¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
Bueno a comenzar :D
La bendición del Caído.
Capítulo 8
Sakura Kinomoto
La primera vez que logré llegar a la biblioteca de Zhuran, me quedé sin aliento. Si bien había visitado varias de mayor tamaño en mi mundo, para ser esta la colección privada de una persona, era realmente impresionante. Los incontables libros estaban apilados en elegantes estanterías de madera oscura, había cómodas poltronas cerca de la chimenea donde acurrucarse para leer, y mapas impresionantes decoraban las paredes; eso me había permitido por primera vez observar el pedazo de tierra donde estaba y ubicarme en él, pues en uno de ellos, Rhuddem estaba remarcado en letras doradas como la capital de Terewyll, y un poco más abajo aparecía Zhuran, representada con el símbolo de un lobo.
La biblioteca transmitía ese aire de privacidad y tranquilidad que tanto necesitaba, y teniendo el permiso de Wei y la aprobación del mismísimo duque, no dudaba en deambular entre todos los títulos cuando la faena en la mansión terminaba. Por eso no pude evitar nombrarla como mi sitio favorito en todo Zhuran. No podía evitar sentirme como una niña en la mejor juguetería, disfrutando de los aromas y de una agradable lectura antes de dormir.
Pasé los dedos sobre las letras impresas en la página, recordando la sorpresa que me llevé cuando abrí un libro aquel primer día. Era curioso y perturbador a la vez que, a pesar de estar escrito en un idioma que jamás había visto en mi vida, podía comprender los ideogramas en los cuales estaba basado; y cabía acotar que eran muy diferentes a los del japonés o el chino. Inmediatamente me había preguntado si sucedería lo mismo con el idioma, porque siendo sincera, había asumido que ellos hablaban el mismo que yo.
Sí… algo muy ingenuo de mi parte.
Al final, después de darle vueltas y vueltas, terminé por convencerme de que todo esto podría ser a causa del mismo poder que me había traído a este mundo. De igual forma, la situación en sí misma era absurda así que… sí, responsablemente se lo achaqué a la magia.
Cambié de página y continué con la lectura. Hasta el momento no había dado con un libro que me explicara cómo y por qué había sido transportada a este extraño lugar, mucho menos el método para regresar a casa, pero al menos gracias al que estaba leyendo, ahora sabía lo que era una "bendición".
Según el texto, en este mundo las personas eran bendecidas por sus dioses y se les brindaban "dones especiales" que estaban relacionados con su misión de vida. Lamentablemente, el autor asumió que todo aquel que lo leyera tendría un conocimiento básico sobre el tema, y por ello me era complicado comprender algunas cosas, pero al menos me brindaba información útil para no parecer una idiota cuando me hablaran de bendiciones...
―Y dioses ―susurré, pasando mi mano por la página donde se mencionaban.
Siete dioses, cada uno relacionado con un elemento natural: madera, fuego, tierra, metal, agua, luz y oscuridad; y su veneración y rituales estaba en manos de grupos de sacerdotes y sacerdotisas que dedicaban su vida a cada uno de ellos: las logias de los dioses. Eso no distaba mucho de lo que veía en mi mundo, pero lo que resultaba interesante y, en cierto modo, impresionante, era que el libro recalcaba en varios puntos que "los dioses" eran tangibles: ellos existían y la principal señal de su gran poder, eran los cerezos resplandecientes que aún no había tenido el placer de ver. De allí que el nombre de "Sakura" fuera tan especial.
Quién lo hubiera imaginado… aunque siendo testigo de la magia existente, definitivamente todo era posible.
En la siguiente página, observé un diagrama de los cinco elementos naturales y en el centro estaba el símbolo del yin y el yang. Yo no era experta en el área, pero mucho de lo que ya había leído sobre las bendiciones y su afinidad con alguno de los elementos y los dioses, tenía que ver con lo que, en mi mundo, más específicamente en China, se conocía como Wu Xing: el ciclo armonioso de la creación y dominación.
Algunos dones eran más afines con su elemento que otros y dependiendo de esa relación, se clasificaban en: gráciles, habilidosas y elementales; pero el fenómeno del brillo de los ojos, sólo era observable en aquellos que poseían alguna bendición que entrara en las dos últimas.
Pensé entonces en el anciano médico que me había revisado y en la misma señora Wu, ambos habían dicho que eran dotados y sus irises resplandecían cuando usaban su poder… eso significaba que sus bendiciones podían calificarse como "habilidosas".
―Llevándolo a términos numéricos, significa que sus bendiciones están relacionadas con su elemento por encima del 50% ―murmuré, mientras seguía leyendo.
