Capítulo 7: Somos la tierra sagrada

Era una hermosa noche en Equestria y más en el pueblo de Appleloosa que se podía apreciar mejor el cielo nocturno.

Sin embargo, en las afueras del pueblo, se podía observar a los ponis del pueblo que veían a los muñecos alistándose para irse.

La mayoría eran muñecos humanoides del tamaño de las CMC, su cuerpo era un poco regordete, cabezón y estaban vestidos con un traje de vaquero con botas incluidas. Ellos habían enganchado una carreta a unos caballos de madera de color marrón, blanco y negro ya que metían cosas en la carreta, regalos de despedida.

—Y esto es lo último— habló una muñeca humanoide, era un poco más alta, el tamaño de un poni adolescente, su piel era color carne, sus ojos eran morados y su cabello era castaño con dos coletas. Estaba vestida con un traje de vaquera, tenía una pañoleta roja en el cuello, botas moradas, llevaba un cinturón de cuero que estaba atado la soga y una pistola negra de juguete por detrás, y un sombrero vaquero de color morado. Se llamaba Alice y estaba sonriendo al mirar como uno de los vaqueritos metía la última cosa en una carreta con una pequeña ayudita de unos ponis que se ofrecieron a ayudar. La muñeca se volteaba para ver a los habitantes del pueblo —Gracias, compañeros por estos pays de manzana. No se hubieran molestado tanto, en serio, no se hubieran molestado tanto— decía con una gota de sudor en la nuca.

—Bueno, a pesar del mal rato que pasamos y que nos mataste…— empezó a hablar el Sheriff que volvió de entre los muertos para ser de nuevo el comisario.

—Ay, dulzura, no tenías que recordarme eso— Alice pasaba una mano en su cara frustrada.

—Es verdad y pues, vivimos de nuevo y demás que murieron. Aun así, fuiste una gran sheriff. Los ponis del pueblo hablaron muy bien de ti. Como te esforzaste para llevar al pueblo por delante y como extendiste más el pueblo para que sea un pueblo con mayor demanda de manzana por el mundo. Sinceramente, eso nunca se lograría sin ti— comentaba el semental con una sonrisa alegre. Lo que dijo, era verdad. El pueblo Appleloosa había crecido un poco más en esos meses como también los árboles para tener más manzanas.

—Ya veo. Solo quise enmendar ese error. Hubiera sido pacifico, pero sabiendo como es este pueblo… y más tu…— mencionaba la muñeca señalándolo con burla haciendo que rodara sus ojos.

—Ok, ok. Ya entendí. No es la primera vez que pasa ya que también tuvimos el problema con los búfalos hace tiempo— decía el Sheriff con fastidio.

—Je, je. Ok, dulzura. Sinceramente… los extrañaré mucho a todos— mencionó Alice mirando con una sonrisa triste a los presentes que igualmente, los ponis le dirigía con una pequeña sonrisa —Fueron unos buenos ponis conmigo… y yo les pago con sufrimiento, y dolor de cadera por bailar toda la noche— se lamentaba por lo de esa vez.

—Bueno, tampoco es para tanto. Al menos no les puse esa música barata de los 70— decía uno de los muñecos que había metido su piano junto con los demás instrumentos que usaban los vaqueros. Una de las yeguas, se reía un poco.

—La verdad, no estaba tan mal. Estuve mareada por unos días, pero no estuvo tan mal— comentó la poni con una sonrisa forzada y una gota de sudor en la nuca.

— ¿Segura? Es que tú no parabas de dar vueltecitas en un casco— mencionaba el pianista con la cabeza inclinada a un lado.

—Sí, lo sé, pero estoy bien y los demás también están bien— decía la yegua con sinceridad en su voz señalando a los demás ponis que asentían con la cabeza y sonreían. En eso, Braeburn se acercaba a la muñeca.

— ¿En serio se tienen que ir ya? ¿Por qué no pueden esperar hasta mañana, compañera?— preguntaba el semental extrañado.

—Es mejor que no, dulzura ya que queremos ir a pasos lentos para disfrutar del paseo hasta llegar a nuestro destino. Tampoco queremos llegar con prisa. Ni que fuera una carrera ni nada por el estilo— respondía Alice alzando sus hombros para luego caminar hacia un caballo de madera de color morado y que usaba un sombrerito vaquero negro. Se sentaba en su lomo.

