Capítulo 18
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A pesar de lo distraída que solía ser, aquel día Karin no podía concentrarse en el paisaje, quizá porque lo dejaban atrás rápidamente, o por el hecho de Shikamaru tenía días un tanto esquivo. Desde aquella noche en la terraza que buscaba el valor para enfrentar a Shikamaru, pero simplemente no lo encontraba, y cuando podía aferrarse a algo, el saco en el que lo echaba parecía encontrarse roto, pues por más valor que acumulara, nunca parecía ser suficiente.
Tamborileó los dedos sobre el alfeizar de la ventanilla y miró unos momentos a Shikamaru por el rabillo del ojo; se relajó al instante, el muchacho estaba completamente dormido a lado de ella. Se recargó en el asiento, adoptando una postura un tanto desgarbada y lo miró descaradamente, queriendo, con ansias, saber qué era lo que mantenía receloso en esa cabecita suya.
Desvió la mirada, volviéndola cobardemente a la ventana, al verlo removerse en sueños.
Shikamaru parpadeó y se sobresaltó al recordar que se encontraban en el tren. Se enderezó en el asiento, pues se había escurrido en sueños, y miró lo poco que podía apreciar del perfil de Karin. La mano sobre la que descansaba su mentón le ocultaba por completo los ojos, así que tuvo que conformarse con la energía general que rodeaba a la muchacha para darse una idea de si estaba enojada o no con él por haberse quedado dormido.
—¿Dónde estamos? —tanteó.
—… a media hora de Osaka —respondió, suspirando y mirándolo, con una sonrisa monótona en el rostro.
Asintió. —Perdón, me quedé dormido…
Sonrió de nuevo, esta vez su gesto fue genuino y negó una sola vez. Se recargó en el asiento y miró el respaldo que tenía frente a ella… había momentos en los que le daba la impresión de que Shikamaru tenía una idea de lo que había pasado ente ella y Sasuke, pero se obligaba a desechar el pensamiento por lo ilógico que resultaba.
…pero los últimos días aquella idea se había aferrado con fuerza a ella.
—No me dijiste qué tiene de especial el Tenjin matsuri.
—Que no lo has visto.
Le dio un ligero golpe con el codo y aprovechó aquel pequeño momento para recargarse sobre el hombro de Shikamaru, volviendo la mirada a la ventana.
—No conozco ningún otro matsuri, ¿por qué me llevas tan lejos?
—No vamos tan lejos… y solo vamos a distraernos.
—¿De qué?
—De todo lo que nos atormenta en casa.
Movió la cabeza y lo miró unos momentos, encontrándose con el gesto habitual de una ceja enarcada. Volvió la mirada a la ventana, sin poder evitar juntar un poco sus cejas, confundida. Aquellos temas habían flotado alrededor de ellos, ella había compartido con él uno de esos días de crisis y llanto desconsolado, y aunque no se había permitido consumirse como ella, también había abierto un poco su corazón… pero nunca había admitido abiertamente que escapaba de ellos.
—Creí que tú serías de los que piensan que hay que atacar el problema de frente.
—Si lo pienso —aseguró, aunque no lo hubiera practicado los últimos meses. —Pero ir a un festival no hará daño… la distancia ayuda a tener une perspectiva más parcial, podrás meditar todo lo que quieras mientras tomas un baño.
Desvió la mirada al sentir que la cabeza se movía para que la muchacha pudiera verlo y se rascó la nuca, ligeramente avergonzado.
—… ok —murmuró, burlándose de él.
Los ojos volvieron a mirar los arrozales que había al otro lado de la ventana. Por primera vez en un par de semanas aquel extraño semblante asustado y triste se esfumaba del rostro de la muchacha; la sonrisa solo creció un poco más al encontrarse en su destino y ver que ya comenzaba a hacer mella el ajetreo del festival que iban a presenciar.
Aquel espiral de depresión que la había agobiado se desvaneció durante esos dos días de desfiles, música, comida y fuegos artificiales.
Por primera vez, desde su relación fallida con Temari, Shikamaru se deleitó con el gesto de emoción inocente que se apoderaba del rostro de la muchacha cada que veía una carroza nueva y toda la alegoría que venía con ella. Anduvieron apretándose entre la gente, comiendo tanta comida callejera que se prometieron mentalmente no comer en una semana. El ajetreo y las actividades les habían dejado muy pocas ventanas para hablar, o siquiera acordarse de aquello de lo que habían huido al subirse al tren tan temprano en la mañana y el final del día los atrapó agotados, apretados el uno contra el otro sobre aquella diminuta parcela, rodeados de centenares, quizá millares, de personas. Luchaban por el único abanico que habían sido capaces de conseguir, robándose los turnos para refrescarse o alargando el que les correspondía
Karin no había podido alejar aquella idea en los momentos en que no tenían distracciones y en esos momentos la consumía una necesidad que no podría contener por el resto de la noche.
