52-11

-No entiendo – interrumpió Finny – ¿por qué el Conde Grey querría hacerle daño al joven Amo o al señor Sebastian? ¿No se supone que él también trabaja para la reina?

-Lo hace – declaró el Conde – pero eso no lo obliga a que yo le tenga que agradar.

-Pero tratar de inculpar a alguien de asesinato sólo porque esa persona no es de tu agrado suena demasiado duro como para ser verdad ¿no? – presionó Abberline.

-Sí – admitió el Conde – puede ser que de hecho él no se haya tomado tantas molestias por una cuestión personal… aunque no se puede negar que está disfrutando su papel. Sea como sea, continuaré con la lectura para que podamos llegar al fondo de esto.

Comenzó con una muerte y terminó con un ganador – podía leerse –. Capítulo 49: Ese mayordomo, excéntrico.

-Yo fui asesinado esa noche – explicaba Sebastian con las imágenes de su apuñalamiento de fondo – por el mayordomo de la Reina: el Conde Charles Grey.

-Qué aburrido – decía el Conde de ropa blanca, mientras observaba el "cadáver" del mayordomo – yo pensé que atormentaría a ese mocoso de mierda por un tiempo. Pero el ser descubierto tan pronto con esos estúpidos sirvientes entrometiéndose en el camino…

Y hablando así arrojó por la ventana los fragmentos de vidrio que Sebastian había estado sosteniendo.

Los ojos de Abberline se estrecharon. ¿No había encontrado "Jeremy" los fragmentos de la ampolleta entre las cenizas de la chimenea?

Sin que el inspector lo supiera, los pensamientos de Arthur tomaban un camino similar, aunque el escritor estaba decidido a no expresar esas dudas en voz alta con tal de no volver a convertirse en el blanco del humor del Conde.

Y mientras el mayordomo de la reina dejaba la habitación quejándose de tener que ir a buscar a Siemes por su cuenta, Sebastian simplemente se ponía en pie de mal humor por los ataques que había sufrido.

-Seguí al Conde a la bodega – explicaba la voz del mayordomo – en dónde había sido situado el Amo Siemes.

Y a partir de ahí el mayordomo Phantomhive no sólo se encontró con que Siemes había agarrado una botella de vino de la bodega…

-¡Qué sinvergüenza! – se quejaron los sirvientes.

-Sí, un completo descarado imbécil… dice Wordsworth.

sino que además fue testigo de cómo dicho hombre era apuñalado por la espada del mayordomo de la reina.

-¡DE NINGUNA FORMA! – Protestaba Arthur dejando caer la taza de té - ¡¿ENTONCES ESTÁS DICIENTO QUE TÚ SABIAS QUIÉN ERA EL CRIMINAL?! ¡¿Y QUE LUEGO DEJASTE DE LADO TU PROPIA VIDA?! ¡¿T-Todo porque era la orden de tu amo?!

-En efecto – aceptaba Sebastian – yo no digo mentiras...

-Eso… - balbuceaba el pobre Arthur – eso es completamente imposible.

-Improbable sin duda alguna – coincidía el niño – pero si fuese algo imposible no estaría sucediendo.

-Conde…

-¿Qué clase de mayordomo sería yo si no pudiese hacer algo tan simple como sobrevivir a la muerte por el bien de mi señor? – preguntó entonces Sebastian haciendo sentir al escritor como si estuviese en un sueño del que no podía despertar.

-…en todo caso – continuaba el mayordomo – la despiadada forma en la que mi amo se aprovecha de las personas… quiero decir, mayordomos, merece una garantía Real.

Si todos estaban de acuerdo con esa declaración, no hubo quien se atreviera a expresar ese acuerdo en voz alta. Por lo tanto, en el manga Sebastian continuó con su relato de los hechos.

-Después de que hice preparaciones en comida equivalente a 3 días le di instrucciones para el siguiente día al chef y el jardinero. Para cuando fuera de mal en peor, le di el búho que había capturado en el bosque el día anterior a la sirvienta y escribí un reporte para el joven Amo con respecto a la inspección de la chimenea.

Quedó entonces claro que el motivo de que Sebastian entregara "su almohada favorita" al joven amo había sido ocultar en ella el reporte, y que a su vez presentarse en medio de la oscuridad había sido un movimiento deliberado para ocultar las heridas y manchas de sangre.

Como si nada fue el propio Sebastian quien volvió a apuñalarse para tomar la posición con la que Finny lo encontró al día siguiente.

En lugar de enfadarse por la situación difícil en que intencionalmente se lo había puesto Finny sólo se sintió triste porque Sebastian hubiese tenido que apuñalarse nuevamente y tener que esperar inmóvil por tanto tiempo.

Por su parte Bard sólo mordió un poco su cigarro porque ¿qué no podía haber una sola cosa que ese mayordomo no hiciera a la perfección? ¿Tenía que ser un experto hasta en hacerse pasar por muerto?

Y así Sebastian explicó sus impresiones sobre el Conde Grey…

-…y luego – continuó – El Joven Amo se puso en un espectáculo bastante realista. Aunque incluso yo no había pensado que él podría golpearme con la mano y su anillo. Además, conmigo en una posición en la que no podía moverme… su astucia fue admirable.

-Realmente – comentó el Conde – ¿acabas de ser apuñalado tanto por el Conde Grey como por ti mismo y de lo que te quejas es de un niño pequeño y sin mucha fuerza no se quitó el anillo para darte un pequeño golpe? ¿No crees que tus quejas parecen un poco fuera de lugar, Sebastian?

-¡Ah! Joven Amo, por el tono en que lo dice como se nota que no tiene ni la más mínima consideración hacía su fiel servidor – se quejó el demonio con una sonrisa burlona que por más que lo intentaba Arthur no podía comprender.

-Pon la botella en la chimenea en el momento adecuado ¿de acuerdo? – podía leerse ahora lo que el chiquillo le había murmurado al oído.

-Como un cadáver – continuó – yo fui capaz de obtener una coartada y libertad, y fue un pase adelante en ser capaz de cumplir con mi trabajo libremente.

Y se apreció entonces que mientras Sebastian capturaba al búho, en la mansión se planteaba la idea de revisar el cuerpo de Sebastian en busca de la llave de la habitación del Conde. Mientras Sebastian intentaba regresar a toda prisa varios gatitos mojados e indefensos se cruzaron en su camino (uno después de otro), por lo que el mayordomo los refugió en su habitación y se colocó (según sus palabras "sólo por un cabello") en el lugar que lo habían dejado justo a tiempo para que su cuerpo fuera inspeccionado.

Bard casi tuvo que reír de las quejas y molestias de Sebastian… de hecho supuso que lo habría hecho de no ser porque se sintió algo empático con que el mayordomo hubiese tenido que dejar de lado (temporalmente) su apariencia perfecta.

De ahí Sebastian explicó recuperar los trozos de la ampolleta, camuflarse como Jeremy y regresar a la mansión con una coartada convincente. Más, cuando Arthur preguntó al Conde sobre el contenido de la carta, amo y mayordomo admitieron (cada uno a su manera) que éste en realidad no había tenido nada que ver con el caso.

-¿Cómo se le ocurre poner un "ejercicio mental" al amo en medio de una situación así? – masculló Bard.

-La educación del joven amo también es una prioridad – se defendió Sebastian – y sinceramente, si detuviéramos sus lecciones cada vez que un caso de asesinato se presenta en la puerta jamás lograríamos ninguna clase de progreso en ninguna asignatura.

En lugar de protestar a eso el Joven Conde simplemente soltó un bufido.

Para explicar lo ocurrido durante la inspección del cuerpo Sebastian explicó cómo se deshizo de la caracterización y regresó rápidamente a la bodega, después volvió a caracterizarse y (gracias a su velocidad y a la distracción del Conde) fue capaz de vestir a Phelps con sus ropas y hacer pasar ese cuerpo como el suyo a pesar de las sospechas (e intentos de confirmación) del Conde Grey.

