Hey!, espero que se estén bien, aquí un nuevo capítulo.
Espero que el cap pueda ser de su agrado y lo estaré checando por algunos errores, gracias por leer.
Aviso
Contiene unas tres escenas de violencia un poquito explicitas.
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Un saludo a herawinchester, ¡Muchas gracias por comentar!, y que gusto que te agrade el fic hasta ahora. Mucho éxito también para ti.
Capítulo 8 La cacería del solitario rey dragón: parte 2
—¡Lo maten, tenían que matarlo!, Debió abordar el estúpido barco y morirse en la explosión… Ese maldito traidor de Norio, sí, esa rata-comadreja me traicionó. Solo él sabía del cambio de plan, solo él sabía del sabotaje al barco —Ukano se encontraba en extremo furioso y agitado al recargarse en el barandal de la terraza de su despacho. Ya era cerca de medio día, tendría que salir a supervisar algunos de sus negocios que aún tenía en la ciudad.
—Y yo… le salvé el cuello ordenando que esos hombres que dieron sus vidas inútilmente, sembrando evidencia de conspiración en las torres de vigilancia para que todo fuese ligado a esa cabaña en el asqueroso rio Jang Hui y se olvidaran de él —dejó escapar una leve risa llena de amargura al recordar eso, —Ahora tendremos que esperar una nueva oportunidad para deshacernos del chico y de ti, Norio —cerró los ojos suspirando con pesar y se dispuso a salir de la habitación.
La noche comenzaba a cernirse sobre Ciudad Capital, Xian sabía ya lo que debía hacer. No podía evitar sentirse algo incomoda y nerviosa por el hecho de espiar al hombre al que se supone debe servir, aunque en realidad solo lo haría por su bien.
Esperó cerca de cuatro horas dentro de su habitación; se colocó una capa con capucha y salió a la terraza. En ese momento vio al chico comenzar a sortear guardias y disponerse a saltar el gran muro del anillo interno en dirección a donde se encontraba el lago principal de la ciudad. No había duda alguna, era él. Llevaba un traje extraño, similar al que usaban asesinos o fuerzas de infiltración, lo hacía lucir como una sombra, un espectro... un kemurikage.
Lo observó cruzar el bosque artificial que cubría los alrededores del palacio. La chica soltó un leve suspiro y dirigió su atención las direcciones que tomaban los guardias y sus posiciones. Con gran agilidad y rapidez descendió por los tejados hasta llegar al nivel del suelo. Una vez allí, llegó el momento de sortear a las patrullas que hacían los rondines. Al ver la oportunidad, se acercó lo más deprisa que pudo en la dirección a donde lo había visto desaparecer y cruzó el pequeño bosque. Nuevamente lo encontró, a dos torres de la entrada trasera que daba hacia el templo principal de los sabios del fuego.
Miró mientras él escalaba un gran y frondoso árbol cerca de la muralla del anillo interno hasta lo más alto de su copa y comenzaba a caminar sobre una de las ramas más gruesas, quedando a un par de metros de una estructura que parecía ser de madera, la cual cubría la cara del anillo interno de la atalaya, la que quedaba casi frente al lago principal. El chico se impulsó y dio un salto hasta llegar apenas a la estructura; la escaló hasta la cima al lograr subirse en ella.
Xian tragó saliva al presenciar eso, ¿Tendría que hacer lo mismo que él? Debía haber otra alternativa, una menos temeraria. Y a todo eso... ¿No habría hecho demasiado ruido al chocar contra la estructura de madera?, ¿Y como es que esa cosa resistió todo su peso al chocar contra ella y quedar colgado unos segundos? Bueno, recordó que estaban alejados de la entrada secundaria y rodeados por un bosque pequeño en extensión, pero numeroso en cuanto a cantidad de arboles plantados entre sí. En efecto, eso ayudaba demasiado. Además, la atalaya estaba deshabilitada por reparaciones y las que se ubicaban a su izquierda y derecha se encontraban bastante separadas; por lo que no se toparían con guardias en el bosque. Ahora que lo pensaba, nunca había visto a ningún guardia entrar en él, tal vez solo era una casualidad en su caso. Con respecto a la resistencia de esa estructura de madera y metal... sin duda alguna era de muy buena calidad.
—¿En verdad tengo que hacer esto?, ¿Que tal si me caigo del árbol y me fracturo una pierna? ¿O si al brincar hacia la estructura caigo mal y me golpeo con los bordes y me quiebro las costillas o la mandíbula? Peor aún... si la estructura se viene abajo al yo estar aferrándome a ella... llamaría la atención de toda la guardia. No... no puedo hacerlo, después de todo soy alguien débil. Aunque venga de una familia acomodada, esto me supera... pero... —.
—Para ganarte el favor del Señor del Fuego debes estar atenta para todo lo que necesite... —recordó aquella orden que le fue encomendada antes de enrolarse como doncella en el palacio hace medio año.
—Para ganarme su favor... primero; él debe estar vivo —dejó escapar un pesado suspiró y comenzó a trepar el árbol hasta llegar a la rama que el había usado para impulsarse. Al llegar, visualizó la distancia que tendría que saltar para llegar a la estructura de madera, —Y para que este vivo, debo cumplir con este encargo —inhaló con fuerza y tomando el impulso adecuado, saltó hacia el andamio de metal y madera, logrando sujetarse con ambas manos. El sonido causado por el impacto la asustó, pensaba que en cualquier momento podrían llegar guardias, pero no fue así. Subió sobre una pequeña plataforma de madera y comenzó a escalar hacia lo alto de la torre. Los nervios la estaban matando, si era descubierta en ese instante podrían pensar que intentaba hacer algo en contra del Señor del Fuego y esto no solo podría acabar con la carrera militar de su padre, sino manchar el nombre de toda su familia y peor aún, ser ejecutada por conspiración contra el Señor del Fuego y tentativa de asesinato.
Había por fin llegado a la cima, su corazón latía sin parar, intentaba recuperar el aliento como podía y las manos le temblaban. No podía llorar en ese momento, debía cumplir a misión que le fue encomendada por Hiromi esa mañana. Inhaló con fuerza y exhaló de igual forma. Logró divisar a la orilla del lago los movimientos del chico; se dirigía sin duda a uno de los bordes del cráter del volcán inactivo en la zona noreste... ¿Cerca de la cárcel?, cuando menos curioso, pensó la chica. Ahora debía bajar, la altura era demasiada como para simplemente saltar y si intentaba aminorar el impacto de la caída con fuego control, sería muy probable que fuese descubierta por guardias en las zonas aledañas a la fortaleza. Para su fortuna, vio una cuerda que caía hacia el exterior de la muralla, justo hacia un pequeño andamio en construcción; con el que arreglarían la fachada externa de esa atalaya. —Que conveniente para ambos —pensó al levantar una ceja.
Una vez a ras de suelo, comenzó a escabullirse entre los arboles cercanos al lago. Sí su intuición no le fallaba, él se encontraría ya afuera del cráter, tal vez cerca de donde comenzaba la selva. Subió por la pared más pequeña del volcán hacia el exterior. Haber sorteado la pequeña zona residencial y a las patrullas que allí cerca se encontraban fue fácil al emplear las enseñanzas que recibidas en la academia real del fuego para chicas y estar en un área mucho más abierta que en el palacio. Al estar en la cima del borde, lo vio. Se encontraba en una zona cercana a unas cuevas y el comienzo de la selva.
Podía sentir los latidos de su corazón retumbando en sus oídos; jadeaba intentando inhalar todo el aire que pudiese, el sudor escurría por sus sienes. Lo había logrado, había hecho algo totalmente estúpido y peligroso, podía sentir la adrenalina corriendo dentro de sus venas. Con esto ella sabía que podía ser más que una simple muñeca de aparador, había logrado llegar adonde el Señor del Fuego, ahora solo tenía que permanecer allí y vigilarlo sin ser descubierta.
Con el paso de un par de horas, Xian había comenzado a caer ante el sueño; de pronto abrió los ojos de golpe al ver unos pequeños destellos en el horizonte. Estaba amaneciendo, se giró de inmediato hacia donde había estado el chico. Desapareció. —Pe-pero... él estaba allí hace un momento —giraba hacia las cuevas y luego hacia donde salía el sol. —¡Oh no, me van a matar! —se llevó las manos a la cabeza y suspiró derrotada, agachandola. Ahora debía arreglárselas para volver antes de que amaneciera por completo, antes de que toda la ciudad se despertara con los primeros rayos del sol.
...
Dos días después
—Mi lord, ¿Puedo hacerle una pregunta? —le habló el viejo consejero al chico mientras Jiro servía su taza de té para luego retirarse.
—Claro —dijo Zuko sin levantar la vista de la bebida caliente que tenía enfrente.
—¿Por qué pidió a los guardias fuera de su habitación que se retiren por las noches? —el Señor del Fuego arqueó una ceja, muy sorprendido por ello.
—No… no sé de qué me hablas —volteó a verlo a los ojos.
—Señor, con el debido respeto y preocupación por su salud y bienestar… Como su consejero y alguien en quien usted puede confiar… Me tomé la libertad de hablar con cada uno de sus guardias. Ellos me lo confirmaron —.
—¿Quién te dijo eso? —.
—Nadie en concreto. Distintas personas en este lugar lo han confirmado. Yo, al caminar por el pasillo que conecta al de las habitaciones de la familia real, he notado guardias haciendo rondines; pero nunca en un lugar fijo como antes. ¿Sucede algo, su alteza? Si existiese algún problema, usted puede contar conmigo. Le prometí a su tío que cuidaría de usted —.
—Gracias, Hiromi. Pero no sucede nada —le contestó a regañadientes. La falta de sueño del joven gobernante era evidente por las oscuras marcas bajo sus ojos y su facilidad para irritarse aún más de lo normal.
—¿En verdad? Puedo ver que su rostro cuenta otra historia. Mis ojos aún son funcionales —.
—¡Pues no parece que lo sean, deberías usar tus lentes más seguido! —el joven se levantó molesto, pero se detuvo al escucharlo hablar de nueva cuenta.
—No es ninguna ofensa o ataque de mi parte. Solo es preocupación por su salud, desde el día del ataque, usted ha estado actuando un poco extraño. En los últimos días su rendimiento en los entrenamientos matutinos ha disminuido considerablemente o ni siquiera los hace. Sugiero que duerme sus ocho horas necesarias —.
—Hmmm —suspiró con pesar y se llevó la mano derecha a los ojos, —Ahora no quiero hablar sobre eso, estaré en la biblioteca si me necesitas —.
—De acuerdo. Oh, lo olvidaba, el ministro Qin me dio esto al volver de los cuarteles —el anciano se incorporó de su silla y le extendió la mano con dos sobres en ella, —Es una carta de su tío, el general Iroh y otra del avatar —.
Zuko se sorprendió un poco al ver los sobres, los tomó y los revisó con apuro, —¿Son solo estos?, ¿No había uno más? —preguntó sonriente y con mucha curiosidad.
—Eh, sí señor. Son solo esos, ¿Debería haber otro más? —comentó Hiromi levantando una ceja algo extrañado.
—No —musitó apenas, —No… no tendría por qué haber otro —agachó su mirada, su sonrisa se desvaneció al instante, —Creo que, en verdad necesito dormir un poco —.
