Caminó a pasos apresurados esquivando el mar de personas que andaban de norte a sur por la calle principal de la villa, llevaba su mano derecha cerrada en un puño temblándole hasta los nudillos. Frenó por un momento y abrió despacio su mano, sus dedos entumecidos le dolieron en reclamo; su vista quedó fija en la diminuta semilla grisácea en el centro de su mano, por su tamaño era difícil andar a toda prisa con ella en la mano cuidado que no fuera a caerse pero simplemente no podía dejarla caer.
Quería protegerle a toda costa.
Tomó su larga falda por uno de los bordes dando un preciso tirón que hizo que la tela se rasgara obteniendo así un simple retazo; no era la gran cosa pero para tan pequeña pepita era más que suficiente, dejó caer el borde de su falda y esta volvió a cubrirle las rodillas, colocó la semilla en el centro del trozo de tela, después la cerró con un nudo firme. Retomó su andar y algunos hilos bailaban entre los tirones de la tela rasgada cuando retomó su andar, esta vez decidió ir con más calma, recordando que debía tener mucho más cuidado ahora.
No pasó mucho tiempo cuando divisó frente a ella el amplio campo cubierto de un natural manto verde desde el cual se levantaban las lápidas de piedra y granito en honor a quienes ya habían partido. Su corazón se estremeció, llevó hasta el lado izquierdo de su pecho la mano donde sostenía el pequeño paquete que había creado con la tela de su vestido y su garganta se secó.
Primero un paso, luego otro. Poco a poco fue acortando la distancia entre ella y su destino hasta que por fin estuvo frente a él.
Hyuga Neji.
El viento sopló suavemente jugando con los mechones de su cabello y con la falda de su vestido estropeado, con cuidado se sentó de rodillas en el fresco césped que rodeaba la lápida de color gris. Acercó su mano libre hasta ella limpiando con cuidado la superficie sacudiendo el polvo y las hojas caídas de los árboles.
—Neji-niisan —susurró suavemente cuando alejó su mano de la fría placa de piedra, sintió las palabras amontonarse en su garganta, colocó con delicadeza el puño donde protegía la semilla de amapola cerca de su vientre, en un intento por darse valor—. Voy a tener un bebé. Voy a darle un hijo a Naruto-kun.
Sus ojos prácticamente se volvieron un mar cuando el viento volvió a soplar haciendo que su cabello volviera a bailar al mismo son que los árboles que rodeaban el lugar, sonrió cuando un par de hebras oscuras de su cabello le cosquillearon las mejillas humedecidas por sus lágrimas.
Despacio arrastró su cuerpo un poco más cerca de la silenciosa placa y volvió a posar su mano sobre ella, trazando con sus dedos el nombre grabado en la piedra. Su otra mano mantenía entre la diminuta semilla resguardada entre su palma y su vientre.
—Me encontré con Tenten-san y Lee-san antes de venir a verte en cuanto salí del hospital. Les he dicho que sólo me he sentido mal por el cansancio de nuestra última misión, por favor discúlpame por haberles mentido. Han estado muy atentos conmigo y sé que en parte lo hacen por ti...quiero agradecerte también por eso, por heredarme a tus amigos... —comenzó su conversación sintiéndose mucho más cómoda ahora que le había revelado a Neji la gran noticia, sonrió fugazmente, alejó su mano de la placa de su primo y dirigió su mirada hacia sus pies—, seguro debí decirles pero es que...Naruto-kun no está en la aldea y quiero evitar que la noticia se propague antes que pueda decírselo yo misma. Quizá Rokudaime-sama ya se ha enterado pero podemos confiar en que será discreto, ¿no te parece?
Apretó los labios un poco nerviosa, no se había detenido a pensar en cómo se lo diría a Naruto, ¿cuál sería su reacción?, enfocó su vista nuevamente en el nombre de su primo grabado en su tumba. Lo haría muy feliz, ¿verdad? Esa idea le hizo sonreír, rodeó su abdomen con ambos brazos y se aferró a la tela de su vestido. De nuevo había empezado a temblar.