-Usted ya sabe el resto – finalizó Sebastian –: Yo apoyé al Joven Amo como el pastor Jeremy, el amo Woodley fue arrestado y el Joven Amo escapó ileso sin una condena.

-Ah… siento que me duele la cabeza con tantos giros en la historia… dice Oscar.

-Sí – coincidió Abberline – a decir verdad esto parece más la trama fantasiosa de un cuento que el escenario de un crimen real.

-Bueno, eso probablemente es así porque el Joven Amo está involucrado – sugirió Finny con cierta timidez.

-Sí –lo apoyó Mey-Rin – las cosas tienden a complicarse cuando el Joven Amo está cerca.

-O mejor dicho – intervino Sebastian – si las cosas fueran sencillas de resolver el Joven Amo no tendría ni porque verse involucrado.

-Como sea – volvió a hablar Abberline – aún esa explicación deja algunos hilos sueltos en lo que a este crimen se refiere.

-Habla de los motivos del Conde para incriminar al señor Woodley y del verdadero instigador detrás de la muerte del señor Phelps ¿no es así? – cuestionó Arthur.

-Sí, exacto.

-Pienso caballeros – intervino el Conde – que para resolver esas dudas lo mejor que podemos hacer es seguir leyendo.

Y mientras Arthur explicaba sus dudas al respecto se vio sorprendido cuando el Conde le dijo que todo lo sucedido había sido el deseo de su Majestad la Reina.

-¿¡Qué!? – en el tiempo que le tomaba al Conde cambiar la página y comenzar a leer Arthur y Abberline soltaron un grito de incredulidad que sin embargo no obtuvo otra reacción que los ceños fruncidos de los empleados.

-El invitado de Alemania, Siemes – comenzó a explicar el niño en el manga –. Su banco ha hecho grandes inversiones en el desarrollo de buques nacionales y otras cosas; no sería exagerado decir que él fue una figura clave en la evolución de la industria pesada alemana. En este momento, la posición de Inglaterra está siendo amenazada por Alemania y Estados Unidos y Su Majestad planeó para Siemes el ser aplastado y el creciente poder militar de Alemania ser obstruido.

Las cejas de Abberline se torcieron con disgusto. Como todo buen inglés amaba a su país, pero lo que estaba leyendo en ese momento no le parecía sino un juego bastante sucio.

-¿Eso podría suceder sólo por asesinarlo? – cuestionó Arthur.

-Por supuesto, Siemes no es más que un regular banquero. El poder de esta influencia es tal vez algo así como la fuerza de una mariposa agitando sus alas… Como sea, eso algún día se transformará en una tormenta. Es la teoría llamada "El efecto mariposa". Su Majestad la Reina Victoria construyó El Gran Imperio Británico que reina en el mundo en tan sólo 50 años por lo que tal vez ella puede de alguna forma ver cuáles mariposas son capaces de cambiar el mundo con el agitar de sus alas.

-¿Pero por qué el Conde Grey quería poner la culpa en ti? – insistió Arthur.

-Me da vergüenza el admitir que una pequeña broma mía fue descubierta. Yo esperaba alguna forma de castigo pero, el pensar que ella intentaría precisar un asesinato en mí… Su Majestad seguro tiene sentido del humor.

Mientras Arthur intentaba en vano comprender que es lo que un incendio en una mansión tenía que ver con el Conde los sirvientes Phantomhive por su parte llevaban sus manos a donde pudieran obtener sus armas ocultas en el caso de que Snake (o alguna de sus colmilludas amigas) decidieran que la forma en que el Conde había calificado todo lo sucedido en la mansión Kelvin como "una pequeña broma" mereciera un castigo.

Por fortuna para todos, Snake simplemente bajó la mirada y dejó pasar la situación a pesar de los siseos constantes de las serpientes en sus hombros.

-Como sea – continuó el Conde – yo siempre he sido bueno en los juegos. Yo usé a Woodley, a quien convoqué para ser el chivo expiatorio como mi peón.

-¿Y por qué el inocente señor Woodley? – volvió a preguntar el escritor.

-¿Qué no te lo dije? Él merecía estar en ese carruaje. De fachada él posee un negocio de pulido de diamantes pero su verdadero rostro es ese de un traficante de armas quien vende armas ilegales conseguidas con los diamantes de zonas en conflicto. Además, se produjo un incidente ocurrido hace unas 2 semanas en dónde el presidente de la Compañía Rose qué excavaba diamantes fue asesinado; a través de mis propios contactos fui capaz de confirmar que Woodley fue el criminal y para las personas de la sociedad del bajo mundo el usar su poder para poner en peligro a las personas de la sociedad normal es una grave violación de las reglas. Ya que de todas formas iba a deshacerme de él – continuó el Conde con frialdad –, él fue la persona perfecta para usar como un chivo expiatorio ¿verdad?

-Eso sería limpiar las preocupaciones de la Reina y asegurarse que el Joven Amo se mantuviera fuera de peligro. Dos pájaros de un solo tiro – agregó Sebastian.

Pero la forma en que ambos hombres hablaban de la vida, la muerte y la intriga como si estos fuesen temas triviales puso al escritor la piel de gallina, al tiempo que éste recordaba lo que Woodley intentaba decir antes de ser detenido por el Conde Grey.

-¿¡Qué eres tú exactamente!? – cuestionó por fin Arthur con los nervios crispados.

"Honestamente ahora me doy cuenta de que tal vez sea mejor no saber la respuesta a eso" pensó Arthur con pesar "y estoy seguro de que voy a arrepentirme de haberlo preguntado".

-Rastrear a las personas quienes violan los mandamientos de la sociedad británica del bajo mundo y ocuparme de ellos – fue la respuesta del niño – es mi deber como El Perro guardián de la Reina. Y lo que sucedió esta vez no fue más que un pequeño juego en dónde ella reconfirmó si yo tenía ese talento o no.

-Imposible… - murmuró Arthur de forma apenas audible.

-Im…imposible – temblaba Arthur –. Más aún, si lo que me has dicho hasta ahora es verdad, entonces él… ese mayordomo es…

-Un demonio… que es un mayordomo – aclaró Sebastian con una sonrisa francamente escalofriante.

-"No hay nada más engañoso que un hecho evidente", ¿no es así, Sr. Conocedor de las palabras? Ha estado delante de ti todo este tiempo.

-En efecto – se escuchó una voz que debía ser la de Sebastian pero que a juzgar por la forma de la escritura debía sonar del mismo modo que cuando el mayordomo había hablado con el niño en la jaula – la verdad – y ¿eran sólo figuraciones de Arthur o las pupilas del mayordomo brillaban en un tétrico tono magenta? – De que yo no soy un humano – porque por más que trataba de moverse Arthur no podía dejar el suelo en el que las sombras que lo acechaban lo tenían temblando de miedo – y ahora que lo sabe hará su mejor esfuerzo para olvidarlo ¿verdad? Sr. Conocedor de las palabras.

Pero sin prometer ni decir nada Arthur finalmente encontró dentro de sí la fuerza para levantarse y salir huyendo… lo que sólo lo hizo estrellarse de frente con el cofre bien vestido del mayordomo.

Aunque no iban a admitirlo en voz alta, ahora todos estaban nerviosos. ¿Qué pasaría con el pobre señor Arthur? ¿Lo dejarían escapar amo y mayordomo con la condición de que no contara los secretos de la Mansión Phantomhive? O ¿Será acaso que su deseo de conocer la verdad sería la causa de una muerte prematura?

-Cabe mencionar qué sucedería si fuese a revelar este asunto – insistió Sebastian con su rostro a centímetros del rostro del aterrorizado escritor – estoy seguro que entiendes ¿verdad?

-¡YO NUNCA LO DIRÉ! – Gritó Arthur corriendo con todas sus fuerzas - ¡YO NUNCA VOY A DECIRLO ASÍ QUE POR FAVOR…!

