Los personajes no me pertenecen son de Nobuhiro Watsuki, yo solo los tomo prestados para soñar un rato.
Por: kaoru-sakura
luchando x el mismo amor
Capítulo 9. Inesperado
Advertencia: este capítulo contiene escenas de sexo explícitas, al comienzo del capítulo. Si no tienen la edad, madurez o no gustas de este tipo de lectura, favor de no hacerlo. Pueden saltar hasta la siguiente marca.
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—Megumi, necesito que estés segura de esto, no quiero que mañana te despiertes arrepentida. —Para el castaño mantenerse alejado de ella era una proeza muy difícil de cumplir. Lo que estaba pasando en ese momento parecía uno más de sus sueños.
—¿Acaso piensas que solo te usaré para saciarme? —Sus manos aún estaban en su cuello. Las respiraciones agitadas por la intensidad del beso que el castaño interrumpió.
—No me importaría si solo quisieras usarme, pero te aseguro que no solo será sexo lo que conseguirás. —La promesa brilló en sus orbes chocolates provocando que ella se estremeciera. Más le valía que lo creyera.
—Saa, es justo que pienses eso demo… —bajo los brazos— yo también te demostraré con hechos que hablo muy enserio mi querido Sanosuke —le tomó la mano llevándolo a su refugio sagrado que era su habitación. Prendió solamente la lámpara situada en la mesa de noche. Iluminando tenuemente el lugar. La tormenta empezó a golpear fuertemente la ventana. Sacó un preservativo del cajón, lo aventó en la cama. Era lo bueno de ser doctora, siempre estaba preparada. El agradeció el gesto, pues desde hace mucho tiempo que no cargaba con esas cosas.
Ahí se deshizo de la chaqueta que aún traía puesta. En sus ojos chocolate aún podía ver la duda. No lo culpaba, de estar en su lugar a ella le costaría más trabajo creerle, pero ella se aseguraría de que no le quedaran dudas de sus recién descubiertos e intensos sentimientos. Llevó sus manos al cuello para atraerlo a ella. Él era demasiado alto, por lo que no lo alcanzaba aunque se pusiera de puntillas. Al menos no sin los tacones. Él obedeció, se dejó guiar hasta sus labios, adueñándose de su boca. El fuego empezó a recorrer su cuerpo. Esa mujer provocaba demasiadas cosas en él. Tan intensas que sentía quemarse por dentro. Tomó la decisión de abandonarse al deseo de tenerla, aun si ella se arrepentía después. No podía negarse la oportunidad que tan generosamente le estaba regalando. Dejó sus miedos atrás. Empezó a corresponder el beso con ansias. Sus manos parecieron cobrar vida. La tomó por la cintura, pegando sus cuerpos, profundizando el beso. Era tan exquisita la sensación de placer que le recorría el cuerpo.
Megumi metió las manos por debajo de la playera, sintiendo los músculos tan bien marcados. De un movimiento el castaño se despojo de está para seguirla besando. Ella gimió contra su boca al sentir la creciente erección del castaño contra su vientre. Las manos de él viajaron a su blusa blanca, desabrochando sin problema la fila de pequeños botones que la cerraban. La deslizó por sus brazos cayendo al suelo. Busco por la parte de atrás el cierre de la falda que estaba oculto. Lo bajo y necesito deslizar las manos por las caderas de ella para deshacerse de la prenda que lo volvía loco, esas pequeñas faldas que a ella le encantaba usar y dejaban expuestas sus hermosas piernas. Con facilidad la levantó por los glúteos, ella en acto reflejo lo rodeo con sus piernas abrazando su cuello, profundizando aún más el beso. No sé cansaba de recorrer esos labios tan bien formados que tenía el castaño. Era todo fuerza y músculo. Con gentileza fue depósitada en la cama, su cabello negro con destellos verdes regado por el blanco edredón de seda. Se separó un poco para observarla. Deleitendose con la imagen tan hermosa que le regalaba. Las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y los ojos nublados por la pasión.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunto coqueta pasando sus dedos por los rebeldes cabellos castaños. Era tan sedoso, siempre quiso hacer eso.
