Como ligarte sin querer a un millonario.

Capítulo 10.


La clínica de reumatología nunca le había parecido un lugar tan agradable. Mientras esperaba fuera del consultorio sentada sobre una gélida silla metálica su mente seguía transportándose a la velada de la noche pasada. Syaoran se había empeñado en dejarla frente a la puerta de su casa e insistió en que se marcharía después de verla entrar, siendo el problema que ninguno era capaz de despegarse de la mirada del otro.

Fue un momento románticamente incómodo.

Finalmente ambos acabaron uniéndose en una sonora carcajada, la sensación de estar con él se había tornado tan cotidiana que durante la cena no fue difícil hacer a un lado la tensión que aquel beso dejó entre ellos, pero justo en aquel instante bajo la incipiente luz de luna envolviéndolos en el silencio absoluto, su ferviente secreto afloró.

Cerraron la distancia en un abrazo conmovedoramente distinto al de su encuentro. Syaoran se aferró a ella sin ningún tipo de malicia, más bien, lo hizo con una necesidad copiosa. Como alguien solitario que solo busca el cariño y aceptación de otra persona. Sakura era capaz de reconocer esa conmoción en él porque era algo que ella había experimentado durante demasiado tiempo.

Exponerse de esa manera con ella era más íntimo y valioso que cualquier beso. Significaba que Syaoran confiaba lo suficiente en ella para mostrar sus debilidades. Eso era una cosa imposible de hacer con una persona al azar. Y era la justa razón por la que le gustaba tanto Li, quien se esforzaba por ocultar su fragilidad detrás de una cretina e inexorable personalidad.

—Disfruto tanto ver tu rostro evidentemente flechado.

Sakura se sobresaltó dejando caer su pequeño bolso al piso.

—Oh, querida, lamento interrumpir —se disculpó Naia—. Mirabas al vacío con una fascinación similar a la mía cuando transmiten un drama con mi actor favorito.

—Lo siento —titubeó Sakura, incorporándose, ofreciéndole el brazo a su suegra para tomar juntas el elevador—. ¿Cómo estuvo tu cita?

—Ninguna novedad. El médico dice que mientras siga sus indicaciones podré bailar un poco en la boda de mi hijo y cargar a la mayoría de mis nietos.

Sakura intentó sonreír mientras mordía el interior de sus mejillas, autocastigándose por su comportamiento. Las puertas del elevador se cerraron reflejando la imagen de ambas mujeres, Naia Ubachi era la madre adoptiva de Daisuke, quien había librado una batalla contra la artritis desde que tuvo las primeras manifestaciones en plena adolescencia, pero nada de eso le impidió dar el paso más crucial de su vida, la maternidad.

Después de varios tratamientos de fertilidad y dos abortos espontáneos, ella y su esposo llegaron al hogar Hikaru donde conocieron a su precioso hijo Daisuke. Tratándose de un matrimonio mayor, vieron prudente adoptar a un niño en su etapa escolar y fue así como las vidas de Sakura y Daisuke se transformaron.

La separación había sido una etapa oscura en su vida, estaba todo el tiempo enojada, se peleaba con otros chicos y en la escuela acaparaba la atención de su entonces mejor amigo. Sakura sintió que le arrebataron lo único que le pertenecía. Su comportamiento errático se apaciguó cuando la relación de ellos cruzó a otros planos, desde entonces ella estuvo segura que nada ni nadie podría llevarse a su persona especial otra vez.

Ese suceso había hecho que la relación de Sakura con el matrimonio Ubachi fuese complicada después de la adopción de Daisuke, en su interior no se permitía perdonarlos por no haberla seleccionado y que encima de ello le hubiesen quitado a su otra mitad. Después comprendió que nadie era culpable por su permanencia en la casa hogar y que era demasiado egoísta de su parte desear que Daisuke nunca se hubiese marchado.

Naia y su suegro siempre le recibían en su hogar con suma calidez y fueron los más emocionados con el anuncio del compromiso. Todo marchaba de maravilla hasta que Li Syaoran apareció en su vida. Él tenía razón. Sakura sostuvo un interés especial en él desde la primera noche que piso el club de solteros, con su rostro arrogante y su mirada seductora. Ella se había escudado todo ese tiempo diciéndose a sí misma que la atención que le prestaba era para cuidar a cualquier chica indefensa que pudiese caer en sus mentiras pero la verdad era que él siempre le pareció atractivo.

En ese entonces, jamás imaginó que su relación con él llegaría tan lejos. Y era casi siniestro de su parte pretender que todo marchaba bien en su noviazgo con Daisuke frente a su suegra mientras ella se hundía en el infierno con sus mentiras. Suspirando se dijo que no podía dañar a las pocas personas que la apoyaron en sus momentos más difíciles, tenía que recomponerse para no levantar sospechas.

—Daisuke debe estar saliendo del trabajo en este instante, ¿quieres que lo llame para almorzar juntos?

Naia negó con la cabeza, con sus ojos melancólicos por la mención de su hijo.

—Es mejor que lo dejemos descansar. Me preocupa que se exceda tanto con sus horarios, si tienen problemas de dinero por la boda deberían platicarlo con nosotros, podemos ayudar.

Pese a que Daisuke sí contaba con una familia que lo respaldara, él se esforzó por independizarse cuando cumplieron la mayoría de edad, se graduó rápidamente de la academia e ingresó a la compañía de seguridad, donde gracias a un golpe de suerte conoció a su actual jefe.

Daisuke alegaba que con él ganaba lo suficiente para mantener a una familia pero sakura nunca había estado completamente de acuerdo con ese trabajo. Implicaba demasiados riesgos para el bienestar de su prometido y atentaba contra el tiempo que podían compartir juntos. Ella no quería casarse para continuar sola.

Era un tema discutible, pero que de momento prefería obviar, al menos hasta estar segura de lo que haría con su vida.

—No tienes que preocuparte, tengo todos los gastos de la boda cubiertos.

Naia la miró con sorpresa.

—¿Hablas en serio? Recuerdo que hace un par de meses te quejabas todo el tiempo porque las flores de papel que adornarían el salón te quedaban horribles y ahora me dices que lo tienes todo resuelto, ¿acaso te sacaste la lotería?

—Algo así —murmuró apenada—. Lamento no entrar en detalles contigo pero me gustaría comunicárselo antes a Daisuke.

—Me siento una suegra terrible contigo por no poder ayudarte con los arreglos —dijo, cabizbaja.

Sakura le regaló una sonrisa consoladora antes de abandonar el elevador.

—No te preocupes, ya hiciste suficiente por mí cuidando de Daisuke.

No podía reclamarle nada a esa buena mujer a quien su padecimiento le había pasado factura en los últimos años, la deformidad de sus piernas y manos era notoria y a pesar de cumplir su régimen de cuidados, en los últimos meses Naia comenzó a presentar leves problemas en sus ojos, por lo que todos cuidaban de no sobrecargarla con sus problemas.

—Yo no hice nada más que vestirlo y alimentarlo, Daisuke ha logrado todo él solo. Es un chico extraordinario.

—Estoy de acuerdo, es demasiado bueno para mí. —se lamentó Sakura, llena de remordimiento. Ella era un monstruo.

—No digas eso —reprendió Naia—. Tú eres la inspiración de su esfuerzo, está muy ilusionado por casarse contigo y yo también estoy ansiosa de tener una hija tan bonita y talentosa como tú.

Sakura tragó saliva, incomoda ante la idea de profundizar el tema de su matrimonio. Después de salir del hospital tomaron un taxi al centro de la cuidad, su suegro Satoru era un ortodoncista retirado, por lo que pasaba gran parte de su tiempo en el club de adultos mayores del vecindario y Sakura no deseaba interrumpir el descanso de su novio, así que resolvió tener un día de chicas con su suegra.

