La Niña Maldita
o El destino de aquellos que sufren el pasado.
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling
Capítulo XVIII
22 de diciembre de 2021. Tarde.
Albus recorrió en vano los pasillos del colegio, las salas comunes de las casas e incluso gran parte de los jardines exteriores en busca de su amigo Scorpius. Su duelo había ocurrido esa mañana y, desde entonces, no había tenido señales de él.
No fue hasta encontrar a su padre, cuando con certeza algo sobre el muchacho con certeza.
—Debes darle su tiempo, Potter —explicó Draco Malfoy—. A mi también me cuesta hablar con él a veces y tampoco me extraña, a su edad, yo era igual. Y no había vivido nada parecido.
Scorpius había perdido a su madre días antes del comienzo de clases. Aunque su luto había tenido sus altas y bajas, Albus pensaba que lentamente había empezado a sanar. Ahora se daba cuenta de que no sabía como se sentía, pues nunca había perdido a nadie tan cercano.
Regresó al Club de Duelo cabizbajo, no portaba el humor ni las ganas para enfrentarse a nadie y, para su desgracia, estaba obligado a hacerlo.
—Bienvenidos, bienvenidos —exclamó la directora ante una sala mucho más concurrida que la de esa mañana—. Veo que muchos se han interesado en esta actividad y me alegra. ¡Es una de mis favoritas!
» El Club de Duelos les enseña a los estudiantes mecanismos de defensa para poder enfrentarse al peligroso mundo que nos rodea. Si bien ahora es gobernado por la paz, no se puede confiar en que todos la respeten.
» Hoy, para que prueben de primera mano lo que sus hijos han aprendido, tendremos duelos de dos contra dos, con grupos compuestos por padres e hijos. Por ser el campeón de este año, le pido a Albus Potter que pase al frente y de comienzo al torneo.
Albus avanzó con desidia hacia la arena y se colocó en el centro del lado izquierdo, esperando a que la directora anunciara contra quien se enfrentaría.
—La primera pareja en enfrentar a nuestro campeón, será compuesta por Marcus Parkinson y su madre, Pansy Parkinson.
El joven observó a su compañero de casa llegar a la arena con su madre. Albus estaba dispuesto a comenzar el torneo, pero luego planeaba marcharse sin dar muchas explicaciones, su mente solo pensaba en Scorpius y Delphini en esos momentos.
«Supongo que mamá peleará a mi lado» pensó, al darse cuenta que aún no tenía pareja.
Sintió una mano posarse en su hombro algunos segundos después. El tacto era pesado y carente de delicadeza, supo entonces que no se trataba de ella.
—Albus Potter peleará junto a su padre, Harry Potter —exclamó la directora McGonagall—. Duelistas, cuando gusten…
—Papá…
—Me dijeron que habías ganado el Club de Duelo nuevamente —comentó Harry, mientras tomaba su varita del abrigo ocre—. Lamento no haber estado estos días, pero no iba a perderme este evento por nada del mundo.
Albus desvió la mirada y sonrió para sí. No iba a admitirlo frente a su padre, ni tampoco en medio de un evento escolar tan concurrido, pero estaba emocionado de que estuviera allí.
Dieron varios pasos hacia adelante, quedando cara a cara con sus rivales.
—Ha pasado algo de tiempo, Potter —expresó Pansy.
—Siempre es un placer —replicó el mago.
Albus sabía de la rivalidad que había existido siempre entre ellos, pero notó de inmediato que Marcus desconocía por completo el pasado de su madre. Su confusa expresión lo delataba.
Se voltearon de inmediato y caminaron la distancia prudente para el comienzo del duelo. Izaron sus varitas, giraron nuevamente y, anticipándose a los movimientos rivales, Harry Potter efectuó un protego sumamente eficiente contra los encantamientos enemigos.
Su padre blandía la varita como una extensión de su propio brazo, de una forma tan pura y elegante, que hacía olvidar que alguna vez había sido criado como muggle. Ese conocimiento había sido trasmitido a Albus durante años, pero el joven dudaba que alguna vez pudiera ser tan buen hechicero como el gran Harry Potter.
De todas formas, Albus intentaba ponerse a la altura.
Esquivó un rictusempra proveniente de la varita de Marcus Parkinson y procuró activar uno de los mecanismos de la arena. El piso frente a su rival se abrió y de este surgió un chorro de agua, que fue esquivado por Marcus con la agilidad que también demostraba en el campo de quidditch.