—¿Qué tienes?
Shikamaru la miró, confundido. —¿De qué hablas?
—No lo sé bien… tienes días comportándote diferente.
—¿Desde cuándo le estás dando vueltas a eso?
Sonrojada, desvió la mirada, fingiéndose indignada. —Al principio me dio igual… pero después de unos días es difícil ignorarlo —declaró —, no tienes que decirme si no quieres.
—Me ahogo en un vaso de agua —murmuró, sarcástico, buscando con la mirada a un vendedor. —Espera…
Las yukata ayudaban a combatir el calor pegajoso, habitual de las playas y las zonas cercanas al mar, que solo empeoraba con el apogeo del verano. Karin aprovechó que Shikamaru se distrajera buscando a algún vendedor de bebidas para abanicarse un poco más, sus ojos expectantes, esperaba con ansias el espectáculo de pirotecnia.
Cuando Shikamaru consiguió las cervezas, le dio el vaso sin demasiada ceremonia y tras un refrescante trago, exhaló y miró al frente.
—… es lo mismo de siempre —murmuró.
—¿Qué pasó?
Se encogió de hombros. —No lo sé… solo tuve unos de esos días raros.
—¿Cómo cuando toqué fondo?
—Yo no estoy tocando fondo —aseguró, con un dejo de sonrisa en los labios, pero sin mirarla.
Negó. —... tú estás cayendo aun.
—Yo no estoy...
—Puedes engañar a los demás, pero no a quien ya lo ha vivido —aseguró. —No me engaña tu tranquilidad aparente, ni tus conversaciones inteligentes… pero si ya saliste está bien.
—Lo dices porque eres una experta —la molestó.
—¡Hey, solo tengo un poco de experiencia!
Le mostró la lengua en un gesto infantil pero sonrió de inmediato y se llevó el vaso de cerveza a los labios, buscando una manera de aligerarle la carga a Shikamaru, después de todo estaban de vacaciones; pero los dedos del muchacho se entrelazaron, discretamente, con los suyos, y aunque no era extraño que se tomaran de la mano, aquel acercamiento se sintió diferente aquel día.
Miró sus manos en silencio, luego lo miró a él, los ojos negros estaban fijos en ella.
—¿Quieres el abanico? —murmuró, sin saber qué otra cosa decir, y tragándose una imprudencia.
Shikamaru se estiró para tomarlo de su mano y aprovechó el movimiento para depositarle un suave beso en los labios… ahí, enfrente de tanta gente. Sonrojada, agachó el rostro cuando el contacto se vio interrumpido, y apreció los primeros colores que explotaron en el viento, a través de los reflejos sobre el suelo. Una sonrisa creció en sus labios, pero se estancó ante un pensamiento intrusivo. Miró de nuevo a Shikamaru y luego a los fuegos artificiales, pero no pudo disfrutarlos.
—¿Quieres cenar? —preguntó Shikamaru, en la privacidad que la dispersión de las masas podía otorgar al final de un largo día.
—No tengo hambre —declaró, sintiendo de pronto el sabor del último bocadillo en la boca.
—Yo tampoco —murmuró, apretando la mano de ella, a la cual se había apoderado en alguna parte del camino.
El camino de regreso al ryokan fue callado, estaban exhaustos, pero se encontraron rodeados de personas que aún tenían energía para ir por ahí riendo, algunos niños aún corrían entre la gente, rodeados de carcajadas. Karin sonrió y estrechó la mano de Shikamaru, sintiendo que podría hacer eso toda la vida si él lo quisiera; miró al muchacho en silencio y luego se acercó un poco más a él, ocultando sin querer sus manos entre la tela de las yukata.
—Gracias por traerme.
—Te estás adelantando, aún queda un día —le recordó, sonriente.
Asintió, pero en su rostro se coló una emoción incomprensible. —Y entonces te agradeceré la experiencia…
Entraron, bostezando, en la habitación. Karin observó en silencio los lechos dispuestos para ellos y la sensación de extrañeza que la había sacudido al llegar más temprano, volvió a recorrerle la piel como un escalofrío.
—¿Crees que haya mucha gente en las regaderas? —preguntó Shikamaru, frotándose el cuello.
