La abogada Granger

No sabía qué demonios estaba pasando. Sólo sabía que su jefe parecía haber envejecido diez años en los últimos dos meses, desde la muerte de Harry y Pansy... El juicio Carrow estaba a la vuelta de la esquina y era el último referente a la guerra, el broche de oro para cerrar ese horrible capítulo en la historia mágica. Y su jefe reflejaba la presión recibida del Ministro presionándola a ella. Si bien el juicio había recibido atención de los medios por ser el último, ahora todos los reflectores estaban sobre él, sobre ella.

El escritorio en su oficina estaba prácticamente lleno de documentación sobre el caso Carrow, y su mente también. Le habían dado la oportunidad de dejar el caso debido a su reciente pérdida y actual situación, pero se negó rotundamente. Así que ahí estaba, revisando por enésima vez las declaraciones de los testigos. El caso podría considerarse fácil, era obvio que los hermanos Carrow merecían ir a Azkaban, pues si bien no habían participado en la Batalla de Hogwarts, sí habían torturado alumnos en el colegio los meses antes de la guerra, además, tenían la Marca Tenebrosa en todo su esplendor en el antebrazo.

—Te tengo una buena y una mala noticia, ¿cuál quieres primero?

La voz de su colega interrumpió el flujo de pensamientos que se desarrollaban en su mente como los argumentos preparados para la presentación de su caso contra los acusados.

—No tengo tiempo para eso, Blaise —respondió la castaña sin despegar los ojos de la declaración del testigo "estrella" en su escritorio.

—Anda, elige una —presionó el moreno, casi sentándose en la orilla de su escritorio del lado izquierdo junto a donde su silla estaba.

—No lo sé... —dijo Hermione en voz baja centrando su atención en una específica línea escrita en el pergamino en sus manos, se calló por al menos cinco segundos antes de continuar—, ¿la mala? —eligió al fin con distracción, al mismo tiempo que tomaba la pluma dentro del tintero frente a ella y hacía algunas anotaciones en el pergamino en blanco colocado a su derecha.

—La mala es que Pucey me hizo llegar esto.

Blaise sacó un pergamino enrollado del interior de su saco, junto con su varita, y lo dejó justo frente a la castaña sobre el escritorio, lo tocó con la punta de la varita y el documento se extendió cubriendo por completo la declaración que anteriormente revisaba. Hermione dio una lectura rápida al nuevo pergamino, captando sólo las palabras menor, custodia y consanguíneo.

— ¿Qué significa? —preguntó, con una vaga idea sobre de qué iba todo el asunto, pero queriendo no creerlo.

—En esencia, basarán su caso en una arcaica ley que dejó de usarse hace quinientos años, pero nunca fue revocada y...

— ¿Y? —insistió la castaña al percatarse de la notoria duda y pausa en el discurso de Zabini. Sus ojos se clavaron en los de él.

—Y si el Ministerio —continuó el moreno, levantándose del escritorio y yendo a sentarse en una de las sillas para visitantes al frente— decide que ustedes no son aptos para hacerse cargo de Albus-

—Se lo entregarán a los Parkinson —interrumpió la bruja, comprendiendo la idea general. Se llevó las manos a la cabeza y soltó un sonoro suspiro. Ahora no sólo existía la posibilidad de perder a Albus y que fuera enviado al Orfanato Creevey, donde de una u otra forma creía podrían recuperarlo con el tiempo, sino que de perderlo, los Parkinson se lo llevarían y seguramente no lo volverían a ver jamás. Levantó la mirada, Blaise seguía ahí frente a ella, entonces recordó. — ¿Y cuál es la buena?

—La buena —comenzó él, levantó la palma de su mano, hizo una floritura con su varita y apareció un periódico pulcramente doblado, lo desdobló y sonrió—, la buena es que luces muy bien en esta foto. —Lo giró hacia ella, dejando la primera plana de El Profeta frente a su rostro.

"El juicio del siglo. ¿Justicia para los Potter?", se leía en letras vistosas justo al centro, mientras una foto de ella saliendo del Ministerio se repetía en bucle una y otra vez debajo de eso.

