Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Desde el momento en el que la pregunta de "¿Tienes alguna fantasía?" se escuchó saliendo de los labios de Ochako, Katsuki supo que aquello no acabaría bien / Historia escrita para la actividad del "NSFW Kacchako Week".

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.

Modo de lectura: Todos los capítulos están relacionados pero el modo de leerlo, está preparado de tal forma que los títulos de cada capítulo, indica el verdadero orden de lectura. ¡Rompecabezas!

Advertencia: Contenido NSFW (no safe for work) o contenido sexual explícito. Lean bajo su propia responsabilidad.

Notas: Cada Capítulo está inspirado en una canción en particular, el cual está indicado en el título del mismo. / Eyes on fire – Blue Foundation.


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CAPÍTULO 9 – Mascota.

(Día 6 – Bondage)

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Paul Anka comenzó a sonar en la vieja estéreo que contaba el pequeño cuarto en donde la dirección le indicaba, cerró la puerta detrás suyo distinguiendo la canción que escuchaba, era una de las favoritas de Uraraka, Put your head on my shoulder. Era una melodía vieja y lenta y sabía que su padre tenía el vinilo de aquel álbum.

Su mirada estudió todo el ambiente de la pequeña habitación iluminada en un rojo alarmante, sentía que su cuerpo estaba produciendo mucho más sudor del que acostumbraba y era por el ambiente caluroso que generaban las luces oscuras; su atención fue a la cama frente a él en donde un conjunto de arnés, medias finas oscuras, sogas oscuras y una máscara similar descansaban.

El sólo hecho de ver el conjunto de sadomasoquismo heló su sangre. Entonces, escuchó unos tacones acercándose y supo que el tiempo para cambiar de opinión había acabado.

Volteó a sus espaldas y vio a Uraraka, su mirada fue desde sus pies hasta su rostro y sencillamente no podía dejar de deleitarse con la vista que tenía frente a él: la muchacha portaba media fina negra similar a la que se encontraba en la cama, unos tacones aguja de charol con cierta altura, una tanga negra de vinil, unos guantes largos que llegaban a la mitad de sus brazos y nada más que un corsé de cuero ubicado bajo sus pechos que realzaban la desnudez en ellos y sus pezones erectos apuntándolo.

Una máscara de gato que cubría hasta su nariz y una fusta negra con la punta de tiras de cuero en su mano le habló del peligro que sus propias palabras tenían. Porque era verdad, él le había dicho a Ochako que si volvía a buscarla, ella tenía derecho a hacer con él lo que quisiera.

Y ella lo tomó muy a pecho.

¿Cómo llegó a aquella habitación de motel con una Uraraka vestida de cuero y un futuro incierto para sí mismo?

Sencillo. Él no pudo aguantar la distancia que había puesto entre ambos después de que aquel villano atacara a Uraraka y ella cayera en ese estado que le costó una noche sin sueño.

De regreso a la academia, posterior al ataque sufrido en Yokohama, Uraraka se había ausentado unos días para retornar a su casa con su familia, hacerse los estudios pertinentes que le dijeran que estaba fuera del dominio del quirk y recuperarse un poco del shock de saberse presa por síntomas que la hicieron perder los estribos.

Cuando retomó las clases, los primeros en apabullarla con preguntas y acercarse a saber cómo se encontraban fue su círculo de amigos cercanos, pero Bakugo seguía guardando distancias de ella y Uraraka evitaba mirarlo por la pena de haberlo hecho pasar semejante infierno la noche que la cuidó hasta que se quedara dormida; no, nunca olvidaría que despertó atada a la cama de Katsuki con un calcetín limpio en la boca y un muy incómodo Bakugo durmiendo en el pequeño sofá que contaba la habitación. Él no tardó en despertarse al escucharla removerse y la ayudó a quitarse la playera que usó para atarla a la cama, explicándole lo que había pasado.

