Shaman King no me pertenece
Capítulo VIII
Una corriente de aire lo hizo estremecer. ¿Cómo es que el mismo otoño no era igual en ambos países? ¿Cómo sería el invierno? Ya se visualizaba con ropa nueva porque, aunque la suya abrigara, no estaba muy seguro de si eso sería suficiente. Miraba de mala manera a su mamá, ella no le había advertido sobre esos cambios tan bruscos de ambiente, recién se estaba acostumbrando a las personas: el clima no estaba en sus prioridades, hasta ahora.
—Pensé que veníamos a conocer la ciudad. Me trajiste engañado.
Anna había perdido de vista a Tamao y a Yoh; luego de ellos, más personas, (entre ellas sus amigos) se habían sumado al encuentro por lo que la casa tendría bastante movimiento durante el día.
—Te pregunté que si me querías acompañar y dijiste que sí. Es muy tarde para quejarte, Hana.
Seguían en el lago. El menor intentaba llamar la atención de los patos y de los otros animales dentro del agua, pero era ignorado de la peor manera.
—¿Y con quién me ibas a dejar si Horo Horo también está acá? Lo vi llegar hace un momento —El niño había ganado la conversación. No había más que agregar—. Mejor dime a qué vinimos. Ren apareció con el niño amargado y supongo que la otra mujer es la madre, pensé que se estaban separando o eso me dijo Horo Horo.
—Ya lo llamas por su nombre y no le dices "idiota". ¿Desde cuándo hay tanta confianza? —No le molestaba que Hana hiciera amigos, pero el Usui no podía ser una buena influencia para su hijo, de ninguna manera.
—No me cambies el tema. —Tomó algunas piedras pequeñas del suelo y comenzó arrojarlas al agua: no quería lastimar a los animales, solo demandaba la atención de ellos—. Sé honesta conmigo, madre. ¿Acaso no se estaban separando como tú lo hiciste con Wat?
Anna creía lo mismo, además, por lo poco que veía, Keiko estaba tratando con bastante cariño a Jeanne, sin contar que la madre de Ren también había llegado minutos después. ¿Qué le ocultaban? Hasta hace dos días esos se estaban matando por la custodia del niño, por lo que no creía que la reconciliación hubiese llegado tan rápido; sin embargo, y lo que más temía, era que más personas llegaran. En su imaginario, esa visita a la casa Asakura sería corta y nada memorable, pero ahora que veía cómo más familia llegaba e incluso vecinos de los alrededores, veía imposible que su presencia y, sobre todo la de Hana, pasara desapercibida.
—Si te sirve de consuelo yo tampoco entiendo, pero te prometo que apenas sepa algo te lo contaré.
La expresión de su hijo no fue la mejor de todas. Desde que él y Yoh habían conversado, la actitud de Hana estaba en su peor punto y se pondría peor pues el alboroto que se veía a lo lejos en la entrada de la casa solo indicaba que En Tao estaba ahí. ¿Cómo iba a enfrentarse al hombre que le ofreció todo sin esperar nada? Jamás le envió una nota agradeciéndole las oportunidades que esa familia había tenido con ella, por lo que era obvio que todas esas personas la odiaban con fuerza. Incluso a veces sentía que Ren no la perdonaba del todo.
—Esta casa es muy grande. ¿Cómo hacen para no perderse? Y este maldito lago ya me cansó. —Arrojó las rocas al suelo y se cruzó de brazos. Ya encontraría la forma de acercarse a esos estúpidos patos.
Anna no lo sabía. Incluso en varias oportunidades ella tuvo el mismo problema.
—Solo es una casa vieja. Nada que te deba sorprender. —Hana gruñó y Anna se agachó para quedar a su altura—. Escúchame, sé que tienes muchas dudas y estás molesto, lo entiendo, pero necesito que hoy no te metas en problemas: este lugar es importante para mí.
Hana no sabía si su madre se refería a la porción de agua a su costado o a la casa en general.
—¿Tiene que ver con Yoh? Él me dijo que te quiere mucho y que ibas manejando el auto. ¿Por qué me ocultaste eso? ¡Ya no soy un niño!
Las ganas de ir a reclamarle al Asakura por revelarle los detalles del accidente a Hana se fueron al piso a ver cómo los guardaespaldas de En Tao se ubicaban por toda la casa. No había tiempo de reclamos ni aclaraciones, ni siquiera de planear algo que le evitara ese encuentro: tenía que dar la cara y explicar, sin muchos detalles, qué había pasado durante esa década.
—Cuando estemos en casa te lo contaré todo. No más secretos.
—¿También me dirás quién es mi verdadero padre? Tu amigo Ren tiene mucho dinero y estás trabajando de más, pídele que busque a mi papá, él lo puede encontrar.
No podía con dos problemas a la vez. No entendía por qué Hana siempre encontraba los peores momentos para hacer sus peticiones. Tenía que pedirle explicaciones a Yoh, él estaba detrás de todo eso o por lo menos, la plática que tuvo con él tuvo que influir en algo. Por otro lado, reconocía a algunos escoltas, incluso ella había gozado esa seguridad mientras estuvo con ellos. En Tao la destrozaría apenas la viera, sin dudas.
—Le diremos a Ren que encuentre a tu papá, yo misma le daré todos los detalles y así tenga que ir hasta el fin del mundo haré todo lo posible para que tú estés con él, pero ¿qué harás cuando sepas quién es?
No quería escuchar la respuesta. En su caos mental, apenas Hana y Yoh supieran la verdad, se alejarían de ella y se encargarían de que nadie la perdonara y la juzgara por sus pésimas decisiones. Eso era lo menos se merecía por separarlos y ocultarlos de la vida del otro.
—Quiero tener a alguien que se preocupe por mí como ese sujeto Ren lo hace por ese otro niño.
Anna lo abrazó. No entendía muy bien por qué, pero le dieron ganas de devolver el tiempo para estar en Inglaterra con la prueba de embarazo en las manos y, en vez de acobardarse y ocultar a Hana, desearía agarrar las maletas y volver a Japón de inmediato para estar con Yoh; explicarle por qué se había ido y juntos encontrar una solución, superar el duelo en la compañía del otro y formar una familia. Enfrentarlo todo mientras veían crecer a Hana. Pero era muy tarde y el momento de pagar por sus errores llegaría y la dejaría sin nada.
—Tendrás a tu padre, sin importar qué tenga que hacer.
Hana le correspondió el abrazo.
—¿Puedo ir a recorrer el lugar? Me da curiosidad esta casa y quiero explorarla. Y quiero estar lejos de estos estúpidos animales.
Era natural: él pertenecía ahí.
—Solo no causes problemas, nos encontraremos acá en una hora. ¿Te parece bien? —El niño asintió y lo vio perderse entre los jardines. Ella tenía que hacer otras cosas.
…
¿Ya había pasado una hora? No lo sabía porque, en primer lugar, no tenía un maldito reloj y como segunda desgracia, él era el único niño del lugar. Sí, estaba el amargado y consentido de Men Tao, pero jamás sería amigo de él, además era muy pequeño y sus planes de vida no incluían a un hermano menor. Su madre era una desconsiderada, cómo es que dejarlo solo en un lugar que no conocía le había parecido una buena idea. Le haría un berrinche apenas estuvieran en Tokio.
Siguió recorriendo la estúpida casa y cada vez veía personas diferentes. ¿De dónde salían? ¿Cuán grande era ese condenado lugar? Además, aún no dominaba el idioma y las costumbres, por lo que le atemorizaba pedir ayuda, y sin contar que él era Hana Kyoyama y como digno hijo de Anna, jamás se mostraría vulnerable, perdido o frágil. Aunque si en los próximos minutos no veía una cara conocida iba a llorar. Sin dudas. Se recargó sobre uno de los árboles y desde ahí veía cómo los visitantes se saludaban. Maldito el instante en el que pensó que alejarse de su madre era buena idea. ¿Cuántas veces había recorrido ese lugar? ¿Dos, tres? Incluso ni había inspeccionado la casa por completo: tenía muchas cosas que eran desconocidas para él y no quería enfrentarlas solo.
—¿Cuál es tu nombre? ¿Estás perdido? —Una voz femenina le hablaba a sus espaldas. Volteó y, efectivamente, una mujer unos cuantos centímetros más baja que su madre, le brindaba una sonrisa—. Te vi en el lago cuando llegué. No te haré daño.
