El vestido de novia
La decisión más complicada al contraer nupcias es el vestido que portará la novia. Bulma sabía que en cualquier vestido se vería radiante, pero ninguno le convencía, revisó miles de catálogos y no podía elegir ninguno. Buscaba un diseño elegante y llamativo, sin caer en la incomodidad.
Para aliviar su frustración salió a trotar por los alrededores. Vegeta tenía razón no podía confiarse en su figura. Sabio consejo de saiyajin, hasta él estaba poniendo de su parte para ayudarle con los preparativos, pero no podía decir lo mismo de su dama de honor ni de su futuro esposo.
-Necesito un vestido de novia –jadeó con frustración mientras avanzaba.
-Necesito un traje de pelea –la interrumpió Vegeta.
-Es más urgente mi vestido –respondió Bulma sin dejar de trotar –¡la pelea con los androides es en dos años! Mi boda es en unos meses.
Vegeta la sostuvo para llevársela cargando, pese a los gritos y patadas de Bulma avanzó con paso firme a los laboratorios, su plan era encerrarla para que terminara su traje. Entrenar con ropa terrícola lo fastidiaba, no era digno de un guerrero como él.
-¿A dónde me llevas energúmeno? –lo pateaba y mordía Bulma -¡suéltame!
-Te encerraré con llave y no te dejaré salir hasta que tengas mi traje listo –le ordenó.
-No puedes hacer eso, a medio día tengo cita con Gokú para elegir mi vestido de novia –le dijo forcejeando.
-Entrega mi traje de pelea y podrás ir donde quieras –expresó serio.
-Mira –respiró Bulma-tengo casi listo tu traje, es un prototipo y faltan algunos detalles –se quejó incómoda por el agarre –bájame y puedo intentar terminarlo.
Vegeta la dejó caer sin previo aviso. El cuerpo de Bulma bajó en caída libre ante la sorpresa.
-¡Bruto animal! –se quejó sobando su trasero.
-Te acompaño para verificar que te pongas a trabajar como se debe –dijo cruzándose de brazos.
Varios minutos más tarde Bulma seguía dando las últimas puntadas al spandex de la armadura, mientras que Vegeta probaba sus guantes y botas.
-Decente –calificó las partes que se probó.
-¡Es un prototipo! –dijo Bulma pausadamente torciendo los ojos.
-En eso inviertes tu tiempo –Vegeta tomó las revistas de moda para novias que Bulma tenía en su zona de trabajo.
-Necesito un vestido de novia –comentó Bulma al tiempo que casi se pincha el dedo.
Vegeta tomó levantó la revista para mostrar a la mujer un modelo de vestido.
-Muy transparente –negó Bulma -Demasiado incómodo
El saiyajin volvió a pasar otra página
-¡Eso ni siquiera parece un vestido de novia! –dijo Bulma con repulsión.
-Pacería que traes una gallina colgando –Exclamó Vegeta riendo al notar las plumas del atuendo.
-El indicado para una mujer vulgar –Señaló el príncipe con el siguiente modelo
-Demasiado escote –dijo la científica al ver un vestido que no dejaba nada a la imaginación –se puede salir una chica en plena fiesta –rió al pensar en la escena -Comienzo a desesperarme, estoy a nada de buscar las esferas del dragón para pedirle a Shen long mi vestido ideal -suspiró ansiosa.
-Excesivo drama para una simple ropa ¡todos son del mismo color!- Se molestó Vegeta
-Es la tradición, debe ser blanco y tal vez con algún adorno en otro color –le explicó Bulma.
-Existe una amplia gama de colores ¿por qué blanco? –preguntó curioso por las tradiciones terrícolas.
-Para simbolizar la pureza e inocencia de la novia – explicó sin pausar su labor.
-Lo que tú tienes de pura e inocente, lo tengo yo de buena persona –comentó divertido ante lo disparatado del simbolismo.
-¡Qué gracioso! –se ofendió –¡Tú qué vas a saber!
-Por favor –torció los ojos Vegeta –Te he escuchado con el insecto.
