No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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De pie en el suelo mirando al escenario con un par de roadies y un montón de chicas del camerino, Isabella esperó a que Los Sinners hicieran su entrada. El corazón le dio un vuelco con anticipación.

―¿Quién eres? ― Una de las chicas del vestuario preguntó.

―No es asunto tuyo. Ve y tráeme una cerveza. ―dijo Isabella.

La chica frunció el ceño, arrugando el abundante maquillaje de color azul y negro sobre sus ojos. Isabella se preguntó si ella pensaba que brillar intensamente era realmente necesario. Eso hacía que su apariencia resultara más diferente a la de ellas.

―Uh. Era una broma. ― dijo Isabella. ―Soy una amiga de Edward.

―¿Fuiste su niñera cuando estaba en la escuela primaria o algo parecido?

Ouch.

―No, de hecho, me lo estoy follando.

―Heh, me lo imaginé. ― Sonrió la chica. ― ¿Cómo puede salir con una chica tan conservadora como tú?

Isabella se encogió de hombros.

―¿Con quién estás?

―Jazz o Garrett. Estaba esperando a Edward, desde que Jessica se fue, pero él es un tipo de una sola chica.

―¿Jazz o Garrett?

―Tal vez los dos. Depende de su estado de ánimo y de lo cansados que estén después del show.

―¿Por qué no Emmett o Benjamin?

―Emmett probablemente mirará. Él puede follarme cuando Jazz haya terminado, si tiene ganas. Y Benjamin…Es demasiado extremo para mí.

―¿Benjamin? ― ¿El lindo y silencioso Benjamin?

Otra chica asintió, uniéndose a la conversación.

―Benjamin es un lunático. Primero, me dijo que le pegara con un látigo para animarlo y cuando estábamos haciéndolo, pensé que me iba a matar. Literalmente. Casi me asfixia.

―Huh. ― Isabella nunca esperaría algo así de Benjamin. ― ¿Cuáles son sus nombres?

―Soy Emily. ―dijo la chica con el maquillaje abundante en los ojos.

―Kim. ― dijo la otra.

―Soy Isabella. Isabella Suxsed. ― Las chicas se rieron.

―Estamos relacionadas. Supongo que somos hermanas.

―¿De manera que se la chupaste a Jazz antes de salir con Edward? ―preguntó Kim. ―Me sorprende que Edward tolerara eso.

―Uh, no.

―Entonces, ¿Cómo has conseguido un pase tras bambalinas por parte de Jazz?

Isabella se sonrojó. Supuso que, por tener el apellido falso de Jazz en su pase, todo el mundo pensaba que le había chupado la polla para obtenerlo.

―Vamos a ver si entiendo. ¿Jazz hace que las chicas se la chupen para que puedan estar en el vestuario?

―Como mínimo. ―dijo Emily.

―¡Es un asno! ―Crepitó Isabella.

―Pero tiene un lindo trasero. ―dijo Kim. Las dos chicas rieron y se abrazaron.

―¿De manera que están de acuerdo en ser tratadas así? ― preguntó Isabella. ―¿Dejan que todos los hombres las traten de esa manera?

―Por supuesto que no. Pero estamos hablando de Jazz Whitlock. Si pisará mierda de perro, se la lamería si me lo pidiera. ― dijo Emily.

―No si yo lo hago primero. ― dijo Kim.

―Uh, increíble. ― murmuró Isabella.

Las luces del estadio se apagaron y una luz azul iluminó sólo el suelo del escenario.

Cuatro pares de pies se movieron a través del resplandor azul. El rugido de la multitud era ensordecedor. El corazón de Isabella palpitaba ruidosamente. Uno de esos pares de pies pertenecía a Edward.

El golpe de un bombo vibró por su cuerpo. Los surcos del bajo de Benjamin se unieron al ritmo de Emmett, punzando profundamente en el pecho de Isabella. El ritmo de la guitarra de Garrett se agregó y luego el inconfundible intro de Edward. La multitud rugió. Una luz brilló y se encendieron las luces. En el centro del escenario Jazz entró en la canción con un gruñido en el micrófono. Las chicas junto a ella gritaron y alzaron los brazos al aire.

Isabella no podía quitar los ojos de Edward, no podía ni siquiera parpadear. Lo miró andar majestuosamente sobre el escenario, tocando la guitarra como si fuera una extensión de sus dedos. Era como si le estuviera haciendo el amor y Isabella se puso celosa de la atención que él prestaba a las cuerdas. Eso la excito en una manera primitiva que no podía describir. Tal vez él enganchaba a las diez mil personas con sus dedos perversamente seductores.

Cuando llegaron al solo de guitarra a la mitad de la canción, Edward tomó el centro del escenario y Jazz se trasladó junto a Benjamin. La multitud rugió, los cuerpos se ondulaban unos contra otros en un mar de carne y sudor frente al escenario.

―Eres un maldito genio, Master Cullen. ― gritó uno de los roadies. El tipo tenía que ver el show casi todas las noches y todavía se sentía atrapado por su manera de tocar. Isabella sólo observó, cada nervio de su cuerpo se hizo sensible. Ella se sintió…viva.

―¡Sí! ¡Toca, cariño! ― Gritó Isabella.

Emily se rió y le dio una palmada en la espalda con entusiasmo.

―Tienes suerte, Isabella. Master Cullen es demasiado ardiente.

El solo de Garrett entró en armonía con el de Edward y se paró al lado de él en el centro del escenario. Pulsaban las guitarras del otro mientras sus dedos pasaban por sus propios trastes en sincronía. Había algo altamente erótico en verlos tocar juntos. Una inesperada intimidad flotaba entre ellos. Una intimidad que a ella le gustaría compartir. Al mismo tiempo. El calor inundó su rostro y los pliegues de la inflamación entre sus muslos. Oh Dios mío. ¿Qué estaba pensando? Edward y Garrett. ¿Con ella? La idea le envió a una sobrecarga sensorial. Ella se abanicó el rostro con la mano.

Otro rugido de la multitud estalló cuando los guitarristas terminaron y tomaron distancia el uno del otro. Garrett hizo ese movimiento de pies que era totalmente adorable. Era como si su cuerpo no pudiera dejar de responder a la música. Él balanceaba sus pies con cada acorde que tocaba.

Isabella no se había dado cuenta de lo irresistiblemente sexy que era Garrett hasta ese momento. Demonios, Benjamin e incluso Emmett la excitaban, aunque no podía ver nada más que las baquetas de Emmett detrás de la batería.

