23 DE MAYO DE 2013. 02:12 P.M. NUEVA YORK. PENTHOUSE DE LA TORRE STARK.

– ¿Todo bien, Capitán? – pregunta Jarvis mientras el mencionado sale del ascensor.

– Todo bien – responde demasiado tenso.

De nuevo, Steve esta molesto y de nuevo, la razón de su irritación es cierta castaña de ojos verdes. Para alivio suyo, por lo menos esta vez la irritación no surgió de una pelea en la que aterrorizaron medio mundo.

El soldado esperó una hora y media en el punto de su reunión y la chica no se apareció. Ni siquiera tuvo la decencia de mandar un mensaje para avisar de su retardo, o decirle que tenía una misión o dar cualquier tipo de información.

Una actitud así no parece tan extraña de la chica, ella suele entretenerse con algo y perder la noción del tiempo, aunque nunca ha faltado a una de sus reuniones. Exceptuando la reunión pasada, programada 2 días antes del recital de Sophia, sin embargo, ninguno se apareció luego de su gran pelea. Además, son contadas las veces que ha llegado tarde a sus reuniones. Y en lo más profundo sabe que si ella no llegó debe haber una explicación, Sophia nunca hace nada sin una razón.

Pero Steve no puede evitar sentirse traicionado. Sabe que ella puede recibir una misión a último minuto y no le diría a nadie porque es reservada y se suele alejar cuando siente que se vuelven más íntimos. Aunque luego de aceptar ser compañeros, supuso que habían pasado esa etapa.

Se comienza a preguntar si debería llamarla, o eso solo lo haría ver como el bastardo sobreprotector que molesta tanto a Holmes. Si fuera cualquier otra persona no dudaría en llamarla, pero evitan cualquier contacto digital porque saben que SHIELD monitorea sus teléfonos. Pasa ensimismado por la sala, apenas haciendo un gesto para saludar al billonario.

– ¿Tienen idea quien es ella? Sophia es la dueña del hospital – grita Tony a su teléfono ignorando al rubio – No me importa si la habitación esta ocupada o tienen que construir otra, pónganla en la mejor habitación que tengan – suelta un sonoro suspiro mientras cuelga su teléfono.

La sola mención de la chica detiene al soldado de golpe. Se queda unos segundos estáticos en lo que razona el resto de la conversación.

– Oh, Rogers. No te había visto – saluda Ironman fingiendo tranquilidad.

– Stark, ¿dónde está Holmes? – pregunta lentamente el Capitán adoptando una postura intimidante.

– No creo que ella quiere que te diga – responde nervioso, algo extraño en la personalidad del castaño.

– Stark, dime – ordena con rudeza.

– Bien. No es nada importante, hubo un problema medico que ella ya tenía – habla nerviosamente. Ya sea por revelar el secreto de su ahijada o por la ira que parece emitir la mirada del rubio.

– ¿Sus riñones ya fallaron? ¿No se supone que aún faltaba para eso? – pregunta violentamente el rubio tomándolo por los hombros.

– ¿Cómo demonios sabes eso? – balbucea atónico.

– Stark, ¿donde mierda esta Sophia? – insiste Rogers dedicándole la mirada más intimidante que puede.

– Hospital Presbiteriano, esta en cirugía – responde finalmente sacándose del agarre del rubio.

– Vamos – ordena este dirigiéndose a la salida.

– Mierda. No puedo, en 10 minutos tengo que estar en un vuelo a Londres. El coronel Ross…–

Sin ni siquiera escuchar el final de la oración, el soldado ya se dirige de vuelta al elevador con una determinación que el millonario solo había visto en batalla. Apenas alcanza a reaccionar cuando las puertas ya se han cerrado.

¿No se supone que ellos dos se odian?, piensa confundido.

Se encoge de hombros y decide ocupar los últimos minutos previos a su vuelo para asegurar que Rogers puede ver a Sophia sin menor problema. Por lo menos una persona debería estar con ella.

23 DE MAYO DE 2013. 04:07 P.M. NUEVA YORK. HOSPITAL PRESBITERIANO DE NUEVA YORK. HABITACIÓN DE RECUPERACIÓN POSTOPERATORIA PRIVADA, PISO 10.

Lo primero que noto cuando recupero la consciencia es el olor a desinfectante.

Hospital, estás en un hospital, me susurra una parte de mi cerebro.

Trato desesperadamente alcanzar mi último recuerdo o algo que me diga porque estoy aquí. Estoy segura de que no estaba en una misión, así que puedo descartar eso. Recuerdo estar tomando un café con Coulson y luego sentir un dolor agudo en mi espalda baja. En cuestión de segundos no podía respirar, perdí la noción de dónde estaba el piso y caí al suelo.

Mierda, mis riñones fallaron antes de lo que predije.

Me doy unos segundos para poder acostumbrarme a mi alrededor. Mi cuerpo se siente pesado, anonado, y mi cabeza se encuentra nublada. Lo que atribuyo a la cantidad industrial de analgésicos que seguramente me dieron. Aunque, hay algo más…

Alguien está sosteniendo mi mano.