Albus se había enfocado en Marcus y Harry en Pansy, más que por la similitud en las edades, parecía que los mayores tenían una particular rivalidad.
Harry conjuraba con precisión y denotando sus habilidades de auror, blandiendo la varita con escasos movimientos y sin mencionar palabra alguna para que las estelas mágicas arremetieran contra su rival.
Pansy no se quedaba atrás, retrocedía de ser necesario, se defendía todo lo que podía y atacaba cuando el momento era propicio. Eso la llevó a asestar un golpe y dejar a su padre fuera de ese round.
En los combates dobles, si uno de los dos magos recibía un impacto directo, debía permanecer quieto y no atacar hasta la ronda siguiente; o, como en este caso, hasta que el combate acabe. Albus se encontraba solo contra madre e hijo.
«¿Qué haría Lysander en esta situación?» se preguntó.
Habían entrenado semanas enteras en toda clase de situaciones hipotéticas, replicando las adversidades a las que Albus podría verse sometido en su lucha contra MAE.
—Respira y no desvíes la mirada de tus oponentes, Albus —comentó la voz de su padre a las espaldas del muchacho—. Esto no es de vida o muerte, pero si lo fuera, sé que no caerías tan fácilmente.
Albus activó un mecanismo de defensa en su lado de la arena, dejando una pared que bloqueaba la visión de los rivales sobre él. Aprovechó esos segundos de paz para inhalar y exhalar con tranquilidad, despejando su mente y haciendo que su magia recorriera cada parte del cuerpo.
Lysander le había contado sobre las diferentes culturas y como veían a la magia como energía que recorre el organismo, como la sangre lo hace por las venas. Chacra, ki… distintas acepciones para una misma idea.
La pared se deslizó nuevamente hacia abajo y Albus quedó expuesto a los ataques de la familia Parkinson, pero estaba preparado para todo lo que pudieran lanzarle.
—¡Protego! —exclamó, aunque aún no había perfeccionado su magia no verbal, sus hechizos de defensa no tenían nada que envidiarles a aquellos conjurados por magos poderosos.
Los ataques enemigos impactaron contra el escudo celestino y se dispersaron por la sala. Albus aprovechó el vaho y los destellos luminosos para adoptar una posición más cómoda y segura, sobre el lado de la arena que Marcus usaba.
El joven Parkinson lo había perdido de vista y Albus lo sabía, por lo que derribarlo fue en extremo sencillo. La señora Parkinson sería más difícil, si bien su profesión no la había llevado a destacar como hechicera, dejar fuera de combate a su padre requería habilidad.
El combate se desarrolló con idas y vueltas, Albus atacaba y defendía, tanto con magia como con los mecanismos de la arena. Pansy, por otro lado, solo utilizaba magia, pues esta nueva arena suponía algo desconocido para ella.
En los comienzos del Club de Duelo, la arena implicaba un pasillo estrecho y las reglas eran casi nulas. Con el paso de los años, los duelos se habían convertido en un deporte tan popular como el Quidditch dentro del colegio, por lo que las normas y la arena habían evolucionado en respuesta.
Albus utilizó el conocimiento del terreno de juego como ventaja, activando varios de los mecanismos para desconcertar a su rival y, finalmente, proclamar su victoria con un encantamiento de empuje que le ocasionó a Pansy Parkinson una estrepitosa caída de espaldas.
Los aplausos se hicieron oír en la sala y el estudiante sintió la mano de su padre posarse en su hombro. Al verlo, sonreía con una mirada orgullosa que varias veces había visto, pero que Albus esperaba con ansias cada vez que una situación la ameritaba.
Supo en ese instante, que sería uno de los recuerdos más preciados con su padre. Una calma antes de la tormenta que aún no había hecho sonar su primer trueno.
23 de diciembre de 2021. Madrugada.
Habían cenado con normalidad y Albus había preferido acostarse temprano esa noche, dejando a Delphini en compañía de su familia e intentando coincidir con su amigo en el dormitorio de Slytherin.
Debido a la presencia de las familias en el colegio, los profesores habían creado habitaciones mágicas provisorias para que la convivencia fuera amena. La mayoría de los estudiantes había optado por dormir junto a sus padres y primos, dejando las salas comunes completamente vacías.