Naruto no lo sabía todavía, pero ahora había alguien más esperándolo en casa.
—¿Sabes, Neji-niisan? Me hubiera encantado que él te conociera —confesó mientras apretaba el agarre que mantenía en la envoltura que protegía la semilla de amapola en su mano. Cerró sus ojos por un instante, sintiendo lo mucho que parecía llenarse su corazón al imaginarse a una pequeña figura regordeta de rebelde cabello rubio corriendo hacia el hombre de piel pálida y cabello castaño llamándole "tío" mientras reía a carcajadas infantiles. Cerró con más arrebato sus ojos y el abrazo que mantenía contra su propio vientre se hizo más intenso. Dolía mucho darse cuenta que ese era un sueño imposible. Abrió despacio sus párpados y volvió a enfocarse en la lápida—. Pero sé que lo único que puedo pedirte...es que, desde donde estás, cuides siempre de él.
El danzar de los árboles al compás del viento fue una clara respuesta.
-o-
En la espesura del bosque eran más sonoros los cantos de las aves así como el susurrar de otras pequeñas criaturas que habitaban los alrededores de Konoha y que ahora se preparaban para regresar a sus madrigueras pues al día no le quedaban muchas horas de luz, aquellos naturales sonidos ahora se mezclaban con las tranquilas pisadas sobre la hierba y el fango fresco. Su largo cabello rubio, atado en dos coletas bajas, bailaba en su espalda de un lado a otro y su mirada de un claro avellana no se apartó del frente hasta que divisó el pequeño claro en el bosque donde se levantaba un gran árbol cuya sombra resguardaba a un altar conformado por tres rocas unidos con tres kunai que ya le estaba esperando. Tsunade reafirmó el agarre que sostenía en el cuello de una fría botella blanca llena de sake hasta el tope y se colocó de pie frente a la piedra de mayor tamaño de las que conformaban el sencillo monumento.
Se dejó caer sobre el césped el cual amortiguó el ruido de su caída, soltó un suspiro tan sonoro que las aves cercanas a ella huyeron en un vuelo, no les tomó importancia y dio un largo trago a su bebida directamente de la botella.
—Ya sé, ya sé —respondió con pereza a un inexistente reproche—. Ha pasado un tiempo desde la última vez que vine. No te lo tomes personal, ¿está bien?
Cruzó sus piernas sobre el suelo y reposó su rostro sobre su puño izquierdo. No es que esa mañana hubiese tenido entre sus planes visitar aquel improvisado santuario, pero su ronda por el hospital de esa tarde había terminado por convencerla de que tenía que hacerlo.
Jamás había sido fanática de los cotilleos de pasillo así que cuando vio que tanto como enfermeras como demás personal médico no paraban de murmurar entre risitas estúpidas algo relacionado con "El héroe de Konoha" decidió que le habían colmado la paciencia y procedió a averiguar de qué demonios se trataba tanto escándalo. No le tomó mucho esfuerzo dar con el lugar de origen de todo el alboroto: el departamento encargado de redactar el informe de fin de cada jornada para el Hokage. La paciente: Hinata Uzumaki.
Dio otro trago a su bebida, esta vez fue más extenso provocando que un hilo de sake se le deslizara por la comisura de los labios, una vez retiró la botella de su boca se limpió con el dorso de la mano sin mucho decoro o miramientos.
No pudo evitar la sonrisa que se dibujó en su rostro, instintivamente levantó su vista hasta la copa de aquel gran árbol, las frondosas ramas se mecían suavemente con el viento y entre sus hojas se colaba la luz del sol de esa tarde que ya empezaba a colorear el cielo tenuemente de naranja mientras descendía con lentitud. Cerró los ojos y se permitió llenar sus pulmones del aire limpio del lugar con una gran bocanada.