Jazz entró de nuevo en la canción, cantando en el otro extremo del escenario. Los fans navegaban la multitud, aterrizando en el espacio de la barrera de seguridad del escenario. Los guardias de seguridad los sacaron a un lugar seguro y los fans se apresuraron hasta donde estaba Isabella, gritando con entusiasmo mientras se reunían con la multitud a sus espaldas. Ella escasamente notaba cinco hombres en el escenario y uno en particular.

Edward se había ido de nuevo hacia el fondo. Enfrentó la batería de Emmett y balanceaba la cabeza al ritmo mientras tocaba. Cuando la canción terminó, el escenario se oscureció y la multitud rugió con aprobación. Isabella no fue la excepción. Estos músicos eran más que asombrosos y ella los conocía. Todo era tan increíble. Los animó con el resto de sus fans que estaban hambrientos por más.

Un reflector iluminó el centro del escenario, mostrando a Jazz de pie en una plataforma.

―¿Cómo están esta noche, Chicago? ― Gritó y apuntó con el micrófono hacia la audiencia. La multitud rugió. Él puso una mano sobre su oído y ellos gritaron más fuerte. Jazz habló de nuevo por el micrófono. ―Hoy empezamos a trabajar en nuestro nuevo álbum. ¿Qué piensan de eso? ― Se escuchaban más gritos de emoción. Todo el cuerpo de Isabella se calentó. Ella tenía algo que ver con eso. No mucho, pero había estado allí. ― Master Cullen tocará un solo nuevo en unos minutos, pero ahora vamos a escalar…las puertas…del infierno.

La multitud rugió cuando el intro de Edward de Gates of Hell se derramó por los altavoces.

El resto de la banda se unió a él en el quinto compás. La multitud se enloqueció. Electrizada por la energía de diez mil jóvenes, Isabella se unió a la locura. Edward cruzó el escenario en su dirección. Ella dudaba que la pudiera ver parada en el oscuro suelo al lado del escenario, pero la miró fijamente y le guiñó un ojo. Isabella se quedó sin aliento.

Él se dirigió por el escenario en otra dirección, todavía tocando. Jazz dejó caer el micrófono durante el largo outro y saltó sobre la multitud. El corazón de Isabella dio un vuelco con temor, esperaba que no se hiciera daño. Como es costumbre. La multitud lo devolvió al escenario hasta que los guardias de seguridad lo rescataron y lo pusieron de pie sobre el suelo. Toda la barrera de defensa se reforzó mientras la multitud le seguía el paso. Un roadie corrió por el escenario, recogió el micrófono de Jazz y lo lanzó hacia él. Edward, Garrett y Benjamin estaban teniendo una orgia de guitarras en el centro del escenario.

Jazz cantó el resto de la canción en el suelo frente a la barrera de defensa. Él le permitió a la multitud tocar su hombro, brazo y cualquier parte de su cuerpo mientras caminaba de un lado a otro. Cuando la canción terminó, corrió hacia el lado del escenario en donde estaba Isabella.

―Hey, Isabella. ― Dijo sin aliento mientras pasaba por su lado. ― ¿Estás disfrutando del show?

―S-sí. ― Gritó Isabella estúpidamente.

―¡Jazz! ― Gritó Emily. Pero él ya había subido las escaleras trotando de regreso al escenario.

―¡Este público es el mejor! ― Le gritó Jazz a la multitud. Ellos respondieron con otro rugido de emoción. ― ¿Qué piensas, Master Cullen?

―No lo sé, Jazz. Apenas puedo escucharlos. ― El sonido de la voz de Edward hizo que las rodillas de Isabella se tambalearan. Esa voz la había hecho gritar hace unas horas y ahora diez mil personas le respondían con ensordecedores gritos de aprobación. Edward levantó el pick de la guitarra. ― ¿Quién lo quiere?

Los brazos se extendían sobre la barrera, estirándose por el premio ofrecido. Él arrojó el pick hacia el público, causando que una ola de cuerpos tuvieran una persecución. Se quitó la guitarra y un roadie atravesó el escenario con una acústica de color plateado.

Edward intercambio lo instrumentos y el roadie regresó a un lado del escenario con la guitarra eléctrica. Después de que Edward puso el instrumento en su lugar, sacó un pick nuevo que colgaba de su micrófono. Le echó un vistazo, como si estuviera buscándole algún defecto y luego se movió hacia Isabella. Él no la miró esta vez. En vez de eso, se sentó en una plataforma, frente al público en un ángulo. Ella tendría que conformarse con verle la espalda e imaginar el cabello de Edward entre sus dedos.

―¿Deberíamos apaciguar esto un poco? ― Jazz le preguntó a la multitud. Las luces bajaron su intensidad excepto por un suave resplandor que venía de la parte trasera de la banda.

Edward se sentó en una plataforma al extremo del escenario y Garrett se sentó en el otro extremo. Tocaron los suaves acordes de su balada más famosa en guitarra acústica.

―Déjenme ver sus luces. ― dijo Jazz.

Los encendedores brillaron. Los celulares se encendieron. El mar de pequeñas luces brillaba en la oscuridad de la multitud. La música de la canción no era tan fuerte como las anteriores, de manera que Isabella pudo escuchar a la gente cantar en compañía de Jazz.

Él tenía una voz suave y satinada cuando no estaba gritando. Había olvidado lo hermoso que él cantaba. Jazz se sentó en el borde frontal del escenario para tomar un breve descanso y darle a cada palabra una parte de su alma. Isabella podía ver totalmente el encanto de Jazz, pero era a Edward el que quería.

Después de las primeras seis canciones, el resto de la banda dejó el escenario para tomar un descanso, dejando a Edward solo. Él tomó el micrófono en el centro del escenario.

―Jazz les prometió una probadita de mi nuevo solo. No se rían si lo hecho a perder. Lo escribí hoy. ― Él hizo una pausa y comenzó a tocar. Las notas de Twinkle Twinkle Little Star, se emitieron por los altavoces con el distintivo de Garrett destrozado. Edward golpeó la palanca de vibrato en la última nota. Si alguien podía hacer de Twinkle Twinkle Little Star algo mejor, ese era Master Cullen. ―Impresionante, ¿huh? ― Él sonrió. Él corazón de Isabella se derritió. ―Supongo que es más que la velocidad de Garrett. ― La multitud aplaudió y se rio. ― Si quieren escuchar esto en serio, van a tener que gritar más fuerte.

La multitud gritó tan fuerte que Isabella se cubrió los oídos con las manos. Cuando se quedaron en silencio, ella retiró las manos. No quería perderse ni una palabra de lo que Edward estaba diciendo.

―Bella, esto es para ti.