No tenía muy claro por qué, pero sentía que esa desconocida le estaba mintiendo.
—Estoy bien. Solo quiero descansar.
Enderezó su espalda y se alejó del árbol. ¿Ni un solo maldito instante de tranquilidad podía tener?
—¿Estás seguro? Te vi con Anna, ella y yo somos amigas.
Sus sospechas eran ciertas.
—Mi mamá no tiene amigas —Eso sonaba tan triste— ¿Quién es usted?
Ella se intentó acercar, pero Hana retrocedió unos cuantos pasos. Quería a su mamá y rápido.
—Bueno, quizá no te haya hablado de mí, pero fuimos muy cercana cuando ella vivía aquí en Japón. Lastimosamente cuando se fue perdimos todo el contacto. ¿Y tu padre? ¿Vino con ustedes?
Se arrepentía de haberle dicho a su mamá que él ya no era un niño pues en ese momento se sentía tan desprotegido que la única forma de no caer en el llanto era tenerla cerca.
—No tengo. Solo somos mi mamá y yo. —Tampoco quería ser grosero y correr, pero si alguien no lo rescataba empezaría a gritar. ¿Quién era esa mujer y por qué le hablaba?— Y repito ¿Quién es usted?
La mujer sonrió y los nervios de Hana llegaron al límite.
—Soy Tamao Tamamura, la esposa de Yoh. ¿Lo conoces? ¿Tu madre no te ha hablado de él? Bueno, es natural que oculte cosas, pero si están acá es porque ya sabes que ella es la culpable de la muerte de Hao. ¿Nunca te contó que por eso dejó el país?
Él no entendía muchas cosas del mundo adulto y ni siquiera sabía a ciencia cierta cómo funcionaba la humanidad en general, tampoco es que le importase, sin embargo, jamás iba a permitir que alguien hablara mal de su madre, no le importaba que esa tonta mujer fuera una amiga de la infancia, él no dejaría que mancharan el nombre de Anna.
—¡Miente! Mamá dejó el país porque quería estudiar, ser la mejor y superarse. No es una asesina.
—¿Estás seguro? Ella iba manejando ese auto. Iba ebria. Así que si hay una persona responsable de que la familia Asakura haya perdido a su heredero, pues esa es tu madre, por eso también se alejó de mí: no podía con el remordimiento.
Comenzó a llorar. ¿Por qué esa extraña decía esas cosas? ¿Cómo se atrevía a hablar mal de su madre? ¿Por qué no era valiente para defenderla?
—¡Mi mamá no mató a nadie! Yoh me dijo que fue un accidente. Si en realidad es amiga de mi madre no debería tratarla así, y como esposa de Yoh tiene que respetar a su hermano.
Intentaba parar el llanto, pero esa mujer se iba acercando a él y el miedo que sentía era extraño. ¿Cómo es que Yoh podía estar con alguien como ella?
—Los amigos están para decirse la verdad. ¿Anna no te ha enseñado a respetar a los mayores? No me sorprende, siempre sobrepasó los límites y nunca respetó las reglas, y si además creciste sin una figura paterna que te enseñara lo que es la autoridad entonces no se puede esperar nada de un niño malcriado como tú.
Iba a defenderse, no le importaba insultarla, pero su idioma natal se manifestó y por la cara de la mujer era obvio que no le estaba entendiendo. Estaba perdido.
—Mi mamá es una buena persona —Logró articular— ¡Para!
—Estamos hablando de una madre que alejó a su hijo de su padre. ¿Tienes el coraje de defenderla? Incluso te dejó solo en un lugar que no conoces, no sé si es muy confiada o muy despreocupada como para no estar pendiente de ti. Sin contar tu ropa, ¿Te deja vestir así? Y ese cabello... está muy largo para cualquier niño de tu edad. A Anna le falta mucho conocimiento acerca de la maternidad, si yo fuera tu madre no permitiría nada de esto.
—Pero para suerte de todos no lo eres, Tamao. Y aléjate del niño, lo estás asustando.
Ambos reconocían esa voz y el miedo que Hana sentía se trasladó a Tamao.
—Señora Keiko, —La fuerza con la que había atacado a Hana ya no estaba— no sabía que estaba por esta zona.
—Esta casa no es tan grande como piensas. Te lo diré por última vez, aléjate de él.
Recién que podía respirar con confianza, pudo notar que, efectivamente, ya no había espacio entre esa tipa y él. ¿Qué hubiera pasado si la mujer mayor no llegaba?
—Solo estamos conversando. Es el hijo de Anna. ¿Ya lo conocía?
—Yo le abrí las puertas de la casa y para desdicha de algunas personas presentes, él sí es un invitado querido en este lugar. Y, si mal no recuerdo, te esperan en la cocina. ¿No te ofreciste a servir el té? Pues es un buen momento para que comiences. Hazlo rápido.
Hana había dejado de llorar, pero aún era incapaz de moverse. ¿Qué había pasado? ¿Por qué esa anciana lo defendía? Incluso, con sus ojos aún llorosos, pudo notar cierto rencor en las miradas de aquellas personas. Se odiaban y él también odiaba a la supuesta amiga de su madre. Apenas tuviera la oportunidad buscaría a Yoh: él no iba a permitir que siguiera al lado de esa mala mujer.
Sintió una tela suave sobre su rostro y por fin las lágrimas habían desaparecido. Recuperó por completo su visión y aquella mujer mayor estaba arrodillada ante él: de ahí provenía la caricia. Y se asustó, siempre era su madre la que acudía ante sus gritos, pero ahora sentía que esa persona también podía protegerlo cuando él se lo pidiera.
—Gracias por salvarme de esa… mujer, señora Keiko —La Asakura lo miró fijamente— Mi mamá mencionó su nombre. No sé si es irrespetuoso llamarla así, le ofrezco disculpas.
Hana agachó la cabeza y a Keiko le pareció un gesto muy tierno: ella no estaba molesta. Sin embargo, no podía obviar que ese niño tenía algo especial, diferente y a la vez tan familiar que le despertaba una extraña curiosidad de conocerlo y querer estar cerca de él, así que mientras Anna no lo buscara, aprovecharía la oportunidad. Le levantó el rostro con sumo cuidado y al quedar de nuevo cara a cara supo qué era lo que estaba pasando. Sintió pesar por la rubia, no quería ni imaginar el infierno por el que había pasado.
—¿Sabes? Cuando Anna venía a visitarnos, mi mamá y yo nos alegrábamos, siempre la vimos como una hija y en algunas oportunidades mencionó que mi madre y yo éramos como sus figuras maternas, así que eso podría convertirte en mi nieto. Si tú quieres puedes llamarme abuela.
Hana pasó saliva y se ruborizó. Hasta el momento los únicos vínculos familiares eran su mamá, Wat como su padrastro y Lyserg su padrino. Jamás pensó que en esa sola visita alguien le demostrara tanta cercanía. ¿Exactamente qué hacían las abuelas? ¿Defender a los niños de personas malvadas y luego brindarles bienestar y cariño? Pues si así era lo aceptaba, se daría la oportunidad.
—Puedo intentarlo. —Keiko le sonrió y algo en el pecho del niño se sintió muy cálido y familiar: era la primera vez que una mujer diferente a su mamá lo hacía sentir especial—. Yo solo tengo a mi mamá, así que por ahora me será difícil acostumbrarme.
—¿Quieres mucho a tu mamá?
—Es la mejor del mundo.
Keiko no lo dudaba.
—¿Qué te parece si entramos a la casa y te muestro algunas fotografías de ella? Tengo algunas guardadas, pero no le digas a Tamao: de ella no tengo nada.
Hana no necesitaba que le pidieran eso. Si de él dependiera no quería verla de nuevo en lo que le quedaba de vida. ¿Por qué Yoh estaba casado con ella? Era una mujer muy bonita, pero su mamá lo era aún más. Se lo diría, apenas lo viera le diría que dejara a Tamao para estar con su mamá.
—¿Mi madre era muy cercana a esta familia? No conozco muchos detalles, ella es muy reservada con su pasado.
Algunas cosas no cambiaban.
—Bueno, fue muy cercana a Yoh —No quería ser explícita y decirle al niño que, durante cinco años, ella había sido suegra de Anna— venía muy seguido a casa y quería mucho a mi madre.
