Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 8
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Su pecho ardió cuando intentó inhalar una bocanada de aire inexistente; intentó toser, pero incluso eso se le dificultó. Abrió los ojos, gritando internamente cuando la sal marina los lastimó, volviendo su visión aún más borrosa en las profundidades del océano que lo engullía.
Todo era confuso en su mente, hasta que distinguió el cuerpo oscuro e inmóvil de su amigo reptil que flotaba a su lado; ambos unidos por una capa de hielo que apresaba su prótesis contra el costado del dragón. Acortó la distancia que los separaba, sujetándole el rostro con las manos, preocupándose en silencio cuando lo notó inconsciente.
Lo movió un poco en un inútil intento por despertarlo, para después alzar su visión borrosa hacia la superficie que era iluminada por los rayos del Sol y el fuego de los barcos. El estruendo de la guerra aun podía ser escuchado a través de la densa capa de agua que los cubría; y esa luz que tanto añoraba comenzaba a desvanecerse conforme la distancia aumentaba, permitiendo que la oscuridad de las profundidades los consumiera.
Abrió sus labios una última vez, pronunciando un par de palabras silenciosas que jamás recibirían respuesta. El aire en sus pulmones se agotaba, al igual que su fuerza. Los parpados le pesaban demasiado y, cuando su visión se apagó por completo, comprendió que el final había llegado… Y lo único que podía hacer, era rendirse ante él…
Al menos eso fue lo que pensó…
Lo último que alcanzó a sentir, fueron unas garras arrastrándolo hacia la superficie.
Su cuerpo cayó con pesadez sobre una superficie rocosa, se mantuvo inmóvil por unos segundos que a su salvador le parecieron eternos, hasta que el agua acumulada en sus pulmones escapó por sus labios, encorvando su cuerpo a causa de la tos que le provocó. Cuando recobró un poco de control, inhaló con fuerza, embriagándose con el aire que tanto había extrañado.
Se frotó los ojos para deshacerse de la sal que los lastimaba y, con su visión aun borrosa, buscó a su salvador.
— ¿Thor-nado?—alcanzó a pronunciar con voz ronca, tratando de incorporarse cuando reconoció al dragón azul que era acompañado por los trillizos Thunderdrum—. Eres un buen chico—susurró, acariciando su frente húmeda con una mano temblorosa.
Al hacerlo se dio cuenta que aún se encontraba unido Toothless, quien se estremecía ligeramente, escupiendo agua salada en una lucha por despertar.
—Toothless, ¿estás…?
Su pregunta fue interrumpida por el atropellado aterrizaje de Stormfly sobre el pilar de roca en el cual se encontraban. Su visión se había aclarado lo suficiente para distinguir la figura que desmontó a la dragona y corrió en su dirección.
— ¡Hiccup!—exclamó Astrid sin aliento, cayendo de rodillas a su lado.
—Astrid... estoy...—por segunda ocasión, sus palabras fueron obstruidas, esta vez a causa del abrazo tembloroso y desesperado que envolvía su cuerpo—… bien.
Sintió como la rubia ocultaba el rostro contra su hombro, aferrándose a su espalda. Quizá fue por ese motivo que decidió corresponderle. Quizá era lo que necesitaba para recuperar la fuerza que aún le faltaba, para desvanecer el miedo que ambos habían sentido minutos atrás.
—Los vimos caer y pensamos… yo pensé que…—la voz de la valkiria se rompió por un segundo, justo antes de que se apartara, rompiendo el abrazo y recuperando su postura serena y confiada—. Me alegra que estén bien.
—Thornado y los chicos nos salvaron—explicó con una ligera sonrisa, acariciando nuevamente al dragón azul.
Con eso aclarado, se giró para, ahora sí, darle toda su atención al Night Fury que se sacudía el agua salada de las orejas. Detuvo sus movimientos con una mano, rodeándole el cuello para después conectar sus frentes. Era una conexión única y silenciosa que sólo ellos podían comprender, esa con la cual se decían todo y nada a la vez, y que en esta ocasión representaba el alivio que ambos sentían al saber que el otro se encontraba bien.
—No quiero arruinarles el momento—interrumpió Astrid, suspirando—, pero aún hay trabajo que hacer.
Jinete y dragón asintieron a sus palabras, decididos a continuar con aquello que habían dejado pendiente.
Hiccup reparó por tercera ocasión en su pierna prisionera, llevando la atención de Astrid a esa misma dirección. Sin necesidad de decir nada, tomó la espada que aun colgaba de su cinturón, encendiéndola con un ligero chasquido para, finalmente, comenzar a derretir el hielo con su fuego.
