- Buenos días y muchas gracias por habernos invitado hoy –empieza a hablar Peeta. Menos mal que él controla todo esto–. No esperábamos que hubiera tanta gente hoy aquí así que estamos un poco sorprendidos, pero sobretodo agradecidos por esta acogida. Esperamos que entre todos hoy podamos hablar cómodamente, intercambiar ideas y aprender unos de otros –madre mía qué piquito de oro tiene, ¡si hasta parece que tengamos un plan! Ay, ¡cuánto le quiero!–. Muy bien, supongo que antes que nada nos gustaría saber cuánto sabéis de los Juegos del Hambre –me encanta, es que me encanta. Aquí hay adultos pero está claro que el centro de atención son los niños, por eso Peeta ha escogido este enfoque tan didáctico. Si estuviera yo sola esto estaría yendo muy diferente. Un niño de la tercera fila levanta la mano–. Adelante.
- Cogían a niños y se los llevaban para que se mataran entre ellos, solo podía quedar uno –intento calcular su edad pero da igual, porque sea quién sea que hable de muerte será menor de doce años y ya me parece un horror.
- Sí, exacto. Cada año se celebraba lo que se conocía como la Cosecha y de una urna sacaban el nombre de un niño y una niña de entre doce y dieciocho años. Los escogidos se les llamaban tributos y se los obligaba a luchar contra los tributos de los otros distritos.
- ¿No podías negarte? –pregunta una niña.
- Me temo que no –dice Peeta amablemente–. Daba igual quién fueras o lo muy asustado que estuvieras, si sacaban tu nombre tenías que ir –otra niña levanta la mano.
- ¿Qué se siente cuando te escogen? –anda que empiezan suave… ¿cómo se lo explicas a los niños?
- Oh, no se lo deseo a nadie –dice riendo–. Todo ocurre muy deprisa, apenas tienes tiempo de despedirte de tu familia y te vas sabiendo que no vas a volver. Aquí en el doce que te escogieran tributo se entendía como una sentencia de muerte. Llevábamos veinticuatro años sin un vencedor.
- Si ir significaba la muerte ¿por qué te presentaste voluntaria para ir? –me pregunta un niño robusto y con el pelo en punta.
- Porque quería salvar a su hermana bobo –le dice un niño sentado detrás de él.
- No, es una buena pregunta –salgo en su ayuda. Es normal que no todos conozcan la historia, por eso mismo estamos hablando de esto ahora–. En algunos distritos los niños se entrenaban para participar en los juegos porque lo consideraban un gran honor, por eso era común que hubiera muchos voluntarios. Pero como ha dicho Peeta aquí esto no pasaba, nadie quería ir para morir en televisión… yo me presenté voluntaria para salvar a mi hermana, Primrose Everdeen –se me hace raro decir su nombre delante de tanta gente pero intento seguir adelante–. Prim era una niña muy dulce e inteligente, pero era incapaz de hacer daño a nadie. A penas tenía doce años cuando salió su nombre, tenía la misma edad que algunos de vosotros –intento hacerles ver lo jóvenes que eran algunos tributos y lo cruel que fue–. Me presenté voluntaria para reemplazarla y salvarle la vida. Yo tenía dieciséis –se hace el silencio. Todo el mundo me mira.
- Fuiste muy valiente –me dice un niño de la primera fila.
- Gracias. La quería mucho y hubiera hecho cualquier cosa por ella.
- ¿Tú también te presentaste voluntario? –le preguntan a Peeta.
- Oh, no, yo no soy tan valiente como ella –dice para hacerme un cumplido pero le miro con reproche. Peeta es muy, pero que muy valiente. No sabrá cazarte una ardilla, pero se enfrontará a toda una audiencia y al mismísimo Capitolio si es preciso–. Mi nombre salió de la urna.
- ¿Tenías hermanos?
- Sí, eran mayores que yo, aunque uno de ellos ya no estaba en la edad de ser elegido.
- ¿Y el otro no se presentó voluntario por ti? –anda, creo que hemos dado con lo que él ha llamado "un tema escabroso". Miro a Peeta con cautela y tratando de no reírme (no por el hecho en sí, sino por la situación). Lo miro con unos ojos que recuerdan sus palabras "los niños dicen cosas extrañas".
- No, no lo hizo y no le culpo. Como hemos dicho antes en el doce nadie se ofrecía voluntario por nadie. Aunque fuera tu mejor amigo o incluso de tu familia. Katniss fue la excepción, por eso su gesto tuvo tanto mérito –y me mira con una sonrisa pero yo no se la devuelvo, me da rabia que haya vuelto a elogiarme cuando él se presentó voluntario por Haymitch para el Vasallaje. Estoy a punto de decirlo cuando me preocupa que comentarlo pueda hacer perder el hilo a los niños. La explicación sigue adelante.