—¿Y quiénes son los hombres de las fotos que hay en una mesa? Solo reconocí a Hao por ser el hermano de Yoh.
—El más anciano era mi padre. El otro hombre era mi esposo.
Hana nunca había experimentado la pérdida, así que no podía entender a esa mujer, y sin pensarlo muy bien le tomó la mano y le sonrió.
—Ellos siguen acá acompañándola, no tiene por qué estar triste.
Keiko había reconocido esa sonrisa y ya no tenía ninguna duda de la procedencia del niño.
—Sígueme, Hana. Hoy conocerás la historia de la familia Asakura y a tu madre en los mejores años de su vida. Pero antes de irnos quiero darte algo. —La mujer sacó una pinza de cabello y como pudo peinó al niño—. No me malinterpretes, me gusta mucho tu estilo.
Hana no iba a decir nada y volviendo a tomar la mano de su abuela para ayudarla a levantar entraron a la casa: estaba a punto de descubrir un mundo completamente desconocido para él.
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—Entonces su familia es muy antigua, señora Keiko. —No se habían soltado de la mano durante todo el recorrido— No sabía que existían tradiciones así.
—¿Tu madre no te ha hablado de tus abuelos? Tuve la oportunidad de conocer a su padre. Era un tipo muy cerrado, amable, pero muy cerrado.
Hubo silencio por algunos minutos. Hana intentaba recordar algún detalle sobre su ascendencia, pero no podía, incluso, recién le importaba conocer sobre el pasado de su madre en esa ciudad.
—Ella ni siquiera tiene fotos de mis abuelos y Wat también era huérfano, así que no sé de dónde vengo. Tampoco me interesa, si tengo a mamá todo estará bien.
—¿Wat?
—Es el ex esposo de mi mamá. Estuvieron juntos unos años, pero de un momento a otro ella quiso volver y acá estamos. Lo quiso mucho, creo que fue la única pareja con la que se entendió bien; con los demás no duraba más que algunas semanas.
Keiko intentaba ponerse en los zapatos de Anna y realmente no podía. ¿Cómo había hecho para ocultar a Hana tanto tiempo? ¿Habría recibido ayuda? Y era natural que ninguna relación le durara, los cinco años que estuvo con Yoh no podían pasar en vano.
—¿Y extrañas Inglaterra? —No quería ser obvia y preguntar directamente por el padrastro.
—No. No tenía muchos amigos y la escuela es aburrida en todas partes, así que no noto el cambio. Mamá tampoco debe extrañar ese país, Lyserg era su amigo, pero con Horo Horo y Ren se entiende mejor. ¿Y usted extraña algo, señora Keiko?
La palabra "abuela" era tan extraña para él que aún era un tanto difícil usarla, sin embargo, algo dentro de sí sabía que luego de la primera vez no habría marcha atrás.
—Mi padre, mi esposo y mi hijo mayor murieron; mi madre está ciega y mi otro hijo casi no viene a verme. No sé si eche de menos a alguien o simplemente me siento muy sola.
—Yo puedo venir a verla. Esta casa me gusta y usted me agrada bastante. —De nuevo volvió a sonreír, pero recordar la conversación con Tamao le quitó cualquier rastro de felicidad del rostro— ¿Puedo hacerle una pregunta?
Keiko lo intuía.
—No odio a tu madre, Hana. Fue un accidente, fue una sucesión de errores que desencadenaron una tragedia. Nadie garantizaba que si Hao hubiera sido el piloto las cosas no hubiesen ocurrido. Escuché a Tamao y dijo cosas horribles que no se irán fácilmente de tu mente, pero si de algo te sirve, debes estar orgulloso de tu madre. —Volvió a llorar y Keiko se agachó para quedar a su altura—. ¿Quieres que vayamos a buscarla? Quizá te esté buscando por todas partes.
Asintió y no comprendía por qué se sentía feliz si aún lloraba.
—Abuela Keiko. ¿Puedo usar de nuevo su pañuelo?
Limpió su rostro nuevamente y cuando fue a devolvérselo a Keiko esta la detuvo.
—Puedes conservarlo. Era para Mikihisa, lastimosamente murió antes de pudiera entregárselo. Ahora es tuyo, cuídalo muy bien. La pinza en tu cabello también es un obsequio.
Sonrió. Ese era su lugar y por fin lo había encontrado.
…
Miraba la pantalla de su celular, reía, levantaba el rostro, hacía contacto visual con alguien y repetía la acción. No debía estar ahí. Ya eran once años y esa tradición de ir a Izumo por esa fecha lo cansaba, no porque Hao no le importara, sino porque cada vez era igual: llantos, culpas, remordimientos y, al final, nada cambiaba. Luego de que Anna despertara del accidente, él no se separó ni un segundo de ella: si tan solo no la hubiera obligado a ir por él, de seguro, la idea de tomar el vehículo en medio de una tormenta nunca hubiera existido. Él pudo quedarse unas horas más en la estación de gasolina y esperar a que todo se calmara, pero prefirió exigir su búsqueda. Había sido un irresponsable y por su acción, la tragedia fue inminente.
Se sentía responsable del estado de sus amigos y, mientras se hundía en trauma, veía cómo ellos se alejaban. Podía entenderlos, cada uno se atribuía la culpa, pero esos dos eran las víctimas más notorias.
—Yoh me odia. Maté a su hermano, Horo Horo.
Él nunca hablaba, nunca encontró las palabras exactas para hacerle entender que ella no era responsable y cuando supo de esa huida se arrepintió.
—Tenemos que encontrarla, Ren. Anna no está sola, nos tiene a nosotros.
Pero nada sirvió. Meses enteros de búsqueda, de investigación y suposiciones no valieron de nada: Anna había desaparecido.
Luego las malas decisiones de todos afectaron al grupo: Ren se había obsesionado con el trabajo, Yoh y Tamao estaban más unidos que antes y él...solo. Volvió a su aldea y se encerró varias semanas. Ni Pirika podía hacer algo por él.
Retomó la búsqueda de Anna, pero él no tenía el poder de los Tao, así que todo fue un vano. Se alejó de todos hasta el día de la boda de Yoh: ahí se reencontró con Ren y desde ahí no se volvieron a separar.
—¿No le dijiste que casarse con Tamao era una pésima idea?
—Mil veces.
Era un fracaso anunciado.
—Ojalá Anna no se entere que eres el testigo de esta farsa, te mataría, Ren.
—Ella entenderá. Manta era el mejor amigo de Yoh y lo dejó plantado, no me gustaría estar en su lugar.
—¿Crees que ella esté bien?
—Espero que esté mejor que nosotros.
Eso no era tan difícil.
Su vida no tuvo muchos más cambios. Con Yoh casado y Ren comprometido, no le quedó más opción que buscar el mismo camino, sin embargo, esas acciones lo llevaron a la frustración: ninguna relación le duraba más de unos cuantos meses y siempre el herido era él; por eso, cuando Damuko aceptó vivir en su casa, quiso creer que ese era el fin de su sufrimiento y que no estaría por detrás de sus amigos nunca más.
—No quiero casarme. No ahora.
—¿Ya vivimos juntos cuál es el problema? ¿Cuál sería la diferencia? ¿No quieres una familia? ¿Hijos?
Nunca notó que tan apresurado sonaba eso hasta que ella finalmente lo dejó alegando que nunca más quería saber de él. La entendía, la intensidad con la que había manejado el asunto era absurda. ¿Dónde estaría? ¿Debía buscarla y pedirle perdón? La pensaba todo el tiempo y, aunque Hana agotara gran parte de su paciencia, no era suficiente. La quería de vuelta sin importar que eso significara un regaño de Anna o de Ren.
Le envió un mensaje y dejó que la suerte decidiera su futuro. Levantó el rostro y como si hubiese sido una invocación, sus amigos venían caminando hacia él y por la cara que traían solo significaba una cosa: problemas. Sin importar si manchaba o no su ropa se sentó en el piso. Segundos después, ellos lo imitaron y reinó el silencio. Volvió a su celular, lo único que le quedaba era esperar una respuesta de Damuko mientras alguno se decidía a hablar.
—¿Cada año es así de triste? —No sabía si era por el frío, la situación, la nostalgia o su mundo de mentiras cayendo sin posibilidad de estabilizarse, pero hacía muchísimo tiempo no se sentía así de mal—. No debí venir.