—Es demasiado resistente—gruñó al notar que el hielo no cedía.
—Quizá Stormfly pueda ayudar—sugirió Astrid, llamando a su amiga e indicándole lo que debía hacer.
Con seguridad, la Deadly Nadder generó fuego en su boca, rozando el hielo con las llamas doradas que brotaban de ella, consiguiendo que este comenzara a derretirse. Tras un par de minutos, la prótesis de Hiccup fue liberada.
—El fuego de los Nadder es uno de los más calientes—recordó Astrid satisfecha, con las manos en la cintura e irguiéndose orgullosa por sus conocimientos.
—Qué bueno que prestas atención—bromeó Hiccup, logrando ponerse de pie con su ayuda. Inspeccionó su prótesis y el mecanismo de la cola de Toothless, gruñendo frustrado al notar los desperfectos—. Creo que necesito reemplazarlos.
— ¿Tienes repuestos?
—Sí, pero están en el taller—explicó con un suspiro, ajustando la prótesis de su amigo para un último vuelo—. Necesito ir allá de inmediato.
—Te acompaño—propuso Astrid, montando con rapidez a su dragona; no permitiría que Hiccup se arriesgara nuevamente.
—No—sentenció Hiccup, imitando su acción sobre Toothless—, vuelve con los gemelos y ayúdalos; se ve que están en problemas—señaló el cielo donde el dragón de dos cabezas volaba en zigzag esquivando los ataques del escupe-hielo.
Hasta ese momento, Astrid había olvidado la decisión desesperada que habían tomado para poder salvar al jinete, dejando atrás a los hermanos para que distrajeran al alfa rival.
—De acuerdo—accedió rendida—, ¿estarán bien?
El castaño asintió, regalándole una última sonrisa cuando Toothless finalmente se alzó con torpeza.
—Thornado y los trillizos nos respaldarán—aseguró, a lo cual los Thunderdrums rugieron en aprobación—. Volveremos muy pronto.
Con esa promesa, se alejaron, dejándolas solas para cumplir con su propia misión.
El problema era que la presión en el pecho de la rubia no había desaparecido por completo; por el contrario, había algo en ella advirtiéndole sobre el futuro que les deparaba. Pero ella no quería escucharlo, no quería abrumarse con ideas que, sin duda, sólo la debilitarían; y en ese momento lo que menos necesitaba era perder el control de su fuerza, porque eso era lo único que le permitiría mantener a Hiccup a salvo.
Dispersó cualquier otro pensamiento de su mente y le ordenó a Stormfly dar la vuelta para ir al encuentro de los gemelos que, entre gritos y explosiones, mantenían distraído al escupe-hielo.
— ¡Astrid, volviste!—exclamó Tuffnut al verla llegar, esquivando un nuevo ataque helado—. ¿Hiccup está bien?—preguntó a la par que su hermana.
La rubia asintió, suspirando con calma.
—Volvió a Berk para arreglar la cola de Toothless—explicó rápidamente, mientras la Nadder realizaba un giro para esquivar el hielo que fue disparado en su dirección—. Debemos contener a este grandulón hasta que vuelvan.
Como si respondiera a sus palabras, el Bewilderbeast rugió con la suficiente fuerza para desestabilizar el vuelo de sus dragones. Fueron un par de segundos eternos, hasta que lograron recuperar el control.
—Tal vez fue mala idea acercarnos demasiado—murmuró Ruffnut con cierta inquietud, aferrándose a los cuernos de Barf mientras se alejaban un poco del dragón marino.
Astrid suspiró nuevamente, esta vez con cansancio. Su ceño se frunció ligeramente, un claro signo de que, en su mente, comenzaba a desarrollarse un nuevo plan.
— ¿Cuánto fuego le queda a su dragón?—les preguntó de repente, confundiéndolos.
—No lo sé—dijo Tuffnut con un peculiar porte analítico, frotando con su mano la mandíbula y garganta de Belch; una acción que su gemela no tardó en imitar—; para una o dos explosiones más.
El ceño de Astrid se frunció aún más; estaba confundida, pero definitivamente no cuestionaría sus acciones.
—Bien—recuperó el control de la situación y los señaló—. Vayan y destruyan todos los barcos enemigos que puedan, Stormfly y yo nos encargaremos del alfa.
— ¿A caso escuché bien?—indagó Ruffnut con una preocupante emoción—, ¿dijo la palabra con D?—el gemelo asintió con euforia; Astrid suspiró con cansancio—. ¿Sabes lo que eso significa, hermano?
