Transmisión reestablecida...

Capítulo 8

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-Sabía que aparecerías tarde o temprano, XXXL.

-¡Te atrapé la última vez, niño entrometido! ¡Y lo volveré a hacer!

-olvidas un pequeño detalle, amigo –nemo sonrió, sacando dos GUNZOOCAS, y apuntándole-. Que fueron los gemelos y no tú los que me capturaron.

-¿Y qué importa eso? ¡estás solo y no eres rival para mí! ¡Ja, ja!

-Eso ya lo veremos. ¡Tira tu mejor cono de helado, adulto tonto!

El hombre mapache se rió malvadamente, mientras retrocedía un par de pasos hacia una máquina gigantesca.

-¡Oh, haré algo mejor!

XXXL saltó sobre la máquina, subiéndose a una cabina en forma de cúpula y cerrándola desde adentro. La máquina cobró vida, levantándose sobre dos piernas robóticas y mostrándose en toda su enormidad. Se parecía a un contenedor redondo de helados, lleno de pequeños agujeros por todo su torso.

-¿Qué es eso, un pote de helado gigante? ¿Es en serio?

-¡Oh, eso quisieras, niño tonto!

De repente, el robot se iluminó en una brillante luz roja, y los huecos en su cuerpo brillaron amenazadoramente mientras comenzaba a avanzar hacia su objetivo. Los agujeros mostraron puntas de caramelo y chocolate en forma de lanzas, que el villano apuntó hacia el niño.

-¡Veamos cuánto helado puedes soportar!

El robot disparó andanadas de helados de todos los gustos imaginables, mientras Numbuh 2 corría por su vida, refugiándose detrás de un camión abandonado de la fábrica que tembló con la fuerza de los disparos. Un minuto entero de escuchar la ametralladora helada después, todo quedó repentinamente en silencio. Nemo asomó su cabeza por un costado y le sacó la lengua al villano frustrado.

-¿Eso es todo lo que tienes? Viejo, cuando esto termine, voy a comerme todo ese delicioso helado... Sí, qué rico...

-¡Niño tonto! ¡Apenas estoy calentando!

-¿No sería mejor enfriándote en tu caso? ¡Ja, ja! ¿Entendiste? Porque dijiste calentando, pero estás disparándome helado, y...

Antes de poder acabar la explicación de su chiste malo, nemo fue obligado a esconderse de un segundo asalto de helado una vez más, tirándose detrás del remolque. Pero, para su sorpresa, el chico con gafas de aviador tuvo que saltar en el siguiente segundo, ya que el camión fue empujado hacia donde acababa de estar su cuerpo por la fuerza de los proyectiles.

-Bueno, tal vez los flanes sean mi nuevo postre favorito desde ahora...

El niño corrió por su vida una vez más, hasta toparse con una pared al final de su carrera, mientras el robot de XXXL lo acorralaba. Al darse la vuelta, el Profesor se rió de su desgracia, apuntándole con los cientos de cañones de helado una vez más.

-¡Ja, estás acabado! ¡Muy pronto, mi cono de nieve perfecto estará hecho a base de un tonto como tú!

Mientras corría, el robot lo persiguió, aunque a una velocidad extremadamente lenta. Cuando 2 creyó que lo había perdido por un segundo, se internó en una heladería abandonada. Pocos minutos después, el robot de XXXL entró en ella, buscándolo.

-Vamos, ¿qué pasa? ¿Un niño que le teme a los helados y otros postres? ¡Ven aquí, tengo más cosas deliciosas con las que destruirte... quiero decir alimentarte! ¡Ay no, ya sueño como la Abuela de los vegetales, qué poco original!

De repente, un ruido extraño llamó la atención del científico, a un par de pasillos a la izquierda. Hizo que su robot fuera en esa dirección, y se encontró frente a una enorme conservadora llena de helados. En su interior, Numbuh 2 había conectado un aparato de su creación, y lo miraba con una sonrisa petulante.

-¡Ahora si vas a enfriarte, profesor! ¡Prepárate para quedar helado!

-¿Ah, sí? Mi robot está especialmente diseñado para el frío, niño tonto. ¡Dispárame con todo lo que tengas, no funcionará!

-¡Tú lo pediste!