Se encogió de hombros, imitándolo. —No lo sé.
—Ah… que problema —murmuró.
Se quedaron en silencio, parpadeando demasiado gracias al cansancio, hasta que se hicieron a la idea de darse un baño y salieron de la habitación, arrastrando los pies, con las toallas echadas al hombro y sus bolsos con los objetos de higiene personal.
Karin no pudo evitar reírse al darse cuenta que caminaba como él, con el mismo cansancio por la vida.
—¿De qué te ríes?
—De ti.
—¿Ahora qué hice?
Pero la única respuesta que obtuvo fue una sonrisa que arrugó ligeramente la nariz de la muchacha y unas cortas sacudidas de la cabeza, que agitaron los cabellos. Aprovechó aquel corto momento y la ausencia de personas ahí afuera, para tomarla por el antebrazo y deslizar su mano sobre él, sintiendo la piel de la muchacha.
Karin juntó las cejas, pero se perdió tras la puerta, confundida, había esperado algún tipo de pregunta o comentario.
Shikamaru se quedó afuera unos momentos, con la mano apretada en un puño, mirando la puerta por la que había desaparecido la muchacha. Al volver a la habitación, se encontró a la pelirroja sentada ante la luz cambiante del televisor, desenredando su cabello, en una habitación que en otras circunstancias hubiera estado completamente oscura; la observó desde la puerta, sorprendido por el tiempo que le había tomado a él bañarse… y por el aroma fresco que aún pululaba en el aire y suponía provenía del cabello de la muchacha.
—¿Qué? —preguntó, bajando el cepillo y mirando detrás de ella.
Sonrió y negó, caminando al centro y sentándose sobre el futón que la muchacha había ignorado. Observó la pantalla del televisor y junto las cejas.
—¿Infomerciales?
—Sí… son divertidos —murmuró, sin despegar la mirada del aparato.
La observó en silencio, con las manos apretadas sobre sus piernas. El cansancio y sueño que lo habían hecho arrastrar los pies durante el trayecto de vuelta al hostal y mientras se duchaba, aunque seguía presente, de pronto no le pesaba igual en los párpados. Se acercó a Karin, consciente de cada fibra que su cuerpo empleada en los movimientos, y detuvo la mano que volvía, indolente, a cepillar una melena que ya estaba completamente desenredada.
Sintió la muñeca y pronto la muchacha giró el cuello para mirarlo. La pregunta se le murió en los labios cuando él le quitó el cepillo de la mano, dejándolo de lado; observó los ojos rojos en silencio, le quitó las gafas y acarició el rostro con cuidado, observando cada centímetro de la piel. La besó suavemente en los labios, pasando sus brazos con cuidado alrededor de ella para estrecharla contra sí.
Karin abrió los ojos y lo observó, sin dejar de besarlo, rodeándole el cuello con los brazos, pero sin estrecharlo con la misma fuerza con la que él hacía con ella.
Ino la atormentaba de nuevo.
Apretó los labios y agachó el rostro cuando Shikamaru se alejó ligeramente de ella. Sonrió, avergonzada, las manos de él temblaron sobre sus hombros antes de darles un pequeño apretón, y evadió su mirada, evitándolo cada vez que intentaba encontrarla.
—¿Qué pasa? —preguntó al fin, alejándose de ella.
—Shikamaru… no sé si pueda hacerlo —murmuró, apretando los puños sobre su regazo y clavando la mirada en el suelo.
—¿Por qué?
La boca se le secó entonces y el corazón le latió con fuerza, apretó los ojos y negó una sola vez. Había llegado el momento.
—Estamos lejos de casa, pero… eso no significa que los problemas no existen más —intentó levantar la mirada y se detuvo. —¿Recuerdas…? T-Tu e Ino y…
—Ino no significada nada y no eres mi amante —se apresuró a decir, aunque el tiempo que tardó en interrumpirla le pareció una eternidad y el corazón se le hundió en el estómago.
Separó los labios para hablar, pero las palabras no salieron. Negó de nuevo y lo miró, estaba consciente de la hora, tenía toda la intención de decirle lo que había pasado con Sasuke y tomar el primer tren de regreso a Konoha.
—Shikamaru…
El gesto que hizo, lo devolvió a todas esas tardes en las que sentía que algo se le escapaba, pero, olvidándose por completo de todas las cosas que ignoraba y de la línea del tiempo, atribuyó aquella desidia al miedo que tenía a ser abandonada una vez Ino volviera a pedirle que fuera con ella. La tomó por los hombros, aferrándose a ella, llevaban meses con ese extraño tango en el que ella siempre terminaba alejándolo.