Pero ella lo recordaba todo, recordaba cómo fue arrastrada por aquel remolino de polvo y de pronto, perdió conocimiento. Lo siguiente fue despertar con el rostro de Katsuki en su mente y la necesidad imperativa de encontrarlo, un calor comenzó a envolverla y sentía que la única forma de que se detuviera sería cuando lo encontrara, cuando lo tuviese dentro de ella moviéndose con fuerza, embistiéndola como sabía hacerlo hasta hacerla llegar al orgasmo.

Sí, estaba fuera de sí y le avergonzaba de sobremanera que él viese aquel lado suyo que, por más de que pocos secretos existían entre ambos sobre su sexualidad, ella casi abusó de él. Se sentía pésima consigo misma y muy avergonzada porque obligó a Katsuki a atarla a su cama y callarla con un calcetín para dejarlo en paz.

No volvieron a hablar después que ella regresó a la academia, aunque podía sentir la mirada rojiza de Bakugo sobre ella, se sentía avergonzada de sobremanera.

Siempre fui tuyo.

Ella apretaba con fuerza sus manos contra su pecho al recordar las palabras dirigidas por Katsuki porque la desarmaron incluso estando bajo el efecto del quirk del villano que la atacó. Sí, ella ya no podía ocultar sus sentimientos por Katsuki pero no podía hacer nada, no después de haberle hecho pasar la peor noche de su vida.

Al finalizar las clases de ese día, Ochako fue la última en salir del salón, necesitaba ir a la biblioteca a tomar algunos libros y ponerse a estudiar, los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y ella se había ausentado unos días, debía recuperar el tiempo perdido.

Se sorprendió de ver a Bakugo de pie en el umbral de la puerta cuando ella tenía intenciones de marcharse, sus mejillas se colorearon al encontrarse con la mirada rojiza de su compañero.

―Bakugo ―dijo Uraraka intentando no sonar sorprendida―. Debo ir a la biblioteca, así que será mejor que me marche antes de que…

―¿Cómo te sientes? ―Él no la escuchó, sencillamente preguntó. Ella sólo podía sonrojarse más y más―. No hemos hablado desde… Esa noche.

―Lo siento mucho ―respondió cabizbaja―; de verdad, yo no tenía intenciones de… Es sólo que…

Sintió la áspera y gran mano de Katsuki tomar su mentón para levantarlo y permitir mirarla pero hallar esos rubíes ojos observándola la hicieron sucumbir. Él acarició con su pulgar su mejilla y ella se rompió un poco ante su tacto. Él lo supo, la atrajo hacia sí, la rodeó con sus fuertes brazos y ella hundió su rostro en su pecho.

―Sabes que no fue tu culpa ―dijo él en un susurro y ella estrujó bajo sus manos el uniforme del muchacho―. No tienes que recriminarte nada.

―Sí, pero te hice pasar pésimo y además nosotros no… Dios, soy una tonta por haber bajado la guardia…

Él se separó un poco de ella para mirarla a los ojos, no había inseguridad en esos ojos de sangre que la veían con tanta intensidad.

―Fue culpa mía ―respondió. Ella negó con presura―. Yo te distraje. Fuimos tontos, no tuvimos que anteponer nuestras cosas ante una misión.

―Lo sé… ―Él le dedicó una pequeña sonrisa mientras acariciaba su rostro y ella no podía si no corresponder.

―Dime algo… Tú… ―Bakugo parecía ansioso―. ¿Recuerdas algo de ese día? ¿Algo sobre lo que dije… Dijimos? ―Se apresuró a corregir. Ella lo miró un momento sin comprender hasta que recordó todo lo que le había dicho ese día.

Siempre fui tuyo.

Ella se sonrojó y con ver aquella reacción, Bakugo comprendió que sí, que recordaba todo lo que había dicho esa noche; no tardó en imitarla, sonrojándose por igual. Antes de que él se alejara por inercia, ella apretó la manga de su uniforme llamando su atención. Él encontró una sonrisa comprensiva en sus labios al mirarla.