—Ya veo. Entonces, que tengan suerte en su viaje— decía Braeburn con una sonrisa.

—Gracias… aunque me sorprende que no tengas rencor ni nada de eso— mencionaba la muñeca mirándolo de reojo.

—Pues, al principio sí, pero al ver a mis compañeros tan bien como siempre, entonces ¿para qué tener rencor? Solo es mejor olvidar el pasado y ya está. Eso es lo que diría mi prima— comentaba el semental alzando sus hombros.

—Ok, dulzura… Es bueno saberlo— decía con una dulce sonrisa y daba un golpecito a un costado del caballo haciendo que empezara a caminar —Bueno, es hora de irnos, compañeros. Así que adiós, cuídense— se despedía mientras los demás muñecos juntos con los caballos la seguían por detrás. Algunos ponis se despedían con un casco y otros ponis tenían su sombrero en sus pezuñas — ¡No es por obligación si quieren venir o no al tren, o sea si quieren ir al nuevo mundo, ustedes mismos lo decidan, no otros, pero si tal, supongo que esta es nuestra despedida! ¡Adiós, compañeros!— exclamaba ya saliendo los muñecos del pueblo.

Los ponis seguían despidiéndose hasta que los perdían en la oscuridad del horizonte. Después de eso, se iban a sus casas para dormir, aunque para algunos, estaban pensativos por lo dicho de la muñeca y más para Braeburn que estaba pensativo mirando el techo.

—Vaya, nunca he visto a mis compañeros tristes de que se fueran los muñecos… Supongo que hicieron más que ganarse las confianza de los ponis del pueblo…— susurraba pensativo hasta que pasó unos minutos para quedarse completamente dormido con ese pensamiento en su mente.

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Mientras tanto en la tribu de los búfalos

El cielo nocturno se notaba mucho más hermoso por la tribu de los búfalos. En el lugar, se podía ver a unos muñecos humanoides de piel morena y sus tamaños eran algo bajos que una pequeña búfalo que llevaban puesto algunos, solo taparrabos y otros, chaquetas de cuero abierta y unos pantalones . Y también, había muñecas femeninas que tenían puesto una clase de vestido viejo y llevaban una pluma en la cabeza, igual que todos.

Se hallaban cerca de las afueras de la tribu junto con los búfalos hablando por última vez con los muñecos indios que estaba amarrando unas bolsas en los costados de unos caballos de madera que tenían también una pluma en la cabeza.

Mientras ellos hablaban, alejados por unos metros, se encontraba una pequeña búfalo llamada Little Strong Heart que abrazaba a un muñeco con la piel morena, tenía una pluma en la cabeza, un pantalón beige, una chaqueta de cuero marrón abierta y usaba cotizas. Tenía los ojos naranja y su tamaño era un poco bajo que la pequeña búfalo. Y se notaba, el arco junto con el carcaj llena de flechas en su espalda.

—Zac ¿en serio te tienes que ir?— preguntaba Little Strong Heart separándose un poco para verlo con algo de tristeza.

—…— el indio tenía una mirada triste y hacía unas señas con una mano.

—Lo sé. Sé que tienes que ir con los tuyos… Solo que no será lo mismo aquí sin ti… Tú fuiste un gran jefe y los búfalos nunca olvidarán esto— decía la pequeña búfalo con tristeza.

—…— el muñeco con una pequeña sonrisa le acariciaba su cabeza mientras pegaba su nariz con la suya. Little miraba fijamente sus ojos al tenerlos muy cerca, tanto que se ruborizó.

—Supongo que no necesitamos palabras para expresarnos de que nos extrañaremos mutuamente— mencionaba con una sonrisa. Zac se separó un poco de la búfalo para asentirle con la cabeza y pasaba su dedo índice en su boca para señalar que era mejor estar en silencio —…— no dijo nada más, solo lo abrazó igual él estando en esa posición en silencio, solo abrazándose para sentir el contacto entre si hasta que pasó un rato y el muñeco rompió el abrazo para mirarla con una sonrisa. Ella no pudo evitar devolverle la sonrisa y notaba que el indio se alejaba un poco de ella para hacer señas a algo.

Acercándose a toda velocidad, se detenía en seco, un caballo de madera de color negro con una pluma dorada.

—…— Zac hacía señas a Little Strong Heart diciéndole que era hora de irse.

—Ok… Que tengan un buen viaje…— se despedía la pequeña búfalo con una sonrisa.