El resto de la segunda semana del mes transcurrió de la misma manera, solo que esta vez el chico disminuyó sus escapadas nocturnas, tal vez el anciano tenía razón y debía descansar más. Las noches que no lo hacía, era seguido por Xian en secreto. Todo iba como últimamente hasta que un día, el maestro fuego viró en su camino habitual. El lugar al que Zuko guío a la chica la dejó muy consternada, decidió guardar silencio y seguirlo por un par de ocasiones más.
Al inicio de la tercera semana, en otras dos escapadas más, regresó a la misma ubicación: la prisión de Ciudad Capital.
...
—¿Es verdad lo que me dices, Xian? —.
—Señor Hiromi, lo vi con mis propios ojos, hice lo que usted me pidió. El Señor del Fuego ha disminuido sus escapadas nocturnas, pero, desde la semana pasada y hasta el día de hoy… ya son tres veces que vuelve a aquel lugar. La prisión de la ciudad —.
Uno de los guardias que patrullaban la zona escuchó voces proviniendo de un cuarto cercano a él. Sabiendo los recorridos de sus compañeros, aprovechó para acercarse al costado de la puerta antes de que se los encontrara de nuevo. Puso total atención a lo que esas personas hablaban.
—Pero por qué motivo nuestro gobernante iría a la prisión. Y sobre todo solo. Nada de esto tiene sentido —pensaba Hiromi, apoyando su barbilla sobre su mano izquierda.
—Tal vez… este visitando a Ozai —ambos cruzaron sus miradas con preocupación.
—El chico visita a nuestro señor en prisión, que interesante. Esta información será muy apreciada por los lideres —pensaba el guardia que se encontraba fuera del cuarto, luego se retiró.
—Debo advertirle al general Yoshiro que vigile al Señor del Fuego, esto es suficiente. No puedo permitir que ponga en riesgo su vida —dijo Hiromi con firmeza, la chica asintió ante esto.
—Y muchas gracias por tu trabajo, Xian. Has contribuido a la protección de nuestro gobernante, deberías sentirte orgullosa —le sonrió.
Al caer la noche, en la casa de seguridad del general Araki
—Gracias a la información de una de mis fuentes en el palacio, creo que hemos encontrado una nueva oportunidad de oro para acabar con ese niño. En las ultimas semanas,ha estado visitando al verdadero Señor del Fuego: Ozai, en la prisión en la parte noreste de la isla —comentó Ukano a los otros tres hombres presentes, el general Araki por supuesto, el sargento de los Yuyan y el gobernador Norio.
—¿Y qué es lo que sugieres, Ukano?, ¿Otro plan? —preguntó el gobernador.
Acaso era una burla, Ukano quería estallar en ese momento, pero logró contenerse.
—No, no mi querido amigo, por ahora basta de planes. Sugiero una acción más directa y simple —colocó una mano sobre su hombro y le sonrió, el otro individuo apenas le devolvió una sonrisa nerviosa. Volteó a ver al general y su acompañante.
—Araki, ¿Crees que podamos hacer uso de los arqueros Yuyan? —.
—Uhh, sí. Pero la gran mayoría han expresado su agrado hacia el muchacho. Excepto mi buen amigo aquí presente —posó su brazo izquierdo sobre el hombro derecho del guerrero, —El sargento y otros tres miembros comparten nuestro punto de vista, curiosamente ellos están retirados, por lo que no habría problema en que los buscaran como parte en activo del ejército —respondió el anciano.
—Perfecto, ¿Qué opina usted, sargento? —.
—Necesito informarle a mi equipo Akos, Feren y Seke. Aceptarán, pero, ¿Qué es lo que desea que hagamos en concreto? —expresó el arquero.
Quiero que se instalen en las colinas frente a la cárcel. No hay fecha ni hora exacta de cuando vuelva a ir el chico a la prisión. Esperen lo que tengan que esperar y ¡Matenlo! —el general rió ante esto último y asintió. Por otro lado, el gobernador se limitó a sonreír. Ahora debía volver a actuar, solo que esta vez sería vigilado de cerca por Ukano.
...
Después de la reunión de camino a la ciudad
—Kei Lo, tengo una misión para ti. Quiero que sigas al gobernador Norio todos los días que esté en la ciudad, se hospeda en el hotel: Lirios de magma, ¿Crees poder hacerlo, hijo? —el padre de Mai hizo especial énfasis en esto último para hacerse escuchar ante el ruido del carruaje.
—Sí, sí señor. Lo puedo hacer, no le fallaré. Voy a demostrarle que soy digno de pertenecer a esta sociedad —comentó el chico muy ilusionado. Ukano solo se limitó a sonreír de lado. Si esto lo confirmaba, debía preparase para el fracaso de este nuevo ataque y de una vez por todas acabar con ese soplón.
Esa misma noche en la prisión, Zuko había vuelto a visitar a su padre.
Tras el inicio de una nueva semana (la cuarta del mes), Hiromi ya había informado al general Yoshiro acerca de la situación del Señor del Fuego, sin embargo, decidieron actuar de forma premeditada y esperar a ver el compartimento del chico. El número de sus salidas nocturnas había descendido desde que el consejero habló con él. Pero las visitas a la cárcel continuaron apenas una vez más. La próxima vez que lo hiciese estarían listos para seguirlo, la única cuestión era cuando lo haría de nuevo.
Por la tarde del martes, el general Yoshiro se excusó con Hiromi después de una breve junta con el consejo, ya que acudiría a presenciar el nacimiento de su nueva nieta en el hospital de la ciudad, noticia que habría recibido por la mañana.
Dirigiéndose hacia su carruaje personal, saludó a su chófer con amabilidad y este le abrió la puerta para que entrase, al subir vio un pequeño papel arrugado en la alfombra del interior del trasporte. Extrañado ante el hallazgo, tomó con sumo cuidado la nota y la extendió lo más que pudo. Se llevó una mano a la boca al leer su contenido.
General Yoshiro, con rapidez y decisión debe actuar, pues la vida del chico en cualquier momento podría terminar. Debe saber, que fuerzas opuestas lo observan esperando el momento oportuno para atacar y que mejor que delante de su propio padre, Ozai.
Ellos saben de sus visitas en los últimos días.
Bajó a toda prisa de su carruaje y se dirigió hacia las puertas del palacio, estas se abrieron de pronto y seis figuras aparecieron tras este.
—¡General Yoshiro! —gritó Hiromi, tras él venían Xian y cuatro escoltas.
—¡Hiromi, tiene que leer esto! —le entregó la carta al anciano al estar cerca el uno del otro, el consejero comenzó a leerla.
—¡Es el Señor del Fuego, general! —jadeó la chica, —¡Volvió a irse!, se dirige a la prisión de la ciudad, estoy segura… yo… lo seguí lo más que pude… —intentaba recuperar el aliento.
—¡Soldado! —gritó Yoshiro con fuerza, —¡Contacte con el coronel Mak, dígale que vaya de inmediato a la prisión de la ciudad con todos los hombres que pueda! —le ordenó, el soldado asintió y se dirigió con rapidez hacia uno de los patios del palacio donde se encontraba el coronel quien fungía como escolta de los demás generales del consejo.
—¡Ustedes, vengan conmigo vamos por un par de hombres más! —.
—¡Si, señor! —gritaron los otros tres soldados al unísono, uno de ellos esbozó una sonrisa bajo su casco al escuchar del peligro que corría el joven gobernante.
—¿Cuántos días más tenemos que esperar entre todas estas estúpidas rocas y esta asquerosa colina? El maldito sol justo a esta hora tiene que estar en nuestra dirección, como molesta la vista; además está lleno de insectos y serpientes-mil pies… —.
—Porque es la única zona alejada de la vista de curiosos, los guardias no suelen patrullar por aquí; y además es la que mejor ángulo de disparo ofrece. Eres un Yuyan, Feren. Compórtate como uno —Seke le recriminó a su impaciente camarada.
—Akos, informa —le preguntó al otro miembro.
El arquero que se ocultaba tras unos montículos de tierra se giró hacia ellos y se acercó en cuclillas, muy despacio, —Todo sigue igual que hace tres días, el mismo patrón de la patrulla de las seis, los dos guardias de la entrada siguen en su posición. No hay rastros del muchacho —reportó el hombre, cerrando su catalejo.
—Ojalá que este día si aparezca el chico para visitar a Ozai —mencionó con desdén el impaciente arquero.
—Ojalá… —.
—Esperen. Alguien se acerca por el camino izquierdo… —volviendo a desplegar su catalejo, Akos lo vio entonces, —Es… es él, el chico. Se dirige a la puerta, ¡Rayos!, esa patrulla otra vez —.
—Déjalos pasar, en algún momento tendrá que salir y en cuanto lo haga dispararemos —comentó el líder, Seke.
Al verlo llegar, ambos guardias de la puerta se estremecieron, recordando sus amenazas sobre contarle a alguien acerca de sus visitas. Con rapidez lo saludaron y lo dejaron pasar.
Uno de los guardias dentro del recinto lo guío como en las últimos veces hacia la celda de su padre. Zuko miró la oscura puerta metálica delante suyo, pensando en sus últimas visitas.
—El Señor del Fuego me honra con su presencia… —.
—Si en verdad quieres saber la verdad acerca de tu madre, sugiero que vuelvas en otra ocasión a verme… —.
—Oh, lamento mucho lo ocurrido. El Señor del Fuego casi perece en un atentado en su contra, pero que clase de seguridad tan patética tienes… —.
—Si quieres aprender como gobernar con puño de hierro, debes escuchar… —.
Zuko recordó todos esos breves encuentros con su padre, de alguna forma u otra evitaba hablar del paradero de su madre. Comenzaba a desesperarlo en demasía.
Abrió la puerta de la recamara donde se encontraba la celda provocando un fuerte crujido. Entró y le hizo una seña al guardia de esta para que cerrara y los dejara solos.
—¡Vaya, vuelves a cumplir tu palabra, niño! —habló Ozai simulando estar sorprendido.
—Basta de tus juegos estúpidos, ¡Donde está mi madre! —siseó ante su actitud.
Su padre rió con fuerza al escucharlo, —Escúchate, por fin tienes la determinación que nunca esperé de ti, vas por lo que quieres sin rodeos. Quizá después de todo tienes lo necesario para ser mi sucesor —.
El chico no respondió, Ozai solo se limitaba a observarlo, hasta que volvió a hablar.
—Mi oferta sigue en pie. Te enseñaré a gobernar esta nación con mano dura, como debe ser. Después de todo… tú eres el Señor del Fuego y lo que dictas es ley… —se incorporó de la oscuridad de su celda y lo miró a los ojos, —Sin embargo, aún olvidaste algo… el té —le sonrió de una manera un tanto siniestra; pero Zuko no se dejó intimidar por ello.
15 minutos después de la llegada de Zuko a la prisión
El general Yoshiro ordenó al coronel Mak y treinta hombres más, que bloquearan los caminos adyacentes a la prisión, esperaba no haber llegado demasiado tarde. Se dirigió junto con otros seis soldados hacia la entrada; donde preguntó a los guardias de esta sobre el paradero del chico, ellos se mostraron desconcertados ante su cuestión ya que debían encubrirlo.
—¡Guardia, déjenos entrar! ¡Ahora! —.
—P-P-Pero general, con todo e-e-el r-r-espeto… E-El Señor del Fuego no ha venido a este sitio desde que fue-ese coronado y… —tartamudeaba uno de los guardias.
