El primer día. Tobias.

Le ardía la cara. Notaba las piedras ardientes bajo el lado izquierdo de su rostro y el sol quemándole el otro lado. Podía sentir la sangre manando de las múltiples laceraciones y deslizarse por su piel. Pero el dolor más intenso provenía de su espalda. Le costaba horrores respirar. Con gran esfuerzo abrió los ojos y vio que, a pesar de sus esfuerzos había salido despedido a unos tres metros del helicóptero. Oía los gritos y gemidos de los supervivientes, entre ellos un médico de la 10ª de Montaña que se había quedado atrapado entre el metal retorcido y varios cuerpos. Con un esfuerzo sobrehumano Tom se levantó renqueante y se dirigió hacia los restos del aparato derribado. El copiloto estaba muerto, o eso creía, y el artillero de babor lo estaba con absoluta certeza, puesto que la mitad superior del casco y la cabeza que supuestamente protegía habían desaparecido. No podía ver al piloto desde donde estaba. En cuanto llegó al portón arrastró uno de los cuerpos y lo arrastró uno o dos metros fuera del helicóptero. Volvió a dirigirse al portón para sacar otro de los cuerpos cuando una bala de AK impactó justo a su lado. Tom se giró con el arma preparada, vio a un talibán lidiando con un rifle atascado y le descerrajó tres tiros en el pecho. Acto seguido arrastró el segundo cuerpo fuera del helicóptero y el médico pudo liberarse. Parecía estar relativamente bien, dadas las circunstancias. -¡Lando! ¡Lando! -Gritó Tom. Vio una mano alzarse con esfuerzo de entre los restos humanos. Su amigo seguía con vida, al igual que varios soldados más. Tenían que sacarlos de allí antes de que el aparato se incendiara y los quemara vivos. El médico empezó a arrastrar a los supervivientes fuera del blackhawk y Tom hacía lo propio con los cadáveres. Cuando vio a su amigo empezó a arrastrarlo hacia afuera soltando un tremendo grito por el dolor y la desesperación y en ese momento un segundo latigazo le recorrió la espalda. El intenso dolor le cortó la respiración en seco y en pocos segundos perdió nuevamente el conocimiento.

Abrió los ojos sobresaltado. "Maldito sueño", pensó. Al igual que el día anterior el sol no había aparecido sobre el horizonte cuando se despertó, aunque ya empezaba a clarear. Las luces de la calle y de las instalaciones de Nublar todavía permanecían encendidas. Se giró en la cama e intentó dormir un rato más, puesto que no eran ni las cinco de la mañana. Con algo de esfuerzo consiguió cerrar los ojos y descansar poco más de media hora. Volvió a abrir los ojos y permaneció tumbado mirando al techo durante otro minuto, hasta que sonó el despertador. Tom lo apagó y se desperezó. Lo primero de todo una ducha. Le gustaba darse una ducha bien fría por la mañana para terminar de despertarse, y más con el bochorno que hacía en Centroamérica. En cuanto terminó de ducharse extendió una toalla blanca sobre la mesa del salón y una a una fue desmontando, limpiando y volviendo a ensamblar sus pistolas. Siempre debían estar a punto. En cuanto hubo terminado recogió sus armas y la toalla y lo guardó todo en un arcón de policarbonato que había en lo que sería su despacho. Seguidamente fue a la cocina, preparó una jarra de café y envió un mensaje a Matt. Hoy le tocaba a él ser el invitado. Mientras se iba haciendo el café revisó el informe que había redactado la noche anterior y en cuanto se hubo asegurado de que estaba todo correcto se lo envió por email a Masrani. No tenía claro sobre quién recaería la tarea, si Hoskins o el comandante costarricense, pero independientemente de a quién le cayera el muerto le esperaba un buen montón de trabajo para solventar todas las brechas y errores de seguridad que su amigo y él habían detectado la tarde anterior durante el "simulacro" y otro montón más de trabajo hasta conseguir que la seguridad fuera casi impenetrable. Alguien llamó a la puerta. -Tom, ¿estás visible, mariquita? -Era Matt. Tom abrió la puerta y le señaló la mesa de la cocina donde había dos tazas vacías. El piloto de la cafetera se apagó y Tom sirvió el café. Ambos dieron un par de sorbos y entonces Tom inició la conversación matutina. ¿Qué tienes pensado para hoy, pequeño hermano?

