-Nuestro sendero-

VIII. No querer escuchar la verdad

[Rated: K]

~Petición hecha por Elizabeth~


Gohan escuchó la puerta de su casa cerrándose con un ruido muy estruendoso y se asustó.

Se levantó enseguida sosteniendo a la pequeña Pan entre sus brazos —que por ese entonces acababa de cumplir un año— y se dirigió hacia la entrada.

Por supuesto, sabía quién era, pues había sentido el ki de su esposa acercándose hacia la casa, abriendo la puerta y después cerrándola de forma descuidada.

El semisaiyajin era experto en leer el ki de los demás —no en vano llevaba sabiendo hacerlo durante toda su vida—, así que había interpretado perfectamente la furia que destilaba la energía vital de Videl, que entró, pasó por su lado como si no hubiese visto a ninguno de los dos y se fue a la habitación.

Gohan y Pan se quedaron mirándose extrañados.

—¿Qué le pasará a mamá? —preguntó el hombre a su hija con desconcierto.

La niña únicamente hizo una mueca extraña con su boca y Gohan no pudo evitar sonreírle y acariciarle la mejilla.

Sabía que Videl había quedado en verse con Ireza esa mañana y, como era su día libre, le había pedido que cuidara a Pan mientras tanto. Por supuesto, él había aceptado sin reparos.

También estaba en su derecho de divertirse aun siendo madre y, después de todo, él era el padre de Pan, así que era su obligación cuidar de ella. Eso siempre lo había tenido claro porque para Gohan, Videl no era la persona que debía cuidar a su hija o estar siempre en casa, sino la mujer con la que quería caminar por el resto de su eternidad de forma libre.

Se sentó en el sofá de la sala, esperando que Videl fuera hacia allí porque la conocía tan bien que sabía que lo haría. Y, de hecho, así fue. Al poco rato de estar sentado, la mujer apareció por la puerta del salón, se sentó en el sofá justo a su lado y le quitó a Pan de los brazos para saludarla.

Le plantó un beso en la mejilla y su gesto enfadado se suavizó en cuanto hizo contacto visual con su hija, que era la única persona que podía calmarla en ese momento. Ni siquiera Gohan podría hacer algo y eso él lo sabía bien. Por eso, se quedó en silencio hasta que ella decidiera hablar y contarle lo que le pasaba.

Videl empezó a mecer a Pan con sus brazos y, al poco rato, la niña se quedó durmiendo ante la atenta mirada de sus padres.

Después, se levantó, dejó a Pan en la cuna durmiendo y volvió al sofá para sentarse al lado de su marido.

Como Gohan observó que su mirada añil reflejaba ahora mucha más tranquilidad y ella no se lanzaba a hablar, se decidió a indagar un poco para saber qué había pasado y, sobre todo, si podía hacer algo por que Videl se sintiera mejor.

Antes de comenzar, pasó su brazo por el hombro de la mujer, que suspiró aliviada en cuanto sintió la caricia tenue.

—¿Qué te pasa?

—Me he peleado con Ireza.

Gohan agrandó sus ojos, se separó un poco de ella, cortando así el contacto, se incorporó y la miró con sus luceros negros rezumando tristeza y preocupación.

En todos los años que llevaba conociendo a Ireza y a Videl jamás se habían peleado. Nunca. Tenían un vínculo muy fuerte, pues eran amigas, prácticamente hermanas, desde hacía muchos años.

Ireza había sido la primera persona en penetrar en la barrera de indiferencia que Videl había construido alrededor de su corazón tras todas las decepciones que había tenido por la gente que se acercaba a ella solo por conveniencia.

Y en un principio, Videl también la había rechazado, la había alejado, pero la chica rubia, con su incansable buen humor, había seguido insistiendo para que fueran amigas y, tras un esfuerzo casi titánico, lo había conseguido.

Desde ese entonces, jamás se habían separado ni peleado. Porque ambas eran tan opuestas que se complementaban a la perfección, que resolvían sus desacuerdos con diálogo, con bromas, con risas, con rabietas adolescentes fingidas, pero nunca con peleas serias.

Por lo tanto, Gohan se sentía muy angustiado, ya que no le gustaba pensar que una amistad tan bonita y pura pudiera llegar a romperse.

—Pero… ¿Qué ha pasado?

—¿Qué ha pasado? —repitió Videl con ironía—. Se supone que cuando llamas a alguien para que te dé consejo, aceptas ese consejo o al menos lo tienes en cuenta. Pero si no quiere escuchar la verdad y aceptar que está enamorada de Sharpner, pues es su problema, no el mío.

Gohan se quedó paralizado. ¿Había escuchado bien? ¿Ireza, enamorada de Sharpner? ¿Se había perdido algo?

—¿Qué has dicho?

Videl abrió los ojos cayendo en la cuenta de que había algo que no debería haber dicho. Era un secreto, Ireza le había dicho que no contara nada a nadie, pero, enfadada como estaba, se había ido de la lengua. Y, de todas formas, era Gohan. No iba a pasar nada por contárselo porque sabía que era alguien muy discreto.

—No te he contado esto antes, pero Ireza y Sharpner están juntos —dijo, pero después rectificó—. Bueno… más o menos.

—¿Más o menos? —cuestionó Gohan confundido.

Videl suspiró antes de contar toda la historia.

