Me giro separando sus manos de mi cuerpo.
No se sienten cálidas, ni hacen que toda mi piel hormiguee ante su contacto.
—¿Sucede algo? —pregunta el preocupado. —¿Hice algo mal?
—No, lo siento, es que no puedo. —le digo negando con la cabeza.
—¿Por qué no?
—Porque ella está conmigo. —siento una grave y sexy voz detrás de mí.
Cierro los ojos cuando escucho su voz. Y mientras los tengo cerrados, siento su mano deslizarse por mi cintura y tirar de mi cuerpo contra el suyo de forma sobreprotectora. Sabía que él estaría aquí, pero imaginé que estaría ocupado en sus asuntos como para notar mi presencia. Me equivoqué. Esta noche definitivamente no está saliendo como yo había planeado.
—No sabía que tenía pareja, lo siento. —dice con una disculpa.
—Ahora lo sabes, largo de aquí. —le gruñe mientras huye despavorido.
¿Qué es lo que acaba de suceder? ¿Fueron ideas mías o le tenía miedo? Me giro entre sus brazos mientras abro lo ojos y lo miro fijamente. No puedo creer que el haya hecho el numerito del novio celoso y sobreprotector para quitármelo de encima.
—Vamos a bailar, no me gusta ser el centro de atención. —me dice mientras coloca las dos manos ahora en mi cintura.
—¿Qué te hace pensar que bailaré contigo? —le digo a la defensiva.
—O lo haces conmigo o con el otro idiota.
Y lo pienso por un breve momento. No tengo ganas de regresar con el que estaba bailando. Y muero por bailar con él.
—No tengo muchas opciones, ¿O sí?
Le contesto mientras me dejo llevar por él hacia un extremo de la pista alejados de las luces de neón y de las miradas curiosas. La música cambia cuando llegamos al extremo de la pista y al escuchar el tema que suena se me hace un nudo en el estómago. Esta canción trae recuerdos a mi mente. Recuerdos de hace apenas unas horas.
Escuchar nuevamente The Chaisnmokers & Colplay solamente me hace recordar lo que siento cuando sus manos tocan mi cuerpo.
—No pensé encontrarte aquí. —le digo mientras el coloca sus manos en mi cintura, pero sin tocar la piel desnuda, y se acerca a mí para hablar.
Siento su aliento cálido en mi oído antes de escuchar su voz.
—Sabías que estaba en el club Ana. Las posibilidades de encontrarnos eran muchas.
—Pensé que estarías ocupado como para notar mí presencia. —le contesto sin darle importancia.
—Te he estado observando desde que llegaste. ¿A qué has venido? —me dice mientras se separa de mi para mirarme fijamente.
—Me sentía sola en el apartamento y necesitaba hablar con alguien. Kate está aquí con unos amigos celebrando el cumpleaños de su novio, el cual olvide por completo. —le digo de carretilla.
No sé porque acabo de decirle todo lo que estoy pensando. Christian tira de mi cintura y me pega más a su cuerpo.
—Somos adultos Ana. Crees que podamos al menos ser amigos. —me dice mientras pega su frente a la mía.
—¿Te conformarás con eso? —le pregunto pues sé cuáles son sus verdaderas intenciones.
—No. Pero respetaré tus límites. —me dice mientras aferra sus manos, ahora más fuerte, a mi cintura.
—Entonces voy a pretender que eres gay. —le digo mientras ambos reímos y me dejo llevar por la música.
No sé que significa lo que me acaba de decir, pero al menos hoy no voy a averiguarlo. El alcohol que he ingerido a nublado algo mis sentidos. Y además el contacto de sus manos en mi cintura hace que no piense coherentemente. Así que olvido lo que hizo hace unas horas en el apartamento mientras muevo mi cuerpo contra el suyo al ritmo de la música.
—Me gusta lo que traes puesto. —me dice con voz seductora.
—¿Qué es lo que más te gusta? —le pregunto atrevidamente mientras deslizo mis manos por sus brazos antes de aferrarme a sus hombros.
—El escote trasero del vestido. —me dice mientras sus manos se mueven hasta que tocan la piel desnuda de mi espalda.
Se me escapa un jadeo cuando sus manos tocan mi piel. Y él sonríe al percatarse de mi reacción. Pero, sin embargo, no lo aparto. Me gusta el contacto de sus manos en mi cuerpo. Sería una tonta si continuara engañándome a mí misma. Desde que sus manos tocaron mi cuerpo, no soy capaz de dejar de pensar en ellas. Y el toque de otra persona me resulta extraño y no es bienvenido.
—Pero sabes qué es lo que más me gusta de ti esta noche. —me dice mientras sus dedos trazan círculos en la piel desnuda de la parte baja de mi espalda.