Gastó una pequeña fracción de sus ahorros en un par de faciales y arreglos para el cabello. Esa era la experiencia más cercana que tendría de un día de madre e hija, así que intentó disfrutarlo al máximo discutiendo sobre cuál peinado y qué color de uñas iba mejor para ellas.

Al final de la tarde luego de lucir sus aspectos renovados en una cafetería cercana, Naia quiso regresar a casa. Como el vestíbulo y la salita estaban sumidos en un inquietante silencio, ellas dedujeron que Satoru aún no regresaba y que Daisuke estaba durmiendo en su habitación.

—Deberías recostarte mientras yo preparo la cena —sugirió Sakura.

—¿Y arruinar mi peinado? Debes estar loca —bromeó Naia, colgando su bolso en el perchero—. Pero te tomaré la palabra, estoy un poco cansada, me reposaré un rato en el sofá mientras preparas la cena.

Sakura le ayudó a acomodarse en el lujoso sillón individual que Daisuke había comprado para su madre el año anterior, activó la función de masaje y se retiró a la cocina. Hacía mucho tiempo que no pasaba por la casa de sus suegros, sintiendo nostalgia al notar las diferencias de un hogar habitado por una familia completa contra su caótico sitio de habitación.

Explorar el frigorífico era un auténtico deleite, todo estaba estratégicamente conservado en recipientes e incluso vio una bastedad de golosinas, todas de la selección favorita de su prometido. Debido a que su suegro estaba por llegar escogió la ruta fácil preparando la arrocera y cortando vegetales para sazonar el curry. Cocinar para otras personas era la mejor sensación del mundo.

Cuando terminaba de acomodar los platos sobre la mesa, su suegro se asomó a la cocina, pretendiendo que estaba olfateando un aroma exquisito. Sakura rió secándose las manos en el delantal y se acercó a recibirlo con un abrazo.

—¡Qué maravillosa sorpresa! ¿Por qué nadie me avisó que venías? Hubiese regresado temprano del club.

Sakura hizo un gesto despreocupado, invitándolo a sentarse.

—Quería consentir a mis suegros por separado, así que me encargué de poner linda a Naia y a ti te preparé un delicioso arroz con curry —celebró, colocando la comida en la mesa.

Naia apareció atrás de ellos disfrutando de la escena. Sakura era una chica sumamente simpática y de buenos sentimientos, era un tanto arrebatada en ciertas ocasiones pero estaba segura de que tenía en ella lo suficiente para hacer feliz a su hijo. Después de recibir elogios de su marido por su nuevo peinado, se sentó a la mesa a disfrutar de la cena.

—Le llevaré su cena a Daisuke —indicó, sirviendo una abundante porción de comida en la charola.

—Por supuesto, querida. Anda, ninguno de nosotros se atreve a despertarlo por miedo a su malhumor. Pero seguramente estará feliz de ver tu rostro.

Sakura observó con incomodidad la malicia implícita en la expresión de sus suegros. Se balanceó en los pasillos hasta llegar a la habitación de Daisuke, empujando sigilosamente la puerta. La respiración acompasada de su novio la recibió, ella admiró con ternura que la luz de noche tenía más vigor que el cuerpo exhausto de él.

Recogió las prendas que estaban regadas en el piso y apiló los trastos sucios, Daisuke siempre fue muy cuidadoso con el orden de las cosas, pero en los últimos días su habitación funcionaba igual que un cuarto de hotel que solo era ocupado unas cuantas horas y luego el inquilino se marchaba despreocupado por el orden de su entorno. Tenía que admitir que actualmente lucía similar a su propio hogar, ella solía ser demasiado descuidada, por eso consideraba que ellos mantenían el equilibrio perfecto.

Después de apreciar el pizarrón de recuerdos que ella misma colocó en el muro de Daisuke el día que se graduaron de la preparatoria, se recostó con cuidado junto a él. No cambiaría la infancia que vivió al lado de ese chico por nada, Daisuke conocía cada uno de sus temores y alegrías, había consolado sus decepciones y celebrado sus triunfos, fueron demasiado unidos hasta que la vida de adultos los separó poco a poco.

Cuando Daisuke decidió ingresar a la academia y ella recién habitaba la cochera de la casa de los Ubachi, no sintió tanto el desapego, ya que cuando lo extrañaba se colaba dentro de su dormitorio y se abrazaba con sus pertenecías. El golpe había venido con la mudanza de ella a la vieja casa del callejón, justo cuando Daisuke dejó de tener clientes ocasionales y fue absorbido en el cuerpo de seguridad del señor Yamada.

Fue entonces que ella sintió que perdía nuevamente su equilibrio. Tenía miedo de ser abandonada otra vez, sin darse cuenta que era ella quien propiciaba las situaciones para alejarlo, saliendo de fiesta y teniendo pequeños deslices con otros chicos. Eriol conocía gran parte de sus secretos y nunca la recriminó, pero la atacaba constantemente diciéndole que la única decisión equivocada que estaba tomando era comprometerse con Daisuke.

¿Eriol tenía razón? Era difícil determinarlo, Daisuke le transmitía una sensación cálida y segura. Conteniendo el impulso de acariciarle el cabello, lo examinó. Sus mechones rubios habían desaparecido con el corte estilo militar que su trabajo exigía, su rostro tierno y apacible se tornó desafiante y pétreo, con una imborrable cicatriz sobre su mejilla consecuencia de su trabajo.

Ni ella ni sus padres estuvieron de acuerdo con el riesgo que le implicaba ganarse la vida realizando esas actividades, pero Daisuke había perseverado en medio de los obstáculos. Se convirtió en un hombre y con la desaparición de su inocencia también exigió un giro en la relación. Alguna vez sus amigas le preguntaron por qué teniendo una historia tan monumental con su novio, ella no se atrevía a pasar a planos más íntimos y todavía no estaba segura de su respuesta.

Adoraba al hombre frente a ella y la idea de vivir para siempre con él no le parecía descabellada. Sin embargo existía un vacío entre ellos que no podía satisfacer. Las sensaciones que Daisuke le producía eran bruscamente distintas a lo que sentía por Li. Y eso dolía. Nunca en la vida se sintió tan desleal y embustera como en ese momento.

Suspirando, se retiró con cuidado de la habitación y regresó a la cocina donde sus suegros continuaban compartiendo un té caliente antes de ver la repetición de su programa favorito de variedades.

—Lo lamento, no tuve corazón para despertarlo, luce agotado —se justificó, dejando la charola cubierta sobre la mesa—. Es mejor que dejemos aquí su cena en caso que despierte hambriento a media noche.

—Creo que tomaste la decisión correcta —acordó Satoru—. En tu lugar habría hecho lo mismo, es tan difícil verlo en estos días. Espero que su jefe tome en cuenta su esfuerzo y lo deje disfrutar una buena temporada de su vida de recién casado.

Naia soltó una risita nerviosa, golpeando con el codo las costillas de su marido. A lo que Sakura respondió con una mueca, simulando una sonrisa.

—¿Por cierto, cómo va el asunto de la boda? —preguntó su suegro, frunciendo el ceño. Sakura notó entonces que él había comenzado a perder el cabello de forma acelerada. Apretó los ojos y sacudió la cabeza, tenía que abandonar esa manía de fijarse en cosas absurdas cuando estaba nerviosa—. Antes venías casi a diario cargada de revistas y catálogos sobre el asunto pero después del viaje improvisado de mi hijo a Paris, desapareciste una buena temporada. ¿Acaso están peleados?

—Deja de decir tonterías —defendió Naia—. ¿Por qué la niña seguiría viniendo a perder el tiempo discutiendo detalles con un par de viejos que no están ayudando en nada? Deberíamos estar agradecidos porque se está encargando de todo sola.