Se había hartado de que los únicos sonidos presentes fueran las risas del Usui revisando el celular. Anna no quería ser directa y preguntar por la intrusión de la Familia Tao y mucho menos por la presencia de Jeanne, había algo en Ren que no estaba del todo bien y ella no iba a ser la responsable de que se pusiera peor.
—Este año en particular está horrible. No te culpes por eso. ¿Puedes dejar ese estúpido aparato y prestarnos atención?
Ren estaba mucho más irritable de lo normal.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Que te felicite por no ser capaz de decirle a tu familia lo que está pasando? ¡Eres un adulto! No les debes explicaciones.
Al parecer Horo Horo contaba con cierta información que ella no.
—No te metas en mis asuntos. ¡Tú no tienes las obligaciones que tengo yo!
—¿Ah no? Yo también soy el único hombre de mi familia. ¿Crees que no esperan algo de mí?
Tenía que intervenir antes de que se fueran a golpes.
—Si quieren pelear lo mejor es que salgan de la casa. ¿O quieren darle otro problema a los Asakura? —Problema solucionado— ¿Nos darás alguna explicación, Ren?
—Soy un hombre importante, reconocido y bastante influyente, si se enteran de mi divorcio desviaré el foco de mi éxito y se centrarán en mi vida personal. Además, Jeanne quiere concentrarse en su empresa de autos y no le irá bien si comienza en el negocio siendo la ex esposa de Ren Tao.
—¿Y pensaron en Men? El niño puede confundir las cosas y creer que sus padres van a regresar. ¿¡Alguna vez piensan en él?! No está bien mentirle. —No podía creer que incluso una década después, Ren siguiera siendo tan sumiso con su padre. Ya tenía una esposa y un hijo. ¿Cómo es que no se había revelado ante él?
—Mira quién habla.
¿Cómo se atrevía?
—¿Hay algo que ustedes saben y yo no? —Ahora que veía que incluso sus amigos tenían secretos no se sintió mal al ocultarles lo de Damuko.
—Ren no sabe lo que dice. No le gusta que lo enfrenten y mucho menos que lo cuestionen.
—Al menos no estoy huyendo.
Había sido suficiente. Ya la estaba pasando muy mal y no tenía intenciones de pasarla peor. Se levantó y dejó que los dos sujetos arreglaran sus propias diferencias.
—Cruzaste todos los límites con ella, Ren. —que Horo lo dijera le dolía más— ve buscando un nuevo gerente que supla a Anna porque esta ofensa no te la va a perdonar.
El Usui se levantó del suelo y trató de localizar a Anna, pero no pudo: la casa tenía tantas partes y ella la conocía tan bien que no importaba que no hubiera pasado ni un minuto desde su partida: ella ya había buscado algún escondite.
—¿Irás con ella?
—La dejé sola hace once años. No volverá a pasar.
—Yo también soy tu amigo.
Volvió al piso. Por más que quisiera estar con Anna no la encontraría.
—Tienes que decirles, Ren. Formaste una familia y tienes en alto una compañía completa, siempre he dicho que soy el rey de los idiotas, pero no me importa cederte el puesto por unos días.
De nuevo se quedaron callados. Cada uno tenía que reflexionar sobre lo que estaba pasando y lo que tendrían que enfrentar en algunos días: Horo Horo su intento de reconciliación con Damuko sabiendo que era una pésima idea y Ren con el veredicto del juez en los próximos días, lo que le recordaba cierto asunto pendiente.
—¿Aún tienes tu antiguo apartamento? Necesito que hagas algo por mí mientras ocupo ese trono.
—No pienso volver ahí, no me iré del lado de Anna.
—¿Y su casa es grande?
Horo comenzaba a sospechar que algo no tan bueno ocurriría.
—No es muy grande, pero los tres estamos bien. ¿Qué pasa? ¿Le dejarás el apartamento a Jeanne y te vendrás a vivir con nosotros? Podríamos dormir juntos, estaríamos incómodos, pero al menos no vivirías en la sala ni molestarías a Anna. —El silencio del Tao no era un buen presagio.
—Yo no dejaré mi casa. Y de ser ese el caso buscaría una nueva. —Tomó aire y miró al Usui— Men quiere vivir contigo.
—Anna va a matarte.
El chino asintió.
—Lo hará. Sin duda.
…
Conocía la casa tan bien que no le fue difícil ocultarse mientras su enojo disminuía. Ren era un idiota. ¿¡Cómo se le ocurrían comparar las cosas!? Ella le mintió a Hana para protegerlo, mientras que él lo hacía por una cuestión de orgullo. No eran iguales y en su mente no estaba reconocer lo contrario. Llegó a los límites y aunque los terrenos aledaños no eran de los Asakura, no había mucho problema si los pasaba, esa era la única forma de no cruzarse con nadie en los próximos minutos.
—¿Te ocultaste más de diez años y piensas seguir haciéndolo? Es muy ingenuo de tu parte creer que Ren no nos contó de tu llegada a Japón, Anna.
Paró en seco. ¿Cómo es que no se percató que la estaban siguiendo? Y si bien era un encuentro inevitable no pensaba que la tomara tan desprevenida, aunque claro, era En Tao, cualquier cosa podría venir de él. Muy en su interior agradecía que Hana no estuviera con ella, incluso y aunque sonara una pésima madre, no tenía ni la las remota idea de dónde estaba su hijo.
—Señor Tao, qué bueno verlo de nuevo.
No mentía, ese hombre era otra figura paterna para ella y la había tratado con el mismo cariño y respeto que a Ren y a Jun. Prácticamente la había visto crecer.
—Dos posgrados. Tres diplomados. Nueve años de experiencia y reconocimientos en cada empresa para la que has trabajado, me gustaría decir que todo lo que sabes de administración lo aprendiste de mí, pero para mi mala suerte lo aprendiste sola.
Si bien era cierto lo que decía, no podía restarle mérito a su convivencia y admiración hacia él. Desde la niñez nunca mostró inclinación por otra rama que no fuera el mundo empresarial ni económico, por lo que ese hombre era su mayor fuente de inspiración.
—Soy una aprendiz entre las sombras. Puede que usted no lo haya notado, pero siempre seguí de cerca sus negocios y así pude formarme de una manera más completa.
—¿Incluso durante tu ausencia?
—Sí.
Anna nunca vio venir el abrazo.
—No se lo digas a Ren, pero siempre supe que estuviste con ese chico Lyserg. Tu nombre hizo presencia entre algunos colegas así que no me quedaba más que esperar tu regreso, Anna. —Los Tao eran su segundo hogar y por la forma en la que En abrazaba, podía sentir que eso no había cambiado en lo absoluto—. Jun también quiere verte, se tomará unas vacaciones y vendrá a Asia. ¿Quieres ir a China por algunos días?
Eran demasiadas cosas a la vez y la emotividad del momento no ayudaba para organizarlas.
—Ya no tengo veinte años.
—Por supuesto que no, ahora, déjame ver a ese niño que estaba contigo. De lejos era como verte a ti a esa edad. —No disimuló su cara de confusión. ¿Acaso él ya sabía sobre su hijo?— Anna, cuando dije que sabía de ti es porque conocía todos los detalles. Hana Kyoyama, espero que él y Men se la lleven bien. La dinastía Tao seguirá siendo grande gracias a ellos: la siguiente generación.
Eso era especular demasiado.
—No creo que sea prudente decir esas cosas tan alto: Men solo sabe leer y Hana no es de los mejores de su clase, me atrevo a creer que no seguirá esos pasos y en el peor de los casos llegará a aborrecerlos.
El Tao no ocultó su cara de derrota.
—¿Al menos me dejarás conocerlo? Espero no haya sacado tu carácter. —¿Eso era una ofensa?— Men es idéntico a Ren y no te imaginas la cantidad de problemas que eso ha traído. Por fortuna se casó con una buena mujer: no veo la hora de tener otro Tao en la familia. Jun me negó ese placer.
—Ella es muy reconocida en el sector empresarial europeo, ha logrado grandes cosas. Tiene que estar orgulloso de ella.
—Lo estoy a mi manera.