―Sé que todo lo que dijiste fue para calmarme y que pudieras amarrarme. Fue una buena estrategia, estaba fuera de sí así que… Gracias por protegerme de ese modo. ―Ella se alejó de él para dejar el salón de clases. Bakugo, por su parte seguía con la mirada puesta en la nada. Volteó a Ochako y ver su espalda alejándose de él dolió, la ansiedad subió por su pecho. No podía dejarla marchar. No de nuevo.

―Uraraka ―dijo con fuerza, con tanta que Ochako detuvo su paso volteándose a verlo sorpresivamente. Tener ese par de ojos castaños sobre él lo ponían nervioso como el primer día que ella lo vio desnudo y él se entregó a ella. Se mordió la lengua para contener el nerviosismo en su interior―. Las cosas que dije no fueron… No fueron parte de mi estrategia.

Ochako lo observó en silencio y entonces él comenzó a avanzar hacia ella a paso decidido, lo vio acercando sus manos a su rostro y entonces, la besó con fuerza. Fue un beso brusco como cuando comenzaron a tener sus aventuras, como cuando ella le fue instruyendo el modo en el que los besos eran más efectivos; ella sonrió porque hacía tiempo que no lo sentía de ese modo, no tardó en suavizar el tacto de Bakugo, de guiar sus labios con los propios y permitir sentirse mejor.

―A la mierda lo que te dije sobre mantener distancia… ―susurró contra sus labios y ella no pudo si no sonreír contra ellos y volverlo a besar con ganas―. Te quiero para mí, carajo.

―Bakugo ―susurró para mirarlo―, siempre fui tuya, aunque ninguno lo esperaba.

Él había roto la distancia, había roto esa pared que habían construido para evitar confundir sentimientos porque estaban hartos de eso; había más que sexo entre ellos y lo sabían.

Y por palabra, él le dejó en claro que ella podía hacer con él lo que quisiera. Una nota en el bolsillo de los pantalones de su uniforme unos días después y la dirección de un motel, una habitación y un traje de sadomasoquismo en la cama matrimonial con la promesa de que ella cumpliría y haría con él todo lo que quisiera.

―¿Cómo conseguiste el lugar? ―Preguntó Bakugo desde el baño de la habitación, terminando de colocarse el arnés en el pecho.

―Mina me ayudó con eso ―respondió. Bakugo rodó los ojos, claramente debía esperar lo que fuera si venía de la mano de la alien―. No fue difícil aunque el guardia del sitio me preguntó como un par de veces mi edad.

―Tú sigues pareciendo de catorce años, Cara de Ángel. ¿Identificación falsa? ―Preguntó el rubio saliendo del baño portando la ropa que le había tendido su actual novia.

―No habría forma de hacerlo sin una ―Respondió. Ochako observó detenidamente a Katsuki delante de ella con aquel atuendo, el arnés apretaba su piel, estrujaba sus pechos y su cuello, resaltando el color oscuro en contraste con su piel un poco más bronceada por sus entrenamientos.

―¿Segura que ésta media fina debe tener éste agujero aquí? ―Preguntó el rubio, había incomodidad en su voz y por la forma en la que rascaba su nuca, fingiendo que no le afectaba vestir algo así. La media fina yacía abierta precisamente en donde se encontraba su pene, dejando al descubierto sus testículos y su miembro aún dormido.

Ochako sonrió, se veía tan sexy con los accesorios negros y la mediafina que dejaba a la vista su miembro. Supo que hizo un buen trabajo en conseguir todo el conjunto para él y apreciarlo de ese modo, le hacía agua en la boca a la estudiante. Katsuki ya no sabía cómo estarse de pie con la mirada que su novia de dirigiía, como si un pedazo de carne se tratara y ella estuviera a punto de devorarlo.

―¿Uraraka?

―A partir de éste momento, tienes prohibido llamarme por mi nombre, te referirás a mí como Ama y harás todo lo que diga. ―La joven se encontraba sentada al borde de la cama con un collar de perro en las manos y una placa que rezaba la palabra "Pet" en él.