—Uhmm no sabes cuánto —con la voz ronca por el deseo empezó a besar su cuello arrancando gemidos. Deslizó una mano por la espalda para desabrocharle el sostén de encaje morado. Ella se arqueó facilitando la tarea. Mientras la otra mano pasaba delicadamente sobre su seno. Sintiendo la suave forma que era cubierta aún por la tela. El broche cedió, quitó la prenda permitiéndose contemplar al fin los sugerentes senos. Se entregó al deseo que lo embargo, degustó la delicada piel succionando el pezón que ya estaba erguido. Con la otra mano recorrió la extensión de sus piernas, acariciando las caderas, regresando al inicio de sus glúteos. Deseaba tocar y probar la intimidad que aún permanecía cubierta por la tela de encaje. Sintió las manos de Megumi luchar con su pantalón. Se apartó de ella aprovechando para observarla en lo que terminaba de desnudarse. Quedando expuesto a los bellos ojos de Megumi. Ella se mordió el labio con sensualidad. Avivando la llama que crecía en su interior.
—Ven aquí. —Le ordenó al sentir la imperiosa necesidad de tocarlo. Sano obedeció sin vacilar aprisionando el cuerpo de ella con el suyo. Un jadeo salió de su labios carmín en anticipación de lo que vendría. Pasó sus manos por los brazos y la fuerte espalda, no pudo resistirse a tocar el trasero tan bien formado del castaño. El gruñido de satisfacción llegó cuando con sus manos tocaron su ya de por sí duro miembro. Él no se cansaba de besarla, pero tenía que explorar una parte que aún le faltaba. Bajo con besos húmedos por el cuello. Le dió atención a ambos senos antes de seguir su recorrido por el vientre liso. Con una calma que empezaba a desesperarla, el castaño bajó la prenda por sus piernas. Disfrutando el recorrido. Ella se abrió para él sin pena pero si sonrojada. Se pasó la lengua por los labios invitado sin querer a que el castaño probara cuánto quisiera. Ni corto ni perezoso, se tumbó abriendo más sus piernas. Deslizó primero un dedo por los pliegues, explorando la suavidad de la carne. Los suspiros no se hicieron esperar. Eso lo exitó aún más.
—¿Esto te gusta? Metió un dedo en la intimidad provocando que ella se arqueara jadeando.
—Ahh… hai…
—¿Y esto? —metió un segundo intruso moviendo los dedos pausadamente en una caricia deliciosamente torturante.
—Ahmm… hai… —Estaba disfrutando como nunca. Nadie se había tomado la molestia de provocarle tanto placer, de tocarla con aquella ternura y a la vez con tanta pasión.
Formó una pequeña c con los expertos dedos que estaban más que mojados debido al evidente deleite de la doctora. Saber que él la ponía de esa manera lo calentaba aún más. Guiado por su impulso de probarla completa, introdujo en su boca el pequeño montículo que coronaba su monte de venus, haciéndola gritar de placer. Movió su lengua en pequeños círculos, succionando y devorando aquella parte que la haría perder la razón. Sus dedos siguieron entrando y saliendo de su mojada intimidad. Sintió las manos de Megumi en sus cabellos tirando un poco de ellos, le estaba avisando que estaba próxima a terminar. Ya que los gemidos no dejaban lugar a palabras. Así fue, la sintió tensarse dando un gemido largo que disfruto demasiado. Sacó sus dedos para pasar su lengua, no dejaría de degustar él mismo su sabor, recibiendo todo lo que le daba. Los temblores del orgasmo aún no se detenían, el castaño seguía ocupado en su intimidad provocando que el calor siguiera recorriendo su cuerpo. Se aferró a la seda blanca, enterrando los talones en el colchón. Era tanto el placer que seguía recibiendo que no dudaba vendría el segundo orgasmo.
—Sano… ahhh… te nece...sito… ahhh…
Esas palabras activaron una parte tan primitiva en él. Dejó su labor incorporándose un poco sobre sus brazos. La miró con completo deseo en los ojos. Se pasó la lengua por los labios. Como si de un predador se tratase la observaba aún retorsiendose bajo su cuerpo. —Dilo de nuevo.
