Nico regresó junto a Ember y su hijo Pedro. La hembra estaba llevando un par de frambuesas en sus patas y las subió al nido.

-Sígueme Nico.- dijo la hembra. El canario miró la entrada del nido y entró.

El nido de Pedro era mucho más grande, con lianas y raíces entrelazadas en su interior.

-Toma Nico.- Ember le entregó la mitad de una de las frambuesas e hizo lo mismo con la otra, quedándose ella con una parte y las otras dos mitades dárselas a su marido y a su hijo.

-Dime Nico, ¿cómo es tu familia?.-preguntó Sam, el padre de Pedro, un cardenal delgado y estilizado con una cresta curva hacia atrás.

-Oh, bueno, la verdad solo somos mi madre y yo.-

-¿y tu padre?- preguntó Ember.

-No...no lo sé... no lo conocí nunca.- dijo Nico volviendo a un tono introvertido y tímido.

Ember y Sam se miraron extrañados.

-¿y tu madre nunca te ha contado nada sobre él?-

-No.- dijo Nico un poco triste.

Después de comer, ambos polluelos estuvieron jugando durante cuarenta minutos alrededor del árbol, por unos instantes, Nico se olvido de lo que pasaba en su vida, era feliz con su nuevo amigo, él único que había tenido hasta ahora. Poco después, la madre de Pedro regresó con unas bayas para que los dos niños almorzasen algo a media mañana.

-Oye, deberíamos llevarte de nuevo a casa, puedes acabar de comer aquí y luego te llevaré de nuevo a tu nido.- dijo Ember en un tono amable.

Ember le dio un abrazo, Nico era tan adorable, quería a su hijo, por supuesto, pero había algo en ese polluelo que la despertaba un gran instinto maternal.

-Volveré enseguida Sam.- dijo ella a su amrido para emprender el vuelo junto a Nico, el pequeño pájaro guió a la hembra hasta la zona de la selva donde de encontraba su nido.

-Mi casa es el nido de la derecha.- dijo Nico.

-De acuerdo, algún día podríamos quedar yo y tu madre y así puedes jugar con Pedro.-

-Bueno...-

-¡NICO!- llamó la voz de una hembra bastante enojada. El pequeño canario voló hasta la entrada de su casa.

Ember se quedó mirando hasta que ambos canarios entraron en el nido. No podía haber visto el que, pero sabía que había algo en aquella canaria que no la gustaba, tenía un mal presentimiento, esperaba equivocarse.

Ember voló de nuevo a su nido mientras pensaba en ello, algo en su corazón la decía que algo no estaba bien, la actitud de Nico la recordaba a ella de pequeña, algo que ocurrió hace recuerdos la provocaron punzadas en el cráneo junto a una leve desorientación. Ember empezó a darle vueltas, esperaba que no estuviese en lo cierto, ese polluelo no se lo merecía.

-Ember ¿qué pasa?- la voz de su marido la sacó de sus pensamientos.

-Estaba pensando en Nico, verás... lo he dejado en su casa, he visto a su madre aunque no he hablado con ella, Sam me huelo algo malo.-

-Ember, por favor, no empieces...-

-Creo que le pasa algo, esas heridas que tenía no te las haces jugando.-

-Ember, no...por favor... se que cuando tú eras pequeña tus padres te maltrataron y te abandonaron después, pero no puedes sospechar de todos los padres de los demás polluelos.-

-Esta vez va en serio Sam. No me fío de esa mujer.-

-¿te ha dicho algo?-

-No he hablado con ella.-

-Pues intenta conocerla antes de ponerte paranoica. No puedes estar segura de...-

-Sam, escúchame,- el tono serio de la hembra asustó un poco al macho, nunca había visto tan indignada a su esposa.- Tú no sabes como es vivir con unos padres alcohólicos, tú tuviste una familia feliz, Nico tenía las mismas miradas que yo cuando era niña y mis padres me pegaban. Déjame ver si a Nico le pasa algo.-

Sam miró a su esposa y suspiró.

-Busca pruebas antes de hacer cualquier cosa.-

Ember sonrió a su marido y le dio un beso en la mejilla antes de entrar en el hueco del árbol donde Pedro esperaba a sus dos padres.