—Tengo todo bajo control —reiteró Sakura, acallando la discusión—. En unos días les revelaré los detalles después de platicarlo con Daisuke. ¡Además quiero comunicarles que finalmente me ascendieron en el trabajo! Así que estoy enfocando todo mi tiempo y mi esfuerzo en eso.

Sakura vio con pesar la emoción en los ojos de sus suegros mientras remendaba su ausencia y falta de atención con más mentiras.

—Entonces, los dejo descansar —reparó, colgando el delantal en la cocina—. Me voy a casa.

—Yo te llevo —ofreció Satoru, trastabillando al ponerse de pie.

Sakura corrió a sostenerlo, obligándolo a regresar a su silla mientras el vértigo que lo debilitó cedía.

—Por favor no te molestes, puedo regresar sola. Necesito un poco de aire fresco.

La culpa en los ojos de su suegro era notoria, ellos comenzaban a sentirse excluidos por no poder realizar ciertas tareas debido a los achaques de la edad. Pero nadie se atrevía a recriminarlos. Esas personas fueron de gran apoyo cuando los necesitaron al salir de la casa hogar, era justo que ahora los retribuyeran dándoles cariño y comprensión, haciéndolos sentir importantes como los principales pilares de la familia.

—Es una pena que te arreglaras en vano, deberías pasar el rato con la dueña del restaurante o qué tal el otro muchacho de anteojos, son tan simpáticos —aportó Naia, espantando el mal rato que el vahído de su marido había provocado—. Ve a divertirte, yo me encargaré de hacerle saber a Daisuke lo hermosa que lucías esta noche y también le diré que pasaste a verlo y nos dejaste la cena preparada.

Sakura intercambió una sonrisa consoladora con Satoru, quien alegaba tener la salud y fuerza de un roble y varias veces había sido descubierto suspendiendo su tratamiento para controlar el síndrome de Méniére pero no quería entrar en discusiones. Se despidió de sus suegros con un abrazo y caminó por el vecindario hasta llegar a la estación de autobuses donde se desplomó encima de la banqueta, debatiéndose entre regresar a casa o fugarse a un bar con sus amigos.

No quería propiciar nada escandaloso ni perder el control de sus sentidos, así que buscó a sus amigos más responsables; Eriol y Tomoyo. Ninguno de los dos atendió sus llamadas y por algún extraño motivo el teléfono de su amiga estaba fuera del área de servicio. Sakura frunció el ceño, entendiendo que esa era la señal contundente de que el marido de Tomoyo estaba de regreso en la ciudad.

Suspiró sintiendo pena por su amiga, a través de los años aprendió que las desapariciones eran parte de su vida de casada. Después de no tener noticias de ella por algún tiempo, aparecían publicaciones en sus redes sociales en los distintos países que visitaba al lado de su marido sin embargo en los últimos meses sus desapariciones eran cada vez más extrañas, no habían rastros de viajes extravagantes ni tratamientos estéticos que requerían ocultarse por un tiempo, Tomoyo simplemente reaparecía para continuar con su vida cotidiana sin hacer comentarios de su rostro deslustrado.

Sakura arrugó los labios formando círculos imaginarios en el piso con la punta de sus zapatos. Sabía que la vida privada de Tomoyo no era de su incumbencia, pero no podía dejar de sentirse preocupada. Lamentablemente el odio que Kai le profesaba la tenía atada de manos, lo único que podía hacer era esperar. Y si a eso le sumaba el esquivo comportamiento de Eriol casi podía presentir que algo complicado había sucedido entre ellos.

Un autobús se acercaba arrastrando consigo un manto de oscuridad sobre el cielo estrellado y resuelta a abordarlo para dejarse sorprender por el destino cerró los ojos hasta que el colectivo estacionó frente a ella. Como era la única en la estación el conductor sonó el claxon preguntándole si subiría o no, ella lo dudó unos instantes, procurando eludir sus deseos. Era la ruta que la dejaría a unas calles del edificio de Li.

El conductor cerró las puertas, ofuscado, provocando la reacción desenfrenada de Sakura, quien se lanzó sobre el transporte ordenándole al sujeto que se detuviera. Después de abordar hizo una pequeña reverencia de disculpa para todos y se ocultó en el último asiento hasta que hizo su peaje en el centro de la ciudad.

Las luces centelleantes la deslumbraron, aturdiéndola. Muchas personas caminaban de regreso a sus casas después de una larga jornada de trabajo con sus rostros cansados. Hizo una parada en un restaurante de sándwiches y ordenó casi la mitad del menú, no obstante el peso que cargaban sus brazos no fue suficiente para retrasar su llegada a la zona corporativa.

Imaginó que pocas personas recordarían su rostro ya que su permanencia en ese lugar fue prácticamente fugaz. Las recepcionistas ni siquiera repararon en su presencia y las compuertas de acceso de personal, para su suerte, carecían de vigilancia. Corrió evitando un interrogatorio sobre su visita y le rogó a los cielos que su tarjeta de empleado aun estuviera vigente. Casi gritó de emoción cuando la barrera de acceso se levantó frente a ella, dándole paso a los ascensores.

Una molesta melodía la escoltó hasta el piso superior mientras su corazón se aceleraba a medida que ascendía. Durante un instante perdió la noción del tiempo ante la idea de ver otra vez el rostro de Syaoran, sin embargo lo que descubrió al abrirse las puertas la dejó helada.

El panorama era caótico, contando al menos una docena de personas desconocidas en el pasillo. Todos hablaban entre ellos idiomas que Sakura no comprendía, cuando finalmente sus pies lograron pisar la oficina de Syaoran, fue atacada por una horda de personas que sin percatarse comenzaron a arrebatarle las bolsas de comida.

—Por fin llegas, unos minutos más de retraso y descontaríamos tu propina —espetó un hombre regordete, cargando un espantoso chaleco color caqui—. ¡Oigan todos, la chica del café está aquí!

Sakura soltó un chillido cuando las últimas bolsas le fueron arrebatadas de las manos. ¿Cómo era posible que ella hubiese gastado su dinero en esas horribles personas que ni siquiera conocía? Haciendo un puchero arrancó de las manos del molesto hombre que amenazó dejarla sin propina la última rebanada del emparedado y el vaso de té latte antes que pusiera su espantosa boca sobre ellos.

—Eso no es para ti —bramó, rematándolo con un ligero empujón.

Al girar sobre sus talones sus pies se enredaron con los cables de los reflectores, haciéndola tropezar, tuvo que soltar la comida que recién recuperó para no caer de bruces y todo lo que prosiguió a su pequeño acto de torpeza ocurrió en cámara lenta frente a sus ojos. El emparedado se desmembró en el piso mientras que el té viajó más allá después de perder su tapa, el líquido se había precipitado justo sobre el pecho de su dueño original.

El elegante y moderno traje que Syaoran vestía ahora estaba teñido de verde, los murmullos de los reporteros cesaron, enfocando su atención sobre la torpe chica que corría peligro de perder la cabeza. Sin embargo la reacción de Syaoran los dejó pasmados.

La vida le había dado muchas lecciones a Sakura y una de ellas era que una persona se reía a carcajadas cuando estaba realmente feliz o cuando las circunstancias te superaban y no encontrabas otra salida de la furia y la frustración que no fuese la risa.

—¡Señor Li! —chilló Saori, corriendo hacia su jefe con un botiquín de primeros auxilios en las manos—. Perdonen la interrupción, estaré con ustedes en unos minutos, necesito hacer una evaluación de los daños.

Oh, no.

Sakura observó cómo Saori condujo a Syaoran al anexo de la oficina sosteniéndolo del brazo, él sin embargo alcanzó a devolverle la mirada indicándole que los siguiera. Los reporteros y camarógrafos observaron en silencio la marcha culposa de la chica, quien seguramente sería decapitada en los próximos segundos.