—Sabes que odio la prensa, esta noticia es tan mala como la anterior —dijo Hermione, casi arrebatándole el periódico de las manos y dándole una lectura rápida a lo escrito bajo la foto—. El juicio Carrow no tiene nada que ver con la muerte de Harry y Pansy, no se ha comprobado nada, la investigación sigue en curso, no entiendo por qué se empeñan en relacionarlos.

Blaise se encogió de hombros al tiempo que soltaba algo como "prensa" y se levantaba de la silla. Tomó el periódico y el pergamino referente al caso de custodia, y se dirigió a la salida, estaba por cruzar el dintel de la puerta cuando se detuvo y volvió la vista a la castaña.

—Por cierto, no debes preocuparte por lo de Albus, yo me encargo de eso.

Granger lo miró con confusión, su mente había divagado en los pormenores del juicio y de la muerte de su mejor amigo, olvidando casi por completo al niño. Sólo añadió un "oh, claro" antes de que el abogado terminara de salir de su oficina.

.•.•.•.

Una cita. Esa noche. Con el "perfecto" Grant Page. Por Salazar. Qué basura. Soltó un gruñido por lo bajo y dejó la cucharita de plástico en el plato decorado con adorables serpientes que contenía la papilla de zanahoria que el pequeño de un año sentado en la periquera debía comer. ¿Desde cuándo Granger salía con ese sujeto? No podía tener más de una semana teniendo en cuenta lo ocurrido en su cumpleaños... Negó con la cabeza como si así pudiera sacar el recuerdo de su mente, aunque bien sabía que un obliviate sería mejor opción. Tampoco diría que lo pasado era una razón para impedirle una relación, porque nada había pasado, sí, nada, sólo un pequeño desliz de... Un error.

La pequeña mano de Albus hundiéndose en la papilla tratando de tomar la cucharita y salpicando por toda la mesita hasta su camisa, lo hicieron frenar sus pensamientos; el sonido del timbre en la puerta lo obligó a guardarlos en una cajita muy al fondo de su mente donde esperaba no pudieran salir. Detuvo al bebé de hacer un desastre mayor quitando el plato de su alcance y limpiando su mano con un movimiento de varita. Lo cargó y salió de la cocina esperando ver a Granger bajar las escaleras para encontrarse con su cita, con el "perfecto" Grant Page. El timbre sonó de nuevo y la bruja no aparecía. Contó hasta tres, rodó los ojos y abrió la puerta. Ahí estaba, el chico Page, tan informal, tan simple, tan tonto con su rostro de hombre decente.

—Malfoy.

—Page.

Se saludaron sin mucha más ceremonia o aparente interés en el otro, aunque la incomodidad era palpable. Incluso Albus parecía mirar con desconfianza al magitecto mientras metía la pequeña cuchara en su boca, llenándola de baba.

—Granger no debe tardar en bajar —dijo Draco, examinándolo con la mirada, se notaba que ese traje no era a la medida.

Grant asintió como respuesta en conjunto con una amable sonrisa. ¿De qué casa había dicho Granger que era ese sujeto? Tal vez Hufflepuff, parecía querer caerle bien a todo el mundo, ew, pero no, ahora que lo observaba mejor recordaba haberlo visto en algún partido de quidditch, hmm, Gryffindor obviamente no era, debía ser un águila de cursos superiores que pasaba desapercibido, aburrido.

— ¿Y cómo funciona esto? —preguntó Grant, deteniendo la examinación (y crítica) del rubio. Malfoy lo miró sin entender en primer instante a qué se refería— Hermione y tú, criando a Albus, viviendo juntos...

La pregunta quedó al aire cuando la bruja apareció en lo alto de las escaleras. Draco tuvo un extraño deja vú del baile de navidad durante su cuarto año en Hogwarts. Nunca se acostumbraría a ver a Granger ataviada en bonitos vestidos que remarcaban su cuerpo tan... bien. Albus sonrió y agitó sus bracitos al ver a la castaña, ésta rió de vuelta mientras bajaba acomodando su pequeño bolso a juego en su hombro. La estúpida sonrisa en el rostro de Page lo hizo rodar los ojos.