Niego con la cabeza mientras hago un esfuerzo sobrehumano para contener un gemido de excitación. Veo una sonrisa traviesa asomarse en sus labios y no puedo contenerme de hacer lo que llevo rato deseando hacer. Muevo mis manos y las enredo en su pelo. El simple contacto de su pelo en mis manos envía un delicioso cosquilleo por todo mi cuerpo. El se inclina más contra mí, nos movemos mientras bailamos hasta que estamos más lejos de las personas, en un lugar más oscuro, y tengo sus labios casi pegados a los míos.
—Que no traes bragas. —me dice en un susurro. Y entonces siento sus manos colarse por el escote trasero del vestido y apretar mis nalgas.
—¿Cómo lo has sabido? —le digo mientras contengo un gemido.
—Te aseguro que no soy el único que se dio cuenta de eso esta noche. —me dice mientras siento el calor de su boca cerca de la mía.
—¡Christian! —le digo negando con la cabeza. —Por favor, no. —le digo con la respiración acelerada producto del contacto de sus manos en mi piel.
Suelta mis nalgas y regresa las manos a mi cintura.
—Sabes que solamente tengo que zafar mis jeans… —me dice mientras me empuja ligeramente hasta que choco contra una pared. —…y subirte una pierna para estar enterrado en ti.
Y las imágenes de lo que me está diciendo rápidamente vienen a mi mente. Excitándome. Nunca he hecho nada parecido a lo que el me está proponiendo, sin embargo, las imágenes que vienen a mi mente, son calientes y excitantes y me hacen preguntarme por un instante como sería lo que me está proponiendo.
—No me imagino follando en medio de un club, rodeados de personas. Dándoles un espectáculo a todos.
—¿Quién dijo que nos van a ver? —me dice mientras pega su cuerpo al mío.
Puedo sentir su erección a través de los jeans mientras me aprieta más contra la pared.
—Todo el que está en el club viene por dos motivos Ana…—me dice mientras sus labios bajan por mi cuello. — …buscando sexo…—jadeo al sentir su lengua deslizándose por mi piel. —…o para emborracharse y perder el sentido. —separa sus labios de mi piel y me mira fijamente a los ojos. —Y en las dos variantes siempre hay drogas de por medio, te lo puedo garantizar. —separa sus manos de mi cintura y las coloca a ambos lados de mi rostro, apoyadas contra la pared. —Así que el que menos, está bien borracho o está bien drogado y no se acordará mañana de lo sucedido. —me dice mientras apoya su frente en la mía.
—¿Y tú que deseas? —le pregunto en un susurro mientras me pierdo en su mirada.
No se porque se lo pregunto. No me interesa si está buscando sexo, se puede acostar con quien él quiera. O emborracharse. O las dos cosas.
—No vine a emborracharme. —me dice mientras cierra los ojos. —Y mucho menos buscando sexo, a menos que sea contigo. —me dice mientras abre los ojos.
—¿Resolviste el problema? —la pregunta sale de mis labios de repente.
—Por el que vine, sí. Pero ahora tengo otro entre manos. —me dice sonriéndome pícaramente.
—Christian, no nos conocemos, no me conoces. Y después de lo sucedido hoy entre nosotros me he dado cuenta que ni siquiera me conozco a mí misma. No sabía que podía excitarme o alcanzar el orgasmo con solo el roce de tus dedos o de tu boca en mi piel.
Y rápidamente cierro la boca, el alcohol ha hecho que cometa la estupidez de contarle porque no quiero nada en estos momentos. En ese instante la música cambia a We found love de Calvin Harrys ft Rihana.
—¿Quieres conocerte a ti misma antes de empezar otra relación? —me pregunta alzando una ceja.
—Sí. Eso es exactamente lo que quiero. —le digo mientras él me sonríe y se aparta de mí.
—Para que veas que soy un buen amigo, te voy a ayudar.
Toma una de mis manos y tira de mí.
—¿A dónde vamos? —le grito por encima de la música mientras me dejo arrastrar fuera de la pista.
—Confía en mí, solo hay una forma de conocerte a ti misma.
Y no sé porque, confío en él y me dejo conducir hacia el piso superior. Christian pasa hacia la zona VIP sin ningún problema, ni siquiera los guardias de seguridad lo detienen. Imagino que debe tener que ver con que sea el dueño. O uno de los dueños. Puedo ver como las mujeres y los hombres en esta zona no dejan de mirarlo.
Algunos lo saludan y otros lo invitan a tomar algo, pero el solamente los saluda cortésmente, y pasa de largo mientras me conduce por varios pasillos hasta una puerta que abre con una llave que saca de sus jeans.
Abre la puerta y enciende la luz.
—Adelante. —me dice mientras yo entro en la pequeña oficina y el cierra la puerta.