—¿Pero qué rayos estabas pensando? —gritó Saori, cerrando la puerta con llave—. ¿Cómo se te ocurre venir sin previo aviso y portando algo tan peligroso? Te imaginas lo que hubiese ocurrido si esa bebida caliente toca el rostro de mi jefe, estarías en un serio problema. ¿Crees que puedes ganar una demanda contra nosotros?

Sakura guardó silencio reconociendo que Saori tenía un poco de razón.

—Saori, tranquilízate un poco —interrumpió Syaoran desde la silla donde Saori lo mantenía cautivo mientras le arrancaba la ropa, literalmente—. Estoy bien.

—¿Qué haces ahí parada? —continuó atacando—. Ve a traer agua fría en un recipiente.

Sintiéndose un tanto desorientada, Sakura acató la orden, extrayendo del frigorífico dos botellas de agua fría para verterlas en un cuenco. Saori limpió con cuidado las lesiones en el pecho de Syaoran, que afortunadamente resultaron ser quemaduras de primer grado. Por primera vez Sakura alabó su incapacidad de servir un café bien caliente.

Mientras abría el pequeño tubo de crema medicinal, ambos notaron un marcado temblor en las manos de la asistente, Syaoran la sostuvo de ambas muñecas y la miró a los ojos.

—Déjalo, puedo hacer esto por mi cuenta. Quiero que salgas de esta oficina y respires aire fresco durante cinco minutos, ambos estamos muy tensos y necesitamos un descanso.

—Está bien, si no le molesta, saldré a fumar. —Syaoran negó con la cabeza divertido por la sinceridad de su asistente, quien no tardó en señalar a la autora de ese desastre—. Pero ella vendrá conmigo, no pienso dejarlos a solas para que intente asesinarlo de nuevo.

—Ella solo intentaba alagarme, ha venido a suplicarme una segunda oportunidad para sus pasantías, pero te prometo que no me dejaré convencer —le guiñó un ojo a Saori, dejando todavía más avergonzada a Sakura.

La mujer mayor se retiró con un bufido, enviándole a ella una mirada recelosa, esa pantomima de la pasante no se la creía ni siquiera un niño de preescolar. Cuando estuvieron solos, Sakura tomó el tubo de crema y en rotundo silencio comenzó a aplicarla con delicados golpecitos sobre el pecho descubierto de Syaoran. El nerviosismo la embargó cuando él le acomodó el cabello detrás de la oreja, encontrando el camino hacia su barbilla, atrayendo la atención hacia su rostro con esa leve caricia.

—¿Qué clase de novia se corta el cabello con un estilo tan radical poco antes de su boda?

Él hizo esa pregunta con tanta naturalidad que Sakura se preguntó si a él no le importaba en lo absoluto que ella fuese una mujer comprometida. La actitud inofensiva y pretensiosa que él sostuvo la noche pasada había sido sustituida por el habitual cinismo seductor que lo caracterizaba cuando se conocieron.

No podía responderle que solo una novia confundida y al borde de la locura era capaz de hacerse un cambio de look tan drástico. Se sonrojó, evadiendo la pregunta de la manera más astuta que pudo.

—¿No te gusta?

—Depende —dijo, poniéndose de pie, llevándola consigo—. Si lo hiciste para mí, entonces me encanta.

Sakura bajó la mirada a sus pies. ¿Qué le sucedía a Syaoran? ¿Acaso estaba haciéndola pasar por un momento incómodo para vengarse de la pena que le hizo pasar frente a todos? Sí, tenía que ser eso. Las personas que estaban en la cima del poder siempre tenían algo mezquino en ellas y Syaoran no podía ser la excepción a eso.

—Lamento mucho lo que sucedió —murmuró, con la vista pegada a sus preciosos zapatos rojos—. No era mi intención irrumpir en tus actividades. ¿Qué hacen todas estas personas aquí?

Syaoran abandonó su postura seductora y un aura sombría se vertió alrededor de él.

—Es solo una pequeña antesala de la ceremonia de mi nombramiento —explicó, liberándola de su agarre. Sakura retrocedió unos pasos, guardando su distancia de él. Verlo semidesnudo no estaba ayudándole a contener su nerviosismo—. No estoy acostumbrado a ser el centro de atención, por lo que exigí una conferencia discreta. Y bueno, lo que observaste es lo más pequeño que logré conseguir.

Sakura lo miró con ojos compasivos. Otro en su lugar estaría presumiendo haber alcanzado la cúspide del éxito a pocos meses de cumplir los treinta años, pero Syaoran parecía ser la excepción a eso. Probablemente todos habían pasado desapercibido el hecho de que Syaoran estaba ahí sustituyendo a su difunto padre de forma inesperada, ¿acaso alguien se había preocupado por el peso que eso le significaba? Quizá nunca fueron tan unidos, pero estaba segura que eso lo afectaba de manera directa.

—Chispita, ¿vas a salir o prefieres quedarte a mirar?

Sakura parpadeó dos veces antes de entender la situación y el tono sugerente de él. El receso había terminado y Syaoran tenía que cambiarse de ropa para salir, terminó huyendo despavorida antes que él terminara de soltar la hebilla de su cinturón. Lo escuchó reírse y disfrutar descaradamente de la situación detrás de la puerta.

En la oficina principal todo estaba terminado, las luces proyectadas hacia el magnífico escritorio de Syaoran y los reporteros dando sus últimos repasos a sus notas. Luego de dos minutos Li salió de la oficina luciendo más guapo y radiante que nunca, Sakura tuvo que morderse los labios para contener la emoción, ignorando el severo escrutinio que Saori mantenía sobre ella.

Desde un rincón en las sombras, fue testigo de la audacia con la que Li respondió cada pregunta en el idioma natal de cada reportero. Ella a duras penas dominaba un inglés intermedio pero era evidente que para Syaoran no representaba un reto saltar entre tres idiomas diferentes, dado que había recibido su formación en esos países. Como se encontraba tan impresionada no se percató de lo rápido que pasó la hora de la conferencia, Saori se apresuró a indicar que el tiempo había terminado y Syaoran se puso de pie haciendo una pequeña reverencia a los presentes.

Los cables y reflectores fueron levantados ágilmente y ella se mantuvo apartada hasta que los reporteros que se acercaron a agradecerle personalmente a Syaoran por su paciencia y amabilidad se marcharon. Agradecía internamente que su permanencia en esa oficina fuese corta, porque entre más tiempo admiraba los diversos talentos de ese hombre, más atraída se sentía.

—Gracias por tu esfuerzo, Saori. Termina con el favor que te pedí y haz que uno de los choferes de la empresa te lleve a casa.

La mujer asintió sosteniendo un gesto áspero en su rostro, pasados unos segundos ella regresó con una enorme charola cubierta que dejó sobre la mesa. Antes de retirarse definitivamente le dio una mirada de advertencia a la chica castaña y luego a su propio jefe.

Syaoran se tomó el asunto con humor.

—Parece que te has ganado el respeto de tu asistente, incluso trata de protegerte de mí —bromeó Sakura, respondiendo a la invitación de Syaoran para sentarse frente a él—. ¿Cuándo te volviste tan inofensivo para tener que cuidarte incluso de una chica como yo?

Syaoran se inclinó hacia delante, apoyando sus codos sobre las rodillas. Sonrió.

—No te sientas atacada, ella solo se preocupa por cuidar mi imagen. Saori mejor que nadie conoce el comportamiento irresponsable que tuve desde que llegué a esta ciudad y ahora que ambos hemos trabajado tan bien juntos y estamos a punto de lograr nuestra meta, se siente más asustada que nunca.

Sakura comprendió todo a la perfección, las capturas de Syaoran saliendo de los bares y hoteles con mujeres de orígenes discutibles habían hecho tambalear su posición pese a la actitud correcta y capaz que guardaba en la oficina. No podía evitar sentirse orgullosa de sí misma por haber contribuido a semejante cambio en él.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó ella, recordando lo tenso que parecía antes de bañarlo de té caliente—. ¿No estás asustado?

