Debía decidir en qué dirección continuaba la historia, y sin saber cómo, me vi atrapada entre dos posibilidades distintas. Espero haber escogido la más interesante (o la menos aburrida).
8. Estupidez
Se preguntaba si sólo él recordaba las desviaciones accidentales de otras misiones. Las ocasiones en las que habían intentado coaccionarles, drogarles o engañarles de distintas maneras, y las otras tantas en las que lo habían logrado.
Por si acaso, se encargó de enumerar algunos ejemplos bastante representativos de las imprevisibles formas en que una situación puede empeorar. Se detuvo tras citar el sexto, porque la lista era terriblemente larga.
Después se comunicó con el general Hammond para ponerle al corriente de las novedades. O eso pretendía. Había oídos extras escuchando, por lo que no era buena idea poner sobre la mesa algunas de las cuestiones que tenían entre manos. Tuvo que conformarse con manifestar de forma vaga su desconfianza, sabiendo que no apoyarían el regreso del equipo. Estaban demasiado cerca de hacerse con el naquadah, y por desgracia, él no disponía de pruebas de ningún peligro inminente.
Salvo su instinto.
La última vez que lo ignoró, Carter salió herida. Y terminó casada. Con Jonas.
Cansado de ser un espectador, buscó su propia fuente de información. Así que se acercó hasta un establecimiento donde la gente se sentaba en grupo y consumía alcohol a deshora. No podía calificarse de taberna porque el ambiente era demasiado correcto y organizado, pero era lo más parecido que encontraría en aquel planeta. Echó un vistazo entre los círculos de personas sentadas en el suelo, esperando dar con alguien que desentonase. Un hombre llamó su atención. Se mantenía de pie apartado del resto, con la mirada perdida y el gesto asqueado.
- ¿Puede recomendarme algo para beber? No entiendo cómo funciona nada en este lugar… - inició.
Era un hombre arisco, parco en palabras. El coronel le dejó claro que era uno de los forasteros que había llegado recientemente, y tras intercambiar varias opiniones negativas, probó suerte mencionando el acto de conciliación.
- Uno de mis primos pasó por ello – respondió.
- Mi hermano va a hacerlo – mintió. Quizá no sirviera, pero no perdía nada por tirar de empatía.
- Dile que duerma, al menos al principio. Luego las cosas se volverán difíciles y terminará claudicando. Todos lo hacen.
- ¿Dormir? Creo que hablamos de distintas ceremonias – replicó contrariado. – Yo hablo de un evento que sólo dura unas horas.
El extraño hizo una mueca que trataba de imitar una sonrisa.
- Oh, y dura unas horas. Si estás en el lado correcto de la puerta…
No le gustó cómo sonaba eso. Le gustó menos cuando consultó su reloj, y calculó que tendría problemas para llegar a tiempo.
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En retrospectiva, reconocería que su plan tenía cabos sueltos.
- Tiene que decirle a Carter que necesito hablar con ella – le dijo a la pelirroja de la entrada.
- Si se refiere a la rubia de ojos claros, no puedo decirle que salga. Pero si quiere pasar, Jonas… no hay inconveniente.
Estuvo a punto de sacarla de su error.
Podría haber aclarado el malentendido y haber esperado a que llegara el auténtico Jonas.
Podría.
Pero un impulso se apoderó de su cuerpo, y simplemente entró en la construcción de piedra siguiendo a la mujer. Y por un momento creyó que estaba resuelto. Hasta que, a su espalda, un hombre empujó el muro que ejercía de puerta.
- ¿Señor? – recibió la mirada sorprendida de su segundo.
Las siguientes palabras deberían haber sido "nos marchamos", pero quedaron silenciadas mientras volvía sobre sus pasos.
Se lamentó.
Tampoco hubiera estado mal asegurar la salida.