Esa noche, Ember no podía dormir, había estado dándole vueltas a la situación todo el día y ahora esos pensamientos no la dejaban conciliar el sueño, necesitaba saberlo, no dormiría tranquila hasta saber lo que ocurría en ese nido. Se levantó del nido en silencio para no despertar a su marido y salió a la rama del árbol que había enfrente, echó un vistazo a su alrededor e intentó recordar por donde estaba el nido del canario, tras unos minutos finalmente lo recordó y se marchó en dirección a su destino, su corazón latía tan fuerte que Ember tenía la impresión de que se la saldría del pecho.

La hembra llegó a una rama desde la que se veía tanto el claro del bosque como la casa de Nico, escuchó unos gemidos femeninos y después cambió su posición para tener un mejor campo de visión del interior del nido. Beverly estaba allí, acostándose con un macho de colibrí zuncito mientras ambos bebían una botella de licor. Ember se enfureció, como la jodía tener razón en estas cosas. La hembra notó que unas alas la tapaban el pico y la empujaban hacia atrás.

-Tranquila Ember soy yo...- la cardenal se calmó al escuchar la voz de su marido.-¿que demonios haces aquí?-

-¿cómo sabías que vendría?- susurró la hembra.

-Te conozco, eres muy cabezota, ahora responde.-

-Demostrarte que tenía razón, mira.- Ember dirigió el rostro de su marido y entonces lo vio, Beverly estaba recibiendo el pago por los servicios de esa noche mientras agarraba la botella con su ala derecha.

-¿Sigues pensando que soy paranoica?-

-Vale pero no puedes ir allí y simplemente enfrentarte a ella.-

-eso ya lo veremos.- Ember salió de su escondite seguida por Sam quien estaba sorprendido por la actitud de su mujer.

-¡Beverly!.- llamó la hembra a la canaria.

-Vaya... una visita nocturna.- se burló la hembra.- ¿a qué debo tal placer?-

-Sé lo que le haces a tu hijo ¿donde está?-

-Ni lo sé, ni mi importa, mira yo no me meto en tu vida, no te metas tú en la mía.-

.Eres una alcohólica, no puedes criar así a tu hijo, eres una persona horrible.-

-¡Cállate! Tú no tienes ni idea de lo que he pasado hasta ahora.-

-Y tú no sabes lo que le estás haciendo a tu hijo ahora.- Ember recibió un puñetazo de Beverly y ambas hembras empezaron a pelearse, armando un escándalo y despertando al polluelo de canario.

-¿q...?- murmuró aún medio dormido mientras salía entre las raíces del árbol.

-Nico.- la voz maternal de Ember lo despertó del todo y se dio cuenta de lo que estaba pasando.

Sam se había interpuesto entre ambas hembras, intentando separarlas mientras ambas intentaban agarrarse.

-¡Nico, vete!esto no es asunto tuyo.- gritó Beverly.

-Él está en medio de este asunto.- dijo Ember empujando a la canaria al suelo.- Nico ¿ella te pega?¿te hace daño?-

Nico se sintió asustado por esa pregunta, entre las cuatro aves presentes se hizo el silencio, pero no hacía falta palabras para entenderse entre ellos.

-Si lo que queréis es llevároslo por mí no hay problema.- Beverly agarróa su hijo por el cuello y empujó a Nico haciendo que cayese a los pies de Ember, quien le ayudó a levantarse.- Me hacéis un favor, al menos ahora podré largarme de aquí.- Beverly alzó el vuelo y se marchó hacia la ciudad. Fue la última vez que Nico vio a su madre en su infancia.

El polluelo estaba confuso y nervioso, tenía miedo, todo había pasado tan deprisa...Se sentía aliviado, su madre ya no le pegaría; pero ella era su única familia, ahora estaba solo, y si su madre no le dejaba volver a casa ¿adónde iría?, aunque su madre ya lo había abandonado antes debido a su alcoholismo, volvía a sentir que se quedaba solo. Empezó a llorar y rápidamente Ember lo acunó en sus alas, dejando que el pequeño se desahogase llorando en su hombro, ambos cardenales se miraron apenados, y Sam asintió con la cabeza, no necesitaban palabras para saber lo que el otro quería decirles, Nico viviría con ellos a partir de ese momento.