Emily y Kim la empujaron entusiastamente, pero se detuvieron tan pronto como Edward comenzó su solo. Todo el estadio se quedó en silencio, aturdidos por la habilidad y la rapidez de sus dedos. Él ejecutó las notas en perfecta sucesión. Cuando llegó al final, Garrett apareció a su lado.

―¿Fue impresionante o qué? ― dijo Garrett por el micrófono. La multitud aplaudió. ―Tenemos también un nuevo riff. Edward está siendo consumido por su musa. ― Garrett lo golpeó en la espalda, con una enorme sonrisa en su rostro. Edward tropezó hacia un lado y se rio. ― ¿Qué dicen, Chicago? ¿Quieren oírlo? ― preguntó Garrett.

Más aplausos se escucharon. Los dos guitarristas tocaron el riff que habían practicado en el comedor esa mañana. Isabella ya no se sentía como si estuviera parada en el abarrotado estadio. Edward estaba haciéndole el amor y anotando las notas sobre su cuerpo con un bolígrafo. En el escenario, él tenía los ojos cerrados mientras tocaba. Edward se apoyó fuertemente contra la espalda de Garrett. Isabella sentía una conexión entre ella y el hombre sobre el escenario y se preguntó si estaba pensando en ella mientras le tocada a todas esas personas.

Jazz fue al fondo del escenario.

―Estos malditos son talentosos, ¿verdad? ― Emmett tocó la batería, Benjamin pulsó el bajo y la multitud aplaudió. ― Supongo que ahora necesitaré salir con una

buena letra. ¡No puedo soportar la presión! ― Él se agarró la cabeza en señal de aflicción. Isabella se rió entre dientes.

Los Sinners tocaron la siguiente canción. Para el momento en que el show terminó, todo el mundo estaba empapado de sudor. Una niebla de condensación se cernía sobre la multitud. Cuando la banda dejó el escenario, se veían fatigados. Emmett, el último en dejar el escenario y el más sudoroso, arrojó las baquetas hacia la multitud como si fueran boomerangs.

El público coreó durante varios minutos, Sinners, Sinners, Sinners, hasta que las luces del estadio se encendieron. Isabella se dirigió al área tras bambalinas. Vio a Edward pasando por la puerta detrás de la zona del escenario que llevaba a los camerinos. Le mostró su pase tras bambalinas al guardia de seguridad y se lanzó tras él.

―Edward.

Él hizo una pausa y se dio vuelta en su dirección. Su sonrisa la deslumbraba. Ella corrió y lo envolvió en un entusiasta abrazo. Sus oídos estaban entumecidos por el volumen de la música, pero sus otros sentidos estaban intensificados. El aroma de su sudor la hacía temblar.

―Eres increíble. ― Crepitó Isabella. Él se quitó los tapones de los oídos.

―No te comportes como una fan.

Edward envolvió un brazo alrededor de sus hombros y caminó con ella pasando por el camerino. Mientras pasaban, Isabella alcanzó a ver a Jazz sin camiseta, rodeado por varias chicas.

―¿A dónde vamos? ― Preguntó Isabella.

―Créeme, no quieres ir a ningún lugar cerca de Jazz. Está en uno de sus estados de ánimo. Vamos al bus. ¿Está bien?

Ella asintió. Si él le pedía que caminara sobre las brasas, lo habría hecho con impaciencia. ¿Por qué lo haría? No entendía su psicología por el momento. Él le besó la sien.

―¿Te gusto tu solo?

―¿Cómo podría no gustarme? Todo lo que pude pensar era en que me estabas haciendo el amor cuando lo escribiste. ― Él sonrió entre dientes.

―Estaba pensando lo mismo.

―¿En serio?

―¿En qué otra cosa estaría pensando?

―¿Tal vez en cinco mil chicas gritando tu nombre?

―También había cinco mil tipos gritando mi nombre. No es un estímulo. Además, sólo me importaba que una mujer gritara mi nombre.

El corazón de Isabella se calentó cuando él la abrazo fuertemente. Salieron del edificio hacia y se encontraron con una multitud arremolinándose fuera de los buses del tour. Los fans aplaudieron cuando reconocieron a Edward, pero los guardias de seguridad los mantuvieron a raya hasta que Edward pudo ayudar a Isabella a subir las escaleras del bus.

―Necesito una ducha. ― dijo él. ―Pero creo que primero descansaré un poco.

El cuerpo de Isabella vibró, llenándose de adrenalina. No sabía porque necesitaba descansar. A menos que…

―Sí, creo que deberías descansar. ¿Puedo unirme a ti?

―¿Qué crees? ― Edward la miró. ―Voy a sudar tu único traje limpio.

―Es desechable en cuanto a mí respecta. ― Él sonrió.

―Verme en el escenario realmente te excitó, ¿verdad?

―¿Qué crees?

Ella se desabrochó los botones de la chaqueta y la deslizó por los hombros. La arrojó sobre un montón de jeans y ropa negra antes de comenzar con los botones de su plateada blusa de satén. Edward le tomó la mano.

―Vamos. No se sabe cuándo un roadie o Emmett aparecerá. ― Él la dirigió a la parte trasera del bus por una puerta al final del estrecho pasillo. Entraron a una pequeña habitación, el espacio era dominado por una cama de matrimonio. ―No estoy seguro de que tan limpias están las sábanas. ― murmuró Edward, ayudándola a desabrocharle los botones. ―Somos unos patanes.

―Todos son maravillosos.

Él hizo una pausa, mirándola a los ojos en el oscuro interior de la habitación. La única luz provenía de las farolas exteriores.

―Oh Dios, no estás lujuriosa por Jazz, ¿verdad? ― Preguntó. ―Pierdo más chicas de esa manera. Lo ven en el escenario y… ― Ella le cubrió los labios con sus dedos.

―Estoy lujuriosa por ti, Master Cullen.

―No me llames así aquí. ― dijo él contra sus dedos.

―Edward. ― Ella reemplazo los dedos por sus labios, besándolo con urgencia.

La camisa de ella cayó al suelo. Los dedos de Edward se movieron rápidamente hacia su falda, la desabrochó y ésta cayó en el suelo, alrededor de sus pies. Él miró su cuerpo con una sonrisa sexy en los labios.

―Me alegra que decidieras que valía la pena dejarme ver lo que había bajo ese traje. ― Colapsando boca abajo sobre la cama, él se arrastró hacia la almohada y suspiró de cansancio. ―Necesito tomar una siesta.

Ella subió a la cama con él y se sentó a horcajadas sobre su cuerpo. Isabella le quitó la camiseta y se sentó sobre la parte trasera de sus muslos, masajeándole los hombros y la espalda.