Mi primera suposición es Coulson, pues estaba conmigo cuando me desmayé, aunque lo dudo porque hay muchas personas que no saben que sigue vivo y quedarse conmigo puede arruinar eso. Además, la mano que sostiene la mía es más cálida y grande.

Lentamente me fuerzo a abrir los ojos. La blancura me deslumbra hasta que puedo divisar el inmaculado cuarto blanco en el que estoy, tan sólo mi cama, unas máquinas conectadas a mí por cables, un sillón y una televisión comprenden el mobiliario. Poco a poco comienzo a ver más detalles hasta que distingo al rubio que está a mi lado con la mirada perdida en algún punto de la pared.

– Steve – grazno roncamente.

Sus ojos se encuentran con los míos y casi puedo tocar la enorme preocupación que estos emanan.

– Shh, tranquila – me detiene cuando comienzo a incorporarme – Acabas de salir de cirugía no hagas esfuerzo – dice con una suavidad que me desconcierta.

La mano que me suelta se siente fría, lo que me hace preguntarme cuanto tiempo estuvo esperando y sosteniendo mi mano.

– ¿Hace cuanto salí? – mi pregunta sale poco más que un susurro.

– Hace un par de horas – lo interrogo con la mirada – A las 2:25, son las 4:08 –

Asiento lentamente calculando mentalmente cuanto tiempo me queda.

– ¿Qué haces aquí? – pregunto suavemente.

– Vine a verte – responde con obviedad – ¿Dónde están todos? –

– ¿De que hablas? – frunzo el ceño confundida.

A menos que los médicos determinaran que quieren hacer público mi caso, lo cual es poco probable porque les pago mucho para mantener mi secreto, no debería haber nadie aquí.

– Acabas de salir de una cirugía mayor, debería estar alguien contigo, ¿no? – responde lentamente. Como si se lo estuviera explicando a una niña.

– Sí, generalmente es una enfermera –

–Tu familia… – empieza.

– Mi hermano piensa que no tengo nada – interrumpo cortante – Dice que es mi forma de llamar la atención. Mi hermana dice que no es nada grave. Y la última vez que mi padre puso atención en mi enfermedad… bueno casi muero mientras experimentaban conmigo – explico fríamente.

– Mierda, Sophia. Tu familia es un asco – suelta en un suspiro.

Rio al escucharlo maldecir.

Aunque rápidamente mi risa se transforma en tos y comienzo a ahogarme. En menos de un segundo él ya tiene extendido un vaso de agua para mi, me da pequeños golpes en la espalda mientras lo tomo y me tranquilizo.

– ¿Estas bien? – pregunta una vez que dejo de ahogarme. Sus ojos vuelven a trasmitir ese enorme nivel de preocupación.

– Si – respondo incómoda por su atención.

Estoy segura de que lo resentido que están mis pulmones luego de una intubación tiene que ver con mi mal hábito de fumar cuando pierdo los nervios, y aunque Steve fuma conmigo estoy segura de que me va a prohibir fumar si se entera de esto. Y tenerlo ocupado de que no me drogue es suficiente.

– ¿Por qué no esta nadie más aquí? – insiste viendo a mi alrededor.

– Sólo 6 personas saben de mi enfermedad. Fury, Tony, mi padre, mis hermanos y tu –

– ¿Joey no sabe? – pregunta sorprendido.

Niego lentamente con la cabeza.

– Tiene demasiado en su vida como para preocuparlo con la mía – respondo con simpleza.

– Otra parte de tu vida que no le dices a nadie – lo dice en broma, pero puedo percibir el resentimiento en sus palabras

– Mi familia lo sabe porque sentí el deber moral de decirles, los demás fue porque me monitorean y se dieron cuenta que paso demasiado tiempo en hospitales. Bueno tu lo descubriste porque eres un chismoso – respondo medio en broma.

El me sonríe y nuestro intercambio de bromas pasivo-agresivas es interrumpido por la llegada de una enfermera que me revisa ahora que he despertado.

– Bueno, señorita Hodge – indica la enfermera luego de revisar mis signos vitales y hacerme preguntas –Parece que justo como usted indicó, todo esta más que perfecto. Aunque aún debe de tener reposo por lo menos una semana –

– De acuerdo, gracias – le sonrío con amabilidad.

Le dedica una mirada a Steve que dura más tiempo de lo que debería y sale.

Quizás debería traerlo más seguido, me tratan mejor cuando él está aquí, reflexiono.

– ¿Hodge? – me saca de mis pensamientos Rogers – Sé que no te apellidas Holmes, pero creía que tu apellido era Hayle –

–Familia adoptiva, ¿recuerdas? – lo miro divertida – Una hija enferma genera simpatía. Pero no puedo tener el apellido de mi padre y ser agente de SHIELD – explico haciendo una mala imitación a la voz grave y rasposa de mi padre.

Pero en lugar de sonreír, los ojos del soldado se oscurecen.

– Cada vez que me cuentas algo siento que tu familia es peor – dice seriamente – Hasta estoy considerando en adoptarte yo –

Me río con cuidado de no volver ahogarme.

– Definitivamente tienes la edad para ser mi padre, pero ya eres lo suficiente sobreprotector así – le dedico una sonrisa agradecida.