—…— el muñeco miraba por detrás de ella que estaba en la entrada de la tribu a un gran búfalo que era el antiguo jefe Thunderhooves. El indio levantaba la mano para despedirse de él y el aludido solo asentía con la cabeza mientras sonreía.

Zac sin más, se subía en el lomo del caballo y acto seguido, le daba un golpecito en su costado para que empezara a caminar. Los otros indios e indias al ver que su jefe se iba, algunos se subían a sus caballos para seguirlo por detrás a un paso normal y otros preferían caminar por detrás de los caballos, alejándose poco a poco de la tribu.

Los búfalos los miraban irse con tristeza y un búfalo lloraba a mares en el hombro de un búfalo que rodaba sus ojos.

Había pasado unos minutos, Little Strong Heart observaba con una mirada triste como se iban los muñecos perdiéndose en el horizonte. Cuando ya no los veían, los búfalos empezaban a regresar a sus carpas para descansar o mirar a las estrellas del hermoso cielo en silencio ya que cada uno estaba pensativo y deprimido. Sin embargo, solo se quedó en el mismo lugar, la pequeña búfalo que no perdía de vista al horizonte con la misma mirada triste.

En eso, escuchaba unos pasos a su lado haciendo que girara su cabeza para notar que era el búfalo, Thunderhooves.

—Bueno, ya eres de nuevo el jefe, Thunderhooves— decía la búfalo con una pequeña sonrisa. El gran búfalo se fijaba un momento a donde se habían ido los muñecos para luego fijarse en Little con un suspiro.

—Creo que ya estoy muy viejo para ser el jefe de nuevo— comentó Thunderhooves con serenidad.

— ¿Eh? ¿Pero qué dices? Si tú fuiste el jefe por décadas— mencionaba sorprendida de que dijera eso.

—Sí, pero cuando Zac fue el nuevo jefe y yo no, he visto las cosas con otros ojos, siendo esta vez, como los otros búfalos sin tener autoridad… Te digo algo, Little Strong Heart que ya soy muy viejo para ser el jefe nuevamente. Así que se lo dejaré mejor a un búfalo joven y que sepa liderar bien a la tribu— decía el búfalo mirándola con una sonrisa. La pequeña todavía no entendía a qué se refería —Tu eres la que debería ser la jefa de la tribu de los búfalos— al escuchar eso, se quedó de piedra.

— ¿Y-Yo? P-Pero… ¿Por qué yo?— preguntaba sin saber de su decisión.

—En estos meses, tú eras la única que pasaba mucho tiempo con Zac. Aprendiste las señas más rápido que yo. Te dio conocimiento de cómo ser un jefe de verdad en la tribu. Tú… sabes mejor que nadie como liderarnos, Little Strong Heart— respondía con una sonrisa.

—… No lo sé… Esto es muy repentino…— habló la pequeña dudosa.

—Yo sé que lo harás bien igual que los otros que también votaron a tu favor de que seas nuestra jefa— al oír eso, se quedaba sorprendida.

— ¿En serio que votaron por mí?— preguntó sin poder creerlo.

—Sí, pequeña. Yo ya estoy muy viejo para ser el jefe de nuevo. Prefiero estar jubilado y disfrutar de lo que me queda de vida, antes de reunirme con los ancestros— respondió dando un bostezo y se daba media vuelta para volver a la tribu.

—Pero no sé. Solo seguía a Zac de cerca para saber lo que hacía. Yo no mandaba nada— decía intentando hacerle comprender que no lideraba nada.

—Lo se… pero es que creemos que tu… serás la que nos lleve o no, depende de tu decisión— mencionó el gran búfalo con una sonrisa sereno.

— ¿Cómo así?— Thunderhooves se paraba para voltearse y la veía.

— ¿Recuerdas lo que vimos en el cielo? ¿Verdad?— Little asentía con la cabeza —Pues, los búfalos están indecisos con cosas que no saben qué hacer. No tienen un jefe que los guie ya que Zac lo era, pero se fue y ahora estas tu que nos pueda liderar para un mejor futuro de esta tribu…— el gran búfalo daba un suspiro —Los búfalos quieren saber si irán o no a ese nuevo mundo, pero no harán nada si el jefe no dice nada. En otras palabras, si ningún búfalo va, nadie va. Somos todos o nadie…

—… ¿Y yo tengo que decidir por ellos?— preguntaba nerviosa al tener presión en su pecho.