Edward suspiró con satisfacción.

―Exactamente lo que necesito, Bella. Gracias. ― Ella se inclinó hacia adelante para besarle la piel a lo largo de los hombros, con su lengua recogiendo la sal de su sudor. ―Puedo hacer eso también. ― Murmuró Edward soñoliento.

―¿Quieres que te dejo solo? Puedo decir que estás cansado.

―No, me gusta tu compañía. Es agradable. No tengo la energía para devorarte. Probablemente estás decepcionada de mí.

―Nunca. ― Ella le tomó le mano con las suyas y le masajeó la base de los dedos y la palma de su mano.

―Mmmmmm. ― Isabella bajó la cabeza para besarle los dedos.

―Son mágicos.

―Los dos sabemos que sólo hay una parte del cuerpo mágica en está cama. Creo que a los fans les gusto tu solo, Bella.

―Tu solo.

―Es todo tuyo, cariño. Yo solo lo toque. ― Ella sonrió. Sabía que no se merecía ningún crédito.

―Eres dulce.

―Shhhhh. No se lo digas a nadie…

Él se durmió. Tendrían una hora de sexo increíble antes de que se separaran. Isabella se tendió junto a él, con su mano acariciándolo por la espalda. ¿En realidad estaba allí? Este sin duda había sido el día más maravilloso de su vida. Y aunque nunca volviera a ver a este hombre de nuevo, nunca lo olvidaría.

Poco tiempo después, hubo una conmoción fuera del bus. Parloteos ruidosos y risas se acercaban—era una mezcla de voces masculinas y femeninas. Isabella salió de la cama, separando las persianas metálicas con los dedos y miró a través de la pequeña ventana frente al estadio. El resto de la banda había salido de la edificación.

Ellos pasaban cerca de sus emocionados fans, separados de la multitud por una barrera de metal, los miembros de la banda daban abrazos, autógrafos y posaban para fotografías con admiradores entusiastas.

Isabella miró a Edward por encima del hombro, estaba perdido en la tierra de los sueños. Se preguntó si se mantenía alejado o si complacía a sus fans de vez en cuando. Ella volvió su atención al exterior. Jazz levantó por encima de la barrera a una joven con muy poca ropa y la adicionó a su séquito de mujeres.

Cuando su atención se dirigió a firmar un autógrafo, la chica hizo un baile de felicidad detrás de él y se bajó la falda para cubrir la parte superior de sus muslos. Ella pensó en la chica. Dudaba que conociera a Jazz y dudaba que él la conociera. ¿Dormiría con él sin vacilación? Estaba muy segura de que la respuesta era un sí, pero ¿La chica saltaría a la cama de cualquier tipo o la fama de Jazz la sedujo?

Isabella tenía que hacerse la misma pregunta. ¿Por qué estaba dispuesta a dormir con Edward? Por lo general, necesitaba conocer la personalidad de un hombre antes de llegar a conocerlo físicamente. Y honestamente, no había conocido muchos hombres lo suficientemente bien para dormir con ellos. Entonces, ¿Por qué actuaba diferente con Edward?

Edward suspiró en su sueño, sus manos se extendieron a través de la cama hacia donde ella había estado cuando se había dormido. Él tomó un profundo y sobresaltado respiro mientras recuperaba la conciencia y levantaba la cabeza. Cuando la vio parada cerca de la ventana, sonrió y dejó caer la cabeza de nuevo sobre la cama, extendiendo los brazos por encima de la cabeza y luego hacia los lados.

―Esa fue una siesta rápida. ― dijo Isabella.

―Estaba soñando contigo.

―¿Fue un buen sueño? ― Ella se apartó de la ventana y se sentó en el borde de la cama al lado de él.

―En realidad no. Estaba persiguiéndote y tú no dejabas de huir de mí.

―No estoy huyendo de ti ahora. ― La mano de Edward se movió para apretarle el muslo.

―Supongo que no. ― Ella le limpio una mancha negra debajo de su ojo.

―Tu delineador de ojos se te corrió.

―Otra vez me dormí boca abajo.

Tocaron la puerta. Edward gimió y salió de la cama para abrir.

―¿Sí?‖

Uno de los roadies dijo, ―Nos vamos en una hora.

―De acuerdo. Gracias por avisar. ― Él cerró la puerta y se dio vuelta para mirar a Isabella.

―Una hora.

―Me tengo que ir de todos modos. ― ¿Por qué repentinamente se sentía tan sola? ―Tengo que conducir hasta Kansas City y necesito tomar ventaja esta noche para poder llegar mañana a casa. ― Él miró el techo con una expresión pensativa.

―¿Qué tan lejos está Des Moines de Kansas City?

―¿Des Moines? Estamos en Chicago, cariño. ― Sonrió Isabella. ― ¿Perdiste la noción de dónde estás?

―No, hoy vamos a Des Moines para el show de mañana. Tal vez te gustaría quedarte esta noche conmigo en el bus e irte de Des Moines en la mañana.

El corazón de ella dio un vuelco de emoción. En tres cortas horas, podría conducir de Des Moines hacia Kansas City. Cuando se dio cuenta de que eso no era factible, su corazón se hundió.

―No puedo. Necesito mi coche.

―Uno de los roadies puede seguir los buses con tu coche. Están acostumbrados a conducir toda la noche.

―Supongo que funcionará. ― Ella sonrió y su soledad se evaporó al instante. ―Me gustaría mucho quedarme toda la noche contigo, Edward.

Él se movió hacia donde ella estaba sentada en el borde de la cama, él apretó el cuerpo de Isabella contra el suyo y la besó profundamente. Ella se estremeció, todavía estaba excitada por su presentación en el escenario.

De nuevo tocaron la puerta. Edward se puso rígido y rompió el contacto de sus labios con los de Isabella.

―Jesús ― murmuró Edward. ― ¿Qué? ― Gritó. La puerta se abrió y Jazz metió la cabeza.

―¿Estás ocupado?

―Estaba a punto de ocuparme.

―Creo que has tenido la habitación suficiente tiempo.

―El otro bus…

―Garrett está ocupado allá. Además, lo prometiste.

―Sí, lo sé. ― Edward miró a Isabella. ―Vamos a tu coche.

Ella asintió, posicionando su cuerpo parcialmente desnudo detrás de Edward para que él la apartara de la vista de Jazz.

―Sólo déjame vestirme.

―Dos minutos. ― Edward levantó dos dedos en dirección a Jazz. Jazz cerró la puerta. Edward le dio un besito en la mejilla y recuperó la blusa de Isabella del suelo. ―Lo siento. ― dijo. ―Le prometí que podría tomar la habitación esta noche. Por supuesto, eso fue antes de saber que te quedarías. Ah…mierda.