Syaoran esquivó su mirada unos instantes.

—No tengo motivos para estarlo —mintió.

Sakura no quiso seguir tocando temas sensibles, así que se obligó a recuperar su animosidad poniéndose de pie y revelar uno de los motivos por lo que decidió ir a la oficina de Li. Imitó la postura de las modelos de pasarela que había visto en televisión y caminó alrededor de la mesa para lucir su atuendo. El corte de cabello no era lo único que quería presumir esa noche. Todas las prendas y accesorios eran parte de los regalos que recibió de Syaoran después de regresar de Hong Kong, y aunque él tenía un gusto exquisito seleccionando marcas de lujo, Sakura sentía que todo iba acorde a los gustos personales de ella.

Syaoran tuvo que admitir que la visita inesperada de Chispita era lo mejor que pudo sucederle ese día. Había hecho una aparición digna de ella, habría asesinado a cualquier otro que se atreviera a arrojarle encima una bebida caliente pero viniendo de ella era imposible catalogar ese estrepitoso error como una amenaza. Verla le había devuelto el alma al cuerpo. Se encontraba particularmente tenso esa tarde, los fotógrafos acababan de sacarle la fotografía que sustituiría a la de su padre en los principales salones del edificio y la cual se uniría a la de su abuelo y padre el día de su nombramiento en el salón de los fundadores.

Le agradeció a los cielos por enviársela, esa chica le devolvía el equilibrio con su sola presencia.

—Luces hermosa —elogió, tomándola de la mano, ofreciéndole un asiento junto a él.

—¿Cómo supiste mis medidas? —preguntó sorprendida—. Incluso adivinaste mi talla de calzado.

Lo miró meditabunda unos segundos y prontamente sus ojos evidenciaron que había encontrado la respuesta por sí sola.

—Meiling.

Syaoran asintió, satisfecho por la aceptación que ella le dio a sus detalles. Tenía que admitir que se veía realmente hermosa con su sencillo vestido azul marino y sus zapatos rojos haciéndola destacar pero seguía sintiéndose descolocado por su drástico corte de cabello.

—¿Está todo bien contigo?

—¿Por qué me preguntas eso?

Syaoran se aflojó el nudo de la corbata, encogiéndose de hombros, intentando restarle importancia al asunto.

—Es solo que he escuchado decir que cuando una mujer se corta el cabello es porque está a punto de tener cambios importantes en su vida.

Era realmente vergonzoso que los demás notaran la inestabilidad emocional que estaba experimentando, al principio ella misma creyó que su antojo de cortarse el cabello había sido algo que necesitaba para sentirse renovada pero si lo veía de otra perspectiva, solo era otra señal de su desenfreno. Carraspeó, tocándose las puntas de su cabello por encima de sus hombros.

—En el salón me dijeron que esta es la última tendencia, por eso accedí a cortarlo. Tus preguntas me hacen sospechar que en realidad no te gusta mi nueva apariencia —señaló, azorada.

—Estás preciosa y golpearé a cualquiera que se atreva a pensar lo contrario —insistió él, odiándose por hacerla sentir insegura—. Solo quiero asegurarme de que te encuentras bien.

—Por supuesto que lo estoy —aclaró—. ¿Qué hay en la charola?

Syaoran se cruzó de brazos, divertido.

—Ábrelo, lo ordené especialmente para ti.

Sakura reveló el contenido y dejó escapar una risita. La bandeja contenía una variedad de sándwiches y dos frappé de matcha con abundante crema encima.

—Me tomé la libertad de pedirlos fríos para evitarte la tentación de realizar un contraataque.

Sakura le dio un golpecito en el hombro antes de devorar su cena, era relajante olvidarse de toda su vida y pasar tiempo con él. Las horas se consumían cada vez que estaban juntos, cuando ella indicó que se había hecho demasiado tarde y que debía regresar a casa, él la detuvo, instándola a sentarse de nuevo.

—Sakura, quiero decirte algo sin el afán de incomodarte. Pero deseo ser honesto contigo —Sakura frunció el ceño, podía tratarse de algo sumamente serio, ya que él rara vez la llamaba por su nombre. Atinó a asentir con la cabeza, indicándole que podía continuar.

La determinación de Syaoran vaciló un instante. En su adolescencia siempre se caracterizó por ser un chico tímido y después de su mala experiencia con Hayami ese rasgo pareció haberse esfumado, ya que por meses le dio rienda suelta sus desenfrenos pasionales pero lo que Sakura provocaba en él era algo totalmente distinto.

Ella de verdad le gustaba, Sakura era la mujer que él necesitaba tener a su lado. Gracias a ella había logrado apartarse de la mente su vieja historia con Hayami, aun no la superaba por completo, pero estaba seguro que con el tiempo lo haría. Lamentablemente posó sus ojos en una mujer comprometida y se sentía muy desvergonzado manteniéndose cerca de ella a costa de ocultarle sus verdaderas intenciones.

No buscaba orillarla a tener una aventura con él ni tampoco aturdirla para que desistiera de su idea del matrimonio, quería hacerle saber que estaría ahí, dispuesto a aprovechar cualquier oportunidad que ella le diese para demostrar que también era un hombre digno.

—Tú me gustas, Sakura. —No tuvo la reacción que imaginaba. Sakura no demostró ni un ápice de emoción en su rostro—. Prometo que no voy a forzar nada con lo que no estés de acuerdo, es más, el trato que hay entre nosotros no tiene por qué cambiar en lo absoluto. Pero cuando vengas a mí, quiero que lo hagas consiente de que estás frente a alguien que gusta de ti como mujer y que si tú das consentimiento, aprovecharé cada oportunidad que tenga.

No estaba segura de cómo actuar en ese momento. Por un lado estaba feliz de escuchar esa declaración viniendo de él pero por otro lado, eso hacía que su relación se tornara todavía más impropia.

—¿Con eso quieres decir que si deseo que ocurra algo entre nosotros, tendré que ser yo quien tenga la iniciativa?

Syaoran le dio una palmadita en la cabeza.

—Lo entendiste a la perfección.

Demonios.

Eso la ponía en una situación complicada. Ahora quedaría como una mujer desesperada rogándole por un beso cada vez que sus defensas cedieran ante sus deseos. Justo como en ese instante. Él lucía tan arrogante y seguro de sí mismo por tenerla en la palma de su mano, que moría de ganas de borrarle esa sonrisa con un beso. Pero era inconcebible para su orgullo. Adoptando una postura digna, se puso de pie, dispuesta a irse a casa. El único lugar donde permanecería segura.

—Me voy.

Syaoran interpretó su actitud caprichosa como una pequeña victoria. Tal vez ella no lo expresara pero todo indicaba que Chispita sentía lo mismo que él.

—¿Te llevo?

—No, gracias —rechazó, abriéndose camino al ascensor. Evitando mirarlo.

—No seas terca —le regañó él, siguiéndole el paso—. Si tienes miedo de saltar sobre mí en el auto puedo entenderlo, nunca he podido contener mis encantos. Pero no acepto que te vayas sola.

Sakura golpeó repetidas veces el botón del ascensor, sintiendo que la sangre se le acumulaba en las mejillas ante el tono egocéntrico de ese hombre apuesto e insoportable.

—Al menos podrías aceptar a uno de mis choferes.

Sakura lo miró de reojo, le gustaba la idea de ahorrarse el dinero del taxi.

—Está bien.

Syaoran sonrió, cerrando las puertas del ascensor. Solo Sakura Misakura era capaz de combinar de manera tan catastrófica un bolso y un abrigo que habían costado miles de dólares. Al menos tenía que reconocer que el cincuenta por ciento de su conjunto había resultado exitoso.