-Aquellas palabras voy a asegurarme que tú nunca, jamás las olvides. NOSOTROS SIEMPRE ESTAMOS OBSERVANDO… - y mientras hablaba así Sombras deformes y misteriosas se extendían detrás de Arthur como si estuvieran a punto de atraparlo y absorber su existencia misma…

Sólo que, en el momento en que los ojos del aterrorizado escritor se abrieron, el cochero abrió la puerta de la carroza para informarle que habían llegado a su casa.

Como uno todos soltaron un suspiro de alivio y, pese a que también Arthur se alegraba de saber que había logrado sobrevivir a lo sucedido en esa mansión no podía negar que el sudor aún perlaba su frente ni que sus manos y rodillas temblaban ligera pero perceptiblemente.

Arthur a un lado, en el invernadero de la Mansión Phantomhive amo y mayordomo continuaban la hora del té como si nada.

-¿Por qué tuviste que revelarle tu verdadera forma a él? – cuestionó el niño.

Ok, no es que no sintiera pena por Arthur pero Abberline (y todos los demás) tuvieron que regresar su atención a la lectura porque la verdad es que a ellos esa pregunta también les provocaba un gran interés.

-Él es un escritor – respondió el mayordomo – si pasa por una experiencia excéntrica él absolutamente querrá escribir sobre ello; los escritores son ese tipo de criaturas. Joven Amo ¿te gusta su novela no es así? Tú leíste esa revista muchas veces sin arrojarla a la basura. ¿No te decepcionó saber que no habría continuación?

-¿Eh? – bien, la exclamación fue colectiva porque ninguno en la habitación (y eso incluye también a los presentes Conde y mayordomo) habrían esperado una respuesta así.

-Estaba bien para pasar el tiempo con eso – fue el único comentario del niño.

-Viniendo del joven amo – le dijo Sebastian a un Arthur que hacía todo lo posible para evitar el contacto visual con él – eso es un gran alago.

-Entonces su siguiente trabajo será algo que esperar – sentenció el mayordomo.

Y como dándole la razón se veía a Arthur escribiendo de manera casi frenética, llenado su piso de hojas escritas línea tras línea, una detrás de la otra.

El niño miró las páginas confundido ¿en verdad Sebastian se había tomado tantas molestias sólo para que él pudiera seguir disfrutando de una lectura entretenida?

Después de eso mi pluma siguió fluyendo como si yo estuviera poseído por algo. Escribiendo "ese único trabajo" que yo nunca pensé que escribiría.

Y luego, no importa cuántas veces intentaba escapar de "ese único trabajo" para continuar escribiendo otros trabajos, "ese único personaje principal" siempre volvía para bailar delante de mí como una maldición. Cada sencillo momento que tenía para pensar en ellos: el bien y el mal, la cordura y la locura, el mundo de los vivos y el mundo del más allá… yo tengo que pensar en ellos, quienes reinan tanta elegancia por sobre las diferencias entre estos. Como si ellos quisieran que yo recordara esa promesa.

Pero la mano que se veía escribir ya no era la de un joven, y el hombre que se sentaba en el escritorio (y que paró su labor al ser interrumpido por el ingreso de una niña en el estudio) se notaba de inmediato que era ya una persona madura.

"Algo" que supera nuestra imaginación existe con certeza. Como sea, yo voy a esconder esta "verdad" en el fondo de la chimenea, hasta el final de mi vida… Igual que el secreto de esa noche tormentosa.

Y dicho esto el hombre tiró al fuego el manuscrito cuya tinta no se había aún terminado de secar.

-Ese fue el final – dijo el Conde cerrando el manga y manteniendo sólo uno de sus dedos como separador.

-Yo… - Arthur se levantó de la mesa – creo que necesito un poco de aire – dijo al tiempo que salía corriendo del lugar.

-Tal vez sería conveniente que todos nos tomáramos un descanso – sugirió el Conde con suavidad después de que Arthur había permanecido ausente por varios minutos.

-Eso no será necesario – lo contradijo Sebastian – el señor Arthur ya se encuentra en camino de reencontrarse con nosotros.

Y justo había dicho eso cuando el aspirante a escritor regresó algo menos pálido de lo que lucía cuando se había ido del lugar.

-Si no se siente bien podemos retomar la lectura después de la hora del té – sugirió Abberline sonando lo más educado que pudo.

-No, estoy bien – lo contradijo Arthur –. Yo… quisiera terminar con esto lo más rápido posible.

-En ese caso continuare leyendo… pero a veces una pausa en la labor es necesaria por cordura y por salud – informó el niño mirando de una forma que dejaba en claro que no creía las palabras de Arthur cuando éste afirmó estar bien.

-Gracias Conde, lo tomaré en cuenta.

"Yo digo mentiras con mi ojo derecho" decía la siguiente portada.

Capítulo 50: Ese mayordomo, Entierro.

En la mansión Phantomhive la escena continuó tal y dónde la había dejado el capítulo anterior.

-Bueno, ahora que el señor conocedor de las palabras se ha ido también, voy a comenzar con las preparaciones para el almuerzo – ofreció Sebastian.

-¿Cómo piensa hacer eso si todos piensan que está muerto?... dice Keats – preguntó Snake sintiéndose realmente confundido.

-Asumo que ya tendrá un plan para eso pero, a mí en lo personal me interesa escuchar un par más de explicaciones de su parte en lo referido a otro tema – respondió el Conde.

-Se refiere a la muerte del señor Phelps ¿no? – dedujo Abberline.

-Sí, justo a eso.

-Espera. Yo asumí que no lo mencionaste a propósito así que no dije nada, pero aún no me has explicado el asesinato de Phelps.

-Por lo visto el joven Amo del manga tampoco se dejó atraer fuera del asunto – comentó Sebastian como si comentara el estado del tiempo.

-¡Ah! ¡Eso es cierto! En realidad había otro huésped no invitado.

-¿Qué? ¿Otro huésped?

-¿Qué fue lo que dijiste?

-Ya que fue un poco repentino, tuve que dejarlo en esta lujosa suite – explicó el mayordomo sacando una caja forrada con cadenas que todo el tiempo había estado oculta debajo de la mesa, y de esa caja emergieron varias serpientes que inmediatamente atacaron al Conde…

Wordsworth y Keats temblaron de nerviosismo al reconocerse…

mientras que también un Snake muy atado emergía (con Oscar, Emily y Goethe enroscados a su alrededor de él de una forma protectora).

-El verdadero asesino del Amo Phelps… la 13ra persona que realmente existió.

Sobra decir que otra vez todas las miradas en la habitación cayeron sobre el chico de pelo blanco.

-¡No sabemos por qué es que nosotros estamos ahí!... dice Bronte – chilló Snake de inmediato – ¡Sí! Nosotros ni siquiera sabíamos quién es ese tal Phelps… dice Dan.

-Pero ya quedó establecido que Phelps fue asesinado por error – contradijo el Conde de forma casual – y todos aquí sabemos que las muertes de tus amigos te han dado una muy buena razón para acabar conmigo. Como sea – las siguientes palabras del Conde hicieron que Snake y todas sus serpientes levantaran la cabeza con incredulidad – por ahora no tienes que preocuparte, no cuando esas cosas aún no han sucedido.

Y mientras que los sirvientes y Snake miraban al chico con admiración pura Abberline y Arthur sólo podían pensar en las desafortunadas casualidades que habían llevado a que se extinguiera la vida de una persona joven y emprendedora como el señor Phelps.

Sebastian relató haber escuchado el ruido del deslizar de las serpientes, encontrar a Phelps agonizante (a quien para total disgusto de Arthur y Abberline ignoró por completo) y seguir los sonidos hasta el invernadero donde fue confrontado por Snake.

-En retrospectiva no fue tu movimiento más inteligente – dijo el Conde con desdén – pero debo admitir que fue una gran emboscada… eso y Websteres bastante imponente.