El encuentro se iba a poner un tanto incómodo. Veía venir las preguntas personales y en el peor de los casos la incertidumbre sobre el paradero del padre de Hana saldría a la luz; sin dejar de lado que aún pensaba en Ren y no estaba tan segura de mantener el secreto. ¿De qué otra cosa podía hablar con En Tao? No estaba de ánimo para hablar de su vida y la ocasión no ameritaba una plática sobre negocios ni inversiones.
—Lo recordé mucho. —No quería sonar como una despedida abrupta o un cierre definitivo del encuentro, pero no podía aguantar mucho tiempo ahí—. Espero recompensar el tiempo perdido dando lo mejor de mí para la compañía.
En Tao acarició la cabeza de Anna: esa era una forma bastante extraña de demostrar su cariño.
—Te espero en China cuando estés lista. Me alegra tenerte acá.
Le sonrió una vez más y caminó hacia la casa. Ella lo siguió segundos después, tenía otros lugares a los cuales ir y personas con las que necesitaba hablar: ese reencuentro con En Tao le había cambiado todos los planes.
…
Yoh no soportaba a la gente. Cada año aparecían más desconocidos que querían saber la historia completa de cómo el heredero de la familia más reconocida de la ciudad había muerto en ese popular accidente. No los quería cerca, si de él dependiera no permitiría esos encuentros, pero su madre tenía una forma muy peculiar de recordar a Hao. Se alejó de todos y buscó el lugar menos concurrido; si bien lo que quería era encontrar a Anna, entendía que no era lo más prudente: ese día era difícil para ambos. Se acostó sobre la madera y cuando por fin estaba quedándose dormido, sintió unos pasos acercándose, no necesitaba ser un genio para saber quién era y dadas las circunstancias, agradecía ese acercamiento.
—Me gusta venir a la casa de tus padres porque así te veo usar el anillo. —No era un reproche de su parte, pero sí podía identificar cierto dolor en su voz—. Me hace sentir que sigo casada a pesar de que mi esposo ni siquiera me dirija la palabra.
Tamao se sentó al lado de Yoh. Ni siquiera se veían.
—A mí me gusta venir porque aquí nos conocimos nos y casamos. —No quería ser grosero, sin embargo, la actitud pasivo agresiva de ella no podía soportarla mucho más—. Me hace sentir que a veces cometo errores. Quiero el divorcio, Tamao.
Levantó su espalda del suelo para imitar la posición de ella. Era un tema serio y necesitaba estar en la mejor disposición para enfrentarlo.
—¿Hace cuánto querías decirlo? ¿Desde que llegó Anna? ¿O desde nuestro primer día de casados? —Volteó a verlo, esa conversación tenía que encararla, aunque no estuvieran en el mejor lugar— No soy idiota, Yoh, sé que no estás conmigo por amor.
—Llevamos juntos más de ocho años. ¿En serio crees que no te amo? Nuestro matrimonio no funciona por falta de amor, no funciona porque al otro le estamos exigiendo cosas que no puede dar.
—¿Un hijo es mucho para ti
—En realidad no me estás pidiendo un hijo porque sabes que eso te lo puede dar cualquiera, Tamao. Tú quieres a alguien que te necesite y acuda a ti y yo ya no soy esa persona. Lo fui hace diez años, pero ya no más.
—Te lo he permitido todo, Yoh, así que no dejaré que sigas haciendo conmigo lo que quieras. Me has dejado de lado incontables veces, pero esta vez no me dejarás por Anna.
—Ella no tiene nada que ver. Sabes bien que nuestros problemas vienen de tiempo atrás.
—¿Entonces por quién? ¿Por tu secretaria? Aún sigue trabajando para ti ¿No? La vi salir de la oficina el día que te encontré con Anna. —Yoh iba a replicar, pero por la expresión de Tamao sabía que ella aún no había acabado—. ¿O por tu compañera de tu trabajo anterior? ¿O por la otra mujer que hacía negocios con Hao? ¡¿O quizá con alguna doctora que me trató mientras yo estuve desesperada por no poder tener un hijo?! ¿Hay alguien más por fuera de la lista? ¿Cuántas han sido, Yoh? ¿Ya perdiste la cuenta?
Se había puesto de pie. No soportaba tenerlo cerca y además no debió decirle todas esas cosas, no porque no fueran ciertas, sino porque no era el momento y decirlas en voz alta le dolía. Intentó hacerse la ciega tantas veces que por fin había llegado el momento de explotar. ¿De qué le servía fingir con él?
—¿De qué hablas, Tamao? Estás confundiendo las cosas. —Se recriminó mentalmente. ¿Cómo había hecho para enterarse de esos encuentros? Él había sido cuidadoso, incluso las cosas con su secretaria habían terminado meses atrás. Además, ella estaba llevando todo al límite—. ¿Hace cuánto lo sabes?
Tamao se metió las manos a los bolsillos y sacó el anillo.
—No soy tan inocente como tú y como todos creen. —Tomó el anillo entre los dedos y se lo puso en el anular— No te daré el divorcio, Yoh. No me importa con cuántas más te acuestes o si no puedo tener un hijo, pero ese placer no se los daré. Eres mi esposo y mientras vivas yo seguiré siendo la señora de Asakura. Solo yo lo seré.
La discusión había terminado. Él no tenía más réplicas y la forma en la que Tamao lo estaba viendo lo asustaba. La conocía de toda la vida y era la primera vez que ella se mostraba así. ¿Cómo sería su matrimonio a partir de ahora?
—¿Quieres ser infeliz toda tu vida?
—Ya lo he sido ocho años. Qué más da unos cuantos años más.
—No hablas en serio. ¡Puedes enamorarte de nuevo! ¡Estar con alguien que sí quiera estar contigo! Te guste o no tenemos que divorciarnos.
—¿Quieres atreverte? La lista de tus encuentros extra matrimoniales me la sé de memoria. ¿Estás dispuesto a darle otro escándalo a tu familia? Puedo dejarte sin nada, Yoh. No eres tan tonto. —A él le importaba un comino quedarse en la calle si eso marcaba el comienzo de su libertad, pero la reputación de su familia no podía mancharla—. El matrimonio es para siempre, juramos estar juntos hasta que la muerte nos separe. Sé hombre y cumple tu promesa.
Yoh no supo cómo defenderse y cuando por fin pudo conectar su cerebro con su lengua, ya Tamao no estaba ahí con él.
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Las ganas de gritarle a todas las visitas presentes solo aumentaban a cada paso que daba. Ella defendería su matrimonio y su pequeña familia con Yoh así fuera lo último que hiciera en su vida. No tenía nada más. ¿Cuál sería su futuro si su esposo la dejaba? No estaba en sus planes ser la esposa abandonada. Atravesó varios jardines y vio a la culpable de su desgracia. Estaba sola, así que ese era su momento de aclarar la situación.
—Jamás pensé que tuvieras el valor de venir. ¿Aunque sabes? No me sorprende que Keiko esté feliz. Fuiste como la hija que no tuvo. Kino también debe de estar enterada, esta casa es gigante pero los rumores se esparcen rápido.
Anna ya estaba harta, como todos estaban dentro de la casa pensó que lo mejor era esperar un momento para ir a buscar a la única persona que le faltaba ver. Poco podía hacer, había sido una pésima idea ir a Izumo, pero Hana se sentía tan conectado a ese lugar que no tuvo corazón para sacarlo de ahí y llevarlo a otra parte. Su hijo pertenecía a ese sitio y no podía ir en contra de eso y, aunque lo negara, ansiaba ese encuentro con Tamao. Quizá conocer la perspectiva de ella de ese matrimonio le haría entender de una mejor manera las acciones de Yoh y tal vez la ayudaría a pensar en la manera en la que contaría lo de Hana.
—Eso se debe a que nunca me esforcé por agradarles. A veces insistir tanto suele ser molesto.
Anna recordaba de manera muy vaga las acciones de Tamao. Siempre sintió que era demasiado buena y que debajo de esa bondad había una persona peligrosa que sería capaz de atacar en cualquier momento.
—Qué bueno que mi matrimonio es con Yoh y no con ellas.
Ese era el ataque.
—El matrimonio no es solo una argolla en la mano, Tamao, yo también tuve una y hace unas semanas me divorcié. —Por la cara que puso pudo suponer que ella no tenía información para replicar la afirmación, por lo que, por ahora, tenía ventaja—. ¿Crees que tú y Yoh tienen una familia solo por eso?
