El primer cumpleaños de Rose en la Academia... no se celebró allí.
Ella no quería invitar a TODA la Academia (no tenía tanto presupuesto) así que consiguió una fiestecita en un local en el mall de Missoula para sus más cercanos.
Así que al alba de ese 21 de marzo (Y Equinoccio de Primavera, además) varios buses con una piara de sobreexcitados niñitos de variadas edades -moroi y dhampirs- salieron, rumbo al Mall, para una celebración... LowKey ¡Ja, LOL!
Algunos padres -como los Dragomir- también asistirían, pues esa piara... ¡podían rapiñar fácilmente todo el Mall en pocos minutos!
Y como Rose no hizo distinción de clases (sociales o escolares) alguna, podías ver a André Dragomir compartiendo un gigantesco helado de chocolate suizo con pasas al ron y chirimoya alegre con una niñita dhampir de una clase inferior a la suya, que lo miraba con ojos arrebolados.
El verano se acercaba ¡al fin! y con él, los planes para llevar a Rose a conocer sus raíces escocesas.
O a imbuirse de ellas, más bien.
Hacia finales del año escolar, Joanna Hathaway fue exhumada con un total respeto -algo poco común para el destino de los Guardianes, arrojados en los camposantos de las Academias- y embarcada en un avión privado rumbo a Escocia, en dónde sería cremada, a ruegos de Rose.
El Clan no se oponía. Por el contrario, querían hacerlo, pero a la antigua usanza.
En la pira funeraria y como se debía hacer en esos casos.
Porque Joanna murió como una heroína.
El Clan Hathaway -en pleno y de todos los rincones del Mundo de los que pudieron llegar- habían acudido a las exequias de la Guerrera caída.
También, a conocer a sus Princesas.
Que debieran morir tres morois previamente, eran sólo pelos de la cola.
El Sandozky o los strigois se ocuparían de eso.
Rose abría los ojos como platos ante la piara de colores y tamaños diferentes que componían el Clan de su madre.
De casi albinos a, bueno, su tonalidad e incluso más oscuros.
Todos emparentados. Y algunos eran adoptivos. Pero todos de corazón Hathaway.
Y todos llevaban un simple tartán (tejido de múltiples formas y diseños) con rojo, negro y gris plata, los colores del escudo Hathaway.
También, los líderes de cada familia -¡Y había tanto mujeres como hombres!- llevaban un cuerno de plata al cuello, el símbolo del escudo familiar.
Porque las raíces del nombre lo decían todo de ellos. Guerreros.
¡Y lo curioso... era que habían también... morois y humanos entre ellos!
En presencia de las mujeres del Clan (porque Joanna era una mujer), la de mayor edad entre ellas, procedió a abrir el ataúd.
Janine observaba, la mano sobre la boca y nariz -como todas.
Un escalofrío la recorrió, al pensar que su propia hija la vio cuando la enterraban.
"¿Estás bien?" se acercó su madre y la abrazó.
"Pensaba en Rose" susurró.
"Es fuerte, esta hija tuya. La tierra le da vida. Lo superará"
"La veía, mamá. Habló con Joanna, ¿cómo quieres que lo tome?" sollozó.
Una vez que su madre la vio (y lloró sobre el cadáver) Las mujeres comenzaron a envolver a Joanna en su mortaja ceremonial, hecho totalmente por su clan -a mano- y con fibras naturales.
La rellenaron con hierbas aromáticas muy fuertes, porque Joanna... ya llevaba un tiempo muerta y el tiempo era inexorable.
Y después, las matronas (todas aquellas que tenían hijos) se acercaron y pasaron el cuerpo a la plataforma en la que sería llevada a su pira funeraria.
Joanna fue llevada con toda reverencia al centro mismo del Clan, ese frío amanecer escocés.
Sí, al amanecer, porque los dhampirs eran hijos del sol y la luna.
Pero eran ofrendados al sol, no a la luna.
Porque la luna no brillaba y el sol, sí.
4 de las más pequeñas niñas del Clan tomaron posiciones en los cuatro puntos cardinales, sosteniendo grandes cirios.
Estas pequeñas Colombas irían siendo reemplazadas por otras, en la medida en que las niñas se fueran cansando.
Finalmente, terminarían siendo las niñas mayores y jóvenes que aún no eran consideradas matronas.
Si faltaban turnos, los tomarían las matronas. Las mayores y las ancianas.
Porque una de las suyas... se estaba elevando al sol.
Y por eso, todos vestían de blanco.
Para brillar a la par que lo hiciera Joanna.
Rose esperaba su turno en la fila, temblando.
Porque Joanna estaba allí, observándola, sin decir nada.
"Ve, Rose" susurró Janine y Rose fue a tomar su posición, tomando el cirio de manos de la anterior portadora.
"La luz la veo al fin" le susurró Joanna, mientras su silueta se iba disolviendo en los primeros rayos del sol.
Cuando ya terminaron de esparcirse al viento las cenizas de Joanna; se convocó al banquete ritual.