Por su lado, el místico era aquel que poseía una bendición elemental, eso quería decir que su don presentaba una afinidad casi total con su elemento y podía, como su nombre lo indicaba, dominarlo si entrenaba su poder. Eso me pareció muy interesante y me llevó a preguntarme si la mía podría ser una bendición de ese tipo, pero luego deseché la idea al pensar que yo no podía dominar ningún elemento a voluntad. ¿Podría entonces considerarme como una dotada? No lo sabía… pero ahora que había dado con este libro, surgía en mí una pequeña esperanza de lograr obtener la información que necesitaba para volver a casa si buscaba bien.
Potentes campanadas resonaron en la biblioteca, haciéndome dar un salto por el susto. Llevé mis manos hacia mi pecho para calmar los latidos locos de mi corazón, y dirigí la mirada hacia el reloj de manecillas que estaba ubicado a un lado de las ventanas: un pequeño grito salió de mi boca al ver la hora.
―¡¿Cuándo se hicieron las doce?! ―exclamé y corrí hacia la estantería para dejar el libro en su lugar.
El trabajo en Zhuran iniciaba a las seis de la mañana, pero debido a la gran cena que habría, Wei nos había dicho que iniciaríamos una hora antes para organizar todo el trabajo. Demonios, no podría dormir mucho, y yo era del tipo de persona que necesitaba mínimo ocho horas de sueño para poder funcionar como debía ser.
―Tendré que beber una jarra entera de café si no quiero caer desmayada por ahí ―mascullé. Y tomando la vela que había dejado sobre una mesita, salí de mi refugio.
La luz plateada de la luna se filtraba por las finas cortinas, dándole al largo pasillo un aspecto casi etéreo, al punto de hacerme creer que, en algún momento, un hada se atravesaría en mi camino. ¡Vamos! Si había bendiciones y dioses, ¿no podían existir seres míticos? Me reí de mis pensamientos y crucé a la derecha; al poco tiempo me encontré con la imponente escultura del lobo que aullaba, y aunque odiara admitirlo tenía que aceptar que el sabelotodo de Li era muy bueno para dar indicaciones.
Esbocé una pequeña sonrisa, si bien habíamos llegado a una especie de tregua, estaba dispuesta a sacarlo de sus casillas cada vez que tuviera oportunidad. ¡Era demasiado divertido verlo alzar su ceja! Y a pesar de no decírmelo, él también disfrutaba de nuestros pequeños enfrentamientos, lo veía en sus ojos.
―¿Lo habrán invitado a la fiesta? ―me pregunté, aunque la respuesta era obvia. Por lo que había visto, tanto él como Hiragizawa gozaban de la confianza entera del duque; ambos se movían con entera libertad y los sirvientes los respetaban como si fueran los señores de la mansión. Así que lo más probable era que asistiera a la pomposa celebración.
¡Ah! De solo pensarlo, se me erizaba la piel. Iba a ser emocionante ver a la crema y nata de la sociedad de Terewyll, ¡como en las películas! Ya hasta me los había imaginado con sus mejores ropas, los bailes… y quizás al fin podría verle la cara al enigmático dueño de Zhuran.
Al doblar en otra esquina, un pequeño chillido se escapó de mis labios al sentir que mis pies se deslizaban sobre el suelo. Di un largo suspiro de alivio cuando logré recobrar el equilibrio, y extrañada por la sensación pegajosa y resbaladiza bajo mis pies, me agaché un poco y apunté la vela hacia abajo: un charco rojizo brilló en la oscuridad. Mis entrañas se revolvieron y me llevé la mano libre hasta mi boca para acallar un grito: ¡era sangre!
De la impresión, retrocedí un par de pasos, pero me resbalé y esa vez sí caí al suelo, soltando la pequeña base que sostenía la vela; el sonido metálico se extendió por el pasillo. El asco me invadió al sentir el líquido viscoso entre mis manos y como pude volví a ponerme en pie, frotando las palmas frenéticamente sobre mi falda intentando limpiarlas… pero mi cuerpo se quedó helado cuando distinguí la silueta que la luz de la vela delineaba.
―Nina… ―susurré con voz ahogada, cerrando mis ojos con fuerza para no seguir viendo los ojos sin vida de la chica que amablemente me había ayudado a adaptarme a Zhuran, pero desgraciadamente… la imagen de la sangre que caía de su boca y su pecho manchado de rojo, se había quedado impresa en mis retinas.
Enseguida mi estómago dio un vuelco mayor y las arcadas me hicieron encorvarme, sintiendo como la agrura subía por mi esófago.