―Está bien. Pasaremos el rato afuera, eso no me incomoda. ― Él sonrió ampliamente.

― ¿En serio? En realidad, suena bien.

Ella se puso la blusa y la falda, abotonándose y acomodándose tan rápido como pudo. Edward se pasó la camiseta sobre la cabeza. Él le agarró la mano y la dirigió hacia la puerta. Saliendo de la habitación, caminaron por el estrecho pasillo, flaqueando a ambos lados por literas ocultas detrás de las cortinas y en la sala principal. Isabella contó ocho personas. Jazz, tres chicas, Emmett y unos cuantos roadies.

―Toda tuya, Jazz. ― dijo Edward.

Él cogió a la chica más cercana, la arrojó sobre su hombro y se dirigió por el pasillo hacia la habitación. La atractiva joven dio un gritó de alegría cuando él irrumpió por la puesta y la tiró sobre la cama. Las otras dos chicas y Emmett les siguieron el paso con el deseo emanando de sus cuerpos.

Isabella tuvo que parecer aturdida. Edward se rio por su expresión.

―Él siempre es así. ― dijo Edward. ―Me sorprendió que antes no se arrojara sobre nosotros. Jazz no es de los que toca la puerta.

―La reputación de Jazz le precede por una razón. ― dijo uno de los roadies. Él podría haber pasado como un miembro de la banda. Tatuado con cabello oscuro, gafas de sol en la noche, cadenas, piercings y musculoso.

―¿Quién conduce está noche, Ben? ― preguntó Edward.

―Yo tengo el camión. Tyler el otro bus. Creo que Laurent conduce este. ―Edward asintió hacia el rubio de apariencia normal y Laurent hizo un gesto brusco.

Edward se dio vuelta hacia el tercer roadie, el cual estaba sin una asignación para conducir.

―Jake, ¿Me harías un favor?

―Cualquier cosa. ― dijo él sin pestañear.

―Isabella necesita alguien que lleve su coche hasta Des Moines. ― Jake sonrió maliciosamente.

―Ya veo. Claro, no hay problema. ― El chico alto y delgado, con una cresta corta miró a Isabella. ― ¿Dónde está tu coche?

―Está en el estacionamiento. Lo iré a buscar. ― dijo ella. ― ¿Debería aparcar fuera del bus y darte las llaves?

―Sería perfecto. No es una minivan, ¿verdad?

―Ehh…Un Ford 57 Thunderbird descapotable. Lo he restaurado. Serás cuidadoso, ¿verdad? Soy muy protectora.

―Una golosina. ― dijo Laurent. ―Hagamos un cambio, Jake. Tú conduce el bus. Yo tomaré el ¡Thunderbird!

―No. ― dijo Jake. ―Edward me lo pidió a mí.

―Debo advertirte que es rosa. ― Interrumpió Isabella.

―¿Rosa? Aw, ¿Cómo pudiste hacerle eso a un coche clásico? ― dijo Jake, pasándose la mano por la frente y por la cresta.

Ella se echó a reír.

―Soy una chica.

―Estoy muy seguro que todos aquí reconocen eso. ― Le dijo Edward al oído. Todo el cuerpo de Isabella vibro en respuesta a su voz.

―No tengo ningún problema con el rosa. ― dijo Laurent con los ojos azules bien abiertos por el entusiasmo. Él se veía como un niño de corte limpio. Isabella se preguntó cuánto tiempo había estado trabajando con la banda. Jake, por otra parte, parecía alguien salvaje. Basándose sólo en las apariencias, prefería que Laurent condujera su carro, pero sabía que eso no era justo. Todos los roadies trabajaban duro y la banda le confiaba los costosos equipos y sus vidas. ―Hagamos el cambio, Jake. Vamos, amigo. Te gusta conducir el bus y yo lo detesto.

―Dejen de pelear. ― dijo Edward. ―Necesitamos ir por el coche antes de que sea hora de irnos. ¿El camión está cargado?

―Supongo que deberíamos comenzar a trabajar. ― dijo Laurent.

―El que cargue los equipos primero conducirá el T-bird. ― dijo Jake. Él abrió la puerta del bus y bajó por las escaleras.

―Hey, eso no es justo. ― Le gritó Laurent. ― ¡Tengo que cargar los tambores y son como un millón!

La voz de Jake se hizo más distante mientras él se alejaba del bus, gritando por encima de su hombro.

―Sí, pero tengo los amplificadores y las guitarras de Garrett. Deja de quejarte.

―Vamos. ― dijo Edward.

―Espera. ― dijo Isabella. ―Necesito mi chaqueta. Las llaves están ahí.

Él espero a que ella se pusiera la chaqueta, luego tomó su mano y la ayudó a bajar las empinadas escaleras hasta el pavimento. La multitud afuera ya era menos que antes pero cuando Edward bajó del bus, emitieron una ovación.

―Mierda. ― dijo él. ―Um… espera un minuto ¿De acuerdo?

Él le dio un beso en la sien y varios flashes nublaron su vista. Deseaba que las personas dejaran de tomarle fotos con Los Sinners sin su consentimiento.

Edward se dirigió a la multitud, comenzando a un extremo de la barrera tratando de seguir con su camino. Firmó autógrafos, dio la mano, ofreció abrazos, permitió que lo fotografiaran una docena de veces y soportó a las fans femeninas. Isabella esperó pacientemente, tratando de controlar los celos. Sabía que esto no era importante. Sus fans hacían que la carrera de Edward fuera posible. Sin embargo, no le gustaba que las jóvenes se frotaran contra él mientras estaba distraído firmando autógrafos o contestando una pregunta.

Después de unos quince minutos, él se despidió de la multitud y regresó al lado de Isabella.

―Voy a tener que dar la vuelta frente al bus y luego escabullirme por la parte trasera. De lo contrario, me verán de nuevo y nunca tendremos un descanso. Tú ve entre los buses y encuéntrame al otro lado. Ahora, finge que nos estamos despidiendo.

―De acuerdo.

Él la abrazó de la misma manera que abrazaba a una fan entusiasta y se despidió antes de girar en la dirección opuesta. Ella camino al lado del bus hacia el punto de reunión, mirando a los roadies sacar el equipo por una puerta para llevarlo al segundo bus. Ella miró por encima del hombro y luego se deslizó entre los dos buses. Gritos de pasión y placer provenían de la habitación de la parte trasera del bus mientras caminaba detrás de él. Isabella hizo una pausa mirando hacia la ventana por encima de ella. Tenía que ser Jazz el que se estaba follando a una de esas chicas. Una de ellas gritó el nombre de Jazz. Isabella se enrojeció y se preguntó cuántas vocalizaciones de la chica habían sido escuchadas por casualidad.