-Esto… gracias… dicen Webster y Keats.

Y francamente Snake (y tampoco sus demás serpientes) sabían que decir después de eso. ¿Eran figuraciones suyas o en realidad el Conde estaba tratando de animarlos?

-¿Por qué está él aquí? – cuestionó el Joven Amo volviendo a presente.

-¡El día después de que Black y Smile se colaron en la tienda de Joker y las de los demás, ellos desaparecieron! ¡Definitivamente es tu culpa!… dice Wilde – acusó Snake – y es por eso que seguí a Smile por medio del olor en sus ropas… dice Oscar.

Y así Smile contó como al llegar a la mansión de Londres Soma pensó que era un invitado a la fiesta, así que le dio regalos y lo envió en carruaje a la Mansión principal…

-Par de imprudentes – masculló el Conde.

donde Snake se percató de la fiesta y decidió esperar a un momento más oportuno.

Por supuesto el Conde no pudo evitar mascullar su descontento con los hindús antes de regresar su atención a Snake.

-Ya veo, entonces ¿tú mencionaste que su desaparición fue nuestra culpa?

-Sí y no… dice Dante.

-¡Así es! ¡Después que ustedes se mostraron ellos comenzaron a actuar extraño!... dice Wordsworth. Yo – comenzó a dudar – de alguna manera sabía que Joker y ellos estaban escondiendo algo de mí, sin embargo, a pesar de mi apariencia, esos chicos me llamaron su amigo…

Y por las imágenes en el fondo no era difícil deducir que los miembros del elenco principal habían rescatado a Snake de unos abusivos que lo explotaban y exhibían como fenómeno.

-…ellos me llamaron su familia. ¡TÚ TOMASTE ESO DE MÍ! ¡DEFINITIVAMENTE NO VOY A PERDONARTELO!... dice Wilde.

Justo cono Arthur minutos antes, ahora era el turno de Snake de estremecerse. Por mucho que intentara negarlo estaba seguro que el Conde le había tomado cierto cariño a Joker, Dagger y Doll, y si su mano no había titubeado al momento de ordenar sus muertes ¿será que él mismo se vería obligado a contemplar cómo el mayordomo perfecto lo asesinaba por haber atentado contra la vida de su amo?

-El grupo de circo en el que estabas, secuestraba niños uno por uno en los lugares que visitaban en su gira – respondió el Conde recordando con las lágrimas de Snake el rostro lloroso de Pecas – y nosotros nos convertimos en sus compañeros con el fin de encontrar evidencia de eso.

-Así que de eso se trató todo este tiempo – comprendió finalmente Arthur – a eso es que se han estado refiriendo cada vez que hacen alguna mención del circo o de los amigos de Snake… y por su expresión en la historia sólo puedo imaginarme que Snake no era su cómplice, que él descubrió lo que sus amigos hacían al mismo tiempo que todos los que están aquí, a través de la lectura.

-¿Ellos eran secuestradores…? ¡ESO ES UNA MENTIRA! ¡NO DIGAS ESA BASURA!... dice Oscar.

-Fuimos realmente ciegos por nunca darnos cuenta ¿no?... dice Emily – comentó Snake con tristeza.

-Quisiste creer en la bondad de las personas que hicieron algo bueno por ti – le dijo el Conde pensando en los miembros del circo y en el barón Kelvin – es sólo normal que no pensaras que cada vez que ellos desaparecían por la noche fuera para lastimar a niños indefensos, y creo que en todo caso que a pesar de tus habilidades no trataran de involucrarte en lo que hacían es una prueba sólida de que ellos querían mantenerte a salvo.

O que no querían tener que quitarte del camino si tratabas de detenerlos – fue el último pensamiento que el Conde se cuidó muy bien de no decir en voz alta.

-¿Basura? Eso puede ser. Ellos hicieron su paradero desconocido después de eso porque mi verdadera identidad fue descubierta antes de que pudiéramos obtener la evidencia…

-¡¿Qué?!

-Pero… joven amo… ¿por qué…?

-¿Conde qué está…?

-…En ese sentido, yo pude haber tomado esa paz de ti, pero yo quería salvar a los niños que estaban sufriendo debido a ellos. Por supuesto yo quiero salvarte a ti también.

-¿Eh? – Snake no cabía en sí mismo de incredulidad cuando el niño lo desató.

Y lo mismo todos los presentes en la lectura.

-¡Joven Amo! – trató de intervenir Sebastian sólo para ser silenciado por un gesto del niño.

-Snake – le tendió la mano al de pelo blanco – ven a mi mansión.

-¿Qu…Qué estás diciendo?... dice Keats.

-Tú me escuchaste verdad: dije que quiero salvarte. Estamos buscando a Joker y los otros en este momento para aclarar el incidente, así que ¿no crees que estando aquí podría ser el camino más fácil para verlos de nuevo? Yo sé que no hay personas malvadas viviendo en el circo. Ellos son amables y alegres para cualquiera y todo el mundo y es por eso que deberían expiar sus crímenes. Me gustaría que ellos lograran la verdadera felicidad. Todos, incluyéndote.

-Eres un buen mentiroso… dice Wilde – murmuró Snake al ver que su yo del manga creía en las palabras del Conde. Sorprendentemente no sonaba hostil en lo más mínimo.

-Sí, lo sé – reconoció el niño sin una pisca de orgullo en su voz.

-Sin embargo – puntualizó Sebastian – el arte de la mentira consiste en que las palabras que se dicen son a veces falsedades (estamos buscando a Joker y los otros en este momento, estando aquí podría ser el camino más fácil para verlos de nuevo), a veces la verdad (me gustaría que ellos lograran la verdadera felicidad, yo sé que no hay personas malvadas viviendo en el circo) y a veces ambas cosas (quiero salvarte). Un buen mentiroso dice cada cosa en el momento preciso para hacer creer a otras personas lo que el mentiroso quiere que crean.

-Si tú atiendes a una "mentira" esta eventualmente se convertirá en "verdad" le decía el chico a Sebastian en otra escena – entonces yo sólo necesito que contengas tu lengua y todo irá bien.

-En efecto – concedió el mayordomo.

-Por otra parte ¿qué estás planeando decirle a los sirvientes? – preguntó el chico.

-Es verdad – recordó el mayordomo.

Y la escena cambió otra vez a la de un elegante funeral donde se dio sepultura a Sebastian en un ataúd de seguridad (después de lágrimas y dramas por parte de casi todos) y cuya campana se activó indicando que la tumba debía de abrirse.

-Me pregunto qué explicación va a darnos para su "resucitación milagrosa" – dijo Bard.

Una vez e ataúd fue abierto y Sebastian emergió de él (tan prístino y elegante como siempre) Finny, Bard, Mey-Rin y Lizzi se abalanzaron sobre él mientras los demás lloraban de alegría.

-Supongo que la alegría de ver bien al señor Sebastian no nos dejó pensar con claridad – admitió Finny un poco sonrojado.

Una vez Tanaka devolvió a Sebastian la insignia del mayordomo Phantomhive el demonio se arrodilló una vez más ante su amo.

-Yo estoy totalmente a su servicio – juró – hasta el día en que las mentiras se conviertan en realidad.

Y después de unas cuantas palabras intercambiadas con Lady Elizabeth el capítulo terminó.

-Bien – cerró el manga el Conde después de haber deslizado un marcador entre las páginas – supongo que este fue el final de esta parte de la historia y ya el capítulo que siga va a tratar de un caso diferente.

-Entonces tal vez sea el momento de hacer una pausa y tomar el té – sugirió el mayordomo con su misma sonrisa de siempre.

(En los casos de Snake y Arthur con los nervios aun tambaleándose) todos accedieron y se dirigieron al hall principal.

Durante todo el tiempo que tomaron su té había gran cantidad de preguntas que cruzaban por las mentes de todos: ¿qué nuevo caso se les presentaría a continuación? ¿Quién les había enviado esos raros mangas y por qué lo había hecho? (y en el caso de Arthur también se preguntaba quién era ese extraño enterrador de sombrero puntiagudo y cabello blanco).