-Presentarme en la base del SWAT, conocer las instalaciones, presentarme oficialmente al personal, … ¿Tú?
-Visitar la oficina del SRU, presentarme a mi personal y empezar a cribar a los posibles candidatos para la unidad. Un poco como tú. Además, he de solicitar un vehículo para no depender siempre de ti y de tu Silverado.
-A mí no me importa.
-Ya lo sé, pero operativamente hablando no es eficaz ni eficiente.
-En eso tienes razón. Sólo un detalle sin importancia, Tom, no pidas un Mustang.
-¿Por qué no? Con lo práctico que es en esta isla. Ahora me has quitado la ilusión de vivir. -Dijo Tom con una gran sonrisa. Matt no pudo evitar reírse con el comentario. -Tenía pensado solicitar un Wrangler o una pickup. Ya veremos qué pueden ofrecerme. ¿Quién se encarga de ese tipo de solicitudes, por cierto, Matt?
-No tengo ni la más remota idea. -Respondió Matt, negando con la cabeza. Tom se encogió de hombros.
-Preguntaré en recepción. ¿Ya has enviado tu informe a Masrani?
-Estaba en ello cuando me has enviado el mensaje para el café. ¿Tú?
-Sí, mientras se hacía el café. No sé a quién le va a tocar pero le va a caer un buen marrón.
-Y una buena bronca. -Añadió Matt.
-Sí, eso también.

Cuando terminaron de desayunar Matt volvió a su apartamento para recoger su equipo y las llaves de su camioneta. Por su parte, Tom terminó de vestirse, se enfundó su Para del .45 en la funda y ocultó el arma bajo la camisa. Se encontraron en el pasillo y bajaron juntos. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron Tom se dirigió de inmediato hacia la recepción donde, como empezaba a ser costumbre, se encontraba Andy, siempre solícito para lo que fuera menester. -Buenos días, Andy. -Dijo Tom.
-Buenos días, señor Hard… Tom. ¿En qué puedo ayudarle esta mañana?
-Necesito un vehículo para moverme libremente por la isla, ¿con quién he de hablar al respecto?
-Dadas sus funciones, le sugeriría que hable directamente con alguno de sus superiores puesto que imagino necesitará un vehículo adaptado a sus necesidades. No obstante, puedo ofrecerle alguna opción temporal mientras tanto. -Dijo Andy mientras sacaba un minúsculo catálogo de vehículos disponibles para los empleados que pudieran necesitarlo. Casi todos eran utilitarios, por lo que Tom dedujo que la mayoría de empleados se desplazaban a sus correspondientes puestos usando la red de caminos pavimentados y, si debían desplazarse a zonas menos accesibles disponían de todoterrenos de uso exclusivamente profesional. Además, el parque también contaba con un servicio de transporte público para los trabajadores, algo que Masrani fomentaba con gran interés a fin de reducir al mínimo la contaminación en la isla, de ahí que el catálogo no fuera más que un folleto con una docena de opciones, casi todas ellas vehículos eléctricos. Tom le echó un vistazo rápido y decidió que por un par de días no le importaba conducir un coche híbrido, hasta que le proporcionaran un vehículo más adaptado al uso que iba a necesitar darle. -Creo que me llevaré éste para ir moviéndome hasta entonces. -Dijo Tom señalando una foto en el catálogo.
-Excelente elección, señor. Prepararé la documentación de inmediato.
-Muchas gracias, Andy. No me esperes, Matt, tengo algunas cosas que hacer antes de ir a la central. Nos vemos allí, ¿de acuerdo?
-Claro. Sin problema. Hasta luego, Andy. -Se despidió Matt.

De camino a la zona de recreo de los visitantes Tom vio un par de vehículos de los rangers y unos operarios que estaban terminando de reparar una sección del vallado que daba al Sector 4. Al parecer una rama de un árbol próximo se había partido y había provocado algunos daños. Tom detuvo su vehículo junto a uno de los 4x4 de los rangers y bajó la ventanilla. -Buenos días.- Dijo. El ranger más próximo se giró al oírle y se dirigió hacia él.
-Buenos días, ¿puedo ayudarle en algo, señor?
