Voy a advertirles que este capítulo contiene escenas explícitas e incesto (como nunca antes hasta ahora), así que si hay público sensible puede que sea mejor ignorarlo. Para los demás, esto está hecho para ustedes con mucho amor.

Sólo disfruten, mis Grandes Héroes


Hacerte el amor


Hiro se puso en pie de un salto, imponiendo distancia.

-Hay un límite para los chistes que puedes hacer, Tadashi - gruñó, fulminándolo con la mirada, luchando por ignorar la forma en que sus mejillas ardían cada vez con más fuerza.

Tadashi también se puso en pie, mucho más tranquilo que él.

-¿Realmente crees que podría bromear con esto? - preguntó, en un gesto relajado, pero Hiro podía notar el brillo sincero en sus ojos, lo que sólo contribuía a ponerlo más y más nervioso -. No te burles de mí, Hiro.

El aludido dejó escapar un jadeó indignado.

-¿Burlarme yo?, Si está claro que esa es tu especialidad - refutó, molesto. Le midió con la mirada, en busca de alguna señal que le revelara que Tadashi había bebido al menos un poco, pero se encontró con un rostro completamente sobrio y una mirada llena de convicción.

Trató de alejarse, pero Tadashi rodeó la cama con rapidez, y le retuvo con firmeza de la muñeca, impidiéndole escapar.

-Hablo en serio, Hiro - soltó, con la mirada segura en la suya, y el aludido jadeó cuando un jalón le obligó a estar casi pegado al mayor, forzándole a alzar el rostro para mirarle a los ojos. Se sorprendió cuando, además de convicción, encontró algo muy similar a pena en su expresión, un velado nerviosismo en el que no había recaído por la distancia, pero que era evidente gracias a la luz que el cielo nocturno les regalaba. Tadashi dudó un segundo, antes de continuar -. La tensión entre nosotros es intolerable. No puedo parar de pensar en ti ni por un instante, siento que me estoy volviendo loco -confesó, sin el menor rastro de falsedad en sus palabras, y Hiro abrió los ojos de par en par ante ellas, sintiendo como si, de repente, la habitación a su alrededor hubiera desaparecido, y lo único que lo sostuviera fuera la mano del mayor en su muñeca. Tadashi continuó, y el chico creyó reconocer unas leves pinceladas de rosa en sus pómulos -. Ya van dos ocasiones en las que casi cometo una locura por los celos que me causa verte con otro, y empiezo a tener miedo de, en alguna ocasión, hacer algo que realmente no puedas perdonar... Yo... yo pensé algunas veces en irme de casa...

-¡No! - la exclamación de Hiro salió abruptamente, sin darle tiempo a detenerse, y su mano libre se aferró al brazo del mayor, como si de esa forma pudiera evitar que se alejara, pese a que, hace un instante, era él quien trataba de huir. La mano de Tadashi en su rostro, sosteniendo su mentón con delicadeza entre sus dedos, fue suficiente para calmarlo, y Hiro no pudo evitar inclinar su cabeza hacia esa mano, en un ruego inconsciente por más contacto.

Tadashi sonrió, un gesto enternecido que le hizo estremecer.

-No lo haré - aseguró, y su tono dulce y bajo ayudó a tranquilizarlo -. La simple idea me resultó insoportable, ya no puedo vivir lejos de ti- confesó, inclinando su frente sobre la ajena. Hiro cerró los ojos, sintiendo su corazón a punto de estallar, pero los volvió a abrir, casi hasta su límite, cuando Tadashi volvió a hablar, con un ligero temblor -. T-Te amo, Hiro. Te amo en cada maldito y enfermizo sentido, y ya no puedo hacer nada por cambiarlo.

Tadashi sintió su corazón derretirse con el primer sollozo ahogado del chico, y se permitió abrazarlo sin miedo a lo que realmente significara el contacto para ambos. Y cuando las temblorosas manos de Hiro se aferraron a su camiseta, en busca de apoyo, no pudo evitar sonreír.

Sin embargo, se sorprendió al sentirlo empujar y, curioso, le permitió imponer la distancia suficiente para verlo a los ojos.

-Tú... ¿Realmente lo quieres? - preguntó, con los ojos brillantes en lágrimas, y Tadashi debió respirar hondo para no caer ante esos ojos llorosos y los labios fruncidos en un puchero inconsciente. Hiro se estaba mostrando vulnerable ante él, y Tadashi no le debía menos que sinceridad.

Inhaló profundamente, infundiéndose confianza.

-Es descabellado, pero creo que si lo probamos, esto desaparecerá, o al menos se volverá tolerable... nosotros...

Demasiado tarde notó lo que estaba diciendo y la manera en que lo hacía. Hiro, lejos de verse más seguro ante sus palabras, simplemente guardó silencio y agachó la mirada, ocultando su hermoso rostro en las sombras.

En ningún momento Tadashi se refería a aquello como una unión o una muestra de amor, por el contrario, era la medida más extrema que había encontrado para deshacerse finalmente de sus molestos sentimientos.

El mayor reprimió a duras penas su deseo de golpearse a sí mismo al ver la manera en que Hiro, de un entregado y vulnerable joven dispuesto al amor, había vuelto a alzar las barreras entre ellos, claras en la tensión de su cuerpo y en su silencio.

Inhaló hondo, maldiciéndose en su fuero interno una y mil veces, antes de soltarlo. Se dio la vuelta, demasiado apenado para enfrentarlo en ese momento, y se debatió entre disculparse o simplemente marcharse. Finalmente, decidió que al menos le debía una disculpa al menor.

-Lo siento, Hiro, no sé en qué...

Pero se cortó a sí mismo cuando, sin previo aviso, los brazos del chico envolvieron su cintura, y sintió la tierna presión de su rostro sobre su espalda.

Desconcertado, Tadashi trató de mirarlo por encima del hombro.

-¿Hiro? - le llamó, y un temblor fue suficiente para ponerlo en guardia.

Se giró, y estrechó al lloroso chico contra su pecho en un cálido abrazo.

-P-Prométeme que no me harás daño - le oyó gimotear sobre su camiseta, y su corazón se estrechó en respuesta, vulnerable al llanto y el dolor del menor.

Lo estrechó con fuerza, antes de llevar una de sus manos hasta su mentón y, con un gesto cuidadoso, obligarle a echar la cabeza hacia atrás, encarando de lleno ese rostro lloroso, ruborizado y suplicante.

-Lo prometo - afirmó, lleno de convicción.

En el fondo, ambos sabían que era una promesa imposible de sostener, pero no les importó.

Expuesto a aquella mirada suplicante, Tadashi poco pudo hacer por resistirse a los labios rojizos por el llanto de Hiro, y sintió un estremecimiento recorrer su cuerpo por completo cuando, por primera vez, tomó los labios de su hermano menor estando completamente consciente.

La naturalidad del contacto resultó abrumadora por unos segundos, y pronto un jadeo de Hiro sobre sus labios fue suficiente para que sintiera su cuerpo entero responder, como si besar aquella boca rellena fuera lo más correcto del mundo.

Sus movimientos fueron lentos al comienzo, cuidadosos. Llevó su mano hasta la nuca del chico y la tomó con suavidad, al tiempo que dejaba caer beso tras beso sobre los labios temblorosos que, para su plena sorpresa, ni siquiera se apartaban un poco, sino que le recibían quedamente, incluso con un ligero temblor cada vez que se inclinaba sobre él. Una sonrisa curvó sus labios cuando sintió las manos del menor aferrarse a su abrigo de hilo, jalando suavemente.

Se apartó un poco, dispuesto a sacárselo, y Hiro se tensó.

-Tadashi... - le llamó, una súplica incompleta que le estremeció, y tuvo que recurrir a toda su fuerza de autocontrol para no lanzarse sobre él.

-Tranquilo - susurró, usando un tono calmo, y volvió a tomarlo entre sus brazos cuando pudo deshacerse del pedazo de tela. Hiro esta vez no tuvo reparos en dejarse atrapar e incluso ser él quien se pusiera en puntillas para llegar a sus labios, y la sinceridad de ese gesto fue suficiente para que una desconocida felicidad le dificultara respirar por un instante.

Tomó su labio inferior en un suave agarre con sus dientes, y el estremecimiento de Hiro fue suficiente para sacarle una sonrisa.

-Estamos algo ansiosos, ¿No? - susurró sobre sus labios, y la temperatura del lugar aumentó algunos grados cuando un jadeo del menor le dio la respuesta.

-C-Cállate - murmuró a duras penas, con los ojos entrecerrados y llorosos, y fue lo más que Tadashi pudo resistir. Echó hacia atrás su rostro con ayuda de la mano en su nuca, antes de inclinarse a tomar sus labios nuevamente, esta vez de una manera más exigente.

Y su corazón se estremeció cuando los labios de Hiro se abrieron para él con timidez, como si ya supieran exactamente cómo hacer aquello. Trató de ignorar que ese era, de hecho, el caso.

Llevó su lengua al interior de la boca ajena, y la respuesta inmediata fue un nuevo estremecimiento, antes de que respondiera. Los roces eran lentos, cuidadosos; no sólo tenía que tomarse su tiempo para no forzar las cosas, sino que debía aguardar a que la lengua inexperta se adecuara a su ritmo.

Un repentino agarre en su nuca y un firme tirón le hicieron abrir los ojos en medio del beso, sorprendido, a la vez que le mostraba cuan inútil era que se tomara tanto tiempo. Se separó por un instante, y tuvo por respuesta un gimoteo de protesta, así como una mirada anhelante del menor. Hiro sólo lo necesitaba a él, y sabía cómo dejarlo claro.

No pudo evitar reír levemente, sintiendo una extraña sensación inundarlo ante la impaciencia en los ojos ajenos. Era la primera vez en que era plenamente consciente de que Hiro en verdad lo deseaba.

Cuando volvió a inclinarse no tuvo más reparos: estrechó al chico por la cintura y tomó firmemente su cuello, apegándolo a él por completo mientras volvía a buscar aquella lengua inexperta. Hiro gimió por lo bajo, un gemido deseoso que se metió bajo su piel y le obligó a estremecerse.

Ni siquiera fue consciente del momento en que, con total naturalidad, llevó sus manos hasta las piernas del chico y, tomándolo justo por el inicio de los glúteos, lo alzó sacándole un gritito sorprendido. Hiro envolvió sus piernas en su cadera en el acto, y Tadashi se regodeó en el acelerado golpetear del corazón ajeno contra su pecho, así como en la agradable firmeza de la carne bajo sus dedos.

Cuando se abrazó a su cuello para evitar caerse, Tadashi aprovechó para enterrar su rostro en la unión entre su cabello y su cuello, inhalando profundamente. Dejó que su pecho se llenara con ese exquisito aroma a frutas y flores.