Algo dentro de la valkiria le dijo que se arrepentiría por su decisión, pero ya era demasiado tarde para retractarse, y lo supo cuando los gemelos inhalaron con gran júbilo para después gritar:
— ¡Súper explosión de Loki!
Nuevamente, no se detendría a cuestionarles aquello; así que, sin decir nada más, los vio partir entre el caos que los rodeaba.
— ¿Crees que hayan escuchado todo lo que dije, o solo la parte sobre destruir?—le preguntó a su compañera con un ligero suspiro.
—Ruégale a Odín para que solo vayan tras el enemigo—graznó Stormfly acelerando con un ágil giro para volver a encarar al alfa rival.
La Nadder no lo supo, pero esa simple mención hizo estremecer a la valkiria, recordándole que, a pesar de todo, ella no pertenecía a Berk y que pronto tendría que marcharse…
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No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se despidió de Hiccup y se separó de los gemelos; estos últimos aún permanecían cerca, incendiando y destruyendo la flota enemiga junto con un grupo de Hideous Zippleback que, sin darse cuenta de cómo, se unieron a ellos.
De la misma manera, otros dragones sin jinete comenzaron a reunirse a su alrededor, ayudándolas en la difícil tarea de distraer al escupe-hielo. No tuvo tiempo ni ganas de preguntar por qué estaban ahí, pero algo le decía que todo era obra de cierto Night Fury y, aunque no lo admitiría frente a él, estaba realmente agradecida.
—Astrid—la llamó Stormfly con un tono de preocupación, sacándola de sus pensamientos—, se me ha acabado el fuego.
La valkiria gruñó con ligero fastidio, palmeando el cuello de la dragona como consuelo; sabía que no era su culpa y, como ella, ahora estaba preocupada pues eso dificultaría aún más su tarea.
—Tranquila, podremos con esto—aseguró, desenfundando el hacha que colgaba de su espalda—; alejémonos un poco de su alcance y utiliza tus púas sólo en defensa.
Habría sido un buen plan, si el dragón marino se los hubiera permitido.
Dejó escapar un rugido tan estruendoso, que atravesó sus cuerpos y resonó por todo el lugar como una carcajada. El vuelo de todos los dragones se ralentizó y, cuando su mirada asesina se encontró con la suya, supo que su objetivo era ella y eso sólo podía significar una cosa…
La había descubierto.
— ¡Storm!—exclamó con prisa, intentando que su voz destacara por encima de las carcajadas del bestial dragón—, ¡tenemos que salir de aquí!
Nuevamente sus intenciones fueron inútiles, cuando un nuevo ataque de hielo fue disparado en su dirección; primero como un rocío azul y después como gruesos proyectiles puntiagudos. Esquivarlos resultó una gran proeza dada la condición actual de Stormfly; pero no tuvieron tiempo de sentirse a salvo pues, sin que pudieran evitarlo, un dragón acorazado arremetió contra ellas, consiguiendo que la dragona perdiera el poco control que aún tenía sobre sus alas.
— ¡Stormfly!—gritó esta vez con terror, cuando entre los giros se zafó del agarre que tenía sobre la montura, separándola de su amiga que ahora aleteaba inestable a varios metros lejos de ella.
No podría atraparla. No, mientras continuara luchando contra el control del alfa; así que sólo había una forma para salir ilesa de esa caída…
Debía salvarse ella sola y para eso tenía que liberar sus propias alas. Pero si lo hacía quedaría al descubierto; era un riesgo demasiado grande.
El viento frio golpeaba su rostro con fuerza debido a la velocidad de la caída; el tiempo se le agotaba y el océano estaba cada vez más cerca, listo para engullirla. Necesitaba actuar pronto o lo lamentaría; a diferencia de Hiccup, su impacto contra el agua sí iba a lastimar.
« ¡Hazlo!»
Se ordenó desesperada, buscando entre su ropa el amuleto que sellaba su poder Dísir, ese que Freyja le había dado como protección, para que ningún mortal descubriera su identidad.
Lo sujetó con fuerza, mezclando la frialdad de sus manos contra la del objeto de plata. Estaba lista para liberarse, había comenzado a sentir cómo la magia fluía en su interior, reemplazando ese frío por calor; sólo entonces cerró sus ojos, esperando que esa magia materializara sus preciosas alas blancas.
Pero nada de eso fue necesario. Porque, como si los dioses le gritaran que aún no la habían abandonado, unas fuertes garras la sujetaron, deteniendo la caída.