Nos quedamos en un cómodo silencio, comienzo a estar genuinamente agradecida de que vino a verme. Como siempre no puedo prever sus acciones tan fácilmente, aunque ya no lo considero como algo malo.

Por lo menos hasta que veo el reloj.

– Ya deberías irte – rompo el silencio con un suspiro.

– ¿No me quieres aquí? – su voz sale entre ofendida y herida.

– En 3 minutos exactos llegará SHIELD, se supone que nos odiamos así que no puedes estar aquí – explico adoptando un tono calculador.

– ¿Por qué vendría SHIELD? Acabas de salir de una cirugía – sus ojos examinan los míos así que los evito mirando mis manos.

– Es… complicado – suelto.

Justo en ese momento alguien toca la puerta para luego abrirla de golpe.

– Perfecto, estás despierta – dice un agente que no reconozco.

Antes de que pueda responder hace un gesto a su espalda y en pocos segundos el cuarto está lleno de más agentes que acomodan computadoras y archivos a mi alrededor. Otro grupo cierra las persianas y la puerta, causando una discusión con la enfermera en turno.

Un par de agentes modifican el control de mi cama y ayudan a sentarme. Me tenso automáticamente ante el hecho que gente desconocida está tocándome y que todo mi cuerpo arde con el mínimo movimiento.

– ¿Qué demonios están haciendo? – escucho que pregunta Rogers encarando al primer agente, quien parece ser el líder.

Este parpadea sorprendido cuando se da cuenta que esta en la presencia de Capitán América. Se cuadra de golpe y responde con una voz pasablemente firme.

– Tenemos ordenes de traerle todo esto a la Agente Hayle. Hay una emergencia que necesita su análisis y punto de vista –

Como siempre, no pueden pasar dos segundos sin necesitar mi ayuda, pienso amargamente.

– No pueden hacer esto. Ella acaba de salir de cirugía – replica el soldado molesto.

– Lo siento. Son ordenes de Fury – se disculpa a su vez el agente.

Me dedica una corta mirada de simpatía mientras me entrega una laptop, la cual tomo torpemente.

– Esta bien, dile a Tony que te quedaste todo lo que permitieron. Justo como él te pidió – le digo a Rogers dedicándole una mirada significativa para que entienda la indirecta. Quedarse a discutir solo causará más preguntas.

Bufa con indignación, pero comienza a dirigirse a la puerta.

Abro la laptop, pero mi visión se encuentra nublada y cuando intento presionar las teclas mis dedos no responden tan bien como deberían.

– Creo que necesito un poco de ayuda – murmuro sin dirigirme a nadie en particular. No es necesario, sé que están atentos a cada una de mis palabras.

Alguien se acerca a mi suero e inyecta algo a mi intravenosa. Ni siquiera puedo preguntar porque siento los efectos de inmediato. Mi monitor cardiaco lanza pitidos estridentes al mismo tiempo que mi cuerpo entero se tensa, cayendo contra la cama de golpe.

Una parte de mí reconoce la sensación como convulsiones. Una oleada de pánico me entra pensando que la regeneración de mis riñones no ha funcionado y que ahora vuelven a fallar. Rápidamente la parte lógica de mi cerebro me consuela recordándome que solo hay 0.03% de probabilidades de que eso pase. Me dice que mis convulsiones tienen que ver con lo que me pusieron en el suero.

Trato de razonar, pero mi mente se transforma en una autopista con todos mis pensamientos corriendo a cientos de kilómetros por hora. Ni siquiera puedo formular una sola idea cuando mi mente ya esta pasando a otras 30. Y el hecho que la anestesia siga en mi sistema solo contribuye a que mi mente esté nublada.

Alguien tiene la brillante idea de acostarme de lado para que no me ahogue, aunque nadie parece considerar dejar entrar a los doctores para hacer su trabajo. Veo un destello de ellos tratando de pasar a los agentes de la puerta.

Escucho gente gritando sin verdaderamente comprender lo que dicen, apenas puedo distinguir el revoltijo de personas que corre a mi alrededor. Sin embargo, puedo distinguir que alguien se vuelve acercar a mi suero para poner algo.

Por un segundo el alivio me embriaga, escucho un suspiro colectivo cuando mis músculos empiezan a destensarse. Considero seriamente en caer en la inconsciencia y dejar que la Sophia del futuro resuelva todos los problemas.

Luego, comienza un dolor pulsante en mi pecho.

En algún lugar lejano escucho como alguien irrumpe por la puerta, lo que parece una multitud de manos me toman, está vez el dolor es tanto que ni siquiera me molesta el toque de otras personas.

– Su corazón se detuvo – escucho una voz desconocida.

– Holmes – grita una voz que me parece familiar y al mismo tiempo increíblemente lejana.

El dolor de mi pecho se desvanece, pero me rodea una negrura.

Vuelvo a abrir los ojos. No sé cuanto tiempo ha pasado, aunque ahora las luces que me deslumbran provienen de unas lámparas que se mueven encima de mí.

No.