-Hueles tan bien -murmuró sobre su piel, en un tono bajo y ronco que le sorprendió a él mismo. Aunque no pudo evitar sonreír con diversión al sentir el estremecimiento del chico, y la manera en que escondía su rostro en su cuello, seguramente tratando de ocultar su sonrojo. La tentación de avergonzarlo aún más era algo a lo que no podía resistirse: deslizó lentamente sus labios por la tersa piel, y Hiro gimoteó, nervioso -, y tu piel es tan suave – dio un beso en el lóbulo de su oído antes de hablar justo encima - ¿Es así de suave en todos lados? - y dio énfasis a sus palabras con un nuevo apretón en sus glúteos.

Estuvo a punto de soltar una carcajada cuando un estremecimiento dejó de piedra al chico contra él, y estaba dispuesto a tranquilizarlo cuando Hiro abrió la boca, en un tono bajo y avergonzado que le hizo vibrar al tenerlo junto a su oído.

-¿Por qué no lo descubres tú mismo? - murmuró, y Tadashi sintió algo primitivo removerse ante la descarada invitación, a pesar del claro nerviosismo de quien la realizaba.

El gruñido que soltó fue una amenaza inconsciente, antes de que, hambriento, llevara sus labios al fino cuello, mordiendo exactamente en el mismo lugar que aquella mañana lo había horrorizado. Si iba a volver a tocar a su hermano, se encargaría de que cada marca sobre su piel fuera un recuerdo positivo para ambos.

Y por la forma en que Hiro gimió, supuso que era algo bastante positivo.

Besó el cuello sensible con hambre, recorriendo cada porción de piel a su alcance, disfrutando de los estremecimientos y jadeos del menor, que se abrazaba a él, como si su vida dependiera de ello. En un impulso irreflexivo, empujó sus caderas hacia adelante, y un grito agudo le obligó a sonreír con suficiencia.

Quizás Hiro fuera un provocador descarado, y tal vez ya supiera cómo besarlo cuando se trataba de jugueteos delicados, pero aún le quedaba mucho por recorrer si ya estaba así con unos simples besos.

Volvió a llevar sus caderas adelante, y pudo notar perfectamente como todo el cuerpo ajeno se tensaba y Hiro ahogaba un nuevo gemido sobre su cuello. Las piernas se estremecieron alrededor de sus caderas, y Tadashi sintió que era un verdadero desperdicio no poder disfrutar de esa carita apenada y en aprietos.

-Vamos – le llamó, tratando de apartarse un poco -, déjame verte, Hiro.

Pero el menor negó de inmediato, obstinadamente, y Tadashi estuvo a punto de soltar un bufido cuando estrechó su abrazo.

Bien, si así lo quería...

Rio entre dientes antes de girarse en dirección a la cama, y, subiendo una de sus rodillas sobre las sábanas, se dejó caer sobre el colchón con el menor aún aferrado a él. El impulso del rebote fue suficiente para que Hiro cayera en medio de un grito agudo de sorpresa, y Tadashi se apresuró a inmovilizar ambas manos cuando se dispuso a ocultar su rostro tras ellas, riendo por lo bajo. Su hermano sí que era un gatito escurridizo cuando quería.

Pero la risa se esfumó cuando notó que, además de pena y excitación, en los ojos llorosos del menor también era claro otros sentimientos: miedo, dolor. Y Tadashi sólo pudo mirarlo, en pánico, al ver que el ruborizado rostro estaba surcado por lágrimas, demasiadas lágrimas.

Liberó sus manos en el acto, y llevó las suyas hasta sus mejillas.

-¿Hiro?, ¿Por qué lloras? - jadeó, desesperado, inspeccionando cada centímetro de su rostro ¿Se había apresurado?, ¿Lo había lastimado?

Hiro se mordió los labios temblorosos, y tomó sus manos entre las suyas en un dulce gesto. Le miró entre las pestañas anegadas en lágrimas y una sonrisa temblorosa curvó suavemente sus labios.

-No es nada, es sólo que yo... aún no puedo creer que esto esté pasando- susurró, y Tadashi suspiró, aliviado de no ser él el culpable de nada... o bueno, en parte tal vez. Hiro volvió a hablar con su tono tembloroso, apartando la mirada -. No puedo creer que estés aquí, y supongo que me aterra la idea de que mañana me odies por empujarte a esto.

Y ante sus palabas, Tadashi sintió de nueva cuenta su corazón estrujarse. No había palabras en el mundo capaces de describir el sentimiento desolador que le despertaba el ser culpable de esos pensamientos en el chico.

Pero si era él quien los provocaba, sin duda se haría cargo de que desaparecieran.

De que todo pensamiento desapareciera.

-Jamás podría odiarte, Hiro- susurró, inclinándose sobre él, tomando nuevamente sus labios en un beso casto, el sello de una promesa implícita que le sacó un gimoteo al menor y que hizo estremecer al mayor -. Y no me empujaste a nada, estoy aquí por mi cuenta -aseguró.

Los ojos castaños buscaron los suyos, y Tadashi se enterneció al ver atisbos de sorpresa y esperanza en el fondo de su mirada.

-¿Eso es verdad? - preguntó, aún receloso, y no pudo evitar que una sonrisa maliciosa jalara de la comisura de su labio hacia arriba.

-¿Necesitas que te convenza? - murmuró, antes de llevar sus labios hacia abajo, hasta la marcada hondonada entre sus clavículas. Deslizó lentamente su lengua por ella, regodeándose en el jadeo entrecortado por la sorpresa del chico ante la nueva sensación -. Porque se me ocurren algunas formas interesantes de hacerlo.

No esperó más respuesta que un leve estremecimiento, antes de erguirse nuevamente y, tomando la camiseta blanca por el cuello, jaló hasta deshacerse totalmente de ella. La temperatura de la habitación era lo suficientemente templada para que el cambio no resultara molesto.

Aunque en lo que a Hiro respectaba, la habitación acababa de convertirse en un verdadero infierno.

No pudo reprimirse a tiempo para que sus ojos no vagaran por el torso de su hermano, pero francamente, dudaba que hubiera mantenido tanto autocontrol aún si así lo hubiera querido. Y es que si el día anterior se había sentido nervioso por el cuerpo de Dakota, ciertamente Tadashi podía desaparecerlo de su memoria de un plumazo.

El torso firme y trabajado era una visión deslumbrante de músculos y piel tersa que, sin dejar de ser imponente, era atlético y proporcionado, una maravilla que hubiera hecho agua a la boca a más de uno. Los fuertes brazos, que se movieron sólo para dejar fuera de escena la camiseta, se flexionaban notablemente incluso pese a estar relajados, surcados por algunas venas que se volvían especialmente atractivas en los antebrazos.

Hiro descendió, y sintió algo explotar en su interior al encontrarse con una fina hilera de cabellos oscuros que descendían desde el vientre bajo del mayor, así como una curiosa cicatriz que jamás había notado.

Por el amor de dios, si hasta tenía el músculo de las caderas marcado ¿El entrenamiento de héroe era el responsable de esa maravilla?, ¿O Tadashi simplemente siempre tenía otra manera de ser absurdamente perfecto?

El mayor rio, divertido, y Hiro sintió sus mejillas arder al ser atrapado mirando más de la cuenta.

-Ya me has visto sin camiseta antes – le recordó, aún erguido sobre sus rodillas.

Cuando se inclinó sobre él, colocando sus brazos a los lados de su cuerpo nuevamente, Hiro se estremeció.

-No hay punto de comparación - jadeó, tratando de imponer distancia y luchando con todas sus fuerzas por no seguir viendo.

Hiro reconoció que tenía razón: no era ni por asomo la primera vez que lo veía, pero sí que era la primera vez que lo hacía desde que se sumó al equipo y su manera de pensar sobre él cambió. Ni siquiera el día anterior, distraído como estaba con Fred y Wasabi había volteado a verlo, y se maldecía internamente por haberse perdido de aquella maravilla bajo la luz del sol. Y con todo, había algo en la situación, en estar debajo de él, en sentirse pequeño, vulnerable y expuesto, que de alguna forma lograba hacer que se viera aún más asombroso de lo que ya era.

Tadashi sonrió, halagado por la sorpresa del chico y por la manera en que, no había pena en decirlo, se lo estaba comiendo con la mirada. Pero aunque le alegrara que su cuerpo despertara en el otro las mismas sensaciones que Hiro en él, ciertamente no estaba interesado en quedarse quieto y ser observado por el resto de la noche.

Aferró una de las pantorrillas del chico y volvió a acercarlo de un jalón, sacándolo de su estupor junto a un grito de sorpresa, antes de aferrar esa misma pierna y separarla para encontrar su lugar entre los muslos del menor.

Hiro se tensó, y sus ojos asustados buscaron los suyos. Sabía que era un bastardo por, después de todo lo que había hecho, aún disfrutar de la pena y los nervios en el rostro de su hermano, pero no pudo evitar sonreír y contemplarlo por uno segundos, antes de descender a tomar esos labios rojos que comenzaban a temblar una vez más.

Y cuando Hiro se relajó lo suficiente para jadear contra sus labios y remover sus caderas, inquieto, Tadashi continuó.

Le obligó a mantener sus piernas abiertas y, cuando sintió a Hiro succionar sus labios entre cada beso, dejó caer su cadera sobre la ajena en un lento movimiento, presionando con cuidado pero firmemente.

El gemido entrecortado de Hiro no se hizo esperar, y Tadashi sonrió sobre sus labios.

-N-No, Tadashi – jadeó, pero él no se detuvo. Por el contrario, volvió a llevar su lengua dentro de la boca ajena, tentando en lentos movimientos a su compañera, antes de volver a mover sus caderas, más suavemente.

Esta vez, Hiro enredó con cuidado sus dedos entre sus cabellos al tiempo que se estremecía, cuando los lentos movimientos comenzaron a ser un estímulo directo sobre su miembro, más intensos que la noche anterior. Las caderas de Tadashi tomaron un ritmo constante y cadencioso, un ritmo que pronto pasó de provocarle un hormigueo placentero a enviar espasmos por su columna y piernas, y, aún apenado, Hiro no pudo hacer mucho por esconder su creciente excitación a oídos del mayor.

Tadashi gruñó al sentir las caderas ajenas alzarse contra las suyas cuando volvió a simular una embestida, notando que él mismo no estaba en una situación muy adecuada para hacer ese tipo de juegos, y eligió cambiar de estrategia.

Hiro gimoteó algo inteligible cuando volvió a llevar sus labios hasta su cuello, recorriendo un camino desde el filo de su mentón hasta la sensible hondonada debajo de su oído. Se ensañó con ese lugar, besando, lamiendo y susurrando cosas subidas de tono que pronto hicieron a Hiro soltar un sin número de suspiros, mientras lograba que lentamente olvidara prestar atención a otras cosas.

Como a la mano traviesa que ahora mismo estaba desabrochando las bermudas de jean con las que se había acostado.

Tadashi ronroneó cuando adentró su mano entre la áspera tela y la sedosa superficie del bóxer, bajo la que se evidenciaba la excitación del chico. Desde luego, Hiro casi salta de la cama al sentir el toque sobre su ropa interior.

-E-Espera, no... - exclamó, en pánico y erguido sobre el colchón, tratando de empujarse hacia atrás con sus piernas. Sin perder la calma, Tadashi volvió a llevar sus labios hasta su cuello, y una suave mordida logró que se ganara la atención del chico.

