Sunrider era una maraña de nervios y Rue apenas podía consigo misma. Si había inferido bien, el arma de la base estaba por utilizarse contra la Resistencia. Debía advertirles. Llevaban doce niveles bajando. En cualquier momento Hux voltearía, la descubriría y ella terminaría abalanzándose contra él. Deseos de golpearlos a todos ahí no le faltaban, pero el oficial a su lado no la delataba. ¿Por qué?

El comunicador en el brazo de Hux repiqueteó. Una grave voz femenina se oyó en el turboascensor.

- Tenemos una alerta de seguridad, general –detrás de él, Rue contuvo el aliento.

- La prisionera de Ren ha escapado, lo sé –soltó con desdén-. Es solo una chica. Ciertamente no necesita más tropas que las que ha desplegado. Las necesitamos bien descansadas ahora.

Si bien solía irritarle, ella debía reconocer la ventaja de ser subestimada por idiotas como aquel.

- Es otra cosa, señor –agregó la metálica voz-. Los sensores han detectado anomalías fuera del recinto. El protocolo de emergencia que ella activó requiere su confirmación para proceder.

Irritación. Expectativa. Miedo. Hux dio un pesado suspiro antes de responder de mala gana.

- Prepara un escuadrón, voy en camino a recibir su reporte –luego de apagar el comunicador, se volteó al oficial-. El deber llama. Transmita mis felicitaciones a su unidad, Sunrider.

El general paró el turboascensor. Él y sus soldados salieron, dejando un cargado silencio tras ellos. Rue y el oficial continuaron bajando. Mirándolo de reojo, vio que éste estaba tan incrédulo como ella.

- ¿Por qué no me delataste? –murmuró finalmente- ¿Qué ganas tú con esto?

Nuevamente, la sensación de duelo la invadió, y tuvo que recordarse que no le pertenecía.

- Nada. Pero Resistencia o no, eres solo una niña. Tengo una de tu edad. Tenía... -se corrigió, con un hilo de voz-. Estaba en Hosnian Prime.

Frunció el ceño. El daño causado en Hosnian era irreparable, pero el arma que ayudó a construír también lo había devastado. Estudió su rostro. Pobre desgraciado. Por momentos deseaba castigarlo por esa masacre, pero intuía que lo que la hizo seguirlo significaba algo más, si se disponía a escuchar.

- Y ahora eres uno de nosotros –dijo, midiendo su reacción-. Otro colateral de la Primera Orden.

...y un posible aliado para huír discretamente, si ambos colaboraban. El oficial apenas podía verla a la cara, la culpa lo hacía ver decente, pese a sus alianzas. Pese a ser un hombre en uniforme...

- Este proyecto fue un error. Toda esa gente atrapada en medio, justo como Mina -se cubrió el rostro en silenciosa desesperación-. Ya no puedo quedarme aquí...

Rue miró instintivamente arriba. Sintió que Maz estaba cerca. Seguramente ella había disparado la alerta de seguridad. Maldijo por lo bajo pensando en el escuadrón que iba a su encuentro. Lo que fuera que su madre tramase para rescatarla, ya no sería discreto. Debía llegar a ella lo antes posible.

- No soy de la Resistencia aún, pero sé que las cosas están por ponerse feas –lo miró fijo, planeando mientras hablaba-. Si lamentas lo que pasó en Hosnian, tú tampoco perteneces aquí. Ellos lo notarán pronto, y correrás peligro. ¿Podrías dispararles si escapamos juntos?

- Yo... -Sunrider se estremeció- supongo...

No disparará, dictaminó. Finn no pudo hacerlo cuando ella le dio un blaster en Takodana. Sunrider parecía menos inclinado aún a tomar riesgos así. Pero era un ingeniero de la Starkiller, maldición. Uno valioso, que comenzaba a ver los horrores de la Primera Orden. No podía dejarlo ahí.

- ¿Qué tan importante eres? –preguntó, cambiando la dirección del turboascensor. Sus manos aún temblaban pero no debía pensar en eso- Si finjo tomarte de rehén ¿intentarán no matarte?

- Depende de quién da la orden... -palideció al responder-. ¿No hay una forma menos violenta?