Con la respiración entre cortada, en medio de los jadeos, abrió los ojos. —Te, necesito… Sanosuke.
La forma tan sensual y sincera en que se lo dijo, lo llenó de una manera inexplicable. Sintió su corazón acelerado. Era tan grande el amor que sentía por Megumi, que en ese momento se sentía un hombre realizado de estar con ella. Se puso rápidamente la protección. No la hizo esperar más. Tomo sus piernas con delicadeza para acomodarse mejor. Se sitúo en la entrada de su intimidad, las miradas estaban entrelazadas. Despacio, disfrutando de cada segundo se fue introduciendo en ella.
—uhmm… si… ahhh...
Los gemidos de ambos llenaban la habitación. Se detuvo hasta que ya no pudo avanzar. Le deleitaba sentir la manera tan íntima en que era abrazado su miembro. Y entonces empezó el movimiento tan antiguo como el tiempo. Entrando y saliendo de ella, en un roce glorioso. Tensó la mandíbula Incrementando el ritmo. Ella se pasó las manos por los senos, deteniendo el movimiento que hacían gracias al choque de sus cuerpos. Mordiéndose el labio para no gritar. Él se agachó juntando sus cuerpos sin dejar de mover las caderas. Quería besarla de nuevo. Ahogar sus gemidos y gritos con su boca. Ella enterró las uñas en su espalda. Arqueandose hacía él. Enredo sus piernas en la cintura para profundizar las embestidas. Se sentía de nuevo a punto de llegar. Soltó su boca para gritar su nombre entre gemidos. El castaño siguió dando estocadas al sentir las paredes de su intimidad contraerse, eso lo estimuló para alcanzar su orgasmo. Soltó un gruñido profundo apretando los glúteos femeninos. Las respiraciones eran erráticas. Se quedó un momento más dentro de ella, contemplando su belleza. Mientras era correspondido por sus ojos verdes. Le acarició la mejilla tiernamente, depositó un beso suave en los labios. Se le quedó un te amo en la garganta. No quería asustarla con sus sentimientos. Era un gran progreso, no quería echarlo a perder. Separándose de ella se fue al baño a limpiarse.
Megumi aprovechó para apartar el edredón y ponerse un ligero camisón de tela suave que dejaba muy poco a la imaginación. Un relámpago iluminó la habitación completa y el trueno la hizo brincar del susto. La lluvia golpeaba el cristal con fuerza.
—Oi te dan miedo los truenos Megumi —El castaño se acercó con sus boxer puestos, al paso recogió toda la ropa del suelo.
—No es mi clima preferido, pero al menos tengo a quien abrazarme. —Lo volteo a ver muy coqueta. Sonriéndole se fue a meter a la cama invitandole a qué ocupará el espacio junto a ella.
—Será reconfortante abrazarte. —Sano la pego a su cuerpo, ella recargo su cabeza en su pecho, mientras que le acariciaba la espalda a través de la fina tela.
El sueño muy pronto llegó por ella. La encontró con una sonrisa en los labios. Megumi estaba feliz de que Sano cumpliera con su palabra. Ella haría todo lo posible por corresponder ese inmenso amor. Hacerse merecedora de esas dos palabras que vio reflejadas en sus ojos chocolate.
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La fiesta transcurría con calma. Hombres vestidos de etiqueta con mujeres bellas y de vestidos largos con escotes pronunciados. Seguramente muchas de ellas no eran las parejas oficiales. Los meseros se paseaban entre los invitados para ofrecer copas de champagne. Ella divisó a lo lejos a su acompañante, mientras el ministro de salud la acercaba a su cuerpo poniendo la mano en su cintura. Un contacto que no le agradó, pero sonrió lo mejor que pudo al hombre con quién hablaban en ese momento. De poder le retorsería la mano hasta rompercela.
—Vamos William, debes decirme de donde sacaste a esta belleza. —El hombre cano que la miraba sin reservas de arriba a abajo, deteniendoce en su escote que realzaba su bien redondeado busto, la cintura tan estrecha que dejaba en evidencia las acentuadas caderas. Dejaba una larguísima pierna al descubierto. Sin duda parecía modelo. Con el vestido morado que había elegido. Los falsos rizos rubios le llegaban a mitad de la espalda cubriendo en gran medida el amplio escote de este. Le sonrió de nuevo llevándose la copa a los labios, dejando la marca de color rojo intenso en ella.