Yo me estoy moviendo, mas bien alguien me mueve porque ninguna parte de mi cuerpo se esta moviendo. Reconozco mi alrededor como un pasillo.

Intento ver algo más que el techo hasta que el esfuerzo de mantener los ojos abiertos es demasiado y vuelvo a caer en la negrura.

Al abrir los ojos nuevamente siento que alguien acaricia mi cabello y me promete que todo va a estar bien. La acción me parece tan ajena que solo hay una persona que lo haría.

– ¿Steve? – logro pronunciar, pero mi vista esta tan nublada que apenas puedo distinguir sus brillantes ojos azules mirándome.

– No te preocupes. Te sacaré de aquí – promete acariciando mi cara.

Una luz me deslumbra un segundo haciendo que me de cuenta que seguimos moviéndonos por el pasillo.

– Mis cosas – balbuceo.

– No son importantes, luego volveré por ellas – responde en un murmullo.

– No, mis cosas. Mis cosas. Mis cosas – repito exhaustivamente.

No tengo la energía para expresar lo necesario que es ir por mis pertenencias. Apenas puedo seguir pronunciando "mis cosas". Incluso me cansa tanto que la oscuridad me vuelve a reclamar.

Cuando vuelvo a despertar siento un peso en mi pecho. Lo toco con mi mano encontrando una bolsa de plástico. Lo siguiente que noto es la cadencia en que me muevo y el calor en la parte derecha de mi cuerpo.

Por fin puedo enfocar la mirada dándome cuenta de que Steve me esta cargando en lo que parece ser el estacionamiento del hospital. Miro la bolsa de mi pecho y descubro que contiene mis cosas.

Tomo el teléfono ignorando el resto. El soldado parece notar que he despertado porque apresura el paso.

– ¿Holmes estas bien? – me pregunta. Pero lo ignoro igual que al resto.

Tan solo tengo unos cuantos segundos de lucidez y tengo que aprovecharlos al máximo.

Agarro el teléfono torpemente y presiono el botón de apagado 5 veces. Para mi alivio, una lista de direcciones aparece en la pantalla sin mayor problema.

– Lugares seguros – logro decir estrellando el celular a su pecho.

Y por fin la inconsciencia me consume una última vez.

24 DE MAYO DE 2013. 12:27 P.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. 2º PISO. DEPARTAMENTO 221.

Vuelvo a estar en el café con Coulson. Las preguntas que estaba segura de que me haría nunca son pronunciadas, de hecho, parece haber olvidado que algo estuvo mal en su recuperación, que el hecho que este vivo es solo una anormalidad y no un milagro. Cada vez que dice Tahití vuelve a afirmar que es un lugar mágico con una convicción que lastima mi corazón.

– Confía en el sistema, Sophia. Todo va a terminar bien –me asegura Coulson con una sonrisa tranquila.

No puedo responder nada por el nudo que obstruye mi garganta. Solo puedo sonreír y esperar que no me odie cuando se entere de la verdad. No hago nada porque la escena se acaba y lo único que puedo ver es negrura.

El adormecimiento comienza a consumir mi cuerpo, los recuerdos de la tarde anterior llegan como un huracán de memorias.

¿Quien fue el pendejo que me inyectó sabe que demonios 2 veces?, es mi primer pensamiento coherente.

Digo para que le de un aplauso… con una silla… en la cara

Dar epinefrina a alguien que aún tiene anestesia general, no es la mejor idea.

Dar epinefrina a alguien que acaba de tener un problema renal, mala idea.

Dar epinefrina a alguien que acaba de reconstruir su riñón y tiene problemas para procesar casi cualquier medicina. PESIMA IDEA.

Dar un sedante a alguien a quien le acaban de poner epinefrina, con anestesia y analgésicos aún en su sistema, que además acaba de reconstruir su riñón y no puede asimilar nada. LA PEOR IDEA DE LA VIDA.

No necesitas haber estudiado medicina o ser un genio para saber eso. Lo único que necesitas es un cerebro.

Cuando abro los ojos mis parpados ya no están tan pesados como antes. Agradezco que la luz no es tan brillante como para segarme, pero cuando analizo la habitación me doy cuenta de que no tengo ni idea dónde estoy.

Quiero pensar que Steve tomó alguna de las direcciones que le di. Aunque no hay nada que me indique donde puedo estar, la habitación está vacía a excepción por la cama en la que estoy y un conjunto de máquinas y suero a los que estoy conectada. Podría estar en cualquier parte, pues tengo una docena de departamentos semivacíos por toda la ciudad, una precaución que tomé luego que mi padre confiscara mi departamento.

Decido usar los preciados segundos que tengo sola para descansar un poco. No estoy segura si SHIELD pudo rastrearme y ahora esperan que despierte para llenarme de trabajo, o si me espera un largo discurso del Capitán sobre lo poco que cuido mi salud.

La puerta se abre, revelando a Steve. Por primera vez desde que lo conozco se ve hecho un asco. Unas enormes ojeras adornan sus ojos, su cabello está desordenado y su ropa, que parece ser la misma de ayer, está llena de arrugas. Es claro que pasó la noche casi en vela en un sofá, aún así, algo en su semblante se relaja cuando me ve despierta.

