-Creo que es hora de devolver la cruz de plata a su legítimo dueño, Meimi.- enunció Seira tendiéndole la joya a su amiga. El joven vive en la calle Yokohama número veinticinco. Ten mucho cuidado. –

Tras rezar y despedirse de su amiga la novicia, Saint Tail salió como siempre lista para hacer su labor benefactora. Aquella noche se respiraba un ambiente torvo e intranquilo. Había patrullas haciendo rondines por las avenidas principales de Seika. No había ni una sola alma en las calles, todos parecían haberse tomado demasiado en serio el toque de queda aún cuando fuese para los menores de veinte años. Meimi ya cruzaba como una ágil saeta los tejados de la ciudad. Después de entregarle al joven atormentado la joya de su abuela, investigaría de nuevo a las afueras de bosque donde había estado hace días.

Llegó sin grandes contratiempos a la dirección donde vivía el muchacho. Se dispuso a entrar evitando que las patrullas de la policía la viesen. Era un pequeño departamento más bien humilde, en una zona de clase media de la ciudad. Colándose por el sucio pasillo a través de una ventana, el estado de abandono de la casa era más que notorio. La casa parecía estar vacía. Llegó de inmediato al cuarto del joven, donde vió una figura dormida en la cama, aunque no pudo ver con claridad su rostro en la oscuridad. Dejó sobre la mesa de noche el crucifijo y se dispuso a salir. Justo cuando salía por el pasillo, oyó como la persona en el cuarto hacía ruido. No podía quedarse más tiempo y menos con la policía tan activa. Ahora debía dirigirse al bosque, para continuar con la investigación de los asesinatos.

No tardó en llegar al claro donde aún había los restos de la bacanal de los jóvenes. La joven ladrona examinaba las latas vacías de cerveza en espera de encontrar una pista. Había algunas inscripciones satánicas hechas en los árboles cercanos con lo que parecía ser sangre. Al pie de uno de los árboles, había una pila de esqueletos de ratas que aún tenían un olor nauseabundo. Justo cuando se estaba introduciendo en el bosque para analizar las inscripciones en los árboles, el sonido de un auto aparcando en el claro la distrajo. Dándose la vuelta para observar, vio como bajaban de aquel auto dos hombres. Los dos eran altos, aunque la muchacha no pudo ver sus rostros, si oyó sus voces:

-… quizás deba investigar primero a los chicos que llegaron a este bosque a hacer sus ritos satánicos. Estoy convencido que saben más de lo que dijeron. Esto es fascinante...-

-Sólo le pido que tenga sumo cuidado...si llega a encontrarse con él, señor Hitachi. No debe hacerle nada, solamente debe capturarlo…- La voz de aquel hombre sonaba con un acento peculiar. A Meimi le sonó familiar pero no recordaba donde lo había escuchado. De inmediato apagó su lámpara para no llamar la atención de los sujetos.

-Toda mi vida me he preparado para este momento. Lo sabía, sabía que tenía razón!- saltó lleno de júbilo el otro hombre.

-Sssshhh! Deje de ser tan imprudente, Hitachi! No me agrada hablar de esto en público, la policía nos esta siguiendo a ambos, que cree que no lo sé? Y por favor, deje de hacer el tonto con esa estaca. Me esta empezando a provocar fastidio.

Un crujido de ramas sonó detrás de Meimi. Paralizada por el miedo, no podía encender la lámpara porque la descubrirían. Los hombres también habían oído el ruido.

-Yo entraré primero, Hitachi. Sígueme y no hagas tonterías. Estoy seguro que es él.-

La muchacha solamente pudo introducirse aún más en la oscuridad del bosque, para evitar que la vieran. Quizás convendría usar alguno de sus trucos para evitar que avanazaran más y se dieran cuenta de que estaba allí. El primer hombre ya proyectaba con su lámpara buscando en los árboles. Un segundo después, Hitachi cayó sobre la hierba con un gran estrépito.