—Estoy seguro de que Granger estará feliz de explicarte toda la planeación detrás de nuestro horario durante el postre —dijo Draco como respuesta, llamando la atención del magitecto.

—Y yo estoy segura de que Malfoy nos permitirá llegar al postre sin interrupciones sólo porque no puede cuidar a Albus él solo —dijo Hermione llegando hasta ellos y mirándolo con advertencia, Draco le dedicó una fingida sonrisa. Con un "nos vemos, cariño" y un beso en la cabeza se despidió del niño, después cruzó la puerta con el ofrecimiento de su cita.

—Te quiero aquí hasta después de medianoche, ni un minuto antes —soltó el ex Slytherin mientras los veía alejarse por el patio delantero de la casa hasta la calle, donde podrían aparecerse. Vio a Grant ofrecerle su brazo, ella lo tomó sonriendo.

—Cállate, Malfoy. —Fueron las últimas palabras de la bruja antes de desaparecer.

.•.•.•.

El siguiente era el gran día. El día del juicio Carrow, y ella tenía los nervios a flor de piel. La botella de Vino de Fénix a medio tomar lo demostraba, no era una persona alcohólica ni mucho menos, pero una copa de vino de cuando en cuando no le hacía mal a nadie.

Había dejado la oficina a las ocho de la noche cuando su jefe casi le ordenó que fuera a casa, se olvidara del caso y descansara; cosa que obviamente no había hecho, pues era medianoche y ella seguía ahí en el comedor de los Potter examinando todo lo que más pudiera del asunto. Albus dormía en su habitación en el piso de arriba, Ginny le había hecho el favor de cuidarlo ese día hasta que volvió del Ministerio, por tanto, Malfoy no estaba en la casa, era su día libre, seguro volvería hasta el siguiente antes de que ella tuviera que ir al trabajo.

Tomó su copa de vino y dio un sorbo despegando su vista de los pergaminos en la mesa, dirigiéndola sin querer a las flores en el centro de la misma, flores que Grant le envió durante el día con una tarjeta deseándole mucha suerte en el juicio. Una semana había pasado desde su cita, además de un apresurado almuerzo en la cafetería del Ministerio el día anterior. El mago le agradaba, y esperaba tener la oportunidad de conocerlo mejor y con más calma luego de todo el alboroto de los Carrow. Era amable, tranquilo, amoroso padre, inteligente y trabajador, "además de muy sexy", añadió Ginny cuando le contó sobre su cita. Una rica cena en un rústico restaurante en el Londres muggle (lo cual agradecía bastante porque la prensa mágica no la dejaba en paz) y una caminata nocturna por Hyde Park. Una espléndida y relajada noche, justo lo necesario para darle un respiro del caos que reinaba en su vida.

El crepitar del fuego en la chimenea de la sala se hizo más fuerte de repente, volviendo las llamas verdes y dando paso al rubio mago con quien compartía casa. Lo escuchó quejarse del resto de ceniza en su camisa y aplicarse un hechizo de limpieza, rodó los ojos. Los pasos hacia el comedor indicaban que se acercaba, lo vio de reojo apareciendo bajo el dintel de la entrada, dirigió su vista a él por un segundo y, de inmediato, recordó aquel extraño roce de labios en su cumpleaños, se sintió sonrojar, trató de convencerse que era a causa del vino que había estado bebiendo y volvió su atención al pergamino frente a ella antes de que lo notara.

—Creí que ya estarías dormida a esta hora —dijo Malfoy, mirando su reloj y sin moverse de la entrada.

—Yo creí que pasarías la noche en tu apartamento —respondió Hermione, sin mirarlo.

—La mujer que conocí en el bar creyó lo mismo.

La bruja levantó la cabeza, lo miró por tres segundos con incredulidad contenida y despegó la vista de él sólo para tomar la botella de vino y rellenar su copa. El rubio levantó una ceja y sonrió ligeramente, sorprendido de ver a la chica bebiendo el día antes del gran juicio, después sólo se alejó hasta la cocina sin decir nada. Hermione pensó que después de eso, iría a su habitación y no tendría que verlo más, así que continuó con el repaso de la lista de cargos.