-Tranquilo - susurró, sin detener los movimientos de su mano, pero imprimiendo en su tono ronco tanta serenidad como le fuera posible -. Está bien, no hay nada de malo en hacer esto.

Hiro se estremeció ante el tono de voz grave, y se ruborizó al ser consciente de la manera en que su miembro se ponía cada vez más sensible al toque a través de la tela. Apenado a muerte, se negaba a que Tadashi viera sus expresiones u oyera los sonidos vergonzosos que solía hacer cuando se tocaba, pero su hermano no lo estaba poniendo nada fácil.

-Pero tú... N-No es necesario que hagas esto -murmuró, con la voz entrecortada y sintiendo todo su cuerpo demasiado sensible. El estremecimiento que sufrió cuando Tadashi rio suavemente junto a su oído no ayudó en lo más mínimo a calmarlo.

-Pero quiero hacerlo, Hiro - confesó, y el aludido ahogó un gemido cuando presionó suavemente, recorriendo toda la longitud que se dibujaba bajo la ajustada tela -, quiero hacerte sentir bien, quiero escucharte gemir, quiero verte llorando de placer. Por una vez quiero hacer las cosas bien, y eso significa todas las cosas – se regodeó en el gimoteo azorado que el menor soltó ante sus palabras, y volvió a mover su mano, lentamente, tentándolo -. Déjame tocarte, por favor.

Hiro cerró los ojos, luchando con la vergüenza y el placer que le embargaba con cada palabra, con cada toque. Todo aquello tenía un aire irreal aún para él, y no estaba seguro de cómo reaccionar. Sumado a ello, aquel nuevo Tadashi era toda una sorpresa: generoso y demandante, cuidadoso y atrevido por igual, nunca sabía en qué momento podía sorprenderlo, ni qué podía hacer.

Jadeó cuando sus labios juguetearon con el lóbulo de su oído, enviando un cosquilleo placentero por todo su cuerpo, y volvió a tensarse cuando Tadashi presionó nuevamente su entrepierna. Quería que aceptara, y sería implacable para conseguirlo.

Suspiró. Tadashi era obstinado en todo momento.

Asintió, sin atreverse a mirarlo a los ojos. No necesitó ver su cara para saber que estaba sonriendo, pues la curva que dibujaban sus labios en su cuello era lo suficientemente esclarecedora.

Le hizo recostarse nuevamente, y Hiro obedeció quedamente, antes de que sus labios tomaran nuevamente los suyos, una distracción que el chico agradeció. En especial cuando los dedos rozaron su piel como si se tratara de brazas, antes de jalar del pantalón.

Hiro se tensó cuando sus piernas estuvieron completamente desnudas, pero para su sorpresa, Tadashi no se alejó de inmediato, sino que continuó besándolo por largo rato, con movimientos lentos y profundos, mientras sus manos recorrían sus piernas con calma, presionando en algunos puntos estratégicos que, pronto descubrió, se sentían muy bien sin llegar a ser abrumadores. En algún momento, entre lo suave del beso y el masaje, Hiro se encontró nuevamente abrazando al mayor con fuerza, anhelando más contacto.

Tadashi se mantuvo paciente hasta que la tensión abandonó el cuerpo del chico, y esperó, también, el momento en que Hiro volvió a removerse por más caricias, dejando ir suaves suspiros de dicha entre beso y beso.

Lentamente, tan disimulado como pudo, llevó sus manos hacia arriba sin detener el masaje, tratando de no ser muy invasivo, ni de que el chico se olvidara de su toque. Acarició las corvas, la parte interna de los muslos y todas aquellas zonas sensibles que dieran al otro una sensación placentera. Y sólo cuando estuvo seguro de que ya no lo resistía más, por sus suspiros y los movimientos de sus caderas, llevó las manos más cerca de su pelvis, adentrando los dedos en la ajustada tela del bóxer.

Hiro gimoteó contra sus labios y alzó las caderas, ofreciendo su excitación en busca de alivio. Y Tadashi estaba más que dispuesto a ayudarlo.

Gimió por lo bajo cuando los dedos se adentraron en la tela y envolvieron su erección, sólo para comenzar a recorrerla lentamente, demasiado como para significar un verdadero alivio

-Shhh - susurró el mayor al oír su protesta, con su mirada risueña fija en la suya, y Hiro sintió sus mejillas arder ante la satisfacción que aquellos ojos mostraban al verlo -. Está bien, vamos despacio.

Y aunque el menor claramente tenía algunos sentimientos encontrados sobre si deseaba o no ir despacio, Tadashi sonrió con ternura cuando finalmente asintió, cerrando los ojos.

Volvió a descender por su cuello, esta vez centrándose en las clavículas, atento desde ese ángulo a la forma en que, a medida que los segundos pasaban, el ceño de Hiro se fruncía levemente, y su respiración comenzaba a agitar el movimiento de su pecho, aun cuando él ni siquiera había aumentado el ritmo.

Cuando el primer espasmo recorrió su cuerpo entero, sólo entonces tomó un ritmo firme, al tiempo que los dedos de su mano libre se deslizaban sobre la tersa piel de su torso, empujando la camiseta negra de Hiro hacia arriba, hasta que el primer pezón estuvo expuesto.

Hiro, vagamente consciente del cambio de temperaturas, bajó la mirada nublada por el deseo y las lágrimas, sólo para encontrarse con el momento exacto en que su hermano habría la boca para tomar el primer pezón erecto entre sus labios.

Abrió los ojos de par en par, al igual que su boca para protestar, pero un gemido agudo y demasiado alto se llevó el protagonismo ante la primera succión, mientras los movimientos circulares que el pulgar del mayor hacía sobre su glande le obligó a volcar la cabeza sobre las sábanas.

Alcanzó a llamarlo, abrumado por las sensaciones placenteras que se mezclaban con la pena en su interior, pero Tadashi, que sólo lo había escuchado llamarlo en ese tono suplicante y desesperado en sueños, no pudo procesar lo que el menor quisiera decirle. En ese momento, él estaba allí para mostrarle que ninguna copia barata podría hacerle sentir lo que él.

Mordió el erecto pezón con suavidad, antes de deslizar con firmeza su lengua sobre la piel sensible. Hiro jadeó, moviendo la cabeza sin control, y arqueó su espalda por el placer cuando aumentó el ritmo de los bombeos, esparciendo con su pulgar el abundante líquido preseminal que brotaba de la punta. La humedad facilitaba el movimiento, y él sabía cómo hacer que la fricción fuera la más placentera de las torturas.

Succionó con fuerza, y sonrió al sentir una mano del chico sobre su hombro, tratando de alejarlo. Sólo bastaron un par de succiones más, y los dedos temblorosos acunaban ahora los cabellos oscuros, acercándolo a su pecho.

Gimoteó cuando se alejó, sólo para gemir quedito cuando tomó el otro, mientras sus caderas se balanceaban con insistencia, en busca de más del placentero contacto. Tadashi rio sobre su pezón, y Hiro maldijo por lo bajo ante la vibración.

Su cuerpo se sentía como una verdadera revolución: un calor abrasador surgía desde su vientre y se extendía por todo su cuerpo como un incendio desesperante. La boca y manos de Tadashi eran devastadoras sobre su cuerpo desnudo y sensible, y se debatía internamente entre rogarle que se detuviera o abrazarlo y pedirle que fuera más rápido.

Porque Hiro, con todo, no estaba ciego. Podía ver con total claridad que el mayor esperaba pacientemente cada reacción de su cuerpo para continuar: cualquier vacilación de su respiración, o cada espasmo imposible de contener eran una señal que Tadashi esperaba para moverse, y aunque no podía evitar que la ternura se abriera paso entre el placer y la vergüenza, deseaba que fuera más rápido, más fuerte, más demandante.

-T-Tadashi -jadeó, azorado, y se sorprendió del tono agudo de su voz. Sonaba como si estuviera suplicando.

No tuvo tiempo a de avergonzarse antes de que los labios del aludido fueran hasta su rostro, dejando caer un beso tras otro sobre sus mejillas.

-Tranquilo -murmuró sobre sus labios, y aunque no era lo que quería, la intimidad del tono y la cercanía fue un nuevo estímulo -. No te asustes, seré cuidadoso.

Tragó saliva, y se sorprendió a sí mismo cuando una extraña frustración lo embargó. Sin pensarlo mucho, se infundió valor y tomó su nuca, obligándolo a mirarlo a los ojos.

-No quiero que seas cuidadoso, quiero que me jodas, maldición.

Sólo fue consciente de lo que acababa de decir cuando los ojos de su hermano se abrieron de par en par, y el sonrojo en las mejillas del mayor no tenía nada que envidiarle al suyo propio.

Cuando una sonrisa divertida curvó sus labios, un estremecimiento helado bajó por su columna.

-Después hablaremos de ese vocabulario, niño – murmuró, antes de llevar ambas manos hasta el bóxer del chico y, en un movimiento grácil que hablaba más de urgencia que de molestia, retiró la última prenda que protegía su intimidad.

Pese a su propio estado, instintivamente trató de cerrar las piernas y resguardarse, pero una firme mano mantuvo sus muslos separados y su excitación vergonzosamente expuesta. Tadashi rio por lo bajo al ver el aprieto en el que se encontraba su hermano, y Hiro debió apartar la mirada.

-Tal vez estaba siendo demasiado delicado, ¿No? – murmuró, acercándose al chico y permitiendo que lo abrazara -¿Querías que fuera más rápido?

Hiro sólo gimió cuando volvió a tomarlo en su mano, y fue incapaz de mantenerse en silencio cuando el ritmo se volvió constante y certero.

Y cuando un espasmo le hizo arquear la espalda, no pudo reprimir un agudo gemido, más alto y claro que los anteriores. Sólo entonces recordó a los demás y llevó una mano a sus labios.

Tadashi volvió a reír, con su mirada enternecida pero deseosa en los ojos llorosos del chico.

-Estamos solos en el piso, Hiro – le recordó, tomando con delicadez su mano -. No tienes que callarte.

Hiro se resistió, pero él mismo se soltó cuando debió aferrar las blancas sábanas ante un nuevo espasmo.

-P-Pero… - un jadeo le obligó a cortarse cuando, en un fluido movimiento, los dedos ajenos volvieron a concentrarse en la punta de su miembro -Tadashi.

El aludido sonrió con satisfacción al reconocer el aprieto en el que había puesto a su hermano. Su ceño fruncido y los ojos que a duras penas lograban mantenerse abiertos eran una muestra de cuan cerca estaba de acabar, tan evidentes como los espasmos que le tenían tenso sobre la cama, la humedad que desbordaba su miembro, o las venas que se marcaban en su vientre bajo. Sonrió, Hiro estaba tratando de aguantar.

Y Tadashi no podía más que considerarlo un insulto.

Gimoteó en protesta cuando alejó su mano, removiendo las piernas ansioso. Pero cuando se inclinó y tomó la húmeda punta entre sus labios, el estupor en su cuerpo le dejó claro que lo había tomado por sorpresa.

