El transporte iba a su máxima velocidad en dirección a la nave con la que habían llegado a Ryloth. Anakin le pidió a R2 que estableciera comunicación con la Orden para solicitar ayuda. No tardó muchos segundos hasta que consiguió una buena frecuencia.

—Vaya Anakin, espero que tengas buenas noticias —dijo Obi-Wan con cierta ironía.

Al otro lado de la transmisión estaban Mace Windu y Obi-Wan junto a la mesa holográfica donde se establecían las diferentes estrategias y misiones que se realizaban durante la guerra.

—Ehmm bueno, surgieron algunas complicaciones.

—No sé de qué me sorprendo.

—El tema es que necesito refuerzos, los separatistas están volviendo a atacar Ryloth y Ahsoka ha sido atrapada por Grievous.

—Uhmm, ¿cuántos de ellos hay?

—Por el momento un único acorazado.

—Siento decírtelo Skywalker, pero ahora mismo no podemos enviar ningún tipo de apoyo. Todas nuestras fuerzas están esparcidas en distintos lugares de la galaxia en diferentes batallas —dijo Windu.

Tu misión será rescatar a tu padawan e intentar inutilizar ese acorazado —añadió Obi-Wan.

—Claro, claro, y sin ningún tipo de ayuda.

—Anakin sabes que la situación es delicada en todos los lugares.

—Hare lo que pueda.

La comunicación finalizó con una leve tensión. Obi-Wan sabía mejor que nadie la forma de ser de Anakin. Su antiguo padawan era impulsivo y algo insolente cuando respondía. A pesar de ello, confiaba en el plenamente y era una de las personas más leales que conocía.

Mientras tanto, Anakin seguía pensando que harían para infiltrarse en la nave enemiga.

—General, ¿hubo suerte? ¿tendremos refuerzos? —preguntó Rex.

—Me temo que no, tendremos que apañarnos como podamos.

Anakin se separó del resto de clones y se fue al otro extremo del transporte. Abrió su comunicador y realizó una llamada.

—¿Anakin?

—Padme necesito tu ayuda.

—¿Qué ha ocurrido?

—No tengo tiempo para explicaciones, pero necesito que nos consigas refuerzos y los envíes al sistema de Ryloth.

—Pero Anakin, eso no está dentro de mis competencias.

—Bueno, la Orden me dijo que no podían enviar nada y tú eres senadora, algo podrás hacer.

—Lo intentaré.

—Perfecto, estoy llegando ya a mi nave, confío en ti.

La comunicación finalizó sin que Padme pudiese decir nada más. Tal vez si la solicitud fuese hecha por otra persona se hubiese desentendido, pero no podía hacer oídos sordos si se lo pedía Anakin. De todos modos, era imposible que cualquier otra persona solicitase apoyo de guerra a una senadora de manera tan personal.

—Trespeó prepárate, nos vamos.

—¿Dónde senadora Amidala?

—A buscar ayuda.

Ahsoka permanecía en la celda junto a Lilibet intentando que esta volviese en sí. Necesitaba que se recuperase para salir de ese lugar lo antes posible, aunque la twi'lek no daba señales de volver del trance en el que se encontraba. Durante varios minutos trató de revertir el estado de su amiga, pero no consiguió nada. Ahsoka empezaba a frustrarse al ver que todo lo que hacía no tenía resultado. Comenzó a divagar en sus pensamientos, no sabía si los clones habían escapado de la fábrica, tampoco donde se encontraba su maestro y mucho menos cual era la intención de la nave en la que se encontraba, aunque esto último era bastante obvio. La culpa también se estaba adentrando en su interior, si hubiesen permanecido todos juntos quizás no tendrían que haber lamentado todo lo ocurrido o si hubiese estado con su maestro seguramente no estaría en esa situación.

La mente de Ahsoka comenzaba a nublarse y lo único que veía era un largo laberinto. Se sentía atrapada, y no precisamente por estar en una celda prisionera, si no por el bloqueo en el que se encontraba. Estaba intranquila, insegura y preocupada. A su lado podía ver a Lilibet; inocente, débil, desprotegida e ignorante de la situación.

El miedo comenzó a rodearla. Intentó resistir y se hizo fuerte ante él. Sabía que ese sentimiento la podía conducir a un camino peligroso y no podía permitir que eso ocurriese. Desvió sus pensamientos y se dispuso a recordar todo lo que aprendió cuando era una iniciada jedi junto al maestro Yoda. Siempre daba resultado canalizar la mente en las enseñanzas del ser más sabio de la Orden y, posiblemente, de toda la galaxia. Se acomodó en el suelo y comenzó a meditar. Poco a poco su mente empezó a disipar todas sus dudas y preocupaciones, entró en un estado de plena calma y su pensamiento se volvió más reflexivo. En unos minutos había logrado una simbiosis total con la Fuerza y entendió que para recuperar a su amiga debía dejar de lado todos sus temores y alejarse de cualquier ambición de poder. Sus lazos con Lilibet, aunque en poco tiempo, se habían hecho ya muy fuertes. Todo lo compartido hasta el momento había generado una gran conexión entre las dos.