Por supuesto, Albus no dormiría allí esa noche si estaba solo. Había llegado en busca de Scorpius, pero se daba cuenta de que había sido en vano.
Salió de la sala común en silencio y se adentró en las mazmorras del castillo, emprendiendo una desanimada caminata, por uno de los pasillos más tétricos de todo el colegio.
Llegó al pie de las escaleras y subió sin pensar, impactando contra un adulto que se adentraba en las mazmorras. Iba a ofrecer una disculpa y seguir con su camino, pero gracias a la vestimenta y el cabello desordenado, supo de inmediato que se trataba de su padre.
—Lo siento, este pasillo siempre está oscuro.
Harry sonrió y sacudió los cabellos de su hijo antes de volver a hablar.
—Tenemos que hablar.
—¿Sobre lo que estuviste haciendo estos últimos días? —inquirió Albus, no con ánimos de reproche, sino intentando esclarecer los misterios que rodeaban a los magos tenebrosos que los acechaban.
—Si, es sobre eso —afirmó, Albus supo que hablarían con la verdad—, pero no podemos hacerlo aquí. Las paredes del castillo son seguras ante peligros externos, pero los oídos de los magos son agudos y muchos podrían verse afectados por la historia que vas a oír…
Dejaron atrás la penumbra y marcharon nuevamente por los iluminados corredores de Hogwarts. Albus seguía a su padre en silencio y sin cuestionar hacía donde se dirigían, aunque se preguntaba qué lugar sería ideal para una charla como la que tendrían.
Pronto salieron del castillo y se adentraron en los jardines, dejando atrás rápidamente las estatuas y fuentes, y emprendiendo camino hacia la cabaña del guardabosques.
—Hagrid no se encuentra aquí esta noche —comentó su padre, mientras empujaba la robusta puerta—, le he encomendado una misión que se negó a postergar. Hablaremos aquí.
—¿Es seguro este lugar? —cuestionó el joven—. Es cierto que está apartado y la noche no invita a pasear por los bosques, pero ya te espiaron una vez aquí.
Harry sonrió ante el recuerdo de su primer año en el colegio y procedió a sentarse en la pequeña silla que se encontraba al lado del fuego.
—Malfoy está con su hijo esta noche —dijo finalmente—, no creo que tenga interés en aparecerse e intentar que nos castiguen. En cualquier caso, Fang nos avisará si alguien nos escucha. ¿No es cierto?
Albus dirigió su mirada al enorme perro que custodiaba la entrada. Si bien en el pasado subo ser un imponente perro jabalinero, ahora no era más que un saco viejo de piel colgante y huesos débiles, que apenas había demostrado interés por su presencia en la cabaña de su dueño.
—No podemos perder tiempo y tampoco repetiré la historia, así que presta atención. —El tono de su padre se había tornado diferente a lo que acostumbraba, incluso la insistencia era innecesaria, pues sabía perfectamente lo importante que este caso era para Albus—. Como sabes, en el verano hubo tres casos de magia espontanea que llamaron de inmediato mi atención. Dos de ellos ocurrieron a las afueras de Londres y el otro, en un distrito cercano a Liverpool.
» En ese momento, mi mente solo podía pensar en MAE y su posible implicancia en los acontecimientos, pero mi investigación no pudo relacionarlos. Gracias a ti y al libro que encontraste en la sala de menesteres, he podido corroborar que nuestra hipótesis tiene más verdades que suposiciones.
—¿De verdad? —preguntó Albus con ansias—. ¿Qué has averiguado?
—Tuve que usar mis influencias, por las fechas, sobre todo, pero pude hacer que sometieran a los niños de los incidentes a pruebas de retención mágica —exclamó—. Cuando nace un mago en un linaje muggle, es de suma importancia que se corrobore que el niño en verdad posee magia, antes de revelar nuestro mundo.
» Tu tía Hermione fue sometida a esa prueba meses antes de recibir su carta. De haber dado un resultado negativo, ella y sus padres habrían sido desmemoriados. Este procedimiento se realiza desde hace algunos siglos y es una medida de precaución que se ve amparada por el Estatuto Internacional del Secreto.
» Los magos poseen un poder que los muggles no lograron comprender en el pasado y por eso los persiguieron, pero un gran poder, conlleva una gran responsabilidad. El mundo mágico debe permanecer en secreto no solo para proteger a los magos de los muggles, sino a ellos de nosotros; tú sabes bien que el objetivo de muchos magos tenebrosos es la exterminación de los muggles.