—Ni pienses que te la voy a dejar por un segundo.
—Eres un viejo avaro —ambos hombres rieron, su acompañante la tomó más fuerte de la cintura.
—Vamos querida, no tardan en servir la cena —se dejó guiar a la gran mesa que aún estaba vacía.
Aprovecho para pasar un brazo por la espalda de él acercándose a su oído, para que solo él pudiera escucharla. —Me vuelve a poner una mano encima y le juro que se arrepentirá.
—Lo-lo siento Tokio-san —susurro bajito con los nervios de punta.
—¡No me llame así! Itsuko, recuérdelo. —Ella río sensualmente cuando vio que otras parejas se acercaban a ocupar sus asientos en la mesa. —Si me disculpas ahora vuelvo, querido.
—Hai, Hai.
Se marchó de la mesa lo más rápido posible. Le crispaba los nervios que a última hora el mandatario saliera con que tenía que asistir a ese acto de beneficencia. Algo en todo aquello no le cuadraba. Se acercó hacia el pilar dónde se encontraba su compañero oculto en la sombras.
—¿Aquí te quedarás toda la noche?
—De aquí tengo buen panorama, ¿te diviertes? —preguntó con media sonrisa y burla.
—Será mejor que no me provoques o a ti también te rompo las manos.
—Vamos, yo si conozco a tu esposo como para apreciar mis manos.
—Pero sabes que conmigo sería suficiente. Mi amado esposo no necesita defenderme.
Sin responderle la tomó de la cintura escondiéndola con él, mientras fingía que la besaba. Un hombre alto y moreno de ojos azules pasó mirándolos fijamente, su acompañante le dió un empujón para que siguiera su camino.
—¿Acaso era Jin'e Udo? —le preguntó en un susurro aún con sus rostros muy juntos.
—Uhm —ve con el mandatario, yo seguiré a Jin'e.
—Voy contigo. Él es muy peligroso.
—Ie, recuerda que estamos aquí para proteger su vida. No queremos perder al nuevo ministro de salud.
—Ese hombre trabaja con Makoto no podemos desperdiciar la oportunidad de…
—Lo sé por eso yo lo seguiré —no le dió oportunidad de réplica. Se despegó de ella dirigiéndose con cautela hacia dónde habían desaparecido. —Tampoco es que se vaya a perder mucho, ese hombre es un bakayero. —Se quejó en voz baja para sí misma. Se encaminó de regreso a la mesa, quedando paralizada con lo que veía. El mismo Sadojima Hōji estaba sentado junto a William, el ministro de salud.
—Ah querida que bueno que llegas, te presento al señor…
—Para usted Hōji, es una dama muy hermosa. —Se adelantó a contestar agarrando su mano y besando el dorso de la misma. Ella se obligó a sonreír con naturalidad. Era muy poco probable que la reconociera con el cabello rubio y los pupilentes verdes.
—Es un placer Hōji —respondio amable ocultando su nerviosismo.
—Le parece si seguimos con nuestra charla en privado William. —Le ofreció levantándoce de la silla.
Ella lo tomó del brazo preguntando en voz baja. —¿Qué sucede aquí? ¿Lo conoce?
—Es solo una charla amistosa, sino quieres… —se aclaró la garganta para corregir la forma de dirigirse a ella— sino quiere venir me puede esperar aquí mismo.
—¡Está loco! No sabe en lo que se está metiendo.
—¿Pasa algo? —Hōji se volvió cuando no sintió que no lo seguían.
—Ie ie, vamos detrás de usted.
Tokio respiró profundo. Esto acababa de dar un giro muy inesperado. Siguieron al hombre a una sala apartada de la fiesta. Se encontraron con una habitación que parecía fungir de oficina. Unos quince hombres estaban dispersos en la habitación. Tokio se tensó al mirar la situación. Tres hombres se apostaron en la puerta cerrada. Su instinto le decía que acababan de caer en una trampa.