―¿Es una puta broma? ―Preguntó al ver el collar―. Te dije que podías hacerme lo que quisieras, pero esto es otra cosa, Uraraka.

La fusta de cuero acabó golpeando el borde de la cama en respuesta a sus palabras y Katsuki guardó silencio al ver la seriedad en Ochako. Ella se puso de pie y haciéndole señas con su índice, le indicó que diese la vuelta; Bakugo dudó un momento pero lo hizo de todas formas, entonces sintió que ella tomó sus muñecas para esposarlo y no conforme con eso, fue atando sus brazos con sogas negras de cuero.

―¡¿Qué puta mierda crees que haces?!

―¡Silencio, Puppy! ―Respondió Ochako jalando de la soga con fuerza, silenciándolo―. La única que da órdenes, será tu ama. Tú harás lo que yo diga y cómo lo diga. Los perros no hablan, así qué… ―Un tapaboca cruzó frente a él, cubriendo desde su nariz a su barbilla―. Guarda silencio. ―Finalizó con un beso en su espalda―. Si te portas bien, dejaré que juegues conmigo después pero mientras… Serás mi mascota.

Ochako caminó hasta estar delante suyo, portaba una sonrisa satisfecha y su mirada castaña fue descendiendo desde el rostro de Bakugo, hasta sus pechos que sobresalían aún más con el arnés que los apretaban. Una de sus manos fue hasta uno de sus pezones y lo acarició despacio, sus yemas daban caricias circulares y con el dorso de sus dedos, los acarició dulcemente, fijándose en cómo los rubíes ojos de Katsuki la miraban. Sujetándose de su cintura, ella descendió lo suficiente hasta acercar sus labios a uno de los pezones de Katsuki y soplándolo, lo fue lamiendo; él no podía usar sus manos, estaba atrapado y esa sensación de imposibilidad a cualquier movimiento que deseaba hacer parecía excitarlo, su miembro iba cobrando fuerza entre sus piernas a medida que ella lamía uno de sus pezones y estimulaba el otro con sus dedos.

―¿Esto te excita? ―Preguntó con una sonrisa y lo siguiente fue sentir cómo la mano enguantada de Ochako tomó su miembro para comenzar a masturbarlo. Él no podía contener sus gemidos, se mordía los labios bajo la mascarilla y respiraba con dificultad encontrando los ojos de Ochako tan encendidos como nunca antes―. Oh, eres un perro muy sucio… ¿Sabes lo que hago con los perros como tú?

Él negó. No supo en qué momento entró a su juego pero le gustaba, el sentirse despojado de libertad, de movimiento, el ser utilizado de esa manera y ver a Ochako tomando el control, aumentaba su excitación.

―Los echo al suelo. ―Y tras decirlo, introdujo sus dedos entre el arnés de su pecho para jalarlo y arrodillarlo ante ella. Fue un movimiento rápido, sorpresivo incluso para él. La fusta de Ochako fue a su mentón, levantando su mirada a la suya―. Eso es… Buen chico.

Ochako le colocó el collar y observando con diversión su imagen, tomó asiento frente a él al borde de la cama, cruzó sus piernas y con la punta de su stiletto de charol, acarició su mejilla revestida de la mascarilla negra, fue bajando la punta de su tacón por su pecho y lo contra su piel hasta dejar una marca en ella. Katsuki frunció su ceño al sentir la punzante sensación, mirándola molesto pero en respuesta, Ochako abofeteó su rostro con la fusta, no fue demasiado fuerte pero sí le sorprendió que lo hiciera.

―Chico malo, nada de gruñidos a tu ama ―dijo en un tono severo―. Dime, ¿necesito castigarte para que me entiendas?

Él seguía sin dejar de fruncir su entrecejo y eso parecía divertirla.

―¿Qué sucede? ¿Te molestó el golpe? ¿Quieres otro más? ―Él intentó hablar y ella volvió a abofetearlo, Katsuki se enervaba aún más así que otra bofetada más sólo hizo que él se pusiera de pie―. El perro necesita modales.