Recordaba épocas oscuras en su pasado pero nada podía compararse con el desastroso presente que se encontraba atravesando. Eriol se pasó una mano por el cabello después de sorberse su trago de golpe, ni siquiera embriagarse en solitario en la barra de un bar era tan tremendo como la sensación de angustia que lo atosigaba.

Llevaba días sin saber nada de Tomoyo. Al principio se dijo que lo más prudente sería establecer distancia de ella ante su eminente rechazo, pero no estaba convencido de que la falta de noticias se debiera exclusivamente a ello. Hizo varias rondas afuera del restaurante sin obtener ningún tipo de resultado, sus redes sociales permanecían inactivas desde el último día de su encuentro y dada la situación tiró su orgullo por un caño e intentó en incontables ocasiones llamarla a su celular sin una respuesta satisfactoria. El aparato permanecía apagado las veinticuatro horas del día.

Algo en su interior le decía que eso era en extremo sospechoso o quizá él estuviese paranoico dentro de su negación por admitir el contundente desprecio de esa mujer. Era un estúpido. No existía otra definición para describirse.

Pasadas unas horas, una mujer misteriosa vino a sentarse a su lado envuelta en un enorme abrigo y una bufanda amarilla cubriéndole la cabeza en su totalidad.

—Creo que tú y yo nos hemos visto antes —dijo ella.

Dudando sobre si la mujer intentaba iniciar una conversación con él, Eriol siguió bebiendo de su copa con movimientos torpes, visiblemente borracho.

—Eres Hiraguizawa, ¿cierto?

Eriol entrecerró los ojos, esforzándose por reconocer a su acompañante, quien resuelta a acabar con el juego de la adivinanza, se sacó las oscuras gafas que cubrían su rostro. Él maldijo en voz alta, haciéndola reír.

—Sé que a muchos de ustedes no les agrado, pero no tienes que ser tan obvio.

—¿Qué quieres? —espetó Eriol. Lo que le faltaba, tener que lidiar con una mujer sínica y malvada—. Para que lo sepas, no ganarás nada malgastando tu tiempo conmigo. Li y yo no somos cercanos, no hay manera de que pueda ayudarte con cualesquiera que sean tus intenciones.

Hayami esbozó una amarga sonrisa. Detestaba que las personas la trataran como una plaga y los Hiraguizawa siempre se habían encargado de hacerla sentir como tal cada vez que se topaba con ellos. Los lujosos viajes de fin de año con la familia de Syaoran eran como un sueño, pero cuando se les unían Miki y Eriol se convertían en una verdadera tortura.

Sin embargo disfrutaba mucho recordar porqué ellos le profesaban tanto odio. La primera vez que viajo a Tokio con Syaoran cuando recién comenzaban su relación, no se sentía a gusto con un novio tan aburrido y correcto. Pero el panorama había dado un giro interesante cuando Eriol apareció en el mapa con su aire despreocupado y varonil.

Lo persiguió por días hasta que por fin se le presentó la oportunidad de encontrarlo a solas, lo había besado con la esperanza de que él le siguiera el juego y todo su esfuerzo se vino abajo cuando fueron descubiertos por la abuela de Eriol. Ella la apartó de su nieto como si fuese una leprosa, asestándole una cachetada. La insultó hasta quedarse sin aire en los pulmones y la amenazó con decirle todo a Ieran si intentaba seducir a su nieto otra vez.

Hayami no se amedrentó, sabía que ninguno de ellos abriría la boca porque eso significaba romperle el corazón a Syaoran.

—¿Por qué no intentamos llevarnos bien? Ten en cuenta que si todo marcha según mis planes, tendremos que vernos a menudo.

Eriol soltó una carcajada, intentando conservar el equilibrio en su taburete.

—¿Qué te hace pensar que Li volverá contigo? Afortunadamente ya sabe la clase de mujer que eres.

Hayami cerró su mano con fuerza alrededor de su vaso.

—Esas malditas personas, lo único que hice fue complacer a esa familia durante años y justo en el momento más crucial decidieron sacarme del mapa.

—¿Acaso no eres famosa? Ya tienes tu propio dinero y déjame recordarte que todo fue gracias a ellos.

Cantó Eriol, señalándola con el dedo. Hayami hizo una mueca.

—¿Cuántos años más crees que podré vivir de mi carrera? No me estoy haciendo más joven y estoy cansada de trabajar. Si Syaoran no quiere regresar conmigo por las buenas, tendré que usar mi último comodín, ya sabes cuál —guiñó.

Eriol meditó la situación por varios minutos, rememorando los pocos antecedentes que conocía de esa turbia relación y como no estaba seguro si la acotación de ella se refería a aquel viejo incidente que supuestamente fue provocado por Syaoran optó por quedarse callado. Estaba demasiado borracho, si seguía bebiendo no podría regresar a casa por su cuenta.

Sin decir adiós, intentó ponerse en marcha sin tener éxito. Después de unos cuantos pasos se sintió perder el equilibrio pero antes de tocar el suelo se vio siendo sostenido por el enemigo. Hayami pasó un brazo alrededor de sus hombros y lo ayudó a llegar a la salida. Eriol estaba tan somnoliento que solo se dejó llevar en un coche que ni siquiera era el suyo.

Para recuperar su gloria, Hayami comenzaría por destruir a sus enemigos más pequeños, los cuales terminarían convirtiéndose en sus aliados. Esa era una lección que Miki Hiraguizawa nunca olvidaría.


Nadeshiko Kinomoto admiraba orgullosa cómo con el pasar de las horas las límpidas paredes y techos de su amado emporio se convertían en el ensamblaje de un lujoso castillo, la festividad más esperada por todo el personal y los miembros del club de solteros se aproximaba. Las reuniones grupales habían sido suspendidas esa semana para que los coordinadores fuesen capaces de hacer de aquella noche una experiencia inolvidable para todos.

El aniversario de su agencia de citas estaba a la vuelta de la esquina y ningún detalle podía pasar desapercibido. Sin embargo ese había sido un año complicado para Nadeshiko, nunca la planeación de ese magnífico evento le había resultado desagradable, hasta que su mano derecha, Aoi Ishikawa solicitó licencia por maternidad al tiempo que su empleada más eficiente Rika Sasaki sufría las consecuencias de un accidente laboral. Había tenido que echar mano de sus únicos recursos disponibles y eso realmente la exasperaba.

Sakura Misakura era una chica trabajadora, no podía negarlo, pero su presencia la hacía sentir incómoda. Su impecable laboriosidad era hasta cierto punto molesta, durante la semana esperó aprovechar cualquier paso en falso de parte de la castaña para tener una excusa y prescindir de sus servicios, pero ella había realizado cada una de sus tareas de forma excepcional, teniendo que ceder a la petición solicitada por Sonomi.

Nadeshiko suspiró entrando al salón principal donde todas sus celestinas la esperaban para recibir las indicaciones. Arrebató su agenda de las manos de Sakura sin siquiera mirarla y se sentó a presidir la mesa. Sakura emitió un ligero carraspeo con las mejillas sonrojadas y tomó su lugar a un costado de la mesa.

Los murmullos expectantes de sus compañeras la reconfortaban y ninguna de las actitudes toxicas de su jefa podría arruinarle su noche perfecta. Su momento soñado había llegado, después de la noche del aniversario a Nadeshiko no le quedaría más opción que reconocer de forma oficial su nuevo cargo.

Sus fantasías conspirativas quedaron a un lado cuando su teléfono celular comenzó a sonar estruendosamente encima de la mesa, captando la atención de todos.

Antes que el aparato continuara deslizándose en dirección a su jefa, logró atraparlo, descubriendo que la llamada entrante era de Li. Murmurando una maldición la desvió e intentó concentrarse en los puntos de la agenda. Nadeshiko la miró con recelo durante un breve instante y Sakura temió que hubiese visto el nombre de Syaoran en la pantalla.