– Te vez horrible – me burlo con la voz ronca.

– Si bueno. Quería imitar tu estilo para cuando despertaras, pero no puedo igualar ese pálido "acabo de vencer la muerte" – responde con un brillo travieso en la mirada.

Río entre dientes mientras él se sienta a mi lado en lo que parece ser un banco.

– ¿Cómo te sientes? Estuviste inconsciente unas buenas 17 horas – pregunta con suavidad.

– Mejor – respondo y es cierto – Pero mi cabeza aún se encuentra nublada. No sé si es por mi regeneración o por el analgésico que me diste – agrego señalando con la cabeza mi intravenosa – ¿Qué es? –

Parece meditar la respuesta por un par de segundos hasta que por fin habla.

– Morfina – dice seriamente.

– Esto se siente como morfina de la buena, ¿Cómo la obtuviste? – pregunto súbitamente interesada.

Debí estar verdaderamente mal como para que el considerará darme una droga, sobretodo una tan adictiva. En parte me avergüenza lo horrible que debí, y probablemente sigo viéndome, aunque me sorprende la capacidad del soldado de conseguir está droga en menos de 24 horas.

– Supuse que todos los ojos estarían en Tony así que llamé a Pepper. Ella trajo todo este equipo médico e incluso una enfermera que está en el otro cuarto para cualquier emergencia. Espero que no te moleste – explica bajando la mirada y jugando con sus manos.

Niego con la cabeza dedicándole una media sonrisa.

– Hey, me sacaste de un hospital y me mantuviste viva, sólo puedo agradecer –

– Bien, porque esta es la primera y última vez que te consigo drogas – replica con un tono más duro.

Sip, ese se parece más al soldado que conozco.

– No te preocupes, no soy fan de la morfina. Hace que mi mente se ponga lenta y me siento estúpida – explico rodando los ojos – De hecho, si digo cualquier cosa rara soy yo, pero si digo algo estúpido es la morfina –

– Honestamente, dudo que aún con la morfina puedas decir algo estúpido – replica.

Sonrío orgullosa.

– ¿Cómo conseguiste sacarme? – pregunto interesada – ¿Y cómo es que SHIELD no nos ha encontrado? – agrego con la paranoia comenzando a consumirme.

– Estas a salvo – me asegura con tranquilidad y toma mi mano.

Por un momento me llega un recuerdo de él diciéndome que todo va a estar bien mientras me acaricia el cabello. El recuerdo esta borroso y lo que único nítido es su voz. Supongo que pasó mientras estaba en el limbo de la inconsciencia.

No puedo seguir reflexionando porque la misma voz me devuelve a la realidad.

– Primero intenté seguir las reglas – inicia adoptando una postura más seria – Hice un par de preguntas a las enfermeras y descubrí que tu contacto de emergencia o familiar puede decidir que te dejen en paz. Así que intenté llamar a Tony, pero estaba a mitad de vuelo y supuse que tu familia no ayudaría así que los evité –

– Hiciste lo correcto – murmuro.

El solo pensar en mi padre y Steve en la misma habitación me causa escalofríos.

– Intenté razonar con los de SHIELD. Debo de admitir que estaba bastante molesto y no di buenos puntos. Aunque en mi defensa ellos casi te matan – gruñe subiendo el tono. Parece que aún no ha terminado de procesar esa ira.

– En su defensa es la primera vez que casi me matan – me encojo de hombros quitándole importancia, lo que hace que me gane una mirada de muerte del rubio – ¿Qué? Es verdad. Nadie había sido tan estúpido para provocarme un paro –

– En fin, así que recurrí a los doctores – dice volviendo a su relato.

– ¿Los doctores te ayudaron a sacarme del hospital? – suelto sorprendida.

Me fulmina un segundo por interrumpirlo.

– Sí, ellos estaban de acuerdo que analizar archivos no era la mejor forma de recuperación – explica irritado – Me dijeron que siempre que estas internada SHIELD llega y te llevan a misiones o te encierran a revisar archivos. Una enfermera dijo que es un milagro que sigas viva –

Si bueno, Fury es quien se toma más literal mi capacidad de regeneración. Interrumpir mi recuperación nunca había presentado un verdadero problema hasta ahora, aunque agentes nunca habían estado a punto de matarme.

– El punto es que te sacaron fingiendo que iban a hacerte un electrocardiograma para revisar tu corazón. Tuvieron que llevarte hasta el lugar del estudio porque varios agentes los siguieron. Me disfrazaron como doctor y una enfermera te cambió de ropa para confundirlos y poder sacarte – continúa contando – Por cierto, le debes la libertad o un enfermero llamado Robert, el fue quien fue por tus cosas y me prestó su auto para sacarte –

Asiento con la cabeza procesando todo. Ese hospital merece una jugosa donación por ser tan discretos y verdaderamente preocuparse por mi salud. Supongo que hicieron tanto porque Rogers puede ser bastante persuasivo, aunque el hospital realmente merece algún tipo de compensación.

– Parece una aventura divertida. Que pena que estaba inconsciente – comento al cabo de unos segundos de silencio.

