Darius tomó asiento y esperó que Katarina lo imitara. No tuvo que preguntar, ella sola comenzó a narrar cómo y cuando había conocido a Garen. Le contó con detalles las veces que durante misiones fuera de Noxus aprovechaba para verse con él. Le explicó cómo se colaba en la misma casa de la familia Crownguard con su ayuda y en una ocasión, meses atrás, cuando se ausentó de Noxus por más de medio año y al llegar dijo que había sido herida en batalla y ayudada por unas personas, pero en realidad estaba en la ciudad en que Garen y Lux habían crecido en Demacia.

El hombre estaba atónito de todo lo que estaba descubriendo, pero ella no parecía tener intención de ocultar nada más.

—Han pasado muchas cosas, y de alguna manera hemos llevado las cosas durante este tiempo, y por ello tenemos una regla. No hablamos de Noxus ni de Demacia cuando estamos juntos. Tal vez sea una locura y una falta de respeto de mí parte pedirte ésto pero, no le digas a Swain ni a nadie. Si quieres enjuiciarme, hazlo, si quieres mí cabeza, la tendrás en una bandeja en el momento en que la requieras. Pero, si le dices a Swain será cuestión de tiempo para que lo sepan en Demacia... y no deben saberlo en Demacia.

—¿Tan enamorada estás de ese hombre que prefieres dar tu vida a qué él sea descubierto?

—Sí. Lo admito, lo amo, pero no lo hago por eso. Si se enteran en Demacia sería enjuiciado y probablemente castigado con la muerte, que estoy segura es lo mismo que me espera a mí en cuanto reportes mi traición, pero... que yo muera no importa, sin embargo...

—Sin embargo ¿qué? —Las manos de Katarina comenzaron a temblar y notó cómo su voz se quebró al comenzar a hablar de nuevo.

—Necesito que el viva porque... Esa temporada en que desaparecí y solo enviaba cartas diciendo que seguía investigando, que fuí herida, que me ayudaban y blablabla... En realidad estaba, cómo ya te he dicho en la casa en que Garen y su hermana nacieron y crecieron, y la razón por la que estaba ahí, fue porque... Mientras estaba en Noxus comencé a sentirme mal, un par de semanas confirmaron mi sospecha. Y no sabía que hacer, nunca estuve tan asustada en mí vida, así que lo único que pensé fue en ir y pedirle ayuda. Me pidió que me quedara y...

—No puede ser...

—Lo siento... Pero si Garen es acusado de traición, si se enteran de lo que ha pasado entre nosotros... Mí hijo será visto cómo el hijo de una sucia noxiana y echado a un calabozo. No tienes idea de lo duro que fue dejarlo. Solo tenía 2 meses. No lo veo desde entonces. Solo sé que está bien por lo que he hablado con Garen. Por eso fuí a verme con él, porque quería saber cómo está.

—¿Alguien sabe en Demacia quién eres?

—Desde luego que no. Las personas de servicio en esa casa pensaron que era la hija de unos pastores al otro lado de la nación y sé que pensaban que era algún amor que se había hecho en sus visitas a esa zona. El día que me fuí, Garen les diría que me había regresado a mí pueblo y ya.

—Así que el niño solo se quedaría en Demacia.

—El niño vivirá mejor siendo un Crownguard, siendo miembro de una pudiente familia de la nobleza dónde nadie se atreverá a cuestionarle a Garen sobre la madre del pequeño. Pero dime, ¿qué hubiese ocurrido si mí hijo nacía en Noxus? ¿Debía entrenarlo para ser un maldito asesino cómo yo? ¿O debía simplemente asesinarlo antes de que alguien descubriera quién era su padre y ambos fuéramos tirados a la carnaza para servir de entretenimiento? Tú lo sabes... Eso de tener una familia feliz no funciona para gente cómo nosotros. Mí padre se casó, tuvo 2 hijas y adoptó 1 tercero... Mi madre se fue con Cassiopeia y Talón y yo nos quedamos con él. No sé qué ha sido de la vida de mí hermana desde entonces y Talón yo llevamos tantas muertes en nuestras manos que ni siquiera podemos contarlas...