Presionando un botón en una mezcla de una lata de gaseosa, dos cajas de zapatos y un control remoto, el agente abrió el enorme congelador, disparando una lluvia de helados de todos los savores. Antes de que su enemigo pudiera reaccionar, su robot acabó cubierto hasta la cabeza de una montaña multicolor de helado. Pero segundos después, el robot volvió a la acción con un fuerte estallido, y el profesor XXXL con una mirada furiosa.

-¡gracias a ti, mi cono de nieve será aún más grande!

-¿Sabes qué más será grande, profesor?

-Eh, no. ¿Tú fin?

Sin previo aviso, 2 presionó en segundo botón en su control, antes de que toda la fábrica comenzara a temblar. Un instante después, el niño regordete saltó de su cabina improvisada en la parte superior del congelador y, corrriendo a hacia la salida, gritó:

-¡No, será tu fin! ¡Bueno, si yo fuera tú, saldría corriendo de este lugar lo más rápido posible!

Esquivando al enorme montón cremoso en que se había convertido el robot del científico loco, Numbuh 2 corrió lo más rápido que pudo. Tuvo el tiempo justo para llegar a la salida y arrojarse detrás de unos contenedores, cuando el lugar explotó.

-Bueno, ¿quién lo hubiera dicho? ¡Frío y calor, una combinación explosiva!

Veinte segundos más tarde, un considerablemente herido profesor XXXL apareció arrastrándose, con su bata de laboratorio hecha pedazos y con la cara quemada.

-¿A quién se le ocurre colocar un calefactor gigante en una fábrica de helados? En serio, ¡alguien debería decirle algo a esa persona!

-Bueno, ya no tienes robot, y supongo que tampoco te quedan más postres. Qué lástima, me hubiera gustado probar el helado de yogur.

-¡Esto no ha terminado, mocoso del barrio!

Con esas últimas palabras, el adulto se desplomó en el suelo, derrotado.

-¡Sí! Ahora...

En mitad de su discurso de triunfo, el sonido de su comunicador lo interrumpió. Sin prisa, numbuh 2 extrajo dicho artefacto y habló:

-¿Hola? ¿Numbuh 3? ¿Todo bien en el parque?

-¡Numbuh 2! –gritó Kuki en su oído, sobresaltándolo-. ¡Qué alivio! ¡Numbuh 1 no responde, pero al menos tú sigues en pie!

-Sí, sí. El profesor XXXL casi me convierte en un helado vivo, pero lo vencí. Numbuh 3, ¿qué ocurre?

-¡Bien! ¡Ahora, tienes que salir de ahí! ¡Corre! ¡Corre, antes de que sea demasiado tarde!

-¿Espera, ¿por qué? ¿Y qué dijiste sobre que Numbuh 1 no responde? ¿Puedes hablar más despacio?

-¡Ahora no puedo explicártelo, pero tie...!

De pronto, la conezión se cortó.

-¡Numbuh 3, Numbuh 3!

Volviendo por donde había llegado, el niño regordete con gafas y gorra de aviador corrió en dirección al parque, para ir a ayudar a su amiga. Un gran error, como pronto descubriría.

No llegó al parque, de todos modos. A casi cinco cuadras de distancia, se detuvo para tomar aire, fatigado. En cuanto consiguió recuperar el aliento, una ominosa sensación de peligro lo embargó.

De repente, una figura encapuchada apareció por su izquierda, tomándolo por sorpresa. A pesar de intentar esquivarla, el atacante lo derribó, mientras el pobre niño intentaba alejarse.

-¿Quién eres tú? ¿Y qué hiciste con Numbuh h 3?

Sin contestar, su enemigo avanzó hasta estar a menos de dos metros, cuando 2 pudo reincorporarse y sacar su pistola de mostaza y apuntarle. Aunque le llevaba ventaja y tenía tiempo de sobra para evadir su disparo, su enemigo simplemente se detuvo, esperando su ataque.

-Eh, ¿acaso tienes idea de lo que esto puede hacerte?

Sin esperar una respuesta, Numbuh 2 disparó, pero su enemigo no se vio afectado por el potente chorro de mostaza, que habría atontado a cualquier adulto, además de dejarlo fuera de combate. Anonadado, el mecánico del Sector V se quedó allí en shock, con la boca abierta ante lo que veía, mientras su SPICE se le caía de las manos.