-No, sólo me preguntaba si podía echarles una mano con esa valla, trabajé en un rancho durante algunos años, así que sé un poco del tema.
-No será necesario, señor, ya está solucionado y asegurado, pero gracias igualmente. Usted es nuevo, ¿verdad?
-Sí, hoy es mi primer, bueno, mi segundo día. Llegué este domingo por la tarde y ayer tuve reunión con los jefazos. Hoy me incorporo a mi puesto. Me llamo Tom, por cierto.
-Jerry. Encantado, Tom. -Dijo el guardabosques tendiéndole la mano a través de la ventanilla. Tom le correspondió con un fuerte apretón. En ese momento, al otro lado de la valla, apareció un dinosaurio de entre los matorrales. Todos los rangers se pusieron en guardia ante la aparición del animal pero se relajaron un poco al ver de qué especie era. -Si todavía no ha visto un dinosaurio, Tom, es su día de suerte. -Dijo el ranger. -Ese amiguito de allí es un Archeonitomimo. -añadió sonriendo el guardabosques.
"Así que eso es un archechino… un archetomino... un archeotimo… el bicho de nombre impronunciable. Qué feo es." Pensó Tom -Parece un animalito muy curioso, aunque si fuera él no me confiaría tanto. Ese de ahí no es mal sitio para una emboscada, tiene el vallado enfrente y está rodeado por vegetación espesa. Lo tendría difícil para escapar de un ataque sorpresa.
-No creo que suceda, no hay depredadores en este sector. -Como si una divinidad con un retorcido sentido del humor hubiera escuchado a Jerry, de entre los mismos matorrales por los que había aparecido el "pequeño" dinosaurio apareció un Carnotaurus que, de un bocado, atrapó al dinosaurio con aspecto de avestruz, el cual intentó escapar sin éxito, tal como había comentado Tom. -¡JODER! ¡Tenemos un código 3! ¡Tenemos un código 3! ¡Depredador en Sector 4! ¡Avisad a la central!- Gritó el ranger en cuanto el Carnotauro hizo acto de presencia. Mientras otro de los rangers corría hacia su vehículo para dar el aviso por radio Tom se apeó de su coche mientras preguntaba a Jerry -¿Tiene algún rifle tranquilizante a mano? -El carnívoro rugió con furia hacia el lado de la valla en que se encontraban Tom y los guardabosques mientras pateaba el suelo, como si temiera que "esos pequeños intrusos" intentaran arrebatarle su presa. Jerry, corrió hacia el maletero del 4x4 más próximo y de una maleta estanca sacó un reluciente rifle G2 y una pequeña caja que contenía media docena de dardos. Tom cogió el rifle y dos dardos, introdujo rápidamente uno de los dardos en la recámara del rifle, montó, apuntó y disparó al depredador, que volvió a rugir. Antes de que el primer dardo hubiera alcanzado su objetivo Tom disparaba el segundo. Ambos dardos impactaron justo detrás de la cabeza del animal, cerca de la articulación de la mandíbula. El Carnotauro rugió nuevamente, se dio la vuelta y empezó a adentrarse en la espesura, tambaleándose por el efecto de los sedantes.
-¿Cuánto tardan los narcóticos en hacer efecto? -Preguntó Tom a Jerry.
-Unos diez minutos.
-Quiero pensar que esos bichos llevan un rastreador.
-Por supuesto. Dos disparos cojonudos, por cierto. Creo que hemos formado un buen equipo hoy, Tom.
-Creo que sí, Jerry, pero no me apetece repetir esta experiencia a corto plazo. -Durante unos segundos nadie dijo nada y entonces Tom empezó a reírse.