Lo cierto es sin embargo, que mientras más avanzaban con la lectura más verdades (muchas de ellas realmente incómodas) salían a la luz, y por más que dejar de leer y arrojar los libros al fuego pareciera ser una buena idea, lo que estaban aprendiendo parecía una información lo suficientemente valiosa como para que la angustia de la lectura valiese la pena.

Una vez terminado el té, todos regresaron a la sala con la finalidad de seguir leyendo pero, para su enorme desconcierto había un letrero colgado en la puerta con las palabras "no molestar" y un sobre pegado a un lado.

Con rostro imperturbable Sebastian tomó ese sobre, lo abrió y tras leer el contenido lo pasó a su amo, éste por su parte hizo una mueca de disgusto e irritación antes de regresar su atención a todos los demás.

-Según esta nota – habló – ya hemos tenido suficiente lectura por hoy. Se nos da la instrucción de reanudar la lectura hasta mañana después del desayuno con el fin de que otros "invitados" tengan estas horas para ponerse al corriente con la lectura que les falta y puedan unirse a nosotros en la sesión de mañana sin que tengamos que darles explicaciones de ningún tipo.

-¿Cómo? ¿Más invitados? – se extrañaron todos.

-Recuerdo que en una de las notas anteriores se nos había dicho que los libros que habíamos leído desaparecieron porque otras personas que se unirían a nosotros tenían que leerlos para estar al corriente de la situación…. Dice Wilde. Sin embargo – tanto los ojos de Snake como la cabeza de la serpiente apuntaron al escritor – el señor Arthur al llegar no tenía idea de lo que estaba sucediendo… dice Keats.

-Por el contenido de su nota en ese entonces me atrevo a deducir que quien ha estado manipulando la situación deseaba jugar una broma al señor conocedor de las palabras tal y como lo había hecho con el inspector Underline…

-¡Es Abberline!

-…pero, si son muchos los "invitados" que poco a poco van a irse reuniendo con nosotros es de suponer que una broma tan repetitiva pierda su gracia. Entre eso y lo pesado que sería para nosotros tener que explicar a cada persona que llegara quienes somos y por qué estamos aquí, en realidad prefiero que se nos pida hacer este pequeño alto en la lectura siempre y cuando los recién llegados no pidan explicaciones absurdas.

-Pues ¿qué se puede hacer? – suspiró Sebastian – supongo que no estaría mal que nuestros invitados puedan dar un pequeño recorrido por la mansión mientras hago los preparativos de su cena, y esto podría ser provechoso si el Joven Amo invierte algo de ese tiempo libre en completar las labores de la Compañía Funtom que dejó pendientes.

-Entonces no hay nada más que decir – sentenció el Conde – ocupémonos cada quien de nuestros propios asuntos mientras la cena se sirve. Y por cierto – sus ojos se posaron en Arthur – esa historia que publicó ¿sería una molestia si me permite que la lea, señor conocedor de las palabras?

-N…no, para nada – declaró Arthur tomado por sorpresa – la traigo aquí conmigo así que…

-Si no es mucha molestia a mí también me gustaría saber de qué trata su historia – se acercó Abberline.

-¡Y también a nosotros! – se acercaron los sirvientes.

Sebastian simplemente soltó un suspiro. Por lo visto su amo no era el único que no tenía el más mínimo interés en trabajar el día de hoy.

….

Durante la cena, al compartir la mesa en el desayuno, e incluso en sus sueños todos se habían planteado especulaciones respecto a quién (o quiénes) podrían unirse con ellos para continuar con la lectura y, aunque en su mayor parte las opiniones se inclinaban a pensar que los nuevos "invitados" serían personas que ellos aún no conocían pero que como Abberline y Arthur comenzarían a aparecer más tarde en la lectura, los nombres de Soma y Agni, Tanaka e inclusive el mismísimo Lord Randall no habían sido descartados por completo.

Pero cuando volvieron a la sala de estudio, no fueron los mangas "desaparecidos" que ahora estaban perfectamente apilados sobre la mesa los responsables de que jadeos de sorpresa inundarán la habitación, sino que las caras que eran a un tiempo familiares y extrañas que los recibieron realmente consiguieron tomarlos a todos por sorpresa (más allá de que algunos de ellos lograran ocultar su desconcierto en el último segundo).

-Entonces – como el mayordomo perfecto que era Sebastian rápidamente tomó el control de la conversación – ya que de acuerdo a nuestro carcelero misterioso hoy ustedes están aquí como huéspedes de la Mansión Phantomhive por tiempo indefinido ¿me permiten ofrecerles té, galletas o algún aperitivo que les haga más amena la lectura de estos mangas?

-Como si alguna vez aceptaría un ofrecimiento tuyo, demonio – declaró de entre los dos "nuevos invitados" aquel que tenía cabello negro firmemente peinado y el uniforme más prístino, arreglado y formal (en pocas palabras aburrido) que el mundo hubiese concebido alguna vez.

-Yo por mi parte tomaría cualquier cosa que Sebas-chan quiera darme – dijo ahora una voz masculina que sin embargo se obligaba a sonar más aguda – y por supuesto cuando digo "cualquier cosa" es que me refiero a "cualquier cosa" – agregó en tono sugerente.

Y dicho "Sebas-chan" estaba por responderle que cesara de inmediato esas insinuaciones cuando fue William T. Spears el que le habló a su subordinado con tono de hielo.

-Por tu propio bien compórtate – cortó – ya tenemos bastantes problemas por tu numerito con "Jack el destripador" como para tener que limpiar también tu desastre por fraternizar con el enemigo.

En las facciones del shinigami pelirrojo una sonrisa triste se abrió paso al tiempo que este desviaba la mirada… dicha actitud duró sin embargo sólo un parpadeo.

-Pero Will – se quejó después forzando una sonrisa – sólo estaba tratando de ser amable con nuestros anfitriones, no tienes por qué hablarme de ese modo.

-No venimos aquí a ser amables con nadie, y mucho menos con demonios.

-Qué insensible eres Will.

-Mejor compórtate Sutclift, no tenemos tiempo para esto.

-Por el contrario Will, de aquí hasta terminar la lectura tenemos todo el tiempo del mundo.

Y mientras el shinigami de pelo negro le respondía al pelirrojo y los dos empezaban una discusión (en la que por cierto ignoraban a todos a su alrededor) el ojo visible del Joven Conde se mantenía fijo en Grell Sutclift.

¿Qué es lo que el niño sentía al tener frente a sí al shinigami pelirrojo? Siendo francos no era algo que él mismo pudiera explicar, pero es que teniéndolo frente a sí ahora vivo y a todo color le resultaba sumamente difícil conciliar la apariencia del pelirrojo extravagante con tacones rojos y gafas con cadena de calaveras con la apariencia del usualmente torpe y retraído mayordomo de su tía Ann. Un mayordomo que no era tal… un mayordomo que había asesinado a su tía.

Porque sí, por más que la muerte de Madame Red a manos de Grell Sutclift fuera la solución menos dolorosa para todos, ahora al ver frente así al shinigami pelirrojo no podía evitar la sensación de malestar y hundimiento en su estómago. La mezcla de rabia que amenazaba con consumirlo al tiempo que su mente racional le recordaba no sólo que la muerte de Madame Red aún no había sucedido sino que además había sido la propia Tía Ann la que había traído sobre sí su destino.

"Me pregunto – se dijo a sí mismo – si así es como Snake se siente cada vez que me ve. Me pregunto si se siente al lado de los futuros asesinos de su familia como me siento yo ahora que estoy al lado del fututo asesino de Madame Red."

