««ɑɓʊ»»
Yuri on Ice (YOI) no me pertenece, el propósito de este fanfiction es solo entretener y esta historia no tiene ningún valor comercial. Ya dejando eso claro, por favor no me demande.
Este fanfiction no describe zonas geográficas correctas y/o exactas, así como hechos reales históricos, sociales o culturales. Contiene: lenguaje vulgar, situaciones para adultos, consumo de alcohol y parejas del mismo sexo.
Nota inicial: En esta historia utiliza elementos y connotaciones del omegaverso, pero cuenta con su propio diseño y características que variarían dependiendo de la cultura. La diferencia se revelara a lo largo de la historia.
9.2 La despedida
Abril de 1920
Yuri Plisetsky
Había una verdadera conexión entre Moscú y Yuri Plisetky. No solo donde fue de nuevo aceptado por la corona, sino también su primer hogar como príncipe (aunque haya sido por pocos años de su infancia) y así también su lugar de nacimiento. Y después de cinco años de su regreso, el Kremlin sería de nuevo elegido para su fiesta de cumpleaños.
Una pésima sorpresa por parte de su medio-hermano, el zar Viktor. La discreción no era una palabra adecuada para describir las acciones del emperador. Sin importar cuánto fingirá él, la corte y los sirvientes, no quedaba duda que la razón del viaje a la ciudadela de Moscú era para celebrar su vigésimo cumpleaños.
–Maldito, Viktor –lo maldecía entre diente Yurio con frustración. Pero a final de cuentas no podía quejarse realmente de él, después de todo lo había recibido con los brazos abiertos, agregado a la corte y reconocido como miembro de la familia real.
A Yurio le había entregado nuevamente sus títulos, y su vida había cambiado drásticamente. Pasó de ser el olvidado príncipe desterrado, al envidiable medio-hermano del emperador. Pero la fortuna, títulos y reconocimientos no era nada para Yurio como pertenecer a un hogar.
Sí, el joven rubio tenía mucho para estar agradecido, pero por desgracia, su tiempo bajo la protección de la corona estaba llegando a su fin.
–¿Lo has encontrado? –le preguntó Yurio una vez más a Otabek, la mañana previa a su cumpleaños.
–Sí –dijo éste con su característica seriedad –. Me informaron que se encuentra en los jardines de Alexander –indicando la zona privada de la familia real en la ciudadela –. ¿Es necesario decírselo ahora? ¿No prefieres que Viktor se lo comparta?
–Es mi decisión –respondió el rubio –. Deseo decírselo yo mismo.
Su guardaespaldas y amigo no objetó ante sus deseos, simplemente asintió con la cabeza antes de seguirlo a los jardines.
Largas extensiones de pasto verdes, decoradas con esculturas, luminaria barroca y setos podados a la perfección, distinguían los jardines del Kremlin, pero el destino de Yurio estaba mucho más lejos, completamente fuera de la vista de los mirones y visitantes. La persona en particular que buscaba, era tan solo una motita en la distancia comparada con el gran recorrido que debía cruzar para llegar hasta él.
Era bien sabido que el consorte del emperador prefería la privacidad cuando entrenaba, ni siquiera el harem o sus hijos eran la excepción; solo aceptaba la compañía de su asistente personal beta. El molestarlo en su momento privado no era la costumbre, pero Yurio haría la excepción ese día por primera y última vez.
Durante el largo recorrido por los jardines hacia su destino, el joven príncipe se preguntaba mentalmente una y otra como le explicaría a Yuuri sus intenciones. La duda ante la posible reacción del omega le preocupaba lo suficiente para imaginarse escenarios inverosímiles donde obtenía como respuesta el rechazo de una de las personas que más le importaban.
Como fue curioso el destino con Yurio en respecto a Yuuri, desde su peculiar encuentro en el tren durante su llegada, hasta la similitud de su nombre. El joven rubio recordaba, con algo de remordimiento, como los primeros meses la relación entre ambos había sido sumamente áspera. Yurio no había tenido el placer de conocer un omega antes, mucho menos un varón y extranjero de tierras lejanas.
