Shino, el testigo de confianza

Kiba frunció el ceño y bajó a tierra, con las manos empezó a hurgar entre un montón de hojas y para cuando el resto le dio alcance, no pudo evitar el reírse.

—Me lo veía venir —les dijo, mostrándoles un vestido sucio.

—Era de esperar, Kurenai-sensei nos ha tutelado desde que nos graduamos de la academia —agregó Shino.

Shikamaru se llevó una mano a la cara. Él mismo esperaba eso también, Kurenai era una jōnin a la que habían asignado un equipo especializado en rastreo por diferentes medios. Lo que no entendía del todo, era cómo podía seguir siendo coherente en ese sentido cuando claramente desvariaba en todo lo demás.

Sin embargo, esperaba que ese conocimiento de ella sobre ellos, pudiese ser útil a la inversa.

—Shino —dijo —¿Puedes hacer un reconocimiento?

Por respuesta, Shino extendió sus brazos y liberó el enjambre de kikaichū.

—Mientras Shino hace eso —dijo Ino, cruzándose de brazos —, vamos a terminar esa charla que no me dejaste seguir.

Shikamaru la miró de soslayo. Ino podía ser irritante, pero en solo un par de horas habían bastado para que tocara límites que ni siquiera él mismo conocía. Sin embargo, toda réplica murió en sus labios cuando vio en sus ojos un destello de real enfado, no del tipo caprichoso, casi absurdo que la hacía ver como una chiquilla malcriada, y eso, inevitablemente, le orillaba a él mismo a mantenerse serio.

—En serio, Ino, necesito que te concentres en el hecho de que Kurenai liberó a un criminal de rango S, que formaba parte de Akatsuki, el mismo grupo que provocó la guerra que acabamos de terminar. Kakashi nos está cubriendo, pero si el consejo se entera, si el Daimyō se entera, ya no será un equipo de búsqueda y rescate, sino uno de rastreo y eliminación.

Ino curvó una ceja mientras apretaba los labios, desafiándolo.

—Creo que estaba muy equivocada al creer que me respetabas —le dijo con frialdad.

Shikamaru sintió eso como un golpe, y bajó la mirada.

—Sabes que lo hago —respondió en voz baja —. Pero los muertos no vuelven de esa manera, toda la investigación al respecto del edo tensei, ha sugerido incluso que se fundamenta en la memoria celular, también sabemos que las bases de las técnicas de sellado ocupan puntos muy específicos del cerebro. Los fantasmas, como los de las novelas, no existen.

Shino preferiría no involucrarse, pero ya había comprendido una parte de lo que estaba sucediendo.

—Shikamaru —susurró Shino, acercándose lentamente —. Entiendo que esto puede ser complicado de explicar, pero hasta antes de la primera gran guerra, todavía se llamaba magia a las primeras técnicas ninjutsu, y el nombre original del edo tensei, inscrito en el Pergamino de Sellos, según Tsunade-sama, era Kōreijutsu-shi.*

Shino hizo un ademán para evitar que Shikamaru le interrumpiera.

—Lo que quiero decir, es que ahora mismo, solo lo podemos explicar de esta manera, y quizás en veinte años, lo haremos de otra.

Shikamaru buscó con la mirada a Ino, sintiéndose ridículamente infantil por su comportamiento hasta el momento. Ella, sin embargo, había relajado su semblante. Así como su frialdad lo había desarmado, volvía a tener cierta calidez comprensiva en la que usualmente le decía que era un idiota, y tenía que serlo, si había necesitado de un tercero que abogara por la credibilidad de su propia compañera de equipo y mejor amiga.

Con un suspiro, calmó el torbellino de pensamientos que lo agobiaban.

—No podremos seguir a Kurenai-sensei siguiendo un plan lógico que traces tú —dijo Ino con calma —, tenemos que seguir la línea que ella seguiría, y esa sería la que le lleve a entender el jashinismo.

Shikamaru se sentó sobre el montón de hojas donde Kurenai había escondido su vestido, y el resto lo hizo también, formando un círculo.

—Vi a Hinata hace unos días —dijo Kiba —. Estaba nerviosa, me habló un poco de algo que no decía hace mucho tiempo, la misión de la que se supone no debemos de hablar nunca, la que hizo con Naruto —luego bajó mucho la voz, como si alguien pudiera escucharlos —, y el hermano de Sasuke.