Ahsoka se liberó de todos sus pensamientos y extendió sus manos sobre la frente de Lilibet. Dejó que la Fuerza fuese la única que estuviese en su interior y comenzó a sentir la distorsión en la que se encontraba su compañera. Podía ver oscuridad, sufrimiento, tristeza, miedo, angustia, horror. Todos los pensamientos de Lilibet comenzaron a inundar fuertemente a Ahsoka, aunque sin consecuencia alguna. Su mente se encontraba en una paz plena y armonía inherente. En un último esfuerzo, se dispuso a tranquilizar a su amiga.

—Soy una con la Fuerza, la Fuerza está conmigo —repitió varias veces mientras se dirigía a Lilibet.

En pocos instantes el rostro de Lilibet vislumbraba tranquilidad y descanso. Por el momento estaba inconsciente debido al cansancio acumulado, pero definitivamente ya no iba a sufrir más.

Agotada por todo lo ocurrido, Ahsoka se apoyó en una de las paredes de la celda junto a su amiga con la intención de recuperar energía. Ahora solo quedaba esperar a que viniesen por ellas, y no dudaba en que su maestro no tardaría mucho.

Todos habían subido a la nave con la que llegaron a Ryloth. La incertidumbre les rodeaba al saber que no tendrían refuerzos y debían infiltrarse en un acorazado repleto de droides.

—General, ¿Cuál es el plan?

—No hay plan Rex, no tenemos tiempo para inventarnos algo. Subiremos directos y entraremos a la fuerza.

—Será difícil señor, por no decir un …

En ese momento todos los clones presentes se quitaron el caso se pusieron en fila.

—No se preocupe general, estamos preparados para lo que sea.

—Es cierto, la quinientos uno siempre irá con usted hasta el final.

—Gracias a todos —dijo Anakin con expresión de gratitud.

Poco a poco la nave comenzó a elevarse y antes de salir de la atmosfera Anakin apagó a R2. El droide era el único que podía no ser detectado por los radares. La idea de Anakin era, una vez dentro del acorazado, mandarlo a buscar a Ahsoka mientras él y el resto armaban un alboroto en la nave. De un momento a otro vieron la imponente nave separatista delante de ellos, como cuando un depredador acecha a su presa.

—General, detecto formas de vida orgánica dentro de esa nave —dijo un droide piloto.

—¡Disparadles! ¡Quiero ver esa nave hecha pedazos! —gritó Grievous.

Todos los disparos se dirigieron al objetivo que había marcado el general droide. La potencia de fuego estaba al máximo, y si unos pocos de esos disparos impactaban sobre la cubierta de la nave no habría nadie para contarlo. Anakin tomo el control para recibir el mínimo daño posible. En un instante, la nave comenzó a girar de manera brusca en todas las direcciones. Los clones intentaron agarrarse a algo para no recibir ningún golpe, al mismo tiempo que sujetaban a R2. Poco a poco la nave se acercaba al puente del acorazado mientras viraba en todos los sentidos y haciendo todo tipo de acrobacias.

Grievous miraba de forma imponente como se acercaban sus enemigos. Sabía mejor que nadie la forma en la que pilotaba Anakin. No por nada era considerador el mejor piloto de la galaxia, y en ese instante estaba haciendo honor a ese título.

Ya estaban la altura del acorazado cuando la nave comenzó a desprender humo, producto de los impactos recibidos. La pérdida de energía era constante y los mandos estaban empezando a fallar.

—Agarraros fuerte, el aterrizaje va a ser algo movido —dijo Anakin mientras intentaba mantener el rumbo estable.

Una vez entraron en el puente de aterrizaje la nave impacto contra el suelo al tiempo que avanzaba a toda velocidad generando una gran cantidad de chispas. El impacto dejo a todos aturdidos durante unos breves segundos. Una vez que se recompusieron, Anakin encendió a R2 y le ordenó buscar a Ahsoka mientras él y los clones ganaban el mayor tiempo posible.

—General no es por ser negativo, pero estamos rodeados de hojalatas. En el momento que salgamos esto se pondrá difícil.

—Bueno ya estamos aquí, no hay vuelta atrás. En el momento que abramos la puerta lanzad alguna granada y después cubríos con lo que veáis.

Siguiendo la instrucción de Anakin, abrieron la puerta y Rex indico el momento indicado para lanzar los explosivos. Los droides que fueron alcanzados quedaron hechos pedazos. Se generó una breve nube de humo que aprovecharon para salir fuera al mismo tiempo que disparaban. Avanzaron hasta llegar a una hilera de cazas que había en el puente del acorazado para cubrirse. En ese momento comenzaron a devolver los disparos de los droides.