Todo de Yuuri resultaba extraño para él y como todo alfa inexperto e inmaduro con problemas de temperamento, su principal respuesta a lo desconocido era con rechazo y agresividad. Eso no solo lo llevó a tener problemas con Viktor, la corte y Yakov (persona que se hizo responsable de su instrucción), sino que provocó en él mismo una pérdida de la confianza.
El único que no pareció molesto con él, fue el mismo Yuuri. Su buen corazón de omega e instintos no le permitieron rechazarlo, en cambio con el paso de los meses, la confianza entre ambos creció y Yurio fue descubriendo la otra cara del consorte del emperador.
El joven príncipe se dio cuenta de la gran fuerza de voluntad que tenía Yuuri ante el odio a su alrededor; al no ser el consorte ideal para un Zar, no solo la corte, sino gran parte del pueblo ruso, lo rechazaron en un principio. Pero él con tiempo y paciencia se los ganó al igual que lo hizo con Yuri, así como algunos enemigos.
La determinación y tenacidad de Yuuri pronto fueron evidentes para Yurio, que ante la ironía, terminó admirándolo más que cualquier otra persona en su vida. Él le había ayudado a crecer, perseverar y tener otra visión más alegre de la vida, de aquella que solo había conocido.
Era por ello que le resultaba tan difícil decirle esa decisión drástica que había tomado.
Perdido en sus propios pensamientos y organizando sus ideas, Yurio no se percató que habían llegado a su destino mucho antes de lo que se esperaba.
–He Kadsudon –lo llamó Yurio con el apodo que le había otorgado, un platillo japonés que había aprendido a pronunciar a la perfección a pesar de sus fluidas conversaciones en ruso.
–One moment, your highness –en cambio fue Minami, el asistente personal del consorte del emperador quien respondió, ya que su amo se encontraba muy ocupado practicando su kyūdō, el arte japonés del arco y la flecha.
Efectivamente, Yuuri se encontraba concentrado, efectuando los tradicionales y casi artísticos movimientos para encontrar el equilibrio mental y espiritual para lanzar la flecha y que diera en el blanco. Su porte, poción y enfoque destacaban su figura esbelta masculina que había logrado recuperar en tan poco tiempo después del último parto. A simple vista e ignorando la fragancia natural de Yuuri, nadie se imaginaría que hacía ocho meses ese omega había traído al mundo un par de gemelas.
Finalmente la flecha salió disparada del largo arco, cruzando el trecho hasta la diana y clavándose muy cerca del centro. Minami aplaudió suavemente antes de tomar el yumi (arco) de su señor, en lo que éste se acomodaba de nuevo sus ropas antes de darle la bienvenida a los recién llegados.
–¡Yurio! –lo saludó Yuuri con una gran sonrisa y una brillante mirada–. ¿Necesitas algo? ¿Hay algún problema?
–No –dijo el joven alfa algo cohibido, encontrando difícil tomar el tema que deseaba compartir.
Yuuri en cambio lo contempló con detenimiento y agregó, presintiendo:
–¿Ahora qué hizo?
–¿Eh?
–Viktor ¿Ahora qué hizo para molestarte?
–¿Qué? Viktor no ha hecho nada. Está muy ocupado con la estúpida fiesta.
El leve grito mudo de Minami y carraspada de la garganta de Otabek le recordaron al joven alfa que la fiesta en sí se suponía ser sorpresa. Yurio rápidamente se volvió hacia el omega para descubrir como su rostro levemente se oscurecía ante la decepción.
–Oh –exclamó éste –. Entonces… creo que te diste cuenta…
Yurio gruñó para sí y pataleó contra el suelo. Las cosas no estaba resultado como él deseaba, y estaba resultado más difícil hacerlo ante tantos espectadores. Así que, dominado por su temperamento impulsivo, tomó del brazo a Yuuri y lo alejo unos pasos de Otabek y Minami.
–Ven acá –dijo mientras arrastraba al omega que se dejaba llevar a pesar de la sorpresa inicial. Su asistente en cambio dio otro leve brinco ante la reacción, pero fue detenido de interferir por el guarda espaldas.