Tamao aún no se reponía de la discusión con Yoh y presentía que esa platica con Anna la dejaría peor, pero no se iría, ella necesitaba defender su honor, su vida de casada, y, sobre todo, sus fantasías.
—Yoh y yo tenemos una familia porque entre los dos no hay mentiras ni engaños. Soy honesta con él. No como tú. ¿Cuánto tiempo más vas a decir que ese niño es hijo de otro? Porque solo alguien muy distraído no lo notaría. Yoh te va a odiar por siempre así que si sueñas con ser su familia es mejor que pares porque cuando él se entere de lo que le hiciste volverá a su único lugar seguro.
Temió por todo. ¿En qué momento ella y su hijo se habían encontrado? ¿Ren era culpable? ¿Acaso Tamao tenía un instinto nuevo desbloqueado?
—No sé de qué hablas. ¿Me crees capaz de ocultarle a mi hijo el origen de su padre?
Ahora que lo decía en voz alta entendía el daño tan grande que le estaba causando a Hana. ¿Realmente podría soportar el odio que le causaría conocer la verdad? El rencor de Yoh lo esperaba y con justa razón. ¿Pero estaba preparada para para el de su hijo?
—¿Creíste que las cosas no cambiarían en más de una década? ¿Crees que Yoh está conmigo solo por ser la "buena y dulce Tamao"? Tuve que cambiar, Anna. Ahora soy más fría, distante, soberbia y cínica. Soy más como tú.
Era una descripción bastante vaga y ofensiva.
—Lo inmadura no lo aprendiste de mí.
Anna también sabía atacar.
—Yoh no me dejará y mucho menos por alguien que lo ha engañado por años.
Para ese punto de la conversación ya ni sabía cuáles eran las intenciones de Tamao. Anna no tenía ganas de pelear, pero si simplemente se iba y la dejaba hablando sola, sentía que Tamamura sería capaz de armar un escándalo.
—Sé que no lo has preguntado, pero puedes estar tranquila porque no regresé a quitarte tu marido, aunque por lo que veo cualquiera puede hacer eso.
Anna sintió la palma de la otra mujer en el rostro. Quería responderle de la misma manera, lo merecía, pero el llanto de Tamao le impidió cualquier movimiento.
—Te fuiste, lo dejaste herido y yo curé su corazón. No re abras esa herida, Anna. No hagas más infeliz a Yoh de lo que ya lo hiciste. Tú no puedes amarlo como yo, no vas a cuidarlo como yo, vas a perdonarlo como lo hago yo. No eres buena para él. Yo soy su único bienestar y no se lo puedes arrebatar.
Esa actitud de salvadora tampoco la había aprendido de Anna, eso estaba muy claro. Aparte, ¿A qué se refería con "perdonarlo"?
—Si no estoy mal, Yoh ya no es un niño que necesita a su madre. No actúes como su ángel guardián.
—Seré lo que necesite.
Tamao estaba muy mal de muchas maneras.
—Créeme, al parecer Yoh sí te dejará y no será por mí.
—Yo me encargaré de eso. Si no me ha dejado por las otras mucho menos se irá con la asesina de su hermano.
Esta vez no lo soportó y devolvió el golpe: Anna no dejaría que usaran el recuerdo de Hao para lastimarla. Su mano ardía, sin duda el rostro de Tamao tendría una marca bastante roja por varios minutos.
—La discusión se ha terminado. Espero tengas un buen día.
Tamao ni siquiera levantó la cara.
…
La casa no había cambiado mucho desde su partida, era como si la muerte de Hao hubiera congelado el lugar. Cada cuadro, adorno, o decoración seguían en el mismo lugar mientras que los rastros de polvo eran casi imperceptibles. Nunca pudo comprender el dolor de Keiko: ella había perdido a sus padres, sí, pero la sensación nunca sería igual que la de perder un hijo. Jamás pudo verle a la cara de nuevo, incluso, cuando se vieron en la entrada, tuvo que bajar el rostro y seguirla. Quiso pedirle disculpas, explicar la situación y recibir el odio que merecía, pero ella se mostró tan amable y comprensiva como lo fue la primera vez que pisó esa casa. La admiraba tanto por cargar con el peso de esa familia mientras que ella, a la primera oportunidad de huir, lo hizo.
Cruzó unos cuantos pasillos más y dio con la puerta que buscaba. ¿Kino la reconocería?
Tocó y una voz deteriorada le dio permiso de seguir.
—Espero que sea mi té. Tamao se fue varios minutos y nada que me lo trae. Ni para eso sirve.
Anna tenía cosas más importantes en las cuales pensar, su dolor en la mano aún estaba presente, por lo que Tamao debía estar ocultándose en algún lugar.
—No. —Vaciló al hablar— No traigo su té.
Dio un par de pasos dentro de la habitación y vio a la mujer sentada frente a la ventana abierta, quería caminar más y verle el rostro, pero por ahora se conformaba con verle la espalda.
—¿Entonces? Pedí uno y también algo de comer. ¿Tendré que ir a buscar a Yoh? Hao lo habría hecho de inmediato.
Quiso disculparse y salir de ahí. Kino no estaba en su mejor momento y su presencia solo complicaría las cosas. ¿En qué estaba pensando cuando decidió ir a esa estúpida casa? Hana ya debía estar buscándola por todos los rincones del lugar para exigirle ese helado que ella le había prometido.
—Enseguida buscaré a alguien que le traiga su té, señora.
Pero no pudo moverse. Ver a Kino le devolvió una felicidad que había creído muerta, nunca la hizo sentir como una extraña, incluso la trataba mejor que a sus propios nietos.
—¿Tienes dinero para seguir pagando tus estudios, Anna?
—Los Tao lo harán, quieren que más adelante trabaje en sus compañías así que quieren invertir en mi formación.
—Si esos sujetos alguna vez te fallan no me importaría vender todas las propiedades de los Asakura por ti.
Y no lo dudaba. Ella veía más por su bienestar que por el propio.
—¿Sigue ahí? Necesito alcanzar mi silla de ruedas, al parecer yo misma tendré que ir a buscar mis alimentos. ¿Tanta gente vino por el chisme que ni uno solo de mis empleados puede auxiliarme? Soy una mujer ciega y casi inválida, lo menos que merezco es un poco de atención.
Yoh no le había dado los detalles sobre la condición de la anciana, aunque no le extrañaba que su sentido de la vista estuviera perdido del todo y que, por la edad, su movilidad estuviera reducida. Entró por completo a la habitación y se sorprendió al ver que todo seguía igual. Además, solo tenía lo básico, lo único fuera de lo normal eran las fotografías de las paredes: una de Yohmei, otra del matrimonio de Mikihisa y Keiko, una de los gemelos cuando eran niños y más hacia la izquierda, alejada de todos, una de ellas dos en un viaje que hicieron.
—No encuentro la silla de ruedas, señora. ¿Segura está en la habitación?
—¿Quiere que me levante de este estúpido mueble y la busque por usted? Es más, ni siquiera la necesito, puedo estar vieja pero aún puedo caminar unos cuantos pasos. ¿Las pantuflas sí las ve? —Anna las levantó del piso y se acercó a la anciana— Agáchate y ponlas.
Obedeció.
—¿Así están bien, señora? —Le temblaba la voz. Deseaba irse de ahí y que ese mal momento de su vida se superara con el tiempo—. Puedo ajustarlas más si lo desea.
La anciana no dijo nada así que no le quedó más opción que levantarse del suelo, pero la mano de la Asakura sobre su cabeza se lo impidió.
—Qué frágil te has vuelto, Anna. Si esta conversación se hubiera dado mucho tiempo atrás estarías por toda la casa exigiendo que me atendieran, pero ahora mírate, estás de rodillas ante a una anciana ciega e inservible y puedo asegurar que estás a punto de llorar. ¿Pensaste que no reconocería la voz de una de mis personas favoritas? No soy sorda. —La mano sobre su cabeza bajó a su rostro para acariciarlo. No quería llorar, pero el gesto cálido de la anciana fue más fuerte que ella—. Bienvenida a tu hogar.