- ¿Quieres salir de aquí o no? –espetó- No tenemos todo el día, tu arma va a volar otro planeta.

Se contuvo de decirle algo peor. No todos tenían el lujo de elegir qué es violento y qué no. Él asintió con timidez. Será un estorbo, concluyó con una mezcla de lástima e impaciencia. La retrasaría y la distraería, y ambos terminarían muertos. Ya había cometido el error de confiar en un desertor, pero el suave de Sunrider debía dejar la base antes de que la seguridad aumentara. ¿Pero a dónde? Suspiró.

- Corres más peligro conmigo que por tu cuenta –intentó sonar tranquila-. Vendrán a sacarme pronto y lloverán los disparos. Debes tomar una nave antes. Ve al nivel 1326 en Coruscant y busca a Madam Shi en la Taberna del Jizz. Dile que Sun te envía a cubrir el puesto del viejo Jinx. Es un trabajo de técnico, podrás pasar desapercibido ahí.

- ¿En el bajo Coruscant? –susurró, escandalizado- ¿Esa pocilga de criminales?

Rue presionó algo brusco el botón de parada. El turboasensor ya estaba a nivel de los hangares.

- Ya eres uno, encubriéndome ahora –hizo un mohín-. Además, criminal es un término relativo.

Y no tenía tiempo para convencerlo de la forma tradicional. Lo persuadió, como hizo para no tener que matar al stormtrooper de la lavandería. Como hizo para proteger a Nix de Kylo Ren. Se estremeció.

- Dejarás el planeta y te esconderás.

- Dejaré el planeta y me esconderé –repitió él, frunciendo el ceño.

- Irás con Madam Shi –asintió Rue, mirándolo fijo.

- Iré con Madam Shi.

Rue abrió el turboascensor y le dio un empujón, haciéndole señas para que se fuera a los hangares. Un ingeniero con su rango e identificaciones podría pasar el cierre sin problemas. Sabía que Shi lo mantendría a salvo, pero llegar ahí dependería de él. Suspiró al perderlo de vista, y continuó subiendo. Maz estaba afuera, a punto de ser emboscada. Le rogó a la Fuerza para poder llegar antes que ellos.


No sabía qué le ocurría. Jon Sunrider lo sentía en los huesos al caminar, algo más fuerte que él lo hacía dejar la base. Era confuso, pero también un alivio. Sentía el pulso acelerado. Finalmente lo haría... La idea de huír flotaba en su mente desde hacía tiempo. Ahora ya nada lo retenía.

Sentía un vacío en el pecho al pensar en Mina. No pudo contactarla cuando adelantaron la orden de usar el arma, su nave no alcanzó a evacuar Hosnian Prime. Había fallado en protegerla. Quizás él merecía sufrir por ser cómplice de ese desastre de proyecto, pero no menuda hija.

Ya no iba a ser leal a lo que le quitó a Mina. La joven Rey le recordó a ella, y no pudo reportarla. Redujo el paso, preguntándose cómo saldría ella, con los protocolos de emergencia activados. Miró sobre su hombro. Él no se consideraba osado, tras insubordinarse al encubrirla, Jon saldría del planeta e iría con Madam Shi. Debía esconderse, pero antes, buscaría una forma de ayudar a la chica.

Miró a su alrededor, electricidad estaba cerca. Fue allá, inseguro de lo que haría. Él no era ningún terrorista rebelde disfrutando el caos y la anarquía; desgraciadamente, eso era lo que la Primera Orden había sembrado al volar la Nueva República sin advertir a los inocentes. Él creía en el orden, pero no veía como éste podía sostenerse en barbaries así...

Tres stormtroopers voltearon a verlo cuando la compuerta se abrió. Jon no los esperaba ahí. Tragó saliva. Los saludó, y cuando ellos le correspondieron, dijo lo primero que se le ocurrió: la verdad.

- La chica que Ren busca, la vi bajar en el turboascensor treinta y seis –los soldados se miraron entre sí- ¿Qué esperan? El general Hux se dirigía a ése sector. ¡Vayan a reforzar la seguridad!

