Presentando a la familia
Cadence se sentó con un suspiro cansado en uno de los sillones de su sala privada, feliz de estar ahí para descansar en vez de estar rodeada de un montón de nobles del Imperio. Lo malo de estos, es que al haber estado poco más de mil años bajo un hechizo de suspensión temporal, sus ideas son muy... arcaicas. Aún después de dos años, estaba peleando para conseguir que los trabajadores tengan salarios, derechos, etc, etc. Usando su magia, se sirvió una taza de té para calmar los nervios que esos aristócratas le daban, y aún le quedaba bastante, pues después de su descanso de 5 minutos tendría que volver a la sala del trono. La alicornio no pudo evitar dar otro suspiro, al tiempo que cerraba sus ojos y tomaba un sorbo.
- ¿Día difícil?- dijo una voz desde la puerta.
Al abrir sus ojos, la princesa del amor vio a su esposo Shining Armor entrar en la sala con una sonrisa, con una expresión igual de cansada que ella.
- Ni te lo imaginas, esos nobles necesitan una clase urgente de derechos y libertades poni. ¿Y tú?
- Esos novatos me están dando más problemas de lo esperado. Una carrera de 200 metros alrededor del campo de entrenamiento y ya están al borde de un ataque- dijo Shining mientras se acercaba y se servía otra taza de té, dando un largo sorbo.
- Estoy segura de que su capitán les hará verdaderos soldados- dijo Cadence con una sonrisa.
- ¿Ah, si? ¿Por qué?- contestó su esposo mientras dejaba la taza en la mesita y se aproximaba a la alicornio rosada.
- Porque es el mejor.
Cadence alargó su cuello al tiempo que Shining bajaba la cabeza para darse un beso lleno de amor. El sonido de alguien entrando en la sala los interrumpió, y al girarse, vieron a la asistente de la princesa del amor.
- Esto... ¿Interrumpo algo? Porque puedo irme y...
- No pasa nada, Ruby Heart, puedes pasar- dijo Cadence en un tono amable.- ¿Pasa algo?
- Carta de la princesa Celestia, alteza- dijo la joven terrestre mientras metía su cabeza en la alforja y sacaba un sobre sellado con el sello real de la princesa del sol.
Curiosa, Cadence agarró la carta con su magia y la abrió, lista para leer su contenido.
"Querida Cadence,
Te escribo porque ha pasado algo importante, mi hermana Luna y yo hemos... reconectado la relación con uno de nuestros hermanos. Y dado que eres nuestra sobrina, queremos presentartelo, pues es muy importante para nosotras y él ha expresado su deseo de querer poder llamarte sobrina. Tu marido puede sentirse invitado a venir, es de la familia.
Con cariño,
Princesa Celestia"
Cadence levantó la vista de la nota por vigésima vez, aún sorprendida, y no era para menos, su tía jamás le dijo que tuviera más hermanos aparte de Luna. Su vista se dirigió a la ventanilla del tren, observando el hermoso paisaje que eran los campos y praderas de Ecuestria que se podían ver desde el monte Canterhorn, podía distinguir Ponyville en la distancia y el brillo que desprendía el castillo de la amistad al ser iluminado por el sol. Tanto ella como su esposo tomaron el primer tren de la tarde, y en secreto, la princesa del amor agradeció no tener que tratar con esos nobles.
- ¿Pasa algo?
Cadence se giro para ver a su esposo acercarse desde la mesa del bar privado que se encontraba en su vagón personal, en el que habían estado desde el día anterior. La alicornio dio una pequeña sonrisa e hizo hueco a Shining para que se sentara.
- No es nada importante- comento mientras le daba un suave beso.
- Oye, puedes decirme lo que quieras, estoy aquí para ti.
- Shining, yo...- Cadence dio un suspiro y se rindió, admitiendo que no podría engañar al unicornio.- Sólo estoy preocupada, de lo poco que se sobre la familia de mi tía... este hermano suyo habría estado años sin dirigirles la palabra, solo las habría observado. ¿Por qué venir ahora?