De pronto la puerta se abrió de golpe y el chico apareció tras esta. Todos los presentes le miraron sorprendidos; la seriedad de su semblante comenzó a denotar su irritación al ver a los miembros de su guardia real, volteó a ver uno de los guardias de la prisión, frunciendo el ceño.
—M-Mi S-Señor, discúlpenos p-por favor… Hicimos lo que usted nos dijo p-pero el general… —el joven sin decir una palabra desvió su mirada del hombre hasta hacer contacto con la del general.
—Mi lord —Yoshiro lo saludó con respeto, los demás guardias los imitaron.
—¿Qué hace aquí, general? —preguntó él, algo irritado.
—Se nos ha informado acerca de sus recorridos nocturnos y sobre sus visitas a esta prisión, señor. Con el debido respeto, como jefe de su guardia personal y principal responsable de su seguridad, solo hago mi trabajo. Recibimos una advertencia sobre un posible ataque en su contra en este sitio. Esa es la razón de nuestra presencia en este lugar, venimos a llevarlo de regreso al palacio, a salvo. Por su puesto que sus asuntos personales no son de nuestra incumbencia, solo nos preocupamos por su seguridad, es nuestro trabajo, mi lord —le respondió el general, este volteó a ver al coronel Mak para pedir transporte para el gobernante.
—Coronel, traiga el carruaje de inmediato… —se había girado hacia su izquierda para hablar con el hombre cuando gracias a la aún presente luz del sol, alcanzó a ver de reojo un destello cerca de una de las colinas junto a la prisión. Sabía que era el reflejo de algo metálico o de vidrio, sin pensarlo se interpuso entre la dirección de eso y el chico al instante, pensando en la advertencia del mensaje.
—¡Señor del Fuego Zuko! —gritó el hombre al ponerse frente al chico con los brazos extendidos, el joven lo miró totalmente sorprendido al escuchar una especie de silbido y notar el repentino cambio en la expresión del general.
—¿Y quién rayos son ellos? —mencionó Feren muy irritado a sus compañeros, —Se supone que nadie sabía de las visitas del muchacho y ahora esto… nunca vamos a poder terminar si suceden cosas como estas, ¡Agh! —continuó, pasando sus manos por su rostro muy frustrado.
—Lamento decirlo jefe, pero el idiota tiene razón esta vez, así nunca podremos llevar a cabo el trabajo —habló Akos mientras preparaba su arco y una flecha.
—¿Qué rayos haces? ¡Hay demasiados guardias como para hacerlo, nos matarían! —siseó el jefe al verlo.
—Podemos aprovechar el momento, en cuanto salga… podemos dispararle todo lo que podamos y largarnos de este sitio, debemos aprovechar la confusión. De todas maneras tenemos un agente en el sitio —los tres dirigieron sus miradas hacia la entrada del recinto al escuchar gritos y ver como la puerta se abría, saliendo el Señor del Fuego de esta.
—¡Es el momento! —mencionó Feren emocionado, Akos lo siguió preparándose para apuntar.
—¿Pero que ustedes son idiotas? No ven que… —volteó al escuchar un arco tensarse.
—Lo siento jefe pero esto se pudo haber hecho desde hace días y ya estoy harto de este maldito sitio —le dijo Feren muy impaciente, el sudor comenzaba a bajar por su frente. Manteniendo la respiración continuó apuntando, esperando el momento en el que la corriente del aire hiciese más beneficiosa la trayectoria de su disparo o en todo caso que no lo estropease.
—¡Espera, espera, no lo hagas, tonto!, ¡Un Yuyan no se comporta así!, espera… —intento detenerlo… pero fue inútil.
—¡Muere indigno! —masculló entre dientes el más joven al disparar la flecha.
—¡Maldición! —gritó el jefe al verlo, tomó su arco y procedió a apuntar también.
—¡Señor del Fuego Zuko! —alcanzó a escuchar el pelinegro antes de que lo demás sucediera, el hombre se puso delante de él, cubriéndolo. Se agachó un poco, de un momento a otro percibió un sonido similar al de un silbido y vio el cuerpo del general estremecerse, —Pude… salvar…lo… —Yoshiro sonrió y dos silbidos más se escucharon. El cuerpo del hombre se estremecía con cada impacto, otros tres más lo golpearon causando que se desplomara en dirección al chico. Zuko sostuvo su cuerpo con cuidado y vio las seis flechas incrustadas en su espalda, tres cerca del corazón, una en la cabeza y dos más cerca de su pulmón izquierdo; el hombre murió al instante.
—¡Todos protejan al Señor del Fuego, al Señor del Fuego! —gritó Mak, los seis hombres que quedaban junto a los guardias se colocaron en formación de media luna cubriendo al chico, llevándolo al interior del edificio.
—¡Arqueros! —gritó uno de los soldados que lo acompañaban.
—¡Dispárenles, dispárenles! —gritó un sargento haciéndole señas a los guardias de la planta alta de la cárcel, quienes comenzaron a lanzarles flechas a los asesinos. Los maestros fuego de la guardia hacían lo propio con su fuego control. Los Yuyan escaparon tan rápido como pudieron hacia el interior de la selva, el coronel Mak envió a veinticinco de sus hombres tras ellos y el resto a escoltar al chico devuelta al palacio.
—¿Mi señor, se encuentra usted bien? —le decía uno de los guardias al joven maestro quien se veía totalmente aturdido y desconcertado. Dos guardias ayudaron a retirar el cuerpo del general de sus brazos.
Zuko soltó unos pequeños jadeos al ver sus manos manchadas de sangre, recordó aquel momento en el polo norte cuando vio morir a Zhao al ser arrastrado por el espíritu del océano, pero esto no se le parecía en nada a eso. Un hombre en verdad acababa de morir frente a él, para salvarlo.
—¿Por… qué? —se repetía, su cuestión apenas audible. Su voz comenzaba a quebrarse y una pequeña lágrima descendía por su ojo derecho. Sus manos tintadas de un tono carmesí comenzaban a temblarle cada vez más y su respiración se comenzaba a agitar de manera irregular.
—Señor, lo llevaremos de inmediato al palacio… —uno de los miembros de la guardia golpeó al escolta haciéndolo a un lado para estar delante del muchacho, quien se encontraba en shock. Este desenvainó una espada y gritó:
—¡Larga vida al Señor del Fuego Ozai! —el hombre se disponía a golpearlo cuando los otros siete se fueron sobre él, logrando desarmarlo y reducirlo.
—¡Sáquenlo de aquí, sáquenlo de aquí! —gritó un guardia que estaba sobre el otro asesino.
Una vez fuera, fue recibido por el coronel Mak, quien lo escoltó devuelta al palacio con todos los hombres a disponibles en el lugar.
Debido al creciente alboroto y movimiento dentro de la prisión, la noticia se esparció por todos sus rincones. En su celda, él se acercó a los barrotes para escuchar mejor lo que decían los guardias. Ozai rio al enterarse de lo sucedido y saber que aún había gente leal a él en el exterior, pero ya nada de eso importaba. No sin su fuego control. Ahora solo era uno más del montón.
...
Ni bien arribar al palacio, Zuko fue resguardado por un fuerte dispositivo de seguridad. Decenas y decenas de hombres custodiaban cada pasillo y patio de su hogar. Todo el personal del palacio, así como los miembros del equipo de seguridad del ahora fallecido general Yoshiro, fueron interrogados, y vigilados debido al ataque de un infiltrado en la prisión.
Lo primero que hizo el muchacho al llegar a su habitación fue dirigirse al baño a toda prisa para lavar la sangre en sus manos.
Tomó agua y se la echó en la cara, intentaba recuperar el aliento. No podía evitar pensar en el rostro de aquel hombre, de un golpe de su brazo derribó todos los utensilios personales sobre el lavabo. Volvió a perder el control de su respiración y escuchó la puerta de su baño abrirse.
—¿Mi lord, necesita algo? —preguntó Xian muy preocupada, Jiro se escondía tras de ella algo asustado.
—Váyanse… por favor —musitó el joven gobernante.
—Podemos ayudarlo en lo que sea señor… —.
—¡Dije largo de aquí! —gritó con furia como no lo había hecho en bastante tiempo, pequeñas chispas saltaban de sus puños. Los chicos abandonaron la habitación despavoridos, nunca habían visto a su líder en un estado como ese, ni siquiera después del atentado en el muelle.
Zuko azotó su puño derecho contra el lavabo de mármol en el que se recargaba al verse al espejo. En su reflejo se veía a si mismo derrotado y algo cansado, se agachó despacio hasta posar su cara sobre su antebrazo izquierdo, gritó lo más fuerte que pudo tratando de desahogarse. Este era el segundo atentado en su contra.
...
El coronel Mak había vuelto a las calles para liderar la búsqueda y aprehensión de los arqueros Yuyan responsables del atentado contra el joven y el asesinato del general. Varios pelotones comenzaron con la averiguación del paradero de estos, revisando cada edificio y lugar de Ciudad Capital, otros se adentraban en las extensa jungla de los territorios aún vírgenes de la isla. No descansarían hasta encontrarlos.
Dos pelotones de soldados se dirigieron hacia la zona residencial de la nobleza; registraron cada casa que se encontraban hasta llegar con la de la familia de Mai.
Ella aún no se había enterado de lo sucedido, ya que ni siquiera había ido ese día al palacio debido a una reunión familiar.
Al término de la comida, escucharon un par de golpes en la puerta principal. Ukano se levantó de la mesa un tanto molesto para responder al llamado, su expresión facial cambio de manera radical al ver a unos quince soldados afuera de su puerta.
—Buena tarde gobernador, lamento informarle que ha ocurrido otro ataque hacia el Señor del Fuego hace tan solo una hora —dijo el capitán a cargo de ese grupo de búsqueda.
—¡Por Agni!, pero… ¿Y se encuentra bien?, ¿Cuál es su estado? —preguntó el hombre fingiendo estar preocupado, Mai por curiosidad lo había seguido hasta esconderse tras una pared de un pasillo cercano a la entrada. Escuchó con atención lo mencionado y no pudo evitar llevarse las manos a la boca al temerse lo peor, intentaba contener como pudo las posibles lágrimas que llegase a derramar.
—¡¿Que le pasó a Zuko?! —gritó Mai saliendo de su escondite, su padre giró a verla muy extrañado.
—Señorita Mai. Afortunadamente, nuestro señor se encuentra bien, no presenta herida alguna. El general Yoshiro entregó su vida de forma desinteresada para salvarlo —el capitán le hizo una pequeña reverencia en su memoria.
—¡Por los espíritus! Qué bien que este con vida, lamentó mucho lo del general —cerró los ojos aparentando alivio, algo se revolvió dentro del estómago de Ukano, —¡Tenía que morir!, estúpido niño y maldito anciano que lo salvó —pensó, Mai suspiró aliviada al escuchar que su amado se encontraba en buen estado, sintió su espíritu volver a su cuerpo.
—Muchas gracias por la noticia… capitán, —mencionó a juzgar por su uniforme, —Si pudiese mantenernos al tanto, se lo agradecería. Que tenga un buen día —le sonrió y se disponía a cerrar la puerta cuando el pie del soldado la detuvo, seguido de su mano. Ukano se sorprendió ante la actitud del hombre al verlo a los ojos, poseían una determinación en extremo amenazante.