Y aquí fue que Janine se puso nerviosa.
Porque sería presentada a quienes no la recordaban.
Y debería presentar a su esposo y a su hija.
"Les quiero presentar a mi hija, Janine" comenzó Roxelana, llamando la atención de todos "es mi hija del alma y corazón, pero adoptiva en la realidad" murmullos generales.
¿Era en serio?
"Su madre era la moroi, una rareza entre ellos. Y esa moroi era nieta de mi padre, un Lord Dashkov... Janine llegó a mí de apenas días de nacida y también llevaba el Dashkov en su nombre, porque su madre era también, nacida Dashkov" más murmullos. excitados.
¡Se venía una buena historia, una de esas...!
"Pero mi Janine tiene otra... particularidad. Había nacido del matrimonio de su madre -recuerden, una Lady Dashkov- con su padre. Sí. Su padre no es dhampir, que es lo que ustedes pueden creer... Su padre es un Lord de nuestras tierras...pero un Lord humano. Un Súbdito de la Corona"
Aquí había más que murmullos. Habían gritos.
De sorpresa, sobre todo.
"Mi Janine es la heredera de su padre, El Barón De Rous... De su título- que puede pasar a las mujeres-, de su casa, de su dinero y de sus tierras".
¡Y aquí sonó un estruendo! gritos y aplausos.
"Pero eso no es todo... Mi Janine... porque mi Janine le dio... ¡Y que lo oigan todos! un Jaque a la Reina moroi. ¡MI Janine tomó por esposo al hombre más temido por ella! ¡Y no sólo eso, juntos tienen una hija!. Hija mía, quiero que los presentes, ahora. Ven acá. Es tu turno de hablar".
"Awrite, pals" saludó Janine en su propio idioma y fue respondida por efusivos ¡Awrite, Jania! "Mi nombre legal es La Honorable Lady Janine Yelena Dashkov-DeRous, pero entre los moroi soy conocida como la Guardiana BM7 Janine Hathaway".
Gritos y aplausos por los que habían oído hablar de ella, pero no habían hecho la relación entre ambas.
"Y... quiero presentarles a mi esposo, el Señor Ibrahim Mazur y a nuestra hija, La Bayan Rose Mazur... Ambas... somos las herederas del Principado Dashkov, nuestro derecho de nacimiento por la madre que me abandonó y por el abuelo que aún vive"
¡Cheers! se oyó gritar a varios.
Entre otros gritos y arengas.
"Y ocuparé todos mis recursos presentes y futuros para que lleguemos juntos al futuro. A las tierras De Rous que serán mías por derecho de sangre, para nunca más depender de otros, sino de nuestras propias manos, si es vuestro deseo"
"¡Cheers!" gritaron todos "¡Hurra!" gritaron otros.
Y en muchos otros idiomas, se gritó lo mismo.
Porque el clan Hathaway tenía dos Ladies entre ellos.
Y el futuro les sonreía, al fin.
Más tarde en el verano, dejaron el Clan, para ir de visita a las tierras De Rous.
Era la hora que el Barón De Rous presentara a su gente a su hija y a su nieta.
Sus herederas. Claro.
Y al peligroso hombre (él no sabía que era un moroi, obviamente) con el que ella se había casado.
"MIlord, su hija Janine y su familia están llegando" le informó el asistente al Barón, que revisaba algunas cuentas.
Cuesta abajo, más bien.
"Que entren. No tiene lógica que esperen" masculló.
Dejando los papeles con molestia.
Pero había que hacerlo.
Su pasado había vuelto, para morderlo en el trasero.
¡Más le habría valido reconocer a Janine cuándo supo que Yelena la esperaba!
Ahora, su egoísmo lo había llevado casi a la quiebra... absoluta.
"Padre" casi ladró Janine, al verlo.
El no se levantó de su silla, pero al ver entrar a Mazur, se levantó como un resorte.
"Claro, bienvenida, hija. Bienvenido, Mazur... eh... Abe. Claro. ¡Y obviamente, Rose!. Un placer tenerlos acá. Ciertamente"
Obvio, no sabía qué decir o qué hacer.
Hasta que se fijó en un sobre, sobre su escritorio.
Y suspiró, aliviado.
"Tomen asiento. Pediré el té, en estos momentos... Han llegado, ciertamente, a tiempo... He... Hemos recibido una invitación al Garden Party en el Palacio de Holyrood... ¿quieres conocer a la Reina Elizabeth, Rose?" le preguntó a Rose y sus ojos se abrieron como platos.
"¡Qué tengo que ponerme!" saltó de su asiento y casi se puso a saltar.
"Eres una niñita aún. Vestido y fascinator, bastará... Para tí, hija" masculló la palabra "sombrero, obviamente.. Mazur, acá se usa... un morning suit para los caballeros... puedo recomendarle a mi sastre... Es una gran oportunidad... La Reina no invita siempre a sus Garden Parties".