Empezamos a contarlo todo desde que te subes al tren hasta que te meten en la lanzadera. Se trata de cosas que no se veían en la televisión y que pueden interesar también a los adultos (de hechos, algunas de las preguntas las están haciendo ellos). Cosas como las características del campo de entrenamiento, la tarea del equipo de preparación, los campos de fuerza en las ventanas y los avox, los acusados de traición a los que les cortaban la lengua y luego les obligaban a servir como criados. Muchos no conocían de su existencia pero yo creo que es necesario que los conozcan, para que nunca más haya un avox. Aún recuerdo a Darius… Cuando la situación se pone tensa Peeta me sugiere que cuente lo que hice en mi prueba individual para los jueces, una anécdota que siempre triunfa, la cuente cuando la cuente. Cuando saben que ensarté la manzana que tenía el cerdo en la boca en el festín de los jueces, el gimnasio se llena de risas y aplausos.
- Sí, en perspectiva hace gracia, pero en ese momento estaba aterrada, creí que vendrían a por mí en cualquier momento.
Veo que tienen éxito las cosas divertidas así que intento centrarme en este tipo de anécdotas, como cuando nos hicimos prometer que nos arrancaríamos las capas el uno al otro si el fuego se descontrolaba durante la presentación en la plaza. Cuando cuento todo esto lo hago mirando a Dandelion, porque lo hago por ella y porque está tan radiante y contenta que no puedo dejar de mirarla. Pero las anécdotas se terminan y lo niños no tienen ningún tipo de pudor en preguntar:
- ¿Qué se siente al matar a una persona? –está claro que ya hemos dejado las bromas atrás.
De repente siento que su silencio me acusa, soy una asesina y todos lo saben. Mis hijos incluidos. No conozco la vida de los demás pero estoy casi segura que los únicos asesinos aquí somos Peeta, Haymitch y yo. Me siento tremendamente pequeña y expuesta.
- Pierdes una parte de ti, ya nunca vuelves a ser el mismo –dice Peeta al cabo de unos segundos porque ha tenido que meditar qué decir. El niño que lo ha preguntado no parece convencido.
- Esa persona se te mete dentro y ya nunca te deja –añado. Estamos en silencio, quizás durante demasiado rato. No podemos explicarlo mejor.
- ¿Alguna otra pregunta? –dice Peeta para intentar quitarse esto de encima.
- ¿Cómo perdiste la pierna?
Siguen con sus preguntas y yo empiezo a marearme porque estamos dando muchos detalles. Los niños preguntan lo que quieren, da igual que sea apropiado o no: incluso me preguntan sin ningún tipo de pudor por qué mataron a mi hermana. Justo cuando siento que todo esto se está desmadrando alguien pregunta por el arco. No podría estar más contenta de llevarlo conmigo porque eso me da una excusa para sacarlo de la funda y explicar cuatro cosas sobre él (es un tema mucho más cómodo la verdad). Se decide que haga una demostración, así que antes de que pueda darme cuenta ya estamos todos en el patio. Me alegra porque esto es lo que me separa de terminar este día tan horrible, así que estoy ansiosa por disparar lo que sea y poder irme a casa ya.
- ¿Qué utilizamos de diana? –me pregunta la directora.
- ¿Me pongo una manzana en la cabeza o algo? –primero creo que Peeta lo dice en broma pero cuando veo en su mirada que lo dice enserio suelto un grito.
- ¿Estás loco? ¿Y si fallo?
- ¿Tú? ¡Qué vas a fallar! –no tiene miedo y eso me aterra.
- Ni hablar, además ¿qué pasa si los niños empiezan a utilizarse mutuamente de diana? –todo en esta situación me parece absurdo y peligroso.
Al final se acuerda que un árbol endeble sea mi diana. Nos aseguramos que todo el mundo quede detrás de mí y disparo. Doy en el blanco muy fácilmente y todos empiezan a aplaudir. Piden más, así que me pongo todo lo lejos que puedo y doy en el mismo punto en que clavé la primera flecha. El público enloquece. Espero que esto sea suficiente pero no lo es, porque Peeta termina lanzándome cosas y yo disparando hacia ellas. Ya por fin se da por concluida la sesión y menos mal porque yo ya me estaba planteando seriamente dispararme en el pie o algo para poder irme antes.
He sido un poco ingenua al pensar que esto terminaría con la demostración con el arco porque a continuación han preparado un pequeño refrigerio para todos (han tenido que preparar más comida por los invitados inesperados), y niños y adultos aprovechan para venir a hablar con nosotros de primera mano. Dandelion está como loca revoloteando a mi lado enseñando sus fotografías que se convierten en un éxito rotundo. Peeta se ha subido a Josh a los hombros porque no dejaba de pedir que lo cogiera y ahora está tan cómodamente sentado abrazando su cabeza, mientras un grupo de padres trata de convencerme para que haga una especie de taller para que los niños conozcan el bosque y la naturaleza. Me sorprende con qué facilidad todos están dispuestos a dejar sus hijos conmigo, a pesar de saber de sobra que soy una asesina. Aunque bueno, bien visto yo le he dejado mis hijos a Haymtich que es un borracho, así que… les digo que me lo pensaré para huir de tal responsabilidad.