—Será mejor que tomes asiento —el hombre fue a servir unos vasos con whisky. Le tendió uno a la rubia. —Es un honor conocer a la esposa de Hajime-san.
Ella frunció el ceño. Si sabían quién era ella entonces su jefe…
—Oh no te preocupes por él, nuestra misión aquí es capturarlo con vida, Makoto Shishio será quien tenga ese privilegio. —Le contestó como si hubiera hecho la conjetura en voz alta, al ver que no tomo el vaso se lo extendió al hombre que acompañaba a Tokio. Se dispuso a proseguir cuando ella miró con intenciones asesinas al tal William. —Así es Tokio-san, es uno de nuestros espías, ustedes no son los únicos con agentes infiltrados. Aunque algunos… se compran.
Tokio pudo ver la culpabilidad en el rostro de aquel hombre. La ira empezó a crecer dentro de ella. Sin esperar un segundo más, de entre sus piernas sacó una vara pequeña que llevaba atada a un ligero, la cual extendió convirtiéndola en un bō de dura y fina madera. Los hombres se le fueron encima pero ella empezó a dar certeros golpes con su arma. Unos en la boca del estómago, otros en la nuca y otros más en la entre pierna. Desmayando a cuánto hombre se le acercaba. Su arma le permitía mantener la distancia. Unos cuantos sacaron espadas, pero sin lograr herirla ella acabó con todos. Miró al William traidor que estaba aterrorizado.
—Perdonalo Tokio-san es un novato. —El hombre se sentó tras el escritorio a beber tranquilamente su otro vaso de whisky.
Ella no entendía por qué estaba tan tranquilo si ya no tenía hombres que lo protegieran. Levantó el bō, acestándole un fuerte golpe en la nuca al traidor de William que cayó pesadamente a sus pies—. ¿Qué planean conseguir con esto?
—Ya te lo dije, queremos a Shinomori Shigeru.
—Es una locura que hayan montado este teatrito solo por eso.
—A Makoto le encanta hacer las cosas en grande, no sería divertido solo ir a secuestrarlo a su oficina.
—Hablas como si eso fuera muy fácil.
—No te confundas querida, sabemos que aunque su organización es pequeña, es muy efectiva. Tanto así que el jefe sale a cumplir misiones.
—¿Por qué estás tan seguro de que podrán atraparlo? ¿O tienes más hombres escondidos? —Una espantosa posibilidad le rondaba la cabeza. Creer que no sería eso, era cometer un grave error. La puerta a su espalda se abrió. Tragó saliva con dificultad. No podía sentir la presencia de quién acabara de entrar.
—Hace falta más inteligencia que fuerza, ¿tú crees que Shinomori dejaría morir a la esposa de un amigo?
—Si crees que tengo miedo te equivocas.
—Deberías.
La voz tras ella le provocó escalofríos. Se volvió con la defensa en alto. Entró un hombre que traía en la mano un bō modificado en un extremo una punta como lanza, al otro una bola de acero, en la espalda el caparazón de una tortuga, seguro lo usaba de escudo. Sin embargo lo que más le llamó la atención es que traía vendados los ojos.
—Un placer conocerla Tokio-san, soy Uonuma Usui.
—Recuerda que no debes matarla Usui, solo será para chantajear a Shinomori así que contrólate, onegai.
Se levantó la venda de los ojos, mostrando que estos estaban quemados. Se rió acomodando de nuevo la venda. —A veces no se medir mi fuerza, que tal si me pasó un poco…
—¡Usui! —lo reprendió Hōji, era muy difícil de controlar. Lograrían su objetivo, pero tal vez no saldrían en una pieza—. No hagas que nos regañen, no quiero un castigo porque no te pudiste controlar.
—Saa, no te preocupes, solo nos divertiremos... un poco… —una sonrisa siniestra se formó en su cara—. Me gustaría probar tus habilidades con ese bō. No te reprimas linda.
Se lanzó al frente. Sin poder reaccionar a tiempo un corte ligero se marcó en el lateral de su cuello. No era profundo, pero empezó a sangrar. Se llevó la mano a la zona afectada algo aturdida. Era demasiado rápido. No podía perderlo de vista. Volvió a agarrar su arma para ponerse en defensa.