―Oh cielos… voy a vomitar…
En eso, escuché claramente como unos pasos se acercaban: ¿quién venía?, ¿y si era el asesino?, ¡¿me habría escuchado?! Si bien no era una damisela que lloraba de buenas a primeras, estando en la oscuridad, desarmada y sin saber cuántos enemigos eran… ¡llevaba todas las de perder!
Comencé a retroceder lentamente, negando con mi cabeza. No podía morir en un sitio como ese, todavía tenía mucho por hacer, ¡debía volver a casa! Los pasos ya estaban cerca, podía distinguirlos… ¡en cualquier momento me encontrarían! Y como si se hubiera activado algún sistema primitivo de supervivencia, comencé a correr con todo lo que daban mis piernas sin mirar atrás.
«¡No te detengas!», era lo que repetía en mi mente mientras huía.
Cruzaba una y otra vez, sin importar hacia donde me llevaban los corredores. Mis pulmones ardían y exigían cada vez más aire, aun así, no me detuve ni miré sobre mi hombro, mantenía mis ojos siempre al frente para no tropezar con algo, porque si lo hacía estaría perdida.
Mi perseguidor era ágil, podía escuchar sus pasos acechando mi espalda. Divisé una mesita alta al frente y no me importó lo que tuviera encima o si valdría una fortuna, sin dejar de correr estiré mis manos y la tumbé haciendo un gran estruendo; hice lo mismo con otra que tenía un jarrón encima, esperando que eso lo retrasara un poco. Cruzando en la siguiente esquina, ni me detuve a pensar dónde diablos estaba entrando, sólo abrí una de las puertas e ingresé a la estancia, cerrando tras de mí con cuidado de no hacer ruido. Me interné un poco más mientras observaba a mi alrededor en busca de un lugar donde pudiera ocultarme, era una especie de despacho que estaba iluminado únicamente por la luz del fuego de la chimenea. Al frente había un escritorio, pero enseguida lo descarté, sería el primer lugar donde me buscarían.
¿Dónde podía esconderme? ¡¿Dónde?!
Sentí mis ojos llenarse de lágrimas y el primer sollozo escapó. El aire no entraba en mis pulmones, un hormigueo recorría mis labios y mis piernas estaban tan temblorosas que no podrían seguir sosteniendo mi peso por más tiempo; cerré mis ojos cuando las sentí fallar y esperé el golpe… pero este nunca llegó pues unos brazos me sostuvieron por la cintura.
Comencé a removerme para escapar de mi captor, dando patadas al aire y tratando de aflojar su agarre que se cerraba en mi vientre, pero él me mantenía bien sujeta contra su cuerpo y cuando estaba por gritar con todo lo que mis pulmones daban, lo escuché:
―¡Soy yo! ―dijo en mi oído con voz contundente, pero suave a su vez. Era Li.
Y así como el aire me abandonó en un suspiro de alivio, lo hizo mi fuerza. Mi cuerpo temblaba sin control y tuve que sostenerme de sus brazos que aún me rodeaban para no caer al piso. Entonces… empecé a llorar.
―Gracias al cielo que estás aquí… ―dije con una voz que apenas reconocí como mía.
―¿Está usted bien? ―Li me dio la vuelta para observarme y cuando lo hizo sus ojos se abrieron completamente―. ¡¿Qué le pasó?! ―preguntó, lleno de preocupación, y me tomó de los hombros examinándome por encima en busca de alguna herida.
―No… no es mía ―dije, mordiendo mis labios para no soltar más hipidos―. Escucha… alguien me venía siguiendo. Han matado a Nina y creo que quieren silenciarme porque he visto el cuerpo.
―¿Qué?
―¡No tenemos tiempo! ―exclamé en voz baja―. Ellos… ―La mano de Li cubrió mi boca, impidiéndome hablar.
Su mirada se desvió hacia la puerta y entonces señaló hacia allí, por debajo de ella podía verse una sombra merodeando. Li me hizo señas para que me quedara quieta y luego se movió a través de la habitación con pasos silenciosos hasta ubicarse a un lado de la puerta, usando las sombras para ocultar su presencia.
Lo entendí inmediatamente: él quería que actuara como señuelo porque el enemigo no sabía que había alguien conmigo. Asentí y tragando grueso, caminé hacia el escritorio y tumbé una bandeja metálica que estaba sobre él. La sombra que paseaba fuera de la habitación se quedó quieta al percibir el ruido, y un instante después, el chirrido de las bisagras me erizó la piel. A paso lento, una figura oscura ingresó. Mi cuerpo comenzó a temblar cuando mis ojos se encontraron con una máscara plateada que cubría la parte superior de su rostro, dejando libre su boca que se estiró en una sonrisa torcida, cínica y tenebrosa.