—Esperemos que toda ésta locura acabe. Entonces tomaré una decisión. Por ahora, hice un trato, así que no diré nada.

—Muchas gracias...

—No me agradezcas, de todos modos yo estoy en deuda contigo —se levantó y caminó a su habitación. Se detuvo en la entrada—. Anda, sé qué quieres ir. Sé lo que es no poder estar junto a la persona que amas, aprovecha ahora, pues no sabes cuánto durará.

Katarina no dijo nada, solo sonrió y salió de la casa casi en carrera. Tocó la puerta del departamento de los demacianos y Garen le abrió. Ella cerró la puerta tras de sí y lo besó.

—¿Qué pasa? —Preguntó él y ella sonrió, no pidiendo evitar que alguna lágrima se fugara de sus ojos.

—Te acompañaré en tu vigilia —dijo entrando a su habitación sin pedir permiso—. Soy buena en lo que hago, así que tú hermana estará más segura con los dos aquí.

—¿Qué hay de Darius? —Preguntó cerrando la puerta tras él—. Él sabe cuidarse solo... Quiere contribuir en la seguridad de Luxana ya que ella le salvó la vida.

—Entiendo. —Se sentó al borde de la cama y le pidió con una señal que le acompañará—. Cuando ésto acabe... deberías ir a visitar.

—Lo haré, no lo dudes. Pero, sígueme contando... ¿Ha crecido mucho? ¿Sigue teniendo el cabello rubio? ¿De qué color son sus ojos ahora?

Continuaron hablando durante largo rato hasta que ella se quedó dormida a su costado. Él le hizo un espacio y la acostó junto a su hermana. Ahí, sobre la misma cama, las dos mujeres que más amaba en su vida. Daría la vida por cualquiera de ellas sin dudarlo un segundo. Y con esa férrea voluntad se mantuvo en vela el resto de la noche.

La mañana siguiente llegó y con ella una reunión de urgencia en la que solo Demacia, Noxus y la misma Camille Ferros estuvieron presentes tuvo lugar.

Lo ocurrido la noche anterior suponía una falla en la seguridad del lugar designado para ellos y eso le apenaba a la mujer, quién ofreció un lugar más seguro y por su puesto, guardias personales para cada uno.

Ambos líderes se negaron a aceptar la segunda opción, pues sentían que no podrían realizar ninguna acción o hablar con su connacionales sobre sus pueblos sin que Piltover se enterase y aunque estuvieran viviendo tiempos de paz obligatoria, no significaba que se expondrían a nada.

Llegaron a la conclusión de que lo más recomendable sería que Jarvan IV y Darius volvieron a sus respectivas naciones para mayor seguridad y fueran reemplazados en las venideras conversaciones por sus acompañantes. Jarvan aceptó y cuando se ofreció que su prometida partiera con él, ella se negó. Luxana se excusó en que ya que ahora era la futura reina, pues sería buena idea que se hiciera cargo de la representación de Demacia en su lugar y que Garen podría cuidar de ella, ya que, a fin de cuentas, sería injusto que se quedara solo.

Por su parte Darius se negó. Aseguró que él, más que un diplomático era un guerrero y un guerrero no se quedaba escondido en su base mirando la pelea a lo lejos. Así que decidió quedarse con todo lo que ello implicara. El acuerdo se cerró y ese mismo día, tan solo unas horas después partió Jarvan. Sería escoltado por los mejores hombres de esa mujer en una máquina blindada que le haría llegar en poco tiempo y completamente a salvo. Era lo mínimo que podía hacer para disculparse, pues pensaba que aquel ataque no buscaba dañar a Lux, sino al futuro rey de Demacia. Tenía lógica.

Garen y Lux llegaron de nuevo a su lugar de descanso y atravesaron el portal. Garen lucía cansado pues no había dormido nada, así que su hermano ofreció prepararle un desayuno rápido. Sándwiches pues, no era cómo que cocinar fuera su fuerte. Pero él apreciaba el gesto.