El rostro de Bulma se tornó de un rojo intenso. Olvidó que los saiyajines tienen excelente olfato y oído. Siempre fue cuidadosa con Yamcha pero una que otra ocasión las cosas se salían de control llegando a tener intimidad en diferentes lugares de la casa, salir de la rutina era la excusa.
-Es la primera vez que te quedas sin palabras –se burló el príncipe.
Bulma aclaró la garganta para intentar refutar algo pero no le llegaban las ideas.
-¿Cuántos aparte del insecto? –preguntó Vegeta fingiendo desinterés y fijando la mirada en la revista de vestidos.
-¿Qué clase de pregunta es esa? –Bulma pausó el trabajo con la armadura.
-Por matar el tiempo –dijo indiferente –Supongo que son muchos que perdiste la cuenta –sugirió para rescatar información.
-Te equivocas –expresó sintiéndose insultada –dos –pronunció volviendo a su labor.
-¿Dos? –el saiyajin repitió incrédulo.
-El primero no cuenta, ni si quiera tenía idea de dónde ponerlo –rió Bulma recordando su anécdota de adolescente –el segundo sabes quién es –ella volvió a reír al recordar que al inicio Yamcha tampoco sabía dónde ponerlo.
-El tercero sé quién a va ser –pensó Vegeta intentando contener la sonrisa.
-¿Qué hay de ti? –preguntó Bulma regresando a su trabajo.
-Las necesarias para el momento –respondió haciendo una fría mueca.
-¿Las tomabas por voluntad propia o forzadas? –ahora la curiosa era ella.
-De todo –confesó sin ningún pudor.
Bulma sintió escalofríos solo de pensar en la frialdad con la que Vegeta hablaba de tomar a la fuerza a una hembra. Eso le recordó con quién estaba tratando y las razones por las que debía mantener su distancia. Sin embargo tenía pensamientos encontrados sentía que en el fondo no era tan malvado como se mostraba.
-Listo –sonrió Bulma orgullosa de su creación –es un prototipo.
-Espero que la mejores –dijo Vegeta arrebatando su nuevo traje de pelea.
-¡Gracias muchacha terrícola! –Bulma imitó la voz de su huésped al ver que no recibía agradecimiento alguno.
Vegeta se giró no sin antes arrojarle una revista con una página doblada. Desconcertada Bulma miró la imagen señalada, era un vestido de novia con cintura vasca, varias capas de tul y en el talle tenía una cinta color lavanda pero bien podría ser remplazada por alguna tonalidad de rojo.
-¡Es perfecto! –exclamó Bulma -¿cómo no lo noté antes?
Ya con una mejor idea de lo que buscaba sería menos complicado medirse vestidos para solicitar a su diseñador el modelo que tenía en mente.
A veces hasta pensaba que Vegeta en el poco tiempo de convivir con ella estaba llegando a conocerla bien, pues era un hombre muy observador y no perdía de vista los detalles.
-¡Ay si no fuera un cretino sanguinario! –suspiró Bulma –Y yo una mujer comprometida –sacudió la cabeza al pensar en tal disparate.
Dos mujeres y un guerrero cruzaron la entrada de la tienda de vestidos. En un inicio Bulma estuvo temerosa de que su amigo se acompañara de su esposa. El último encuentro con Milk estuvo bastante ríspido. Le tranquilizó saber que había superado los celos para apoyarla en la elección del vestido de novia.
Milk por su parte no acudió de tan buena manera, pero tenía que cuidar a su esposo de las garras de Bulma y ayudar un poco a meter ciertas intrigas en el pensamiento de la novia para que desertara de casarse con Yamcha.
-Este se te vería muy bien –sugirió Gokú mostrando un propuesta que tomó del monto de ropa.
-¡Eso es un mantel! –con tuvo la risa Bulma
-Ay mi Gokú –suspiró Milk negando con la cabeza.
-Disculpa -llamó a una joven –Podrías mostrarme todos los vestidos que tienen de cintura vasca.