—Lo siento gobernador; pero ni siquiera le he mencionado el porqué de nuestra presencia en su hogar —Ukano tragó saliva algo nervioso, Mai los observaba expectante.
—El general Yoshiro perdió la vida a causa de seis disparos de flecha propiciados por arqueros Yuyan, estos huyeron y tenemos a todos los hombres disponibles en su búsqueda en estos momentos, —lo miró y luego intento asomarse al interior de la casa tras los dos nobles, —Lamento decirlo, pero todos son sospechosos de su posible resguardo hasta que se demuestre lo contrario. Es por esto que estamos realizando una revisión de cada inmueble en la isla. Tenemos que entrar a su casa gobernador, lo siento —el exgobernador no tuvo más remedio que permitir la entrada de todos esos hombres, estaba furioso, pero no podía permitir que lo descubriesen. Afortunadamente en su hogar no tenía nada que lo ligara a la sociedad de nueva Ozai. Mai se excusó delante de todos y se dirigió lo más deprisa que pudo hacia el palacio.
En la zona selvática, al este de la isla; un hombre esperaba a sus compañeros dentro de una vieja cabaña. Abrió la puerta con animosidad al ver a los tres llegar a toda prisa.
—Muchachos, ¿Misión cumplida? —preguntó el hombre, maldijo en silencio al ver la negativa en el rostro de aquellos sujetos.
—Matamos al equivocado —menciono Akos.
—Pero… ¡¿Pero qué estás diciendo?! Somos Yuyan, fuimos entrenados para tener la mejor precisión de tiro con arco de todos los regimientos, somos la élite, ¡Cómo fue posible! —gritó encolerizado el otro hombre.
—Un estúpido soldado anciano se interpuso entre el blanco y nosotros, recibió todos los tiros y el niño sigue con vida. Ahora todo el ejército nos busca —mencionó Feren muy agitado y preocupado, sabía que esto terminaría muy mal. El hombre en la casa inspiró profundamente y los invitó dentro.
—Pasen, tomemos algo en lo que esperamos el transporte, debemos salir de aquí cuanto antes —.
Los tres arqueros aceptaron y lo siguieron hasta la cocina de la pequeña y derruida cabaña. El sargento preparó cuatro vasos, abrió una botella de vino de arroz; vertió sobre tres de estos una pequeña sustancia incolora y entonces procedió a llenarlos del blanquecino alcohol, los agitó un poco. Se sirvió en un vaso fingiendo hacer lo mismo y giró antes los demás llevándoles a cada uno su bebida.
—Sé que no hay nada que festejar… pero brindo por que salieron con vida del sitio y por nuestro pronto escape —los demás asintieron con timidez alzando sus vasos y le dieron un sorbo, él hizo lo propio acabando de un trago su contenido, los tres hombres decidieron imitarlo.
—Que buen vino, sargento —mencionó Feren observando el interior de su vaso ya vacío, bajó su mirada hacia el suelo al recordar su imprudencia.
—Gracias, lo estaba guardando para… otra misión exitosa —murmuró esto último el hombre. Se dirigió hacia una pequeña alacena y de dentro de esta sacó una soga la cual comenzaba a estirar y doblar alrededor de su brazo izquierdo. Notó el incómodo silencio en la habitación, ninguno de los hombres hablaba ni emitían sonido alguno. Tanto Feren como Akos no despegaban sus ojos del suelo, Seke era el único que mantenía su mirada hacia arriba, tal vez él era el único que sabía lo que sucedería a continuación y lo había aceptado, ese fallo era imperdonable.
—¿A dónde vas? —preguntó Akos al sargento al verlo alejarse de ellos, este le sonrió respondiendo:
—Voy a asegurarme que el bote este bien sujeto cuando llegue al borde del río —. Salió del lugar en dirección al patio trasero donde se encontraba el camino al bosque y el río. Seke miró a su superior de reojo al este abandonar el inmueble y luego suspiró agachando el rostro. Tomó asiento e invitó al resto a unírsele.
Por la tarde del día siguiente un grupo de exploración encontró la vieja cabaña por medio del empleo de las crías de Shirshu para rastrear el aroma emanado por flechas usadas en el atentado. Al ingresar el inmueble encontraron con una hórrida escena.
...
Una semana después en la habitación de Zuko
La breve reunión entre Zuko y Mai había escalado de una simple visita a una acalorada discusión después de la mención del nombre de aquella integrante de la familia real.
—Lo sé, es solo que… tal vez no tenga otra oportunidad para verla y… a veces en verdad siento lastima por ella… —le mencionó a la pelinegra quien se encontraba sentada junto a él en el sofá de su habitación justo al ser interrumpido.
—Otra vez con esas tonterías acerca de un próximo ataque en tu contra, y pensar en que te maten pfff. ¿Quieres olvidar ya eso? Solo fueron acciones aisladas —mencionó con su tono estoico de voz rodando los ojos al inclinarse hacia el frente y recargar su barbilla sobre su mano derecha, evitando verlo.
—Mai. Como puedes minimizar lo que ha pasado, es muy grave. Ha muerto gente en esos ataques en mi contra, vidas que no lo merecían. Gente que murió por mí, ¡Por mí! —se golpeó el pecho con la palma de su mano derecha.
—Y vuelves a ello… —La pelinegra ladeó su cabeza hacia la derecha en señal de fastidio, soltando un pesado suspiro.
—Mai, ¿Pero es que tu no entiendes todo esto? ¿No sientes algo de empatía ante lo sucedido?, desde hace días me he sentido horrible y a ti parece no importarte en lo absoluto —.
—Yo te veo normal... con la misma ansiedad que te caracteriza —alzó los hombros al decir esto, restándole importancia a lo mencionado por él.
—¡Agh!, ¡Tú nunca has entendido como me siento!, ¡Nunca te he importado realmente! —pensó el maestro fuego en ponerse de pie e increparle su sentir, pero se contuvo al recordar ese momento en la roca hirviente, tal vez era verdad, ella reprimía sus sentimientos; pero esto lo comenzaba a molestar. Inhaló y exhaló con fuerza cerrando los ojos, —Olvidemos esto… —pasó una mano a través de su rostro y cabello (ya que no llevaba su corona en momento).
—Solo quiero ir a verla, y por eso te pregunté tu opinión —.
—Pues no deberías hacerlo Zuko, ella es un ser detestable y esperó que se pudra en ese lugar en el que esta —.
—¡¿Qué?! —gritó él muy exaltado, —¿Has visto su estado mental y apariencia siquiera? Después de todo aún es mi hermana y se que hizo cosas bastante cuestionables, quiero intentar perdonarla, me gustaría poder hacerlo; pero sé que será muy difícil. Creo que ella también ha sufrido… en silencio, aunque nunca lo externe. Tal vez merece una oportunidad… como yo… —Mencionó al ponerse de pie y encarar a la chica.
—El problema es que ella no es tú —.
—Lo sé… Es solo que algo me dice que debería hacerlo, tal vez mi madre lo hubiese querido… Deseo hacer lo que mi corazón me dicta que es lo correcto —se giró hacia el balcón.
—Espero que eso no te lleve por extraños caminos donde termines lastimándote más de lo que ya estas —le dijo sin ningún tipo de empatía, él se volteó hacia ella de nueva cuenta mirándola con desprecio. Mai se levantó de inmediato y suspiró.
—Te conseguiré uno de esos tés relajantes, ¡Sirviente!, ¡Sirviente! —gritó para ordenar la bebida.
—Eres muy extraña Mai, hace un par de meses actuabas de una forma y ahora vuelves a ser tu vieja tú, no te entiendo en absoluto —Zuko apartó su mirada algo cabizbajo, —Hoy no hay personal de servidumbre, les di el día libre… —.
—Entonces, ¡Guardias! —volvió a intentar ordenar, pero fue detenida por él.
—Mai, los guardias no hacen trabajos domésticos. También deberías cambiar esa actitud tuya, todos los miembros del personal del palacio son personas ¿Sabes?, como tú y yo —habló el chico en un tono más calmado sin verla. La pelinegra abrió los ojos muy sorprendida.
—De acuerdo, ¡Yo puedo hacer un estúpido té, su alteza! —gritó. Al salir de la habitación azotó la puerta causando un gran estruendo y se dirigió a la cocina, los guardias a un lado de esta se asustaron ante el accionar de la chica. El maestro fuego se aproximó al barandal del balcón fuera de su habitación y se hundió sobre sus brazos posados en este.
Luego del pasar de unos minutos escuchó un par de golpes llamando a su puerta.
—¡Adelante, está abierto! —la puerta fue abierta por uno de los guardias y observó a su consejero saludarlo.
—Muy buenas tardes, mi señor —Hiromi lo reverenció con respeto.
—Hn —espetó desganado.
—¿Sucede algo en concreto, su alteza? —preguntó el anciano al observarlo y darle la apariencia de estar parcialmente abatido. Esperó unos instantes más; pero el chico no le respondía.
—Sabe, señor… Si usted tiene algún problema, algo que lo incomode… quiero que sepa que mi trabajo como su consejero real no solo se limita a temas de índole política, por lo que si usted lo desea puedo ayudarlo también en otras cuestiones—le mencionó al aproximarse hasta el balcón a cierta distancia de él. No escuchó respuesta alguna.
Continuó:
—Cuando su tío me pidió ayudarlo, al principio tenía mis reservas. Solo conocía las historias que se contaban aquí y allá acerca del príncipe exiliado —observó de reojo al chico agachar su cabeza aún más, —Me había formulado una percepción acerca de usted y esta podría decirse que se confirmó cuando volvió con su hermana luego de conquistar Ba Sing Se. Pensaba que era como su padre después de todo, pero… al comenzar a trabajar con usted, me di cuenta de lo muy equivocado que había estado —se giró hacia él, —Lord Zuko, debe estar muy orgulloso de su trabajo hasta ahora. En el poco tiempo que lleva en el cargo, ha hecho cosas muy distintas a las que hizo su padre. El pueblo lo sabe y en verdad agradecen el cambio, ha honrado el tratado con el reino tierra y el avatar. Grandes cosas se pueden observar en el horizonte para nuestra nación, bajo su mandato por supuesto. Usted en verdad es alguien honorable —le sonrió.
—¿En verdad lo crees? Por lo visto no a toda la gente le agrado —preguntó Zuko con el mismo ánimo.
—Claro señor —rio un poco entre dientes, —Esos individuos no son verdaderos ciudadanos, son solo criminales —.
—Hn, pero toda esa gente inocente que ha muerto es… por mi culpa. Esos ataques iban dirigidos a mí, no ellos —el chico se giró hacia el hombre y le respondió con ademanes, señalándose a sí mismo y luego a la ciudad, —No merecían morir… —.
—Y tampoco usted lo merece. Señor, sé que mis palabras pueden ser malinterpretadas por usted o pensará que lo que digo es indolente pero, no tiene la culpa. Usted no tiene la culpa de lo que ha sucedido en este par de meses, han sido… daños colaterales… —vio al chico fruncir el ceño ante su explicación.
—¡Hablas como si esas personas fueran cosas, objetos reemplazables! ¡Toda la vida es sagrada! —le increpó furioso.
—Nunca dije lo contrario —dijo el anciano manteniéndole la mirada.
—No merecían morir… —musitó esas palabras.