– Créeme, cargarte inconsciente fue la parte fácil. Si hubieras estado despierta, te hubieras quejado todo el camino sobre la forma correcta de escapar de un hospital – bromea el rubio.

– Seguramente sí, pero serían buenos argumentos – respondo arrogantemente.

Soltamos carcajadas. Tomo como buena señal el no ahogarme, aunque mi sensación de bienestar es cortada por el sonido de alguien tocando la puerta. Mis manos se dirigen automáticamente abajo de mi almohada, buscando un cuchillo que no está ahí.

– Tranquila, es la enfermera – dice Steve al verme tensarme.

Se levanta y abre la puerta revelando a una mujer de mediana edad con un uniforme azul con blanco. Todo en ella expresa un aura de tranquilidad y firmeza que es necesaria para su trabajo.

– Hola, soy Joan. Ahora que ha despertado voy a revisarla –

Asiento firmemente. La examino rápidamente, concluyendo que es una simple enfermera que no va a hacer nada para dañarme. Aunque tomo nota de todos los objetos de la habitación que pueden ser usados como armas y las posibles rutas de escape.

La enfermera, ajena a mi paranoia, revisa las máquinas y me revisa los signos vitales. Me toma una muestra de sangre y la coloca en un maletín diciendo que va a llevar a un laboratorio para analizarla. Esta vez cuando me muevo mi cuerpo no se siente arder, aunque sí algo adolorido. Ella anota todo en su libreta y las compara con mi expediente.

Steve pasa todo el tiempo moviéndose de un lado a otro siguiendo cada movimiento de la enfermera. Hace preguntas y comentarios como si realmente se hubiera convertido en un experto en nefrología, aunque no digo nada porque sigo anonada y no quiero discutir. Sólo se sienta a mi lado luego que lo amenazo con lanzarle mi almohada si no deja de caminar por todos lados.

– Todo parece sorpresivamente bien. Pero yo recomendaría ir a un hospital para seguimiento. Al fin y al cabo, tuvo un trasplante de riñón – dice Joan dando por concluida su revisión.

– No se preocupe, estoy bien – aseguro pacientemente – Mi cuerpo no ha rechazado los riñones y todo esta perfecto – agrego siguiendo con la mentira del trasplante. Aunque supongo que eso es mucho más creíble que decirle que mis riñones se regeneraron solos.

Joan asiente no muy segura. A simple vista parece completamente impasible, pero sé que su mente esa tratando de entender como me he recuperado tan rápido. Nadie, ni con toda la morfina del mundo estaría tan serena como yo un día después de haber recibido un órgano nuevo.

– Bueno, debe seguir con su reposo. Y usted también debería descansar – agrega señalando al rubio que comienza a sonrojarse – Pasó la noche revisándote cada 10 minutos y haciéndome un montón de preguntas – me dice guiñándome un ojo.

Sonrío enternecida. Hemos tenido un gran recorrido desde que él dejó caer un edificio sobre mí en nuestra primera misión, hasta ahora que pasó la noche cuidándome.

Joan le da un par de instrucciones a Rogers y luego nos deja prometiendo regresar en un par de horas con los resultados de los exámenes de sangre y para revisar mi progreso.

– Holmes. Quizás deberías considerar ir a un hospital – pide el soldado una vez que nos quedamos solos.

– Dije que estoy bien. Mis riñones se sienten bien y la cicatriz ya incluso se está sanando – resoplo cansada – Ir al hospital es exponernos a SHIELD –

Si mi corazón no se hubiera detenido estoy segura de que hoy o mañana me darían de alta en el hospital. ¿Es lo más sano? Quizás no. Pero sigo viva y eso debe contar para algo.

– Holmes – insiste usando su tono autoritario.

– Disculpa. ¿Son nuestros riñones o mis riñones? – inquiero secamente. Se queda callado viéndome molesto – Exacto, eso pensé. Mis riñones mis decisiones –

Gruñe tallando su cara en un gesto frustrado.

– Mujer, eres la persona más terca que he conocido – su voz sale amortiguada por sus manos aún en su cara.

– Lo dice la persona que continúa llamándome por un apellido que no es el mío – contrataco.

– Bien. No vamos al hospital, pero no sales de aquí hasta que la enfermera te dé de alta – suelta subiendo su tono.

– Bien – grito cruzando mis brazos.

¿Él puede mostrar su preocupación hacia ti sin que terminen gritándose?, me regaño mentalmente. Debería ceder un poco, al fin y cabo me trajo aquí cuando los agentes me estaban poniendo en peligro.

Eso me recuerda…

– Por cierto ¿Dónde estamos? – pregunto insegura – No reconozco este lugar y la lista que te di tiene como 30 direcciones – agrego cuando enarca una ceja.

– Brooklyn – responde con una sonrisa burlona.

Ignoro su sonrisa y asiento. Debí haber previsto que en caso de emergencia el iría al lugar dónde se siente más seguro, su antiguo hogar. Y dado que sólo tengo una dirección en Brooklyn es fácil saber dónde estamos.

– ¿Por qué tienes este departamento? Pensé que vivías en el norte de la ciudad – pregunta ligeramente extrañado. Supongo que mis acciones extravagantes ya son algo común para el.