— ¿Es el caso Carrow? —preguntó Draco de vuelta en el comedor, sobresaltándola un poco; ella asintió, él se acercó ya con cerveza en mano y paseó la vista por los documentos regados en la mesa—. ¿Puedo? —añadió alargando la mano hacia un pergamino.

Hermione lo dudó por un segundo, abrió la boca para negar, pero recordó la discusión sobre prejuicios y perdones que habían tenido días antes del funeral, así que sólo suspiró, tomó su copa de vino y soltó un "claro, adelante" antes de beber un poco más. Malfoy tomó el documento y lo leyó un poco, sin hacer ningún gesto en particular que delatara su pensar. Hermione esperó algunos segundos a que dijera algo, pero al no hacerlo siguió revisan por enésima vez el pergamino sobre la mesa. No importaba realmente que Draco viera todo el caso, siendo sincera consigo misma, no creía que pudiera hacer algo en su contra en las ocho horas restantes para el inicio del juicio.

Pasaron cerca de veinte minutos con ambos en silencio centrados en los documentos, incluso la castaña casi olvidó que estaba en compañía del mago, hasta que éste lanzó la única duda surgida de su breve revisión.

— ¿Defensa por Imperio? ¿De verdad esperaban que alguien creyera eso?

—Sí, bueno, esa quiso ser su defensa inicial, pero la descartaron un par de días después.

—Por defensa por demencia.

—Así es. —Hermione se levantó para estirar un poco las piernas, llevaba horas sentada.

—Debe ser un chiste, es decir, es obvio que están locos, pero eso no justifica sus acciones —dijo Draco mirándola caminar alrededor de la mesa.

—Según su abogado, sí.

El silencio volvió a instalarse en la habitación, el rubio siguió con la hojeada de los pergaminos y la bruja tomó la botella para servirse otra copa de vino. Draco la miró de reojo y detuvo su acción antes de que el líquido saliera de su contenedor inicial.

—Granger, es más de medianoche y mañana es un día importante, deberías ir a dormir —sugirió Malfoy, adueñándose lentamente de la botella.

—No puedo dormir, tengo que seguir preparándome. —Extendió la mano hacia su vino, pero él se levantó y lo alejó más.

—Beber una botella completa de... Vino de Fénix —dijo Draco leyendo la etiqueta—, no es prepararse, y, Granger, todo el mundo sabe que los Carrow son una escoria, claro, el Wizengamont está lleno de decrépitos magos criados bajo la creencia purista de esos dos, pero ahora también hay una buena parte de magos y brujas más... sensatos, además, la decisión final estará en manos de Kingsley y él los quiere en Azkaban tanto como tú.

Hermione lo miró con ojos entornados, como si se debatiera entre lanzarse sobre él y quitarle la botella o hacerle caso e ir a dormir, en cierta parte sabía que él tenía algo de razón, pero los nervios seguían carcomiéndola por dentro y sabía que no la dejarían dormir en paz hasta estar por completo cansada o medianamente ebria. Draco levantó ambas cejas en espera de su respuesta, ella sólo suspiró y bajó los hombros, rendida.

—Lo sé, pero no se trata sólo de los Carrow, es mi caso, el único otro caso tan importante que he llevado como abogada principal fue el de Lavender, y lo perdí, no puedo perder esto también —contó Granger con honestidad, bien, lo había sacado al fin, había dicho su inseguridad en voz alta.

—No lo perderás, deja de ser tan negativa, el caso de Brown era difícil, dejar que una mujer lobo adopte a un niño no suena nada bien, pero encerrar a dos mortifagos que torturaron niños por meses, eso casi se gana solo —respondió Draco, conocía la historia del caso Brown, había estado en la primera plana de El Profeta después de todo.

—Oh, gracias, eso me tranquiliza. —El sarcasmo en la voz de Hermione era obvio. Sacó su varita del enredado intento de moño que había formado en su cabello, dejándolo caer desordenado y captando de más la atención del rubio, y con un movimiento de muñeca recogió todos los pergaminos y documentos en un montón frente a ella.

—Sabes a lo que me refiero —atinó a decir Malfoy, tomando su propia varita de su saco y sellando la botella de vino.