- ¿Tal vez quiere reparar sus errores?
- Tal vez... o quiera algo de ellas...
- Hay algo más, ¿verdad?
- ¿Es que no puedo ocultarte nada?- dijo Cadence con una pequeña risita.
- No, lo llevo en la sangre, una vez vemos un misterio, nos lanzamos a descubrirlo- dijo Shining divertido, compartiendo una risa con su esposa.
Después de un momento, Cadence apoyo su cabeza en el hombro de su esposo, cerrando sus ojos y soltando aquello que le comía la cabeza.
- No paro de pensar en que... si mis padres vinieran un día dispuestos a retomar una relación conmigo después de dejarme sola toda mi vida... ¿podría aceptarlo?
Shining le apretó en su abrazo, transmitiendo su apoyo, apoyo que Cadence aceptó. Varios minutos después, el tren entró en el último túnel que recorría la montaña, para salir a los cinco minutos a las afueras de la capital ecuestre. Tras recorrer las calles, el tren se detuvo en la estación, donde ya esperaba la mismísima Celestia junto a un grupo de guardias y una carroza privada, por no mencionar a los periodistas. La princesa del sol sonrió al ver salir a su sobrina junto a su esposo, dirigiéndose a darle un abrazo a la alicornio rosada.
- Es un placer volver a verte, querida Cadence.
- Igualmente, tía Celestia.
El abrazo entre las dos se profundizó un poco antes de separarse, momento en el que la princesa del sol observo a Shining sonriente.
- También es un placer verte, Shining.
- El placer es mío, alteza- dijo el unicornio mientras se inclinaba.
- Tía- comentó Cadence, queriendo dirigir la conversación al asunto que quería tratar-, ¿qué es eso de un herm...?
- Es mejor tratarlo en el castillo.
Los ojos de Celestia se dirigieron con mucha sutileza hacia los periodistas presentes. Asintiendo, ambos gobernantes de cristal subieron a su transporte, rumbo al castillo. Durante el camino, la alicornio blanca se dedico a hablar de temas para nada coincidentes con el que Cadence quería hablar. No fue hasta que el carruaje cruzó la verja que la princesa suprema de Ecuestria pareció relajarse bastante.
- Bien, he de deciros que mi hermano... no será como creéis. Pase lo que pase, quiero que confíes en mi.
Cadence y Shining se miraron entre sí antes de asentir, a lo que Celestia sonrió satisfecha. El carruaje se detuvo frente a las puertas y los tres ocupantes bajaron para dirigirse al interior del castillo, caminando por sus pasillos en dirección a las alas más privadas. La princesa del Sol se detuvo frente a la puerta que la alicornio rosada reconoció como la sala privada de las princesas, abriendo y revelando una estampa difícil de creer para los gobernantes de cristal.
- Hake Mate, Lulú- dijo Discord mientras golpeaba la figura del rey con su torre, al tiempo que sonreía enormemente.
- ¿De verdad que no haces trampas?- dijo Luna con el ceño fruncido.
- No, son siglos de práctica, querida mía.
- Hola, Discord, ya han llegado- dijo Celestia mientras entraba, observando luego a su sobrina, dejando que una expresión preocupada surcara su rostro.- ¿Pasa algo?
- Yo...- dijo Cadence observando al señor del caos sin saber que decir, este no podía ser su tío, ¿verdad?
- Cadence...- dijo Luna, abandonando su asiento y acercándose a la chica.- Te presento a nuestro hermano, aunque creo que ya lo conoces.
- Si, lo conoce, del día en que nos traicionaste- dijo Shining con rencor y colocándose frente a su esposa de forma protectora, quien lo miró horrorizada.
- ¡Shining!
- Shining, se que estas furioso por eso, pero si pudieras escuchar...- dijo Luna con delicadeza.