—Sí, así es. Yo sé que tomarás la decisión correcta. No importa lo que pase, iremos o nos quedamos. Además, Little Strong Heart, sé que tú también estás indecisa por una cosa ¿verdad?— hablaba Thunderhooves con una sonrisa haciendo que la pequeña búfalo se ruborizara y miraba a otro lado con nerviosismo.

— ¿C-Como lo sabes?— preguntó apenada.

—Siempre hablabas con Zac en la mayoría del tiempo. Así que se cuál era su relación cuando lo pasaban juntos. Soy viejo, no estúpido— respondió con un tono bromista y se reía un poco, pero después empezó a toser —Debo dejar de reírme así— decía tosiendo un poco.

—… Pero ¿Y estas tierras? Estas tierras son sagradas, aquí habitaron los búfalos por generaciones, aquí han estado nuestros ancestros— comentaba Little extrañada.

—… ¿Sabes algo curioso? Zac y yo hemos hablado mucho, de temas que ni paraba a pensar por un momento. Estas tierras son sagradas, porque los búfalos vivieron en él por generaciones— el gran búfalo miraba el cielo nocturno con seriedad. La pequeña lo veía atentamente —Entonces, pensé, las tierras son sagradas, porque están los búfalos. Los búfalos son lo sagrado de esta tierra, no la tierra en si… Nosotros somos la tierra sagrada. Si los búfalos no hubieran venido aquí, estas tierras solo serían… eso, tierra común y corriente… Estas tierras se hicieron sagradas, porque los búfalos habitan en él… porque si no habitaran, estas tierras no eran nada— bajaba su mirada para ver a la oyente —No importa si nos vamos o no ya que si tu decisión es que abandonemos estas tierras, haremos nuestro próximo hogar, un lugar sagrado, porque los búfalos habitarían en él. Los espíritus de nuestros antepasados siempre nos seguirán a todas partes, velando por nosotros… Los búfalos son la tierra sagrada, somos los que ponemos lo sagrado en este lugar y somos los que convertimos un lugar sagrado si estamos en él… Los búfalos son lo sagrado, no la tierra en la que habitamos— terminó de hablar dando un bostezo.

—Vaya… nunca lo había pensado de esa forma— decía Little Strong Heart sorprendida y la dejaba pensativa por lo dicho del antiguo jefe.

—Sí, ni yo. Es curioso como un forastero nos enseña cosas que jamás pensamos. Así que piénsalo bien, Little Strong Heart. Sé que serás una buena jefa de la tribu. Solo falta hacer la ceremonia, pero dejaré eso después que haya pasado tres semanas— ese último comentario, dejó a la pequeña algo sorprendida.

— ¿Después de tres semanas?— preguntó extrañada.

—Si ya que haríamos la ceremonia en donde… nos guiarías. Si aquí o en otro mundo— respondió el gran búfalo dándole la espalda para empezar a caminar —Bueno, Little Strong Heart, iré a dormir. Estoy cansado— daba un bostezo —Así que no importa la decisión que tomes, todos los búfalos y yo incluido estaremos contigo pase lo que pase. La tribu de los búfalos debe estar unido a pesar de las dificultades o cambios que eso trae…— seguía caminando hacia la tribu dejando a Little muy pensativa y giró su cabeza hacia el cielo nocturno.

—… Somos la tierra sagrada. Los búfalos son lo sagrado, no la tierra… — susurraba estando pensativa y se dirigió a la tribu, porque tendría mucho en que pensar.

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Por el lugar desértico, iban caminando los caballos de los vaqueritos estando Alice al frente. Se encontraban callados sin decir nada para tener una tranquila caminata hasta que escuchaban otras pisadas de caballos a unos cinco metros alejados de ellos por un costado. La muñeca giraba un poco su cabeza.

—Oh. Hola, Zac. Por lo visto, regresaremos al mismo tiempo, dulzura— decía Alice con una sonrisa al ver al muñeco indio sentado en su caballo a lo lejos mirándola de reojo y le hacía una seña —Si, entiendo. Es una dura despedida ya que todo el esfuerzo en meses, había dado sus frutos de que confiaran en nosotros tanto Appleloosa como la tribu— agregaba viendo al frente con una triste sonrisa.