Durante años vivimos en silencio, nadie se atrevía a decirnos nada porque sabían perfectamente por lo que habíamos pasado. Su forma de respetarnos era mantener la distancio con nosotros y ayudarnos si alguna vez creían que necesitábamos algo, pero nuestra relación nunca fue más allá. Con Dandelion, Josh y la panadería empezamos a interactuar más con el Distrito, pero ese acuerdo tácito seguía en pie; nadie sacaba el tema por más ganas que tuviera de hablar de ello. Ahora me doy cuenta de todas las cosas que les hubiera gustado decirnos como que estuvieron en el Quemador el día que se hizo la colecta para promocionarnos en los primeros juegos. Hay un joven que casi me hace llorar cuando me explica cómo perdió a su hermano pequeño durante la guerra y nos da su más sincero pésame por Prim y por los hermanos de Peeta.
- ¿Y cómo están los otros tributos? ¿Aún mantenéis el contacto? –pregunta interesado uno de los profesores.
- Con algunos sí y están muy bien –digo para tratar de que no sigan por ese camino.
Si antes ya éramos una atracción de feria, ahora somos unas especies aún más extrañas y exóticas porque ya no se eligen nuevos tributos y los pocos que habíamos fuimos asesinados hasta quedar reducidos a la ridícula cantidad de siete.
- ¿Y Gale? ¿Se sabe algo de él? –lo tienen en gran estima porque los pocos supervivientes que volvieron al doce pudieron lograrlo precisamente porque Gale los ayudó.
Su nombre es el único que no pertenece a un tributo y que está incluido en una de las placas conmemorativas que hay en un pequeño espacio construido en la plaza. Hay tres placas: la primera es en recuerdo a la masacre al que se sometió el Distrito 12 con los bombardeos del Capitolio y es en esta placa donde figura el nombre de Gale como responsable de la supervivencia de los pocos que pudieron escapar. Luego hay otra con la lista de todos y cada uno de los nombres de todos los tributos que fueron enviados a los juegos con sus respectivos años. Esta placa tiene marcada con una estrellita los nombres de los vencedores y es curioso porque el nombre de Peeta y mío salen dos veces (para los juegos 74 y 75) y nuestros nombres tienen la estrellita dos veces también. Esta placa me impactó mucho cuando la vi porque poner los nombres de esos niños brutalmente asesinados los hace más reales, más tangibles. También me impactó ver una estrellita en un nombre que no había oído jamás, pero allí estaba, el primer tributo vencedor que tuvo nunca el Distrito 12, una chica de la que no hay información ninguna. Cuando le pregunté a Haymitch si ella había sido su mentora me respondió que no, que nunca la había visto. Me pregunto qué fue de su vida, qué le pasó, cómo fueron sus juegos... es todo un misterio. Y finalmente hay una tercera placa con mi nombre en grande y el dibujo de mi símbolo bajo el título de "Distrito 12. Hogar del Sinsajo". Me dolió un poco ver mi nombre ahí solo teniendo en cuenta que sin la ayuda de personas como Tresh, Cinna, Finnick… por no hablar de Peeta y Haymitch por supuesto, nada de esto hubiera sido posible. Pero bueno, hay algo de cómico en todo esto: me están utilizando como reclamo turístico y eso es absurdamente demencial.
- Oh, Gale está muy bien, pero por desgracia acabamos perdiendo el contacto –respondo amigablemente aunque no tengo ni la más remota idea de qué ha sido de él.
Bueno, miento. Mi madre me puso al tanto de su situación hace un par de años cuando le nació su tercer hijo: vive bien en el Distrito 2 y tiene una familia y un trabajo estupendos. A veces me pregunto si no podríamos encontrarnos de nuevo ahora que cada uno ha rehecho su vida, pero cada vez que me imagino marcando su número me vengo abajo. Me duele haber perdido nuestra amistad, pero el dolor es demasiado fuerte como para que haga algo al respecto.
El buen hombre asiente como diciendo "sí, estas cosas pasan" y por fin nos dan un respiro. Peeta va pasando comida a Josh que sigue sentado en sus hombros y yo me esfuerzo en comer un pequeño bocadillo porque creo que si no lo hago voy a terminar por desmallarme.
Por fin el día termina y aunque aún se está en horario escolar, dan permiso para que los alumnos vayan más pronto a sus casas, lo que hace que tanto Peeta como yo ganemos muchos puntos a ojos de los estudiantes (no solo los hemos librado de las tediosas clases de la mañana sino que, además, ¡les hemos conseguido la tarde libre!). Cuando por fin logramos llegar a casa estoy exhausta y tengo que sentarme unos momentos en el sofá para digerir todo lo que ha pasado. No ha ido especialmente mal, pero sí ha conseguido absorberme todas mis fuerzas. Nos esperan unas noches plagadas de pesadillas pero me consuela saber que al menos ya me he quitado esto de encima.
.
.
.
.
**Nota autora: ¡Hola! Me ha gustado imaginarme su futuro: las placas en la plaza, padres que le piden a Katniss que haga talleres en el bosque… creo que son cosas factibles. ¿Qué otras cosas os imagináis que pueden pasar en el futuro del Distrito 12? Próximo capítulo "Vacío". ¡Gracias por seguir leyendo!