Tom se estaba tomando un café en una de las terrazas de la zona de visitantes, ojeando un folleto del parque, cuando oyó gritos. Se giró hacia el jaleo y vio a dos agentes de la policía de Nublar persiguiendo a un tercero. Tom empezó a llevar su mano hacia la Para que llevaba oculta a la espalda por si tenía que intervenir. El perseguido, un negro del tamaño de un armario empotrado, se giró levantando un arma y Tom reaccionó al instante, pero antes de que hubiera terminado de levantarse de su silla y desenfundar uno de los agentes desenfundó su arma y disparó un certero tiro en el hombro del negro, que cayó a plomo frente a Tom, así que decidió volver a sentarse y seguir con su café, mientras contemplaba la escena que se estaba desarrollando frente a él. El agente, un tipo alto y rubio, y su compañero siguieron encañonando al sospechoso (de sospechoso no tenía nada, pensaba Tom). En cuanto estuvieron junto al tipo, el agente alto y rubio lo puso bocabajo con un rápido y preciso movimiento y lo esposó en menos de un segundo mientras su compañero, apuntando todavía al sospechoso con una mano, accionaba su radio con la otra para solicitar una ambulancia. Tom no perdió detalle en ningún momento y el agente alto y rubio se percató de ello. -¿Hay algún problema, señor? -Dijo el agente, claramente molesto. Alrededor de ellos se había acumulado un gentío, todos ellos móvil en mano grabando y tomando fotos.
-Ninguno en absoluto, agente. -Respondió Tom. El compañero del agente rubio tuvo que abrir paso a la ambulancia casi a empujones, junto con otros dos agentes que habían llegado para reforzar y asegurar el escenario del incidente. Los enfermeros atendieron al sospechoso y lo subieron a la ambulancia. El agente rubio también se montó en ella como medida de seguridad y su compañero los escoltó en su vehículo hasta el hospital. En cuanto la ambulancia y el coche patrulla se alejaron, Tom se levantó y se dirigió a su propio coche. Estaba empezando a nublarse. Hora de ir a la central y presentarse a los que iban a ser sus nuevos compañeros. Antes de encaminarse a su coche Tom se acercó a uno de los turistas que habían estado grabando la escena del tiroteo y se identificó mostrando sus credenciales. -Disculpe, ¿podría dejarme su teléfono un momento? Es para el informe. -Mintió. El turista, algo nervioso por la situación que estaba viviendo en esos momentos, accedió sin oponerse lo más mínimo.
-Claro, por supuesto.

El agente Tobias Magnus Ragnarsen se había asegurado de que su sospechoso estaba bien custodiado y no podría escapar del hospital. Estaba terminando el informe de la detención cuando le llamó su inmediato superior. Le ordenó presentarse en el despacho de uno de los jefazos en cuanto terminara con el papeleo a lo que Tobias no pudo más que gruñir con desgana y cierta rabia. Sabía que tantos imbéciles con móvil grabándolo todo acabarían acarreándole problemas. En cuanto hubo presentado su informe a su jefe se estiró bien el uniforme para eliminar las arrugas y se encaminó a la planta superior que, por lo visto, estaban remodelando. Una agente del SWAT que estaba allí le indicó que esperase dentro del despacho. Tobias estaba echando un vistazo a la habitación cuando alguien entró. Se giró de inmediato y en cuanto vio quién era no pudo evitar exclamar -¡¿Usted?!

-Agente Ragnarsen, muchas gracias por venir. -Dijo Tom. Ragnarsen era verdaderamente alto. Más que Matt, incluso -Disculpe el desorden. -refiriéndose a la pila de expedientes que había sobre su mesa, porque aparte de eso y los muebles no había nada más en el despacho. -Por favor, tome asiento. -Dijo señalando una de las sillas.
-Prefiero permanecer de pie, señor. -Respondió Tobias. Tom se encogió de hombros.
-Como prefiera, agente Ragnarsen. Imagino que intuye porqué le he pedido que viniera.
-Por el incidente de esta mañana, señor.
-Así es, al menos en parte.
-¿A qué se refiere, señor?
-No le he hecho venir para reprenderle ni echarle ninguna bronca. -Tobias se sentía confundido. -Ese modo de desenfundar y disparar, agente Ragnarsen, no es algo que uno aprenda en la academia de policía del barrio, así que me he tomado la libertad de hacer algunas averiguaciones. Tobias Magnus Ragnarsen, -continuó Tom -se alistó en la Academia General del Ejército Noruego a los 18. Segundo de su promoción. Superó con éxito las pruebas de selección, capacitación y formación del FSK nada más salir de la Academia, ascenso incluido, algo poco común. Se especializó en inteligencia, contrainteligencia, comunicaciones,… y aunque, dadas sus especializaciones, podría haberse dedicado a un cómodo trabajo de oficina prefirió el combate: Afganistán, Irak, Nigeria y otros tantos "lugares exóticos". Una carrera brillante y, de pronto, tras su último despliegue en Afganistán y a falta de pocos meses para ser ascendido a capitán, decidió abandonar el FSK para ser policía en Oslo, donde, nada más salir de la academia de policía, y debido a su pasado y experiencia militar, le reclutaron para infiltrarse en los bajos fondos y desarticular una nada amistosa red de narcotráfico. Una vez completó su "misión", su carrera dentro de la policía despegó, como anteriormente lo hizo su carrera militar. Narcóticos, homicidios, ascendido a inspector en tiempo récord, más de doscientos casos cerrados. Y, de pronto, otra vez, cuando estaba en lo más alto, lo dejó… y ahora está aquí, como un patrullero más.