Estalló en llanto: entre el encuentro con En Tao, la discusión con Tamao y el amor incondicional que las dos mujeres Asakura habían tenido con ella no pudo soportarlo más. Abrazó a la anciana y dejó que los once años de culpas fueran redimidos. Lloró tanto sobre el regazo de Kino que jamás pensó que tuviera tanto dolor acumulado. Cuando pudo calmarse y ver el rostro de la abuela se sintió feliz al ver que ella le estaba sonriendo de vuelta.
—He regresado, abuela.
Las manos de la anciana se posaron de nuevo sobre su rostro.
—Hoy no es un buen día para conversar mientras tomamos té en el jardín y mi cuerpo ya no resiste esos viajes a Tokio. ¿Vendrás más seguido a verme? Keiko me dijo que llegaste con un niño hecho a tu viva imagen. ¿Ese es tu hijo? ¿Me lo presentarás y podré llamarlo nieto? —La rubia asintió— Eso me basta, ahora es hora de que te vayas. No te quedes acá, no alimentes chismes de desconocidos. Solo tú y Yoh saben lo que pasó, no le deben explicaciones a nadie y menos ahora que ya han pasado tantos años.
—Pediré que traigan su comida y me iré.
La abrazó una vez más y salió del cuarto. Hana la mataría, pero ahora que estaba en paz consigo misma tenía que buscar a Yoh y conociendo a su hijo, si quisiera irse del lugar ya habría movido todo para encontrarla. Aún tenía tiempo y lo aprovecharía para cerrar de manera definitiva su ciclo con el Asakura.
…
—Anna, yo…
—No, no hables, por favor no hables.
La había extrañado. Si bien el accidente los tenía distantes y casi que se comportaban como desconocidos, esa noche ella había entrado a su cuarto y, sin hablar, ambos manifestaron ese deseo de estar con el otro. Ella estaba más entregada, libre, ansiosa... Como si supiera que esa sería la última vez.
Y lo fue.
Después del choque, sus acciones cambiaron y ahora que sabía la verdad sobre las decisiones de Anna quiso devolver el tiempo para decirle a ese Yoh que no la dejara ir. ¿Cómo fue tan ciego? ¿Por qué no notó que ella necesitaba de él? Quizá si hubiera escuchado más a sus amigos o no se hubiera ofuscado tanto por ser el único hombre vivo de su familia, habría superado el duelo con ella y el motivo de esa visita a la casa sería uno feliz y no ese maldito suceso. Además, la discusión con Tamao lo había dejado tan mal que el único lugar seguro era esa parte de la casa, que ni siquiera era de su casa, sino de los terrenos aledaños que no tenían dueño.
Le agradaba ese lugar, quizá porque ahí tuvo sexo con Anna por primera vez y le gustaba recordar la torpeza y la inocencia de ese encuentro. No porque los dos no tuvieran experiencia previa, sino porque entre ellos siempre hubo una complicidad que los hacía reír incluso en momentos como ese; tampoco podía obviar que su padre había muerto días atrás, por lo tanto, no era muy correcto lo que hacían, pero cuando empezaron los besos húmedos y las caricias nada los detuvo.
—Hay tantos lugares para esconderse y tú siempre escoges este. La casa es inmensa, Yoh. ¿No te basta? Algún día cerrarán este lugar y perderás tu lugar favorito, es hora de que busques uno nuevo.
¿Sus pensamientos habían invocado a Anna?
—Nos escondíamos aquí para que mi abuela no te escogiera como la mensajera de la familia. No sé quién es el propietario, ¿crees que se moleste porque dos personas ocupan un árbol y unos cuantos metros de tierra? Yo no lo haría.
Anna se sentó a su lado.
—¿Cada cuánto vienes a este lugar?
—Cada vez que te recuerdo.
—¿Entonces vives aquí?
Era la primera vez en el día que Yoh reía.
—¿Me estabas buscando o también querías alejarte de todos?
Aunque la mano ya no le dolía, aún quedaba en ella una sensación bastante extraña que le impedía acercarse a Yoh. Si bien ese matrimonio estaba acabado, ella no quería ser una razón más y mucho menos la que diera el golpe final.
—Hablé con Tamao hace un momento y quiero que me respondas algo. —No necesitaba que Anna hiciera la pregunta, él ya sabía lo que vendría a continuación y aunque no quisiera, tendría que aceptar lo que se avecinaba—. ¿Te has acostado con otra mujer?
—No he sido un esposo modelo. —Anna iba a gritar o incluso a reclamarle como si ella hubiese sido la esposa engañada, pero al ver que él seguía tan tranquilo supo que a esa historia le faltaba una parte—. He salido con otras mujeres, no lo niego, incluso he besado a algunas y puede que con otras haya tenido varios encuentros.
—Eso cuenta como infidelidad, Yoh.
—Lo sé, no me estoy excusando Anna, pero te estoy contando la verdad, ya queda en ti si crees en la versión de Tamao o en la mía.
Técnicamente ella no tenía ninguna versión de Tamao, pero eso no era impedimento para sentir empatía por ella. ¿Por qué seguían juntos? ¿Para qué hacerse ese daño irreversible?
—Tamao lo sabe. ¿Por qué no te ha dejado? ¿Por qué sigues con ella?
No sabía qué responder. Durante años se había hecho esa pregunta y jamás supo cómo responderla, sin embargo, que Anna estuviera ahí por fin le daba razones para tener de nuevo el control de su vida.
—El matrimonio nunca es perfecto.
—Yo también estuve casada, Yoh, no me hables de cosas fallidas.
—Ustedes se amaban. Sus problemas no eran por eso.
—Si las relaciones solo necesitaran amor yo jamás te hubiera dejado. —Terminó cediendo y rompió cualquier distancia con él. Tomó su mano y la besó—. Perdón por dejarte solo.
Yoh no sabía qué decir: las disculpas de Anna no tenían ningún efecto en él; ella no era la culpable de sus malas decisiones, sin embargo, sentir los labios de ella sobre su cuerpo le hicieron recordar cuánto la echaba de menos.
—¿Si no estuviera casado estarías conmigo?
Quiso decirle que sí, que lo único que le impedía acercarse por completo a él era el maldito anillo que tenía en la mano, que si quizás fuera otra mujer no le importaría ser la causa de un divorcio porque sabía que no habría arrepentimientos futuros, pero para desdicha de ambos, que Tamao estuviera en el medio complicaba las cosas.
—Yo no quiero estar contigo.
Levantó la cabeza y la vio de frente.
—Mientes.
Aprovechando que su mano aún estaba cerca de la cara de Anna, Yoh se acercó a su rostro y ella cerró los ojos: ya no tenía sentido seguir negando sus sentimientos.
Los labios de ambos se reconocieron. Podían sentir cómo cada parte de su cuerpo buscaba al otro como si quisieran unirse nuevamente. Anna, entregada a las sensaciones que él le despertaba, se sentó sobre las piernas de Yoh y dejó que sus manos comenzaran a tocarla. Poco le importaba que estuvieran en un lugar abierto o que incluso alguien los viera a lo lejos, lo único que quería era que él la tomara en sus brazos para toda la vida, preferiblemente. Pero para su desgracia, la argolla de matrimonio de Yoh se enredó en alguna parte de la ropa y eso recordatorio fue suficiente para que sus fantasías se quedaran solo en eso. Se alejó de su boca, pero aún siguió sobre él.
—No quiero ser la razón definitiva de tu divorcio. Tamao no lo merece.
—No lo veas de esa forma. Piensa que eres la razón por la cual quiero ser feliz y tener una nueva vida con alguien a quien quiero muchísimo. ¿Tú aún me quieres, Anna?
—Nos estamos dejando llevar los sentimientos pasados. Hemos cambiado, Yoh.
—Entonces déjame conocerte de nuevo.
La posición, su respiración agitada, su corazón latiendo a mil por hora, la adrenalina de ser descubiertos: el cuerpo de Yoh abrigándola y su mirada pidiéndole un nuevo comienzo no la dejaban pensar. No estaba bien lo que hacían: él estaba casado y ella le había ocultado la paternidad. Estaban destinados a fracasar.
—No. Lo que harás será recuperar tu matrimonio, estarás con Tamao y serán felices juntos. Yo tengo a Hana, no busco nada más que su bienestar.
—¿Y por qué no? ¿Por qué te cierras a las posibilidades?