—…— no hizo seña alguna. Solo ponía su vista al frente con una expresión algo triste mientras seguían con la caminata en silencio bajo el manto del cielo nocturno para poder llegar al tren donde se reunirían con los demás para esperar el fin de las tres semanas.

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Era de noche en la gran ciudad de las Pegasus, donde seguía iluminado, a pesar de estar a altas horas de la noche y los ponis caminaban por las calles para ir al casino para probar suerte o al bar, o a la discoteca donde cualquier poni se podía divertir hasta el amanecer.

Sin embargo, en un bar de la ciudad, se encontraba sentada frente a la barra, una despeinada unicornio de pelaje plateado y larga melena dorada. Ojos color rubí y su cutie mark era de una espada con alas. Era nada menos que Ember Paint. Tomaba a grandes sorbos un tarro de sidra para luego ponerlo en la barra con fuerza. Tenía una mirada de enfado con un sonrojo en su nariz.

—La vida apesta. Hip. Todo apesta. Hip. Dame otra— exigía la yegua con un tono de borracha al bartender.

—Señorita, se tomó como doce tarros de sidra y ayer fueron catorce, y vomitaste en la barra. Así que no le daré más sidra— decía el poni molesto que limpiaba un vaso.

—Cállese el hocico y dame otra. Hip. Quiero olvidarme de todo con una bebida… Quiero quedar amnésica. Hip— mencionaba cabreada.

—Ay, ya. Si quieres quedarte amnésica, entonces, déjame golpearte bien fuerte en tu cabezota— habló una voz femenina de forma burlona que estaba detrás de ella.

— ¿Quién osa a hablar a la gran y sensual Ember?...— preguntaba la unicornio girando su cabeza para saber quién era y se sorprendió al observar a tres conocidas suyas.

La que habló era una unicornio con ojos amarillos y su melena era de color naranja claro, y el pelaje de color gris. Su cutie mark era una lanza dorada atravesando un escudo. Se llamaba Aural Spear que la miraba con burla. La otra era su compañera que se encontraba a su lado izquierdo, era una unicornio algo alta con una cicatriz en un ojo. Era Tempest Shadow que tenía puesto un abrigo negro que le tapaba su cutie mark y la otra que estaba del otro lado de la primera, era una bat pony de pelaje azul nocturno. Crin corta con un tono plateado que brillaba ante la luz de la luna y con una línea blanca en un lado de dicha crin. Ojos de murciélago amarillos y su cutie mark de una luna azul con alas de murciélago. Era Blue Moon.

— ¡Amigas, hermanas, son ustedes!— exclamaba Ember con una gran sonrisa y trataba de levantarse de su asiento, pero caía de cara al suelo. Sin embargo, no le importó ya que se paró y se lanzó hacia ellas para darles un abrazo, aunque en el último segundo, la alta unicornio apareció un escudo mágico alrededor de las tres haciendo que la yegua plateada se chocara con fuerza, quedándose pegada por unos segundos y se deslizaba lentamente hasta el suelo.

—Nada de abrazos, Ember. Apestas a alcohol y…— empezaba diciendo Tempest arrugando su nariz.

— ¿Desde cuándo no te bañas, cochina?— preguntó Aural tapándose su nariz con una pezuña.

—Sí. Parece que hubieras estado en un vertedero— habló la bat poni tapándose la nariz.

—Esto… Desde… Hip… No importa. El baño no importa. Hip. La higiene no importa. No importa para nada. Hip. No importa…— respondía la ex guardia plateada levantándose tambaleada con una tonta sonrisa.

—La ducha sí importa y así no hueles tan feo… y así no hueles a vomito— decía la unicornio gris con fastidio y su compañera bajaba el escudo.

—No importa… ¡Ya nada importa en este lugar! ¡Mi vida ya no vale nada! Nada, nada, nada, nada— la voz de Ember bajaba hasta ser un susurro poniéndose en el suelo en posición fetal.

—Aun te afecta eso ¿verdad?— preguntó la yegua de la cicatriz con seriedad.

—…

—Tomaré tu silencio como un si— respondió entendiendo lo que le pasaba.

—Aunque eso es estúpido. Con el anuncio que hubo hace pocos días, debías estar radiante de alegría— hablaba Aural rodando sus ojos.

—No, no lo entiendes. Nadie lo entiende. Eso fue un duro golpe a mi expediente de la mejor capitana de la guardia… Solo ¿para qué? ¿Para qué fuéramos "libre" a tomar nuestras decisiones?— mencionó la poni plateada con tristeza recordando ese día que fue tres días antes del anuncio de Dark Soul.