Y hablando de Madame Red… no era su abrigo el que Grell estaba usando. No, sin duda el firme recordatorio de que el encuentro con Jack el Destripador no había sucedido (y que Madame Red aún respiraba) era el abrigo largo color marrón que Grell usaba al no haber nunca robado el abrigo rojo del cuerpo inerte de su tía.

-Es de pésimo gusto comenzar una discusión en la casa de otras personas – escuchó finalmente que decía su voz –. Shinigamis Grell Sutclift y William Spears, expliquen de una vez qué tanto saben al respecto y por qué es que están ustedes aquí.

Desde antes de abrir la boca había sentido que los demás lo observaban, pero él era un Phantomhive y como tal no iba a permitir que en una reunión pública se le viera dar muestras de debilidad. Sumándose a los empleados, el escritor y el detective, ahora también los dos shinigamis tenían fija su atención en él.

-Vaya – declaró Grell con cierto tono amargo – así que el niño quiere ir directamente a los negocios.

-Algo deberías de aprenderle entonces – declaró William sorprendiendo así a propios y extraños – y ya que a decir verdad deseo terminar con todo esto lo más rápido posible para así poder alejarme de esta sanguijuela – sus ojos se fijaron en Sebastian, lo que le ganó miradas hostiles por parte de los sirvientes – sugiero que continuemos con la lectura a partir del capítulo 51.

Pero aunque tenía la evidente intención de tomar el manga y comenzar él mismo a leer, Sebastian tomó el libro antes que él ganándose una expresión exasperada de su parte.

-Si se me permite sugerirlo – aunque la mirada en los ojos de Sebastian dejaba en claro que en realidad sus palabras no eran una sugerencia – tal vez las debidas presentaciones y una breve charla podrían ser beneficiosas antes de comenzar la lectura del día de hoy.

-Tal y cómo lo dice Sebastian – sentenció el Conde – así que Grell Sutclift, William Spears: tomen asiento, pónganse cómodos y sean bienvenidos a la Mansión Phantomhive.

La charla "breve" entre shinigamis, demonio y humanos se prolongó exactamente lo justo para que al terminar de hablar llegara la hora del almuerzo, más sin en cambio de toda la conversación Arthur pudo realizar sólo las siguientes anotaciones:

1) Grell y William estaban haciendo sus respectivos deberes cuando de pronto se encontraron los dos encerrados en el departamento de William.

2) Lo mismo que en la mansión Phantomhive una nota les dijo que estarían confinados hasta que terminaran de leer todos los mangas y, pese a que en un principio pensaron que sería algo rápido (porque sólo había 3 libros con ellos) cada vez que terminaban uno, un libro más aparecía.

3) Cuando terminaron de leer sobre la confección de ropa del Conde una nota apareció informándoles que en breve podrían abrir la puerta y así llegarían a la Mansión Phantomhive, donde hasta el final tendrían que continuar la lectura con el Conde Phantomhive, sus sirvientes y algunos invitados más.

4) A los shinigamis no se les había dicho nada sobre por qué debían leer más allá de lo que ya se les había dicho al Conde y los demás.

-Podemos decir entonces – concluyó el Conde analizando las notas de Arthur – que no tenemos la certeza de que estos shinigamis sean los últimos "invitados" a los que recibiremos.

-En lo personal no estaría tan seguro de eso Conde – replicó Abberline – después de todo estamos por terminar el décimo primer libro y sólo son 13, así que…

-Supongo que entonces no falta mucho de la lectura – murmuró el niño, aunque Sebastian podía leer en su expresión que no estaba convencido de sus propias palabras.

Y contra lo que pudiese esperarse, un ceño fruncido sumamente similar podía encontrarse en el rostro de William Spears.

-Bueno, como Will dijo tal vez sea la hora de continuar leyendo – sugirió Grell con voz estridente.

-Entonces si puede hacernos el favor de empezar usted, señor Grell realmente lo apreciaríamos – respondió Sebastian con su sonrisa educada.

-¡Ohhhh! Sebas-chan, lo que sea por ti… aunque "señor" no es la palabra correcta para hablarle a una dama como yo – replicó mandándole al mayordomo un sin fin de besos que le causaron muy evidente disgusto.

Capítulo 51 – leyó Grell con su voz estridente – Ese mayordomo, Zarpa.

-¿Oyeron? ¿Zarpa? Mi Sebas-chan viajará en un barco ¡quién lo sabe! ¡Tal vez en un romántico crucero en el que yo pueda darle alcance!… ay ¡Will! ¿Por qué hiciste eso? – chilló Grell acariciando el cuero cabelludo adolorido después de que su supervisor le hubiese tirado del cabello.

-¡Sólo deja de divagar y concéntrate en la lectura! – lo regañó William con tono seco.

Los sirvientes por su parte intercambiaron miradas entre ellos porque si así iba a ser la lectura de ahora en adelante iban a tener serias dificultades para avanzar en los capítulos.

El capítulo comenzó con Woodley siendo asesinado por Charles Grey mientras el otro Charles y el caballerizo de la reina controlaban el carruaje que los alejaba de la mansión.

-Y ese fue el final del señor Woodley – canturreó Grell.

-¡Sutclift!

-Ok ¡lo siento!

En tanto en la mansión Sebastian les informaba a los sirvientes que habría una adhesión al personal. Sobra decirlo, cuando las serpientes entraron esa no fue la mejor primera impresión de Snake (quien por cierto ahora vestía con un atuendo bastante similar al de Sebastian).

-Yo… Yo soy Snake y es un placer conocerlos… dice Oscar.

-¿Entonces es Oscar? – preguntó Finny confundido.

En la habitación la mayoría no pudieron contener pequeñas risitas que además fueron coreadas por los siseos divertidos de las serpientes.

-¡No! – Corrigió el chico – ¡Este es Snake y yo soy Oscar!... dice Oscar. Aquella es Emily – señaló a la que miraba a Mey-Rin, a su lado está Bronte – quien tenía aterrorizado a Bard – y por allá está Wordsworth – señaló ahora a la que se enroscaba en Finny, quien con una sonrisa le decía que era un gusto conocerla.

Antes de que pudiese continuar presentando al resto de las serpientes Sebastian informó que Snake sería el nuevo mensajero de la mansión.

-Pero si siempre habla en nombre de sus serpientes a la gente le va a resultar sumamente confuso y eso lo hará un pésimo mensajero porque la gente no va a entender si el que manda el recado es el niño, mi Sebas-chan o la serpiente María – comentó Grell de forma irreflexiva, aunque cuando iba a decir algo más quedó mudo de sorpresa al tener el manga arrebatado de sus manos por Spears.

-Will…

-Si está es la mejor lectura que puedes hacer mejor deberías cerrar la boca – regañó este con rudeza.

-De todos modos – el Conde miró al (ahora cabizbajo) Snake – no tienes una serpiente llamada María ¿o sí?

-Por supuesto que no… dice Bronte. Aunque no es un mal nombre… dice Keats.

-Perfecto. Ah, y por cierto Grell Sutclift – la forma en que miraba al shinigami pelirrojo no presagiaba nada bueno – a quién contrato en mi mansión y para qué puesto es asunto mío, así que evita hacer esa clase de comentarios en el futuro si no quieres que la lectura se vea suspendida continuamente.

-No volverá a decir nada sobre tus empleados – intervino William – me aseguraré de eso así que por ahora mejor debemos concentrarnos en avanzar en la lectura.

Snake por su parte no sabía que decir, pues estaba sorprendido de que alguien acudiera en su defensa.

-¡Oye Sebastian! – intentaba Bard hablar discretamente con el mayordomo mientras Finny y Mey-Rin se sorprendían de la habilidad de Snake para pelar papas – ¿de verdad estás contratando a un tipo sombrío como este?

-Lo siento – se disculpó Bard con Snake también tomándolo por sorpresa.

-Eh… no… no hay nada que disculpar… dice Webster.

Y dicen que yo soy la que no deja avanzar la lectura – pensó Grell haciendo un puchero.