-Oh, créeme, amigo, sé perfectamente lo que esa cosa podría hacerle a Abby. Claro, lo que podría hacerle si Abby fuera un chica común y corriente. Pero estoy por encima de ti, escoria de KND.

-¿N-Numbuh 5? ¿Eres tú? Pero ¿cómo? ¿Por qué?

Su ex compañera de sector acababa de quitarse su capucha negra, revelando su identidad. Antes de que pudiera agregar algo más, Abby caminó hasta estar a su lado, mientras le daba una fuerte patada en el estómago, dejándolo sin aliento en el piso, antes de perder el conocimiento.

-Oh, Numbuh 2, no te preocupes, muy pronto lo sabrás.

En otra parte de Cleveland, Numbuh 1 se hallaba escondido entre los arbustos, espiando la mansión de sus peores enemigos. Hacía ya más de una hora que estaba allí, esperando a que algo pasara, ya que –con una sola y horrible excepción, que deseaba mantener en el fondo de su mente- nunca antes se había enfrentado él solo a los Chicos de la Otra Cuadra. Para su alivio y nerviosismo, descubrió al extravagante quinteto apareciendo por el extremo de la calle, volviendo de algún oscuro negocio. Los cinco llamaron a la puerta, antes de que el mayordomo les abriera. Una vez hubieron pasado, el hombre comenzó a cerrar la puerta, justo cuando Nigel saltó de su escondite y colocó un pie para evitarlo. Sin darle tiempo al viejo hombre a nada, Nigel lo empujó a un lado, dejándolo inconsciente en el acto.

-ya entré. Ahora, sólo tengo que descubrir la mejor manera de darles sus pataditas a esos tarados.

Sigilosamente, el pelón se internó en la mansión, buscando a sus objetivos, escondiéndose cada dos segundos detrás de masetas, sillones o muebles, para evitar ser visto por las cámaras de Padre.

Llegando a una sala enorme, que recordaba como la habitación donde los muy idiotas celebraban sus infames cumpleaños cada año, Nigel ya no pudo encontrar un sitio donde esconderse. Fue entonces que una serie de luces estroboscopias se encendieron, surgiendo del techo y las paredes, enfocándolo.

-¡A ver, a ver, vengan aquí para que pueda darles sus pataditas!

El quinteto apareció surgiendo del suelo, encima de una plataforma, con sus abituales sonrisas malvadas.

-Vaya, vaya, pero si es Nigel Uno. ¿Estás aquí para disfrutar de nuestro espectáculo?

-¡Claro que no! ¡O sea hello, no tengo que explicarles nada! Y por curiosidad, ¿de qué clase de espectáculo estamos hablando? ¿El de su humillación?

-Ja, ja, ja. No, va ser el de la tuya. Es una lástima qque nuestro Padre esté ocupado con sus asuntos, pero todavía puedes unirte a la diversión, claro, eso suponiendo que sobrevivas. Ah, y por cierto, ¡tú eres la atracción principal!

Uno de los cinco niños sacó un control remoto y presionó un botón, haciendo que las paredes de los lados se abrieran, mostrando una serie de al menos treinta micro-robots en forma de araña, que saltaron para enfrentar al pelón.

-ja. ¿Es todo lo que tienen?

De pronto, de sus vientres empezó a salir un patrón en ocho de rayos láser, que estuvieron a punto de freírlo vivo. Al saltar para esquivarlos, notó que la pared a su izquierda quedaba cubierta de una fina capa de un líquido carmesí, que carbonizaba el metal.

-¿Salsa de tomate? Eso sí que no me lo esperaba.

Nigel saltó acrobáticamente, esquivando los rayos láser a la vez que iba acercándose, rápidamente, a sus objetivos. A tres metros de un par de arañas robot, sacó su SPLANKER y disparó, desintegrándolas. Saltó a su derecha, esquivando el próximo rayo láser, y pateó a una en dirección a la que acababa de intentar rostizarlo, haciendo que se hicieran pedazos entre sí. La próxima que tuvo la desgracia de intentarlo, acabó en su mano derecha, agarrada por una de sus patas y girando a gran velocidad, antes de ser arrojada contra tres que volaron en mil pedazos; la siguiente, sin embargo, tuvo un destino aún peor. Nigel la sujetó por la parte superior, colocando su estómago metálico al frente, utilizándola tanto como un escudo y como un arma, destruyendo con sus rayos láser a más de la mitad y destruyéndose ella misma con un disparo de una de sus hermanas. Una vez el polvo se hubo disipado, apenas quedaban tres.