Flashback

— ¿¡Despedidas!?— gritaban las tres unicornios y la bat poni impactadas. Llevaban las tres primeras, las armaduras que les había dado para estar en la guardia gatuna junto con las garras y la última llevaba el traje de látex que era para la guardia nocturna. Se encontraban en el despacho de Dark, donde éste último estaba sentado en su "silla" Chrysalis, mirándolas con serenidad.

—Sí, así es. Como ya sabrán, el castillo se la devolveré a Celestia y su hermanita la rencorosa. Je, je. Así que bueno, si quieren ser parte de la guardia, pídanselo a la que será princesa de nuevo, pero por mi parte, ustedes ya son libres de hacer los que se les antoje— explicaba el gato con una pequeña sonrisa.

—P-Pero amo…— Ember fue interrumpida por el felino.

—Ya no soy más su amo, ni de ti, ni de ellas. Solo llámenme por mi nombre. Ya no gobernaré aquí ya que mi hermanita y yo pensamos en hacer un nuevo mundo para los juguetes. Así que ustedes son libres en hacer lo que quieran— comentaba Dark bajándose de su "silla" y empezaba a caminar pasando a un lado de ellas.

—P-Pero… yo te juré mi lealtad por recuperar mi cuerno. Así que…— interrumpió a Tempest sin dejar de caminar tocando la puerta.

—No hace falta que me sean leales hasta el final. Puedes hacer lo que sea, Tempest. Solo… escucha lo que tu corazón quiere… Vaya, eso sonó cursi— decía el gato fastidiado abriendo la puerta. La aludida se quedaba callada sin saber que decir —Bueno, les digo que en unos días anunciaré algo. Así que si ustedes quieren seguir, adelante y si no, bueno, no hay problema…— el felino las miraba con una pequeña sonrisa —Solo quiero que no se vean forzadas a hacer algo que no quieren. Escojan sus propios caminos de la vida o yo que se… pero bueno chicas, antes de que se vayan, devuelvan las armaduras, cascos, garras y el traje de látex al rey Alexander. Así que… … adiós, supongo— se despedía con un tono triste ya que tuvo que dejar ir a las guardias más leales que había tenido en su vida, pero era lo mejor. No quería obligar a nadie.

Sin más, la puerta se cerró dejándolas completamente solas en el lugar con las cabezas bajas, pero la que más la afectó, era Ember que seguía en shock. No se podía creer eso.

Fin del flashback

—Si tanto quieres ser guardia, reclútate en el de la princesa Celestia y ya— comentaba Aural rodando sus ojos por lo dramática que se ponía.

—A mí me da igual la guardia de esa nalgona del sol… Yo solo…— la unicornio plateada no sabía que decir.

—Solo eres la guardia de Dark ¿verdad?— Blue le completó lo que quería decir y ella asentía lentamente sin pararse del suelo.

—El am… digo Dark, fue el mejor amo que he tenido. Me podía dejar hacer casi lo que quiera como…— Ember se levantaba para mover algo torpe sus flancos —… Mis flancos. Hip. Mis flancos que eran especiales… para él… Je, je, je— reía algo maniática. Sus tres ex compañeras rodaban sus ojos por su actitud.

—Ay, por favor. Si tanto quieres ser de nuevo una guardia de Dark, porque no vas con él a ese nuevo mundo y ya. Asunto resuelto ya que había dicho que podemos decidir si ir o no, gracias al anuncio que dio— decía Aural con fastidio.

—…— la unicornio plateada tenía su rostro cerca a la de Spear, tanto que podía oler su aliento que le daba nauseas —Pues ¡claro que iría sin cuestionar nada!...— su compañera la echaba hacia atrás para dejar de oler su aliento. La plateada caminaba en círculo —Pero no puedo… no puedo… no puedo… no puedo ¿¡Sabes por qué no puedo!?— exclamaba cerca de Tempest que se tapaba la nariz con una pezuña.

—Nop, ni me interesa— habló la poni gris, pero Ember hizo caso omiso.

—Mi madre… me lo prohibió ir, me prohibió seguirlo y todo porque mi padre "real" regresó de las catatumbas para atormentarme de nuevo…— la yegua de la crin dorada tenía la respiración agitada.