-Eres un payaso sin remedio…-refunfuñó el otro hombre ayudándolo a levantarse. Saint Tail había lanzando su truco de las bolas de plástico, haciendo que el hombre pálido y calvo se resbalara. Se había escondido y se alejaba lo más que podía penetrando en la negrura del bosque.

A varios metros, el hombre de acento extraño examinaba las bolas mágicas de Meimi. Con un gesto amargo, miró hacia el bosque.

-Parece que no estamos solos. Estaba muy cerca de aquí. No quiero más bufonadas, me entiendes Hitachi?-

-No, no, discúlpeme señor…-

Meimi ya no los oía. Al fin pudo encender su lámpara. Aquellos metros que camino a gatas en la oscuridad, rezando por no ser picada por alguna serpiente, habían sido de una enorme angustia. Ella también tenía el mismo presentimiento que Hitachi y su acompañante: había alguien en aquel bosque y la estaba observando. Apuntó con su lámpara de manera discreta para no llamar la atención. No se veía absolutamente nada en el bosque. Y justo el rostro pálido de un muchacho rubio le devolvió la mirada. Meimi soltó un alarido ahogado mientras el joven se cubría los ojos.

-Vete de aquí! – gritó el joven.- No se quien seas, pero aléjate!… Meimi lo apunto con la lámpara para tratar de alejarlo...-Esa luz me molesta. Por favor, no le digas a nadie que estoy aquí. Quiero estar sólo…- El chico tenía las ropas hechas girones y cubiertas de sangre. Parecía haber peleado con alguien a juzgar por las heridas y raspones que tenía en el cuerpo. Sangraba ligeramente por la boca.

-Pero…no puedo dejarte solo…-chilló Meimi tratando de reconfortar al joven de pelo color arena, que parecía algo mayor que ella…- Por favor, ven conmigo y estarás bien…

-Ha matado a mi hermano. Y ahora viene por mí!...- berreó el muchacho sin hacer caso…- Ya nadie puede salvarme…-

-De quien estás hablando?...- gimió la pelirroja sin entender lo que oía…

-Vete de aquí. Por favor…- el joven la tomó desesperadamente por la cintura. No tenía fuerzas para hacer ceder a Meimi. – Estoy seguro de que vendrá…-

Otra vez las ramas crujieron. Una voz de otro jóven, sonó en medio de la oscuridad. Parecía no necesitar de una lámpara para verlos a ambos, Saint Tail y el muchacho rubio.

-Fui un estúpido al dejarte vivo, Tetuski. Y veo que te has hecho de una nueva amiga…He oído hablar de una ladrona que sale por las noches y tiene en jaque a la policía. Lástima que no ha hecho ningún robo. Me vendrían bien para quitarmelos de encima…- La muchacha apuntó con su lámpara al hombre joven. Era muy alto, de cabello castaño claro y facciones claramente mestizas. Sonreía de manera perversa.

-Apaga la luz, muñeca…- grunó el joven acercándose a Meimi a gran velocidad y arrebátándole con grán fuerza la lámpara. Y en unos pocos segundos, la chica había sido sometida por el sujeto, que la tomaba por el cuello impidéndole respirar.

-Eres sólo una chiquilla, pero tienes un cuerpo muy apetecible…dijo acariciándole los senos y las piernas de manera libidinosa. Y esa piel tan suave, seguro tu sangre es deliciosa…-susurró seductoramente en el oído de la muchacha…. Ya no puedes hacerme nada, Tetsuki. Dejar ese sucio crucifijo fue bastante molesto. No me gustan esa clase de sorpresas. Pero vas a pagar por ello...- El hombre había aflojado la tensión en el cuello de la chica, pero seguía tomándola firmemente por el cuello con el antebrazo. Meimi solo podía rezar a toda velocidad en silencio, mientras el vampiro reía a carcajadas burlándose de Tetsuki y de ella.