-¡No!, ¡Tadashi! -exclamó, rojo por la vergüenza, y las temblorosas manos volaron a su cabeza, tratando de apartarlo. Pero el aludido estaba decidido a deshacerse de la pena del chico, y eso haría.

Tomó los muslos desnudos con ambas manos, sorprendiéndose por un instante de su suavidad y firmeza, y forzó las piernas a separarse más antes de bajar la cabeza y tomarlo por completo en su boca.

Hubiera reparado en la naturalidad con la que realizó su primera felación, o en el hecho de que el sabor no le parecía tan repugnante como cabría esperar, pero el grito agudo de Hiro fue suficiente para que se olvidara de cualquier otra cosa que no fuera subir y bajar la cabeza.

Los sonidos que el otro hacía en medio del placer eran sorprendentemente eróticos, lastimeros, desesperados e inexpertos, y era una mezcla que le estaba volviendo loco. Además de eso, le estaba poniendo a él mismo en una apretada situación.

Pero no podía encargarse de sí mismo, no ahora que las manos que habían tratado de apartarlo se aferraban a sus cabellos con desesperación, o cuando las caderas ajenas se movían inconscientemente contra él, obligándole a tomar su miembro más profundo en su boca, causándole una pequeña sensación de ahogo que, de nuevo, pudo soportar con sorprendente naturalidad.

Subió lo suficiente para volver a atrapar la rojiza punta entre sus labios, y Hiro se tensó como un arco en respuesta. Cuando deslizó lenta y firmemente la lengua por la pequeña hendidura, pudo notar un sabor nuevo, y un sollozo ahogado con su nombre fue la señal que necesitó para volver a tomarlo hasta el fondo.

El cuerpo de Hiro tembló y se arqueó cuando el orgasmo lo golpeó, y Tadashi sintió una extraña satisfacción cuando las pequeñas manos le mantuvieron en su lugar mientras las caderas se removían en movimientos rítmicos que auguraban un talento natural para el placer.

Los muslos, tersos y mullidos, se cerraron con fuerza a su alrededor y Tadashi aguardó hasta que la última gota se vació en su boca. Se irguió sólo cuando el chico lo dejó ir, rendido y sin fuerzas, y tragó sin pensarlo dos veces, con la mirada fija en el cuerpo relajado sobre las sábanas, que de vez en cuando era atravesado por algún espasmo.

El pecho subía y bajaba con movimientos aún erráticos, cubierto sólo por la mitad, y los labios entreabiertos estaban rojos e hinchados, de seguro por las mordidas que él mismo se había dado.

Se relamió los labios, antes de bajar a tomar la boca ajena.

Hiro respondió cuando introdujo su lengua, y Tadashi sonrió con satisfacción cuando le sintió tensarse ante el sabor desconocido.

Se alejó de golpe, los ojos abiertos de par en par y un claro rubor en sus mejillas. Y aunque esperaba que soltara un comentario asqueado, su mirada avergonzada lo tomó por sorpresa.

-¡Tadashi!, ¡Lo siento tanto! -exclamó, lleno de horror, y el mayor se quedó de piedra cuando los dedos ajenos fueron a su rostro para limpiar él mismo los rastros de su orgasmo -. Debí alejarme en cuanto supe que vendría, lo siento, yo…

La desesperación en su mirada, la delicadeza de sus manos al recorrer su mentón, la genuina preocupación en su rostro, la inocencia de no saber reconocer que él había aceptado de buena gana que acabara en su boca… fue demasiado para Tadashi.

Atrapó ambas manos en un veloz pero delicado movimiento, y antes siquiera de que acabara de hablar, tomó sus labios erráticos para acallarlo. Sonrió internamente cuando el chico permaneció estático ante el beso, y no pudo evitar hacerlo en verdad cuando, al separarse, los ojos castaños le miraban abiertos de par en par.

-No es tan malo – respondió con calma, antes de llevar su boca a los dedos del chico, donde algunas gotas comenzaban a caer. Deslizó su lengua entre los dedos, y sonrió con satisfacción cuando las pupilas de Hiro se dilataron.

-¿No te da asco? – inquirió, y aunque su tono trataba de sonar normal, su excitación se evidenciaba en lo ronco de éste.

Tadashi sonrió con malicia y, sin apartar la mirada de sus ojos, le obligó a bajar la mano hasta el lugar donde su propia excitación era ya imposible de ignorar.

Presionó los dedos entrelazados sobre su erección, clara a través de la tela, y Hiro respingó por la sorpresa.

-¿Parezco asqueado? – preguntó a su vez, y una profunda satisfacción le recorrió cuando el tono rojizo en el rostro del menor fue más pronunciado, si era posible.

-N-No – fue la entrecortada respuesta.

Pero cuando volvió a verlo a los ojos, Tadashi se sorprendió al notar que no había solo pena o vergüenza en los ojos del chico. En cambio, en su mirada brillaba un claro deseo que a duras penas pudo ocultar, y Tadashi se descubrió a sí mismo con el rostro desencajado por la sorpresa y un hormigueo insoportable en su vientre bajo.

-Maldita sea, Hiro – masculló, y el chico lo miró con extrañeza, antes de que Tadashi se lanzara a sus labios de nueva cuenta.

Se separó casi de inmediato para deslizar con rapidez la camiseta por sus brazos. Cuando por fin lo tuvo completamente desnudo frente a él, se lanzó a devorar cada pedazo de piel a su alcance, mientras Hiro se debatía entre alejarlo o dejarse llevar por sus atenciones.

Pero lentamente los intentos por alejarlo cedieron a quedos estremecimientos cuando bajó por su cuerpo sensible aún. A cada centímetro que recorría, se maravilló con el detalle primordial que había descubierto: la sorprendente suavidad de la piel bajo sus labios.

Hiro ni siquiera tenía indicios de vellos, algo bastante llamativo para tratarse de un chico de quince años, y Tadashi no podía dejar de recorrer con adoración cada parte del cuerpo ajeno, tomando los delicados jadeos del menor como un indicio de que estaba haciendo bien su trabajo.

Besó cada pezón con delicadeza, regodeándose en el gemido ahogado del chico, y en un momento de racionalidad se obligó a no dejar marcas en la piel del torso de Hiro, por lo que, en lo que representaba una tortura especial para el chico, se contentó con lamer cada relieve de su joven musculatura.

Pero cuando sus manos, que hasta entonces habían dedicado a dar lentos masajes a sus piernas, dieron de lleno con a mullida firmeza de sus nalgas, Tadashi recordó que aún había un lugar que el traje de baño no dejaría a la vista.

Con una sonrisa maliciosa, besó la sensible zona de su vientre bajo, antes de descender nuevamente hasta sus muslos.

Le sintió estremecerse cuando abrió su boca sobre su pelvis, allí donde los rayos del sol no habían llegado y la piel aún era blanca porcelana. Un lienzo perfecto sobre el que pintar.

Besó, mordió y succionó a sus anchas cuanto pudo, riendo a cada espasmo y gemido sorprendido del chico entre sus brazos, debiendo sostener sus muslos de vez en cuando para mantener el camino libre, a medida que la excitación y las sensaciones obligaban a Hiro a remover sus caderas. Mordió con firmeza el hueso del lado derecho de su cadera, y le sintió temblar antes de soltar un jadeo de sorpresa.

Sonriendo, sin detenerse, siguió bajando. A su lado, el dormido miembro comenzaba a despertarse, y no pudo evitar darle una prolongada lamida que sacó a Hiro un sollozo ahogado.

Y dio un salto cuando, bajando más, los labios ajenos rozaron la sensible zona de su perineo.

-¿Qué rayos haces? -exclamó, rojo como una brasa. Se irguió sobre la cama con ayuda de sus manos, y sus ojos aterrados se fijaron en los del inventor.

Tadashi enarcó una ceja, curioso y divertido, y tardó un segundo en entender el por qué de la sorpresa del chico.

Acto seguido, se echó a reír sobre su piel, sacándole un estremecimiento y ganándose una mirada fulminante pero avergonzada.

No pudo evitar aprovechar la ocasión para picarlo un poco.

-Sólo te estoy besando- contestó con fingida inocencia, antes de volver a acercarse a él. Llevó sus labios hasta la unión de su pierna con la pelvis, y recorrió toda la extensión sin apartar los ojos en ningún momento de la mirada cohibida del joven, con una sonrisa burlona curvando de manera irrefrenable su boca -¿Por qué?, ¿Querías que hiciera algo en especial?

Hiro se crispó, y la risa del mayor fue imposible de apaciguar ante su evidente vergüenza.

Sin embargo, cuando no respondió a sus provocaciones, Tadashi le miró confundido, preguntándose si se habría pasado. Jamás se hubiera esperado encontrar en la expresión ajena una mezcla tan clara de pena y deseo. Y cuando comprendió a qué se debía, no pudo reprimir que todo el aire saliera de sus pulmones como un golpe.

-Tú…

Al ver su perplejidad, Hiro pareció entrar en pánico, y trató de salir del paso como era habitual en él: fingiendo demencia.

-Pff, claro que no, yo…- trató de zafarse, pero Tadashi no lo permitió. Volvió a alzarse hasta su altura, y le interrumpió una vez más con un beso, superficial pero duradero, que dejó sin palabras al menor. Sonrió al ver su rostro avergonzado, y apoyó su frente en la suya, disfrutando del rubor en las mejillas ajenas.

-Sé bien lo que quieres – zanjó, con su mirada determinada y seria sobre los ojos esquivos y apenados del chico, que repentinamente parecía aún más pequeño de lo que ya era. Volvió a besarlo suavemente, y Hiro se estremeció-. Y yo lo quiero también, Hiro, sólo necesito que me digas que sí.

El aludido tragó saliva, con los ojos incrédulos y avergonzados fijos en los del mayor, y pasado unos segundos que a Tadashi se le hicieron eternos, finalmente asintió, incapaz de encontrar su voz.

Después de eso, no pudo evitar volver a besar sus labios, una y otra vez, desesperado, agradecido con él como nunca lo había estado en la vida. Sí, tal vez fuera Hiro quien había descubierto aquellos sentimientos primero, y tal vez él mismo nunca los hubiera reconocido de no ser por el chico, pero ahora que veía las cosas como su hermano, ahora que su corazón latía con la misma intensidad ante su simple cercanía, Tadashi no podía hacer nada por refrenarse.

Y no lo hizo, pues por aquella noche no tenía sentido.

Se separó a duras penas de él, y nuevamente las manos del chico se aferraron a su antebrazo desnudo por impulso. Esta vez no lo llamó, pero cuando Tadashi volteó a verlo sus ojos prácticamente le rogaban que no se alejara.

Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, antes de inclinarse y tomar su olvidada chaqueta del suelo junto a la cama. Hiro frunció el ceño con extrañeza al verle rebuscar casi con desesperación en sus bolsillos.

Cuando los brillantes paquetitos resplandecieron entre los dedos de su hermano, sintió como si algo golpeara con fuerza el fondo de su estómago, y un cosquilleo -mitad pánico, mitad anhelo- recorrió su cuerpo de pies a cabeza.