En todo momento mantuve mi mirada fija en el hombre de negro que parecía un ninja, luchando contra mis ganas de desviar la mirada por encima de su hombro hacia Li. Había visto incontables películas donde el malo se daba cuenta de la ubicación del bueno por ese error.
Retrocedí un par de pasos hasta chocar con el escritorio; eso pareció regocijarlo porque emitió una risa siniestra de boca cerrada.
―La pequeña conejita tiene miedo. ―Su voz satírica me causó escalofríos―. Vamos a divertirnos un rato tú y yo…
―Por favor… déjeme en paz ―susurré, aparentando estar aterrada. Sus dientes aparecieron al sonreír.
Completamente confiado, el sujeto sacó sus dagas y después de lamer una de ellas, me apuntó. Mi respiración se cortó de golpe al verlo avanzar hacia mí, pero en el último instante, la figura de Li emergió de la oscuridad y agitó su espada sin vacilación para herir al enemigo en la parte trasera de sus rodillas. El hombre emitió un gemido colmado de dolor y cayó al suelo, soltando sus armas. Li las pateó lejos y me refugió tras su ancha espalda, apuntando con Suejin el cuello del sujeto que jadeaba en posición fetal, sujetándose las extremidades que sangraban.
―¿A quién sirves y por qué has manchado mi hogar con sangre? ―le escuché preguntar con una voz fuerte y fría que me heló la sangre, pero contrario a mí, el sujeto no se intimidó. Comenzó a reír como desquiciado mientras Li ejercía mayor presión en su cuello―. No lo preguntaré de nuevo, malnacido. Así que, si no quieres morir, responde.
El desconocido levantó su mano derecha hasta su cabeza y se retiró la máscara, revelando el rostro severo de un hombre maduro de cabellera tan negra como la noche.
―Para… para poder ascender a los cielos, primero hay que caer al abismo ―dijo y entonces alzó un pequeño objeto que destelló en la oscuridad.
Li se lanzó sobre él para quitarle el pequeño cuchillo que había sacado de quién sabía dónde… pero fue demasiado tarde; la sangre brotaba a borbotones del cuello del intruso. Inmediatamente me llevé las manos al rostro para no tener que ver tan horrible escena… pero por desgracia podía oír cómo se ahogaba con el líquido carmesí al intentar tomar aire. Poco después… silencio total.
Escuché murmurar a Li una sarta de maldiciones, pero dejé de prestar atención al sentir que las arcadas en mi estómago eran ya insoportables. Me llevé las manos a la boca para evitarlo, pero me fue imposible y devolví todo lo que había comido en el día y lo que no.
―Oh… cielos… ―susurré, sintiendo el sabor desagradable y amargo en mi boca.
―Debemos movernos ―le escuché decir a mi espalda.
―Tengo una situación aquí… por si no lo has notado ―dije, limpiándome la boca con la manga del hanfu.
―Y creo que usted notó que la mansión está bajo ataque. Debo alertar a los guardias ―dijo y lo sentí caminar hacia la puerta.
Internamente lo maldije, porque no era una opción para mí quedarme sola en ese maldito despacho que apestaba a vómito por mi culpa… y con un jodido muerto. Tomando aire, obligué a mis piernas a moverse y le di alcance a Li que me esperaba en la puerta.
Mi compañero avanzaba, tratando que sus pasos no marcaran ningún tipo de sonido y yo intentaba hacer lo mismo tras él, aunque no tan eficientemente. Cada vez que llegábamos a alguna esquina, se detenía y se asomaba con cautela antes de hacerme señas de que era seguro continuar. Gracias al cielo no habíamos visto más cuerpos en el camino, lo cual me hizo creer que los sujetos se estaban moviendo por la mansión en búsqueda de algo… y la pobre Nina tuvo ese triste final por atravesarse en su camino.
Una poderosa explosión se escuchó a lo lejos estremeciendo los cimientos de la mansión. Solté un grito, pero Li no detuvo su andar.
―¿Acaso son bombas?
―Sólo continúe caminando y en silencio ―respondió sin siquiera mirarme. Le obedecí sin chistar.
Saliendo del último corredor, quedó a la vista el gran salón recibidor donde estaban las escaleras principales de la mansión. La ausencia de ventanas hacía que la estancia luciera demasiado lúgubre y tenebrosa, por lo que mis ojos me engañaban al colocar enemigos en todas las sombras amenazantes del lugar. Li se puso delante de mí y alzó su brazo para detener nuestro avancé, mientras colocaba su mano izquierda sobre el mango de su espada. Miré en todas direcciones en búsqueda de algún objeto contundente que pudiera usar como arma, pero lo único que tuve a la mano fue una bandeja de plata que no dudé en tomar y alzar por encima de mi cabeza. Ridículo, pero estaba dispuesta a golpear a quien fuera que viniera por nosotros.