En realidad estaba buscando las fuerzas dentro de él para hacer la pregunta que debía, que sentía necesitaba hacer, así que se acercó a la cocina y sin dudarlo más se sentó en un banco frente a la encimera en que ella preparaba los panes y habló.

—¿Lo que ocurrió anoche...?

—Yo tampoco lo sé. Es muy extraño.

—Pero anoche parecías otra persona.

—Porque lo era —colocó un par de emparedados en un plato y se lo acercó, quedándose de pie frente a él—. Es difícil de explicar pero no era yo y a la vez si era. Es cómo si existiera otra yo en alguna parte del mundo o el universo y anoche se hubiese apoderado de mí cuerpo por un instante.

—¿Crees que los asesinos volverán?

—Lo harán, pero, estaremos listos. Somos los hermanos Crownguard. No somos débiles. Además, no estamos solos en ésto.

—Tampoco podemos confiar nuestras vidas a los noxianos, Lux.

—Yo confiaré en quién demuestre que desea hacer el bien. Darius salvó mi vida y no puedo pasar eso por alto. Si no hubiese entrado, a riesgo de ganarse un enfrentamiento contigo, no estaríamos charlando ahora mismo.

—Vez todo demasiado fácil.

—Y tu vez todo demasiado difícil.

—No quiero que nada malo te ocurra.

—Yo tampoco quiero que nada te ocurra a ti. En todo caso, yo debo volver a Demacia para desposar al príncipe y que tía Tianna se sienta orgullosa de mí por una vez en su vida y tú, tienes que volver porque alguien te espera.

—Volveremos juntos entonces.

—Sí.

El resto del día estuvieron a solas, encerrados. Debido a lo acontecido todas las reuniones se habían aplazado hasta el día siguiente y tras desayunar Garen se había dormido profundamente ante el cuidado de su hermana.

Transcurrieron las horas y al estar aburrida decidió salir. Dar una pequeña vuelta en los pasillos, confiaba plenamente en que si algo ocurría, lo podría afrontar. Así que con la firme convicción de ello subió a la terraza donde había estado la noche anterior.

De día el lugar era iluminado y un poco brillante debido a los reflejos en los cristales vecinos. Le hacía sentir viva tanta luz, así que se acercó a uno de los sofás y se dejó caer con suavidad. Era mullido y cómodo. Y a la vez estar ahí le hacía sentir que era ajena a todos sus problemas, pues no había nadie que se los recordara o le exigiera nada. Solo era ella con la luz.

—¡Hola! Digo, hola... —Lux levantó la mirada al ver que alguien le hablaba y enarcó una ceja dudosa. Era un chico rubio y estaba casi segura de haberlo visto antes pero mantenía sus dudas—. Soy Lux, digo, no, o sea, tú eres Lux. Yo soy Ezreal, jeje...

—Ah... Hola. ¿Necesitas algo?

—Ah, yo, no... O sí. Solo, te ví en la reunión de naciones y iba a preguntar tu nombre pero la verdad tu hermano es intimidante y luego escuché que te llamó Lux y bueno, quería presentarme formalmente.

—Oh, cierto. Fuiste quien llegó tarde a la reunión, ¿cierto?

—Sí... —admitió avergonzado.

—Que suerte la tuya, yo tuve que estar ahí todo el rato.

—Sí, bueno, yo no estaba del todo invitado así que no importaba demasiado. Y, ¿qué tal Piltover? ¿Te gusta?

—Un poco, creo. Pero extraño Demacia. No hay demasiada naturaleza por acá y, siempre se agradece un poco de color en la vida.

—Yo puedo llevarte a un lugar con mucha naturaleza aquí en Piltover.

—¿En serio?

—Sí. Es un jardín botánico al que, se puede decir que tengo el ingreso temporalmente prohibido, pero... puedo hacerte entrar sin problemas.

—Eso sería divertido.

—Bien, entonces, ¿mañana estaría bien? —Preguntó tratando de mostrarse calmo.

—Claro. En cuanto tengamos un tiempo libre, con gusto iré.