Activó su quirk en él, haciéndolo levitar. Katsuki pegaba gritos y maldiciones que eran inentendibles bajo la tela de su mascarilla, ella redireccionó su cuerpo hacia la cama, el cuerpo de Katsuki obedeció sus intenciones y una vez estuvo sobre el mueble, ella volvió a otorgarle peso a su cuerpo. El cuerpo de Katsuki cayó a la cama.

―Me tocó un perro bravo, ¿eh? ―Dijo subiéndose a la cama, tomó otro par de sogas negras que quedaron junto a ella y aprovechando que las piernas de Bakugo estaban flexionadas, ató sus muslos impidiendo que pudiese moverse aún más―. Creo que hay que atar al perro.

Él seguía maldiciendo y gruñendo pero ella sólo podía reír por lo bajo. Una vez estuvo quieto en la cama, ella gateó hasta sentarse sobre sus grandes muslos, su erección aún no estaba del todo despierta así que ella fue frotándose contra éste, sus manos descansaban sobre los anchos hombros de Bakugo y ella no dejaba que su mirada se apartara de la suya.

―Eso es… Buen chico… ―De a poco, el pene de Katsuki fue tomando mayor dureza, mayor tamaño y ella podía sentirlo contra la piel de sus nalgas descubiertas cuando éste acabó bajo éstas―. ¿Quieres jugar un poco más, Puppy?

Él asintió sin dudarlo y ella sonrió con deleite.

Bajó de sus muslos y agachándose lo suficiente, acercó sus labios pintados de rojo al erecto pene de Bakugo, dejó un camino de besos rojos en su tallo y ante cada beso, podía sentirlo temblar por el deseo de que ella hiciera más con su boca. Levantó un poco los ojos hacia él y sus rubíes orbes la observaban con intensidad, casi con ruego porque engullera su miembro con la boca. Ella negó.

―No comas ansias, te daré lo que quieres ―dijo y entonces, desfiló su lengua desde la naciente de su pene hasta por debajo de su glande, Bakugo cerró los ojos cuando ella comenzó a lamer su punta, todo fue tornándose más y más caluroso para él y cuando menos lo esperaba, ella se detuvo. Él la miró con urgencia y se sentó ante él con las piernas abiertas, su media fina, al igual que el suyo, llevaba la parte de la entrepierna abierta, pudiendo observar la tanga negra que portaba―. Si quieres más, primero limpia a tu dueña.

Él asintió y entonces ella lo llamó con su índice, él no tardó en acercarse a ella con cuidado de no caer al no poder disponer en forma de sus extremidades. Al tenerlo frente a ella, llevó sus manos a su mascarilla, bajándolo hasta dar libertad a su boca. Ochako apartó su ropa interior a un lado al ubicarse frente a él, con sus dedos, le enseñó cuán húmeda estaba al remover su ropa interior a un lado y verla de ese modo, consiguió que Katsuki se relamiera los labios. No esperó otro segundo para acudir a su vulva, primero dio una lamida lenta entre sus labios superiores y acomodándose mejor sobre sus rodillas y las piernas de Ochako, comenzó a degustar de su punto más sensible.

Ochako comenzaba a ceder ante la estimulación de la boca de Katsuki, apoyada sobre sus codos, dejó caer su cabeza hacia atrás, permitiéndose sentir cuánto podía del placer otorgado por su esclavo.

―Así es… Ah, sabes cómo me gusta, puppy… ―Decía despacio y su voz aterciopelada creaba aún más placer a oídos de Katsuki, ser tratado como un perro pero con esa dulzura suya era un detonante sexual en él, instándolo a acelerar los bocados que daba en Ochako.

Fue bajando la lengua hasta introducirla en el interior de la vagina de su ama, sabía cómo le gustaba así que no dudó en recorrerla como estaba seguro que ella lo disfrutaría; Uraraka ya no podía controlar su acelerado respirar, sus gemidos eran más y más audibles y eso comenzaba a volverlo loco.