El sudor bajaba por mi frente, mi corazón latía desbocado y apenas me atrevía a respirar; trataba por todos los medios mantener enfocados todos mis sentidos para descubrir la amenaza, pero no lograba ver ni escuchar nada… hasta que un potente zumbido cortó el silencio tétrico y poco después gritos masculinos hicieron eco en la sala. Dos cuerpos fueron lanzados por los aires desde la planta superior y aterrizaron dolorosamente en el suelo, a varios metros de nosotros. Li me hizo retroceder varios pasos y me mantuvo cubierta tras su espalda, aun así, pude ver como uno de ellos se levantaba y, dando tumbos, se acercó a su compañero que se quejaba de su pierna derecha. En ese momento noté que sus vestimentas eran negras, y cuando ambos alzaron sus rostros, jadeantes, el brillo metálico de las máscaras se vio en la oscuridad.
Ellos eran… cómplices del asesino de Nina.
Sin reparar en nosotros, sacaron sus espadas y apuntaron hacia el tope de la escalera, entonces se escucharon pasos apacibles que descendían por ella. Bajé la bandeja e intenté moverme para ver quién era la persona que venía; poco tiempo después la gran señora de Zhuran apareció en mi rango de visión, luciendo grandiosa e imponente como sólo ella podía, con su largo cabello negro suelto.
La oscuridad fue dispersada debido a las chispas que salían del abanico dorado que portaba en su mano derecha, el cual agitaba grácilmente mientras caminaba, sin despegar sus ojos azules y brillantes de los invasores. El aspecto de la duquesa viuda usando su bendición… era aterradoramente hermoso.
―¡Maldita arpía! ¡Acabaremos contigo!
La mujer no habló, pero la sonrisa que esbozaron sus labios fue suficiente para hacerles saber a sus enemigos que estaba esperando por ellos. Uno de los hombres pasó su mano por la espada y al segundo siguiente esta ardió en llamas, mi respiración se agitó y enseguida sentí la angustia recorrer mis venas: un místico del fuego. ¡Debía serlo! Miré a Li y tomé su mano con la que tenía libre.
―Hay que ayudar a la duquesa ―susurré con voz ahogada, pero Li se limitó a levantar su dedo índice e indicarme que guardara silencio y observara.
¡¿Cómo diablos podía estar tan tranquilo?!
Al llegar al último escalón, la dama cerró el abanico de un movimiento y entonces exclamó en voz alta y fría dos palabras que resonaron en el gran salón:
―Tridyan nefol. ―De la punta de su accesorio, se extendió un largo látigo azulado que resplandecía y chasqueaba por las chispas que brotaban de él.
Inmediatamente reconocí ese zumbido, era electricidad pura. ¡Ella también era una mística!
―Los que osan desafiar a los lobos que resguardan el templo, deben enfrentarse a sus fauces ―dijo la duquesa.
El invasor se lanzó en carrera hacia la mujer, haciendo que las llamas de su espada ardieran mucho más. La dama de Zhuran no se inmutó y haciendo un movimiento circular con su mano, hizo que su látigo emprendiera vuelo hacia su enemigo. El sujeto lo esquivó por poco y se vio obligado a desviarse hacia la derecha, la duquesa reclamó su arma de luz y tomó una posición defensiva al estirar el resplandeciente látigo entre sus manos, como si fuera un mero accesorio de cuero. Mis ojos no podían dejar de observar a la mística, su poder era tan avasallante… que erizaba la piel.
Dando un profundo grito, el manipulador del fuego se lanzó de nuevo al ataque. La duquesa agitó su mano una y otra vez, haciendo que su arma ondeara para protegerla y atacar al mismo tiempo. El enemigo trataba por todos los medios de guardarse, pero cuando el látigo lograba rozarle, lanzaba alaridos fuertes y perturbadores.
Li me obligó a retroceder un poco más cuando las chispas se hicieron más potentes y el zumbido se volvió ensordecedor. La mujer no cedía ni un ápice, seguía avanzando por la sala haciendo retroceder cada vez más a su contrincante que buscaba protegerse con su espada flameante. De repente, la figura de Li se lanzó en carrera hacia el frente, en ese momento me di cuenta que el otro sujeto que se había mantenido pasivo, había logrado ponerse en pie y corría hacia la dama de Zhuran con espada en mano. El joven que me había salvado se deslizó por el piso, evitando el látigo resplandeciente y cuando se levantó, logró atestarle una patada frontal al agresor, haciéndolo chocar contra la pared y dejándolo inconsciente.