O eso espero, porque si no es así… esto va a terminar muy mal.

– Si bueno… – inicio tratando de encontrar el valor – Feliz cumpleaños – digo nerviosamente moviendo mis manos como manos de jazz.

– ¿Qué? – pregunta confundido.

Lo cual es comprensible porque falta más de un mes para su cumpleaños.

– Dijiste que querías vivir en Brooklyn – explico encogiéndome de hombros.

Me mira sin entender por unos segundos hasta que por fin deduce a que me refiero.

– ¡No tenías que comprarme un departamento! – suelta de golpe.

– Técnicamente compré el edificio, pero solo te estoy regalando este departamento. Supuse que no querrías todo el lugar – digo quitándole importancia.

Se pasa la mano por el cabello mientras razona.

– ¿Cómo decidiste comprar esto? – murmura tratando de guardar la compostura.

– Pues era esto o un disco de vinilo de los Beatles – inicio recordando el día después de mi cumpleaños, cuando decidí que debería regalarle para su cumpleaños algo igual de bueno que las cuchillas que me dio.

– ¿Por qué no compraste el disco? – me interrumpe urgentemente.

– Cuando fui a comprarlo no supe cual te gustaría más, así que fue más fácil regalarte esto – explico jugando con mi cabello.

– Estás demente – suspira.

–Legalmente no. Porque eso le traería muchos problemas a SHIELD – bromeo consiguiendo que sonría – Lo iba amueblar un poco más, pero honestamente no preví que me sacaras del hospital y me trajeras aquí –

Hace una mueca de incomodidad y sé que me excedí con el regalo. Mierda, debí haber ido con la vieja confiable y regalarle una tarjeta de regalo de Amazon.

– Es demasiado grande para una persona – reflexiona con voz queda.

– Bueno, tu eres un chico grande – afirmo – Aparte has hecho mucho por mí estos últimos meses y … – reflexiono que decir por unos cuantos segundos – Y a veces no expreso bien mi agradecimiento así que quería darte algo que lo reflejara– evito su mirada y juego con mis dedos mientras lo digo.

Creo que me he convertido en mi padre dando regalos caros en lugar de simplemente exponer mis sentimientos.

– No necesitas darme nada. Lo hago porque me importas, no para que me recompenses – asegura el soldado suavemente.

– Lo sé, Steve. Justo por eso mereces cosas buenas en tu vida – repongo con una sonrisa.

– Muchas gracias, pero no creo que pueda aceptarlo – comienza encogiéndose.

– Ah, no. No me vengas con tus moralismos – interrumpo rápidamente – Sé que te incomoda vivir en la Torre dónde todo es tan malditamente tecnológico, pero con tu salario de SHIELD no podrías pagar un alquiler en Brooklyn. Además, eres demasiado orgulloso para pedir dinero prestado. Así que vas a tomar este departamento y vas a ser feliz viviendo aquí – ordeno logrando adoptar mi tono de autoridad.

Se queda callado algunos segundos viéndome sorprendido. Finalmente baja la mirada digiriendo la situación.

– Sigue siendo demasiado grande para una persona. Aparte el departamento tiene dos habitaciones – dice aún con la mirada baja, lo que oculta su expresión.

– Supongo que podrías tener un compañero de cuarto, aunque dado tu trabajo podría ser un poco peligroso para esa persona – especulo.

– De todos modos, me gustaría pagarte de alguna manera por el departamento –

– No es necesario – declaro.

– Insisto – me interrumpe – Podría hacerte comida y asegurarme que comas. Tu necesitas a alguien que te ayude. Apenas cuidas de ti – levanta sus ojos mirándome severamente.

– Sería muy raro que siempre me dieras comida en SHIELD. La gente podría sospechar que nos llevamos bien. Aunque luego de lo que pasó en el hospital ya podrían sospecharlo – digo con un poco de humor – Además, estaré bien. Siempre me las he arreglado sola – suspiro.

En cuanto lo digo un músculo es su mandíbula se tensa.

– No deberías, es decir, podrías no hacerlo – dice bruscamente.

– No voy a contratar a la enfermera para que viva conmigo – niego rotundamente.

– No me refiero a eso – ríe.

Evita mi mirada y comienza a jugar con sus manos. Me llega la sensación que no me va a gustar lo que va a decir.

– Podrías vivir aquí – propone finalmente.

Parpadeo incapaz de encontrar algo que responder por lo que parecen minutos. A cada momento la tensión parece consumir poco a poco el cuarto.

– ¿Por que quería vivir en un lugar asqueroso con contigo? ¿Crees que no tengo otras cosas que hacer en lugar de ser tu niñera? – respondo a la defensiva incluso antes de poder pensarlo.

En cuanto las palabras dejan mi boca quiero arrepentirme. Abro la boca para disculparme, pero al ver los ojos del soldado estos no están ofendidos y una pequeña sonrisa adorna su cara.

– Eso no va a funcionar – dice sin perder su sonrisa.

– ¿Eh? – digo genuinamente confundida por su reacción.