Tadashi, que en ningún momento apartó la mirada del rostro del chico, no tuvo problema alguno en leer la expresión de Hiro, y sonrió enternecido por sus nervios.

Se acercó con movimientos lentos, tal vez demasiado cuidados para que no los notara, y los ojos del menor volaron a los suyos de inmediato. El íntimo temor que inundaba sus ojos se volvió evidente para ambos. Sus palabras no eran aún suficiente para convencer a su hermano. Era un instante de duda por el que Tadashi, en cualquier otro momento, hubiera agradecido.

En cualquier otro momento.

Llevó su mano hasta el rostro del chico, deslizando sus dedos sobre su mejilla en una caricia amable que estaba destinada a calmarlo. Los ojos temerosos de Hiro permanecieron firmes en los suyos, y Tadashi permitió que su convicción y anhelo fueran claros en sus ojos cuando volvió a hablar.

-Te deseo, Hiro – aseguró, sin una sola vacilación que diera lugar a duda, y el chico se crispó ante lo inesperado de sus palabras, sólo para bajar la mirada, abrumado. Tadashi, sin embargo, continuó, acercándose a él con cautela -. Te deseo a pesar de todo, y quiero estar contigo ahora, ir hasta el final, llenarte de placer toda la noche…- Tadashi era consciente del anhelo desesperado en su voz, de lo evidente de su excitación, y de la forma en que Hiro se removía, nervioso, ante cada palabra. El hecho de que no se alejara, pese a todo, le dio la confianza que necesitaba para tomar su mano y dejar un beso delicado sobre su muñeca, buscando los ojos esquivos del menor antes de continuar -. Pero sólo lo haré si confías en mí y estás seguro, ¿Bien? Jamás haría algo que pudiera dañarte.

Le vio cerrar los ojos con fuerza, debatiéndose en una guerra interna que él mismo ya había tenido, y esperó pacientemente a que Hiro tomara su decisión, fuera cual fuera.

Cuando los abrió de nuevo, Tadashi suspiró a ver los ojos más húmedos de lo normal, así como una firme resolución.

-Confío en ti, Tadashi -murmuró, la voz trémula y baja pero perfectamente audible en el silencio de la habitación -.Y estoy seguro… siempre estuve seguro.

Ante eso, Tadashi apenas pudo refrenarse por unos segundos antes de lanzarse sobre él, eufórico.

Hiro, sumiso, nervioso y probablemente sin demasiada idea de lo que iba a ocurrir, se dejó hacer mientras Tadashi volvía a recostarlo sobre las blancas sábanas. En ningún momento separó sus labios de los suyos mientras se aseguraba, con delicados y precisos toques, que la excitación no abandonara su cuerpo. Succionó sus labios con vehemencia sin por ello dejar de ser dulce, y se encargó de hacerle estremecer nuevamente cuando recorrió la tersa piel de sus muslos con calma, presionando, sintiéndolos temblar bajo sus manos. Hiro empujó su cadera hacia arriba, y Tadashi sonrió en su fuero interno.

Delineó sus rojizos labios con la punta de la lengua antes de apartarse, y se regocijó una vez más en la mirada somnolienta del chico tras sus besos.

Cuando rasgó el primer sobrecito de lubricante con sus dientes, sintió la tensión volver al cuerpo del chico, y aunque pudo notar como vacilaba una vez más, se alivió al verle alzar la mirada con cierta diversión.

-Siempre listo para todo, ¿Eh? ¿No te estás juntando demasiado con Wasabi?– inquirió, y Tadashi se echó a reír entre dientes, agradecido con su intento de relajar el ambiente.

-He investigado un poco, tal vez- admitió, tomando uno de sus muslos y separándolo suavemente -. Esto es un poco diferente de lo usual para mí.

-Ya lo creo -jadeó, alejando la mirada cuando la mano del mayor se acercó al espacio entre sus muslos.

Se estremeció de nueva cuenta con el primer roce húmedo, el frío líquido era un contraste de temperatura demasiado notorio contra su piel caliente. El segundo estremecimiento fue completamente culpa de los movimientos circulares que Tadashi realizaba.

El mayor volvió a inclinarse sobre él, y Hiro llevó una de su mano hasta uno de los amplios hombros para infundirse confianza.

-Tienes que relajarte- susurró Tadashi con suavidad, y Hiro frunció el ceño, avergonzado.

-Es muy fácil decirlo – se quejó, y la risa del otro, suave, ronca y divertida cerca de sus labios, le hizo cerrar los ojos.

Cuando volvió a besarlo, Hiro se abrazó por completo a él, buscando consuelo en la calidez de su cuerpo, concentrándose en devolver el beso más que en lo que estaba ocurriendo entre sus piernas.

Pero no pudo evitar crisparse y jadear por lo bajo de dolor cuando el músculo cedió, sólo para volver a presionar, resistiéndose al intruso. Tadashi se estremeció, presa de un sentimiento indescriptible.

Fue lento, moviéndose con cuidado. Hiro no sólo era su hermano, sino que era apenas un adolescente, y si no fuera ya evidente que nunca había estado con alguien más la forma en que su cuerpo se resistía a él lo hacía incuestionable, por lo que aquello requería toda su paciencia.

Se sintió repentinamente terrible por las veces que había avanzado sobre el chico cuando creyó que había estado con Fred o ese joven de la discoteca. Pero era esa misma parte enfermiza la que en ese momento se agitaba, emocionada, al saberse el primero en ver a Hiro así, tan íntimo, entregado y vulnerable.

Empujó un poco más, y el chico se crispó. Jadeó cerca de sus labios, un sonido roto que no dejaba lugar a dudas respecto al dolor que estaría sintiendo, y Tadashi no pudo evitar preocuparse.

Se retiró lentamente, y comenzó con lentos movimientos para que se acostumbrara. Volvió a besarlo, esta vez sobre las clavículas, para ascender lentamente hasta su cuello, deslizando su lengua sobre la piel, disfrutando del leve toque salado del sudor que la perlaba. Hiro volvió a jadear cuando llevó sus labios hasta la hondonada debajo de su oído, pero este jadeo era claramente de placer.

Un gruñido gutural se escapó de lo más bajo de su garganta cuando sintió la presión sobre su dedo, pero se reprimió de aumentar el ritmo, aún cuando los suaves quejidos junto a su oído no ayudaran nada a su autocontrol.

Jugueteó con el lóbulo de su oreja, antes de chupar suavemente, y Hiro se abrazó a él con más fuerza. Tadashi frunció levemente en ceño al sentirle remover sus caderas y piernas contra las suyas, y un segundo después supo que no era Hiro, sino su cuerpo, el que le pedía continuar.

Embargado por una repentina emoción, no lo pensó mucho antes tomar su cuerpo y arrastrarlo con él a una posición erguida sobre sus muslos.

Hiro jadeó cuando Tadashi lo colocó sobre sus caderas, tomado por sorpresa con el repentino cambio. Cuando el dedo volvió a entrar en su interior, esta vez venciendo la resistencia con facilidad, no pudo más que aferrarse a su hermano con uñas y dientes, luchando por contener un grito adolorido. El siseo de dolor que soltó fue una satisfactoria venganza.

-Oye, sin marcas – ronroneó sobre su piel, aunque su tono era claramente divertido, y Hiro se obligó a retirar los dientes, aún cuando acabó mordiéndose los labios y con el rostro profundamente enterrado en el cuello del mayor.

Hiro ya no tuvo tiempo de pensar mucho en su propia vergüenza, demasiado concentrado como estaba en los envites que el otro daba en su interior. Era una sensación molesta, ardía un poco y aunque no le dolía precisamente sí que era algo que no disfrutaba del todo… y sin embargo, entre más se movía en él, lenta y cuidadosamente, más ansiaba que aumentara el ritmo, que fuera más profundo, empujado por un anhelo que no lograba entender.

Tratando de calmarse, inhaló tan disimuladamente como pudo la fragancia a jabón y colonia de su hermano, y se sorprendió a sí mismo cuando un cosquilleo de excitación descendió por su cuerpo, endureciendo sus pezones y erizando su piel. Jadeó suavemente, antes de remover sus caderas.

Fue entonces que sus miembros se rozaron, y fue como un latigazo en la espalda de cada uno. Hiro ni siquiera había notado que estaba erecto de nuevo.

-Mierda, Hiro – el ronco gemido sobre su oído le hizo jadear. Solo mucho tiempo después Hiro podría explicar cuánto le excitaba escuchar a su hermano soltar insultos cuando estaba caliente.

Pero en ese momento, mientras el firme dedo se movía con más insistencia en su interior, y la fricción le llenaba de placer al frente, Hiro apenas pudo pensar en algo más que no fuera la extraña mezcla de deseo y dolor que lo inundaba.

Cuando el segundo dedo entró en él, Hiro gimió por el escozor de la carne al ser forzada, y Tadashi se echó apenas hacia atrás para asegurarse de no haberlo lastimado. Sonrió satisfecho, pues aunque tuviera los ojos llorosos, las mejillas ruborizadas y su respiración estuviera hecha un desastre, podía afirmar por la mirada anhelante que no lo odiaba.

Se mordió el labio para reprimir una sonrisa ladina de satisfacción cuando el chico comenzó a mover sus caderas al ritmo de sus embestidas, aceptándolo con un poco más de facilidad, y Hiro torció el gesto cuando removió sus dedos en círculos, tanteando en terreno. No había dudas: la mirada suplicante, los jadeos y gemidos cada vez más constantes, el rubor en sus mejillas y el brillo en sus ojos eran indicios de un placer creciente más que de dolor.

Como ya había comprobado, otra de las características de un Hiro excitado era la impaciencia, y Tadashi supo leer ésta en la manera en que se frotó contra él, buscando en la fricción entre sus carnes un poco de alivio, al igual que en las sentadillas casi imperceptibles que hacía sobre sus dedos. Y Tadashi felizmente le hubiera puesto de cara a la cama y dado lo que pedía inconscientemente, si la situación hubiera sido otra y él no fuera el hermano sobreprotector que era.

Empujó con firmeza dentro, y las pupilas del chico se delataron a la vez que un nuevo gimoteo escapaba de sus labios. Sólo entonces Tadashi supo dónde estaba, o al menos cerca de dónde.

Lo hizo una vez más, mientras Hiro se dejaba caer, y el estupor recorrió por completo el joven cuerpo sobre él. Sonrió con malicia cuando los ojos del menor se abrieron de par en par, antes de buscar los suyos, inmóvil.

-¿Q-Qué…? – su tono dejaba clara su estupefacción, y Tadashi no pudo evitar sonreír con cierta ternura entre toda la diversión: que Hiro le buscara como lugar seguro en el que saciar sus dudas, incluso en ese momento, era algo encantador.

Pero no se molestó en responder con palabras. En cambio, volvió a empujar con firmeza sobre su próstata, y Hiro se aferró a sus hombros antes de arquearse y soltar un bajo y ronco gemido en su cara, con los ojos cerrados y el ceño fruncido por el placer.