-Señorita, tiene una buena figura ¿no le gustaría ver los corte sirena? –propuso la chica.
-¡No! –gritó Bulma –¡Quiero un vestido de cintura vasca!
-Veo que ya tienes en mente el modelo –comentó Milk intentando aminorar el mal humor de Bulma.
-Vengan por aquí –los guió la chica bastante nerviosa.
-Entraremos al probador –le dijo Bulma al saiyajin mientras que la esposa de su amigo la siguió.
-¿Emocionada? –preguntó Milk intentando hacer conversación. Además le prometió a Gokú ayudarle a impedir la boda, así que necesitaba lavarle la mente a Bulma.
-¡Excesivamente emocionada! –sonrió Bulma mientras se desnudaba para probarse el primer vestido.
-¿Cómo te lo propuso? –preguntó desabotonando el vestido que se iba a probar Bulma –supongo que Yamcha sí sabía que el matrimonio no era comida.
-Pudo ser una hermosa propuesta –rió Bulma –Si Vegeta no se hubiese entrometido.
-¿Qué hizo Vegeta? –se acomodó para escuchar mejor la historia, esos datos podrían ser valiosos para asegurar la existencia del chico del futuro.
-La entrada de la corporación estaba súper decorada con miles de flores, había una orquesta tocando en vivo y el anillo era tan brillante –sonrió Bulma –pero cuando miré la escena estaba Vegeta sosteniendo el anillo en lugar de Yamcha–manoteó explicando -¿Puedes creerlo?
-¡No! –ahogó un grito Milk.
-De la impresión me desmayé y terminé en la enfermería –dijo cubriendo sus senos para mirar a la esposa de su dama de honor –Ayúdame a colocarme el vestido –le pidió.
-¿Qué hacía allí Vegeta? –le preguntó mientras pasaba el vestido por encima de la mujer de pelo azul.
-Ni idea –se acomodó para que entrara mejor el vestido.
-Eso es extraño –le decía Milk al tiempo que abotonaba la espalda del vestido –Pareciera que le gustas.
Bulma no sabía que contestar ante el comentario mientras observaba cómo se veía el atuendo notó un gran sonrojo en sus mejillas. Se asustó por comportarse como una vil adolescente que se sonroja con la burla del chico que le gusta, pero obvio a ella ya no le gustaba Vegeta.
-¿Qué te parece? –Bulma cambió de tema. Intentó concentrase en los preparativos de su boda. Giró su cuerpo para apreciar mejor el vuelo del tul.
-Es muy hermoso –expresó Milk.
-Lo sé –sonrió Bulma –Estos adornos aún no me convencen –miró una parte del la cadera. –Probemos aquel –señaló la otra opción del mismo corte.
-¿Qué tal es vivir con Vegeta? –preguntó Milk insistiendo el tema.
-Nada extraordinario –pujó la científica cuando intentaba sacarse el vestido –Si no fuera porque ha tenido un par de accidentes en la cámara de gravedad y por el arsenal de comida que se debe preparar, pasaría desapercibida su estancia.
-Dices que solamente aparece cuando hay una propuesta de matrimonio – sugirió Milk –ah y eso de comer bien creo que es mal de saiyajines.
-No tienen fondo y están obsesionados con ser los más fuertes –torció los ojos Bulma.
-Pero son excelentes amantes –dijo Milk un poco apenada.
La mente de Bulma proceso ese dato con suma velocidad, si Gokú que era hasta cierto punto algo inocente tenía esa reputación, no imaginaba lo fiero que podría ser Vegeta en la cama. El calor se apoderó de su cuerpo y generó un cosquilleo en su vientre.
Milk notó la reacción de Bulma al escuchar el comentario, sus sospechas eran ciertas. La heredera de CC quería una boda espectacular, no quería ser la esposa de Yamcha porque al mencionar el nombre de su huésped le evidenciaba la atracción que sentía por él.
-¡Lo encontré! –Gritó Bulma emocionada con su vestido –simplemente necesita un toque en rojo.