—Lo sé —dijo la castaña mirándolo a los ojos y levantando un poco la comisura izquierda de su labio en una brevísima sonrisa.

Tomó el montón de documentos con una mano y la copa ya vacía con la otra, después salió del comedor rumbo a la cocina, el rubio siguió el mismo camino con botella de vino y cerveza vacía a cargo. Hermione dejó la copa en el fregadero, Draco guardó el vino en una estantería alta fuera del alcance de Albus y tiró la vacía. Ambos salieron de la cocina, apagaron las luces y subieron a sus respectivos dormitorios lo más callados posibles, no querían despertar al pequeño dormilón. La castaña llegó antes a su puerta, estaba por entrar cuando escuchó la voz de Malfoy por última vez esa noche.

—Te irá bien, si recuerdo tu manera de actuar en todas las clases que compartíamos en Hogwarts, lo cual hago, estoy seguro de que los Carrow y el Wizengamont ni siquiera sabrán qué los golpeó.

Granger sonrió ampliamente con la mano en el pomo y la vista clavada en la madera, cuando giró la cabeza para agradecer sus extrañas palabras de aliento, el rubio ya había desaparecido en el interior de su habitación.

.•.•.•.

El Wizengamont en pleno estaba frente a ella ocupando la mitad de los asientos de la sala. En el centro se encontraba Amycus Carrow, sentado y sujeto en la silla del acusado. Su decadente aspecto, con la piel pálida colgando flácida del rostro ante la falta de luz solar y una alimentación decente, las profundas ojeras debajo de sus ojos, los amarillentos dientes que se asomaban entre sus resecos labios y los pocos restos de cabello grisáceo en su cabeza, dejaban en claro que su tiempo en Azkaban a espera de un juicio no le habían hecho nada bien. Tenía la mirada perdida, "eso casi se gana solo", recordó las palabras de Malfoy la noche anterior y se preguntó si el acusado pensaba lo mismo, una parte de ella estaba segura de que sí. Todos sabían, y no tan en el fondo, que los hermanos Carrow terminarían pudriéndose en Azkaban y aquel juicio no era más que un mero trámite en un intento de demostrar que el anticuado sistema judicial del Ministerio de Magia Británico se estaba "renovando".

Mordió su labio inferior y clavó la mirada en su mesa, a su izquierda estaba el abogado de la familia Carrow, en la mesa de la defensa, como si esos mortifagos merecieran ser defendidos. El Ministro Kingsley Shacklebolt llamó al silencio captando la atención de todos en la sala, apuntó su varita a una gran cámara -cortesía de Malfoy Services- al fondo de la sala que ahora utilizaban para grabar cada juicio sin depender meramente de los recuerdos, y dio inicio al juicio. Primero, el acusador, en esa ocasión, el pueblo mágico representado por Hermione Granger, presentaba su caso contra el acusado; después la defensa debía, obviamente, defender. Por tanto, cuando el Ministro terminó de hablar y dio la palabra a la abogada Granger, ésta sintió todas las miradas clavadas en ella. Respiró profundamente, se levantó y, con seguridad en su voz, habló.

—Llamo a mi primer testigo: Neville Longbottom.

El mago mencionado entró por una pequeña puerta lateral, su varita había sido retenida, como la de todos los presentes, a excepción de los dos guardas en las entradas y del Ministro. Neville se detuvo detrás del púlpito para los testigos que estaba a la derecha de los asientos del Wizangamont. La madurez en su rostro, en su mirada, era un evidente ejemplo de lo que la guerra había provocado en todos los estudiantes adolescentes participantes: volverse adultos de un día a otro, sin tregua, sin aviso.

—Señor Longbottom, ¿jura decir la verdad y nada más que la verdad, siendo que sus recuerdos han sido ya solicitados para ser comprobada? —habló el Ministro, dirigiéndose al testigo.

—Lo juro —respondió Neville.

El Ministro miró entonces a Hermione y asintió con la cabeza, dándole a entender que podía proceder. La castaña se levantó y caminó hasta quedar frente a Neville, le dedicó una pequeña sonrisa que él correspondió. Por el rabillo del ojo notó a Rita Skeeter sentada en la parte de asientos reservados para el público en general, contrario a lo usual, la periodista no usaba una pluma a vuelapluma, sino que escribía todo a mano, seguro por su ausencia de varita.