Sorbió un poco de agua, disipando su nerviosismo. Era miércoles por la tarde y se suponía que dentro de unas horas Syaoran tendría que asistir a su reunión semanal y ella aprovecharía para encontrarlo a hurtadillas pero sus planes habían sufrido serias complicaciones. La decepción y el alivio eran sus sensaciones predominantes. Era cierto que había perdido una valiosa oportunidad para conversar con Syaoran en persona pero si ese era uno de los sacrificios que tenía que hacer para postergar el contundente encuentro con Hayami, estaba dispuesta a aceptarlo.

—Quiero que cada una de ustedes se encargue de confirmar la asistencia de sus apadrinados en base a las listas de los grupos asignados —indicaba Nadeshiko, deslizando el dedo sobre la pantalla de su Ipad—. Recuerden que esa noche no existen las etiquetas, no importa si están inscritos bajo un plan básico o VIP, todos tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades de participar en las actividades.

Sakura activó el modo avión de su móvil cuando la pantalla volvió a iluminarse, cancelando exitosamente la videollamada entrante. Era doloroso evadir el momento que había ansiado durante días, escuchar la voz y ver el rostro del tramposo de Li se iba convirtiendo en una verdadera hazaña entre la organización del aniversario y su próximo nombramiento. Apenas habían podido intercambiar algunos mensajes pasada la medianoche durante esos días.

—Quiero aprovechar que todo el staff se encuentra reunido para presentarles al nuevo miembro de nuestro equipo...

Takesha quien se encontraba frente a Sakura en el lado opuesto de la mesa, se deslizó de su silla hasta que la punta de su zapato golpeó la pierna de la chica, haciendo que ésta levantara la cabeza sobresaltada. La reprendió con la mirada, señalando la entrada del salón con los labios. A Sakura se le resbaló el móvil de las manos con la pura impresión.

—Él es Yuna Kaito.

La sala se hundió en un silencio cadavérico. El cien por ciento del personal del club de solteros Lovely y sus filiales había sido exclusivamente femenino desde su fundación. La llegada de ese intruso solo era el preludio de una serie de cambios en la vida de Sakura, estaba casi segura. Para encontrar respuestas buscó instintivamente a Sonomi, dándose cuenta de forma tardía de su ausencia.

Y cuando el panorama no podía lucir peor, el proyector reveló una imagen escalofriante que provocó una cruel sonrisa en el bello rostro de Nadeshiko.

Sakura tragó saliva.

—Sé que todas se preguntan el porqué de la presencia de un hombre en este lugar —Nadeshiko se puso de pie, colocándose junto a Kaito. Un tipo visiblemente presumido y desagradable—. Quiero hacer de su conocimiento que su contratación es solo uno de los cambios que se avecinan para nosotras.

Sonomi entró en ese instante con cinco carpetas en los brazos, moviéndose estratégicamente, repartiéndolas entre las presentes. A Sakura se le erizó la piel cuando descubrió que ella fue una de las desafortunadas; Sonomi en cambio la miraba como si acabara de sacarse la lotería.

—Como podrán ver en la pantalla —indicó Nadeshiko—, pienso expandir mi negocio en diversos puntos del país y para lograrlo, necesitaré de todo su apoyo. Hemos seleccionado a cinco señoritas de nuestra casa matriz para que funcionen como anfitrionas generales en nuestras nuevas sucursales.

A Sakura se le revolvió el estómago, era la oportunidad perfecta de Nadeshiko para deshacerse de ella. Con las manos temblorosas abrió la carpeta, admirando la fotografía de un adorable prototipo de lo que sería la futura agencia de solteros Lovely en Kioto.

Se mordió los labios con fuerza, según entendía si aceptaba mudarse a esa ciudad para dirigir la agencia terminaría convirtiéndose en una mini versión de Nadeshiko. El contrato por un año prorrogable de acuerdo a la rentabilidad de la sucursal iba a acompañado de un generoso salario y vivienda incluida. Ahora entendía por qué Sonomi tomaba eso como una oportunidad de oro.

—Hemos proyectado inaugurar en un plazo de doce semanas nuestra filial en Kioto y en un par de semanas anunciaré la fecha de apertura del resto de sucursales.

Ahora sí estaba en un verdadero problema, doce semanas. Eso le dejaba el tiempo justo para casarse y aprovechar su semana de licencia en la pequeña luna de miel y completar la mudanza. Si esa propuesta hubiese caído en sus manos antes de conocer a Syaoran no dudaría ni un segundo más en postergar la boda, pero a esas alturas ya no estaba segura de nada.

—Kaito no viene a reemplazar a ninguna de ustedes —aclaró su jefa, visiblemente más relajada—. Él será un apoyo más para mí, como su supervisor externo. Durante las próximas semanas estará evaluando el desempeño de cada una, para que las más capacitadas ocupen las plazas que irán dejando sus compañeras en caso de aceptar el contrato que ofrecemos. Ahora pueden retirarse, no olviden que el viernes a primera hora será nuestra última reunión antes de la gala.

Entre cuchicheos las chicas se fueron retirando del salón en grupos mientras Nadeshiko dirigía a Kaito Yuna a su nueva oficina. Sakura cerró los ojos dejando caer su frente sobre la mesa. ¿Por qué tenía que sucederle todo eso cuando estaba atravesando la temporada más crítica de su vida? Cuando comenzaba a darse cuenta que quizás Daisuke no era el verdadero amor de su vida.

En las noches anteriores admitía que había intentado darse una oportunidad con él pero cuando su intimidad comenzaba a tomar efusividad, ella se aterrorizaba. Los besos y las caricias de su novio nunca se habían sentido tan impropias. Adjudicaba sus inseguridades a los sentimientos que había desarrollado por Li y a su fervoroso deseo de explotarlos.

Daisuke era alguien sumamente vital, era su mejor amigo, su brazo derecho; un ángel que despertaba en ella profunda ternura y admiración. Mientras que Li la hacía sentir en una nube con el simple sonido de su voz. Cada vez que le llegaba un mensaje el corazón le latía expectante de noticas sobre él y comenzaba a recordar sus momentos juntos sonriendo como una adolescente después de su primera cita.

—Sakura, ¿estás bien?

La chica reaccionó con el peso de la mano de Sonomi sobre su hombro, mirándola con preocupación. Ella acercó una silla y se sentó a su lado, adoptando su postura maternal.

—Creí que estarías feliz con la propuesta, no fue fácil conseguir una plaza para ti. Si bien es cierto que ya llevas algunos años trabajando en la agencia, a Nadeshiko le parecía descabellado enviarte sola a Kioto con tan poca experiencia. Sin embargo yo misma me ofrecí para darte la capacitación necesaria y estaré asesorándote en persona durante el primer mes. Luego quedará en tus manos impresionarnos a todos con tu talento.

—No quiero que por mi culpa Nadeshiko pierda credibilidad en tu criterio —dijo Sakura, cabizbaja, reconociendo la indeleble confianza que Sonomi siempre había depositado en ella—. Creo que me encuentro en la posición más alta a la que podía aspirar en este y en cualquier otro lugar, te recuerdo que no tuve la oportunidad de ir a la universidad y temo no estar a la altura de tus expectativas.

—Tú nunca me has decepcionado, ¿recuerdas el día que saliste de la casa hogar? —Sakura asintió—. Rechazaste a todos los que te ofrecimos un préstamo mientras encontrabas trabajo y un lugar donde vivir. Supe que con tus ahorros arrendaste la cochera en casa de Daisuke y tus suegros fueron muy amables dejándote quedar. Trabajaste lo suficientemente duro como para conmover a cualquiera, incluso Nadeshiko lo reconoció dándote una oportunidad como recepcionista y desde entonces vienes ascendiendo como la espuma. Es imposible estar más orgullosa de ti.