—Apuesto que estás brincando de alegría —soltó con un poco de nostalgia en sus palabras regresando su mirada hacia el altar de piedra. Ella misma lo hubiera hecho en cuanto se enteró, pero sabía que Naruto no estaba en Konoha así que prácticamente le ordenó a gritos a todo el personal del hospital que ese chisme no saliera de ahí o se las verían con ella.
No le quería quitar el gusto al rubio atolondrado de gritarlo a los cuatro vientos a penas lo supiera.
—No me delates y al menos finge sorpresa cuando el muchacho venga a contarte todo —continuó la conversación con tranquilidad mirando con aprehensión la piedra grabada—. Es solo que...por alguna razón creí que estaba bien si venía yo a decírtelo primero. Supongo que quería celebrarlo con alguien…
Sonrió más abiertamente y levantó con entusiasmo la mano donde sostenía la botella reflejando un semblante victorioso.
—¡Kanpai, Jiraiya! Debes estar muy orgulloso.
Dio otro trago al sake y lo colocó con tal rudeza justo frente al altar que unas cuantas gotas se escaparon de la botella salpicando la fría piedra.
-o-
Los colores del cielo combinaban bellamente el azul con el naranja produciendo tonalidades magentas embelleciendo el atardecer. Hinata mantenía ambas manos a la altura de su pecho mientras caminaba alegremente rumbo a su casa, su largo cabello bailaba al ritmo de sus pasos lo mismo hacía la falda de su vestido hecha girones de un borde.
Sus pies andaban firmemente sobre el suelo pero ella se sentía flotando en las nubes, la sonrisa en su rostro era sencillamente imposible de borrar, sus ojos brillaban con ilusión enfocadas en el cielo.
¿Cómo sería su bebé?, ¿tendría los ojos de Naruto, tendría el cabello oscuro como ella?, también había una gran probabilidad de que heredara el Byakugan. ¿Podría incluso heredar las mismas marcas de zorro en las mejillas?
No tenía idea, pero fuera como fuera ella iba a amar a su bebé. Resultaba increíble pensar que aún sin conocerlo ya lo amaba. Su corazón estaba estallando por la emoción de ver su carita, se moría de ganas de empezar a sentir su cuerpecito crecer en su vientre y después tenerlo entre sus brazos.
Estaba bien si lucía como ella o si heredaba más rasgos de Naruto, si resultaba no ser un "él" sino una "ella", su amor por su bebé sería el mismo.
Lo amaba con todo su corazón y su alma.
Pero…
Si acaso había algo que pudiese elegir, un solo rasgo que ella egoístamente pudiese desear que tuviera su hijo…
Ojalá...ojalá tenga su sonrisa.
—¡Hinata! — escuchó esa voz enérgica y vivaracha que tanto amaba nombrarla desde lejos, con los sentidos hechos un nudo de nervios aferró sus manos entrelazadas sobre su pecho y giró su cuerpo hacia donde provenía la voz. Vio a Naruto correr hasta ella agitando su mano derecha en el aire con una gran sonrisa que le iluminaba todo el rostro.
Ojalá su bebé tenga la misma sonrisa de su padre.
—¡N-Naruto-kun! —le respondió nerviosa, su esposo se colocó de pie frente a ella y volvió a sonreírle. Esa expresión de alegría le dio la confianza para sonreírle de vuelta—. Bienvenido.
—He regresado —le respondió con entusiasmo, llevó sus manos hasta su nuca un poco avergonzado—. Tardé un poco, espero no haberte preocupado más de la cuenta.
Ella negó con un movimiento de su cabeza, bajo sus manos y las colocó en su espalda. Aún un poco nerviosa, apretó el pequeño retazo de tela que envolvía la semilla de amapola entre sus palmas.
—S-sabía que ibas a regresar con bien, Naruto-kun —le respondió suavemente, se puso un poco más inquieta cuando sintió la mirada de su esposo fijarse firmemente en la suya, le vio arquear una ceja con curiosidad.
