Despertó en su cama, como si de un día normal se tratara, pero el punzante y enorme dolor le hizo ver que de normal no tenía nada, su esposo estaba junto a ella.

—Sabes que odio que hagas eso — Dijo Elsa intentando contener las lágrimas —. Prometiste que jamás volverías a hacerlo.

—Lo lamento, mi amor — Intentó tomar la mano de su esposa, pero ella la apartó —. Elsa, sabes que siempre he querido lo mejor para ti.

—Esto no es lo mejor para mí — Comentó ella.

—Yo sé lo que es mejor para ti, Elsa — Aseguró su esposo.

—No quiero que me apagues cada que no estoy de acuerdo contigo o quiero tomar una decisión por mi cuenta — Dijo ella —. Dices que soy una persona y que no debería sentirme como si yo fuese uno de tus robots, pero ¿Tengo un botón de apagado?, además jamás me dejas elegir sobre mi persona.

—Los dos sabemos a lo que te llevaron tus decisiones — Instantáneamente Alistair se arrepintió de sus palabras —. No quiero perderte, Elsa, quiero que seas feliz.

—Entonces déjame en paz — Dijo — ya no quiero ser parte de tus estúpidos inventos, ni siquiera te importa lo mucho que me lástimas.

—Claro que me importa, Elsa.

—No, no te importa — Aseguró molesta —. Tengo que fingir que me siento de maravilla para que no se te ocurra querer solucionar hasta el más mínimo defecto en mi con un invento que ni siquiera está probado, se supone que juraste ante la ley no hacer pruebas en humanos hasta que el invento fuese considerado seguro.

—Ibas a morir si esperaba.

—¡Pero ya estoy bien, ya no estoy en peligro! — Exclamó la mujer — Cuando los médicos dijeron que yo iba a morir tenía mucho miedo y me preocupaba que jamás te recuperaras de eso, que vivieras con miedo de que algo así podría volver a pasarte — Dijo ella —, me dolía ver cómo tú te aferrabas a encontrar a un médico capaz de salvarme, te negaste a dejarme ir y cuando lograste inventar una manera en que yo podría continuar con vida… pensé que todo estaría bien.

—Y lo estará, mi amor.

—Cuando me dijiste lo que habías hecho yo no pude evitar sentirme como una especie de fenómeno, pero tú me dijiste que era como tener unas cuantas prótesis solo que no se notaban a simple vista y lo acepté — Dijo ella — acepté vivir con ello y pensé que juntos aprenderíamos a vivir con lo que pasó y lo superaríamos, pero no dejas de…

—No eres ningún robot, eres una persona — Le aseguró él —. Eres la Elsa de siempre, mí Elsa.

Ella desvió la mirada, sintiéndose sin emergías para tener una discusión.

—Ordenaré una pizza y podemos ver la película que tú quieras — Habló Alistair, al notar que ella no respondía intento con otra cosa — Puedo quedarme contigo toda la semana, en caso de que quieras hacer un maratón de Harry Potter.

—Quiero que te vayas — Susurró la rubia sin voltear a mirarle.

—Sé que ahora te parece difícil de creer, pero algún día me agradecerás todo lo que he hecho, Els — Dijo él antes de abandonar la habitación.

La rubia hizo un gran esfuerzo para sentarse en la cama y tomó su teléfono mientras miraba desesperanzada el no tener a quien acudir.

Tras el accidente se había encargado de apartar a todo aquel que se había interesado en ella porque se sentía terriblemente avergonzada. Manteniendo contacto únicamente con su hermana para que al menos supiera que seguía con vida.

Negándose a volver a hablar con sus padres tras unas crueles palabras que le dijeron, así como tampoco deseaba volver a su país natal; Elsa estaba sola, no tenía a donde ir. Sólo tenía a Alistair, aunque deseara alejarse y pudiera hacerlo, ella no sabría a donde ir.

En redes sociales solo tenía agregadas a amistades de su esposo y algunos viejos conocidos de cuando vivía en Noruega, pero a nadie a quien pudiese considerar un amigo.

Además, ¿A quién podría contarle lo que le pasaba?

Deslizó su dedo por la pantalla y le apareció el perfil de Tadashi Hamada como recomendación, envió una solicitud de amistad sin razón alguna; en realidad aunque él parecía un buen chico, no había forma en que pudiera iniciar y mantener una conversación con él, además sería raro contarle sus problemas a Hamada.

Probablemente de contarle sus problemas a alguien, le gustaría que fuese a alguien que no se interesara o no le pusiera atención en lo absoluto, así al menos sentiría un alivio de decirlo en voz alta sin que terribles consecuencias aparecieran.

Una notificación apareció, siendo una solicitud de amistad de Hans Westergard.

—Idiota — Susurró ella, pero la aceptó ya que una discusión con el pelirrojo al menos la distraería.

—Pensé que estarías ocupada atendiendo asuntos personales — Recibió rápidamente un mensaje por parte de Hans.

—¿Qué te hace pensar que no estoy haciendo justo eso? — Respondió por mensaje.

—Enviarle una solicitud de amistad a Hamada no parece ser un asunto personal — Escribió él — A menos que Hamada sea un asunto bastante personal — Añadió un emoticón que volvía aquellas palabras algo sugerente.

—¿Acaso quieres que Hamada sea tu asunto personal? Porque no entiendo porque me reclamas que le envié una simple solicitud de amistad — Replicó ella —. No voy a robarte a tu novio, Princesa.

—Tadashi no es mi novio, no entiendo porque últimamente les encanta suponer eso — Contestó Hans.

—Pensé que los programas de prácticas eran exigentes, pero al parecer tú tienes mucho tiempo libre para enviarle mensajes a tú jefa.

—Creí que habías dicho que tú no eras la jefa, sino nuestra agradable compañera de trabajo — Le recordó él.

—Justo ahora no estoy trabajando ¿O sí?

Por un segundo sonrió, era agradable charlar con alguien que no la tratase como una cosa extraña o una frágil muñeca que podría romperse en mil pedazos.

—En ese caso no estoy tomándome un descanso, estoy hablando con mi jefa y no es algo que pueda ignorar, ¿O sí? — Elsa rodó los ojos — No quiero meterme en graves problemas por ignorarla.

—Estoy en casa, en cama — Escribió ella.

— ¿Y qué traes puesto? — Ella abrió los ojos sorprendida y desconcertada al leer ese último mensaje — Es broma — Se apresuró a escribir Hans — Supongo que esa es una conversación que esperabas tener con Hamada, el pobre casi sufre un infarto cuando recibió una solicitud de amistad de la jefa, yo pensé que había sido un error, pero al parecer no.

—No tengo esa clase de interés en Hamada, creo que es necesario aclararlo — Envió ella.

—¿Y tienes esa clase de interés en mí? — Volvió a hacer uso del mismo emoticón.

—Ni en tus mejores sueños, Westergard.