—Olvida lo que pasó con Ino o quien sea, o lo que sea que te revuelve la cabeza. Estoy contigo. ¿Estás conmigo o no? —preguntó, importándole poco que el ruego hubiera sido demasiado obvio.
—Estoy contigo —aseguró, de inmediato, atropellándose la lengua.
—Entonces lo demás no importa —aseguró y volvió a besarla.
Karin se rindió al sentirlo sobre ella y lo abrazó con fuerza, devolviéndole el beso desesperado en el que se vieron unidos entonces. Se alejó de él en un momento y le tomó el rostro, observándolo con la cambiante claridad que daba el televisor y lo besó en toda la cara.
Sintió la fuerza con la que Karin lo estrechaba, luego de esconder el rostro en el hueco de su cuello, y le besó la frente, devolviéndole el abrazo.
—¿En verdad lo demás no importa? —preguntó, saliendo de su escondite y mirándolo suplicante. —¿Lo que haya pasado antes no importa?
—No —aseguró, besándola de nuevo.
Se recostaron, envueltos en una risa infantil que dejó salir Karin, una que Shikamaru no había escuchado nunca. La observó en silencio unos momentos, grabándose la manera en que el rostro se contraía por el gesto de felicidad que de pronto la adornaba. Pasó una de sus manos sobre la frente de la muchacha, deshaciéndose de los cabellos que le cubrían la frente, y besó la piel una sola vez, juntando luego su frente con la de ella y sonriendo.
Las manos de ella se aferraban suavemente a su yukata, los ojos le brillaban… quizá demasiado.
Karin le rodeó el cuello con los brazos, un extraño bochorno se apoderó de ella al recordar que debajo de las yukata no llevaban demasiada ropa. Lo miró, jugando con los mechones de cabello negro que le cosquilleaban una de las mejillas al mover el rostro, sonrió de nuevo y lo obligó a acercarse, besándolo en los labios, luego en las mejillas, dejando que sus manos se deslizaran sobre el pecho y los hombros de él, debajo de la yukata, sintiendo los labios de él buscar la piel de su cuello, descubriendo sus hombros lentamente.
Miró el techo en silencio, a pesar de la oscuridad, mientras la calidez de Shikamaru se extendía por su cuerpo. Con manos temblorosas lo detuvo cuando estaba cerca de su ombligo y lo miró a los ojos, con unas fuerzas ridículas lo obligó a volver a sus labios, pero lo detuvo antes de que pudieran rosarse; aquella desnudez no la había sentido nunca y la calidez de la piel de Shikamaru contra la suya estaba reverberando profundamente en ella.
Con cuidado acomodó el cabello detrás del oído del muchacho, mordiéndose un labio, las sentía… habían estado ahí las últimas semanas y aquel día se habían aferrado a sus labios, amenazándola con una de las peores traiciones de su vida… pero ya no importaba.
—Te quiero —susurró, besándolo con intensidad, rozándolo suavemente.
—Y yo a ti —aseguró en algún momento, deslizándose lentamente.
Durará lo que tenga que durar.
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Se sorprendió al no ser la primera en despertar, había creído que la costumbre liberaría sus párpados antes de que saliera el sol y que tendría que obligarse a dormir o deslizarse sigilosamente para no interrumpir el sueño de Shikamaru. La habitación seguía oscura y fresca, su desnudez era protegida por una yukata mal puesta y el brazo de Shikamaru le pesaba en la cintura y la mano se aferraba suavemente a la suya.
Sintió el beso que era depositado en su hombro y se encogió un poco, sin poder evitar sonreír.
—Buenos días —susurró Shikamaru, enterrando la cara entre las almohadas y la nuca femenina, estrechándola un poco.
—… buenos días —murmuró.
Jugó con los dedos de Shikamaru, deteniéndose a apreciar aquello que no había experimentado nunca… los recuerdos de la noche anterior estaban frescos en su memoria y no podía evitar sonreír ligeramente ante ellos; de las veces que compartía la cama generalmente no tenía demasiadas recolecciones de lo que había sucedido en ella antes de dormir y nunca había querido quedarse en aquel vacío que imitaba a la intimidad.
El cambio era extraño y agradable. Sonrió ligeramente, ante la idea de no querer que aquel momento se terminara, y se acercó los dedos a los labios, dándole un diminuto beso a cada uno, antes de apretarse contra Shikamaru, con la intención de dormir un poco más.
Felices fiestas les desea esta energúmena que les aprecia mucho c:
Viernes, 18 de diciembre de 2020