—Parece que llegué justo a tiempo—dijo una voz sin aliento sobre su cabeza; obligándola a abrir los ojos nuevamente, deslumbrándose por un momento, para después observar al joven pelirrojo que asomaba su cabeza por un costado del dragón que la sujetaba.
—Jefe Dagur—murmuró igualmente sin aliento—. Gracias…
—De nada—respondió sonriente, mientras su dragón ascendía hacia el encuentro de la Deadly Nadder que, avergonzada, recibió a su jinete sobre su espalda una vez más—. Se ve que la han pasado difícil—agregó cuando la rubia estuvo a salvo—, pero descuiden, ¡los Berserkers hemos llegado!
—Y realmente lo agradecemos—repitió ella, acariciando el cuello de Stormfly para calmar la culpa que le confesó en Dragonés.
El pelirrojo asintió satisfecho, inspeccionando con la mirada el campo de batalla, notando la ausencia de alguien importante.
— ¿Dónde está mi hermano?
—Hubo un pequeño accidente al inicio del combate—comenzó a explicar tras entender a quién se refería—, regresó con Toothless a Berk, para arreglarle la prótesis.
—Entiendo—asintió con más tranquilidad—. No se preocupen, los ayudaremos a partir de aquí. Mi flota se encargará del enemigo desde la retaguardia, y mis dragones se unirán a los suyos.
Ahora fue ella quien asintió con una ligera sonrisa y un inexplicable alivio surgiendo en su interior.
—Tú y tu dragón retrocedan—indicó Dagur cuando un nuevo ataque se dirigió a ellos, mismo que fue detenido por el fuego de su Triple Stryke—, necesitan recuperar energía.
No iba a contradecirlo, realmente estaban agotadas.
— ¡Y busquen a Hiccup!—exclamó, desenvainando su espada—. La única manera de deshacerse de ese alfa—señaló al escupe-hielo con el arma—, es con otro alfa; así que él y Toothless deben volver de inmediato.
—Lo sé—concordó Astrid—, los traeré.
Con eso aclarado, esta vez fue su turno de marcharse, dejando solo al jefe Berserk.
Le dio un último vistazo por encima de su hombro, sonriendo cuando escuchó el famoso grito de guerra Berserk escapar de su garganta.
Finalmente podía ver un poco de luz entre la oscuridad de la guerra que los envolvía.
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Buscar los repuestos de sus prótesis y el mecanismo de vuelo resultó una difícil proeza debido al caos y desesperación que lo controlaban. No sabía cuánto tiempo le había tomado ajustarle el equipo a Toothless, pero para él resultó una eternidad.
A eso había que sumarle el creciente dolor de su pierna y espalda; al final resultó que no salió completamente ileso de la caída al océano. Claro que no podía permitir que los demás se enteraran, en este momento lo que menos necesitaban era una preocupación más. Por eso, ante la mirada de reproche de Toothless, se hizo un improvisado vendaje para detener el sangrado del corte en su pierna, algo que resultaba muy molesto ya que se encontraba cerca de la prótesis.
—Andando, Toothless—apresuró, reacomodando su pantalón para después ponerse de pie con un cojeo—. Debemos volver con los demás.
Abrió la puerta del taller, arrepintiéndose al instante cuando sus ojos presenciaron el terrible escenario en el que se encontraba su hogar. La desesperación que había sentido antes, no hizo más que aumentar. Por instinto, montó a Toothless y emprendieron el vuelo en búsqueda de sus amigos.
Pero con cada segundo que pasaba, sus ojos comenzaron a cristalizarse a causa de la destrucción que se cernía a su alrededor.
Los dragones seguían revoloteando por toda la isla, escupiendo fuego y luchando con sus garras entre sí. Columnas de humo oscurecían el cielo azul, provenientes de los barcos en llamas que se acumulaban en sus costas. Los acantilados, las torres y los muelles; todas sus construcciones se caían a pedazos a causa del hielo disparado por el alfa rival, el mismo que rugía encima de otro acantilado, dispuesto a causar más devastación.
Esa imagen trajo de vuelta los viejos recuerdos de su primer enfrentamiento, obligándolo a contener el llanto de frustración que se acumulaba en su garganta.
Estaba harto de ver sufrir a su gente. Estaba cansado de luchar por la paz que personas como Drago, no hacían más que corromper.
No estaba dispuesto a permitir que más ruina cayera sobre ellos.
Ya no quería continuar perdiendo…
— ¡Hiccup!
La voz apremiante de Astrid lo trajo de vuelta a la realidad. Limpió las lágrimas de sus ojos con su antebrazo, para después conectarlos con los de ella. Se le notaba cansada, pero su mirada aún conservaba cierto brillo guerrero, y eso le transmitió un poco de control.