—Entonces, ¿protegemos a los muggles al ocultarnos? —preguntó Albus.
Harry asintió. Acercó su mano a la ardiente caldera que colgaba sobre el fuego y procedió a servir dos tazas de té de manzanilla.
—Ahora es diferente —afirmó el mago—, los muggles han desarrollado tecnología y armas que pueden protegerlos de los magos tenebrosos, pero en el pasado no era así. Los magos siempre sufrieron represiones por el miedo que despertaban en los muggles, quienes preferían marginarlos o matarlos antes de intentar comprender su poder.
» El Estatuto del Secreto se creó con la finalidad de proteger a las comunidades mágicas y evitar posibles conflictos, pero también llevó a que los magos se sintieran menos que los muggles. ¿Por qué deberíamos ocultarnos si somos poderosos? Ese es un pensamiento que aún está establecido en nuestra sociedad y muchos apoyan hasta la más loca de las causas tenebrosas.
—¿Por qué me hablas de esto? —cuestionó Albus—. Entiendo la relación entre la prueba mágica y el secreto de nuestro mundo, pero nos compete otro tema.
—Sé que quizás mi comentario inicial fue un poco extremo, quizás tenemos algo de tiempo para divagar sobre cuestiones filosóficas —reconoció Harry—. Te hablo de esto, porque es muy probable que MAE busque la extinción de los muggles.
Un incómodo y denso silencio se apoderó de la cabaña, era claro que Albus no esperaba una respuesta tan devastadora, y que Harry Potter detestaba verse involucrado nuevamente en esta clase de problemas.
—¿Cómo has llegado a esa conclusión?
—Gracias a ti —afirmó—, y a Delphini, por supuesto. El libro que encontraste, la casa de Sirius Black II, los Pájaros Cantores, los casos de magia espontanea y MAE, todo está conectado. Recuerdo la noche que estuve en Nurmengard, el olor era desagradable y la escena que me esperaba, lo era aún más.
» La inscripción no era clara, quizás el hombre la hizo son su último aliento y eso lo llevó a no poder dar una imagen concisa. «Ellos no deben tener su cuerpo, tampoco el de ÉL… La mujer del saco rojo los traerá nuevamente… MAE, MAE…». Luego de leer el texto sobre rituales, esa inscripción volvió a mi con aires nuevos y por primera vez entendí su significado.
» No queda ningún mago que comparta lazos de sangre con Gellert Grindelwald, quizás el hombre murió sin tener aún la certeza de que su resurrección era imposible. Pero, entonces, ¿el cuerpo de qué otro mago buscaba MAE?
—Lord Voldemort.
—Exactamente —confirmó Harry—, en su momento, por supuesto que no sabía sobre los planes de MAE ni conocía la existencia de una antigua secta que buscaba la resurrección de magos. La inscripción de Nurmengard apareció meses antes de los incidentes de magia espontanea o la primera aparición pública de MAE como organización mágica anárquica.
» Cuando conocí a Delphini y supe que compartía sangre con Tom Riddle, pensé que MAE buscaba usarla como un trofeo ante los magos que hubieran seguido al Señor Oscuro. Tener a la hija de Voldemort como aliado, daría la ventaja, aunque fuera simplemente por imagen; ahora entiendo que estaba equivocado.
» Ahora sé que buscan revivir a Voldemort y para hacerlo, necesitan un contenedor que sea compatible con su alma. Un descendiente es una mezcla de dos sangres diferentes, la del padre y la madre, por lo que, aun siendo hija del mago en cuestión, el contenedor no sería del todo eficiente; pero Delphini es diferente.
» Ella no nació de una mujer que fue preñada por Tom Riddle, de haberlo sido, debería tener algunos años más. El tutor de Delphini en Uagadou desconocía los detalles de su concepción, pero creía que fue creada mediante el uso de magia negra arcaica, completamente olvidada por los magos modernos.
» Hace poco volví a hablar sobre este tema a través de correspondencia, cosa que no recomiendo, pero la situación lo ameritaba. Mencioné nuevamente mi interés por el nacimiento de la muchacha y cito su respuesta textualmente: "La magia usada para su creación es desconocida, no hay registro de ella en los textos mesopotámicos ni tampoco en los tratados egipcios. Busqué en las obras rescatadas de bibliotecas incendiadas e incluso en inscripciones previas a la edad media, sin ninguna clase de éxito. Delphini Riddle es producto de algo antiguo, oscuro y olvidado."