- ¿Escuchar qué, alteza? Es Discord, señor del caos, y reformado o no, no es de confianza.
- Shining, calmate- dijo Celestia con fuerza.- Permiteme explicaros... ciertas cosas.
- Eso sería de ayuda- dijo Cadence, dando a su esposo una mirada de advertencia.
En cuanto a Discord, observo todo en silencio, esperando a ver cómo evolucionaba todo, estando atento a la alicornio rosada. Tras una larga explicación, Cadence se quedó en silencio, procesando la información, mientras que Shining seguía pensando que el señor del caos estaba haciendo alguna clase de juego retorcido, y las princesas estaban dentro. Al final, la princesa del amor se decidió a hablar por fin.
- Entonces... ¿decidiste ser un tirano solo para asegurarte de que mis tías cumplieran su destino?
- Eso e impedir que los ponis os destruyerais unos a otros.
- De eso te encargas tu...- susurro Shining, recibiendo un golpe por parte de su esposa, mientras que Discord sólo dio una carcajada divertido.
- Me gustas, siempre desconfiado.
Shining estuvo por replicar pero fue interrumpido por Cadence, quien se acerco al señor del caos lentamente.
- Si lo que dicen mis tías es cierto, eso significa que somos familia, ¿no?
- Eso dicen ellas, lo importante es que tú quieras que sea parte de tu familia.
- Por supuesto que quiero- dijo Cadence con una sonrisa, mirando a su esposo antes de acercarse y extender su casco.- Un placer conocerte, tío Discord.
Por respuesta, el señor del caos optó por agarrarla y embolverla en un fuerte abrazo, Shining por poco se lanza a atacar. Después de unos cuantos minutos, Discord dejó a la alicornio en el suelo, aún sonriente.
- Un placer tenerte en mi familia, querida Cadence, y lo mismo va para ti, Shining.
El aludido fue a decir algo, pero sintió que todos sus malos sentimientos parecían desaparecer poco a poco, observando a Cadence, quien le daba una sonrisa traviesa. Con un suspiro, Shining estrecho la garra de Discord, rendido.
- Bien- dijo Luna feliz.- Una vez resuelto esto, vamos a cenar, debéis estar hambrientos.
Mientras el resto abandonaba la sala, Discord detuvo a su hermana Celestia con una mirada. Una vez solos, el señor del caos observo con una mirada curiosa a la alicornio.
- ¿Quiénes son los padres?
- ¿Perdón?
- Celestia, no soy tonto, detecto muy bien su poder, la esencia de un...
- Un dios, lo se- dijo Celestia con un suspiro.- Pero te juro que no se quienes son sus padres. Un día los guardias me la trajeron, la habían encontrado en la puerta del castillo, una pequeña pegaso con el poder de un dios en su interior, latente. Supe que obviamente era mi sobrina, pero jamás supe quien la dejó ahí, y ninguno de mis hermanos ha decidido decirme nada, así que me decidí a...
- A cuidarla y enseñarla, y luego darle un empujón para desarrollar todo su potencial- dijo Discord con comprensión.- Exactamente lo mismo que hiciste con Twilight.
- Si... la diferencia es que ahora se porque Twilight tiene poder divino, pero ella...
- Descubrire quién te la dejó aquí. Tienes mi palabra, hermanita.
Un flash blanco cubrió el cielo, y al instante apareció Discord, empezando a volar en una dirección en concreto sobre las montañas. Tras casi una hora de viaje, llegó a su destino, una isla en medio de un gran lago, y sobre la montaña más grande de la misma, había un castillo inmenso. Antaño, fue el hogar divino de Harmony y sus hijas, hoy, sólo éstas últimas lo habitaban. El señor del caos se dirigió a las puertas y entró, decidiendo que, por una vez, no esparciría su caos en el lugar, por respeto a su difunta hermana. Durante varios minutos vago por los pasillos, subió una gran escalera, y llegó a una biblioteca en cuyo centro se podía apreciar un orbe por el que se podía ver cualquier lugar del universo. Junto a este, estaba una alicornio que el draconequs conocía bien, quien habló al sentir al dios entrar.