Camina hacia el escritorio y se sienta detrás de el en una silla de cuero negra.
—Siéntate por favor.
Hago lo que el me pide. Pero aún no sé que hago en una oficina y mucho menos que tiene esto que ver conmigo. Pero me percato de algo más importante.
—¿Esta es tu oficina? —le pregunto mientras se recuesta al espaldar de la silla, cruza los brazos sobre su pecho y me mira fijamente. —¿Qué haces exactamente en el club? Sé que eres el dueño, pero también me dijiste que trabajabas aquí.
—Soy algo así como el administrador de la zona VIP.
—¿Algo así?
—No soy el único dueño del Club. Soy copropietario Ana.
Alzo una ceja impresionada. ¿Como distribuye su tiempo?
—¿Qué no tienes tiempo libre? —le pregunto con curiosidad.
Pero el no responde mi pregunta. Solamente me brinda una enigmática sonrisa y cambia el tema hacia mí.
—¿Puedo saber como tienes pensado conocerte a ti misma?
—No lo sé. —le contesto sinceramente.
Se que es lo que deseo, pero no tengo idea de como alcanzar mi objetivo. Tenía la esperanza de que Kate me ayudara, pero creo que ella no va a ser de mucha ayuda. No cuando cree que la solución está en un revolcón de una noche.
—Me imagino que cuando dices conocerte a ti misma, te refieres en el plano sexual. —me dice interrumpiendo mis pensamientos.
—Sí. —le digo mientras mi respiración comienza a acelerarse.
—¿Recuerdas que íbamos a salir esta noche? —me pregunta mientras yo asiento. —Te dije que te iba a mostrar lo que me gusta. Pues ya que estás aquí, te lo puedo mostrar si lo deseas. Y quizás también puedo ayudarte. —me dice mientras abre una gaveta del escritorio y saca varios papeles y un bolígrafo.
—¿Íbamos a venir aquí? —inquiero con curiosidad alzando la vista de los papeles.
—Sí.
—¿Entonces, conoces a un buen terapeuta sexual aquí en el club? —le pregunto intrigada.
Christian deja escapar una carcajada que inunda completamente la oficina. No sé exactamente, que es lo que le ha hecho tanta gracia.
—Eso no es lo que necesitas. —me dice dejando de reírse.
—¿Ah no? —me he perdido.
¿Qué es lo que necesito entonces?
—¿Por qué haces esto? ¿Porque quieres ayudarme?
—Porque hace un tiempo, yo estuve en tu misma situación.
—¿De veras? ¿Y lograste conocerte a ti mismo?
—Sí. Me conozco perfectamente. Sé que me gusta y que no, y lo que hace que sienta más o menos placer. —me dice con una sonrisa retorcida en los labios.
Y esa forma en que me está mirando en estos momentos hace que mis piernas tiemblen y que todo mi interior se retuerza de placer.
—¿Entonces me vas a ayudar?
—Si te soy honesto, no sé si te guste mucho la idea.
—¿Por qué?
—Porque solamente hay una forma de conocerse a uno mismo, en el plano sexual Ana.
—¿Y esa es? —lo aliento para que me cuente.
—Para conocerse a uno mismos solo puedes hacerlo a través del BDSM.
Creo que me he quedado de piedra. Y no por las siglas que acaba de mencionar, las cuales no son desconocidas para mí. Después de leer varias novelas, incluyendo las de Lena Valenti, me quedó bien claro que es el BDSM. Especialmente con estos últimos.
—¿Sabes que es el BDSM? —me pregunta al ver que no le he preguntado.
—Sí. —le contesto mientras el me mira ahora impresionado. —He leído lo suficiente como para saber que es.
—Ah. —me parece ver algo de decepción en su voz.
—¿Eso quiere decir que practicaste BDSM? —inquiero con curiosidad.
—Sí.
—¿Aún lo practicas? —le pregunto ahora con mucha más curiosidad que antes.
—No desde hace un tiempo. —me dice entrecerrando los ojos.
Estoy impresionada e impactada porque el conozca del tema. Y no solo eso. También porque esté metido en todo este rollo de dominación y sumisión. Me le quedo mirando fijamente tratando de descubrir que papel jugaba el en este mundo. Pero mientras pienso, vienen recuerdos de lo sucedido hace unas horas. Como me dictaba órdenes y yo las cumplía sin protestar. No puedo creerlo. Si la verdad estuvo frente a mi todo el tiempo.
—¿Ya lo descubriste? —me dice con una sonrisa enigmática descifrando mis pensamientos.
¿Cómo lo sabe?
—Eres un amo. —le digo en un susurro mientras él me sonríe confirmando lo que acabo de decir.
—Sí. Aunque he perdido la práctica. —me dice mientras pone uno de los papeles frente a mí.