Agradeció que su rango fuese suficiente para que obedecieran. Cuando se fueron, solo quedaron dos jóvenes ingenieros que no conocía. Las palmas le sudaban. Se paseó por los paneles, esperando que las insignias en su uniforme lo salvaran de interrogaciones.

- ¿Se le ofrece algo, señor? –preguntó uno de ellos, y el corazón le dio un vuelco. Piensa rápido.

- Este fue mi primer trabajo cuando llegué a la base –miró alrededor con nostalgia-. Al menos quince años atrás. No ha cambiado mucho desde entonces. ¿Han reubicado personal para mantener el rayo, verdad...? Cuando trabajaba aquí, siempre habían seis por turno...

Los ingenieros asintieron incómodos, volviendo a su trabajo. Nada como hablar del pasado para aburrir a un par de jóvenes. Cuando se aseguró de que no lo miraban, programó un corte de energía y cambió el código de acceso para retrasar su restauración. Esperaba que Rey lo aprovechara para escapar con quienfuera que la viniese a buscar.

Con el corazón en un puño, se despidió de los jóvenes y fue por una nave antes de que todo se apagara. Debía dejar el planeta. Debía esconderse. Debía encontrar a Madam Shi...


A diferencia del último aterrizaje, Finn amortiguó su caída. Nix se incorporó, ilesa y agradecida. Lo ayudaba a levantarse, cuando recordó que estaba molesta con él por mentirle. Consideró dejarlo caer. No lo hizo. El rencor era un veneno que solo la hería a ella, habría dicho la madre Aylyn. Reconoció a regañadientes que quizás estaba siendo muy dura con él. La había salvado a ella, ahora iría por Rue...

- No dejes que te atrapen –dijo, y besó su mejilla en señal de tregua-. Aún tenemos que hablar.

No se sintió como esperaba. Desconcertado por el gesto, Finn se sonrojó y asintió una sola vez.

- Bajaremos los escudos y traeremos a Rue de vuelta.

Y habría sonado como un héroe si no se hubiese estremecido ante los apremios de Chewbacca, quien ya iba saliendo con Han hacia el frío planeta de la Starkiller.

Tras el desastroso aterrizaje tuvieron suerte de pasar desapercibidos. El Halcón se caía a pedazos, pero Nix admiraba su nobleza. Los estabilizadores, si bien magullados, resistieron el segundo derrape. El circuito de refrigeración estaba intacto. Solo el cableado del hiperpropulsor se había vuelto a soltar. Sin BB8 que indicase diferencias de color, la twi'lek se asomó a la cabina buscando a Emmie.

- Disculpa –le preguntó con timidez- ¿podrías ayudarme con el cableado?

Con Maz vigilando el exterior, la droide de protocolo la observó en silencio.

- No soy un astromecánico –respondió, luego de una eternidad-. Pero haré lo posible.

Pese a sentirse incómoda junto a ella, agradeció tener algo que hacer. La aguda visión de Emmie reconoció al instante los desgastados cables, y uno de sus dedos tenía incorporado un soplete mucho más preciso que el suyo. Viéndolo de cerca, Nix notó que era una herramienta de tortura.

- Detecto que tus signos vitales se alteran –dijo Emmie, apagando la llama-. Estás asustada.

¿Qué clase de droide protocolar llevaba eso encima? Avergonzada de su reacción, Nix se sonrojó.

- No asustada... inquieta. Me sorprendió verte disparando en Takodana. No lo vi venir.

Había sido un crudo espectáculo. Se suponía que los droides de protocolo no debían dañar a nadie, y de alguna forma Nix sintió que no era primera vez que ella lo hacía. Emmie ladeó la cabeza.

- La sorpresa es el objetivo. Tengo programación protocolar y asesina. Pero también principios.

- ...lo que hace a Emmie la compañera ideal para dirigir un refugio pirata –intervino Maz al verla boquiabierta- ¿Cuál es el diagnóstico de la nave?

- Solo rasguños. Hemos terminado. El Halcón es pilotable.

- Excelente. Porque tenemos compañía. Se acerca un escuadrón de stormtroopers.

En segundos, Emmie ya estaba afuera. Quizás no habían pasado tan desapercibidos...