–Vamos, esto es un juego de bebés.

Por último, Nigel giró en el aire, enfrentando en un fuego cruzado a las que quedaban, que se destruyeron entre sí en su vano intento por darle.

-la próxima vez, usen salsa tártara. ¿Eso es todo?

-Oh, aún falta lo mejor.

Presionando otro botón en su control, los malvados niños activaron otro artefacto. Sorprendentemente, esta vez el suelo se abrió debajo del pelón, con un volcán a unos veinte metros bajo sus pies. Apenas fue capaz de sujetarse, utilizando un gancho arrojadizo, que lo llevó a salvo en una pared, antes de que ésta se llenara de pinchos gigantes y empezara a encerrarlo.

-Feliz final, Nigel. Ja, ja, ja.

Cuando sólo quedaban dos metros entre las dos paredes y con un volcán ardiente en el suelo, a Numbuh 1 se lo ocurrió un plan de último minuto. Saltando en el aire, arrojó su gancho y se precipitó en el vacío. Justo cuando parecía que su destino estaba seññado, sacó un segundo gancho y lo arrojó al niño Encantador más cercano, enredándose en su cabeza y cayendo en la plataforma, dejando al quinteto en el piso. Una vez hecho esto, la habitación desapareció, siendo sustituida por un enorme laberinto.

-Bueno, aún tenemos el plan C. No podrás escapar de nuestro laberinto.

-ja. Apuesto a que ustedes tampoco.

-Ah, bueno... ¡No importa! –De repente, Leni, el chico con el casco de fútbol, sacó un reloj de pulsera y sonrió-. Hmm, ¿qué hora es?

-No me digan que ya se les pasó su hora de jugar. Bueno, porque si es así, voy a patearlos hasta que me digan cómo salir de esta trampa.

-Oh, directo a la acción, igual que el idiota de Numbuh 4, ¿eh, Nigel? Pero no, no es eso. De hecho, el juego apenas está comenzando.

De repente, Una extraña sustancia verde empezó a caer del techo, mientras los cinco niños unidos se cubrían con un paraguas.

-¿Eso es brócoli?

-Sí. Y a diferencia de ti, nosotros ya hemos comido nuestra ración del día. Ja, ja, ja.

-¡nooo!

Y con eso, Numbuh 1 acababa de quedar fuera de combate.

-Bien hecho, mis niños encatadores –dijo Padre, saliendo de un costado-. El plan ha salido a la perfección.

Minutos después, cuatro niños yacían en celdas individuales enfrentadas, en el interior de un oscuro sótano. Pronto, un fuerte sonido de una alarma los despertó, haciéndolos darse cuenta de su situación actual.

-¿Dónde estamos? –dijo Numbuh 2, frotándose la cabeza-. Lo último que recuerdo es a Numbuh 5...

-¿En serio? ¿Viste a Numbuh 5? ¡porque habría acabado con esos estúpidos escupisaurios si un extraño con capucha no me hubiera golpeado!

-¡Numbuh 4, estás bien! –gritó 3, sonriendo-. ¡Qué alivio!

-Bueno, les estaba dando sus pataditas a esos tontos de la Otra Cuadra, cuando una lluvia de brócoli me golpeó –confesó su líder, acariciándose su cabeza calva, sorprendido por encontrarla limpia.

-Podemos aclarar eso –dijeron cinco voces al unísono; cinco voces muy detestadas por ellos-. Pero es hora de que alguien más se una a la diversión. ¿Jefa, harías el honor?

-¿Desde cuando esos tontitos tienen una jefa? ¿No era el Padre? ¡Oh, claro, el Padre ahora es una niña! ¡Bravo! –exclamó 3, alegremente.

Pero cuando los cinco enemigos jurados del Sector V aparecieron, quien los acompañaba no era el Padre, sino otra persona. Una que, en realidad, esperaban y no esperaban ver.

-¿Numbuh 5? –dijeron los cuatro a la vez. eran los más sorprendidos-. ¿Qué está pasando aquí?

-Preferiría que me llamaran, simplemente, Abby.

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