— ¿En serio? ¿No dijiste que desapareció?— preguntaba Shadow confundida.

—Sí, desapareció en una mal**** carta de póker que tenía mi pa… Miles… Supe ahora la verdad y todo se volvió más triste en mi miserable, porque para rematar, Miles le dijo a mi madre que olvide todo, que todo el amor que sentía por nosotras es solo una fantasía por ser… trofeos que fueron ganados por mi horrible padre real que nos apostó… Mamá odia a Miles por no decirle nada sobre lo de papá "real". Miles odia a mi papá "real" y yo odio a todos, porque nadie, nadie, nadie, nadie le interesa mi opinión. Yo puedo decidir qué hacer. Yo ya no soy una coñita. Soy una yegua grande. Soy adulta, SOY ADULTA— empezaba a saltar como potrilla dando un berrinche.

—Ember, para, que nos estas avergonzando— comentaba Aural molesta tapando un costado de su rostro por las miradas que tenían por la actitud infantil de Paint.

—Soy adulta, soy adulta, pero ¿mi madre le importa eso? Noooooo. No le importa y lo que quiere es olvidar todo lo que pasó cuando apareció el tipo ese de nuevo, porque todos son unos mentirosos… Yo pensé que amaba a Miles y viceversa, pero por una mentira, una confesión, una metida de pata, echa todo a perder ya que nunca desapareció el tipo ese, siempre estuvo en un bolsillo ladillando mucho… Hasta parece que a Miles nunca le importé, ni a mi madre… que todo fue una mentira— la poni rubia se quejaba por toda su vida hasta que se detenía en seco para ver que se acercaba por detrás de las tres ponis a alguien muy conocido para ella.

—Señorita Ember ¿está bien? Creo que es mejor llevarla a casa para que descanse— hablaba un gorila antropomórfico con traje. Era uno de los empleados de Miles.

—Tu… ¡Toda es tu culpa!— exclamó furiosa yendo hacia él para darle puñetazos, patadas, traserazos, de todo un poco — ¡Deja de seguirme como un acosador y vuelve con ese topo que nunca les importamos!

—…— el gorila la miraba confundido y se rascaba la cabeza con una de sus grandes manos. La unicornio plateada golpeaba como loca el abdomen del aludido, pero… él no se inmutaba para nada.

—Ember, basta. Te estas comportando como una imbécil— decía Spear con enojo, sin embargo, no le hacía caso y seguía con su estupidez.

— ¡Ember!— nada.

—Ay, por… Tu ¿Cómo te llamas?— preguntaba la poni gris al gorila frustrada.

—Me llamo Andrés— respondía mirando a la aludida ignorando a la loca que estaba golpeándolo.

—Ok, Andrés ¿podrías hacer que se detenga? Se está humillando así misma— comentaba Aural con fastidio.

—Ok— el gorila llamado Andrés, alzaba uno de sus brazos y de forma rápida, le daba un manotazo en toda la nuca de Ember que la tiró al suelo de golpe quedando boca abajo con los ojos en espiral.

—Uy, eso debió doler— decía el bartender sintiendo ese dolor como si fuera él.

—…— Spear suspiraba fastidiada al ver a su compañera en el suelo inconsciente.

— ¿Me pasé?— preguntó Andrés preocupado y más al notar un chichón en su cabeza.

—No, está bien. Se lo merecía por ser tan imbécil— respondió la unicornio gris con molestia.

—Aural ¿Qué hacemos con Ember? No podemos dejarla aquí sin más— habló Blue Moon preocupada.

—Ok. Entonces, dejémosla en el contenedor de basura que está afuera.

— ¡Aural!— exclamaban las dos mirándola con seriedad.

—… Está bien, está bien… Andrés, carga a Ember y síguenos para que traigas a la puerca esa a mi apartamento que está cerca de aquí para bañar a la puerquita que no tolero su olor ni un segundo más…— mencionaba Aural con fastidio arrugando su nariz por el olor y empezaba a caminar seguida de sus dos amigas.

—Entendido— el gorila agarraba el lomo de Paint y la ponía en su hombro con una de sus manotas en sus flancos para evitar que se cayera por el camino. El susodicho comenzaba a seguir a las tres yeguas hasta que oía el sonido de un vomito.

—… También tenemos que bañar al gorila— decía la unicornio de la crin roja haciendo suspirar fastidiada a la yegua gris.

Continuará.