—Por supuesto que no lo merecían. Usted no lo pudo evitar, fueron situaciones extraordinarias e imprevisibles, no estaban bajo su control —.
—Pero aun así… —Zuko llevó ambas manos hacia su rostro, lo volteó a verlo al escuchar su respuesta.
—Duele —.
—Esas situaciones nunca estuvieron en sus manos, no lo tome personal, no es culpa suya —el joven gobernante desvió la mirada y recordó una de las charlas con su padre durante sus visitas nocturnas:
—Un día de las vacaciones familiares en una playa de la isla Ember… vimos a una tortuga-cangrejo ser atacada por un halcón… —.
—No puedo salvar a todos, ¿Cierto? —habló el chico, —salvar a la tortuga-cangrejo y dejar morir de hambre al halcón—pensó, no era con exactitud una situación parecida, pero se lo recordaba vagamente.
—Así es, su alteza —Hiromi asintió al escucharlo.
—Hmph… No puedo olvidar el rostro del general, cuando murió en mis brazos… fue horrible —Zuko cerró los ojos con fuerza al recordar el suceso.
—Oh, ya entiendo. Creo que lo entiendo mejor que otras personas —rio entre dientes recargándose de nueva cuenta en el barandal, el chico fijó su mirada en él.
—Lo ocurrido con el general Yoshiro es cierto, causó una gran impresión en su persona, pero usted no lo mató. No quiero minimizar su sentir, pero, al menos en mi caso puedo decirle que es mucho más duro cuando es uno que tiene que tomar una vida —.
—Ya veo… aun así es molesto. Siento que Ikeda, su nieta; me odia por ello —.
—No lo tomé personal señor, ya he hablado con la chica, solo necesita un tiempo de duelo. Escuché que le dio el día libre, eso puede ayudar —.
—Espero. Sabe, ya había visto morir a alguien antes, —el anciano lo escuchó con atención, —Hace casi un año, durante el fallido asedio a la tribu agua del norte… me enfrenté al entonces general Zhao. Él hizo algo horrible, al intentar escapar hacia lo que quedaba de la flota, lo enfrenté y pude someterlo; pero… el espíritu del océano apareció y lo llevó consigo hacia el fondo del agua, o al menos eso me pareció. Sé que es difícil de creer —.
—Oh, no, no, le creo. Su tío me contó acerca de lo sucedió —.
—Lo vi perecer, pero lo que sucedió en esta ocasión fue muy distinto a aquella vez… —.
—Durante mi servicio en el ejército de la nación, en los tiempos de su abuelo Azulon, participé en gran cantidad de batallas en el reino tierra, y… sé muy bien lo que usted siente. Vi morir a muchas personas, muchas más de las que hubiese esperado. Tanto compañeros, amigos e incluso enemigos… Puedo entender que esta situación fuese más directa para usted —dijo Hiromi.
El silenció se apoderó del lugar por unos instantes hasta que el chico continuó.
—Usted luce bien ahora, ¿Como los ha olvidado? —preguntó el joven algo ansioso.
—No lo he hecho, aún los recuerdo. Nunca podré olvidar lo que sucedió, pero he aprendido a sobrellevarlo. Con el tiempo usted también lo hará, lord Zuko. Usted es alguien fuerte, con ayuda de la gente que le importa, sé que podrá sobreponerse a esto, o al menos se hará más llevadero —lo escuchó reír un poco.
—¿Qué personas me podrán ayudar en estos momentos?, últimamente me he sentido… solo —respondió con desdén, en verdad creía lo que decía.
—Su tío, por ejemplo; su novia, la señorita Mai por supuesto, —Zuko soltó una carcajada al escucharlo, Hiromi ladeo su cabeza, —Tengo entendido que tiene amistad con el avatar y sus demás acompañantes, ¿Cierto? También puede confiar en mí, si así lo desea, señor. Ayudar al sobrino de un muy buen amigo; que es el mismísimo Señor del Fuego, es un trabajo que haré con gusto —.
—Sí, supongo. Gracias Hiromi, gracias por la pequeña charla —una leve sonrisa se esbozó en el rostro del joven maestro.
—De acuerdo señor. Si usted necesita algo, ya sabe que puede contar conmigo —lo reverenció y se disponía a salir de la habitación cuando recordó, —Oh con toda esta charla, no puedo creer que casi lo olvido por completo, el por qué vine a verlo en primer lugar —rio con fuerza, Zuko lo miró extrañado.
—Después del hallazgo de los restos de los responsables y su posterior identificación, miembros del consejo han decidido… —fue interrumpido por el chico.
—Esos sujetos fueron muy cobardes al elegir la salida fácil, suicidándose —.
—Puede ser, el informe dicta que tres murieron por envenenamiento y el cuarto se ahorcó colgándose de un árbol en el patio trasero de la casa. Pero bueno… lo que le decía es que el consejo decidió que debido a su identificación como arqueros Yuyan, el principal sospechoso es el general Shinu; puesto que él estaba a cargo de la mayor parte de la división de estos en la fortaleza Pohuai. El consejo ha decidido juzgarlo y de ser hallado culpable, ejecutado. Las investigaciones se están llevando acabo. Es algo desafortunado. Si me lo permite, pienso que el general no forma parte de esto, de los ataques en su contra —.
—Hn, yo tampoco pienso que él esté detrás de los ataques, ha cambiado desde que servía a mi padre hasta ahora —.
—Lo sé. De cualquier forma, el juicio se llevará a cabo en tres semanas —.
—Oh, también ahora que lo recuerdo. Llegó esto para usted —le extendió la mano con dos sobres siendo sujetados, el muchacho los tomó de inmediato.
—Uno es de su tío, la fecha es de antes del suceso —sonrió nervioso, —La carta con el informe de lo sucedido, tengo entendido que aún no le llega por lo que esperé muchas más cartas de él en las próximas semanas. El otro sobre viene de una de las colonias que ya han empezado a retirarse, parece ser que es del avatar —vio el rostro del chico cambiar ante la mención de estas personas.
—Gracias —murmuró apenas.
—Lo ve señor, hay que personas a las que usted nos importa, —le sonrió un poco, —Con su permiso, me retiro —.
—Espera… —el hombre se detuvo antes de abrir la puerta.
—¿No había otra?, ¿Una con un sello de la familia real? —preguntó el chico muy entusiasmado, como no lo había visto en varios días.
—No, señor. Lo siento. ¿Tendría que haber alguna con esas características?, me aseguraré que el personal del servicio postal vuelva revisar, con su permiso —al cerrar la puerta el chico, apretó las cartas y agachó la cabeza.
—No, no tendría por qué haber una… —musitó para sí y salió de nueva cuenta a la terraza.
—Las personas a las que les importo —pensó al observar el hermoso atardecer, procedió a leer ambas cartas, la de su tío como siempre, preocupándose por él. Pudo sacarle una pequeña sonrisa al leer sus consejos y nuevas anécdotas.
La de Aang era un tanto formal hasta el final, en donde leyó los saludos de tanto el cómo de Katara e incluso de Sokka y Suki, igual contándole algunas ocurrencias que vivían.
Claramente pudo notar el cambio de letra en donde terminaba la de Katara y comenzaba la de Sokka. No pudo evitar sorprenderse al ver que Sokka podía escribir. Soltó una carcajada como no lo había hecho en varios días, necesitaba esto; pero… aún faltaba algo, faltaba otra persona.
—¿Y qué hay de ti?, toda esa basura de la amistad, ¿Era mentira? —se aferró con fuerza del barandal, no pudo evitar sentir un extraño y agudo dolor en el pecho, sumándose a la angustia causada por los problemas recientes. Esto lo sorprendió.
—Aang y Katara aún me recuerdan, cielos no puedo creer que inclusive el tonto de Sokka y Suki me recuerden, y tú… ¿Simplemente me olvidaste? Tú tampoco te preocuparías por mí, eres como Mai, ¿Cierto? —rio con fuerza y luego bufó —¿Porque me preocupan estas tonterías?, hay cosas más importantes por las que me debo preocupar —pensaba llevando su mano izquierda hasta sus ojos para masajearlos.
—Hiromi tiene razón. Agni, incluso Mai tiene razón. Debo volver a entrenar o hacer cualquier cosa para mantener mi mente ocupada —pensó para sí cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse, seguido del sonido de los golpes en el suelo producidos por un refinado y conocido caminar. Mai.
Transcurridas las tres semanas, al norte de la isla principal
Como en aquella ocasión, el gobernador Norio se encontraba frente a aquel viejo almacén en la playa, una nueva reunión y con total seguridad un nuevo plan de Ukano para acabar con el chico. Ya había logrado salvarlo dos veces y al parecer nadie sospechaba de él aún; ¿Podría salvarlo una tercera? Suspiró y entró en aquella olvidada construcción sin pensarlo más, su conciencia por fin había hallado cierta tranquilidad. Cerró la puerta tras de sí.
—¡Gobernador!, me alegra mucho el verlo de nuevo por aquí, pensaba que ya había vuelto a su isla —mencionó el padre de Mai, una gran sonrisa formada en su rostro al recibir a Norio con un fuerte apretón de manos.
—Lo iba a hacer, pero después de los desafortunados acontecimientos recientes me ha parecido que se deben tomar medidas más drásticas, ¿No cree? Es por eso que decidí permanecer en la ciudad —le respondió.
—En efecto mi amigo, se debe hacer algo con respecto a ese chico… —la puerta del lugar se abrió de golpe, era el general Araki acompañado por dos escoltas, uno de los cuales cerró la puerta una vez dentro.
—Pero sobre todo, se debe hacer algo con respecto a los traidores a la causa, ¿No cree? —Ukano sonrió de lado al observar la reacción del hombre, este dio un pequeño paso hacia atrás, sus hombros y manos se tensaron e intentó disimular el momento en el que tragó saliva, lo más que pudo. Comenzó a mirar a todos los presentes levantarse de sus sitios y encararlo; entre ellos se hallaban varios jóvenes no mayores al mismo Señor del Fuego. Kei Lo era uno de ellos.
—¿P-Pero que insinúa gobernador Ukano? —le preguntó Norio emitiendo una risilla nerviosa.
—¿Qué piensa usted de esta carta? Chico, dásela —le señaló Ukano con un gesto a uno de los muchachos; el cual tenía el cabello a la altura de las orejas, algo desaliñado. Este lo vio a los ojos y asintió con la cabeza. Al aproximarse al gobernador le extendió su mano con la pequeña misiva en ella. El hombre la tomó de inmediato y comenzó a leerla, sorprendiéndose de sobremanera al ver su contenido. Su respiración comenzaba a agitarse con el pasar de los segundos.
—No sabía que usted y el difunto general Yoshiro intercambiaban correspondencia… y menos acerca de nuestro Señor del Fuego… —Norio pudo escuchar a los escoltas de Araki colocarse tras de él; con rapidez dirigió su mirada hacia el frente, a los ojos del ex-gobernador. Ignoró por completo al chico que aún permanecía frente a él. Ukano se giró para darle la espalda, dirigiendo su rostro hacia el chico, asintió cruzándose de brazos.