—¡Gracias! Digo, genial. Entonces es una cita. O sea, no una "cita" sino que estamos citados para ir... Mejor me voy...

—Un placer "Lux, digo, Ezreal", —se burló y él cubrió sus manos con su rostro.

—De verdad lamento eso —dijo y cuando ella quiso responder lo vio desaparecer.

—Que chico más raro —pensó en voz alta volviendo a echarse en el sofá.

—Se nota que está colado por ti —Lux se levantó al escuchar aquella voz.

—¿Te dan celos? —Darius le miró confuso por la pregunta—. Puedo pedirle que te llevé luego a ti también.

—Oh, muy amable alteza, no quiero que usted se robe toda la atención de ese guapetón.

—Jamás hubiese imaginado que entre todos los noxianos, tú, responderías bien a ese chiste.

—En Noxus también existe la homosexualidad por si no lo sabías y no tenemos nada en su contra. Deberías dejar de asumir cosas sobre los demás según su lugar de origen.

—Lo siento, supongo que llevo toda la vida condicionada a pensar que ustedes son malos —dijo lo último con una voz falsa de fantasma.

—Ha, lo dice la mocosa que está siendo obligada a casarse.

—¿Hasta cuándo me vas a molestar con eso?

—Hasta que lo admitas.

—¿Y tú qué ganas con eso?

—Es divertido ver que sus vidas no son tan perfectas cómo quieren mostrar.

—Eres despreciable.

—Lo soy.

Se quedaron en silencio, sin desviar la mirada, sentados uno frente al otro. Finalmente Lux rompió el silencio y desvió la mirada.

—La verdad es que, no es tan fácil la vida de alguien cómo yo, o de Garen. Tenemos que seguir muchas normas y siempre se esperan ciertas cosas o comportimientos de nuestra parte por ser los hijos de los Crownguards. Nací siendo un mago, así que mis padre siempre estuvieron aterrados de que alguien lo descubriera. Por eso cuando nací, nos fuimos a otra ciudad, en un desesperado esfuerzo de mis padres por esconderme. Y funcionó. Estudié en casa hasta las 16 años. Pero cuando nos fuimos a la capital, la presión aumentó. Mis poderes amenazaban con salir de control una y otra vez. Y cuando finalmente conseguí ayuda para controlarlos, terminé liberando a un criminal que por poco acaba con la vida de mí hermano y el rey.

—¿Por qué me cuentas todo ésto?

—No lo sé. Supongo que porque no te importa. Y porque confío en ti por alguna razón que no alcanzo a entender. Pero, en fin, tienes razón. Fingimos vidas perfectas y en realidad somos un desastre.

—Al menos tienes una familia que se preocupa por ti y te cuida. Mí hermano y yo hemos sido solo nosotros desde que éramos muy pequeños.

—¿Y siguen siendo solo ustedes?

—Tuve un hijo, pero me enteré hace poco. Igual no importa porque está muerto.

—Eso es...

—¿Horrible? No lo sé. Lo descubrí hace poco. Para mí fue solo un soldado que dió su vida por Noxus cómo muchos otros.

—Supongo que la vida de todos es un asco al final del día.

—La buena noticia se supone que es que tengo otra hija.

—¡¿En serio?! ¿Cómo es? ¿Cuántos años tiene? ¿Sabe que es tú hija?

—Es... Ruda y peligrosa. Tiene... Tu edad probablemente —Lux se sorprendió ante aquello—. Y, no, tampoco lo sabe.

—¿Mi edad?

—¿Qué creías? No soy un jovencito cómo tú hermano.

—No pero, tampoco pensé que tuvieras una hija de mi edad... O más o menos mi edad. Pero, tal vez me pienses más joven. Ya tengo 21 años —Darius soltó una carcajada y Lux se mostró enojada—. ¿Qué es tan gracioso?

—No tiene tu edad. Me disculpo, ha de ser 1 año mejor o mayor.

—Pero...

—¿Que edad tengo yo? ¿Es tú duda? —ella asintió rápidamente—. Súmale 20 a la tuya.

—¿De verdad? —Preguntó tras pensar unos segundos—. Pero no parece.

