no eres tú. Tu ansiedad te está jugando malas jugadas, Yuuri, - le tomó suavemente de la manos, ahora cerradas en puños, su cuerpo parecía estar tan tenso como una cuerda a punto de reventar. – Yuuri, escúchame, puedes sentir mis manos en las tuyas? Yuuri, estás teniendo un ataque de ansiedad extremadamente grave, necesito que te enfoques en mi voz, solamente en ella. Entiendo que hay cosas que en este momento te están aterrando, estoy contigo, estoy a tu lado y no me voy a ir.
El cuerpo de Yuuri comenzó a soltarse poco a poco, pero sus pupilas se desenfocaron todavía más. Sus manos y cuerpo se relajaron de pronto hasta colgar lánguidos, aunque todavía sentado, sus papeles resbalando al piso.
– Yuuri? Sigues conmigo? Yuuri? – No había respuesta alguna de reconocimiento o siquiera de estar consciente. – Yuuri? Escucha, tu nombre es Yuuri Katsuki, estás en embarazo y estamos en tu cuarto del hospital. Mi nombre es Kitamura Nina y soy tu psiquiatra. Estás escuchando? Estás entrando en algo que se llama trance disociativo. En algo específico que se llama fuga. Todos esos sentimientos que están poblando tu cabeza tienen que salir. Respira profundo. Mientras exhalas en cada respiración cada uno de esos sentimientos negativos van a ir saliendo poco a poco.
EL Omega no daba indicios de estar escuchando a la Doctora en absoluto. Sus ojos se nublaron por completo mientras su respiración bajaba hasta ser casi imperceptible. Había pasado de una crisis a un quiebre de fuga. Las cosas no se veían bien en absoluto.
Y… done, espero que haya al menos una persona que siga queriendo leer esta historia. Besos, M. Meow, off.