Dudo que haya perdido la práctica se le da muy bien dar órdenes.
—¿Qué es esto? —le pregunto mientras leo el encabezado de la hoja.
— Es un contrato de no divulgación. — me dice como si eso no fuera obvio. Sé que es esto.
—Sé lo que es. Me refiero a porque lo necesito. —le pregunto levantando la hoja.
—Solo es una formalidad, se le exige a todos los que vienen a esta parte del club.
Levanto la vista de los papeles que tengo delante.
—¿Aquí se practica BDSM?
—Sí. Entre otras cosas.
Miro el papel frente a mí. En estos momentos no estoy tan segura de querer meterme en este mundo para descubrirme a mí misma.
—No te estoy obligando a nada Ana, si es lo que deseas en verdad, firma, y después hablaremos.
—¿Puedo pensarlo?
—Ya te lo dije, no te estoy obligando. Eres tú quien quiere conocerse a si misma.
Miro nuevamente el papel frente a mí. Y no sé porque me sorprende que sea solo una página. Quizás me esperaba un contrato de varias páginas donde especificara lo que estaba dispuesta a hacer o no. Y lo que se esperaba de mí.
—Todo el que viene aquí, sabe exactamente lo que desea. Sabe que esperar y como comportarse ya sea un amo o un sumiso. Pero lo más importante, es que todos vienen por su propia voluntad y si en algún momento una de las partes dice "no", es no.
Me le quedo mirando fijamente. Bajo la vista hacia el bolígrafo y estirando la mano lo cojo y lo acerco al papel. Pero dudo si firmar o no. No tengo idea de en que me estoy metiendo. Bueno, si la tengo, pero eso no significa que no que tenga mis dudas. Y nuevamente lo miro a él.
—Que firmes solamente significa que no puedes contar nada de lo que sucede aquí Ana, o de lo que te muestre, eso no te obliga a participar en nada que no quieras.
Apoyo el bolígrafo sobre el papel y tocan a la puerta.
—Adelante. —grita Christian con voz autoritaria.
Esta forma de hablar no se parece en nada a la voz dulce, sexy y seductora a la que estoy acostumbrada. La puerta se abre y entra un hombre vestido de traje oscuro. Me mira a mí y después a él.
—Alguien está solicitándolo en la sala cinco. —le dice mientras Christian asiente pensativo.
—Enseguida voy. —le contesta mientras el hombre sale por la puerta cerrándola nuevamente.
—¿Qué es la sala cinco? —pregunto con curiosidad.
Christian no me contesta, solamente me mira y después el papel que hay debajo de mi mano, que aún no he firmado. Lo había olvidado. Rápidamente pongo mi nombre y mi firma y se lo doy.
Christian me sonríe mientras coge el papel de mis manos y lo guarda en una caja fuerte de la oficina.
—Es la única sala donde no se practica BDSM, al menos no del todo. —me dice a modo de explicación mientras yo vuelvo mi mirada hacia sus ojos. —Y alguien me necesita en este momento. —me dice mientras se pone de pie y da la vuelta al escritorio.
—¿Siempre te necesitan? —le pregunto mientras frunzo el ceño.
—No es muy frecuente que me llamen a no ser para solicitar ciertos accesorios.
—No entiendo nada.
Se detiene a mi lado y me tiende una mano.
—¿Vienes conmigo? —me pide mientras yo miro su mano fijamente.
—¿Exactamente a donde me llevas? —le pregunto mientras lo miro a los ojos.
—A la sala cinco, sé que la curiosidad te está matando.
Sí, tengo curiosidad, pero eso no quiere decir que esté dispuesta a entrar en este mundo a la primera oportunidad.
—Solo observarás. Te lo prometo. —me dice mientras puedo ver la sinceridad en sus palabras. —Confía en mí.
Y ahí están esas palabras nuevamente.
Tomo su mano, aunque dudosa y me pongo de pie. Christian enreda sus dedos con los mío y me conduce por el pasillo hacia la sala cinco. La sala cinco está al final del pasillo y Christian se detiene justo frente a la puerta, sin abrirla.
—Quizás debería advertirte algo primero. —me dice mientras se gira hacia mí.
—Sobre qué.
—Sobre lo que encontraremos detrás de esa puerta. —me dice mientras yo miro a la puerta y nuevamente a él.
—Y que es exactamente lo que encontraremos ahí adentro. —le pregunto poniendo los ojos en blanco.
Después de lo que me ha dicho que se hace aquí, no creo que me asuste nada de lo que pueda encontrarme del otro lado. Una cruz. Una cama de cuatro postes. Una reja colgando del techo. Una colección de látigos, varas y fustas.
—Varias personas practicando sexo. —me dice antes de abrir la puerta.
¡Mierda! Esta respuesta no me la esperaba.