Retrocediendo al hacer una pirueta, Li se ubicó al lado de la duquesa y juntos observaron al único enemigo que quedaba en pie. En ese momento las llamas de la espada se extinguieron pues el sujeto comprendió que estaba perdido. Al verlo girar el sable en su mano, recordé al otro que se había quitado la vida y en un acto desesperado, corrí y lancé la bandeja que tenía en mis manos dando un grito. El sujeto trató de esquivarla por instinto, pero esa corta distracción fue suficiente para que Li se moviera y le diera un potente puñetazo en el estómago. El agresor encorvó su cuerpo y expulsó todo el aire de golpe, luego… cayó inconsciente al suelo.
Mis piernas estaban tan temblorosas que simplemente me desplomé… y debido a mi respiración irregular sentía que el aire no me llegaba a los pulmones. Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza para no sucumbir a la oscuridad, ¡no podía desmayarme justo ahora!
Una mano se posó en mi hombro y cuando alcé la mirada cristalina, me encontré con un pacífico océano que me observaba; los ojos de la duquesa ya no brillaban.
―Lo has hecho muy bien, mi niña ―susurró, sonriendo levemente y luego se levantó para ir hacia donde estaba Li, inspeccionando a los hombres.
Tratando de recuperar el aliento, me levanté como pude y me acerqué a ellos, las caras de los sujetos ya estaban al descubierto… y enseguida los reconocí.
―¿No son… los guardias de la princesa? ―susurré.
―¡Malditos traidores!
―¡Ve por Meilin! ―indicó la duquesa con premura―. Nosotras iremos por los sirvientes para que aten a estos dos y luego me encargaré de aquellos que están afuera.
―¡Que hagan sonar las campanas de la torre para avisar del ataque! ―ordenó Li… y observé su espalda perderse mientras subía de dos en dos los escalones.
―¿Puedes ir por Wei, por favor? Y que traiga algunos hombres con él. ―Asentí sin rechistar y me interné a toda carrera en los oscuros corredores que me llevarían hasta el ala sur.
Otra explosión se escuchó y por instinto me cubrí la cabeza, más no dejé de correr. Inmediatamente imploré que todos allá arriba estuvieran bien porque ese ruido había venido de la planta superior.
Gracias al cielo, Wei y otros hombres venían corriendo en mi dirección con lámparas de aceite y algunos habían tomado distintos objetos que podían servirle como armas. Agité mi mano en el aire y grité para llamar su atención. Teniéndolos en frente les dije que Zhuran estaba bajo ataque y que la duquesa estaba custodiando a dos enemigos inconscientes. El mayordomo rápidamente envió a dos hacia la torre para tocar la campana y les pidió a los demás que nos siguieran hacia el salón principal. Mientras corría de vuelta, rezaba para que esa noche de pesadilla llegara a su fin.
De regreso en la estancia, nos encontramos con algunos guardias que habían sido alertados de la invasión por las explosiones del exterior. La dama de la mansión dividió el grupo en tres e impartió inmediatamente las órdenes: uno se encargaría de apresar a los traidores y resguardarlos para un posterior interrogatorio, el otro iría con ella para apoyar a los guardias que estaban batallando afuera, y el último grupo iría a ayudar al duque que seguramente estaba luchando en la tercera planta para proteger a su alteza.
Con un grito, los hombres de Zhuran aceptaron sus misiones y se dispersaron.
Y lo más sensato hubiera sido buscar refugio en mi habitación y permanecer allí hasta que todo terminara, pero por una maldita y extraña razón… en vez de eso… ¡mis pies se dirigieron a la escalera!
―¿Qué demonios estoy haciendo?, ¿acaso perdí el juicio? ―me pregunté, mientras seguía a Wei y a los otros tres, rumbo a la tercera planta donde estaban los aposentos de la princesa.
Estando allí, nos internamos en un corredor que afortunadamente estaba más iluminado que los de la planta baja; el único sonido lo producían nuestros pasos rápidos. Tratábamos de abarcar la mayor distancia posible y a medida que nos acercábamos a nuestro objetivo, el sonido de espadas chocando nos alertó de una posible pelea. Wei apresuró mucho más su paso y nosotros tras él, luego se desvió hacia una de las puertas e ingresó a la habitación, pero el grupo se quedó inmóvil en la entrada. Como pude me hice paso entre los cuatro hombres para ver qué ocurría, el viento soplaba demasiado fuerte como para estar en el interior de una habitación y por eso giré la mirada hacia el origen de la ventisca; me quedé asombrada… al ver los ojos resplandecientes de Layla y una esfera de aire que cubría a tres jóvenes que estaban agazapadas en una esquina de la amplia sala, ¿acaso… era ella una mística también?