—¿Está todo bien?, estás muy nerviosa —preguntó sin bajar su ceja, arqueando sus brazos sobre sus costados y acercándose más, ella se paralizó en su lugar, sintió sus mejillas arder con furia, los dedos de su mano ya comenzaban a dolerse por mantenerlos en un puño y sus piernas comenzaron a temblarle—, ¿Ha pasado algo?, ¿qué es, Hinata?
Hinata se mordió los labios y sintió sus pies clavarse en el suelo, Naruto parpadeó varias veces entendiendo muy poco lo que estaba pasando con su esposa. Sintió su piel congelarse cuando la mirada de Naruto pareció dirigirse hacia su espalda, quizá buscando sus manos.
—¡Hey, Naruto!, ¡Antes que empieces a coquetear en plena calle tenemos que ir con el Hokage! —la voz burlona de Kiba detrás de Naruto los hizo reaccionar, Naruto apartó su mirada de Hinata y ella soltó un suspiro de alivio. Hinata vio a Kiba y Akamaru acercarse hasta ellos—. ¿Qué hay, Hinata?
—Kiba-kun, Akamaru, bienvenidos —saludó a su compañero de equipo, sonriéndole aliviada de que llegara antes de que se desvaneciera de los nervios. Kiba le sonrió y Akamaru se acercó hasta ella con cariño, Hinata le acarició la cabeza sonriéndole con dulzura.
—No distraigas mucho a este tonto, ¿de acuerdo?, aún tenemos trabajo que terminar —le mencionó Kiba señalando a Naruto quien de inmediato frunció el ceño dejando claro que se había ofendido, Hinata cubrió su risa con el dorso de su mano derecha manteniendo la izquierda en su espalda—. ¡Nos vemos después!
—¡¿A quién le dices tonto?! —le gritó Naruto cuando el moreno y su fiel ninken se echaron a correr rumbo a la torre del Hokage. Hinata volvió a reír ante la escena, Naruto regresó su hacia su esposa y relajó su semblante—. Bueno, no importa. Mejor iré con él y así puedo regresar temprano a casa.
—No te preocupes por eso. Naruto-kun, tómate tu tiempo. Estaré en casa —afirmó ella con un movimiento de cabeza.
—Oye, Hinata, ¿qué tal si hoy salimos a cenar? Tengo unas enormes ganas de un gran tazón de ramen, ¿qué dices?, ¿Te gustaría? —la sonrisa que Naruto le dedicó a su esposa se sembró en su corazón, haciéndole recordar lo que estaba deseando justo antes de que él llegara, los ojos de Hinata volvieron a brillar con ilusión.
—Eso me gustaría mucho, Naruto-kun —le respondió con alegría. Naruto asintió emocionado.
—¡Bien! —Naruto cerró sus puños con entusiasmo—. Espérame en casa, entonces, me daré un baño e iremos a Ichiraku-ttebayo.
—Sí —acató con un suave movimiento de su cabeza. Se vieron uno al otro a los ojos, Hinata podía leer en ellos lo muy feliz que estaba por regresar a casa.
—Te extrañé muchísimo, Hinata —le confesó de repente. Los sentidos de Hinata dieron un respingo y sus mejillas volvieron a sonrojarse.
—Mejor date prisa, Naruto —Shikamaru murmuró con pereza cuando pasó caminando justo al lado de ellos, su andar era despreocupado con las manos en los bolsillos, Shino caminaba a su lado a un mismo ritmo tranquilo. Ambos se alejaban por el mismo rumbo que tomó Kiba—. Date prisa o le diré al Hokage que le dé tu parte de la paga a Kiba.
—¡Ah!, ¡No se te ocurra hacer eso! —exclamó un exaltado Naruto justo cuando emprendió su marcha hasta sus amigos—. ¡Nos vemos en casa, Hinata!
—¡Sí! —respondió moviendo su mano derecha de un lado a otro en señal de despedida, manteniendo la izquierda cerrada en un puño ocultando su dulce secreto—. Shino-kun, Shikamaru-kun, ¡bienvenidos a casa!
