Eres parte de mi vida

1985

Estaba sentado en la barra de una cafetería, esperaba que las cosas fueran mejor que hace años, pero no podía. Las personas estaban charlando sobre alguno que otro suceso que podría sacar una carcajada o interesar a su acompañante de turno.

Ella terminaba su turno de oficina y, para relajarse, decidió ir a un bar cercano, necesitaba ir a un bar con sus compañeros para relajarse. Pensar bien era lo que quería desde hace años, saber tomar bien las decisiones. Ya no podía ser esa joven que solo pensaba en su conveniencia. Llegó y bebió algo.

Lincoln no terminaba lo que había pedido para cenar, pensaba en si las cosas pudieran ser distintas, él no hubiera desistido por volver a intentarlo… pero no sabía como se lo tomaría después de años. Ya no era ese niño tan temeroso, ahora era un tipo con algo de valor, solo un poco debido a sus traumas insuperables hasta esos momentos.

Los sesenta y los setenta ya habían pasado, ya no había lugar a tantas protestas; aquellos chicos que alguna vez marchaban por la paz... ahora lo hacían, pero para entrar a tiempo y salir rápido de sus empleos… sus familias se lo agradecerían mucho.

Lincoln entró después de eso a una tienda de música, empezó a escuchar viejas canciones, lo llevaban a hermosos momentos y también a los peores de su corta existencia. Aquello era un viaje en retrospectiva. Pero había algo en particular por esos momentos.

Recordó cuando Sam le presentó a Luna, tuvo que hacer un esfuerzo más allá del usual para aceptar la relación, no tanto por el tipo, sino porque su amiga estaba lejos de él. La distancia era extensa, casi inexistente. Pero aquella relación no duró más de tres años. No era una relación típica, porque Luna no podía estar en ese pueblito de Kentucky. Solo iba ciertos fines de semana y se escribían mucho.

Salió de allí con paciencia, por más que se sintiera frío, decidió llegar a su casa. No había prisa, Sam llegaba un poco más tarde que él.

Sam solo bebió algo ligero, no tenía ganas, se mantenía pensativa en todo lo sucedido y su pensamiento forjado por lo que le pasó. Si bien ella siempre pensó que tener la estabilidad era lo ideal fuera como fuera era lo correcto… por otro lado, ella tenía un sueño que consideró tonto por un tiempo y que la vida le dio indicios de que pudo lograrlo, al querer ello no tenía que estar conformista… sin embargo, había otra cosa también, por más que ella pensara para sí misma. Lincoln era parte de su vida, aunque, por mucho tiempo se la pasara tratando de negarlo, por su sueño lo dejaría… porque en realidad el sueño era lo que más deseaba o eso creía.

Se quedó para escuchar un momento más las canciones, necesitaba relajarse más, de todas maneras Lincoln estaría allí esperándola. El solo pensar en él, la hacía sonrojarse como una muchachita muy enamorada. Entre esas canciones, sonaban las de una cantante de pop llamada Lulu, no era que le gustaran, pero le servían para pasar el rato.

Lincoln llegó a la casa donde hace dos años vivía con Sam, era pequeña, de un piso y solo pagaba el alquiler junto a Sam. Le pertenecía a una familia de quintillizos apellidada Fox. La familia se mudó a Michigan al recibir de herencia una casa allí. Lo bueno era que estaba ubicada en un lugar agradable de esta nueva ciudad de Kentucky en donde vivían.

—Todo está en su lugar —expresó cuando abrió la puerta y revisaba la correspondencia.

Entre tanta carta, encontró una de su amiga Clare donde le decía que los visitaría el fin de semana. También le contó que el viejo Waterson había muerto no hace más de una semana.

Recordó que su amiga ahora estaba como ellos, sin familia, pero aún nada estaba perdido porque ellos eran como su familia, por más lejos que estuvieran.