-No importa quién es él – respondió el mayordomo –, si el Joven Amo ha tomado una decisión yo me limitaré a obedecer, además ¿no podría decir lo mismo de ti? No me importa quien sea. Sin embargo, si él le muestra sus dientes a nuestro Amo entonces… - la cabeza decapitada del pescado expresó la idea mejor que las palabras.

Un escalofrío recorrió la columna de Snake, aunque por otro lado en realidad no creía que su yo futuro tuviera algún interés en "mostrarle los colmillos" a Smile.

En tanto, durante el desayuno el Conde leía en el periódico un artículo sobre muertos que volvían a la vida en el hospital Karnstein.

-¿Muertos volviendo a la vida? – chillaron casi todos en la habitación.

-Pero… es que eso es completamente imposible – tajó Abberline con los labios temblorosos.

-Por supuesto que es imposible – declaró William – imposible y que se diga lo contrario es una total falta de respeto a la Asociación del Despacho Shinigami – como si una lámpara se encendiera en su mente sus ojos se fijaron de forma acusadora en Grell.

-Will cariño ¿por qué me miras así? – preguntó el pelirrojo rompiendo a sudar.

-Más te vale que no me entere de que esto también es algo tuyo – le dijo con severidad.

-Yo… - Arthur intervino sumamente nervioso – sé que esto puede parecer un poco fuera de lugar después de todo lo que hemos visto pero ¿no deberíamos tomar esto con calma? Es que a veces los periódicos tienden a exagerar un poco sus notas.

-El Amo Arthur tiene razón – habló Finny – Probablemente la noticia sea exagerada, y en realidad no ocurrió un milagro de ningún tipo.

-O puede que haya algo más ahí – murmuró el Conde pensativo.

-¿Eh? ¿Joven Amo?

-Si tengo razón en lo que pienso se los explicaré más tarde – comentó el niño – por ahora sigamos con la lectura.

En ese momento Lau irrumpió en la mansión y resultó que su visita también estaba relacionada con el artículo del periódico, pues el oriental explicó que en el muelle que vigilaba el hospital había estado comprando una cantidad inusual de esclavos, lo que daba pie a pensar que sus supuestos milagros podían en realidad ser fruto de la experimentación ilegal.

-Si eso es verdad entonces es una interferencia en la sociedad regular por un poder subterráneo – concedió el Conde ordenando a Sebastian que investigara de inmediato.

-Entonces todo parece apuntar a que esta investigación realmente va a girar alrededor de muertos que reviven misteriosamente – murmuró Abberline.

-En realidad eso tiene sentido – dijo el Conde – después de todo – sus ojos se fijaron en los shinigamis – eso es lo único que explicaría su presencia aquí.

-Porque muertos reviviendo es un asunto de investigación shinigami – concedió William.

Minutos después Elizabeth llegó a la Mansión para invitar a su prometido el 17 de abril a un viaje de 3 semanas a bordo de un crucero (El Campania en su viaje inaugural con destino de Nueva York) en compañía de la familia Midford. Aunque el Conde rechazó el viaje diciendo que no podía tomarse tanto tiempo accedió a acompañarlos en un viaje si es que alguna vez iban a un viaje más corto, y eso hizo que la niña sonriera felizmente… dejando también al Conde con una sonrisa después de la despedida.

-¿A qué le estás sonriendo? – se burló entonces Sebastian entrando por la ventana y tomando al chico por sorpresa.

Ok, con Sebas-chan vistiendo una bata de médico y esas gafas sensuales Grell sentía que sangraba por la nariz y estaba a punto de gritar de emoción cuando una mirada bastante dura de Will le recordó que debía guardar silencio.

Aquí entre nos, Grell no era la única pelirroja en la habitación que pensaba que un "doctor Sebastian" era un sueño vuelto realidad.

-Sobre el ya mencionado hospital Karnstein – comenzó a rendir su informe el demonio – parece que los doctores de rango superior, incluyendo al director Ryan Stoker, han abierto una asociación llamada la "Sociedad de la Aurora". El verdadero rostro de la Sociedad de la Aurora es que es una sociedad secreta que consiste únicamente en doctores, quienes poseen "la salvación completa de la humanidad a través de la medicina" como su lema. Ha sido conformado que los miembros conducen experimentos ilegales con humanos diariamente dentro del hospital. De acuerdo a una enfermera, la sociedad de la aurora tiene presentaciones de los resultados de sus experimentos con regularidad y recoge donaciones de los nobles. Por otra parte no había señales de los esclavos dentro del hospital y no había nada perteneciente a experimentos humanos o resurrección de los muertos.

-¿Cuándo es su próxima reunión? – preguntó el niño después de unas pocas palabras más intercambiadas.

-Está planificada para ser en un barco de pasajeros partiendo desde el puerto de Southampton el 17 de Abril.

-Oh ¿por qué presiento que vas a terminar acompañando a tu prometida al crucero de cualquier forma? – sugirió Grell con malicia… y ahora para su sorpresa Will no le hizo ninguna señal para que se callara.

Y efectivamente en la siguiente página se podía ver como los sirvientes miraban en Campania maravillados mientras Finny comentaba que era genial que también Snake pudiera acompañar al Joven Amo en el viaje.

-Eso es debido a que es parte del trabajo de un mensajero el acompañar a su amo en sus salidas – explicaba Sebastian mientras el peliblanco miraba con nostalgia la caja en la que sus serpientes eran subidas a bordo.

Una despedida encomendando los sirvientes cumplir cabalmente sus deberes y entonces amo, mayordomo y mensajero abordaron el Campania.

Mientras los empleados Phantomhive gritaban sus despedidas, un oficial anunciaba que el barco estaba a punto de zarpar por lo que los pasajeros debían ya de terminar de abordar.

-¡Hey! – Le preguntó alguien a Mey-Rin – ¿Sabes en dónde está la entrada para la segunda clase?

-Probablemente es por ahí – apuntó la sirvienta, pero en cuanto se volvió a ver a la persona con la que hablaba la cara de la mujer se puso roja de vergüenza.

-¡Gracias! Te invitaré algo de té después ¿cuál es tu número de habitación?

-¡Pero qué tipo tan atrevido! – se quejó Bard deseando poder ver de ese desconocido algo más que ese pedazo de su sombrero.

-¡Qué va! Me encanta ese tipo de hombres que saben lo que quieren… claro, siempre y cuando sean atractivos – comentó Grell ganándose una mirada exasperada de William.

-Eh… - se puso nerviosa la chica – n…no, yo sólo estoy viendo a alguien irse…

-Oh chica ¡así va a pensar que no estás interesada! – la regañó Grell hablándole a la otra pelirroja como si fueran conocidas de toda la vida.

-¡Vamos a estar subiendo el puente en breve! – anunció el oficial de antes.

-¡Diablos! ¡Sí! ¡Sí! ¡Estoy embarcando! – clamó el desconocido - ¡Si regreso en una pieza te invitaré de nuevo! – le gritó a Mey-Rin como despedida tomando su maleta -¡Nos vemos!

-¿Eh? – se quedó sorprendida Mey-Rin con la cara colorada.

Fui exitosa por primera vez en mi vida – pensaba Mey-Rin sin perder su sonrojo.

Y la Mey-Rin de la sala de lectura sólo quería ocultarse debajo de la mesa para que nadie la viera.

-¿Qué sucede con ese mujeriego? – se quejaba Bard con mala cara.

-Pero aquellos eran unos interesantes anteojos – añadió Finny mientras la imagen enfocaba las palabras del desconocido sobre meterse en problemas si se retrasaba.

Pero William también pensaba en esa persona porque de hecho "coqueto, con anteojos, corbata, calzado blanco y guantes negros" era una descripción que encajaba perfectamente con la descripción de alguien que él conocía bien.

Así las siguientes imágenes enfocaron al barco zarpando, los sirvientes despidiendo con gritos de júbilo a su amo y sus compañeros… y quitándose el sombrero y aliviado de embarcar a tiempo, Ronald Knox sonriendo con su llamativo cabello de dos colores siendo jugado por el viento.