Al final de cuentas, no era como si hiciera algo malo. Por tradición, la familia podía tocar a los omegas de la misma.
–Yurio ¿Qué te sucede? –le preguntó Yuuri denotando su preocupación en su mirada –. Estás actuando muy nervioso.
–Voy a irme –lo cortó de inmediato el joven con una respuesta rápida y tajante.
El omega de cabellera oscura lo miró aún más sorprendido, como si dudara de lo que acababa de escuchar. Por unos instantes, en que sus ojos reflejaban el trabajo apresurado de su mente, Yurio guardó silencio esperando algún reproche o interrogatorio, hasta que finalmente Yuuri agregó:
–De acuerdo –dijo éste con calma y paciencia –. Sé que Viktor puede ser un poco exagerado con las celebraciones –continuó recuperando una leve sonrisa –, pero ha invertido mucho de su tiempo para tu fiesta de cumpleaños y…
–¡No es sobre la maldita fiesta! –lo interrumpió de nuevo Yurio estrepitosamente dando un puntapié al suelo –. ¡Voy a regresar a Verni…! –Complementó de sopetón ante la estupefacción marcada en la expresión de Yuuri –. Después de la fiesta, regresare con mi abuelo.
La expresión que obtuvo de Yuuri en ese momento era justamente lo que había deseado evitar y temía encontrarse; una mezcla entre tristeza, decepción y total aturdimiento. El gran omega, consorte del emperador ruso, se vio claramente afectado con la noticia que por un leve segundo perdió el autocontrol de sus propias feromonas, dejando que su tristeza perfumara el ambiente. Aun así, sus modales y costumbres le impidieron doblegarse ante su pesar y se mantuvo firme como si la conversación fuera sumamente casual.
Yurio se sintió terrible por ello.
–¿Acaso hicimos algo para que no te sintieras bienvenido? –preguntó el omega con claro dolor en su voz.
–¡No! Haz sido… ustedes han sido… –trató de explicar a Yuri, pero le era difícil encontrar las palabras – esto no es sobre ustedes.
–¿Viktor lo sabe?
–Fue el primero en saberlo.
Aquellas palabras no mejoraron el semblante de Yuuri, en cambio perdió sus grandes ojos castaños contemplando las flores coloridas a su alrededor y evitando momentáneamente cruzarse con los del joven alfa.
Confundido con la situación, Yurio trató de explicar:
–Mira, Katsudon… la verdad es que hay cosas que yo necesito…
–No debes darme explicaciones, Yurio –lo cortó de golpe Yuuri manteniendo su dignidad a pesar que en su rostro se leía su tristeza. Como omegas, después de todo, no podía cuestionar las razones de los alfas –. Deseo que encuentres lo que estas buscando –agregó el omega forzando una cálida sonrisa dejando sin palabras al joven frente a él.
Yuuri le dio un leve apretó en su hombro, antes de alejarse en compañía de su asistente en dirección del palacio principal de la ciudadela
–Ni si quiera intentes llegar tarde a la fiesta –le advirtió de ultimo éste, antes de que estuviera lo suficientemente lejos para que su pasos dejaran de escucharse.
–No lo haré –dijo el joven alfa en respuesta para sí mismo, pero casi inaudible para los demás.
Yurio no supo si esa reacción fue mejor o peor de lo que se había estado imaginando, y los días siguientes durante su largo viaje de regreso a Kazajistán, aquella mirada de tristeza en el rostro de Yuuri volvió a su mente más de una ocasión.
El joven alfa se sintió entre la espada y la pared. Atrapado entre la verdadera felicidad y deseos difíciles de comprender para él; pero deseaba hacerlo, esa era la razón principal de aquel viaje de autodescubrimiento. Tenía que averiguar sus sentimientos para poder disfrutar sin culpa y calma la familia que le estaba compartiendo Viktor y no confundir su afecto del único y más maravilloso omega que había conocido en su vida.
Ando retrasada con los fanfiction. Pero si no es una cosa es la otra. De nuevo me puse mal de salud y creo que afectó el capitulo, no estoy satisfecha de cómo salió.
Saludos.
