—¿Y a qué se debe el honor de tu visita? —Adrien miró a su amiga y al molesto novio de su amiga.
Nino tocó su pecho e hizo una expresión de shock.
—Adrien, ¿cómo puedes decir eso? Nosotros solo queríamos saber si estabas bien.
—Bueno, estaré bien si no veo tu cara en 72 horas.
—Él quiere disculparse por el último trabajo. Se siente culpable. —Alya delató a su pareja.
—Pues espero que no hayan venido con las manos vacías. —Sonrió y arqueó la ceja.
Nino sonrió ampliamente y extendió el presente.
—Compré vino.
—¿Eso es todo? —Adrien resopló con rostro nada contento.
—¿Y comida? —señaló las manos de Alya las cuales tenían varias bolsas plásticas.
—Pasen~
—¡¡Hey!! ¡Quiero ver a Marinette! —Nino entró a la sala.
—Lamentamos haber llegado sin avisar, pero él sigue diciendo que te ha presionado mucho y se siente mal por ello. —Le susurró a Adrien.
Adrien sonrió.
—No pasa nada, pónganse cómodos.
—Bueno~ ya que lo dices... entonces también quiero ver a esta Marinette.
—Ella está en la sala. —Respondió virando los ojos.
—¿Ella? te refieres a ella como si fuera humana...
—Bueno para ahora estoy acostumbrado a ella. —Adrien se sonrojó.
—Pues no sabía que una muñeca pudiera cambiar a una persona, tal vez debería conseguirme una en versión masculina. —Alya bromeó.
—Ah, ¿en serio? —Nino la miró con ojos entrecerrados.
—¡No! no quise decir eso, —aclaró rápidamente.
Adrien sonrió y se sentó al lado de Marinette.
—Desearía que podamos reñir así...
Después de que sus dos amigos se fueron, miró en silencio su hogar mientras cargaba a Marinette a su habitación.
Colocó a Marinette en la cama y se sentó a su lado.
—Nunca confié en las personas, siempre han buscado algo de mí. Nunca he visto esta vida tan colorida como los demás lo describen, Marinette. Sé que soy un tonto por decirte esto, pero a veces creo que no eres algo inerte, tengo esta sensación que me dice que te preocupas por mí. ¿Está mal si empiezo a quererte? —susurró con la voz quebrándosele al final, dejando caer las lágrimas las cuales lentamente secó.
Miró a Marinette.
—Si pudieran concederme un deseo, me gustaría que estuvieras viva... quisiera sentir lo que Nino y Alya sienten por el otro... contigo... —Adrien se inclinó y besó los fríos labios de Marinette.
—Te quiero, Marinette.
Continuará...