-Sin duda ha hecho bien sus deberes, señor.
-Eso intento siempre, Agente Ragnarsen. Casado; dos hijos: Ivar y Anna…
-Una hija, señor.
-¿Cómo dice, agente Ragnarsen?
-Sólo tengo una hija, señor.
-Según su expediente tiene dos…
-Mi hijo murió, señor. -Sentenció Tobias con la voz quebrada aunque manteniendo la compostura. Tom se quedó mudo, en shock. Tras varios segundos de silencio Tom habló por fin.
-Lamento mucho su perdida, agente Ragnarsen, desconocía ese detalle.
-No se preocupe, señor. Tampoco estoy casado. Ya no, al menos.
-Pero tampoco está divorciado. ¿Se está tramitando?
-No, señor.
-Entonces, a efectos legales, sigue casado, aunque esté separado de facto. En su expediente se menciona muy de pasada cierto tratamiento que, si bien no se especifica y la referencia que se hace a él es muy vaga, intuyo fue de desintoxicación. Si me permite voy a especular, y, sintiéndolo mucho, puede que sea frío y duro. Si me equivoco no dude en corregirme. Imagino que cuando su hijo murió su sufrimiento debió ser tal que no consiguió evitar recurrir a alguna sustancia tóxica para intentar aliviar el dolor, algo totalmente comprensible aunque no justificable, lo que acabó derivando en problemas conyugales y laborales. E imagino que, en base a su gran carrera policial y dadas sus excepcionales circunstancias personales, sus superiores, en vez de expulsarle de la Policía, eligieron ofrecerle una excedencia y futura reincorporación con la condición de que se sometiera al tratamiento al que se hace mención en su expediente. -Durante unos segundos nadie habló.
-Llevo casi dos años sobrio, señor. -De nuevo silencio.
-Agente Ragnarsen, lo que le pasó a su hijo fue una grandísima putada. Si le hubiera pasado a un hijo mío seguramente me habría volado la cabeza. Ningún padre debería sobrevivir a su hijo y menos a una edad tan temprana. Y no voy a ser yo el imbécil que le diga que "su hijo ahora está en un lugar mejor", que "Dios le ha puesto a prueba" o que "es una prueba más del Universo para alcanzar la plenitud de no sé qué historias". Todo eso no son más que chorradas, gilipolleces de tres al cuarto que sueltan quienes no han pasado por una experiencia más traumática que la de perder las fotos del Instagram. ¿Qué me dice de Anna? ¿Suele verla con asiduidad?
-Sólo por Skype, señor. Desde que empecé con mi "problema" su madre no deja que me acerque.
-Lleva casi dos años sobrio, según me acaba de comentar. Digo yo que debería…
-Sigue sin fiarse, señor, y no la culpo.
-Del mismo modo que un padre no debería sobrevivir a un hijo un padre tampoco debería estar tanto tiempo sin ver a un hijo en persona. En cualquier caso, y sintiéndolo mucho, nos estamos desviando del tema que nos ha traído a esta pequeña reunión. Le seré sincero, agente Ragnarsen, he visto su desempeño de primera mano, he leído su expediente y, en base a todo ello, me gustaría reclutarle para la SRU. Me gustaría que trabajara conmigo.
-Querrá decir para usted, señor.
-Agente Ragnarsen, como descubrirá soy una persona con múltiples defectos, tiendo a cagarla más veces de las que desearía y a menudo digo cosas que no debería, pero cuando trabajo cuido muy bien las palabras que utilizo y siempre digo exactamente lo que quiero decir.
-Señor, con el debido respeto, no soy más que un patrullero y, aunque aceptara el puesto usted seguiría siendo mi superior.