—Nos vemos después, Hinata —Shikamaru le regresó el saludo sin apartar su vista del frente solo sacando su mano izquierda de su bolsillo y haciendo una rápida señal de "paz" con sus dedos.
—Fue un gusto verte, Hinata —vio a Shino voltear levemente hacia ella y levantar su mano derecha en un saludo sencillo para después regresar su atención al camino. Naruto miraba hacia ella en lugar de enfocar su vista al frente imitando el movimiento que ella hacía moviendo su mano de un lado a otro sin borrar su sonrisa.
Hinata los vio alejarse hasta que se perdieron entre el resto de la gente que transitaba por la aglomerada calle. Levantó sus dos manos hasta su vista, con ellas formaba un cuenco con el que acunaba la semilla de amapola envuelta en la tela de su vestido.
Llevó ambas manos hasta su bajo vientre presionado la semilla suavemente contra su vientre. Dirigió su mirada hacia el cielo, como si buscara a quien pudiera escucharla.
Era un deseo, más fuerte que ella, uno que simplemente no dejaba de repetir su corazón.
Ojalá su bebé tenga la misma sonrisa de su padre.
-o-
El reporte en el despacho del Hokage pasó sin muchas alteraciones, aunque a Naruto le pareció que su sensei le sonreía con emoción cada vez que volteaba a verle, era muy extraño.
Shikamaru, como líder de misión, se encargó de hablar la mayoría del tiempo para poner al Hokage en contexto. Naruto no intervino a menos que Shikamaru o Kakashi se lo pidieran, sólo limitándose a responder lo que le preguntaban, no es que no estuviera interesado en reportar su participación en la misión de la que acaban de regresar pero sinceramente su mente no estaba en ese lugar...no estaba seguro de qué pasaba.
Había estado tan emocionado cuando la vio caminar tan armoniosamente en medio de todas las personas que transitaban por la calle principal de la villa de donde ella sin lugar a dudas destacaba. Se veía tan adorable con su cabello yendo de un lado a otro siguiendo el grácil ritmo de sus alegres pasos pero...cuando él llegó hasta ella pareció ponerse nerviosa, casi parecía que iba a desmayarse.
Sin darse cuenta su boca hizo una mueca y su ceja se arqueó, había algo en la mirada de su esposa que le inquietó. Era un anhelo enorme, una ilusión diferente.
¿Qué estaba pasando?
—¿Naruto? Oye, Naruto —la voz de Shikamaru lo devolvió a la tierra, parpadeó varias veces en un intento de despejarse y dirigió su mirada hacia su amigo quien lo veía con el ceño fruncido, Kakashi también le veía fijamente pero él no estaba molesto parecía que le divertía muchísimo verlo tan distraído.
—Ah, lo siento, Shikamaru —llevó su mano derecha hasta su nuca y rascó suavemente su cuello—, ¿Qué decías?
Shikamaru se golpeó la cara con la palma de su mano para después masajear su frente, completamente frustrado. El chico de ojos oscuros solía tomarse las cosas con calma, pero cuando se trataba de sus responsabilidades definitivamente tomaba una postura mucho más dura.
—Dios, eres una verdadera molestia cuando te distraes —se quejó el chico de la coleta en el cabello, Kiba quien estaba a la izquierda de Naruto no pudo evitar soltarse a reír.
—Claro, esto pasó porque se encontró con Hinata —el moreno se encogió de hombros y alzó los brazos en un gesto de resignación mientras negaba con un movimiento de su cabeza—. Le dije que no se quedara a coquetear pero qué remedio…
—¿Qué?, ¿Hinata? —el sexto Hokage de pronto pareció salir de un letargo, miraba expectante hacia su antiguo alumno—. Naruto, ¿ya hablaste con ella?
—Bueno, la encontramos de camino a aquí pero solo la saludé —respondió Naruto no muy convencido, ¿por qué era tan relevante para el Hokage si él hablaba con su esposa?—. ¿Hay algo que deba hablar con ella?