—Sabes que hace unos meses volvió Sharpner a la ciudad, ¿verdad? —Gohan solo asintió—. Pues se vieron a solas porque él la llamó diciendo que tenía muchas ganas de verla y sucedieron… cosas.

Gohan alzó las cejas contrariado y de forma curiosa.

—Entiendo… —susurró.

—Desde ese entonces, ellos han estado viéndose, pero últimamente Ireza estaba triste y me llamó para que quedáramos. Me ha dicho que no sabe lo que le pasa, que no está segura de querer seguir con algo que no sabe qué es y que siempre acaba en la cama. Yo le he dicho que debería ser honesta con él y decirle lo que siente, que lo ama. Y entonces se ha puesto a recriminarme que no tengo ni idea de sus sentimientos. ¿Te lo puedes creer? ¡Yo solo pretendía ayudarla!

El semisaiyajin, antes de hablar, comenzó a pensar mientras analizaba la situación.

Era cierto que Videl solo quería ayudar a su amiga, pero probablemente su reacción no hubiese sido la mejor. Porque Gohan la conocía bien y sabía que a veces podía ser demasiado intensa con lo que creía, además de que no tenía filtros para decir las cosas con la delicadeza que, algunas veces, requerían.

—Sé que solo querías ayudarla, pero ¿no has pensado que tal vez pueda sentirse asustada?

—¿Asustada?

—Sí, porque no sabe bien lo que siente o porque sí lo sabe pero no está segura de si Sharpner va a corresponderla.

—Sí, puede que tengas razón, pero a veces simplemente las personas necesitamos que nos digan lo que no queremos oír. Yo solo he hecho eso, le he dicho la verdad, y no puedes imaginar cómo ha reaccionado.

Gohan tomó las manos de su esposa entre las suyas para seguir hablándole.

—Videl, a veces las personas también necesitamos a alguien que nos diga que está a nuestro lado sin importar lo confusos o desorientados que estemos. Deberías hablar con ella.

—¿Yo? —preguntó la mujer ofendida, sabiendo que no era su culpa en absoluto lo que había pasado—. De eso nada —añadió mientras cortaba el contacto de las manos y se levantaba.

—No hagas algo de lo que te puedas arrepentir —sugirió él, a la vez que se levantaba para ponerse enfrente de su esposa—. Ireza te necesita. Vas a tener que dejar tu orgullo a un lado por una vez. Además, me duele veros así. Siempre habéis sido amigas, ¿verdad? No dejes que un malentendido tan insignificante como este rompa una relación tan especial como la que tenéis.

Videl se mordió el labio inferior y los ojos se le aguaron.

En el fondo, sabía que Gohan tenía razón, pues nunca había sentido que podría tener una amiga mejor que la chica rubia.

Era cierto que Ireza necesitaba escuchar la verdad, pero tal vez filtrada, con algo más de empatía para que no la lastimara tanto. Ella la conocía bien y la hipótesis de Gohan de que estuviese aterrada por no saber si sus sentimientos eran recíprocos por parte de Sharpner era muy plausible.

Entonces, Videl se abrazó a Gohan y le asintió. Al separarse, Gohan apartó algunas tímidas lágrimas de sus mejillas y después le besó la frente.

Dos días después, dejando que las cosas se asentaran, Videl volvió a llamar a Ireza para solucionarlo todo.

Cuando volvió a casa tras reunirse con su amiga, le contó a Gohan con felicidad que lo habían resuelto porque ella había sido suave, la había escuchado, no había intentado imponerle su opinión y le había hecho ver la verdad de sus sentimientos. También le había dicho que estaría ahí para lo que necesitara, pero que sabía que si no tenía una conversación apropiada con Sharpner, jamás iba a estar tranquila.

Y ella, entre lágrimas, le había dicho que tenía razón y que sentía mucho haberse comportado así cuando se pelearon. Pero que se sentía triste, perdida, sola, olvidando que tenía amigos en quien confiar y que no la dejarían caer tan fácilmente.

Mientras Gohan escuchaba a su esposa contándole cómo todo había salido bien, sonreía complacido.

Porque Ireza sin Videl y Videl sin Ireza no se sentía adecuado. No tenía razón de ser. No era lo normal, ni lo correcto, ni lo apropiado.

Porque siempre habían estado juntas y así debía seguir siendo en el futuro.


FIN

Córdoba (España), 1 de octubre de 2020.


Nota de la autora:

Y aquí acabamos las peticiones. La verdad es que no me esperaba tantas procedentes de este fandom, pero estoy muy contenta, si soy sincera. Gracias a todas, chicas con nombres preciosos. Ha sido bonito escribir lo que queríais leer.

No miento si digo que este es el mejor fandom en el que he estado porque en general, me habéis dicho lo que os ha parecido vuestra petición, cosa que no ha sucedido en otros fandoms, así que gracias de verdad.

¿Volveré a hacer esto? Quién sabe. Tal vez en un futuro bastante lejano.

Elizabeth, espero que haya estado a la altura de lo que esperabas. Por supuesto, espero que todos hayáis disfrutado con estos pequeños relatos.

Gracias, además, a aquellas personas preciosas que han comentado todos los capítulos (algunas ni habían hecho petición). Sois los mejores. Gracias por tanto amor, por el apoyo que he recibido, por las peticiones, porque imagino que eso significa que os gusta mi forma de escribir. Gracias por hacerme sentir que valgo para esto. Gracias por motivarme a seguir.

Nos seguimos leyendo, mis amores.

—Marilú