—Te daré la oportunidad de atacar.
Evaluaba sus posibilidades de salir con vida. Claro que sí no lograba matarlo no se iría sin un rasguño. La sed de sangre que emanaba de él era tan profundo que lograba alterarla. No se detendría hasta lograr su objetivo que sin duda era matarla. Le dijeran lo que le dijeran no parecía un hombre de seguir órdenes.
—No seas tímida, que esperás… —Notó que ella no se movía de su lugar. Estaba buscando huecos en su defensa. Le hizo gracia. No encontraría—. Si no vienes iré yo.
Diciendo eso se lanzo de nuevo al ataque, intercambiaron varios golpes con sus armas. Tokio trataba de mantener la distancia, pero intentando infligirle algún daño. Se caracterizaba por se rápida y fuerte. Entrenaba con su marido, él era un sensei bastante exigente. Sin embargo su oponente era bastante hábil. Algo que hacía mucho tiempo no veía. Se estaba cansando. ella puso su bō del lado izquierdo para defenderse, pero en el último momento el cambio el lado del ataque y le hizo un corte profundo en el muslo derecho. Solo hizo un gesto de dolor reprimiendo el grito que quiso salir de su boca. No le daría el gusto. Sin alejarse lo vio empuñar de nuevo, pero esta vez ella aprovechó la cercanía giró por su espalda dando un certero golpe detrás de la rodilla derecha. Usui cayó sobre esa pierna, giró inmediatamente enterrando el filo de su bō en el costado izquierdo.
Tokio se quedó sin aire por la sorpresa. La sangre empezó a brotar en el instante quel retiró el filo. Dio un salto hacia atrás, se sostuvo en pie gracias al arma. Jadeante se llevó la mano donde el vestido se trozo y se manchaba de sangre rápidamente.
—¡Usui, que te dije! —Hōji se encontraba observando todo aún detrás del escritorio—. ¡Si la matas no nos servirá de nada!
—No dañe ningún órgano vital. —En ese momento Usui se puso delante de ella. Pero Tokio no se amedrentó, se irguió empuñando su bō—. Me encanta cuando son tan valientes, pero de nada te va a servir.
Ella esperaba el ataque, no sabía de qué lado aún. Intentó normalizar la respiración, si pensaba que por estar herida le tendría miedo, se equivocaba. Fue muy rápido, pero esta vez interpuso su bō en el camino. Sin embargo la fuerza que llevaba era tal que atravesó su arma enterrandoce por encima de su pecho derecho, el trayecto finalizó en la pared. Antes de que se diera cuenta Usui tenía una delgada y pequeña daga muy cerca de su corazón. Había errado por muy poco.
—¡Maldita zorra, mira lo que haz hecho! —sintió el sabor de la bilis en la boca, nadie le había herido de gravedad antes, cómo es que ella… pero claro se dejó atacar para poder herirlo. El coraje le ganó y empezó ahorcarla sin piedad. En ese momento abrieron la puerta de golpe. Soltó a Tokio quien resbaló lentamente al suelo casi inconsciente.
—¡Kuso! —Hōji se levantó de su lugar. Los planes se frustraron. Shinomori Suigetsu entró a la habitación hecho una furia, al ver a Tokio empeoró. Que llegara solo significaba que los otros dos fracasaron. Si Jin'e no pudo hacerle más que unos cortes en la ropa y unas cuantas heridas, Usui con la nueva herida que tenía no sería rival para él. Maldiciendo salió de ahí antes de convertirse en su objetivo.
—Al fin un oponente digno —sacó su arma del cuerpo de Tokio haciendo más grande la herida y provocando un fuerte gemido de dolor. Pronto el vestido se llenó de sangre.
—Desgraciado —siseo con rabia, atacando tan rápida y directamente que Usui apenas tuvo tiempo de defenderse. La pequeña espada chocó contra el caparazón de tortuga deslizando el filo a un lado. Shinomori giró sobre sí haciendo un profundo corte en la espalda. Usui grito de dolor alejándose de su agresor.