Calentó un poco de agua para prepararse algo de té, necesitaba estar relajado también porque desde hace mucho que no puede recordar algo sobre lo poco que le venía a su mente. En sus memorias, hace mucho, le vino el recuerdo de Luna, pero de eso casi nada recordaba porque los dolores de cabeza se acrecentaban cada vez que lo intentaba.

—Ojalá se me quitara esta idea descabellada —lo decía por querer seguir pensando en encontrar a la supuesta familia que lo abandonó.

Sam miraba la vitrina de las bebidas del bar, en una parte pudo ver su reflejo y notó que su cabello era totalmente rubio, detestaba eso.

Cuando pasó aquello con los caníbales de Kentucky, ella se prometió conservar ese mechón turquesa para recordar lo estúpida que fue y no olvidar jamás lo que hizo Lincoln por ella de nuevo. Pero al conseguir el trabajo de oficina, tuvo que quitarse ese color de su cabello. Ella realmente sentía que le estaba faltando a sí misma y a su amigo, sin embargo, lo tuvo que hacer. Lincoln le dijo que eso era más una tortura porque lo que llevaba era en realidad una cruz, y no era necesario que se torture por un error, por pensar como adolescente cuando era adolescente. De todas maneras tenía cosas de ese color para no olvidar.

—Guarda el cambio —le dijo al tipo de la barra y se fue de allí, no se despidió de sus compañeros.

Lincoln estaba bebiendo una taza de té mientras veía la televisión, no tenía nada que hacer más que levantarse a tiempo para llegar a su empleo. No se decidía qué estudiar, por eso lo posponía para el próximo año. En realidad no sabía que seguía, desde que tiene esa memoria con amnesia solo sabe que debe sobrevivir, pero quien le propuso aquello no fue ni más ni menos que Sam.

Sin ella no sabría qué hacer o al menos eso cree, porque si ha vivido hasta ese momento es por su amiga. En esos años, ella pensaba que todo tenía que ser con la intención de vivir un día más por alguna cosa que te dé seguridad y algo de bienestar… pero al final no tenía algo en concreto.

La puerta sonó, Lincoln se levantó para abrir la puerta, sabía que esa era su amiga.

—Buenas noches —le saludó y se tambaleaba un poco.

—Es un poco más temprano de lo usual —cerró la puerta tras decir eso.

—Sí… necesito llegar más temprano, hoy me regañaron —lo contó mientras abría la alacena para preparar un emparedado.

—Sam, si me esperas unos cinco minutos, te preparo algo para que cen… —fue interrumpido en ese instante.

—No siempre estarás allí para mí —se lo dejó en claro nuevamente con un poco de dureza.

Se fue al sofá, se sentó nuevamente a mirar la televisión. Pareciera que cada vez Sam dejaba en claro que se llegaría a separar de él. Hace unos años atrás también lo dijo, pero aquella vez no estaba segura si fue verdad o solo molestia, hasta ahora no puede asegurarlo.

—Clare vendrá este fin de semana —le dijo mientras apagaba la televisión.

—Eso es… —miraba a la mesa de la cocina muy pensativa— genial, hace meses que solo recibimos postales de ella.

Sam se fue a darse una ducha antes de dormir, Lincoln solo se quedó sentado en el sofá escuchando en su reproductor de casetes portátil a Smooch. Empezó a recordar cuando los conoció hace doce años, no creía que él los vio sin maquillaje y sin fama de por medio.

Luego de que Sam ya estuviera en su habitación, apagó las luces y entró a su habitación que quedaba frente a la de ella. Antes de dormir siempre se quedaba mirando la puerta de la habitación de su amiga, se aseguraba que todo estuviera en orden o necesitara algo. A veces resistía las ganas de ir donde ella y decirle todo lo que era para él desde hace doce años. Pero no podía, el valor se perdió, en mayor parte, hace ocho años.

Sam estaba sentada detrás de su puerta con las luces apagadas, ella a veces notaba que su amigo se quedaba quieto en ese pasadizo. Después de que él entrara, ella abría su puerta con lentitud y, sin hacer ruido, miraba a la puerta de Lincoln, quería tener el valor de entrar a la habitación de Lincoln y decirle muchas cosas… cosas que debió oír de ella desde hace ocho años.