El hombre que había decidido traicionar al grupo sintió un agudo dolor en el vientre, una fría punzada recorriendo todo su cuerpo. Bajando su mirada vio la causa de ello, un pequeño cuchillo dorado empleado para abrir los sobres de cartas se encontraba dentro de él, empuñado por aquel chico. Quedó atónito ante este hecho, intentó llevar las manos hacia los brazos del chico con la esperanza de detenerlo; pero antes de que siquiera pudiera hacerlo, el joven había retirado el arma y vuelto a introducirla en otro punto de su abdomen, una y otra vez. El cuerpo de Norio crispaba con cada puñalada que recibía. Una cálida y húmeda sensación invadía todo su abdomen, los pequeños chorros de sangre descendían por su cintura, oscureciendo su brillante túnica roja. Cayó de rodillas recargándose sobre el hombro izquierdo del muchacho al sentir la última estocada, la más profunda de todas, llena de odio. Escuchó la pesada respiración agitada del chico, sonreía por lo que había hecho, pareció disfrutarlo, casi excitado. Se retiró y el cuchillo consigo.
El moribundo hombre cayó de manos y levantó su mirada hacia la espalda de la persona frente a él.
—Sabes, tu comportamiento en las últimas semanas ha sido bastante inusual. Me ha parecido muy extraño que justamente el día del ataque a nuestro querido gobernante, decidieras ir al palacio. ¿Avisaste a la guardia acerca del ataque, cierto? —preguntó con cinismo Ukano, al acercarse con lentitud hacia el hombre agonizando. Kei Lo miraba la escena horrorizado y asqueado, había apartado su mirada después de la primera estocada y trataba de calmar sus ansias por vomitar.
—¿C-Como s-sabes… e-es...o? —intentaba articular una respuesta, sangre escurría por su boca.
—Uno de los muchachos te ha seguido durante las semanas antes del ataque. Encontró la carta que colocaste en el carruaje del general Yoshiro. Además de todo, confirmé mi sospecha de tu traición cuando solo te conté a ti acerca del cambio de planes durante el atentado al barco. Cuando me enteré de lo que ocurrió, supe que tus hombres retiraron los explosivos antes del cambio de tripulación. Solo tú sabías acerca de eso —.
—T-Tú en…viast-te a los s-suici…das —intentó mantener sus ojos abiertos con la poca fuerza que le quedaba, un par de lágrimas descendían por el contorno de sus mejillas.
—En efecto y después de lo sucedido hace cuatro semanas, pude confirmarlo. Lo siento mi amigo, pero esto es un deber con nuestra nación, el chico debe ser borrado del mapa —respondió Ukano. Norio recordó a su familia y el tiempo que había pasado con ellos, sobre todo a su esposa y su hija Leiko quien con seguridad lo sucedería en el cargo de gobernador de Shuhon.
—Hice lo que… debí-a… ha…cer, re-cuper-é mi… hono-r —Ukano soltó una pequeña risita al escucharlo. Araki solo se había limitado a observar la escena con sus manos tras de sí, una leve sonrisa formándose en sus labios.
—Claro que lo hiciste. Oye niño, acaba con lo que empezaste —el joven asintió y de una nueva estocada perforó su corazón. —Ustedes, arrojen esta basura al mar —señaló a un grupo de chicos y luego al cuerpo de Norio.
—Y limpien el maldito suelo —gritó el general Araki. Kei Lo al notar que toda la atención del grupo se centraba en la repulsiva y monstruosa escena, se había retirado del almacén a través de la puerta trasera que daba hacia el mar.
Apoyándose de la helada pared del edificio se dejó caer sobre sus rodillas y se rindió ante el asco causado y evacuó. Lagrimas comenzaban a formarse en sus ojos seguidas de leves gemidos. Había presenciado el hórrido asesinato de un hombre, él solo quería formar parte de algo; tener amigos y compañeros. Lo que deseaba era no sentirse solo, no asesinar a alguien. Tenía que salir de allí, pero si lo hacía, tal vez algo similar le podría ocurrir.
...
En el palacio real
Las puertas del comedor se abrieron de golpe, Zuko caminaba hacia la mesa seguido por Hiromi.
—Por fin terminó. Sabía que el general sería encontrado inocente —el maestro fuego sonrió al decirlo.
—Era de esperarse, señor. En estos meses el general Shinu ha demostrado una gran lealtad y compromiso a su mandato al llevar a cabo la repatriación de nuestros connacionales de las colonias —contestó el anciano con una gran sonrisa.
—Esos arqueros no estaban en la nomina de su división, pero sí en la del general Araki. Además, él se veía partidario de la ejecución de Shinu, aunque eso sea algo extremista. Deberían investigarlo —decía el chico mientras sujetaba con ambas manos el respaldo de su silla en la cabecera de la mesa.
—Ya lo han hecho, en efecto pertenecían a uno de sus escuadrones, pero renunciaron hace dos años, cuando aún su padre estaba en el cargo. Sé que el general es partidario de ideas conservadoras, pero al parecer no hay nada que ligue a esos hombres con él, algo desafortunado —habló Hiromi, Zuko solo sonrió de lado al escucharlo.
—Veo que se encuentra un poco mejor respecto a ya sabe —le preguntó moviendo su boca de lado.
—Um, sí. Meditar y volver a practicar por las mañanas me ha ayudado a distraer mi mente un poco. Aunque algunos días aún tengo pesadillas —murmuró esta última palabra.
—Me alegro mucho, señor. No se preocupe, eso con el tiempo pueden llegar a desaparecer —.
—Um, cambiando de tema… ¿Qué noticias hay del… eh… centro de salud mental? —musitó esto ultimo al escuchar a Amaya aproximarse hacia ellos, llevaba una tetera y dos tazas. Las colocó sobre la mesa a un lado ellos y se retiró cuando Hiromi le respondía.
—Oh, eso… Están encantados de recibirlo, tendrán todo preparado para cuando usted desee ir. También recibí la carta de la nueva academia que se inaugurará en la isla Furui, les encantaría que usted asista a la ceremonia —agachó la vista al escucharlo soltar un leve quejido, —No es necesario que lo haga si no lo desea mi señor… —.
—No. Si acudiré a la ceremonia. Es ya el octavo mes desde mi llegada, ¿Cierto? —.
—Si señor —.
—Necesito interactuar más con los ciudadanos de las islas, deben saber que el Señor del Fuego no los ve como simples generadores de ingresos, que en verdad se preocupa por ellos. ¿Cuándo es el evento? —.
—En una semana, señor —.
—De acuerdo, eso está arreglado. Mañana iré a verla —miró al anciano a los ojos.
—Como usted desee. Solo le recuerdo que será acompañado por varios pelotones a cargo de su nuevo jefe de seguridad y recién ascendido general Mak —asintió y le sonrió.
—Me agrada el ahora general Mak, pero no es para tanto. No necesito tantos guardias para visitar a mi hermana —.
...
El seco ruido metálico producido por las armaduras de los guardias con cada paso que daban al ascender por el camino de grava, era lo único que se escuchó durante el trayecto hasta el recinto, ubicado en la península al noreste de la isla principal. Una decena de guardias comunes, cuatro maestros fuegos de armadura completa portando la clásica mascara de cráneo acompañaban al Señor del Fuego; así mismo, el general Mak.
Los crujidos cesaron al encontrarse ante un par de mujeres y guardias a las puertas de aquel lugar.
—Señor del Fuego Zuko, es un honor contar con su presencia. Mi nombre es Hanako soy la medico encargada de este recinto, —dijo una de las mujeres que portaba un vestido similar a un kimono, era blanco con detalles rosas en los bordes de este. Ambas mujeres y los guardias se inclinaron ante él por unos segundos, al incorporarse prosiguió:
—Todo esta listo para su visita, mi lord —.
—Gracias, ¿Podemos pasar? —preguntó el chico.
—Pero por supuesto señor, por aquí —lo invitó señalando con su mano hacia la puerta, ambos guardias en la entrada abrieron las puertas para él. Zuko se detuvo al escuchar el crujido de las armaduras de nueva cuenta, con un ademán de su mano les indicó que esperaran afuera.
—Pero señor… —habló Mak algo preocupado.
—Iré yo solo —mencionó sin voltear verlos.
—Lo siento mi lord, pero esa es una orden que no puedo acatar —respondió el nuevo general, el chico se giró hacia él.
—Esta estipulado desde los primeros Señores del Fuego que la guardia personal del Señor… —el joven bufó al escucharlo.
—Para evitar sucesos no deseados. Lo entiendo, pero es algo que debo hacer solo —.
—Por supuesto señor, sus asuntos personales no son de nuestra incumbencia, es solo que debemos garantizar su seguridad —Zuko volvió a bufar y se resignó a aceptarlo.
—De acuerdo —caminó dentro junto a ambas mujeres, seguidos por el general Mak y los cuatro maestros fuego, la docena de hombres permaneció fuera del lugar haciendo guardia.
Al aproximarse a una de las salas de mayor tamaño del sitio, la mujer que lo guiaba le mencionó:
—Ella está por aquí —le sonrió asintiendo al detenerse en la entrada de un largo corredor.
—¡Esperen todos en este lugar! —.
—Si, señor —.
Zuko siguió a la mujer hasta pasar el final del corredor, mientras hacía esto, Hanako le comentaba la situación de su hermana tanto sus pequeños avances como sus grandes retrocesos. Le comentó que le habían suministrado una pequeña formula de plantas que neutralizaban momentáneamente su control por lo que sería seguro verla sin un bozal. Entraron a una nueva sala más estrecha, pero de mayor longitud que la anterior. Esta tenía otras dos divisiones (muy seguramente otros pasillos) y en el medio un enorme ventanal con diseños que limitaban un poco la visibilidad hacia el exterior de lo que parecía un patio. Tenía varias puertas a lo largo de este.
Otra mujer abrió una de estas y entraron. Era un jardín enorme y colorido, una gran cantidad de tipos de lirios y otras flores adornaban unas enormes estructuras en forma de donas utilizadas para sentarse, —Esto le encantaría a Mai, ja claro que sí —rio en su mente. Varios árboles de distintos tamaños cubrían la zona dotándola de una justa cantidad de sombra.
Sin duda el ambiente en el lugar parecía bastante ameno a pesar de estar muy solo. Entonces la vio, estaba acompañada por otras dos mujeres, sentada frente a una angosta mesa de madera y sujeta de sus piernas en una silla de ruedas, vistiendo un traje de fuerza. Su apariencia era bastante desalineada y algo demacrada. No pudo evitar sentir un nudo formándosele en la garganta al acercarse con lentitud.
—Hola, como se siente, princesa —preguntó Hanako, a la hermana del pelinegro. Esta simplemente la ignoró, con su vista fija hacia el frente, no emitía sonido alguno. La mujer les lanzó una mirada consternada a las otras dos que acompañaban a la princesa, se limitaron a menear la cabeza de un lado a otro.
—No ha ocurrido ningún incidente —se animó a decir una en voz baja. Hanako le devolvió una ligera sonrisa y asintió.
—Princesa, alguien vino a verla —se inclinó ante ella para estar a su altura. Ambas mujeres que la acompañaban se pusieron algo nerviosas al ver a Zuko acercarse, y lo reverenciaron de inmediato.
—Chicas, el Señor del Fuego —mencionó la encargada. Los ojos de Azula se abrieron en su totalidad por unos instantes para luego volver a la normalidad. Las tres mujeres volvieron a reverenciarlo y se retiraron, dejando solos a Zuko, Azula y Hanako.
Bueno mi lord, ahm… como podrá notar, en estos momentos todo el personal y los internos se encuentran dentro de los edificios. Los dejaré solos, si necesita algo estaremos en la puerta —le dedicó una pequeña sonrisa y lo reverenció para luego irse.