-¡¿QUÉ?! ¿UN SHINIGAMI? – gritaron casi todos (los humanos) estupefactos.

-Más específicamente el shinigami Ronald Knox – aclaró William acomodándose los lentes.

-No pareces muy sorprendido – le dijo el Conde.

-Por lo que se vio de su comportamiento y vestimenta en las páginas anteriores me pareció que se trataba de él – explicó el administrador – aunque tampoco podía estar completamente seguro.

-Pero entonces – la voz de Abberline tembló al recordar lo que sucedió cuando el shinigami sentado frente a él se había unido al circo – si un shinigami está abordando ese barco entonces eso quiere decir que mucha gente a bordo de ese barco morirá ¿no?

-¿Qué? – Arthur (a quien nadie había recordado explicarle lo que eran los shinigamis) gritó horrorizado.

-Muy probablemente así sea – concedió Will ignorando el grito del humano – aunque ya que la llamada "Sociedad de la Aurora" se está reuniendo a bordo de ese barco existe una alta probabilidad de que la presencia de Knox tenga un doble propósito orientado tanto a la recolección como a la investigación.

-Oh ¡eso es lo de menos! – Dijo Grell enfocando su atención en Mey-Rin – oh chiquilla, si lo que quieres es aprender a divertirte entonces sin duda es Ronny perfecto para ti… sólo, no pienses que es algo serio ¿sí?

-¿Qué? ¡No! Yo no…

-Ya te había advertido Grell Sutclift que dejaras de molestar a mis empleados.

-Oh niño, es una simple broma ligera. No estoy haciéndole daño a nadie ¿o sí?

-Como sea – interrumpió Will – ¿quién va a leer el siguiente capítulo?

-Estoy seguro de que al señor conocedor de las palabras le gustará hacerlo – respondió el Conde – aunque se ve que éste es el último capítulo de este tomo.

-Bien – tomó Arthur el libro entre sus manos – si me permiten…

En una portada con la imagen de Snake rodeado de sus serpientes podía leerse "ellos juntos son un solo mensajero". "Capítulo 52: Ese mayordomo, Navegando."

"El escenario es un hermoso buque de pasajeros" decía la imagen que mostraba al imponente crucero navegando en la relativa calma del océano, aunque de inmediato se enfocaba la atención en una Elizabeth que lloraba de felicidad al encontrarse con su prometido, quien dijo que había querido sorprenderla.

En ese momento a la cubierta de los pasajeros de 1ra clase llegaron tres personas más, siendo la que iba al frente no otra que la mismísima Frances Midford.

-¡Elizabeth! – La regañó su madre – ¡Por favor no demuestres tal comportamiento indecente en público!

-Es cierto Lizzy – intervino Edward (el hijo mayor de la familia) – y además – señaló acusadoramente al Conde – ¡Yo aún no te reconozco como mi cuñado así que aléjate de ella de inmediato!

-Pero si fue ella la que se abalanzó sobre él… dice Dante – suspiró Snake.

-Eso no importa – dijo el niño con resignación – Edward es sumamente protector con su hermanita.

Mientras Elizabeth intentaba lidiar con su hermano, el Marqués Alexis León Midford se acercó al Conde mirándolo de una manera muy severa.

-M…Marqués Midford – saludó el chico nervioso – yo no lo he visto en mucho tiempo. Um…

Los sirvientes contemplaron la imagen pensando horrorizados que si la marquesa era una mujer tan estricta el marqués debía de ser un hombre mil veces peor…

Y entonces Arthur cambió la página.

-¡Largo tiempo sin vernos futuro hijo! – Decía mientras abrazaba al Conde con fuerza – estás tan lindo como siempre…

-¡Querido! – se irritó la Marquesa Frances.

-¡Padre no es justo! – Protestó Elizabeth – yo también quiero abrazarlo…

-¡Ya deténganse ustedes dos! – se quejaba Edward al fondo.

Unos segundos para procesar el choque inicial… pero por más que lo intentaron (y que sus vidas les importaban) a los criados, las serpientes, e inclusive Abberline y Grell les resultó imposible contener las carcajadas de ver el comportamiento tan contrastante de la familia Midford.

-Bueno – se atrevió a decir Bart entre carcajadas – por lo menos se nota que ese chico Edward ha heredado la fuerza de carácter de su madre.

-Sí – concordó Finny – y por lo visto la señorita Elizabeth más bien tiene el buen carácter de su padre.

-Por lo menos no son una familia aburrida… dice Keats.

-¿Podemos dejar estas tonterías y continuar con la lectura? – presionó Will a quien sinceramente la vida amorosa del Conde Phantomhive lo tenía sin cuidado.

-¿Entonces estarás con nosotros por tres semanas completas? – le preguntaban al Conde en el comedor, donde Snake y Sebastian se encontraban parados detrás de la silla de su amo… eso sí, ambos con un estricto peinado hacia atrás producto de la intervención de la marquesa Midford.

-¡Nosotros nunca antes hemos estado juntos por tanto tiempo! – Festejaba Lizzy – acompáñame a la velada de la tarde ¿está bien Ciel?

-Está bien, está bien – aceptó el niño… lo que por cierto hizo enfurecer a su primo quien era el acompañante designado.

Y aunque en un principio la idea de tomarse un descanso no parecía molestar al Conde, cuando 3 días después Elizabeth lo arrastraba por el salón de primera clase comentando sobre la lindura del pastel, el chico se encontraba ya fastidiado de que los nobles se la pasaran reuniéndose para hablar de banalidades y tonterías.

-Pura pérdida de tiempo – se quejó William, coreando sin saberlo los exactos pensamientos del Conde.

Aunque puede que al Conde no le quedara mucho tiempo para aburrirse, ya que según Sebastian la reunión se llevaría a cabo esa misma noche.

-Al parecer la señal para la abertura de la reunión de la "Sociedad de la Aurora" es un camarero caminando alrededor del salón llevando copas vacías – instruyó Sebastian –. El asistente toma una y va al lugar de la reunión.

Dentro de sí Abberline se quejó ¿por qué no podían los malhechores tener sistemas de seguridad más simples y fáciles de evadir de vez en cuando?

Pero mientras amo y mayordomo acordaban los últimos detalles Snake se distraía al escuchar que a su alrededor algunas personas susurraban sobre la apariencia extraña de su piel.

Con los puños apretados el de pelo blanco bajaba la mirada… y entonces los zapatos del Conde entraron en su rango de visión.

-¿No estás acostumbrado a las multitudes? – le preguntó con suavidad.

-Yo luzco diferente de todos los demás – explicó – y ya que estoy contigo las personas se reirán de ti también… dice Dan.

-¿Y eso qué?

No sólo el del manga, sino que también el Snake que estaba en el salón de lectura levantó la cabeza para poder enfocar el rostro resuelto del joven y brillante Conde.

-Tú eres otra persona, así que por supuesto luces diferente pero ¿qué es lo que necesitas para estar avergonzado? Además – añadió tomando un bocado del plato como si no hubiese dicho nada importante – yo soy libre de estar con quien yo quiera y nadie tiene el derecho de decir nada al respecto.

-Joven Amo… - los criados miraban al joven Conde con la admiración y el orgullo escritos en sus caras e incluso Grell le dirigió una mirada contemplativa por algunos segundos antes de desviar su atención hacia William Spears.

-Eso es correcto – intervino Sebastian tomando el hombro del chico – en este momento tú eres el mensajero de una distinguida familia noble, así que enderézate y ten un poco de confianza.

-Así se dice señor Sebastian – felicitó Finny.

Justo en ese momento el camarero con las copas vacías hizo su entrada, por lo que amo y mayordomo se dirigieron hacia el hombre dejando a Snake con la instrucción de limpiar el plato… el cual por cierto fue del total agrado del nuevo mensajero.