Y tanto como le encantaba aquella expresión, Tadashi simplemente no pudo darle tregua. Envió sus dedos una y otra vez al apretado interior, algunas veces ensañándose con el sensible punto, algunas veces esquivándolo a propósito para disfrutar de las maldiciones y los movimientos desesperados con los que Hiro le pedía que continuara, mientras se aferraba a sus cabellos con demasiada fuerza.

En venganza, Tadashi envió el tercer dedo a su interior casi sin avisar, y el espasmo del chico le obligó a dejarse caer sobre él en medio de un gritito de sorpresa. Fue entonces que ambos miembros erectos se encontraron y pudo notar la tensión de Hiro. Todos sus movimientos cesaron por un segundo, y Tadashi se apartó apenas para verlo a los ojos cuando le sintió removerse. Estaban tan cerca que sus respiraciones jadeantes se mezclaron en el espacio entre sus bocas, y Tadashi fue plenamente consciente de que su mirada mostraba el mismo deseo e impaciencia que la del menor.

Más, cuando sintió la pequeña y escurridiza mano del chico colarse en el espacio entre sus cuerpos, también supo que su cara estaba desencajada por la sorpresa.

A duras penas pudo reprimir un gemido cuando los cálidos dedos se adentraron en la tela de su ropa interior y rodearon su erección palpitante.

-¿Tú… no puedo…? – Hiro no continuó, pero sus dedos dejaron muy en claro a qué se refería, así como su tono bajo y sorprendentemente seductor. Tadashi, por primera vez en años, se estremeció por los nervios.

Disimulándolo lo mejor que pudo, continuó moviéndose, y sonrió cuando el menor volvió a gemir al tocar aquel punto.

-No te preocupes por eso – ronroneó sobre su oído, mientras volvía al ritmo exigente pero cuidadoso que hace un instante lo tenía moviendo sus caderas frenéticamente contra él -, sólo concéntrate en esto.

-P-Pero sólo yo me siento bien – jadeó, y Tadashi debió soltar una risa por lo bajo, enternecido.

-Créeme, me estoy sintiendo muy bien ahora – aseguró, y para evitar que le cuestionara más, volvió a besarlo mientras se centraba en ese espacio que le hacía contraer las piernas en espasmos de placer.

Y ciertamente no estaba mintiendo: los gemidos y jadeos desesperados, la forma en que las pequeñas manos se aferraban a su espalda, hombros y brazos, cada vez que se pegaba a él y buscaba a tientas sus labios, sólo para ahogar un gemido mordiendo su labio inferior, se sentían sorprendentemente bien. Se atrevía a afirmar que Hiro era, sino el mejor, al menos el más estimulante entre las parejas que había tenido.

Hiro sollozó sobre su cuello, y Tadashi se relamió al sentir la manera en que los espasmos en su interior aumentaban a cada segundo mientras más tocaba ese lugar.

Se aferraba con desesperación al cuerpo de su hermano, un náufrago azotado sin piedad por oleadas de placer que arremetían en cada embestida, en cada fricción, en cada beso sobre su cuello u oído. Su cuerpo entero se estremecía y arqueaba bajo las manos de Tadashi, y él sólo podía dejarse hacer, indefenso ante un goce tan intenso. Apenas podía mantener los labios cerrados entre jadeos y gemidos, y era vagamente consciente de que estaba babeando, pero ahora mismo no podía importarle menos, no cuando Tadashi le miraba con aquella sonrisa satisfecha y un brillo de oscuro deseo en sus ojos, con las pupilas dilatadas y la evidencia de su propia excitación firme como una roca contra la suya.

Un ardor le atravesó cuando el cuarto dedo entró, y aunque esta vez el dolor fue más difícil de ignorar, Tadashi puso todo de sí para que él ni siquiera recordara su nombre. Se abrazó con desesperación a su cuello y espalda cuando el ritmo fue aún mayor y cada golpe dio en ese espacio que le hacía ver estrellas tras sus párpados cerrados, mientras calambres demasiado conocidos empezaban a trepar desde su entrepierna hasta su vientre bajo. Pasados unos segundos así, apenas era consciente de que lo estaba llamando con desesperación mientras movía sus caderas contra el vientre de su hermano.

Tadashi sólo debió rozar la húmeda punta para que, tensándose como un arco a punto de disparar, Hiro se corriera abundantemente en el espacio entre ellos.

Cuando sintió la cálida liberación de Hiro sobre él, Tadashi suspiró como si él mismo acabara de correrse, embriagado por los espasmos que sacudían el cuerpo encima y alrededor del suyo, así como los agudos gemidos con su nombre que, poco a poco, se iban volviendo jadeos sobre su oído, mientras las caderas se balanceaban con movimientos cada vez más lentos.

Dejó ir un beso sobre su sien antes de salir de su interior con cuidado. Con manos temblorosas colocó las caderas ajenas en las sábanas, y se perdió un segundo en recorrer el cuerpo del menor, aún presa de los espasmos y la agitada respiración.

Los labios hinchados y entre abiertos eran una invitación implícita a besarlos una y otra vez. Los ojos cerrados y el ceño relajado, el delicado contorno de su rostro, enmarcado por aquel cabello brillante que se derramaba como tinta sobre la almohada. Bajando más la mirada, encontró la marca rojiza que había empeorado en su cuello -y que, contrario a la mañana, ahora mismo lo llenaba de orgullo-, junto a los hombros delicados y el pecho delicadamente trabajado pero fuerte, con sus pezones ligeramente hinchados por sus besos. Hiro lo maldeciría mañana, pero al menos se había contenido de dejar nuevas marcas en su cuerpo.

O casi, pensó con diversión, rozando con la yema de su dedo un nuevo moretón en la cara interna de sus muslos.

El roce hizo estremecer a Hiro, y tardó un poco en abrir los ojos, como quien no quiere despertar.

Los adormilados ojos lo encontraron, aún presos del placer, sólo para bajar lentamente por su cuerpo. Tadashi sintió sus mejillas arder al ver la sonrisa divertida y satisfecha que curvó los labios ajenos al caer en sus pantalones.

Se estremeció cuando un pie atrevido rozó la dura carne por encima del pantalón, y de repente los ojos del chico estaban de nuevo en él, comiéndoselo por completo, tentándolo.

-¿Necesitas una invitación? – murmuró, y algo primitivo y hambriento se removió en el interior del mayor.

Aferró el tobillo con firmeza, jalando de él hacia arriba y arrastrando al menor con un grito ahogado que le sacó una sonrisa de suficiencia. La mirada de Hiro vaciló por un segundo cuando llevó su pie hasta sus labios, pero el deseo volvió a brillar en sus ojos al sentir el placentero estremecimiento que le recorrió cuando lamió la sensible piel de su planta, sin apartar su mirada cargada de significado de la suya.

Al segundo siguiente, Tadashi se dejaba caer entre los brazos abiertos del chico, dispuesto a dejar sus labios en un estado mucho peor. Y aunque Hiro aceptó el beso de buena gana, no pudo evitar temblar ante la mordida exigente del otro.

O ante el sonido de una cremallera abriéndose.

En pánico de repente, trató de alejarse un poco, pero una mano de Tadashi en su cadera lo detuvo, firme y demandante.

-Tranquilo -susurró con su mirada fija en sus ojos, y Hiro obedeció semi en automático -, aguarda un momento.

Pese a que trató de mantener la calma, no pudo evitar el respingo que se le escapó cuando el robusto miembro del mayor se deslizó lentamente en el espacio entre sus piernas, firme y caliente. Respiró hondo, preparándose mentalmente para lo que venía.

Pero cuando el movimiento se repitió no una vez, sino una, y otra, y otra, hasta que el vaivén entre sus muslos despertó en él un nuevo cosquilleo, Hiro se preguntó si realmente Tadashi estaba buscando volverlo loco.

El pavor dio paso, eventualmente, a un hormigueo placentero, causando que su cuerpo volviera a ser presa de los espasmos nerviosos y de un ardor impaciente que le estaba volviendo loco.

-T-Tadashi… - le llamó con un tono de reproche, moviendo sus caderas contra su dureza. Por toda respuesta, sintió un nuevo beso en su sien.

-¿Me dejarás hacerlo? – inquirió, un tono que mezclaba la ternura y la súplica, y sólo entonces notó que Tadashi simplemente estaba aguardando a que él estuviera listo.

Su corazón echó a latir frenéticamente, emocionado y enternecido, antes de asentir.

Pero no pudo evitar gemir casi con indignación cuando el mayor volvió a alejarse, y sumado a la risa divertida de su hermano, le sorprendió el sonido del papel al rasgarse.

Si antes había estado indignado, ahora estaba al borde de ella histeria al verle colocarse aquel molesto pedazo de látex.

-¿Es broma? – jadeó. Luchó porque su irritación fuera más evidente que su vergüenza cuando el mayor volvió a verlo a los ojos, entre divertido y asombrado -¿Crees que puedes dejarme embarazado?

Tadashi volvió a reír. Su hermano era hilarante.

-Si no estás feliz porque esté usando protección, definitivamente tendremos una charla luego – soltó, sin dejar de sonreír mientras volvía a colocarse entre los muslos separados del chico, luchando que dura penas con su deseo de besar su puchero -. Y créeme, me lo agradecerás mañana.

Hiro le miró con todas las intenciones de agregar algo más, pero el contacto de sus caderas desnudas fue suficiente para dejarlo sin palabras y, muy probablemente, sin aliento. Tadashi le dedicó una mirada tranquilizadora cuando sus ojos asustados buscaron los suyos, y llevó una de sus manos hasta los revueltos cabellos, dejando caer un par de caricias que le tranquilizaran como cuando eran pequeños.

Un segundo después cerró los ojos, ruborizado y con la respiración agitada, mientras Tadashi alineaban su sexo con su centro. Hiro asintió, y solo entonces él empujó.

Tadashi maldijo por lo bajo cuando el cálido interior lo rodeó en el abrazo más estrecho y asfixiante que nunca le hubieran dado. Agradeció internamente el haber preparado lo suficiente al chico, porque aunque su interior aún fuera demasiado estrecho, había entrado más de lo que esperaba.

Y por la forma en que los dedos del chico se aferraban su espalda con desesperación, y las piernas contra sus caderas temblaban de manera incontrolable, también era más de lo que Hiro esperaba.

-¿Quieres que salga? – preguntó. Aun cuando era la peor idea que se le podía ocurrir en ese momento, ciertamente no había forma en el mundo en que pusiera su propio placer por encima del dolor de su hermano.

Hiro negó casi de inmediato.

-S-Sólo se cuidadoso -rogó, con la voz hecha un hilo, y Tadashi asintió.

Sintió una nueva oleada de dolor ascender como fuego por sus entrañas cuando el mayor, tan lentamente como pudo, volvió a moverse. Aunque había soportado bien los dedos, ciertamente Tadashi era mucho más grande que éstos, y también mucho más exigente. El calor le hacía estremecerse, y su cuerpo luchaba por expulsar al intruso sin importar cuánto él intentara relajarse.

Pero sin importar qué, Hiro trató de reprimirse tanto como pudo, sabiendo que si Tadashi pensaba que no podría soportarlo detendría todo en ese instante y, después de tanto tiempo, se negaba a que eso ocurriera.