―¡Cuidado, Shaoran! ―gritó ella, y al seguir su mirada me convertí en la espectadora de una pelea de espadas impresionante.
El chillido de las hojas encontrándose resonaba en la habitación, todo era un caos y las chispas brincaban al contacto de las espadas. Li y el capitán de la escolta, luchaban espalda con espalda contra cuatro invasores que no les daban tregua.
Estaban totalmente enfocados y Li parecía tener una ventaja abismal al obligarlos a permanecer a la defensiva en todo momento. No pude evitar emocionarme al verlo blandir tan ágilmente su arma, era como si fuera una extensión de su brazo izquierdo. Y el capitán no se quedaba atrás, lanzaba estocadas y elaborados movimientos a diestro y siniestro, marcando un perímetro seguro para él y su compañero.
―Veo que llegaron los refuerzos ―dijo una voz femenina entre el grupo y tras un silbido, los cuatro enemigos retrocedieron―. Sus habilidades con la espada son impresionantes, excelencia. Debo admitirlo —dijo la figura más pequeña, haciendo una reverencia burlona ante… Li.
Inmediatamente escuché a los hombres que estaban a mi lado desenvainar sus armas, pero mis ojos no podían desviarse del perfil del joven que estaba frente a mí… ese que me había salvado tantas veces. Sus hombros subían y bajaban con rapidez por la pelea, su ceño estaba completamente fruncido y su mano apretaba con fuerza la empuñadura de Suejin que amenazaba a su enemiga… Ahora todo tenía sentido. Su porte siempre recto, su buena educación al hablar, su actitud siempre impositiva: Li era un duque. ¡El jodido señor de Zhuran!
―¡Dos usuarios del hyfel en duelo!, ¡los guerreros del fuego! ¿No le pareció excitante, excelencia? ―dijo en tono burlón e insolente la mujer. La única respuesta que obtuvo, fue un gruñido de parte del duque―. ¡No había sentido este ardor en mi sangre desde hace muchos años! ―exclamó, lanzando una risa estridente.
―¡Ríndase! Su misión ha fallado y no tiene escapatoria ―dijo el capitán a un lado de Li.
―¡Estoy hablando con Terewyll, maldito insolente! ―espetó ella, furiosa por la intromisión del capitán―. Es una lástima tener que posponer nuestro encuentro por el público no deseado. Había estado tan ilusionada de comprobar sus habilidades, mi querido duque. ―Abrí mi boca indignada al ver como la enmascarada se relamía sus labios.
Unas campanadas que resonaron a lo lejos interrumpieron el discurso de la atrevida mujer, y después de eso furiosos rayos azulados surcaron el firmamento, despejando la oscuridad por unos instantes. Sin poder evitarlo, sonreí: esa era la señal, la pesadilla ya había acabado.
―Fue muy listo al enviar a su madre a combatir afuera, su gracia. Sus rayos son imparables. Sin embargo, yo también sé jugar sucio ―dijo y después de sonreír, volvió a silbar.
El grito ensordecedor de una mujer desgarró el silencio. Mis ojos se desviaron hacia la derecha donde las chicas estaban y con horror vi como una de ellas había clavado una daga en el abdomen de otra que tenía los cabellos tan negros como la tinta.
―¡Meilin! ―escuché el grito de Li.
―¡Larga vida, alteza! ―gritó la chica que empuñaba la daga y tras sacarla del cuerpo de la princesa… se la clavó a sí misma en su pecho.
La burbuja de aire cesó, el duque se olvidó de la pelea y corrió hacia su prima, cayendo de rodillas al ver el cuerpo ensangrentado de la princesa que yacía en los brazos de la otra joven que no dejaba de llorar y gritar.
―¡Nuestra misión está completa! ―espetó la mujer y volvió a reírse con fuerza―. Pero sepa, excelencia, que esta no será la última vez que nos veamos. ¡Ahora comprendo el interés que tiene mi amo en usted! ―Dando una reverencia en nuestra dirección, volvió a silbar y con sorpresa los observé lanzarse por la ventana, internándose en la noche.
―¡Layla! ¡Cázalos sin piedad! ―gritó Li, golpeando el piso con su puño.
La joven asintió y tras invocar su bendición nuevamente, siguió a los enemigos por la ventana.
Cuando volví a mirar en dirección a Li… este tenía abrazada a la joven y se mecía con ella. Su dolor era tan grande que podía sentirlo en mi pecho, especialmente porque yo sabía muy bien lo que era ver morir a un ser amado…
Inesperadamente, mis manos comenzaron a arder. Miré mis palmas con desespero porque sabía lo que eso significaba… y si no cumplía con lo que debía hacer, mi poder se saldría de control. Pero… ¿cómo podría hacerlo en una situación tan compleja?