―Uraraka… Déjame metértelo ―dijo Katsuki casi en un ruego que hizo sonreír a la muchacha. Ella lo miró con una ceja enarcada y enseñándole la fusta, lo comprendió―. Ama… Déjeme metérselo…

―Mucho mejor, puppy… ―Susurró pero ella cerró las piernas ante él, se acercó hasta Katsuki y tomando su rostro en sus manos enguantadas, besó su barbilla, dio un pequeño mordisco a ésta y añadió―. Pero tengo algo en mente que te gustará aún más que eso.

―Lo dudo ―respondió. Ella sonrió, volvió a besar su rostro, ésta vez su mejilla dejando marcas de su labial en su piel.

―Apoya el rostro contra el colchón y enséñame ese bonito trasero tuyo, puppy ―ordenó la joven y él dudó un poco en obedecer pero finalmente, estaban en un juego de sadomasoquismo, él había aceptado el hacer todo lo que ella quisiera y con esa fusta y su traje de cuero, enseñando sus bellos senos, él no podía decir que no―. Buen chico ―dijo al verlo apoyar el rostro contra el colchón de la cama y levantando el trasero, dejó que ella se encargara del resto. Su pene erecto comenzaba a segregar un poco de líquido preseminal y los testículos estaban endureciéndose por la carga que traía en ellos sin poder sacarlos aún.

Katsuki cerró los ojos al sentir los dedos de Ochako sintiendo la punta de su pene, acariciándolo dulcemente, se sentía tan bien y entonces, sus dedos fueron recorriendo el cuerpo de su pene hasta llegar a los testículos, sintió la lengua de Ochako acariciándolos tan pausada y detenidamente que conseguía que Bakugo ahogara sus gemidos contra el colchón.

―¿Te gusta esto, puppy? ―Él tardó en responder, le ofreció un Si débil pero con la respiración agitada. Ochako sonrió―. Entonces te encantará esto…

Tras decirlo, ella fue conduciendo su lengua a su ano para recorrer la circunferencia de su entrada; el sencillo acto de sentir su húmeda lengua en esa parte, Katsuki se tensionó bastante, ella nunca le había dado sexo oral en esa parte, pero al sentir la mano de Uraraka en uno de sus brazos atados contra su espalda, acariciando su piel con ternura, le hizo entender que ella sólo quería hacerle sentir otra experiencia.

El cuerpo de Bakugo fue relajándose entonces y la lengua de Ochako cruzaba desde sus testículos a su ano y se concentraba allí, rodeándolo e ingresando a éste; Bakugo contuvo el aliento contra el colchón, se sentía demasiado bien, fue cuando la escuchó escupir contra su ano, llenándolo de saliva y uno de sus dedos ingresó a su abertura.

―Ah… Ura… Ama… ―Gemía cada vez más audible, cada vez más suelto.

Ochako continuó estimulándolo, sentía que su entrada iba cediendo más a ella y mientras metía su dedo en su ano, con su mano libre fue masturbando el pene de Katsuki; el rubio mordía la sábana de la cama sin mucho éxito por ocultar sus gemidos, por hacer audible todo lo que sentía, todo lo que ella lo hacía sentir.

La cintura de Katsuki se elevaba para sentir mejor cómo ella lo penetraba con su dedo y su pene temblaba ante cada estimulación recibida. Ochako introdujo otro dedo, lo fue llevando más y más profundo, tanto que Katsuki se movía a un ritmo contrario, rogando por sentirla mejor.

―Ya no puedo más… Déjame acabar…

―Aún no, puppy ―dijo ella―. Resiste tanto cuanto, créeme… Te gustará.

―¿De dónde mierda sacaste todas éstas ideas? ―Ella introdujo un dedo más a su interior y él acabó mordiendo la sábana en respuesta.

―¿Tengo a un perro malo conmigo? ―Él comenzó a negar y ella sonrió satisfecha―. Bien, vamos a jugar a otra cosa, puppy.