—Señor Longbottom, ¿dónde conoció al acusado? —preguntó Hermione, iniciando así el interrogatorio. No sería difícil, sólo debía cuestionar sobre los hechos.

—En Hogwarts, durante mi último curso.

—El acusado era profesor, ¿cierto?

—Sí, junto con su hermana; él enseñaba Defensa Contra las Artes Oscuras, que se convirtió más en Artes Oscuras, y su hermana era la profesora de Estudios Muggles, que... bueno... era más como Mil y un razones del porqué los muggles merecen morir.

—Objeción —interrumpió el abogado defensor, levantándose, Granger supo de inmediato porqué lo hacía—, ahora sólo se está juzgando al señor Carrow, no a su hermana.

—A lugar —concedió el Ministro, el defensor volvió a sentarse, la pluma de Skeeter se escuchaba rasgando en el pergamino—, señor Longbottom, evite mencionar a Alecto Carrow, por favor —añadió hacia Neville, él asintió.

La idea de juzgar a los hermanos por separado le parecía de lo más inútil, si uno era culpable, el otro igual, seguramente sólo esperaban conseguir menos años en Azkaban para uno de ellos, ella apostaba era para Alecto. Ninguno había participado activamente en la Batalla de Hogwarts y ambos habían estado presente en la Torre de Astronomía la noche que murió Dumbledore, pero ella no había lanzado crucios a Ginny y escupido a McGonagall en el rostro, Amycus sí.

— ¿Cómo era la forma de enseñar del señor Carrow? —retomó Hermione.

—Aterradora, enseñaba las maldiciones imperdonables y hacía que los alumnos mayores las practicaran con los más pequeños, además, si decidías no seguir sus órdenes te torturaba con crucios y cortes de navaja. Esta cicatriz —señaló una larga cicatriz, ahora apenas visible, en su mejilla izquierda—, la obtuve por negarme a lanzar un crucio contra un niño de segundo año.

Hermione se detuvo un momento para mirar al Wizengamont, sólo unos segundos que bastaron para notar los ceños fruncidos y miradas agudas centradas en el acusado, quién tenía los ojos clavados en Neville y sonreía como si le divirtiera todo aquello. La abogada miró al testigo de nuevo.

—Dígame, señor Longbottom, ¿qué hizo cuando se enteró que los Carrow querían matarlo?

—Objeción —interrumpió el defensor por segunda vez—, rumor, especulación, la abogada no puede saber lo que mi cliente quería o no quería.

—La retiro —aceptó la castaña, adelantándose al Ministro—, reformulo la pregunta, ¿qué acciones tomó ante la forma en que el señor Carrow ejercía su... enseñanza?

—Bueno, llegó un momento en que yo me sentí personalmente amenazado por el control de los Carrow en Hogwarts, sólo me quedaba huir del castillo, lo cuál no podía, o esconderme. —Neville miró a los presentes en la sala—. Y enHogwarts siemprese prestaráayuda a quienla pida —dijo, después miró de nuevo a Hermione frente él—, así que me mantuve escondido en la Sala de Menesteres, saliendo para ayudar cuando y a cuantos podía, hasta el día en que Harry Potter apareció y la batalla final pasó.

—Gracias por su testimonio, señor Longbottom, y gracias por luchar por lo que es correcto.

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Poco más y me tardo un año en actualizar, pero noooooo, aquí está ya el nuevo capítulo, muy enfocado en el trabajo de Hermione y no tan dramione, pero ahora sí ya se viene lo bueno, ya se viene el climax de la historia, así que no dejen de seguirla y de comentarme qué les parece.

Gracias por los reviews (leo cada uno con mucho cariño), favs y follows. x

Pd. Me hice un ig para mi mundo en los fics, es @yiriz_fanfics, aún no pongo nada ni estoy muy segura de qué poner, pero igual se los dejo por si quieren seguirme, en las historias comparto cada fanart dramione precioso que me encuentro.