Pero el tiempo pasaba, daba la sensación de que ese río de emociones y sentimientos tenían que ser embalsados por la represa de sus temores y errores de su forma de pensar.

Pareciera que, en un abrir y cerrar de ojos, los días habían pasado sin dar a conocer algo nuevo. En esa ciudad de Kentucky no había tantas cosas que atrajeran a los turistas. Los días parecían monótonos.

Antes de que fuera el fin de semana, Sam le había dicho a Lincoln para salir a caminar después de que ella saliera de su empleo, Lincoln sin dudar aceptó.

La esperó en la acera de enfrente, Sam cruzó y le saludó con un beso en su mejilla, le sonrió levemente y empezaron a caminar.

Si bien las cosas habían cambiado radicalmente, no podían evitar necesitar de la compañía del otro, inconscientemente sabían que el poder pasear por un lugar de la ciudad era sinónimo de seguridad.

—¿Y qué tal te fue con Mollie? —preguntó con anticipación.

—Fue algo genial, pero… ella tiene otras cosas en mente y… no estoy de prioridad en eso… por así decirlo —le era difícil responder eso.

—Descuida, sé que lograrás tener algo estable —miraba lo que había dentro de las tiendas de esa calle.

—Seguro… —hacía lo mismo que ella.

De repente Sam hizo un alto donde estaba la tienda de instrumentos, desde afuera se podía apreciar la guitarra del aparador de la tienda.

—¿Esa te gusta? —preguntó por curiosidad.

—Gustarme es poco, ¡me encanta! Ahorraré para comprarla y luego… o al menos espero ser alguien que se dedique a la música en un futuro cercano —cada vez que pensaba en eso se deprimía.

El muchacho peliblanco avanzó, pero en ese instante Sam lo toma del brazo y le dice que deberían ir más despacio. Hasta que llegaron a su hogar, no se desprendió de ese agarre. Vieron muchos carteles, en especial el de la cantante del momento, Lulu, que llegaba a esa ciudad para dar un concierto.

—Al fin llegamos —dijo Sam al abrir la puerta.

—Sí… genial —expresó triste.

—¿Querías seguir caminando? —preguntó sin importancia.

—No… solo quería... recordar… solo eso —respondió sin sinceridad.

Sam iba a su habitación, pero antes de entrar, se paró frente a Lincoln y lo miró directamente a sus ojos.

—Deja que el poco valor se vaya —le tomó de sus manos—, yo también lo haré —lo abrazó sin que él lo prevea, no dejaba de mirarlo—, solo nos haremos daño, ¿quieres sufrir? Te apuesto que tú no quieres eso… deja que eso que sientes no te engañe… no de nuevo —lo soltó completamente y se metió a su habitación.

En última instancia, Sam no pudo mirar fijamente a los ojos, le era difícil reprimir todo lo de su corazón al tenerlo tan cerca.

Lincoln se quedó quieto varios minutos, no creía que ella misma le pusiera y, recién enterándose, se pusiera un alto a lo que sus corazones debían gritar.

El fin de semana llegó, y en un tren con destino a esa ciudad, arribó Clare con solo un pequeño bolso. Lincoln estaba esperando en la estación.

—Clare, sé que no ha pasado mucho, pero me alegro mucho de verte —lo decía mientras le daba un gran abrazo a su amiga.

—Yo también digo lo mismo, Linky —era el apodo que le puso ella años atrás.

Mientras esperaban un taxi, empezaron a hablar de lo que había pasado en esos meses que no se habían visto. Le dijo que había conseguido una beca para ir a la universidad.

—¡Eso es estupendo! —le expresó exultación.

—Sí, pero… esperaba que mi abuela y Watterson estuvieran para este momento —se sentía su melancolía en el aire.

—Ellos deben estar orgullosos en el lugar donde estén —no quería que se sintiera con los ánimos abajo.