Shikamaru frunció el ceño. Ino le había hablado de eso hacía unos años, en una misión lidereada por Anko, en la que había hecho equipo con Naruto, Hinata y Shino, se habían topado con un remanente de una misión de Itachi Uchiha cuando servía en ANBU, pero acabaron divididos y ella regresó a Konoha con Anko y Shino, mientras que Naruto y Hinata, de alguna manera se encontraron con el propio Itachi.

—¿Te dijo algo en concreto?

—Dijo que Jashin reclamaba su tributo, pero no me supo explicar a qué se refería. Es que Itachi dijo que la cosa a la que se enfrentaron, no había hecho las cosas bien, que algo había salido mal y no solo por la intervención del escuadrón ANBU que lideraba, en sí, era un inútil. Así que no obtuvieron demasiada información.

El gesto pensativo de Shikamaru se acentuó.

—Los últimos días, Kurenai insistió en ayudar de alguna manera en los trabajos de reconstrucción. Ino, ¿sabes a dónde la asignaron?

—No con exactitud, pero la encontré alguna vez camino a la Biblioteca de Archivos.

—La sala de archivos especial —dedujo Shikamaru —. Buscaba los archivos de las misiones de Itachi Uchiha, deben de estar ahí desde que se volvió criminal. Solo eso podría querer, porque no hay nada al respecto del jashinismo, yo busqué cuando armaba mi estrategia para enfrentar a Hidan y Kakuzu. El único reporte sobre eso, lo hice yo, y no habla del aspecto místico o esotérico.

—El objetivo de toda religión no es la adoración por sí misma —explicó Ino —. La adoración es un medio, para conectar. Hidan hablaba de sacrificios, necesitaba la sangre para completar su técnica, pero desdeñaba el cuerpo en sí, de lo contrario, no nos habría permitido acercarnos a Asuma-sensei, esa sería la principal diferencia con el edo tensei, que es la única otra técnica de control de muertos que conocernos. Eso implicaría que el sacrificio es otra cosa.

—¿Su alma? —preguntó Kiba.

Ino asintió.

—La parte que engloba recuerdos, emociones, personalidad y esas otras cosas ambiguas —dijo Shikamaru.

—Y Hinata dijo que Jashin reclamaba su tributo —insistió Kiba.

—¿Hidan murió antes de completar su ritual?

—Pasan meses para que los sokushinbutsu* completen su objetivo—continuó Ino —, y si un ritual inacabado desencadenó los eventos a los que Hinata y Naruto se enfrentaron, podría ser que esto suceda de la misma manera.

—Pero sigue siendo solo una suposición. La única manera de saber del jashinismo es mediante una fuente directa —dijo Shino —. De ahí que la única respuesta lógica, era desenterrar a Hidan.

—No obtendrá nada de ese sujeto —dijo Shikamaru —. Sobrepasa por mucho a un practicante devoto. Es un fanático total.

—Estás subestimando a Kurenai-sensei —dijo Kiba, pasándose el dedo índice por la nariz —. Esa kunoichi consiguió la manera de sacarle un secreto de máxima seguridad al ninja genio que cubrió todo el trabajo de la división de inteligencia en la guerra.

Shino asintió, y Shikamaru tuvo que reconocer que era verdad. Kurenai había apelado a la sutileza, algo que muy pocos ninjas eran capaces de dominar, pues la mayoría tendía a resolver sus misiones a punta de golpes. Aunque no era del todo sorprendente, considerando que era especialista en genjutsu, y la regla general de ese estilo, implicaba la capacidad de alterar la realidad de un modo convincente.

Abrió mucho los ojos al comprender cuál podría ser la solución al problema que podría representar la férrea determinación de Hidan.


Comentarios y aclaraciones:

*Kōreijutsu-shi es la palabra para la nigromancia, como se entiende acá en occidente.

*Sokushinbutsu, es la práctica de los monjes (principalmente japoneses, pero no de modo exclusivo) que practican el ascetismo extremo hasta momificarse en vida (como un monje en Inuyasha, al que Kikyō ayudó a trascender)

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