-De cara a la burocracia y la jerarquía establecida, sí, usted sería mi subordinado, pero entre nosotros le trataré como a un igual. En cuanto a lo de patrullero, yo me encargo. Entonces, ¿qué me dice, agente Ragnarsen? ¿Acepta? No me obligue a ponerme de rodillas como si le estuviera proponiendo matrimonio. -Añadió Tom, con una sonrisa. Tobias no pudo evitar sonreir con el comentario, y tras meditarlo algunos instantes finalmente respondió.
-Acepto, señor.
-¡Excelente, agente Ragnarsen! Bienvenido a la SRU. Quítese el uniforme y vístase de civil. Y a partir de ahora deje de llamarme señor.
-¿Cómo debo dirigirme a usted, entonces?
-Llámeme Tom, y tutéeme. Por mi parte, y si no le importa yo me dirigiré a usted como…
-Ni se le ocurra llamarme Tobby. -Puntualizó Tobias con una sonrisa.
-Iba a decir "Tobias". -Respondió Tom con una sonrisa aún más grande.
-¿Y de cara a la galería como me dirijo a usted, si no puedo llamarle "señor"?
-Usted decide, Tobias.
-Jefe. Te llamaré jefe.
-Me parece bien. Ve a quitarte ese uniforme y vuelve cuando estés listo. Te presentaré a los otros en cuanto vuelvas. Y después iremos a interrogar a alguien.
-Recibido, Tom. Respecto a lo de patrullero y tal, jefe…
-Dame treinta minutos.


-¿Qué tal ha ido la inspección de la mañana, Tom? Me han dicho que le has disparado dos veces a un Carnotauro. -Dijo Matt.
-No me lo he cargado, si es lo que le preocupa a Masrani o a Dearing. Básicamente porque sólo tenía dardos tranquilizantes. Por cierto, ¿de dónde salió? Se supone que en el Sector 4 no hay depredadores, según me ha dicho Jerry.
-¿Quién es Jerry? -Preguntó Matt.
-Uno de los rangers que estaba allí cuando lo del Carnotauro y con el que he hablado. -Matt asintió con la cabeza.
-Según parece consiguió escapar del Sector 5 por un portón que alguien dejó abierto accidentalmente.
-Pues el animalito la lio bien. Se cargó un archeo… uno de esos de nombre impronunciable.
-¿Un archeonitomimo? -Preguntó Matt con una sonrisa.
-Sí uno de esos. ¿Cómo puedes pronunciar eso con tanta facilidad? Para mí es un puto trabalenguas. Parezco un borracho intentando pronunciar eso. -Dijo Tom, molesto. Matt se rió. -Sí, tú encima ríete.
-No es tan difícil de pronunciar, Tom. Sólo te falta práctica.
-Práctica mis cojones. -Matt soltó una gran risotada.
-¿Y qué te ha parecido el dinosaurio?
-¿Qué quieres que te diga, Mattie? En el avión me habías puesto las expectativas muy altas y cuando me he encontrado con el bichejo resulta que es un proyecto de avestruz feo y subnormal. Con razón le pusieron ese nombre. Seguro que quién lo descubrió le pilló ojeriza al instante. Esperaría encontrar algún fósil de Tiranosaurio o de algún otro super-depredador y, en vez de eso, se encontró con el pavo de Acción de Gracias. Apostaría mi huevo izquierdo a que pilló un cabreo monumental y le puso ese nombre por pura rabia. -Tom iba lanzado con su retahíla de improperios en contra del dinosaurio y Matt ya lloraba de la risa ante tal despliegue.
-Sabía que te gustaría ese dinosaurio, Tom. -Respondió Matt riéndo. Yamoto, que estaba entrando cuando habían empezado a hablar el dinosaurio, no había podido evitar escuchar a Tom y se unió a las risas de Matt. Al final, hasta Tom se reía. -Por cierto, ¿ya has empezado con la selección de tu equipo? -Preguntó Matt. En ese momento apareció Tobias.