Bulma salió corriendo a mostrar el vestido a su dama de honor, quien animado comía los bocadillos que la tienda le ofrecía para aminorar la espera.
-¿Qué tal? –lo modeló Bulma en los pasillos.
-Es muy bonito –expresó Gokú con la boca llena de pastelillos.
-¡No hables con la boca llena! –lo reprendió su mujer –estamos en un lugar con gente sofisticada.
La científica continuaba mirando el elegante vestido, se mostraba embelesada con su elección. Giraba de un lado a otro para mirarse en todos los ángulos posibles.
-Lástima que será una compra inútil –le susurró Milk a Gokú –parece que no necesitamos hacer gran esfuerzo para sabotear esa unión.
-¿De qué hablas? –musitó Goku.
-Por la vaga conversación que tuvimos creo que Vegeta y Bulma se gustan pero ninguno hace algo por dar el siguiente paso –Se cercioró de que la científica no escuchara su conversación.
-¿Debemos hacer algo para ayudarlos? –preguntó Gokú tomando otros bocadillos.
-No lo creo prudente, mejor debemos evidenciar las infidelidades de Yamcha –sugirió Milk –podrías acompañar a los muchachos a la despedida de soltero y teletransportar a Bulma cuando su futuro esposo esté con otra chica.
-Excelente idea –sonrió Gokú.
Por la noche un cansado Vegeta ingresaba al edificio de la Corporación, se arrepentía de invertir demasiado tiempo de entrenamiento en supervisar los últimos detalles en su nuevo traje de batalla. La futura madre de su hijo era más útil de lo que pensó, el prototipo de armadura superó sus expectativas. Obviamente no le diría eso, no le iba a dar el gusto de acrecentar su ego.
-¿Qué haces? –preguntó incómodo al verla intentado acomodar su calzado, estaba inclinada y la vista de su trasero era maravillosa desde ese ángulo.
-Ah, hola –se levantó Bulma –no pensé que estuvieras por los alrededores. Se te ve muy bien esa armadura –hizo un guiño coqueto.
Vegeta trasudaba más de lo normal, la pose de la terrícola lo incitaba a tomarla allí mismo. Embestirla por detrás hasta saciar sus más bajas pasiones.
-Toma –le extendió una cada rectangular –son bocadillos, te los ganaste por ayudarme a elegir el vestido, te los quería dejar como sorpresa.
Al príncipe le llamó la atención la estatura de Bulma, los tacones que portaba la hacían mirarse más alta, ¡inclusive más alta que él!
-¿Te gustan? –sonrió Bulma intuyendo que Vegeta observaba su calzado –acompañarán mi vestido de novia, podría dormir con ellos, ¡Son divinos!
-No me interesan tus absurdas elecciones–Vegeta se cruzó de brazos para controlar las emociones que le despertaba la presencia de Bulma.
-Te Veo pronto –se despidió animada. Seguía en una nube por lograr seleccionar el vestido perfecto y los zapatos.
La chica avanzó contoneándose más de lo normal. Los malditos tacones le resaltaban el bien formado trasero.
Una sonrisa traviesa se le cruzó en los labios. No podía percibir el ki, pero sin duda Vegeta se descontroló al encontrarla "acomodando sus tacones". Habría rogado a Kamisama que la tomara allí mismo, solo por comprobar si lo que Milk decía era cierto. Esa idea que los saiyajines aparte de fuertes eran excelentes amantes.
-¡Método científico! –soltó la carcajada cuando ingresó a su habitación.
Aparte de seleccionar el vestido y las zapatillas, eligió un atuendo para la noche de bodas. Era importante su primer noche sexual de esposos y habría que darle intensidad.
Cualquier novia elegiría una sensual lencería blanca con su respectivo ligero. Pero ella era Bulma Briefs, debía romper los esquemas. Eligió un indumentaria en cuero blanco estilo dominatrix. Dudó entre acompañarla de una fusta o un látigo, optó la primera opción.