—No necesitas decir que me veo joven, no me importa ni un poco, para ser honesto.

—No, es que de verdad no. Yo sabía que no eras tan joven pero, al menos pensaba que tenías unos 35 años...

—Persibes a las personas de forma interesante.

—Bueno, a mí no me importa que me dobles la edad.

—¿Disculpa? —La rubia se dió cuenta de lo mal que se podía percibir lo que había dicho y sintió como su rostro se coloraba.

—¡No es eso! O sea, podemos ser amigos, ¿cierto? Aunque seas mayor que yo... De todos modos tú me salvaste anoche...

—Tú fuiste la única que hizo algo —quería aprovechar el error de la chica para burlarse un poco pero al mismo tiempo prefería no hacerlo—. Yo solo hice lo que sé hacer.

—Aún así, gracias —se levantó del sofá y se acercó, ofreciendo su mano—. Sé que una vez que ésto acabe, es probable que las guerras y todos los conflictos vuelvan, pero hasta que ocurra, ¿podemos ser amigos?

—¿Por qué no? —Correspondió el agarre de su mano y ella se sonrojó, lo notó y le gustó.

—Tengo que irme. Si deseas, podríamos vernos aquí mismo... A la noche, ¿tal vez?

—Espera —pidió—. No te vayas.

—¿Por qué no? —Preguntó sintiéndose nerviosa.

—Estuve recordando anoche, bueno, está mañana, supe una vez de alguien que podría explicarnos qué ocurrió anoche, o al menos podría aclarar las dudas más básicas que tengamos.

—Ah...

—Lo estuvimos buscando un tiempo en Noxus pero supe que estaba aquí en Piltover. Bueno, más bien en Zaun. Deberíamos ir a hablar con él.

—Sí... Claro...

—Bien, vayamos ahora. Luego será más tarde y Zaun es un lugar peligroso. —Soltó finalmente la mano de Lux y se levantó, marcando la obvia diferencia de tamaño.

Le dió indicaciones y ella las siguió. Fue a su habitación, se cambió a algo más sutil y menos llamativo, pero tomó su báculo con ella. Afuera él le esperaba, también con ropas simples y sin la gigantesca armadura, sin la cuál seguía siendo un hombre grande, pero más normal. Llevaba unas telas en sus manos y el hacha en su espalda. Le siguió por las escaleras y salieron del edificio.

—Escucha, una vez que estemos en Zaun, no te distraigas, no hables con nadie y sobre todo, no te separes de mí. Si ocurre algo, usa tus poderes sin importar nada y si las cosas se ponen feas, solo huye y déjame atras.

—No cumpliré lo último. Bajamos juntos y subiremos juntos —sonrió y Darius le arrojó una de las telas a la cara, la cuál era una capucha.

—Cubrete arcoíris, no queremos que nadie nos reconozca ahí abajo —tomó su propia capucha y ya cubiertos caminaron por las calles de Piltover.

Estaban abarrotadas. Personas de todo tipo de etnias, colores de piel, edades y aparentes posiciones sociales recorrían las calles de la ciudad. Lux se quedó atrás varias veces ya que los pasos de Darius eran más largos que los suyos.

El hombre comenzaba a frustrarse por tener que parar cada minuto a esperarla y estar mirando hacia atrás cada 10 segundos para asegurarse de que seguía tras el. Se detuvo una vez más y ella se disculpó una vez más por quedarse atrás. Él no respondió nada, con el seño fruncido tomó su mano y tiró de ella. Continúo su caminata en silencio, sin soltarla y un poco más despacio para que le pudiera llevar el paso.

En cuanto tomarán el ascensor, estarían más cerca de Zaun, así que debía ser muy cuidadoso pues cualquier delincuente inteligente sabría que la mano de Noxus valía mucho dinero y si alguno sabía que la que iba a su lado era una noble de Demacia... Bueno, la idea de bajar a Zaun ya no parecía tan buena. Pero confiaba en su propia habilidad y en las habilidades que le había visto a ella. Apretó la mano de Lux sin darse cuenta y subieron al ascensor.