Un cuerpo duro la apretó contra la parte trasera del bus. Una mano tocó a tientas su pecho en la oscuridad. El corazón se le aceleró. Isabella luchó contra el hombre tratando de tomar distancia.

Jeremy. Oh Dios, la había encontrado. Pero ¿Cómo?

El hombre la agarró por la muñeca antes de que ella pudiera darle un golpe y estrelló la parte trasera de su mano contra el bus al lado de su cabeza. Isabella abrió la boca para gritar, pero una lengua se le metió en la boca. Ella conocía ese sabor. ¿Edward?

La había asustado. En realidad, la había asustado. Ella lo empujo.

―¿Qué estás haciendo? ― dijo ella. ―Creí que estaba siendo atacada.

―Lo estás. ― gruñó él y aplastó el cuerpo de Isabella entre su cuerpo y la parte trasera del bus.

Cuando trató de besarla, ella lo golpeó en el estómago.

―Detente.

―Ay. Nadie puede vernos. ― Las sombras se cernían sobre ellos.

Él la levantó contra el bus con su cuerpo y le soltó la muñeca para poder subirle la falda hasta la cintura. Aunque Isabella sabía que él no la lastimaría, su corazón comenzó a latir más rápido y fuerte bajo su pecho. Ella lo golpeó tan fuerte como pudo en el brazo. Él hizo una pausa. Isabella no pudo ver su expresión en la oscuridad, así que no sabía si había entendido el mensaje.

―¿En verdad quieres que me detenga, Isabella? Pensé que podíamos tener un rapidito aquí, ya que Jazz se ha apoderado de la habitación.

―No te acerques a mí en esa forma. Me asustaste.

Él presionó los dedos contra el centro de su pecho.

―Tu corazón está palpitando muy fuerte, cariñó. Sabías que era yo, ¿verdad?

―No. ― susurró ella. ― Pensé que…pensé que él… ― Isabella luchó contra las lágrimas, sintiéndose estúpida. ―No importa lo que pensé. No lo vuelvas a hacer jamás.

Él la abrazó suavemente.

―Lo siento muchísimo, Bella. ¿Me perdonas?

¿Cómo podía enojarse con él? Sabía que había reaccionado de manera exagerada. Jeremy estaba fuera de su vida para siempre. Seguramente estaba en una prisión y no sabía el paradero de ella. Demonios, ni siquiera la reconocería. Y este…este era Edward, no Jeremy. Edward le gustaba tal vez demasiado, considerando que se conocían desde hace poco.

Una vez enfrentó su miedo, ella le busco la boca a Edward en la oscuridad y lo besó suavemente, con una ligera sonrisa en los labios.

―Estás perdiendo tiempo. Los buses saldrán pronto.

―¿Quieres hacer esto? ― Preguntó él con incredulidad.

―Prometes no asustarme de nuevo, ¿verdad?

―Sí, lo prometo. ― Edward la acercó y susurró en su oído, ―Quítate las bragas.

La mano de Isabella se movió hacia la entrepierna de Edward para encontrar su polla dura como el granito. Él respiró dolorosamente. Ella se bajó las bragas por los muslos y les permitió caer hasta los tobillos. Isabella salió de ellas con un pie. El aire frio bañaba la carne caliente entre sus muslos mientras Edward le metía la rodilla entre las piernas para separarlas.

―Esto es bueno. ― murmuró él. ―No te muevas. Tengo que advertirte que nunca duro mucho después de un show. ― Edward la cubrió con su cuerpo contra el bus.

Ella escuchó el cierre de sus pantalones, él se apartó mientras se ponía un condón. Su dura polla le rozaba el interior del muslo y finalmente se relajó contra ella, suspirando anticipadamente. Edward le agarró el muslo con una mano y le levantó la pierna hasta su cadera, mientras la llenaba con su cuerpo, suspiró entrecortadamente como si ya estuviera cerca del orgasmo.

La cabeza de Isabella cayó hacia atrás por el éxtasis.

―Se siente muy bien, Edward.

―Sí. ― dijo él, descansando la cabeza a un lado de su cara. ―Uh, Dios. ― Él le daba envestidas suaves, girando las caderas para intensificar su placer. ―Se siente fantástico.

Varias personas pasaron a un lado del bus, hablando entre sí del embalaje del camión. Isabella asumió que eran roadies. Ellos siguieron su camino y Edward ni siquiera dejó de dar sus embestidas lentas y fáciles. Ella buscó su boca, besándolo profundamente. Sus embestidas aumentaban con el tiempo. Él gruñó contra la boca de Isabella y ella le respondió con un gemido, sus embestidas ahora eran más fuertes. Había perdido el control. Ella le agarró el cabello, excavando sus dedos en su cuero cabelludo mientras su excitación comenzaba a construirse. Edward retiró la boca.

―¿Estás cerca? ― Le preguntó. ― Dios, por favor dime que estás cerca.

―¿Vas a terminar? ― Ella no podía creerlo. Normalmente él duraba una eternidad.

―Mmmm ― murmuró Edward. ―Ya casi. Sí, sí. No puedo evitarlo. ― Sus manos la agarraron de la chaqueta desesperadamente. ―Ah, Dios. ― Él la embistió más y más fuerte y se estremeció contra ella con un grito ronco. Movió las manos a cada lado de la cabeza para sostenerse contra la parte trasera del bus, mientras su cuerpo temblaba de satisfacción. Él se puso flojo, aplastándola contra el acero duro.

―Lo siento, cariñó. No quería venirme tan rápido. ― susurró.

―Está bien. Me lo advertiste.

―Esa no es una buena excusa.

Saliendo del cuerpo de Isabella, él cayó de rodillas, colocándole la pierna por encima de su hombro. La probó entre las piernas hasta que encontró lo que buscaba en la oscuridad.

Edward le chupó el clítoris y ella se estremeció. Dos dedos se deslizaron en el interior de Isabella, curvándose para estimular ese lugar perfecto que él había descubierto esa mañana. Sus dedos se adentraron en lo profundo de ella y se retiraron lentamente antes de adentrarse nuevamente en sus profundidades.

Ella hundió los dedos en su cabello y se apoyó contra la parte trasera del bus, maullando de placer con cada embestida de sus dedos y con cada movimiento de su lengua.

Una luz brillante alumbró el rostro de Isabella. Ella entrecerró los ojos, cegada por el resplandor de la linterna y levantó el brazo para protegerse los ojos.