En su habitación frente al espejo de cuerpo entero posó con el traje y la fusta, por un momento se imaginó con Vegeta en la noche de bodas, dominándolo y sometiéndolo.
-¿No tienes calor usando ropa de cuero?- le preguntó un curioso Gokú que apareció de la nada
Bulma lanzó tremendo grito con una mezcla de enojo y pena. Ese sonido no pasó desapercibido por Vegeta que en un parpadeo estaba en la habitación de la mujer. Al cruzar el umbral de la puerta sus ojos de abrieron de par en par, miró a Bulma golpeando a Kakaroto con una fusta. Esa escenas no eran en absoluto normales, las alcanzó a mirar en televisión y tenían un simbolismo sexual.
Gokú por su parte emitía sus sonidos característicos de dolor, era un hombre fuerte pero cuando tenía la guardia baja podía sentir el dolor del cuero golpeando su espalda.
-¡¿Qué demonios?! –gritó Vegeta sumamente irritado.
-¡Vegeta! –exclamó un apenado Gokú, con seguridad su rival le cortaría la cabeza por estar con la futura madre de su hijo.
Bulma volvió a gritar cuando vio al príncipe. Cualquier mujer en el universo habría dado gracias por tener a dos guerreros en su habitación, pero no, ella era una mujer comprometida y por muy tentador que sonara un trío había hecho un compromiso. Fantaseaba con Vegeta pero eso no era traicionar a su novio.
-¡Fuera de aquí los dos! –gritó empujándolos -¡Par de pervertidos!
Los saiyajines acalorados y recargados en el marco de la puerta suspiraron. Gokú recordó que solamente iba a preguntarle a Bulma por el suéter de Milk.
-Bulma –tocó Gokú desde fuera de la habitación –solamente venía preguntarte por el suéter de Milk.
-Lo dejé colgado en el pórtico –gritó Bulma que aún se escuchaba enfadada.
Fuera de la habitación Gokú no sabía cómo explicarle a Vegeta la situación incómoda en la que los encontró.
-No es lo que piensas –se excusó el saiyajin más joven.
-Hmp –alcanzó a gruñir Vegeta para retirarse de la vista de su némesis.
-¿Qué tal el entrenamiento? –preguntó por hacer plática.
-Kakaroto es bastante estúpida tu forma de hacer plática –le respondió molesto –pero te diré que he tenido grandes avances y dentro de poco me iré al espacio para lograr mi transformación –respondió entrando en la nave.
-¡No te puedes ir!, ¡Tienes una boda que impedir! –Gokú se tapó la boca, otra vez se le escapó el comentario.
-No sigas fingiendo, es obvio quien es la madre del chico del futuro –lo miró torciendo los ojos.
-Entonces tienes que hacer algo ¡no te puedes ir!-le rogaba Gokú.
-No haré nada, debo enfocarme en mi entrenamiento, si en el destino está que en ésta línea temporal no exista el muchacho, no veo problema –le dijo indiferente.
-¡Vegeta es tu hijo! –insistió.
-Un hijo que no ha nacido y que aún no figura su existencia –respondió Vegeta sin mirar a su rival y alejándose.
Frustrado Gokú se rascó la cabeza. Ese Vegeta necio y orgulloso como siempre, pensó. Ahora la esperanza estaba puesta en la despedida de soltero de Yamcha y rogaba porque el príncipe regresara a tiempo del espacio para engendrar a su hijo.
Vegeta por su parte odiaba que otros pensaran que él un guerrero cruel y despiadado pudiese sentir afecto por Bulma. El amor romántico no era parte de su sistema. Tenía meses planeando su viaje al espacio, no lo pospondría por una maldita hembra, ni aunque le diera un heredero capaz de vengar su raza.
Se daría el lujo de regresar unos días antes de la boda, tentaría al destino alejándose. Apuntaba a que la mujer terrícola notara su ausencia, iba a jugársela con una estrategia en extremo arriesgada. Confiaba que a su regreso ella lo estaría esperando con los brazos y las piernas abiertas.
Próxima entrega:
La despedida de soltera
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