Cualquier excusa que sacara sería refutada con facilidad. La única forma de salir de esa posición tan incómoda era revelar la verdad, pero el momento estaba siendo tan especial que no quería dañarlo. Quizá era egoísta y de nuevo estaba estropeando la posibilidad de ser feliz y solucionar todo el daño desde el inicio, quizá esos once años de errores no le habían enseñado nada y prefería seguir estancada en su tristeza o quizá no estaba lista y nunca lo estaría.
Con su peso acostó a Yoh en el piso y ella se quedó sobre su pecho.
—Yo también te quiero, nunca dejé de hacerlo, pero me da miedo que el Yoh de ahora no me guste. ¿Quién me garantiza que no buscarás a otras mientras estás conmigo? Y no digas que tú, porque tu palabra es la que menos vale en estos momentos.
Acariciaba el cabello de Anna. Seguía igual de suave que siempre, aunque lo llevaba más largo que antes, incluso su cuerpo también había cambiado y no veía la hora de verificar esa teoría, de desnudarla y besar mucha más piel, pero recién reconocían sus sentimientos, no era momento de ir más allá por más que el ambiente se prestara para eso.
—Al menos lo podemos intentar. Quiero estar contigo y el solo hecho de que estés sobre mí sabiendo que alguien puede vernos solo confirma que también quieres estar conmigo. Inténtalo, hagámoslo juntos.
Se apoyó sobre uno de sus codos, pero no se movió de sitio. Volvió a acariciarle el rostro y sonrió al sentir que seguía tan pulcro y fino. Siguió con su exploración y la edad ya empezaba a dejarla marcas. Eran jóvenes aun y tenían todo el derecho y las ganas de comenzar de nuevo.
—Nunca te creció barba. Sigues siendo el niño de la casa.
Volvió a sonreír. En el pasado las discusiones más infantiles que tenían se debían a que por su inexistente vello facial lo consideraban como el bebé del grupo. Probó con cientos de cremas, aceites y exfoliantes hasta que al final se había rendido y aceptado que sus hormonas jamás mostrarían ni un solo pelo en su cara.
—¿Ves? No hemos cambiado mucho. —Volvieron a besarse, aunque al finalizar el roce tuvieron que separarse—. ¿Al menos lo pensarás?
Anna asintió. No había mucho más que decir y el silencio los rodeó.
…
Hana y ella habían recorrido gran parte de la casa, incluso le había mostrado ciertos atajos o reliquias que adornaban el lugar. No sabía cómo decirle a Anna que lo trajera más seguido o que si era necesario, ella iría hasta Tokio para estar con él. Era su derecho, sí, pero a la vez no podía forzar a la rubia con esa situación.
—Ya buscamos por toda la casa y no dimos con mi mamá. ¿Será que me dejó?
Lo dudaba. Además, tampoco había visto a Yoh así que solo significaba una cosa.
—Sé dónde está tu mamá. ¿Seguro quieres ir por ella? Puedo decirle a alguien que vaya a buscarla, o si tienes su número podemos marcarle a su celular y esperarla adentro.
—Vamos. Ella me prometió que iríamos al parque y me compraría el helado más grande que vendieran. ¿Qué clase de ejemplo me daría si no cumple sus promesas?
¿Cómo debatirle ese argumento?
Caminaron varios metros hasta que por fin dieron con el lugar. Los vio a los lejos y agradeció a todos los dioses posibles cuando notó que aún estaban vestidos y si bien estaban muy juntos, no era ninguna posición comprometedora por lo que no levantarían sospechas de ningún tipo. El niño reconoció a su madre y echó a correr.
Anna y Yoh también los habían visto así que solo les quedaba esperar que llegaran hasta ellos mas cuando notó que Hana venía corriendo supo que venía una discusión con él.
—¿Ya pasó una hora? —No quería sonar tan cínica, pero al menos podía ganar tiempo para afrontar reclamos del niño y, aunque los merecía, no quería que Yoh los viera discutir. Pensó en todo lo que le había ocurrido y al menos habían pasado dos horas desde que se separaron en el lago.
Para su sorpresa las quejas no llegaron, por el contrario, su hijo estaba feliz y con un peinado nuevo. Volteó a ver a Keiko y esta le devolvió una sonrisa: todo tenía sentido.
—¿Puedo quedarme con Yoh unos minutos? Tú puedes ir con la abuela Keiko mientras tanto. No tardaré, no faltarás a tu promesa.
Estaba tan confundida que ya poco le importaba lo que hablaran esos dos, además, ¿Hana había dicho "abuela"? Se levantó del sitio y su hijo ocupó su lugar. Le dio una última mirada a Yoh y caminó hasta donde estaba su ex suegra.
—Espero no le haya dado muchos problemas. No es travieso, pero tiene su humor.
—Lo has hecho bien, Anna, pero hasta cuándo vas a seguir con esa farsa. —Que Keiko notara lo de Hana no era una proeza, lo realmente impactante era que no estaba siendo juzgada—. Entre más tardes más dolor les causarás. No voy a decirte que estoy orgullosa de tus acciones, pero también soy madre y a veces creemos que podemos protegerlos de todo y tomamos decisiones con el corazón. Cuenta conmigo si lo necesitas y cuídate de Tamao.
La advertencia sobraba.
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—Ya tu mamá no está. ¿Qué querías decirme?
—No me gusta tu esposa. —Otra cosa en común—. Dijo que mamá era una asesina y no lo es. Tú dijiste que fue un accidente, ve y corrígela.
No podía creer que se hubiese atrevido. ¡Hana era un niño! ¿Había sido una venganza por todo lo que había pasado en esos años? ¿Cómo debía reclamarle sus actos?
—Hablaré con ella.
—¡No basta! ¡Haz que se disculpe con mi mamá! ¡Vamos, Yoh! ¡Tenemos que buscarla ahora!
¿De dónde venía ese arranque repentino de ira?
—Hana, ahora no puedo hacerlo. Te prometo que cuando estemos en Tokio haré que se disculpe con Anna.
El niño no era tonto: sabía que Yoh solo le decía eso para calmarlo. Además, sus gritos habían llamado la atención de su madre que volvió en sus pasos para estar cerca de él.
—¡Dile, mamá! Dile a Yoh que busque a Tamao para que te pida perdón. —Anna miró a Yoh en busca de respuestas, pero fue en vano, volteó a mirar a Keiko, pero esta había agachado la cabeza—. ¡Dijo que eres una asesina! ¡Haz que se retracte, Yoh!
Anna se arrepentía de no haberla golpeado más fuerte en cuanto tuvo la oportunidad. Tamao había sobrepasado el límite y ahora más que nunca tenía que irse de ahí. No iba a exponer más a Hana. El silencio de Yoh tampoco ayudaba. Se agachó y abrazó al niño, esa era la única forma de calmarlo.
—No me importan lo que piensen de mí así que a ti tampoco te debería importar. Despídete de Yoh. Recuerda la promesa que te hice, esa es nuestra prioridad ahora.
Pero no lo hizo. Ni siquiera lo volteó a mirar.
—Lo siento, Anna —Le escuchó decir cuando Hana ya estaba varios metros alejado— Hablaré con Tamao.
—No quiero que hagas nada. ¿O sabes qué? Sí, haz algo por mí y no te me acerques, recupera tu matrimonio, hazla feliz y déjame en paz. No voy a permitir que nada ni nadie altere a mi hijo y si tengo que devolverme a Inglaterra lo haré. —Yoh iba a hablar, pero no lo dejó—. No te atrevas a decirme que esto no tiene que ver con nosotros y que ella solo actuó así porque le dio la gana, ambos sabemos que es una mentira. No expondré a mi hijo, Yoh, así eso implique olvidarme para siempre de ti.
Continuará
¡Uff! Qué mesecito ¿no? Qué rápido pasó el tiempo, (?). Me tardé un tris por ciertas cuestiones personales pero aquí seguimos al frente del cañón. Cuando en los pasados les dije que este cap sería larguito pensé que no tendría más de 7.000 palabras pero terminé con 11.000 y pues bueno, esas cosas pasan(?)
Y para no alargar más el asunto, agradezco cada una de sus palabras y espero que este cap también les guste. Recuerden que pueden dejarme un review con sus apreciaciones y también seguir mi cuenta de twitter.
¡Que los ilumine la eterna luz!
Pdta: ¿Cuándo se superan los nuevos gráficos? Todos los días veo el PV y no puedo creer tanta belleza.