Un taxi los llevó directo al lugar donde vivía con Sam. En el camino, Clare no pudo evitar llorar y recordar a su abuela y su fiel mascota junto a Lincoln que también sentía ese dolor también porque conoció y compartió con ambos.

—Me alegra que por lo menos ustedes aún sigan juntos… son como mi familia desde que los conocí mejor —se dio cuenta que Lincoln miró a otro lado—. Pasarán años y no tendrás otra vez el valor de decirle lo que sientes por segunda vez, ¿no es así? —se lo dijo sin ser tan dura.

—Clare… aquella vez… llevé mi valor al límite… todo lo sucedido en aquel año… todo me frena y… —no pudo continuar porque ya habían llegado.

Ya habían salido del taxi, y antes de que Lincoln abriera la puerta, Sam se adelantó porque vio el auto aparcarse frente a ese lado de la acera.

—¡Sam! —lo dijo muy alegre.

—¡Clare! —le respondió de la misma manera.

Se abrazaron fuerte, ella era de las pocas amigas que le dieron una verdadera amistad. Ella los acompañó en uno de los momentos que pudo terminar en tragedia.

Hablaron de muchas cosas mientras Sam preparaba el almuerzo, les contó que esa beca era para el extranjero, que no los vería en mucho tiempo, es por eso que fue a verlos porque en unos días se iría, ya tenía todo arreglado para dejar el país.

—No quiero abusar de su confianza tampoco, pero son las personas que más quiero y confió en el mundo, es por eso que les quiero dejar las llaves de mi hogar. Sé que es algo muy comprometedor, pero no quisiera que el recuerdo de mis seres queridos quede en el olvido —se notaba muy afligida y avergonzada por lo que pedía ni bien los visitaba.

—Eso no es problema —le tomó del hombro a su amiga—, somos tus amigos… también está el problema de que los Fox no nos podrán alquilar por siempre este lugar… es broma —su amiga lo tomó por el lado amable—, te aseguro que, cuando vuelvas del extranjero, la casa estará más viva que nunca.

Sam solo se limitaba a escuchar, no podía asegurar nada, menos cuando Luna le envió una carta donde quería encontrarse con ella el próximo jueves y hacerle una propuesta. Ella sentía que aquello no era algo común, Luna iba a visitarla para una gran propuesta.

La pasaron recordando viejos tiempos hasta entrada la noche, Sam se notaba cansada, el trabajo de la semana solía dejarla muy exhausta en comparación a Lincoln. Se fue a dormir antes que ellos.

—No es necesario que me cuentes más de lo que me ibas a decir en la estación —miró el suelo con una sonrisa, estaba sentada en el sofá—, sé que ella también se impide decírtelo —se acostó en las piernas de su amigo—. Las mujeres solemos tener un sexto sentido para estos temas —le tocó su mejilla—, desde hace años quisiera verte feliz… es más… nunca he visto tu auténtica felicidad —se sentó nuevamente, Lincoln subió sus pies al sofá—. No sé qué habrán pasado ustedes tiempo atrás, pero eso no debe ser impedimento para lastimarse —hizo lo mismo que Lincoln y abrazó sus piernas—. Desde que te vi… noté tristeza, mucha melancolía, un inmenso dolor —lo miró a los ojos—, pero cuando se trataba de Sam… tu expresión era la de un chico que sabe lo que es la felicidad, pero algo incompleta por sus experiencias anteriores… solo sé que ustedes han pasado por mucho, lo sé por mi abuela que descifró lo de ustedes, no porque vivían solos, sino por cómo se comportaban y cómo se notaba lo unido… porque aquellos que solo muestran una felicidad específica con una persona específica… son el uno para el otro —se levantó de allí, pero sin expresión alguna—. Yo amé a mi abuela y a Watterson… eran mi motivo de felicidad… si tú tienes a tu motivo de felicidad cerca… n-no lo dejes ir… yo daría lo que fuera para que estén aún conmigo —le dio la espalda a Lincoln—. Ahora solo tengo que encontrar algo que me dé aquella felicidad y también el que yo le dé lo mismo… buenas noches —se fue sollozando, pero no de tristeza, sabía que su amigo haría lo correcto.