—Al parecer pudiste acabar con Jin'e, pero yo no soy como él, has tenido suerte como esa zorra…
—¿Suerte? Dices… —la voz calma impregnada de enojo, lo interrumpió— yo creo que es más que eso. No eres más que un simple hablador. Y no tengo tiempo así que me evitaré el interrogatorio por qué no mereces seguir con vida.
Usui era ciego. Pero usaba lo que él denominaba ojos del corazón, percibía cada pequeño ruido de los músculos, al extenderlos, encogerlos, las respiraciones, todo aquel mínimo movimiento y alteración en el ambiente. Toda esa grandiosa habilidad, le sirvió para solo darce cuenta del momento justo en el que la kodashi atravesó su estómago para salir por el costado. La sangre empezó a salir de su cuerpo en gran cantidad. Se quedó tirado sintiendo su vida apagarse. Le hubiese encantado haber peleado con Shinomori, aunque el resultado fuese el mismo. Sonrió al disfrutar del olor de su propia sangre. No era una muerte tan deshonrosa para alguien que había matado a muchos.
—Tokio, me oyes —Shigueru se arrodilló junto a ella, evaluando las heridas. Si bien no parecían de gravedad, estaba perdiendo mucha sangre con rapidez—. Resiste onegai.
—Deberias seguir a Hōji… —su voz débil trataba de transmitirle calma.
—Ahora lo importante es llevarte a un hospital. —La agarró en brazos con cuidado y salió a toda prisa del lugar. Shishio solo incrementaba su lista de crímenes al igual que su odio hacía él.
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Misao pasó una mano por el cabello azabache de su amiga. Estaba teniendo una pesadilla. Respiraba con dificultad. Los truenos retumbaban por todo la mansión. Hacía rato que llegaron, en el abrigo de la noche. Al parecer quienes los siguieron se perdieron en el camino. Cosa que agradecía por qué no tenía ánimos de enfrentarse en una lucha. Todo lo que quería es que su onee-chan despertara de ese feo sueño.
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Sangre.
Se vio las manos llenas de sangre.
Desesperación.
La sentía atenazando la garganta.
Miedo.
Oprimiendole el corazón.
Ya no quería perder a nadie más. Esa sombra de voz siniestra la culpaba de matar a sus personas amadas. Las manos llenas de sangre eran la prueba. Pero no podía creer en quien se escondía en las sombras. La llamaba a estar a su lado. ¿Por qué la llamaba? Ella no era mala ¿O si? Volvió a ver sus manos ensangrentadas. Una espada muy cerca de dos cuerpos. Las lágrimas fluían libremente.
—Solo yo puedo mitigar tu dolor, ven mi querida Kaoru.
—Ie… ie…
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Kaoru abrió los ojos sintiendo una mano en su frente. Desorientada y en una milésima de segundo, puso la mano que la tocaba detrás de la espalda y la otra mano en su cabeza acorralandola contra el futon. Con su rodilla hacia más presión en la espalda de la chica evitando que se moviera.
—¿Quién eres tú?
—¡Oi Kaoru-oneechan! Soy Misao, ¿no me reconoces? —tenía que admitir que Kaoru gozaba de una fuerza, habilidad y agilidad que superaba a muchos ninja del clan. Si debía ser sincera Kaoru cumplía más con el perfil de Okashira que ella. Su cara estaba contra la suavidad del futón. Agradecía que no tuviera armas cerca. Aun así ella no pretendía lastimarla por lo que no opuso resistencia—. Hablemos tranquilamente… suéltame... —le preocupaba no obtener respuesta, si realmente perdió la memoria estarían en graves problemas. Hacerse con la confianza de Kaoru sería muy difícil—. Onegai… Kaoru.
—¿Quién es Kaoru? —Un relámpago iluminó la habitación. Seguida del trueno que las aturdió. El shogi se corrió dejando ver a un hombre alto de cabello obscuro.