Zuko suspiró y tomó una silla de madera para sentarse frente a ella en la posición opuesta de la mesa, colocando sus manos entrelazadas sobre esta.
Pasaran varios segundos y luego minutos en completo silencio por parte de ambos hermanos. El ocasional cantó de las aves y el silbido del viento corriendo entre las ramas de los árboles era lo único evitaba un silencio sepulcral en el sitio.
Ella no apartaba su mirada de la suya. Comenzaba a sentirse bastante incomodo. Por alguna extraña razón le recordó a aquella sensación que la causó la mirada de Toph cuando la conoció por primera vez. En algunas ocasiones a pesar de ser ciega, le gustaba dirigir "su mirada" hacia los ojos de las personas aunque no pudiera ver, sabía que eso les incomodaba mucho y a ella, por supuesto que le parecía divertido. Para él, esto le resultaba algo desagradable, claro en un principio; intentó no sonrojarse ante el recuerdo de sus casi perlados ojos.
Desvió su mirada hacía unos lirios de fuego en una de las jardineras cerca de ellos, al regresarla hacia su hermana se sorprendió al ver su rosto a escasos centímetros del suyo. Se había inclinado lo más que pudo hacia su rostro, propiciando que él dejara escapar un leve quejido.
—¡Boo! —exclamó en voz alta la chica. El maestro fuego no pudo evitar soltar un ligero grito y caerse de espaldas con todo y silla ante la sorpresa. Después de lo que había vivido, ella aún podía intimidarlo un poco. Azula soltó una carcajada al ver su reacción.
—¡Señor! —gritó Hanako al abrir la puerta. El chico se incorporó lo más rápido que pudo y con una seña le dio entender que se retirara. Ella asintió y volvió dentro.
Zuko pasó una mano por sus ojos hasta llegar a su puente nasal y comenzar a masajearlo un poco. Procedió a sacudirse el polvo que acumuló por la caída y colocó la silla de nuevo frente a la mesa para sentarse. Azula se reclinaba en el respaldo de su silla de ruedas y lo observó de lado; meneando su cabeza con suavidad. Al verlo directo a los ojos, sonrió.
—Oh Zuzu, ¿A qué debo el honor de tu visita, oh gran Señor del Fuego? —.
—Solo… solo quería saber cómo te encuentras —.
—¿Y tenias que venir en persona para ver eso? —le dio una mirada llena de curiosidad, —¿Cómo crees que me siento en este lugar? —ladeo su cabeza de nueva cuenta.
—Yo… um… —Zuko agachó la mirada.
—Por lo visto mejor que tú, sí —había notado el cansancio en los ojos de su hermano, le sonrió y volteó a ver la puerta donde se encontraban las médicas que cuidaban de ella, —¿Los deberes del Señor del Fuego te están absorbiendo? —transcurrieron unos segundos y rodó los ojos al no escuchar respuesta alguna.
—Sabes, si vienes a decirme lo incompetente que eres para el puesto y quieres renunciar para darme lo que me corresponde por derecho y méritos, lo aceptaré con gusto, tontito —dirigió su vista directo a la de ella, suspiró con pesantez ante uno de esos nombres que ella a veces le decía.
—No, nunca haría eso —respondió, Azula giró su rostro y sonrió de manera engreída.
—Vine a verte porque… me importas, eres mi hermana después de todo. Creo que mamá querría esto —la princesa de la nación del fuego se tensó por completo al escuchar eso, se enderezó lo mas que pudo y su expresión cambió por una de total seriedad y aborrecimiento ante el chico.
—Largo de aquí Zuko —.
—Azula… —la prodigio no pudo evitar notar por medio de su visión periférica a una figura femenina apenas visible, andar por el pasillo del complejo tras el ventanal que separaba al jardín de las habitaciones. Desvió su mirada hacia la mesa, sus ojos se abrían en gran medida, su ritmo cardíaco se disparaba y su respiración se tornaba irregular; comenzaba a faltarle el aire por lo que comenzó a inhalar y exhalar por la boca.
—No eres real, no eres real, no eres real, no eres real, no eres real… —repetía la princesa una y otra vez dentro de su mente, al momento de mecer su cabeza hacia delante y hacia atrás. En un momento de desesperación por intentar convencerse, devolvió su mirada hacía la puerta y la vio parada junto a las otras mujeres, sonriéndole. Portaba su característico vestido rojo.
—¡Largo de aquí! —gritó totalmente iracunda. La puerta se abrió y ella desapareció al momento en el que las mujeres que la cuidaban entraron al jardín.
—¡Princesa! —gritó Hanako al ver el estado de su paciente, luego volteó a ver a Zuko. La expresión del rostro de la mujer denotaba tristeza, decepción y pena.
—Lamento esto, señor. Lamento fallar con el tratamiento de su hermana —agachó la mirada ante él.
—Esta bien, haga todo lo que pueda. Yo esperaré —la mujer lo reverenció y se dirigió hacia la chica, —Vendré a verte más seguido, Azula —mencionó el chico sobre su hombro antes de retirarse del recinto acompañado de la guardia que estaba en la puerta del jardín, su hermana dirigió su rostro hacia él.
De pronto ella sintió una mano posándose sobre su hombro derecho y alguien acercándose por su costado izquierdo.
—Azula, tu hermano en verdad se preocupa por ti —era ella, con un tono dulce y apacible. El cuerpo de la chica se tensó por completo de nueva cuenta, su rostro congelado al instante. Leves quejidos se escapaban de sus labios temblando de miedo.
—Princesa volvamos a su habitación —quien en realidad estaba ahí era una de sus cuidadoras, la cual mencionó eso con un tono similar.
—¡Lárgate de aquí!, ¡Largo!, ¡Desaparece! —gritaba Azula con todas sus fuerzas al agachar su cabeza, un par de lágrimas que descendían por el contorno de su fina nariz se mezclaban con una gran cantidad de gotas de sudor. Zuko entristeció al verla en ese estado, rota. Después de los problemas que había vivido, se dio cuenta que no quería acabar así, debía ser fuerte por él. Debía se fuerte y cuidar también de ella, tan vulnerable; su madre lo habría querido así. Devolvió su mirada hacia el frente y se dirigió hacia la sala del principio donde se encontraban los demás.
...
Al anochecer una vez de vuelta en el palacio, Zuko caminaba por los pasillos que conducían hacia el jardín real, aquel con el estanque que le gustaba visitar. Llegando al primer escalón, tomó asiento. Su mente se vio invadida por esa imagen de su hermana gritando, no podía dejar de pensar en ello, —La prodigio, alguien con suerte, la preferida de Ozai; terminando así —se decía dentro de su mente. Fue sacado de esta al escuchar los pasos de alguien acercándosele.
—Lord Zuko —el chico volteó hacia la persona que lo llamó.
—Ministro Qin —se incorporó del sitio en el que estaba y el hombre lo saludo con respeto.
—Por fin recibimos noticias de la flota del norte a pesar de perder contacto con los emisarios, bueno… una muy pequeña parte de ella —le dijo con un cierto tono de resignación, —Un solo crucero respondió después de siete meses, me parece algo imperativo el saber que ha sucedido con el resto de la flota —.
—Cierto, pero aún hay asuntos que atender aquí —mencionó Zuko. Qin asintió ante esto.
—Un grupo de soldados de élite viene con ellos, tal vez puedan fungir como su nueva guardia. Hablando de guardia, todo está listo para su visita a la isla Furui la próxima semana, me encargué de ello. Dos cruceros lo escoltaran hasta llegar a tierra y dos pelotones lo escoltaran en todo momento —el joven rio ligeramente entre dientes.
—¿No te parece que es demasiado? —.
—En lo absoluto, su alteza. Oh, lo olvidaba, hay una triste noticia. El cuerpo del gobernador Norio fue hallado por pescadores, en el mar al norte de la isla. Todo parece indicar que fue asesinado, el cuerpo presentaba varios orificios causados por un objeto punzocortante. Parece que estos ataques no cesan y no solo son en su contra —.
Zuko apretó los dientes y se quejó, —¡Genial!, solo algo así faltaba —pensó con sarcasmo, —Envíen el cuerpo y una carta correspondiente a su familia en Ciudad Manantial de Fuego —.
...
Por la tarde del día siguiente en el jardín del palacio
Mai podía divisar al chico sentado cerca de la fuente del jardín. Con un constante caminar, se aproximaba cada vez más a él.
Pensaba en la última ocasión que se habían visto, no habían quedado en los mejores términos, pero ahí estaba ella de nuevo. Intentar devolver a la normalidad la relación que tenía con él era algo que rondó su mente en los últimos días, eso y… lo insistente que era ese chico Kei Lo.
Desde aquella ocasión antes de la explosión en el muelle, había estado visitando la floristería de su tía casi cada semana. Se había vuelto un cliente recurrente y a su tía parecía agradarle un poco. Es un chico tonto y algo terco, pero al menos nunca se sobrepasaba, solo compraba flores y la saludaba, en alguna ocasión intentó hacerle platica e inclusive invitarla a tomar algo, pero ella siempre lo rechazaba; aún así seguía frecuentando la tienda. —Es un bobo, pero su rostro no esta tan mal y puede ser divertido —pensó la chica, una leve sonrisa formándose en sus labios. No, como podía pensar en algo como eso en ese preciso momento, bueno, no es que estuviera mal reconocer las buenas apariencias de otras personas. De cualquier modo, Zuko era muy especial para ella, más que ese chico, tal vez solo pensó en ello como una posible forma de causarle celos en caso de que no le vuelva a prestar atención de manera más recurrente. Normalmente estas cosas referentes al amor no iban con ella, pero desde aquel día en la prisión de la roca hirviente, al aceptar su amor por Zuko ante otra persona; le sirvió para darse cuenta de su verdadero sentir - la represión de sus sentimientos.
Llegó justo hasta estar de pie frente a él y lo saludó con un abrazo y beso en la mejilla.
—Gracias por venir —dijo Zuko al invitarla a sentarse en los bordes de la fuente.
—Eh, después de todo seguimos siendo novios, ¿no? —respondió con desgano, como casi siempre. El chico se limitó a reír entre dientes meneando su cabeza.
—Supongo que sí —aún no sabía si seguía sintiendo lo mismo por ella, pero, era una de las únicas personas de su edad con quien podía convivir en esos momentos.
Prosiguieron a ponerse al tanto acerca de los días en los que no se vieron, claro, él no le contó acerca de la visita a su hermana. Zuko intentó actuar de forma un poco más afectuosa que la ultima vez, cosa que ella aceptó con gusto, aunque no lo externara. Pasadas un par de horas, antes de despedirse; le contó acerca de la visita a la isla Furui.
—Me invitaron a la apertura de una nueva academia en la isla Furui —.
—Muy interesante—Mai emitió un ligero bostezo desviando su mirada hacia el estanque con los patos-tortuga, —¿Que no esa isla es una de las más alejadas del archipiélago? —.
—Si, una de las más cercanas al reino tierra. Mai, quiero que me acompañes a la ceremonia —terminó el pelinegro, colocando su mano izquierda sobre la derecha de la chica, esta lo miró de reojo.
—¿Enserio quieres ir hasta allá?, Que divertido —rodó los ojos, él solo suspiró con pesar.