"Qué... coincidencia" sonrió Mazur, casi mostrando sus colmillos. "Iremos, obviamente, de compras. ¡Serán las más hermosas!, alguna sugerencia... Milord" y miró a su suegro a los ojos y empujó su compulsión de tierra dentro de él.
"Ha... hablaremos después... Mazur, Eh, Abe... vamos a conversar de... dinero, si te parece bien".
"Perfecto".
El Palacio de Holyrood estaba rebosante de luces y personas, adornadas con sus mejores galas.
Los escoces eran independientes hasta la médula, pero igual asistían a las invitaciones a los Garden Party de la Reina, si eran invitados, claro.
El Barón De Rous llegó con su comitiva y saludó a varios conocidos, viéndose obligado a presentar -y, muchas veces, a explicar- a su hija, yerno y nieta.
A quienes más les llamó la atención, fueron a sus vecinos más cercanos, los Condes de Dumbarton y, sobre todo, a Lord Cochrane -el heredero del Conde-, que los miró varias veces, intentando situarlos.
"Tengo unos amigos cerca de... bueno, no importa" dijo el afable Lord Cochrane "creo que los ví en una ceremonia funeraria ancestral, ¿cierto?"
Y los Mazur cruzaron una mirada.
"Nuestra prima Joanna murió, Milord" explicó Rose, tristemente "habia que ayudarla a pasar, ¿sí?"
"¿Joanna... Hathaway está muerta?" y se ensombreció su rostro.
Su madre y padre pusieron una mano sobre su hombro.
"Le pedí que fuera mi esposa... Y huyó... ¿para encontrar la muerte en otro lugar?" susurró
"Joanna también te amaba, pero temía... no ser lo que deseabas que ella fuera... los estigmas y eso" dijo Rose "pero te amaba, ella me lo dijo antes de irse"
"Gracias, pequeña damita... Un placer, Señores Mazur. ¡Qué bueno que tendremos a dos hermosas Baronesas en De Rous, en un futuro!" se recompuso y besó la manita de Rose, con mucha seriedad.
¡Y el gran momento llegó!.
Rose -que usaba el mismo vestido de sus... pre-nupcias, y con un lindo Fascinator, que hacía juego con el lindo vestido color bronce- casi saltaba de la emoción.
¡Una Real Reina! no como la otra, que lo era apenas del tablero moroi de ajedrez.
Janine llevaba un elegante vestido verde -que hacía brillar su pelo rojo y rizado- y un lindo sombrero y Mazur... eh... si. Llevaba un morning suit. Claro.
Con la clásica chaqueta negra y el pantalón con rayas grises.
.Pero el chaleco tenía bordados en color bronce, que hacían juego con su corbatín y con el pañuelo en el bolsillo de la solapa.
Usaba sombrero de copa y un bastón con empuñadura de plata pura, que tenía una serpiente enroscada.
Todo un clásico vampiro, si me lo preguntas.
La Reina Elizabeth, su hija Anne, -The Royal Princess-; y los Condes de Forfar (El Príncipe Edward y su esposa, Sophie, Lady Forfar) hicieron su acto de presencia.
Y luego, comenzaron a saludar a los presentes.
La Princesa Anne se detuvo unos segundos ante el Barón de Rous y su grupo -para saludarlos, deferentemente-, y vio a Rose, a quien sonrió.
Rose llevaba como fascinator un accesorio que fuera fotografiado en la mismísima Princesa Anne, siendo mucho más joven.
"Te ves muy linda, Miss Rose, yo tuve una diadema así, cuando era un poco mayor de lo que tú eres" y Rose hizo una reverencia con mucha seriedad, que fue respondida con una sonrisa por la Princesa Anne.
Y después siguió su camino, pero dejó a una niñita dhamir en el séptimo cielo de la felicidad.
La conversación entre Lord De Rous y Mazur no fue... nada sencilla.
En torno a una taza de té, Lord De Rous debió desnudar su realidad.
Había heredado una Baronía en estado... casi indecente.
Pero -tras varias generaciones en que no habían herederos cercanos y heredaron parientes alejados de su manejo- el resultado fue... desastroso.
Tenía una casa y tierras y algo de dinero.
¿Joyas? si las había, no las había visto.
¿Antigüedades? probablemente vendidas.
Y en su búsqueda de un heredero varón, bueno, perdió más en los divorcios que lo que habría perdido en una guerra.
Así que la heredad de Janine y Rose peligraba demasiado.
Y él estaba desesperado, tanto por dinero como por un buen administrador.
¡Y allí entró Abe Mazur! obviamente.
Saldaría todas las deudas, pero esa porción que correspondía al patrimonio, pasaría -de inmediato- a nombre de Janine.
Y a un Fideicomiso para Rose, obviamente.
Pero, además, El Barón les hizo una nueva propuesta, que los dejó mudos... a los tres.
Que Janine tuviera otro bebé.
Era imperante que hubieran más herederos. O todo podría pasar si algo le pasaba a Rose.
Y eso... era absolutamente verdad.