―¡Vaya!, lo siento. ― dijo una voz masculina. La luz se apagó.

El cuerpo de Isabella se tensó, perdió la concentración y el entusiasmo. Sin embargo, Edward no la liberó. Él comenzó a excitarla nuevamente con la boca y los dedos. En poco tiempo, ella olvidó en donde estaba.

Desde el interior del bus se escuchaban los gruñidos de animal de Jazz y los gemidos de las tres chicas. ¿Tres? ¿Cómo podía un tipo follarse a tres chicas? Tal vez Emmett estaba participando ahora.

Su excitación tomó control y en poco tiempo el cuerpo de Isabella se estremeció por la liberación. Ella gritó mientras el placer atravesaba su cuerpo. Sus piernas se volvieron flojas y Edward la agarró con el brazo libre mientras ella se deslizaba por la parte trasera del bus. Cuando sus estremecimientos disminuyeron, él retiró los dedos de su cuerpo, la acunó entre sus brazos y la besó tiernamente.

―No podemos dejarnos llevar por las emociones. ― murmuró Isabella. Él se rió entre dientes.

―¿Dónde está la diversión en eso?

Ella se entregó a sus caricias.

―Se van a ir a Des Moines sin nosotros.

―Esperarán. Jazz ni siquiera ha echado a las chicas de la cama. ― Eso era obvio. Ellas continuaban gritando el nombre de Jazz como si participaran en el concurso del Vocalizador más grande del Mundo. Isabella podía oír a Jazz maldecir en voz alta y el bus se sacudía ligeramente con cada grito que él daba.

Ella frunció el ceño, recordando la luz que la iluminó minutos antes.

―Alguien nos vio.

―Uno de los roadies, creo. Están acostumbrados a cosas como estas, cariño. No te preocupes. Nadie dirá nada.

Ella hizo una mueca.

―¿Te han visto follar una mujer en la parte trasera del bus?

―Sí.

―¿Qué quieres decir con ese sí? ― ¿Por qué estaba celosa? Probablemente hacía este tipo de cosas todo el tiempo. Eran experiencias nuevas para ella, pero era la misma mierda para él.

Edward se echó a reír.

―Sí, hace un momento.

Isabella le golpeó el pecho con entusiasmo. Él siempre la hacía sentir bien, la hacía sentir especial a pesar de que no lo era.

―Vamos a buscar mi coche.

La ayudo a ponerse en pie. Ella localizó sus bragas alrededor de su tobillo y se las puso antes de ordenarse la ropa. Sus piernas todavía temblaban. ¡Wow! Este tipo era demasiado bueno en el sexo, pero demasiado perjudicial para ella. Edward se ordenó la ropa, arrojando el condón en el suelo y luego tomó la mano de Isabella.

―Enséñame el camino, bella dama.

―¿No te da miedo que alguna fan lo recoja y trate de impregnarse con él? ― Preguntó ella, señalando el condón.

―Isabella, eso es asqueroso.

―¿Y arrojarlo al suelo no lo es?

―Nop.

―Recógelo. ― Él suspiró ruidosamente.

―Bien. ― Edward recogió el condón y lo tendió hacia ella. ―Toma, ponlo en tu bolsillo.

―Ewww. No.

―¿Lo pondrás en tu cuerpo, pero no en tu bolsillo?

―Eso es diferente.

―Si tú lo dices.

Ella sacó las llaves de la chaqueta.

―Sólo tíralo.

Caminaron detrás del segundo bus hasta el estacionamiento casi vacío y encontraron un cubo de basura para deshacerse del condón. Estaba lo suficientemente oscuro para que alguien reconociera a Edward mientras se dirigían al distintivo coche de color rosa.

―Qué hermoso coche. ― dijo Edward mirando por la ventana del conductor. ―¿Puedo manejarlo?

Isabella dudó. Realmente sobreprotegía el coche. La idea de que un roadie lo manejara por más de tres mil millas la ponía nerviosa. Sin embargo pasar tiempo extra a solas con Edward era un poderoso motivante, de manera que le dio las llaves.

Él abrió la puerta.

―Wow ― susurró. ―Ha sido completamente restaurado. Súbete. ― Ella entró y se sentó en el asiento de cuero blanco al lado del conductor. Edward subió, cerró la puerta y encendió el motor. Éste rugió con un ronroneo bajo. Él aceleró. ―Es genial.

―Es sorprendente. ― dijo Isabella.

―¿Motor V-8?

―Sí. Un 312 con dos carburadores Holley.

―Es una golosina. ― Edward puso el coche en marcha y recorrió el estacionamiento. Maniobró la rueda hacia un lado y condujo sin un rumbo específico antes de ir directamente hacia los buses. Él decidió conducir un poco más en el estacionamiento.

Isabella se encogía de miedo cada vez que los neumáticos gemían ruidosamente. Edward se estaba divirtiendo y ella no quería frenar su espíritu. Isabella vio a Jake el roadie de la cresta rubia saludándolos con entusiasmo.

―Creo que están listos para irse.

―Sí, supongo. ― Edward condujo hasta la parte trasera del bus y se detuvo bruscamente. ―Eso fue divertido.

Él se acercó a ella y la besó.

―Vamos a la cama.

―¿Otra vez?

―Me vendría bien dormir un poco.

―Oh, vamos a dormir. ― Ella sonrió agachando la cabeza.

―Por lo menos unos pocos minutos. Me has consumido, mujer. No estoy acostumbrado a levantarme temprano. Por lo general me quedo despierto en la noche y duermo todo el día. ― La puerta del coche se abrió.

―Ha. ― dijo Jake, inclinando la cabeza dentro del coche. ―Tengo que conducir el Thunderbird.

―No lo harás si conduces como Edward. ― dijo Isabella.

―Seré dulce. ― Edward salió del coche.

―No soy un mal conductor. No puedes poner un motor grande en un coche pequeño y esperar que no vea lo que es capaz de hacer. ― Él ayudó a Isabella a salir del coche.

―¡Bien! ― dijo Jake. Él se montó en el asiento del conductor. ―Nos vemos en Des Moines. ― Cerró la puerta. Las llantas chillaron mientras el coche daba reversa.

―¡Genial! ― dijo Isabella. ―Un maniático está conduciendo mi coche.

―No le hará daño. Si lo hace te compraré un Porsche nuevo.

―Yo no quiero un Porsche. Me encanta ese coche, además pertenecía a mis abuelos.

―Va a estar bien. Te lo prometo. ― Ella vio alumbrar las luces traseras del Thunderbird en una señal de tránsito.