Lincoln no pudo evitar ponerse en los zapatos de Clare, ahora realmente sabía lo que era tener a las personas algo más que alejadas. El ya no tenerlas era algo cruel… era lo peor de este mundo… pero había algo más en ese corto razonamiento.

Se acostó en el sofá, le había cedido su habitación a Clare para que pase esos días.

El domingo fue un día para los tres, pero con motivos de alegrar a Clare que se notaba aún triste. Le dieron un tour por toda la ciudad y pasaron por unos lugares geniales. Ese día fue lo mejor para los tres amigos.

Al llegar la noche, les agradeció por todo lo que hicieron por ella. No iba a olvidar aquella despedida por nada del mundo.

Sam después de tiempo se puede reflejar en alguien… después de tiempo sabe que alguien está en la condición que ella estuvo alguna vez. Perder a un ser querido y a una mascota… no… perder a personas que la acompañaron en los buenos momentos de su vida porque en los malos nunca pudieron estar por los designios de la vida.

¿Cómo era posible que Clare no estuviera perdida como ella lo estuvo? Quizás por la edad en que le sucedía aquello. Lo que Sam no sabía era que él dolor era el mismo. Sin embargo, ella aún tenía algo que le daba felicidad y seguridad… la compañía de Lincoln.

Clare se fue nuevamente en tren con dirección a su pueblo, para arreglar unas últimas de sus cosas y partir a Europa con tranquilidad. Ella les escribiría ni bien llegara. Ella sabía que harían lo correcto.

Lincoln los siguientes días se notaba más retraído, Sam también estaba de la misma manera.

Tenía que saber que hacía lo correcto, pero cómo iba a saberlo si no lo intentaba. ¡Era ahora o nunca!

El día miércoles, un día antes de la reunión con Luna. En la noche iba a desnudar sus sentimientos.

Fue algo inesperado, pero a la primera aceptó, sin nada que objetar. Ese era el momento, ya no había marcha atrás.

Preparó la cena, compró un vino y ambos se saludaron con una sonrisa un poco extraña.

Quizás a Lincoln no le había agradado lo que preparó… o tal vez a Sam no le agradó el vino que llevó. Sí, sin coordinar, llegaron a la misma conclusión.

Cenaron y brindaron como si fuese una última cena, como si fuese un fin del mundo porque charlaron de todo… tanto de lo bueno como de lo malo, pero no sabían cómo tratar de aquellos eventos que los marcaron.

—Sam… sé qu… —los dedos de Sam evitaron que terminara de hablar.

—No, Lincoln… soy yo la que tiene que decirte lo mucho que significas para mí… es por eso que… —se notaba sonrojada.

Lincoln se dio cuenta que ambos pensaron en algo similar. Le extendió su mano para que lo siguiera.

Lincoln la llevó a la habitación de ella, pero antes de entrar, Sam con un impulso de "es ahora o nunca", besó a Lincoln de una forma desesperada.

El muchacho le seguía el juego a Sam, pero algo no andaba bien porque al entrar a la habitación de Sam, y no prender las luces, muchos recuerdos vinieron a él.

Sam se desnudó inmediatamente, Lincoln de la misma forma, pero algo no andaba bien en ese momento.

La chica del antiguo mechón turquesa empezó a sentir incomodidad al estar desnuda y bocarriba en la cama. El muchacho de cabellos blancos estaba sobre la cama con sus rodillas y manos sosteniéndolo para no caer sobre su amiga.

La respiración de ambos se notaba muy agitada, no sabían por qué, pero al querer empezar nuevamente con los besos… se dieron cuenta que lo peor estaba ocurriendo… porque Lincoln vio algo que lo dejó marcado y Sam algo que la dejó marcada...