- Hola, tío Discord.
- Un placer verte, Hécate- dijo Discord mientras se dejaba caer en un sillón cercano y hacía que uno de los libros fuera hacia el.- ¿Algo interesante para ver?
- Twilight... esta haciendo un gran trabajo como princesa de la amistad, acaba de liberar a un aldea de una unicornio obsesionada con la igualdad.
- ¿Eso no era algo bueno?
- No cuando para conseguir dicha igualdad se dedica a arrebatar las cutie marks de los demás, quitándoles aquello que los hace únicos.
- Aa, nuestra pequeña Twilight, está logrando grandes cosas.
- Si... ¿Por qué estás aquí?
- Pues mira- dijo Discord mientras devolvía el libro a su sitio y cogía otro.- Me encontré con Cadence, ¿la conoces? Es la sobrina de Celestia, princesa del amor y co-gobernante del Imperio de Cristal.
- La conozco- dijo Hécate sin despegar la vista del orbe, pero sin mirarlo en absoluto.
- Pues eso, que Celestia me la presentó y la acepte como sobrina, pero hay algo que me escamaba, pues tenía el poder de un dios en su interior, y eso solo significa una cosa, o es como Twilight y tiene un antepasado que es un dios, o es hija de uno. Pero Celly me comentó que se la dejaron en su puerta, una noche de tormenta- al decirlo, Hécate levantó sus orejas, único símbolo de que eso le había afectado.- Así que, para averiguarlo, fui a coger mi fiel caldero para ver el pasado y presente, el futuro aún está en fase de pruebas. ¿Te puedes creer que lo tenían en un almacén muerto del asco? Total, que me lo lleve a mi casa y le eche un vistazo a esa noche en específico, y cual fue mi sorpresa al ver que fuiste tú quien la dejó ahí. Ahora solo tengo una pregunta... ¿por qué no te has dignado ni a decirle que eres su madre?
Hécate suspiro profundamente, aún sin apartar su vista del orbe, pensando en que decir.
- Discord, yo...
Al girarse, vio que su tío había abandonado todo atizbo de diversión en su rostro. Dejó el libro en en la estantería e indicó a su sobrina que intentara explicarse. Hécate dio un largo suspiro antes de volver su vista al orbe, decidiéndose a hablar poco después.
- Hace unos años, sentí a alguien rezándome, cosa que no ha sucedido en más de cuatro mil años, así que sentí curiosidad. Resulta que el que me rezo era un pegaso amante de las aventuras que descubrió un antiguo templo erigido en mi nombre, y decidió leer en voz alta los rezos grabados en las paredes. Me resultó intrigante, y acabe visitándolo varias veces... me enamoré... una diosa y un mortal.
- No es tan raro- dijo Discord con calma, a lo que su sobrina se encogió de hombros.
- Después de dos años conociéndonos, quedé embarazada, no había estado tan feliz en toda mi vida, hasta Amet estaba asombrada de la felicidad que tenía. Pero entonces... el padre murió en un accidente, en busca de un antiguo templo. Y ahí me tienes, dando a luz sin mi amado cerca, y sabía que mi pequeña no podría venir conmigo, tal es la desventaja de los dioses nacidos como mortales. Decidí dejarla con Celestia, para que tuviera a alguien que la ayudara a alcanzar su potencial.
- Eso no explica porque no le has dicho nada de sus orígenes.
- ¿Cómo quieres que lo haga? Además, si se lo hubiera dicho, lo más probable es que no hubiera podido conectarse bien con ningún mortal, si hubiera sabido desde el inicio que por su descendencia divina sería inmortal, ¿habría aceptado el amor? Celestia y Luna aún se rehúsan a aceptarlo, y mira todo lo que vivieron. Eso sin mencionar que le destrozaría el corazón saber que no le he ido a visitar ni una sola vez, ya es tarde para empezar.