Kaoru sintió un pinchazo en el corazón cuando ambos ojos azules se cruzaron. Su cuerpo actuó en automático. Le dió un golpe en la nuca a la joven que tenía prisionera dejándola inconsciente sobre el futón. Se levantó, cuando otro relámpago iluminó la habitación. A su espalda se encontraba un shogi que conducía al exterior. Sin pensarlo más lo deslizó y salió corriendo. El viento sacudía sus cabellos negros con violencia. El agua empezó a caer en el instante que puso su pie descalzo en el jardín. Tenía que salir de ahí. Su cabeza era una maraña de imágenes flotantes. Como si el trueno que resonó en ese momento fuera su señal. Saltó al techo, cruzando por la barda que protegía la mansión. Estaba rodeada de árboles. Corrió para perderse entre el paisaje nocturno que se alzaba tenebroso. La lluvia mojaba su cuerpo. La risa malévola no dejaba de resonar. Sentía que debía escapar. Su cuerpo débil pero lleno de adrenalina le daba el impulso para seguir. Su instinto le decía que alguien la seguía. No debía detenerse. Ya no quería ver la sangre. Quien la seguía era veloz. La estaba alcanzando. Entre los árboles le parecía ver fantasmas ensangrentados.
—Detente, no somos enemigos —Aoshi dudaba que pudiera escucharlo con la fuerte lluvia que caía. Había salido detrás de ella, ya que Kenshin se había puesto a preparar la cena. Sin tiempo de avisarle o de lo contrario la perdería. La vio caer. Era su oportunidad. Se apresuró a llegar—. ¿Estás bien?
Kaoru sentía una fuerte punzada en la cabeza. Se hizo ovillo mientras se manchaba de lodo. Algo dentro de ella no estaba bien. Miles de imágenes se cruzaban por su cabeza, pero ninguna tenía sentido. Veía personas pero a nadie reconocía. Kaoru. El nombre resonaba pero no le decía nada. "¿Es mi nombre?" . Recordó a la siniestra voz que la llamaba así. Sintió terror. Entonces ella había matado a las personas que estaban en sus pesadillas. No recordaba quienes eran pero le dolía el pecho al pensar que estaban muertas. Intentó incorporarse. Volvió a caer. Tenía el tobillo lastimado.
—Volvamos. Tu condición puede empeorar. —Intento estar cerca, pero no demasiado. No quería alterarla. Vio sus ojos azules. Llenos de terror y confusión. Algo dentro de él le urgía a consolarla. El recuerdo de su madre vino en un rápido destello, provocando un nudo en su estómago.
—Puedes confiar en mí —le tendió la mano acercándose muy despacio. La fría lluvia los golpeaba con fuerza.
—Pero tú en mi no… solo traigo muerte...
—Estoy aquí para protegerte, yo voy a cuidar de ti. —Por primera vez en mucho tiempo, sintió algo cálido en su corazón. Era un sentimiento muy diferente al que Misao despertó en él. Era algo más fraternal. Le extendió la mano, ella se la dió tímidamente. De nuevo el dolor en su cabeza la forzó a doblarse gimiendo de dolor. Aoshi se agachó para abrazarla y levantarla en brazos. Recordó aquella pequeña bebé que su madre sostuviera amorosamente antes de ser atravesada por una espada. Reprimió los recuerdos que tan celosamente habían permanecido en lo más profundo de su corazón, enfocándose en el camino de regreso.
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N/A:
Aquí llego con la actualización. Espero que les haya gustado, yo disfrute escribiéndolo.
Al fin mis dos enamorados juntos ^/^.
Se vienen sorpresas, se va a empezar a desentrañar el pasado...
Agradezco como siempre a tod s aquello s que se toman la molestia de leer, de seguirme y ponerme como favorito. Especialmente a quien se toma unos minutos más para dejarme su opinión:
Akanke: Muchísimas gracias por tu comentario, me alientas a seguir! Espero que esté SanoMeg haya sido de tu agrado, ¿Qué te pareció? Te mando un abrazo n_n.
KaryCK: Hermosa, gracias por leerme, no sabes el gusto que me da y la alegría que siento de que te guste! Espero que esté también lo hayas disfrutado. Te mando un abrazo n_n.
Recuerden que los reviews son el pago que recibimos l s escritores.
P.D: Si les gusta el ShikaTema los invito a mis otros dos fic, no se arrepentirán.
Saludos n_n.