Hiro removió sus caderas contra él y Tadashi se hundió un poco más. Suspiró ante una nueva contracción, y aunque su cuerpo le rogaba desesperadamente que se moviera con más ímpetu, luchó por mantener la mente fría. Sabía perfectamente que cada centímetro de apretada carne que cedía para él era una tortura para el chico, y no pensaba traicionar su confianza sólo porque estaba caliente.

Lentamente, guiando sus caderas en un lento vaivén, se tomaron su tiempo para vencer cada resistencia, Tadashi soportando los espasmos de placer que le invadían a cada contracción ajena. Hiro ahogando sus sollozos en el hombro del mayor, dejando que le consolara con besos y palabras dulces de aliento, incluso se dejó guiar cuando una mano firme en su espalda lumbar le obligó a arquear su cuerpo, dejándole expuesto y con la sensación de que, al menos un poco, las cosas mejoraron.

Cuando Tadashi se dejó caer sobre él entre jadeos ahogados y gruñidos, Hiro supo que estaba completamente en su interior. Se permitió echar la cabeza hacia atrás sobre las sábanas, antes de cerrar los ojos y permitir a su cuerpo acostumbrarse al otro en su interior.

Una unión que, sólo entonces se permitió pensarlo en toda su extensión, era con Tadashi.

La opresión en su pecho le obligó a jadear cuando la fuerza de ese pensamiento lo golpeó, y aunque trató de ser silencioso, Tadashi ya había alzado su mirada hasta su rostro, alertado por el sonido.

Vio la alarma en sus ojos cuando notó las lágrimas frescas que corrían como torrentes por sus mejillas.

-¿Te duele? – preguntó, y Hiro se apresuró a negar.

-No es eso – se limitó a decir. Tadashi frunció el ceño, extrañado, y Hiro tragó saliva antes de volver a hablar, esperando que su voz no sonara rota. Fue en vano, desde luego -. Es sólo que aún no puedo creer que estemos aquí… así…

Y aunque tardó un poco más en entender, Hiro pudo reconocer el momento exacto en que sus palabras tuvieron sentido para el mayor por el brillo entre incrédulo y horrorizado que inundaba sus ojos, uno muy similar al suyo propio.

Fue la primera vez en que su lazo representó una verdadera molestia en esa unión. Se miraron a los ojos y reconocieron lo que eran: hermanos, carne de la misma sangre, hijos del mismo amor y la misma tragedia.

Fue la primera vez en que la culpa los golpeó durante el encuentro, y duró un segundo, sólo para esfumarse en cuanto sus labios se encontraron nuevamente. Porque, aunque había horror, miedo y vergüenza, entre ellos también había una clase de amor que podía desaparecer todo el mundo y sus prejuicios con la misma facilidad que a una estela de humo flotando en el aire.

Tadashi se movió pasados unos momentos, y Hiro mordió su labio inferior para ahogar su gemido adolorido, antes de alejarse y jadear con fuerza. De inmediato, los labios de Tadashi volaron por su rostro, recogiendo las lágrimas frescas sobre la cálida piel, besando sus mejillas y párpados cerrados con infinita ternura, mientras los fuertes brazos se envolvían a su alrededor en un abrazo protector que Hiro agradeció con toda su alma

Lo devolvió, igual de desesperado, en cuanto el movimiento de las caderas ajenas volvió, una vez, y otra, hasta que Tadashi estableció un ritmo lento y cuidadoso que, al tiempo que le arrancaba gruñidos de dolor, también le hacía estremecer y enternecerse con los cuidados del mayor.

En algún momento, las lágrimas de dolor se trocaron por las de felicidad, y se encontró a sí mismo sonriendo sobre la piel del cuello de Tadashi mientras, lentamente, el dolor y la incomodidad daban paso a algo más.

Y cuando llevó sus ojos hasta el rostro del mayor, sonrió con diversión al ver su expresión concentrada, con los ojos cerrados, el ceño fruncido y, estaba seguro, controlando su respiración.

Pero es que, si Tadashi tenía pavor a algo, eso definitivamente era la simple idea de lastimar a Hiro, por lo que ponía todo de sí para controlarse, para medir cada empuje y evitar que un movimiento demasiado brusco arruinara todo. Y por eso mismo abrió los ojos con sorpresa cuando un dulce beso sobre su mentón le sacó de su concentración, y la cálida y divertida mirada de Hiro le dejó claro que, en realidad, debía estarse viendo como un idiota.

Sabiendo eso, Tadashi no pudo evitar devolver la sonrisa, acompañada de una mirada apenada, antes de que el siguiente beso fuera depositado en sus labios.

Volvió a empujar, esta vez variando levemente en ángulo, y un estremecimiento recorrió a Hiro de pies a cabeza. Estuvo a punto de preguntarle si lo había lastimado, cuando el inquieto movimiento de las caderas ajenas contra las suyas le obligó a jadear de placer al ser Hiro quien le enviara a su interior.

Sabía que esas caderas eran prometedoras.

Las aferró con firmeza y comenzó a moverse con una cadencia más exigente, sin perderse las expresiones del chico por cualquier cosa. Y cuando se mordió el labio, antes de cerrar los ojos y arquear su cuerpo en un ofrecimiento involuntario, Tadashi sólo pudo sonreír, ahogando un jadeo de sorpresa.

Vaya niño su Hiro.

No sólo mostraba abiertamente cuánto disfrutaba de su toque y sus movimientos, sino que sus propias caderas se removían ansiosas por encontrarse con las suyas, subiendo cada vez que él se enterraba entre sus muslos, soltando gemidos cada vez más audibles y quejidos.

Cuando la intensidad del movimiento comenzó a sacudir su cuerpo sobre la cama, una mano se aferró a la almohada bajo su cabeza, un poco por encima, y Tadashi tuvo la tentación de sujetar la muñeca para inmovilizarlo. En su lugar, la obligó a soltarse para entrelazar sus dedos en un gesto lleno de dulzura, y bajó a reclamar los labios entreabiertos una vez más, colando su lengua en la cálida boca y recibiendo la contraria en un lento baile que pronto tuvo a Hiro más sensible aún.

Cuando se apartó, contempló con satisfacción la forma en que los ojos ajenos apenas podían mantenerse abiertos entre las oleadas de placer que le recorrían.

Bajó por su cuello y clavícula sin detenerse, y sonrió cuando el cuerpo ajeno se arqueó para él sin siquiera tener que tocarlo, ofreciendo los rosáceos pezones de manera inconsciente, un ofrecimiento que Tadashi aceptó con toda felicidad. Hiro ahogó un grito cuando succionó el primero, y fue consciente de la contracción que tuvo su interior en respuesta.

Embistió con más fuerza de la que hubiera esperado, y esta vez Hiro nada pudo hacer por reprimir su gemido de placer.

Uno muy diferente a los anteriores.

Tadashi alzó la mirada por instinto cuando el chico presionó con fuerza su mano, y no pudo evitar sonreír, travieso, al ver la sorpresa en los ojos ajenos.

Estaba bastante seguro de que se sentía aún mejor en ese momento que cuando lo tocaba solo con los dedos, o al menos eso daba a entender el palpitante interior.

Volvió a embestir en el mismo punto, y Hiro se estremeció como si acabara de darle una descarga.

-¡E-Espera, Tadashi, no!

Tadashi, sí. Rio en su fuero interno, antes de tomar un ritmo más firme y demandante, sacándole al menor un nuevo grito. Si Hiro suponía que no tomaría ese tipo de ventajas, en definitiva aún no se daba cuenta de que él era un hombre.

Y un amante generoso.

Hiro volvió a jadear con desesperación cuando una mano sobre su miembro se sumó a las embestidas constantes y certeras que el mayor daba sobre ese punto que le volvía una masa temblorosa de gemidos y placer. Estuvo bastante seguro de que algo en su cerebro se había fundido cuando, sin importarle su propia integridad física, llevó su mano libre hasta la nuca del mayor y le obligó a besarlo con un firme tirón.

Otro gemido se le escapó cuando una nueva oleada de placer lo inundó, y pudo sentir claramente la sonrisa del otro sobre sus labios.

-No seas engreído – gruñó a duras penas, y Tadashi soltó una risa encantada sobre sus labios.

-No soy engreído – afirmó, con una mirada engreída. Hiro estuvo a punto de soltarle un par de verdades, pero un diestro movimiento de los dedos ajenos sobre su miembro erecto le obligaron a atragantarse con ellas y, en cambio, soltar un gemido ahogado de placer.

-B-Bastardo – jadeó, azorado, y Tadashi rio.

-Y eso que aún no he empezado.

Hiro estuvo a punto de maldecirlo una vez más, pero todo se detuvo en su garganta cuando, repentinamente, Tadashi salió de su interior. Gritó por la sorpresa, un grito agudo y poco digno que fue incluso más vergonzoso cuando fue consciente de la manera en que su cuerpo protestaba ante el vacío que había dejado.

Llevó su mirada acusadora al mayor, y lo último de lo que fue consciente fue de la mirada divertida y lujuriosa en los ojos de su hermano, antes de que la habitación girara a su alrededor. Apenas consciente de que estaba sobre sus brazos y piernas, Hiro jadeó por la sorpresa y el mareo, solo para soltar un grito agudo cuando Tadashi entró nuevamente en su interior, con un movimiento repentino y fluido.

Se aferró con fuerza a las almohadas debajo de él, y debió reprimir un estremecimiento cuando Tadashi gimió de placer junto a su oído, ronco, grave y tan caliente que tuvo que sollozar, y no solamente por la incomodidad.

-I-Imbécil – lloriqueó con la voz quebrada, y Tadashi gruñó cuando se removió con fuerza para darle un codazo en las costillas.

Un segundo después, lo único que podía hacer era aferrarse con todas sus fuerzas a las almohadas, enterrando su rostro en la tela, sintiendo sus lágrimas comenzar a fluir mientras Tadashi se movía con firmeza en su interior, agitando su cuerpo sobre las sábanas con cada embestida.

Jadeó y lloró cuando los movimientos tomaron un ritmo certero en su interior, y la pena le embargó por un segundo al reconocer el húmedo sonido de sus cuerpos al chocar en cada estocada. La vergüenza y el placer volvían a aferrarse a su ser a cada instante. Su horror solo empeoró cuando fue consciente de que, en esa posición, Tadashi podía ver perfectamente la unión de sus cuerpos.

Inconscientemente trató de alejarse de él, abrumado ante la fuerza de las sensaciones que el otro le provocaba, pero un segundo después las firmes manos se aferraron a su cintura y, de un firme jalón, volvió a pegarlo a su cadera, enterrándose con fuerza en su interior.

El grito que pujó en su garganta con seguridad habría despertado a todos en la mansión, por lo que Hiro se obligó a enterrar sus dientes en la almohada para acallarlo.

Con la mirada nublada, respiración agitada y vagamente consciente de que estaba babeando, trató de mirar por encima de su hombro, sin poder detener la vergonzosa manera en que su cuerpo se balanceaba sobre la cama. Necesitaba decirle a Tadashi que parara antes de que lo volviera loco.