-De hecho ya tengo a uno. -Respondió Tom señalando a Ragnarsen. -Tobias, te presento a Matt y a Yamoto, dos de los operadores de nuestro SWAT. Con Matt he trabajado en no pocas ocasiones y puedo dar fe de que ese de lo mejor. A Yamoto lo conocí ayer, pero si Matt dice que es de los buenos es que lo es. Matt, Yamoto, os presento a Tobias Ragnarsen, el primer integrante del equipo de investigación de la SRU, si no me cuento a mí mismo. -Se estrecharon manos e intercambiaron saludos. -Tobías es un ex-miembro del FSK noruego así que se puede decir que es de los "nuestros".
-Mucho gusto. -Dijo Tobías al presentarse a los dos integrantes del SWAT. -¿Qué problema hay con el archeonitomimo? -Añadió, ya que había oído parte de la conversación al entrar. Tom lo miró con cierta rabia.
-El que faltaba. -Finalizó Tom.

Tom y Tobías subieron al Toyota aparcado en el garaje subterráneo que Andy le había proporcionado al capitán de la SRU, un CH-R híbrido, algo que sorprendió a Tobías, pues de un americano esperaba que tendría un todoterreno grande o una pick-up. Tom se percató de ello. -Es un arreglo temporal, hasta que me proporcionen un vehículo adaptado a mis necesidades. En cuanto volvamos cumplimenta y presenta el formulario para que te proporcionen uno a ti también. Con suerte en una semana dispondremos de un transporte más adecuado para movernos libremente por cualquier parte de la isla.
-De acuerdo, Tom. ¿He de solicitar alguno en concreto?
-El que se adapte mejor a lo que creas que puedes necesitar. Recuerda que todos nosotros debemos llevar siempre en el coche un par de rifles y chalecos, como mínimo, así que intenta elegir algo lo suficientemente espacioso. Aparte de eso puedes elegir lo que quieras de entre todo lo que nos ofrezca Masrani Global, o InGen o quién sea para quién trabajemos.
-En Noruega tenía un Land Cruiser, un trasto cojonudo. ¿Tendrán en el "catálogo"?
-Todo es posible. Yo también he de echarle un vistazo, a ver qué opciones hay. Sólo espero que no nos den ningún cacharro sacado del desguace del parque.
-Yo también lo espero. ¿A dónde vamos, por cierto? Las salas de interrogatorio están en el sub-sótano.
-Lo sé, pero nuestra "víctima" no. El sospechoso está en el hospital, un problema articular no precisamente leve.
-Ya, entiendo. Pues vamos allá.

Cuando salieron del garaje estaba lloviendo y a lo lejos, en el horizonte, vieron relampaguear, así que, salvo que la depresión se desviara, tendrían tormenta. Tardaron algo más de dos minutos en recorrer los casi tres kilómetros que separaban la central de la SRU del hospital debido a la lluvia y a que Tom todavía no se conocía el recorrido. Aparcaron cerca de uno de los accesos para evitar mojarse en la medida de lo posible (tendrían que haber cogido un par de impermeables, pensaron ambos para sí mismos), bajaron del coche y corrieron hacia la entrada del hospital. Tom pasó de largo el mostrador de información seguido por Tobias, se encaminaron al ascensor más próximo y subieron a la tercera planta. Tobias sospechaba que mientras se estaba cambiando de ropa su jefe se había encargado de averiguar todo lo necesario respecto al sospechoso que iban a interrogar, de ahí que no necesitara preguntar a ningún empleado del hospital. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron Tom encabezó la marcha hacia la izquierda, hacia la habitación 330. Tobias le seguía de cerca. En cuanto llegaron, Tom abrió la puerta con decisión. -¡Buenos días! -casi gritó Tom al paciente. Tobias se quedó desconcertado durante un momento. Era el tipo al que había disparado en la zona de visitantes hacía un par de horas. -¿Cómo se encuentra el interfect… digo, el paciente? -continuó Tom con sorna mientras se acercaba al hombre en la cama.
-¿Éste es el sospechoso? Dijiste que debíamos interrogar a un paciente de traumatología, jefe. -Dijo Tobias.