—Comenzábamos a preocuparnos—confesó la rubia cuando descendieron a su encuentro.
Evitó desmontar a Toothless, pues temía que su pierna no tolerara su peso; podía mentirles a todos sobre su condición, pero no a ella y eso lo sabía muy bien.
—Lo siento—logró decir en su lugar, calmando cualquier duda e inquietud—, no encontraba los repuestos—no esperó otra respuesta por su parte y, observando a todos sus amigos, continuó—. ¿Qué tanto ha ocurrido?
Los jinetes bajaron las miradas, mismas que se oscurecieron al pensar en aquello.
—Los Berserkers llegaron hace unos minutos—fue Astrid quien, nuevamente, tomó la iniciativa de responder—, pudimos contener al enemigo con su ayuda; pero sin Toothless, nuestros dragones estaban indefensos y su alfa ganó territorio.
— ¡Destruyó todos nuestros barcos!—exclamó Fishlegs lloroso—, y se apoderó del muelle.
—Tenemos que sacarlo de la isla antes de que la convierta en escombros—terminó por él Snotlout, desde la montura de su dragón—. El bosque está intacto por el momento, así que todos están a salvo en el refugio.
— ¿Dónde está Dagur?—logró cuestionar el castaño.
—Está con sus jinetes enfrentando a los dragones acorazados que protegen al alfa—contestó Ruffnut, quien actuaba como soporte para que Tuffnut se mantuviera de pie; el gemelo tenía sangre en su ropa, una señal de que había resultado herido.
Hiccup tragó con fuerza, sus puños se volvieron blancos a causa de la frustración que estaba conteniendo. Los observó nuevamente a todos, comprendiendo y agradeciendo el esfuerzo que habían estado haciendo para proteger Berk en su ausencia. En el fondo se odió por dejarlos solos, reprochándose su debilidad e incompetencia al creer por segunda ocasión que podría razonar con Drago.
—Hablar con él es inútil—murmuró casi inaudible, recordando las mismas palabras que su padre le dijo alguna vez, esas que se negó a escuchar.
Su voz atrajo la atención de todos, provocando que una nueva luz de esperanza iluminara sus miradas; un efecto que era resultado de su regreso, pero que en ese momento él era incapaz de comprender y que, por ende, terminó ignorando.
—Esto tiene que terminar—continuó, esta vez con voz más clara y firme—. Debemos proteger a los que amamos hasta que la guerra termine… Y yo me encargaré de que eso ocurra—sentenció, irguiéndose sobre su montura, con las manos aferradas a ella.
Se había acabado su paciencia.
Hablar e intentar arreglar las cosas sin violencia nunca iba a funcionar, ahora lo sabía.
Como apoyo, Toothless se elevó nuevamente ante todos. Sus miradas se conectaron con el alfa rival y el hombre erguido sobre su cabeza; un escalofrío recorrió sus cuerpos cuando ambos les devolvieron el gesto, retándolos y amenazándolos con continuar el juego que habían dejado pausado.
—Corregiré mi error—prometió Hiccup, emprendiendo el vuelo hacia su encuentro.
Sus amigos asintieron con euforia, imitando su acción para acompañarlo. Pero no Astrid. Ella, por el contrario, permaneció de pie en su lugar, con el rostro alzado hacia el cielo que, lentamente, comenzaba a cubrirse de nubes.
Pero lo importante no eran las nubes, sino la luz que se filtraba entre ellas; esa que nadie, excepto una valkiria podría ver y comprender…
Sus hermanas estaban por llegar.
—Se acabó el tiempo…
¡Hola! Lo sé, lo sé, tardé ¡demasiado! en traerles el nuevo capítulo… mi semestre en la universidad fue horrible y no me dio tiempo de escribir nada. Pero bueno, aquí está el capítulo, espero que les haya gustado; a mí no me terminó de convencer del todo, pero creo que quedó bien.
Si notan algún error, discúlpenme; sólo lo revisé una vez, no quise tardar más tiempo en publicar.
En fin, esta podría ser la última actualización del año de Sigue a tu Destino. Así que ¡felices fiestas! Pásenla bien con su familia, pero con las medidas necesarias, no queremos que el COVID se auto-invite a las fiestas.
Hasta la próxima, amigos, nos leemos en el capítulo de The Furies.
A todos los que leyeron hoy… GRACIAS
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Y gracias a FanNeurtex por su Review, me alegra que te gustara el capítulo anterior.