- Nunca es demasiado tarde- dijo el señor del caos mientras se acercaba y daba un abrazo a su sobrina.- Pero deberías decírselo pronto.
- Necesito tiempo, tío- dijo Hécate mientras se acurrucaba en el hombro de Discord.- Tengo... tengo que pensarlo... Mientras tanto, no le digas nada... por favor.
Discord asintió lentamente mientras pasaba su garra de león sobre la espalda de su sobrina. Aunque le hubiera gustado que fuera a decirle a su hija la verdad en ese mismo instante, el sabía bien que esas cosas llevaban tiempo.
Discord vagaba libremente por el espacio, dando un paseo por la galaxia madre, pensando en si no debería decirle a su buena amiga Fluttershy la verdad de una buena vez. Acababa de salir de su reunión semanal y no se lo había dicho, ya que estaba en una encrucijada, esperar a un buen momento o decirlo ya. Sacudiendo su cabeza, se decidió a pensar una solución en otro momento, en su lugar, ideó nuevas bromas para sus hermanitas. Puede que hubiera dejado de ser un "villano", pero tenía que seguir haciéndoles bromas, tal como hacía en su infancia, es una obligación, tal como lo dictan las leyes de los hermanos mayores, y lo sabía porque fue el quien las dictó, no por nada, fue el primer hermano mayor del universo.
Cuando se dio cuenta de donde estaba, se topo que se encontraba cerca del agujero negro primordial, centro de la galaxia madre y prisión eterna de su hermano caído en desgracia. Decidiendo que no haría daño a nadie dando un vistazo, se hirguio sobre sus patas traseras y se acerco flotando lentamente. Si hubiera sido otro, habría sido absorbido de inmediato y sin oportunidad de escapar, pero el era el caos, por lo que no estaba atado a las leyes físicas. Estando sólo a un palmo del agujero negro, cerró sus ojos, y al abrirlos, sólo había rojo, observando dentro de la prisión. Discord frunció el ceño, pues no podía encontrar a su hermano, y eso no podía ser posible, por lo que busco con más intensidad aún. Pero la verdad se volvió innegable en poco tiempo, Ares había escapado.
Teniendo un muy mal presentimiento, el señor del caos se lanzó a velocidades imposibles, llegando en muy poco tiempo a Equs, aterrizando en el bosque Everfree. Alzó su pata de águila y chasqueo sus dedos, creando una explosión sonora que se pudo escuchar en todo el mundo y generando una onda expansiva que se extendió a todo el planeta. Discord cerró sus ojos y se concentró, tratando de detectar cualquier perturbación, y cuando detectó la primera, se teletransporto de inmediato a la fuente. Al llegar, se topo con una aldea de Zebrica en ruinas, cultivos destrozados, cabañas ardiendo hasta las cenizas y sus habitantes muertos, hasta el último de ellos. Otro pulso de energía y el señor del caos volvió a desaparecer, encontrándose esta vez con una ciudad de gárgolas y centauros con el mismo resultado que en Zebrica.
Al sentir el siguiente, mucho más potente que los otros, volvió a desaparecer, solo para aparecer en medio de una plaza de el Imperio de Cristal. Cientos de ponis corrían de un lado a otro, buscando refugio o a sus seres queridos, todos ellos aterrados, sus casas ardiendo, otros con heridas graves y varios muertos. La mayoría, al verle, salían huyendo en la dirección contraria, cosa que, en ese momento, a Discord no le importo. Voló rápidamente hasta el centro de la ciudad, viendo, bajo el castillo y lugar de descanso del corazón de cristal, a una infinidad de ponis liderados por los dos gobernantes de cristal.