Los neumáticos chirriaron de nuevo cuando el coche se disparó hacia adelante, patinó y luego aceleró perdiéndose en la noche. Ella dio un zapatazo por la frustración, luego agarró la parte delantera de la camiseta de Edward y lo empujó hacia el bus.

―Movámonos. Entre más rápido lleguemos a Des Moines, más rápido podré patearle el trasero a ese tipo.

―Ooooo. ¿Puedo ver?

―Oh sí. Definitivamente puedes ver. Lo sostendrás para que yo pueda patearlo. ― Isabella comenzó a subir las escaleras del bus, pero un cuerpo fue lanzado desde el interior y le impidió que siguiera subiendo. Ella agarró a la chica y si Edward no la hubiera estabilizado, habría caído al asfalto.

―¿Qué parte de lárgate de aquí no entendiste? ― Jazz le gritó a la joven desde lo alto de las escaleras.

Isabella reconoció a la chica, era la que Jazz había levantado por encima de la barrera hace una hora.

―Jazz. ― lloriqueaba la chica, juntando las manos sobre su pecho. ―Por favor déjame estar contigo. ¡Por favor!

―Ya terminé contigo. Piérdete.

Él se veía altamente enojado, se dio la vuelta y se adentró en el bus. La joven comenzó a subir las escaleras, pero Edward la agarró del brazo. Enfurecida, ella dio un jalonazo y le propició a Edward repetidas palmadas en el pecho. Sus ojos se abrieron violentamente cuando se dio cuenta de a quién había estado golpeando.

―Oh Dios, lo siento, M-Master Cullen. ― La chica se cubrió la boca con una mano temblorosa. Las lágrimas borboteaban de sus ojos. ―Hable con él. ¡Por favor! D-Dígale que lo amo. ― El rímel corría por sus mejillas como riachuelos negros. ―Dígale que me mataré si no me ama.

Edward tomó sus hombros con las manos y la sacudió ligeramente.

―Hey. Hey. ¿Cuál es tu nombre, cariñó?

Ella lo miró y Isabella fue golpeada por la vulnerabilidad de la chica. No podía tener más de veinte.

―¿Mi nombre?

―Sí.

―K-K-K- Karen. ― Se lanzó contra Edward, aferrándose a él desesperadamente. Edward extendió los brazos y le dio a Isabella una mirada de "no estoy tocándola" por encima del hombro de Karen.

Él le habló en un tono suave.

―Karen, tienes que entender algo con respecto a Jazz. Él no está buscando una relación con nadie. Sólo quiere echarse un polvo. No hay nada malo en ti. Eres hermosa, no te hubiera elegido si no lo fueras.

Isabella sonrió. Era demasiado dulce que tratara de consolarla.

―Pensé que… ― Ella tomó un respiro largo y jadeante. ―Pensé que… ― Se frotó el rostro contra el hombro de Edward, dejándole los restos de lágrimas y maquillaje en la camiseta.

―¿Qué pensaste? ― Él le dio unas palmaditas de lastima en el hombro.

―Pensé que, si le mostraba lo mucho que lo amaba, él también… ― Su voz llegó a ser sólo un susurro. ―…me amaría.

Edward se apartó de ella y la miró a los ojos llorosos. Isabella nunca lo había visto tan serio.

―Jazz no puede amar a nadie, Karen. No después de María.

¿María? Karen entrecerró los ojos.

―Mataría a esa zorra si pudiera.

―No si la encuentro primero. ― murmuró Edward. Él le dio a Karen un abrazo suave y la soltó. ― Ahora, vete con la cabeza en alto, cariñó. Sobreviviste al sexo con Jasper Whitlock. Apuesto a que incluso lo disfrutaste. ― La chica sonrió y beso a Edward en la mejilla.

―Gracias por hacerme sentir mejor, Master Cullen. ― Ella miró a Isabella mientras se retiraba pero rápidamente desvió la mirada.

A Isabella le encantaría hablar con la chica para aprender más sobre de su psicología. ¿En verdad creía que estaba enamorada de Jazz? ¿El verdadero Jazz o la versión de estrella de rock que él representaba en el escenario? Y ¿Quién era el verdadero Jazz? Honestamente, Isabella no podía decir que lo conocía.

Edward subió corriendo las escaleras del bus. Se escuchó un fuerte crujido, seguido por un ruido sordo. Isabella lo siguió, pero se detuvo en la escalera con los ojos bien abiertos. Jazz yacía en el suelo del bus con Edward parado sobre él y con el puño cerrado. Jazz rodó para apoyarse en el codo y limpiarse la sangre de la esquina de la boca con el pulgar.

―¿Puedes ser más malnacido? ― Le gritó Edward. ―Estoy cansado de controlar tus daños.

―¿Por qué te preocupas tanto por mis zorras, Edward?

Ellas son como tú, cariño. La voz de Jeremy hizo una intrusión y los ojos de Isabella se abrieron violentamente.

―Porque no son zorras. ― dijo Edward. ― Las zorras no lloran cuando les dices que salgan de tu cama.

―Actúan como verdaderas zorras.

Jazz se puso en pie, agarró a Edward por la parte posterior de la cabeza y Isabella hizo una mueca pensando que su amante estaba a punto de ser golpeado. Edward era mucho más pequeño que Jazz, el cual estaba por encima de los 1.90 metros y que sin duda levantaba el doble de su peso. Sin embargo, Jazz no lo golpeó. Él lo besó a un lado de la cabeza. La mirada de Jazz cayó sobre Isabella cuando dijo:

―No creo que te des cuenta de lo afortunada que eres, amiga.

Él se dio la vuelta, arrastrando los pies por el pasillo y finalmente encerrándose en la habitación.

Emmett se asomó por una de las literas de la cabina.

―No debiste de haberlo golpeado, Edward. Tú sabes por qué él es así.

―Sí, lo sé. ― Edward se deslizó en una cabina tapizada de cuero que rodeaba el comedor y se frotó el rostro con ambas manos.

―¿Quién es María? ― preguntó Isabella.

Edward la miró fijamente.

―La mujer que le arrancó el corazón a Jazz y se lo echó a los tiburones.

Isabella cerró los ojos. Se sentía identificada. Su corazón había sido usado para alimentar a los tiburones hace mucho tiempo y nunca lo recuperaría.

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Uhhh… ya empezamos a ver el verdadero drama! Jajajaja no olviden dejar un comentario n.n amo saber de ustedes. Y si quieren enterarse antes que nadie de las siguientes actualizaciones, no olviden unirse a mi grupo de Facebook Twilight Over The Moon n.n Subo babosadas todos los días jajaja

¡Nos leemos pronto!