La cantidad de enemigos que tenían en frente era muy elevada. Vieron cómo se acercaban a toda velocidad un conjunto de cinco droidekas. Se detuvieron en seco y activaron sus escudos a la vez que comenzaron a dispararles. Uno de los cazas que los cubrían empezó a sacar humo.

—¡Apartaros de aquí, va a explotar! —gritó Anakin.

La explosión acabó con dos de los clones que no pudieron evitarla a tiempo. El resto lograron llegar hasta unas cajas grandes de suministros metálicas. Contener la ofensiva droide era ya prácticamente imposible, no les quedaban granadas y comenzaban a verse acorralados. Entre todo el fuego cruzado, Rex vio en las esquinas del puente unas bases en las que había varios depósitos de combustible. Rápidamente se dirigió hacia Anakin y con la cabeza le indicó la posición de esos barriles.

—Cuando quiera general —dijo Rex.

En ese momento Anakin avanzó dos metros al tiempo que desviaba con su espada los disparos. Dirigió su mano hacia el combustible y con un estirón lo hizo volar hasta el centro de los droides. Cuando estaba por caer al suelo, Rex disparó con sus dos pistolas. Fueron dos tiros limpios y elegantes que impactaron con el material inflamable y redujeron a escombros a gran parte de los droides. El resto de clones tomaron la iniciativa y se abalanzaron contra los restantes.

Por su parte, R2 había logrado pasar desapercibido cuando bajó de la nave y ya estaba recorriendo los pasillos del acorazado en busca de Ahsoka. Recorrió un total de tres pasillos hasta que encontró un punto de control en el que acoplar su enganche. En cuestión de segundos consiguió información de toda la nave. Sabía cuántas celdas había y si estaban ocupadas. No tardó mucho en darse cuenta de que en el piso inferior se encontraba un habitáculo con dos formas de vida, por lo que supuso que eran Ahsoka y Lilibet. Teniendo un mapa de todos los pasillos fue rápidamente hasta el ascensor más cercano. Cuando ya estaba por llegar vio que dos droides se dirigían hacia él. Se escondió en una de las esquinas intentando no ser detectado.

—Eehhh, ¿no has escuchado nada? —preguntó uno de los droides.

—Pues ahora que lo dices oigo desde hace rato una especie de chirrido.

Ambos droides se miraron con comenzaron a mirarse con desconcierto.

—Será alguno de tus circuitos internos. Sigamos adelante y luego pide que te revisen.

—Roger, roger.

Cuando ya lo habían dejado atrás, R2 accionó el interruptor del ascensor y entró seleccionando el nivel al que quería llegar.

Los pasillos del Senado eran anchos y extensos. Padme caminaba pensando de qué forma podía ayudar a Anakin. Siempre había estado en contra de la guerra y buscaba resolver todo de la manera más pacifica posible. Al contrario que el resto de senadores, los cuales solían abogar por intereses propios, ella se preocupaba por los pueblos pertenecientes a la Republica. Era consciente de todo el sufrimiento que estaba generando la guerra y siempre que podía escuchaba y hablaba con los ciudadanos de los diferentes planetas. Su posición era ciertamente difícil. En los asuntos referentes a la política debía actuar como senadora y tomar las decisiones que debía, no las que quería. Este hecho se complicaba debido a su relación sentimental secreta con Anakin, prohibida para los jedi. Ahora mismo se encontraba en una situación complicada. Le habían pedido ayuda y, aunque no estuviese en disposición de movilizar ninguna tropa, no podía ignorar a quien le había hecho esa petición.

Estaba a escasos metros de la sala personal del canciller Palpatine y debía convencerlo para que mandase apoyo a Ryloth. Era consciente de que el canciller tenía una estima especial por Anakin y de algún modo podría conseguir que le ayudase.

Las puertas se abrieron automáticamente cuando se acercó a ellas. Dentro de la sala había dos personas hablando con el canciller y al ver a Padme se retiraron haciendo una modesta reverencia.

—Vaya, senadora Amidala, ¿a qué se debe su visita?

—Canciller necesito su ayuda.

—¿Usted?

—¿Podría mandar un crucero al sistema de Ryloth? El caballero Skywalker ha solicitado refuerzos debido a una nueva invasión separatista.

Mientras hablaban a Padme se le notaba un leve tono de preocupación.

—Siento decirle senadora que todo nuestro ejército esta movilizado por toda la galaxia en diferentes misiones. Sería muy difícil mover alguna de nuestras fichas ahora mismo.

—¿No existe ninguna posibilidad?

—Senadora Amidala noto siempre un compromiso mayor cuando se trata de Skywalker, es un joven muy afortunado.

—Solo necesitaba ayuda y acudió a mí.

—De seguro es así. Vaya usted misma a la de sala donde se toman las estrategias para la guerra y solicite algún crucero que esté disponible. Diga que tiene mi aprobación.

—Muchas gracias canciller.

Palpatine observó desde su asiento y con las manos formando un rombo como Padme abandonaba la habitación, al mismo tiempo que sonreía de manera irónica.