Aquel al que enfrentaban estaba muy cerca del corazón, y se trataba de un dragón rojo sangre con la barriga y el pecho, junto a sus espinas, de color negro, vestido con una armadura de batalla, su cuerpo era alargado y del tamaño del mismo señor del caos. Justo cuando el dragón se dispuso a lanzar una llamarada que calcinaría a todo el que estuviera delante, Discord apareció con su garra de león extendida. Cuando las llamas tocaron su palma, las llamas se convirtieron en burbujas inofensivas, que al explotar, cada gota cayo al suelo, haciendo brotar raíces negras con espinas que señalaron a su oponente de forma amenazadora. El dragón miró con una ceja alzada al draconequs antes de empezar a reír sin control.
- Pero mira a quien tenemos aquí, al señor del caos en persona. ¿Qué tal, hermano?
- Rindete ahora y acompáñame, Ares- dijo Discord, nada interesado en seguir el juego al dios destructivo.
- ¿Tú no eras el divertido? Me decepcionas, pero para demostrarte que no te guardo rencor, he decidido dejar libre a esta ciudad. ¿Qué te parece?
- Eso te honra, pero vendrás conmigo de todas formas.
- No, Discord, tu no das las órdenes- dijo el señor de la destrucción mientras dejaba una de sus garras en el corazón, dejando que una grieta se extendiera poco a poco.- Voy a marcharme, nos volveremos a ver al anochecer, en la cima de Canterhorn. Adiós, hermanito.
Con una sonrisa, el dragón extendió sus alas y luego se envolvió en fuego, desapareciendo sin dejar rastro alguno. El corazón de cristal, mientras tanto, se rompió en miles de pedazos, y el cielo empezó a ennegrecerse rápidamente, soltando una ventisca cada vez más grande. Discord observo las cenizas, única prueba de que ahí estuvo su hermano, y luego se centro en el artefacto destruido.
- ¡¿Uno de tus amigos?! - dijo Shining con rencor, siendo golpeado por su esposa.
- ¡Ahora no es el momento, Shining!
Ignorando a los dos, Discord se acerco a los fragmentos del corazón, envolviéndolos en un aura mágica y juntándolos nuevamente. Con un inmenso brillo, el corazón de cristal fue reconstruido y colocado nuevamente en su sitio, y una vez así, el señor del caos se giro a observar el cielo, cada vez más negro, y luego a su sobrina.
- ¡Tienes que hacer que la mayoría de ponis de el Imperio tengan buenos sentimientos!
- ¡¿Qué?!- dijo Cadence descolocada.- ¡No puedo afectar a tantos ponis a la vez!
- ¡Por supuesto que puedes!- grito Discord mientras se acercaba.- No eres solo la princesa del amor, eres una diosa, la diosa del amor. Por tu sangre corre la esencia de los dioses.
- No... no puede...
- Si que puede. Demuestra, que eres digna de tu puesto. Puedo mantener a raya esa tormenta, pero no por mucho tiempo.
Tras decirlo, el señor del caos se alejó en dirección al cielo, creando un escudo que evitó que la ventisca fuera a peor. En cuanto a Cadence, observo la figura de Discord en la distancia, pensando en lo dicho. ¿Sus padres eran dioses? ¿Por qué no se lo habían dicho? Sintió el toque de un casco en su hombro, y al girarse, vio a Shining dándole una mirada de apoyo. Cerrando sus ojos, la alicornio suspiro y activo su magia, tratando de extender su poder más allá de lo que hacía normalmente. Tras dos minutos de esfuerzo, su poder empezó a extenderse en la forma de cientos de zarcillos rosados que se lanzaron a tocar a la mayor parte de ponis posibles, transmitiendo calma en sus corazones.
Cuando los buenos sentimientos salieron a flote, el corazón de cristal brillo en todo su esplendor y extendió su escudo protector a todo el Imperio de Cristal. Sólo entonces, Discord soltó su propia protección, dirigiendo su mirada en la dirección donde estaba el monte Canterhorn. Había un dios que detener.