– Tu mecanismo de defensa es alejar a todos los que se te acercan antes que te dejen. Tu los dejas antes de que puedan hacerte daño – explica con extrema calma – Por eso siempre que hago algo amable tú eres grosera –

– Simplemente soy malcriada – repongo con arrogancia – Aparte, ¿De donde sacaste tu doctorado en Psiquiatría? – arremedo recordando que alguna vez me pregunto eso luego que yo diera una explicación acertada de su estrés postraumático.

– Tu me hiciste leer esos libros, ¿recuerdas? – responde con media sonrisa – Dijiste que si no iba al psicólogo por lo menos tenía que leerlos –

– En perspectiva no fueron tan buena idea – resoplo.

Nos quedamos en silencio, maldigo el no poder levantarme y simplemente salir del cuarto. La anestesia ha dejado mi cuerpo, aunque la morfina podría suponer un problema al caminar normal, y caerme no va a dejarme como un adulto responsable.

– ¿Entonces que dices? – insiste el rubio – Ya compartimos cuarto en SHIELD, no puede ser tan diferente – agrega persuasivamente.

– Porque el repentino interés de vivir conmigo. Si mal no recuerdo tu estuviste en contra de compartir habitación – digo desconfiada.

– No me siento cómodo aceptando un regalo tan caro – responde incómodo – Y siento que deberías convivir con alguien que le importe tu salud – agrega mirándome con preocupación.

– No necesitas vivir conmigo para cuidarme – contrataco.

– No, pero tienes la tendencia de ocultar tus problemas. Sólo 6 personas sabían de tu problema renal, y la mitad lo descubrimos por nosotros mismos. Vivir contigo reduce el riesgo que te aísles – explica seriamente.

– ¿Por qué el completo interés en mi bienestar? – enarco una ceja.

– Porque eso hacen los compañeros, se cuidan mutuamente. Además, quizás yo también necesito a alguien que me cuide la espalda, y confió en ti –

¿En que momento me he dejado caer en esta debilidad llamada amistad? Nunca me he permitido preocuparme tanto por una persona, si tengo amigos y si los aprecio, pero sólo los dejo acercarse hasta cierto punto y ellos nunca insisten.

Todos excepto él.

Aceptar su oferta es sinónimo de llegar a una intimidad más profundad, a confiar plenamente que no va a lastimarme o traicionarme. Mi entrenamiento y experiencia me aconseja no aceptar, saben que hay más de lo que dice y que probablemente planea matarme o algo peor. Pero muy en el fondo sé que él no haría eso.

Él es una buena persona, solo en este mundo de mierda. Me descubro queriendo convivir con él para protegerlo. Como si mi mera presencia alejará todas las cosas que quieren corromperlo, de la misma forma que su presencia pretende alejar todas mis actitudes autodestructivas.

Quizás el tiene un punto, a veces necesitamos a alguien que nos cuide la espalda. Por alguna razón que él lo haga, luego de todo lo que hemos vivido juntos, no me parece tan mala idea.

Además, él necesita a alguien que le cuide la espalda. Alguien que no le oculté cosas de su pasado, incluso cuando no son bonitas. Alguien que le ayude a incorporarse a este extraño siglo sin pensar que él es un inútil por no saber ciertas cosas. Alguien que entienda que, a pesar de ser el brillante Capitán América, esta bien que muestre sus partes rotas.

Un verdadero compañero.

Y yo podría serlo.

Una parte de mi mente sigue pensando que es una mala idea, que Steve sólo lo hace para ganar algo de ella. Aunque esa parte lo ha alejado demasiadas veces, y él sigue volviendo. Es tiempo de ignorar esa voz de mi cabeza que afirma que toda la humanidad es un asco.

– Lo pensaré – respondo finalmente.

Aunque muy en el fondo ya estoy segura de mi decisión.

24 DE MAYO DE 2013. 04:22 P.M. UBICACIÓN DESCONOCIDA.

– Lo siento, señor. Aún no hemos podido encontrarlos – anuncia un guardia al hombre que come tranquilamente su filete en una gran mesa – Encontramos al dueño del auto en el que huyeron, podemos rastrear sus placas –

– No es necesario. Tenemos la información que queríamos – responde Michael Hayle Jr cortando otro pedazo de carne para llevárselo a su boca.

El primer hombre se queda a su lado, tratando inútilmente de detener el estremecimiento de su cuerpo.

– No tienes porque tener miedo – dice con burla Michael – Él recibió su merecido porque casi mata a Sophia. Su misión era simplemente ponerla en relativo peligro, no causarle un paro cardiaco. Si no haces algo parecido, no seguirás sus pasos – explica con simpleza antes de tomar un sorbo de vino.

El guardia se tensa evitando deliberadamente poner la vista en la silla frente a su jefe. El agente de SHIELD encargado de Sophia se encuentra ahí, inmóvil. Con un tiro entre las cejas.

– Sin embargo, su acercamiento a la muerte nos sirvió de algo. Hemos confirmado que el querido Capitán no es indiferente a mi pequeña hermana, usaremos eso a nuestro favor y pronto la tendremos de nuestro lado – dice mostrando una sonrisa cruel.

El guardia asiente con determinación renovada.

– Hail Hidra –