—Hey, nunca dije que no iría contigo —la chica recargó su cabeza sobre el hombro izquierdo del maestro fuego, al mismo tiempo que entrelazaba su pulgar derecho con el meñique izquierdo de la mano de él. Zuko cerró sus ojos con suavidad, no sabía si debía estar contento o algo por todo eso; en realidad no sentía nada.
Por la tarde en casa de Mai
—Padre, permíteme acompañar a Zuko a la inauguración de una academia en la isla Furui —habló la pelinegra frente a su padre, mirándolo a los ojos, manos tras su espalda baja y con una postura recta.
—De acuerdo, cuando es el evento —Ukano fingió no importarle ese próximo suceso en absoluto.
—Dentro de una semana —.
...
Dos días después, en el viejo almacén
—Gobernador Akiyama, una oportunidad muy interesante se presenta ante nosotros. Sus reclutas, ¿Cree que estén listos? —comentó el padre de Mai al hombre sentado frente a él.
—Por supuesto, Ukano. Ya he enviado la orden de que se alisten, tardará unos días en llegar —exhaló, —Pero se hará en el momento preciso, después de todo algunos de ellos ya estaban enlistados para la nueva academia; y en el muy seguro caso de que fallen de manera estrepitosa, son solo piezas prescindibles —le respondió mientras movía su kiseru de un lado a otro.
—Tienes mucha razón en eso ultimo. ¡Sargento! —gritó el hombre de la gran barba grisácea, el oficial que hacia guardia en la puerta del edificio entró, aproximándose a donde estaban los hombres sentados.
—Señor —.
—Entréguele esto al chico del desastre de la otra vez —rio al recordar aquella sangrienta escena —Y dígale que esta es su primera misión, real —le pasó una pequeña nota doblada, el militar asintió simplemente y se retiró.
—Si fallan, debemos tener un plan B —dijo Ukano.
—Por supuesto que fallaran. Aún tenemos gente dentro del palacio, ¿Cierto? —preguntó el gobernador. Ukano dirigió su mirada hacia las tazas de té y platos vacíos sobre la mesa.
—Claro. De hecho, creo saber que podemos hacer, será algo sutil. Un platillo que se servirá frío —.
—Huh, ya entiendo —el gobernador sonrió de lado, —¿Y cual crees que sea su reacción? —.
—Él se opondrá en un principio, pero ella lo entenderá al instante, esto es por nueva Ozai —.
...
Una semana después en la isla Furui
El desembarco había sido exitoso, y habían abordado el carruaje que los llevaría hasta el pueblo y el sitio en concreto donde se celebraría la apertura de la escuela.
Zuko se inclinó hacia el frente hasta poder colocar ambos codos sobre sus piernas, pasó levemente una mano por su rosto, el constante golpeteo de los cascos de los alces-dragón contra la grava solo significaba que ya habían comenzado a moverse.
—Quita esa cara Zuko —mencionó Mai con su frío tono de voz.
—¿Enserio?, ¿Tú, me dices eso? —soltó una ligera risa burlona, ella solo desvió la mirada rondando los ojos. Abrió una pequeña bolsa que contenía algunas gomitas dulces, no de las de fuego y le ofreció; al rechazarla ella comenzó a degustarlas. Utilizó un pañuelo rojo para limpiarse los dedos de cualquier residuo.
Pasaron varios minutos en silencio dentro del carruaje, aguardando llegar al sitio.
—Yo puedo ayudarte a cambiar esa cara —le dijo mientras miraba por las ventanillas del vehículo. Al sentir su mirada posarse sobre ella, lo miró de reojo y le sonrió de lado.
...
Después de casi una hora de camino, habían llegado.
—Pffff —dejó escapar un quejido al pasar su mano derecha con suavidad a través de su rosto, al momento de retirarla abrió los ojos y dirigió su vista a Mai; quien se limpiaba la mano izquierda con el pañuelo, la bolsa de gomitas junto. Le devolvió la sonrisa.
—Este es el momento donde debo fingir que ningún problema personal ocurre en la vida del Señor del Fuego —espetó sarcásticamente, ella soltó una risilla casi imperceptible. El joven inspiró con fuerza y una vez se abrió la puerta del carruaje, esbozó una gran sonrisa en sus labios al descender de este. El viento meneaba su gran capa roja al caminar y saludar a la multitud presente en el sitio. Casi todo el pueblo se encontraba allí, cercados por un sin número de guardias. El general Mak se le acercó tan pronto como pudo junto con cuatro maestros fuego.
—Lord Zuko, el perímetro ha sido asegurado. No hay rastro de actividad sospechosa en las inmediaciones, ni presencia de explosivos. Todo parece estar en orden —.
—Bien general, ahora dejemos esos temas, es momento de celebrar —le respondió el chico al momento de entrar al edificio. Múltiples guardias se posicionaron en cada una de las entradas y alrededores del sitio, otros más ingresaban junto con el Señor del Fuego.
Luego de varios minutos de presentaciones y saludos entre Zuko y su comité, los maestros de la academia, el alcalde del pueblo, lugareños y estudiantes; por fin se dirigieron hacia el comedor del lugar.
Antes de sentarse para degustar los platillos que con gran animosidad se le habían preparado, Zuko mantenía una pequeña conversación con la directora del lugar mientras le presentaba a algunos alumnos. Mai se encontraba a su izquierda y Mak detrás de él junto con cuatro maestros fuego y varios guardias.
—En verdad no tengo palabras para agradecerle lo que ha hecho, al volver a permitir la enseñanza de nuestras antiguas costumbres a las nuevas generaciones; así como el que promueva el arte y la cultura. Con total honestidad, extrañaba mucho la enseñanza de la danza —la mujer de mediana edad le dedicó una gran sonrisa luego de reverenciarlo.
—Es algo necesario para las nuevas generaciones, dejar atrás todo el odio de la guerra; un buen amigo me lo sugirió —recordó la sugerencia que Aang le hizo después de su coronación, Mai rodó los ojos al voltear hacia otro lado.
—Gracias, usted sabe que tiene todo el apoyo del pueblo y la isla —.
—Gracias directora Maiko, todas las islas son parte indispensable de nuestra nación, eso incluye a la isla Furui —la mujer los invitó a tomar asiento en la mesa principal justo al ver llegar a uno de los más destacados grupos de jóvenes estudiantes del lugar.
—Oh, lo olvidaba por completo. Este es uno de los grupos más prometedores que tendremos entre nuestras filas —le señaló a los chicos con su mano extendida. Todos lo reverenciaron mientras uno que parecía un poco mayor al resto caminó hacia el frente y se arrodilló ante él. Uno de entre los presentes con un cabello algo alborotado esbozó una gran sonrisa al ver al gobernante.
—Señor del Fuego, es un gran honor tenerlo en nuestra escuela —el maestro fuego le agradeció y lo invitó a incorporarse, y retrocedió junto con algunos otros para luego ser empujado por un chico que se movía hacía Zuko.
El pelinegro había sido distraído por un comentario de Mai cuando logró observar de reojo a alguien acercársele con rapidez.
Al girar su cabeza por completo, vio a uno de los estudiantes dirigiéndose hacia el con una daga en mano. De manera instintiva y gracias a su entrenamiento, logró desviar el embate del atacante con su mano derecha para luego conectar un gancho al mentón del chico haciéndolo retroceder unos cuantos pasos. Uno de sus guardaespaldas reaccionó de inmediato y sometió con fuerza al muchacho. Maiko se tropezó al presenciar esto, muy asustada.
De entre el grupo de alrededor de veinte estudiantes, quince se mostraron hostiles ante los visitantes.
Cuatro intentaron ayudar a su compañero en el suelo, pero fueron repelidos por los otros guardias maestros fuego, el chico con el cabello desaliñado aprovechó esta oportunidad para lanzar un cuchillo en dirección al Señor del Fuego; pero fue desviado de forma increíble por otro. El choque de ambos objetos metálicos sorprendió a Zuko quien volteó a su izquierda para ver el brazo estirado de Mai, lo había salvado. Esta solo asintió de forma leve pero bastante seria al verlo.
Un par de los guardias maestros fuego se disponían a disparar en contra de los atacantes; cuando el chico que arrojó el cuchillo tomó entre sus brazos a la directora de la academia.
—¡Atrás todos! —gritó el muchacho mientras la sujetaba con un brazo y apuntaba a su garganta con otro cuchillo. Comenzó a retroceder de a poco.
Los otros miembros de su grupo lo imitaron tomando más rehenes, tanto civiles como otros estudiantes.
Todos se sorprendieron de sobremanera ante tan cobarde acto, la mano izquierda de Zuko comenzó a temblar, pero al darse cuenta de esto la apretó con fuerza e inhaló profundamente.
Mak junto a dos guardias se habían posicionado por delante de Zuko.
—Que atrevido —siseó la experta lanzadora de cuchillos, —Será mejor que acabemos con esto —reveló su mano izquierda sujetando tres pequeños cuchillos y otro en su mano derecha apuntando a la cabeza del que parecía ser el líder. El pelinegro logró percatarse a tiempo de lo que planeaba hacer su novia.
—¡No Mai, no lo mates!, no somos iguales a ellos —solo la escuchó chasquear su lengua ante la orden y bajó su brazo derecho; aunque sin guardar sus armas.
—¡Vaya!, el Señor del Fuego tiene que recurrir a la ayuda de una mujer para resolver sus problemas, no se porque no me sorprende —espetó aquel joven.
—Es una deshonra para nuestra gloriosa nación. ¡Tú nunca serás Ozai, un gran visionario! —gritó, mientras tanto él como sus cómplices se acercaban a la salida que daba al patio de la academia.
—¡Basta de tonterías!, ¡Libérenlos en este momento y las consecuencias que sufrirán me aseguraré que no sean tan severas! —respondió Zuko con la intención de intimidar a esos sujetos.
—Oh, pero las consecuencias tendrán que ser severas, o esto nunca cambiará —al acercarse a la puerta forzaron a los guardias allí estacionados a darles espacio. Justo antes de salir, poniendo un pie fuera del comedor, el líder de aquellos chicos se dirigió a Zuko, —¡La sociedad de nueva Ozai es la respuesta a su deshonroso mandato, nos aseguraremos de que eso cambie!, y el cambio… solo se logrará con sangre. Sangre derramada por su culpa —acto seguido, degolló a la directora delante de todos los presentes.
El cuerpo de Zuko comenzó a temblar de manera descontrolada, su boca abierta al presenciar tan hórrida acción.
Aquel cuchillo deslizándose de un costado al otro de la garganta de la mujer, la imagen de la sangre comenzando a brotar por la herida abierta, los quejidos que emitía por empezar a ahogarse con el plasma carmesí y la expresión en su rostro… llena de miedo, angustia y una terrible desesperación al realizar lo que ocurría, lagrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas.
—¡No! —gritó Zuko extendiendo su mano, el asesino arrojó el cuerpo de la mujer agonizante hacia los guardias y huyó junto con sus compañeros para reunirse con otro grupo que esperaba en las calles. El cuerpo de Mai se heló al instante, pero no emitió sonido alguno.
El maestro fuego cayó de rodillas al suelo inclinando su torso hacia el frente; llevó ambas manos a los costados de su cabeza y entonces gritó con desesperación.
—¡Aaaggghhh! —.
Espero que no haya estado tan mal jajaja. Gracias por leer.