Una firme mano en su cadera le obligó a arquear la espalda, dejándole más expuesto. Y como si no fuera suficiente vergüenza, sintió la agitada respiración del mayor sobre su sensible oído, pegado por completo a su espalda, sin parar de mover las caderas con fuerza.

Gimoteó algo muy similar a una protesta, y Tadashi rio.

-Lo siento si estoy siendo muy rudo -comenzó, deslizando lentamente su lengua por su cuello, sacándole un gemido ahogado al chico. Hiro volvió a sollozar cuando los labios ascendieron hasta tomar el lóbulo de su oído entre sus labios, antes de seguir hablando en un tono ronco que estuvo a punto de hacerle estremecer -. Pero no eres el único que ha estado conteniéndose en este tiempo, y simplemente no puedo no aprovechar el momento.

Y ante esa confesión, Hiro se quedó inmóvil, sorprendido aún cuando no lograba, todavía, entender realmente lo que Tadashi quería decirle. Tampoco llegó a hacerlo, pues antes de que pudiera siquiera procesarlo, el mayor comenzó a moverse con urgencia, provocando que más de esos vergonzosos sonidos escaparan de sus labios.

Cuando una ligera variación en el ángulo de las embestidas hizo que Tadashi volviera a dar de lleno en su punto más sensible, Hiro no pudo evitar dejarse caer sobre la cama y abrazarse desesperadamente a las almohadas. Trató de ignorar la deliciosa pero insatisfactoria fricción de su miembro erecto sobre las suaves sábanas, pero los jadeos y gruñidos de Tadashi junto a su oído no le hacían la tarea más fácil.

Como si supiera la situación en que se encontraba, Tadashi volvió a alzar su cadera con una mano, obligándose a sostenerse sobre sus rodillas, y luego bajó al lugar que más dolorosamente reclamaba atención. Cuando los dedos sobre él adquirieron un ritmo al compás de sus embestidas, Hiro se arqueó en respuesta, en medio de espasmos de placer y gemidos con el nombre del mayor. Luchó con todas sus fuerzas por no pensar en la vergonzosa imagen que estaría dando: con la cabeza de lado, llorando y gimiendo mientras se aferraba a las blancas sábanas como último refugio, con su cuerpo subiendo y bajando a merced de los rudos movimientos de su hermano. Sus manos temblaban junto a su cabeza, asiéndose a la tela como garras.

Tadashi sonrió cuando dio de lleno con la expresión perdida en el placer del chico, y un orgullo particular lo inundó al saber que era él quien le regalaba esas sensaciones por primera vez, a quien Hiro se mostraba en su faceta más vulnerable y excitada. Por un instante, mientras se perdía él mismo en el placer de aquel interior estrecho y cálido, y descubría una satisfacción particular en la expresión de goce del chico, se burló del idiota que se había negado aquellas maravillas por tanto tiempo, que había rechazado la entrega de Hiro, y le había hecho verter tantas lágrimas de dolor, cuando las de placer eran mil veces más satisfactorias.

Ni siquiera fue consciente en qué momento los movimientos de sus caderas se volvieron más firmes aún, o cuándo los gemidos se mezclaron con el sonido húmedo de sus cuerpos al chocar, pero de repente se encontró a sí mismo estremeciéndose ante las oleadas de placer que le recorrían, mientras Hiro temblaba con fuerza sobre las sábanas y arqueaba sus caderas para él, llamándolo constantemente entre gemidos

Tadashi sonrió con ternura, un segundo antes de que una presión imposible de ignorar, junto a un agudo gemido, le dijeran cuán cerca estaba Hiro del punto de no retorno.

Y sintiendo la urgencia de su propio cuerpo, decidió que nada de malo tenía darle lo que pedía.

Se las arregló para tomar sus labios una vez más, ahogando sus propios gemidos en la boca ajena, y no pudo más que sonreír cuando una mano se alzó a tomar con firmeza sus cabellos, mientras el cuerpo debajo de él respondía a sus embestidas y toques con vigor, sin perder el ritmo hasta que, luego de variar el ángulo, Tadashi se ensañó una vez más con ese punto que lo desarmaba.

Luego de eso, sólo bastaron unas cuantas embestidas más antes de que Hiro se arqueara con fuerza y, repitiendo su nombre en voz baja como si se tratase de un mantra, se corriera en su mano.

Y Tadashi no se detuvo al sentir los cálidos hilos sobre su piel, sino que embravecido ante la presión de ese estrecho interior y los espasmos que lo envolvían, continuó empujando, extendiendo su orgasmo. Ni siquiera se detuvo cuando él mismo se estremeció y se corrió con un bufido de placer, sino hasta que ya su cuerpo no pudo más y debió dejarse caer sobre el pequeño de Hiro.

Tardó unos momentos antes de recuperarse, parpadeando lentamente. Su cerebro luchaba entre apagarse o darle sentido a la sobredosis de estímulos con los que acababa de ser bombardeado, y su cuerpo no parecía dispuesto a reaccionar, aún estremeciéndose levemente.

Sólo cuando el cuerpo bajo él se removió, Tadashi fue consciente de dónde estaba y de lo que acababa de hacer.

Asombrado, se irguió de inmediato, liberando al chico de su peso, pero se tomó su tiempo para salir de él lentamente, con cuidado de no lastimarlo más de lo que quizás ya había hecho. Hiro se estremeció cuando lo abandonó, y Tadashi luchó por ignorar el sonido de protesta que soltó, o no estaba seguro de no lastimarlo más aún.

Lo ayudó a voltearse, y debió echar más mano de su autocontrol para no saltarle encima al ver el hermoso rostro totalmente relajado luego del orgasmo, con una pequeña sonrisa en sus labios que le alivió a la vez que despertó cierto sentimiento de orgullo.

Se recostó a su lado, tratando de calmar su propia respiración, y disfrutó de la manera en que el otro se estiró sobre la cama, como si fuera un gatito satisfecho. Inconscientemente llevó sus ojos a sus caderas, donde las marcas dibujaban atrevidos patrones en la blanca piel, y no pudo evitar pensar que era un desperdicio el no poder dejar más de ellas donde todos pudieran verlas.

Hiro finalmente abrió los ojos, un arco de espesas pestañas negras sobre chocolate, y le buscó en la penumbra herida del lugar.

Tadashi soltó un respingo cuando le vio fruncir el ceño, y un nerviosismo imposible de ocultar se apoderó de él al ver su mirada de reproche. Bien, él mismo debía admitir que se había pasado… tal vez un poco. ¿Dónde había quedado lo de ser cuidadoso en la primera vez de Hiro?

Y a la culpa que sentía, se le sumó la sorpresa que le produjo Hiro al abrazarse a él con fuerza, enterrando su rostro en su pecho.

-Eres un bruto – soltó, un sonido amortiguado que le hizo estremecer cuando su aliento rozó su piel, y aunque sabía que lo decía en serio, no podía tomarlo así cuando la emoción se reflejaba tan clara en su tono tembloroso.

Deslizó lentamente su mano por la espalda desnuda, disfrutando una vez más de la suavidad de la piel.

-¿Duele?- preguntó, genuinamente preocupado, aunque no pudo evitar desviar su atención al sentirle estremecerse así, pegado a su cuerpo, rozando cada parte de él.

-Como el infierno – admitió, antes de alzar una mirada pícara que dejó de una pieza al mayor -, y nunca me sentí tan bien en toda mi vida.

Tadashi tragó saliva ante el tono bajo y ronco y el brillo seductor en esos ojos que, ahora que un resplandor daba de lleno en su rostro, se veían de un encantador tono ambarino. Se removió contra él, claramente tratando de molestarlo, y Tadashi debió contar hasta diez para no saltar a devorarlo de nuevo.

-No es seguro que me tientes ahora- advirtió, su propio tono más ronco de lo que hubiera previsto.

La sonrisa divertida del chico y el brillo encantador en sus ojos estuvieron a punto de hacer que mandara al diablo todos sus intentos de refrenarse.

-¿Entonces te estoy tentando? – inquirió, divertido y en un tono que decía a todas luces cuánto estaba disfrutando de su aprieto.

Tadashi maldijo en su fuero interno, y no por la insistencia del chico, sino por la primitiva emoción que recorría su cuerpo, anhelante de seguirle el juego y volver a tenerlo gimiendo y llorando.

Soportó su mirada coqueta, examinando cada rincón de esos ojos juguetones, ese rostro perfectamente proporcionado y sus labios rojizos y deseables.

Un segundo después soltó una risita, antes de abrazarlo e inclinarse a dejar un casto beso en ellos. Se regodeó en la tensión del chico, así como en el sonrojo que una vez más cubría sus mejillas. Como siempre, Hiro era un gran coqueto, pero no sabía qué hacer cuando alguien respondía a su jugueteo.

Los ojos sorprendidos y apenados se parecían mucho más a los del lindo chico que tanto amaba. Y sabiendo que estaba con él, se mantuvo abrazado al menor y lo obligó a recostarse sobre la cama. Era una mala costumbre que ambos hermanos deberían sacarse de encima eventualmente.

-Sólo duérmete- susurró, cerrando los ojos, y Hiro sintió su corazón estremecerse al notar que, a diferencia de todas las otras ocasiones en que habían dormido juntos, la manera en que Tadashi lo estrechaba desde la cintura, manteniéndolo pegado a él, era mucho más íntima.

Trató de no darle muchas vueltas a nada cuando dejó caer su cabeza sobre el pecho desnudo de su hermano. Dejó que el relajado latir de su corazón lo arrullara y que, poco a poco, el cansancio se apoderara de él.

Sin embargo, una idea se presentó en su cabeza al cabo de unos minutos, una frase que Tadashi había dicho al comienzo de la noche y que seguía causándole pánico y dolor de solo recordarlo.

-Por favor nunca te vayas de nuevo – susurró a la silenciosa habitación, un pedido secreto y egoísta que no podría decirle a Tadashi a la cara de saberlo despierto, demasiado consciente de que, si llegado el momento volvía a pensarlo, era solo porque su cercanía le resultaba insoportable.

Los brazos relajados a su alrededor se estrecharon de repente, tomándolo por sorpresa, y no pudo evitar ruborizarse al sentir al otro suspirar, claramente despierto.

-Nunca me iré, Hiro – prometió, un susurro que tuvo la contundencia de un trueno en su ser, incluso logrando que su respiración se interrumpiera, dando paso la angustia, lentamente, a la más absoluta felicidad.

Debió esperar un minuto o dos para que su corazón volviera a su ritmo habitual y, esta vez sí vencido por todo el ajetreo de aquellos días y los sentimientos a los que había sometido, dejó que el sueño lo reclamara.

Creyó sentir el suave aleteo de un beso en su cabello antes de caer dormido.


Ni siquiera sé qué decirles. Incluso creo que yo esperaba este momento más que ustedes, no puedo creer que después de tantos años por fin estemos aquí, y no es ni la mitad de la historia aún.

En fin, estamos así, dejen sus comentarios mis niños, todo se acepta y todo sirve.