- ¿Lista para una práctica de tiro? –preguntó Maz, sombría.

Recostadas en el acantilado del que por poco caen con el Halcón, Nix, Emmie y Maz se asomaron a medir a sus oponentes. Los dientes de la twi'lek castañeaban, no sabía si por el frío o por los nervios. La nieve era bella, pero definitivamente no era su elemento. Le preocupaba lo mucho que destacaba su piel sobre ésta. Se aferró al blaster que tenía en su mano, otro más grande le pesaba en la espalda.

- Catorce –contó Emmie-. Con eficiencia, no alcanzarán a alertar a la base.

Nix bisqueó. No veía los catorce. Las armaduras de los stormtroopers les daban ventaja en la nieve. Y ella ahí, siendo verde. Suspiró, intentando calmarse. La luz se hacía cada vez más tenue, pronto eso ya no sería problema. Ellas también tenían ventajas. Aún no las veían, y estaban en terreno alto.

- ¿Entonces disparamos? –susurró- ¿Ahora?

- Paciencia –replicó Maz, un blaster en cada mano-. Deben acercarse un poco más.

Los stormtroopers caminaban con torpeza sobre al menos quince centímetros de nieve. Un solitario TIE salió de la enorme trinchera de la base, y las tres comenzaron a retroceder del acantilado. Las vería desde el aire y les dispararía. A Nix aún le dolía ahí en donde había caído por una explosión de esos cañones en Takodana. Y tuvo suerte de no ser alcanzada.

Pero el TIE se elevó más y más a la atmósfera, sin considerarlas dignas. En medio del silencio que siguió, el sonido del caza fue debilitándose hasta que éste desapareció saltando al hiperespacio. Nix estaba por preguntar qué demonios significaba eso cuando la textura del cielo cambió con un zumbido.

- El escudo ha sido desactivado –observó, sorprendida por la eficiencia de Finn y compañía.

- Un corte de energía –agregó Emmie-. Están usando fuentes auxiliares para continuar con la carga del arma. Están casi completamente desprotegidos adentro.

Esto hizo a Nix sospechar. No había forma de freír los circuitos tan pronto y tan silenciosamente.

- Es nuestra oportunidad –avisó Maz, volviendo a asomarse por el acantilado.

El corazón le dio un vuelco. Por Rue, se dijo, juntando coraje. Arrastrándose al borde rocoso, Nix se encomendó a la Fuerza y comenzó a disparar a todo lo que se moviera. El escuadrón rompió filas y todo fue caos, haces de luz roja y adrenalina.


Definitivamente, no fueron ellos. El repentino corte de energía los paralizó en medio de un pasillo, la mente de Finn quedó en blanco mirando a Han y Chewbacca. ¿Sería una trampa? Bajo las luces de emergencia, Han gesticuló para que siguieran. Debían llegar a seguridad para apagar el escudo desde ahí, sin embargo el cambio de escenario lo hizo dudar. Quizá debían ir por Rue primero...

Escucharon acercarse a unos guardias, éstos doblaron un pasillo sin esperarlos. Los neutralizaron en segundos y con una puntada de culpa se le ocurrió a Finn que eran novatos como él. Llegaron al final del corredor, y él estaba a punto de doblar cuando fue derribado por un fuerte impacto en el costado. No alcanzó a gritar, el peso que lo aplastó contra el suelo se concentró en su garganta, haciéndolo debatirse por aire.

- Así que sí eras un espía –siseó Rue, a centímetros de su rostro-. Con razón nos dejaste.

El rugido de Chewbacca fue lo suficientemente elocuente como para que ésta lo liberara al instante.

- ¿Qué? –su voz se agudizó- ¡Pero si lo tenía bajo control! ¿Por qué ustedes, dónde está Maz?

Recuperando el aliento, él se levantó en silencio. Si bien su orgullo dolía por esa bienvenida, podía entenderlo. En la penumbra notó que Rue vestía un uniforme de oficial y lo fulminaba con la mirada.

- Podemos notarlo, pequeña ingrata –le gruñó Han-. Maz nos espera en el Halcón con Nix y Emmie. ¿Fuiste tú quien causó el apagón? ¿Qué tan extenso es, desactivará el escudo?