El duque dio un profundo gemido gutural y se levantó con la princesa en brazos, tras eso se giró hacia sus hombres, mostrando una mirada llena de ira contenida, casi incendiaria.
―Wei, despierta a la señora Wang y tráela para que atienda a su alteza mientras buscan al doctor Liu. No tenemos tiempo que perder.
―Sí, excelencia.
―¡Estoy seguro que esos bastardos contaron con más ayuda! ¡Por eso, todo aquel que no pertenezca al personal de confianza de la mansión, debe ser encerrado y enfrentará un interrogatorio! ¡Sin excepciones! ―anunció con voz potente.
Al ver como sus hombres asentían, con espalda recta el gran duque de Terewyll se encaminó a la habitación privada de la princesa, sin mirar atrás ni una vez. En eso, sentí como unas manos me sujetaban de los hombros con fuerza y me removí para evitar que me tomaran de las muñecas.
―¡Déjeme!
―¡Será peor si te resistes, muchacha!
Apreté mucho más mis puños cuando él logró apresarlas y pasarlas al frente para atarlas: ¿por qué me hacían esto?, ¿qué diablos había hecho yo? Y como si fuera una ráfaga de viento, las palabras de Li vinieron a mi mente. Todo personal que no fuera de confianza en Zhuran debía ser apresado… sin excepciones. Eso significaba que… Miré hacia mi derecha y vi como la otra joven era tomada de la misma forma, pero a diferencia de mí, ella no ponía resistencia. Su enmarañado cabello negro tapaba su rostro, pero sabía que aún seguía llorando por como sus hombros se sacudían.
―Entregue sus armas, capitán ―escuché a mi izquierda.
El joven que había luchado espalda con espalda con el duque, sacó su espada y la entregó sin pelear, haciendo lo mismo con varias dagas que llevaba ocultas entre sus ropas y botas. Su rostro se mantenía impávido, pero sus grandes y expresivos ojos cafés denotaban una tristeza tan profunda como la del mismo duque.
―Andando, niña ―dijo el sujeto que había atado mis manos y me dio un ligero empujón.
Cielos… ¿cómo había acabado involucrada en toda esa locura?, ¡¿y cómo saldría de ella?! Porque entre todas las personas nuevas que había en Zhuran, estaba segura que yo era la más sospechosa. Nadie sabía de dónde venía, de mi familia… y ni siquiera sabía cómo comprobarles que yo era Sakura Kinomoto. Lo peor era que si pasaban requisa por las habitaciones… podrían encontrar la almohada que contenía mis cosas y que estaba oculta en el armario.
El ardor en mis palmas escaló en intensidad, y al abrirlas noté que el brillo tenue ya se había hecho presente como esperaba, concentrándose en el centro. Eso significaba que... no me quedaba mucho tiempo… a lo sumo unas cinco horas.
Volví a cerrarlas en puños y apreté con fuerza para que nadie las viera… Ahora si estaba literalmente jodida.
¡Hola, chicos! Disculpen el pequeño retraso, asuntos con la luz… Pero aquí tienen el capítulo ocho de esta aventura :O Ya se ha explicado lo que son las bendiciones y Shaoran había tenido razón, ¡Zhuran ha sido atacada y Meilin está herida! ¡Había traidores dentro de sus propios escoltas! Y ahora Sakura ya sabe que Shaoran es el gran duque de Terewyll, espero haberlos sorprendido con este giro, pero ahora ¿qué pasará? ¡Ha sido apresada! ¿La descubrirán? ¿Qué hará para salir de todo este embrollo? ¿Y por qué sus manos brillan? Obviamente ella seguirá teniendo la palabra en el siguiente capítulo y nos responderá algunas de estas dudas.
Muchas gracias a todos los que se han animado a dejarme sus valiosos comentarios y espero que este capítulo haya sido de su agrado y lo hayan disfrutado, porque la calma quedó atrás :P
Y nuevamente, les agradezco a mis lectores cero Pepsipez y WonderGrinch que me prestaron sus ojitos para la revisión y por sus comentarios oportunos :D
Espero sus opiniones acerca de este capítulo, estaré encantada de leerlas. ¿Siguen conmigo? ¿Atrapados con la historia? Vamos a ver que nos deparan los siguientes capítulos.
Les recuerdo que todos los miércoles dejo adelantos en mi página de Facebook, así que pasen por allí para estar enterados de todo :D
Nos leemos en el siguiente.
Un beso para todos y mucho ánimo chicos,
CherryLeeUp.