A Sakura se le hizo un nudo en la garganta, jamás creyó que todo su esfuerzo fuese reconocido por alguien. Su lema era nunca rendirse y hasta ese día a pesar de sus altibajos no se había sentido derrotada por nada ni por nadie. Ella misma era la única capaz de sabotear su vida con sus decisiones.

—¿Podría tomarme un par de días antes de darte una respuesta definitiva? Creo que esto es algo que debo meditar detenidamente, además de consultarlo con mi prometido. No sé si él estaría dispuesto a dejar su trabajo y a sus padres para vivir en otra ciudad conmigo.

—Estoy segura que Daisuke accederá, él vive para ti, querida —Las palabras le calaron como un brusco golpe en la sien—. Y en cuanto al asunto de pensarlo... Nadeshiko quiere que viajes a Kioto el fin de semana para que conozcas la sucursal y te familiarices con la zona.

—¿!Estás diciendo que no estaré presente en el aniversario?! —gritó.

Sonomi le acalló con una mueca. No quería alimentar el malhumor de Nadeshiko.

—Sé que eso representa un gran sacrificio para ti, has trabajado duro en la organización pero entiende que si te rehúsas a obedecer, estarás dándole armas a Nadeshiko para exigir tu cabeza a la primera oportunidad.

La desilusión la engulló entera. —¿Qué pasará con todas mis asignaciones? Iba a impresionar a todos con mi programa.

—No debes preocuparte por eso, delegarás todas tus responsabilidades en mí. Te daré todo el crédito si resultar ser un éxito.

—Está bien —murmuró, levantándose de la silla con la carpeta en brazos—. Gracias por tomarme en cuenta para la selección de candidatas. Te mereces el cielo.

Trató de agradecer con una sonrisa enérgica sin embargo la angustia en su expresión era más acentuada. Corrió a refugiarse al baño, abrazándose las rodillas encima de la taza para que nadie pudiese reconocerla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas de forma espontánea, tenía que encontrar una resolución rápida para sus dilemas.

El sueño de toda su vida sobre ser alguien importante haciendo lo que amaba estaba a punto de realizarse en el peor momento, tenía claro que todavía no deseaba casarse, que prefería quedarse ciega antes que romperle el corazón a Daisuke y que deseaba darle rienda suelta a su pasión por Li. ¿Pero cómo podía satisfacer todas sus ambiciones sin convertirse en una mala mujer?

—¿Sakura?

Los gritos de Takesha la sacaron de sus cavilaciones siniestras.

—¡Sakura, responde si estás ahí!

Sakura soltó el pestillo de la puerta, mostrando una patética imagen de ella. Takesha rodó los ojos llevándose las manos a la cintura en señal de reproche.

—Encontré tu móvil en el salón de reuniones, parece que la noticia no te cayó en gracia, ¿qué sucede? Yo estaría reservando mi boleto a Kioto en este mismo instante.

—¿Cómo te enteraste que debo viajar en un par de días? —interrogó, sorbiendo la nariz.

—Noté que Sonomi se quedó contigo después de la reunión y me quedé escuchando detrás de la puerta —explicó, encogiéndose de hombros—. Es lo que toda buena amiga hace.

—Claro, eres excelente.

—Puedes decirme, ¿qué está mal? —Insistió Takesha, cruzándose de brazos. Sus fascinantes rasgos seductores habían adoptado un tono demasiado severo—. Estás ante la mejor oportunidad de tu vida. Es el sueño de todo recién casado, un hogar seguro en una hermosa ciudad acompañado de un enorme ascenso en tu trabajo, es imposible pedir más.

Sakura desvió el rostro, dándole toda la razón a su amiga. ¿Qué estaba mal? ¡Ella era la única que estaba mal! No se atrevía a confesar en voz alta que ya no quería casarse por culpa de un hombre con quien solo podía mantener una relación subrepticia.

Todos creerían que estaba cambiando oro por cobre si decidía obedecer a sus sentimientos. ¿Y qué tal si las cosas con Li no funcionaban? ¿Y si Syaoran solo la usaba como un anclaje de seguridad para no caer de nuevo con Hayami? Ellos aún no habían tenido la oportunidad de encontrarse, por lo que era impredecible saber lo que sucedería.

—Lo que sucede... —farfulló, hilvanando más mentiras en su cabeza—, es que tengo miedo de los cambios que se acercan a mi vida. Desde que era una niña soñaba con tener mi propio hogar junto a Daisuke pero ahora que está por suceder comienzo a preguntarme si estoy tomando la decisión correcta.

Takesha se puso en cuclillas frente a ella, tomándola de las manos.

—Es normal sentir miedo del cambio —le consoló—, recuerdo el día que me enteré sobre mi embarazo. Era una chica en su segundo año de universidad, soltera, que venía de provincia para perseguir sus sueños y nada resultó como esperaba. Temía ser una madre terrible para Anel y probablemente lo sea, pero cada día que abro los ojos junto a la personita que más amo en este mundo, siento que todos los riesgos han valido la pena. Lo mismo irá para ti si expresas tus inseguridades y te apoyas en el hombre que amas y que te ama más que cualquier cosa en el mundo.

Ni en el peor de los escenarios cabía la posibilidad de sincerarse con Daisuke, sus deslices esporádicos con otros hombres nunca le habían ocasionado una confusión tan terrible como su relación con Li. Siempre se los había adjudicado a sus desenfrenados impulsos de juventud, iban a ser una anécdota que le contaría a escondidas a sus hijas, pero sus sentimientos por Syaoran serían un secreto que se llevaría a la tumba.

Trató de recomponer su rostro después de limpiarse las lágrimas con la manga de su chaqueta. Aun en contra de sus deseos tendría que llevar a cabo los planes de toda su vida, no podía modificarlos por culpa de sus sentimientos egoístas. Además todo respecto a la boda estaba puesto sobre la mesa, bastaba con una llamada telefónica a Meiling para concretar el evento.

Mientras tanto tomaría cuanto pudiese del maravilloso hombre que le había puesto el mundo de cabeza y cortaría lazos con él, mudándose a otra ciudad acompañada de su esposo. Sabía que a pesar de la simpatía y la atracción que Syaoran sentía por ella, jamás llegaría a convertirse en amor, una relación formal entre ellos era imposible. Primero por pertenecer a estratos sociales totalmente distintos y segundo porque cabía la posibilidad de que ella solo fuese un placebo que Syaoran necesitaba mientras completaba su proceso de sanación.

Y dispuesta a asumir las consecuencias de sus decisiones erradas, se marchó a casa resuelta a darle la cara a su compromiso de matrimonio de una vez por todas. Las luces estaban encendidas, anunciando que Daisuke se encontraba a su espera. Él la recibió con un cálido abrazo incluso antes de que ella tocara el pomo de la puerta, le dio un suave beso en los labios y se apartó para que ella pudiese entrar.

—Tengo que hablar contigo.


Hola! Soy yo de nuevo jeje. Antes que nada y resumiendo un poco sobre mi desaparición, quiero que sepan que no ha sido un tiempo fácil en mi vida, sin embargo y como siempre trato la manera de mantenerme a flote. A veces cuando tu estado de animo o es el correcto nada fluye y mucho menos las palabras. Así que ahora que puede decirse que estoy un poco mejor regreso con ustedes y la historia. Muchísimas gracias por su enorme apoyo leyéndome y dejando sus comentarios, me llenan el corazón de alegría.

Respecto a la historia sé que no vimos mucho de Tomoyo y Eriol en esta parte pero el silencio es necesario xD. Sakura más enredada que nunca y prometo enredarla todavía más. Mi bebé Syaoran sigue siendo un amor, puedo prometerles que no se decepcionarán de él en mucho, mucho tiempo. En el próximo exploraremos más sus sentimientos, hoy fue el turno de Sakura.

Sin más, nos leemos en la próxima. Gracias por todo, cuidense mucho.