Sentir los dientes de Ochako en su trasero fue suficiente para hacerlo gruñir contra el colchón y en respuesta a aquello, ella azotó sus nalgas con fuerza haciéndolo quejarse aún más, otro golpe y otra queja que desembocaba en otro azote. Podía sentir que la piel de sus glúteos palpitaba por el dolor ejercido y sin embargo, cada golpe, cada mordida, cara pellizco, lo excitaban más.

―Una palabra más… Una queja más y seguiré golpeándote hasta que me obedezcas ―dijo Uraraka. Bakugo no se movió, no emitió palabra o gruñido alguno, sencillamente se mantuvo quieto―. Buen chico. Oh, vaya… Al parecer, te gusta el dolor, puppy.

Volvió a sentir cómo la mano de Ochako rodeaba su miembro erecto y húmedo, el tacto lo volvía loco, tan loco como el azote recibido previamente. Los labios de Ochako besaron una de las partes golpeadas por su fusta.

―Debe sentirse bien volverte tan sumiso de repente, ¿no? ―Ella seguía masturbándolo, cada tacto suyo no aliviaba la tensión en él, la empeoraba y su voz aniñada sólo la hacía desearla más―. Quiero escucharte gritar un poco más. ―Bakugo mordió la sábana al momento de sentir que ella apretaba sus testículos en su mano, no demasiado fuerte pero sí lo suficiente para hacerlo gemir con fuerza―. Oh, cariño… Te gusta más de lo que puedes soportar. Qué perro tan sucio resultaste ser… Dímelo, ¿eres un perro sucio, Puppy?

―No… No voy a… ―Más fuerza al agarre de sus testículos y él exhaló otro gemido, sus pestañas estaban húmedas por las lágrimas contenidas en sus ojos, él no podía controlarse―. Uraraka…

―Mi perro necesita más dolor, al parecer. ―Otro azote más y él arqueó más su espalda, levantando su trasero a ella―. Eso es… Dime, ¿eres un perro sucio, Puppy?

―Soy… Soy un perro muy sucio… ―Ella siguió masturbándolo―. Ah, detente o…

―¿Escucho una amenaza acaso? ―Ochako detuvo sus movimientos y él negó enseguida―. Bien, creo que has sido un perro obediente.

Bakugo dejó de sentir a Uraraka rodeando con su pequeña mano su pene, de hecho, no la sintió un momento hasta que las sogas en sus brazos y piernas fueron aflojándose; podía sentir el hormigueo en ellos, en como la sangre volvió a correr en sus extremidades después de haber sido atados de esa forma. Observó las marcas de las sogas en su piel y entonces, volteó a ver a Ochako quien se encontraba dándole la espalda, parecía estar haciendo algo con las sogas.

―Bakugo, ¿tienes hambre? ―Preguntó Ochako sin mirarlo. Él no sabía a qué vino esa pregunta así que ella dejó de darle la espalda para enseñarle que acababa de atarse las muñecas con la soga que restringía cualquier movimiento en sus brazos y piernas. Uraraka se sentó frente a él enseñándole sus muñecas atadas y con una mueca de falsa tristeza, añadió―. Porque creo que es hora de que el perro obtenga su recompensa.

Katsuki contuvo una risa al verla de ese modo, sumisa ante él, cambiando los roles iniciales, enseñándole su húmeda intimidad sólo para él. La sangre bombeó con mayor violencia en su cuerpo y su pene estaba temblando y adoleciendo por querer descargar todo de sí.

―Te cogeré tan fuerte, que no podrás caminar por toda la semana, Uraraka. ―La mirada rojiza de Katsuki se encendieron en un rojo oscuro, la observaba como un animal que acababa de ser torturado y liberado para saciar su sed de sangre. Él dirigió sus manos hacia sus muslos y los abrió para observar todo lo que Ochako tenía para él―. Te pagaré cada golpe que me has dado.

―Cuento con ello, puppy ―ronroneó.