Nuevamente, el silencio se apoderó de la habitación, pero Albus no permitió que su boca se estancara.
—Delphini me habló sobre sus padres y su pasado en MAE. Ellos debían saber sobre el ritual que se llevó a cabo y decidieron interponerse al ver los objetivos oscuros de la organización. Si siguieran vivos… quizás encontremos a alguien que sepa algo sobre ese ritual.
—No conocemos a nadie que se haya unido a ellos y sobreviviera cuando se arrepintió —explicó Harry—. Suponiendo que pudiéramos atrapar a un miembro e interrogarle, es poco probable que viviera en la época en que Delphini fue concebida. La mayoría de magos que hemos enfrentado son jóvenes inexpertos que consideran a MAE como algo divino, prefieren morir antes que ser capturados.
» De lo que sí podemos estar seguros, es que usaran a Delphini como contenedor para el alma de Lord Voldemort, para eso fue creada. Pero para conseguirlo, requieren de magia en su estado más puro y es por eso atacaron a esos muggles. Las pruebas que hicieron en los hijos de muggles demostraron que poseen niveles de magia inferiores a los de un joven hechicero, pero que los valores son fluctuantes e inestables, lo que indica que en algún momento tuvieron un poder superior.
—Entonces, ¿les extirparon la magia? —dudó Albus.
—Tal parece que sí, pero no por completo —explicó Harry—. He oído de esto solamente en libros e historias de los aurores más antiguos de la oficina. No he tenido la mala fortuna de toparme con uno, pero escuche que existen encantamientos que drenan la magia de una persona para diferentes fines y, si dejan al mago sin magia, lo matan de la forma más despiadada y dolorosa que existe en nuestro mundo.
Albus no sabía que decir. Había hablado con Lysander sobre la magia y su relación con el cuerpo de los magos, su influencia para volverlos diferentes a los muggles y cómo ella se convertía en un sistema de vida dentro del mismo.
Pensándolo así, que extirpen la magia del mago debe ser igual de doloroso que morir desangrado o incluso más, quizás similar al beso de un dementor.
—En las hojas que encontramos dice que requieren de gran cantidad de magia para revivir al mago en cuestión —recordó Albus—, esto podría probar que los Pájaros Cantores fueron quienes dieron comienzo a MAE y qué su objetivo es la resurrección de un mago tenebroso…
—No es tan sencillo —replicó Harry, mientras bebía de su taza de té—, si bien nosotros estamos seguros de ello, la organización fue cuidadosa y no dejó ninguna pista que los relacionara con estos casos. En cambio, si han sido explícitos a la hora de atacar al ministerio o poner en peligro los gobiernos mágicos de otros países. Creo que, de ser cierta nuestra teoría, es un objetivo que desean enseñar públicamente una vez esté listo.
—Quieren que el mundo mágico vea que hablan enserio cuando Lord Voldemort vuelva al mundo de los vivos.
El mago asintió ante la deducción de su hijo. Su mirada estaba empañada por el vaho que emanaba de la taza, por lo que debió sacarse las gafas y limpiarlas mientras volvía a hablar.
—Sé que eres hábil y que has practicado con Lysander —exclamó, sorprendiendo a su hijo—, pero necesito asegurarme que podrás defenderte cuando un enfrentamiento sea inevitable.
Harry se levantó de la silla y caminó hacia el exterior de la cabaña, Albus tardó unos segundos en comprender qué debía seguirlo.
—¿Cómo supiste que Lysander me entrenaba? —cuestionó el joven, mientras seguía a su padre al interior del bosque.
—Porque Lysander habla mucho con su madre y ella me lo mencionó—afirmó, mientras se adentraban en el páramo que Albus había usado para entrenar con anterioridad—. Luna siempre me quiso enseñar cosas que tardé mucho en querer aprender, me alegro que tu mente sea más abierta que la mía a tu edad.
El auror le indicó que detuviera la marcha y avanzó varios pasos hacia adelante antes de voltearse. Sin que Albus se percatara del sutil movimiento, Harry Potter blandía la varita y la apuntaba a su rival de esa noche.