-Y gracias a ti, así es. -Respondió Tom. -¿Qué tal va el hombro? -Preguntó entonces al paciente dándole un toquecito "amigable" en el hombro herido. El sospechoso gimió a causa del repentino dolor. -Uy, ¿le he dado en el chungo? Cuanto lo siento. -Continuó Tom. -Imagino que sabe a qué hemos venido, ¿verdad, señor Carter? Jerome Carter. Canadiense. Nacido el 28 de Abril del 79. Al menos eso es lo que dice su pasaporte, aunque me da en la nariz que esa identidad suya es más falsa que un demócrata ultraconservador. ¿Qué tal si empieza por decirnos su verdadero nombre? -Carter, el sospechoso, miró a ambos con furia, especialmente a Tom, quien había reavivado un intenso dolor que los médicos habían conseguido aliviar con no poca dificultad. -¿No? -continuó Tom. -No importa, ya llegaremos a eso. Dígame, ¿por qué llevaba un arma encima? No es miembro del personal de seguridad, ya lo he averiguado, y nadie que no sea de seguridad puede portar armas en estas islas, así que ¿por qué llevaba usted un arma? ¿Cómo consiguió entrar un arma en estas instalaciones? ¿Tampoco? No está colaborando en absoluto y eso no es nada bueno para usted, señor Carter, le llamaré así hasta que averigüe su verdadera identidad. -El móvil de Tom vibró y éste contestó. -¿Sí? Entiendo. Vale, perfecto. Muchas gracias por la información. -Dijo Tom a su interlocutor. Colgó el teléfono e iba a seguir con el interrogatorio cuando en ese momento se abrió la puerta de la habitación y entró una enfermera que se quedó petrificada al ver a los dos hombres "acompañando" al herido. -¡Buenos días, señorita! -Saludó Tom. -Sólo hemos venido a conversar con este caballero, no tardaremos mucho.
-Buenos días, -respondió Sarah, la enfermera. -el paciente no se encuentra en condiciones de hablar con nadie. Deberían marcharse y regresar mañana.
-Sólo será un momento, y viendo cómo nos está mirando el paciente yo diría que está en perfectas condiciones para una charla amigable, ¿verdad, señor Carter? -Insistió Tom.
-Por favor, márchense y regresen mañana. El paciente necesita reposo y el médico… -En ese momento entró la doctora Gillan.
-¿Qué diablos está pasando aquí? -Gritó Gillan con evidente cabreo.
-Buenas, doctora, le estaba diciendo a su compañera que sólo hemos venido a charlar con este buen señor y… -Gillan no le dejó terminar.
-Y yo ya le he dicho a quién ha venido antes a interrogarle que hasta mañana no se le podrá preguntar nada, así que márchense y vuelvan mañana. Y no me obligue a llamar a seguridad, Tom. -El pelirrojo levantó las manos, sonriendo, en señal de rendición.
-De acuerdo, doctora, usted gana esta vez. -Tom miró a Tobias y con un movimiento de cabeza le dijo -Nos vamos, socio. Mañana volveremos, a ver que nos cuenta. -Cuando estaban saliendo de la habitación y Tom pasó junto a Gillan, éste le preguntó a la doctora -¿Quién dice que ha venido antes? ¿Le ha dado un nombre?

Iban caminando por el pasillo, de regreso al coche, cuando Tobias preguntó -¿Quién ha llamado antes, si puede saberse?
-Era Matt. Por lo visto lo del Carnotauro de esta mañana no ha sido un accidente. Matt y su equipo han encontrado un par de fiambres en uno de los túneles de mantenimiento además de indicios sabotaje. Han acordonado la zona y enviado un equipo técnico a comprobarlo y repararlo. En cuanto terminen nos confirmarán si el incidente ha sido intencionado o no.
-¿Crees que ha sido nuestro sospechoso?
-Por ahora todo apunta a él. Ya veremos a dónde nos lleva este asunto.
-Sí, ya veremos. Por cierto ¿qué rollo os traéis la doctora y tú, Tom?
-Ninguno, ¿por qué? -Respondió Tom mientras sacaba su móvil del bolsillo de su pantalón.
-No, por nada. Me he fijado en como os mirabais el uno al otro y me ha parecido…
-Te ha parecido, ¿qué?
-Nada, olvida lo que he dicho. -Finalizó Tobias. Tom marcó un número en su teléfono y se lo llevó a la oreja.
-Mattie, necesito que me busques un nombre y averigües cuanto puedas. Mira si sobre mi mesa encuentras algo. -Tom le dio el nombre a su amigo. -Nos vemos en un rato. -Y colgó. -¿Te apetece un café, Tobias?