—¿Podemos dejar de desviar el tema? —se quejó Shikamaru bastante cansado. El Hokage carraspeó su garganta en un intento por recobrar la compostura.
—Claro, sí —Kakashi se aclaró la garganta una última vez antes de regresar su vista al rollo de pergamino que Shikamaru le había entregado el cual contenía un mensaje directo del Kazekage—. Han hecho un excelente trabajo, todos ustedes, el mismo Kazekage les felicita en su mensaje. Ahora, centren su atención en sus informes escritos y tengan todo listo lo antes posible, ¿Shikamaru?
—Yo me encargo —acató el joven Nara entendiendo las órdenes del Hokage con un movimiento de su cabeza que Kakashi imitó.
—Bien, entonces pueden retirarse —dijo Kakashi al mismo tiempo que soltaba una tranquila exhalación—. De nuevo los felicito por su misión cumplida y quiero darles la bienvenida de vuelta a casa. Ahora vayan a descansar.
Todos en el lugar le hicieron una reverencia al Hokage y salieron uno a uno de la oficina en silencio. Todos menos el ninja de cabello rubio quien permaneció dubitativo en el marco de la puerta.
Por la manera tan efusiva en la que Kakashi había preguntado si ya había visto a su esposa era sin lugar a dudas fuera de lo común. ¿Sería algo referente a una misión suya mientras él no estaba? No podía ser malo, al menos en los ojos de Hinata se reflejaba de todo menos algo malo.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Naruto? —la voz de Kakashi era serena y amable. Naruto dio un paso atrás y volvió a cerrar la puerta de la oficina, redirigió su mirada hacia su sensei, éste mantenía sus ojos cerrados dándole a entender que le sonreía debajo de su máscara.
—Kakashi-sensei, ¿pasó algo con Hinata?, quiero decir, ¿algo de lo que deba estar enterado? —el tono que utilizó el rubio dejaba notar que estaba preocupado, la alegría reflejada en el rostro de su antiguo maestro no cambió.
—¿Sabes, Naruto? A veces se me olvida lo mucho que has crecido. De verdad estoy orgulloso de ti —empezó el Hokage con nostalgia en sus palabras, el chico con marcas en las mejillas arqueó una ceja sin entender a qué iba eso, eso no respondía a su pregunta de ninguna manera—. Y no te abrumes, mejor ve a tu casa y alégrate con la presencia de tu esposa, ¿te parece buena idea?
La apariencia de Naruto se fue relajando poco a poco y fue naciendo en su rostro una sonrisa. Pronto su emoción por estar de nuevo en casa volvió a invadirle todo el cuerpo.
—¡Sí! —acató con energía. Sabiendo que Hinata lo esperaba en casa.
Salió a toda prisa de la oficina del Hokage, su corazón palpitando al cien. A pesar de ya haberla visto estaba emocionado por encontrarse con ella en el hogar que compartían.
Por fin había regresado hasta ella.
N.A: Antes de que piensen en matarme por dejarlos esperando la reacción de Naruto por un capítulo más...¡por favor permítanme explicarles!: Mientras redactaba este capítulo (que esperaba fuera el final de esta historia) iba haciéndose más y más extenso. Me preocupé que un capítulo tan largo pudiera parecerles tedioso, además no quería que otros elementos le robaran el protagonismo al momento en el que Naruto se entere de la llegada de Boruto. Es por eso que decidí dividir este capítulo en dos.
¡Estoy muy agradecida con todos y cada uno de sus comentarios, sus vistas, sus votos y favoritos! Es por eso que no los haré esperar una semana para leer el próximo capítulo. Lo subiré este mismo fin de semana, estoy trabajando muy duro para que el capítulo final sea digno de ustedes y puedan sentir que valió la pena esperar un poco más. Si me dejan un comentario diciéndome que piensan al respecto lo valoraré muchísimo.
Entonces, nos leemos en unos días!
Un beso,
-Kao