—Vamos, en guardia —indicó—. Necesito que me demuestres que puedes valerte por ti mismo, porque sé que será inútil pedirte que te apartes de la lucha.
Albus tomó la varita del interior de su abrigo y puso en la mira a su padre. Sabía que se contendría, que no pelearía como el gran Harry Potter solía hacerlo, pero aún así, sería el rival más difícil que enfrentaría en su vida.
Harry fue el primero en atacar, con una floritura elegante y veloz. Una estela rojiza emergió de su varita, leves destellos amarillos y un vaho grisáceo componían el aura del encantamiento, dejando en claro que se trataba del expelliarmus.
Albus dio un paso hacia su derecha y rodó por el suelo para esquivar el hechizo, dudaba que su protego fuera lo suficientemente poderoso como para detener un hechizo tan intenso.
—Buen movimiento —reconoció el auror—. Los magos tenebrosos no temen lastimar a quien se interpone en su camino, mucho menos les preocupa cargar en su conciencia con la vida de un niño. De tratarse de una situación real, probablemente utilicen maldiciones asesinas para acabar con tu vida.
Harry volvió a conjurar. Esta vez, el aura y la estela eran similares, pero la velocidad era superior. Albus adoptó una postura firme, elevó su varita y dibujó un arco de arriba hacia abajo.
—Protego…
El hechizo revotó en el escudo y salió disparado hacia el bosque.
—Las maldiciones suelen ser difíciles de reflejar —explicó Harry—, a diferencia de muchos de los hechizos que enseñan en el colegio, se alimentan de la ira y las emociones más oscuras del corazón de un mago. Debes despejar tu mente de cualquier oscuridad y centrarte únicamente en lo que buscas lograr con el uso de tu magia.
Harry efectuó una nueva floritura con la varita, emergiendo de ella una estela blanquecina. Albus esquivó el hechizo nuevamente, utilizando uno de los arboles como cobertura.
—Si conoces el terreno, tienes una gran ventaja —comentó el mago—, pero no siempre será así. Dicen que el mejor ataque es una buena defensa y no se equivocan, esquivar y utilizar coberturas te permite guardar magia para cuando la posibilidad de atacar sea la indicada.
Albus sonrió al notar que había pensado eso incluso antes que su padre se lo mencionará.
Avanzó entre los árboles, notando como los encantamientos chocaban cruelmente contra los troncos. Dio un paso hacia adelante, mostrándose por el lado izquierdo del tronco, pero antes de que su padre atacara nuevamente, regresó sobre sus pasos y vio una posibilidad para atacar.
Harry sonrió al notar que su hijo era brillante.
—No te contengas.
Albus apretó la varita y miró fijamente a su objetivo. Libró a su mente del miedo y pensó en lo único que había pensado desde que esta situación había llegado a su vida.
«Debo proteger al colegio… a mis amigos y familia… a Delphini.»
—Expelliarmus.
Una estela roja emergió de su varita. Cientos de pequeños destellos y relámpagos la rodeaban, denotando que se trataba de un encantamiento de alto nivel. El encantamiento recorrió rápidamente los metros que separaban a ambos magos e impactó en la varita del mayor, haciendo que saliera disparada hacia Albus.
El joven la tomó antes de que cayera al suelo y observó a su padre con emoción, aunque luego pensó en las consecuencias de sus actos.
—No te preocupes —afirmó Harry—, las varitas son mucho más inteligentes de lo que llegaremos nunca a entender y recuerdan a quien son leales, si el mago en cuestión las ha usado bien. Estoy orgulloso de ti, Albus.
Harry abrazó a su hijo en la oscuridad de la noche, siendo este un acto que rara vez salía espontáneamente de él. El joven mago no pudo evitar llorar de la alegría.
Por mucho tiempo había pensado que su familia no le importaba, que su único deseo en la vida era acabar con causas tenebrosas y trabajar hasta reventar. Ahora entendía que Harry Potter quizás no era el padre que merecía, pero sí el que necesitaba.
Nota de autor: ¡Gracias por leer! Se está poniendo más que interesante la historia y, a pesar de que pretendía que esta fuera una saga más tranquila, nunca podría serlo teniendo en cuenta a las amenazas que se enfrentan.
Capítulo dedicado a Anna LC, ¡gracias por tu comentario en el anterior capítulo!