- ¿No fueron ustedes? –tras unos segundos, se erizó- ¿¡Y por qué demonios trajeron a Nix!? Hay un escuadrón que va de camino a la nave...

Ignorando sus protestas, Han se apartó para hablar con Maz por comunicador.

- Ella quería ayudar a traerte de vuelta, todos quisimos –dijo Finn-. Ahora que te encontramos, bajaremos los escudos para que la Resistencia pueda volar la base.

Los hombros de Rue se desplomaron, y sus grandes ojos dejaron de sentirse como dagas.

- ¿Trajeron a la Resistencia...? Sí fuiste a hablar con la Resistencia...

Ahora lo veía con respeto. Se sintió bien. Cálido.

- No me gusta esto –dijo Han, volviéndose a ellos-. Maz dice que el escudo fue desactivado, pero a los cazas les está costando llegar al oscilador. Ellas tienen las manos atadas lidiando con el escuadrón. Si ninguno de nosotros causó el corte de energía... podría ser una trampa.

- Sunrider –murmuró Rue, a su lado-. Sé quien lo hizo, me ayudó a escapar. No es una trampa.

- ¿Conoces al responsable? ¿Dónde está ahora? ¿Podría echarnos una mano con el oscilador?

- Lo mandé lejos –reconoció-. Debe estar volando hacia Coruscant mientras hablamos.

Chewbacca gruñó algo que no pudo comprender. Haciendo una mueca, Han respondió al wookie:

- Tienes razón. Aún tenemos una bolsa llena de explosivos. Podríamos usarla para abrir una apertura en el precinto –ahora se dirigió a él con un gesto-. Lidera el camino, chico.

Finn asintió, y comenzaron a retroceder sobre sus pasos, solo deteniéndose cuando Rue recogió uno de los blasters de los stormtroopers que derribaron en el camino.

- ¿Ninguno tendrá un cuchillo que le sobre? –preguntó entre dientes, llegando a la salida.

Chewbacca se quitó uno del cinturón y se lo tendió con suavidad. Por primera vez, él la vio esbozar algo parecido a una sonrisa mientras se lo escondía en su bota.

- Eso fue rápido. Gracias, Chewie.

Han se asomó afuera para ver si habían soldados haciendo guardia. Solo entonces Finn lo recordó. Desenganchó el sable de luz de su cinturón y puso la mano el hombro de Rue para llamar su atención. Esta se zafó con brusquedad al voltearse.

- No me toques –le gruñó, para luego suavizar su expresión-. Por favor. No me gusta.

Con un escalofrío, Finn asumió que se debía al interrogatorio. El recuerdo de Poe Dameron en la plancha de tortura vino a su mente, Kylo Ren no tuvo piedad con él. Pero a diferencia del piloto, Rue no mostraba heridas. No físicas, al menos. Algo le dijo que lo mejor era no preguntar.

- Lo siento –le tendió el sable de luz con lentitud-. Por todo. Maz me pidió que te entregara esto.

La chica bajó la mirada a su mano estirada, hizo una mueca y bufó.

- Por supuesto que lo hizo. Guárdatelo, te queda mejor a ti –tras una pausa, agregó-. Te juzgué mal, Finn, dos veces. Chewie dijo que todo esto fue tu idea. Gracias por eso.

Cohibido, bajó la vista al sable.

- Debía hacer algo. Dijiste que la Primera Orden te aterraba como a mí, y dejé que te atraparan.

- Y sin embargo, aquí estás.

Y sin embargo, aquí estoy. La idea flotó en su mente por unos instantes. Tal vez ella y Maz tenían razón, y él podría hacer una diferencia ayudando a las personas. Previniendo otras tragedias como la de Hosnian Prime, evitando que niños fuesen robados de sus familias para ser soldados como él...

Cuando levantó la mirada, notó que Han les hacía señas desde un speeder robado. Rue salió disparada en su dirección, dejándolo con el sable en la mano. Se lo guardó, y corrió tras ellos. Primero debía sobrevivir aquel día, y por lo visto, aún quedaba mucho por hacer.