¡LOLOLO!

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Esta historia participa en el minirreto de diciembre para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

A continuación, voy a escribir una historia inspirada en la petición de Angela Crimson07: "Cómo fue la boda (y si es posible la noche de bodas) de Bellatrix y Rodolphus"


—Bellatrix está muy guapa.

—Ajá.

—Rodolphus es muy atractivo.

—Ajá.

—Me voy a casar con un muggle.

—Ajá.

Narcisa bufó. Andrómeda le dio un largo trago a su copa de champán y disimuló un bostezo.

—¿Se puede saber qué te pasa?

Alertada por el tono de voz tirante de su hermana, Andrómeda se dignó a mirarla.

—No me pasa nada. Estoy perfectamente.

Narcisa volvió a bufar, esa vez con más fuerza. Se cruzó de brazos y echó un vistazo a su alrededor.

—Tú también te aburres, ¿no?

—Es lo que pasa cuando dejas a un sangrepura organizar una fiesta.

Andrómeda le guiñó un ojo y su hermana se rió.

—Si madre te escuchara…

—Me mandaría directa a la cama. ¡Ojalá!

Narcissa se rió con más fuerza. Supuso que Malfoy la había oído, puesto que giró la cabeza y la miró. Se sintió muy avergonzada y se dio media vuelta para que no la viera ponerse roja. Andrómeda puso los ojos en blanco y observó a los recién casados.

—Parece ser que los señores Lestrange se retiran.

Narcissa agradeció la distracción para no tener que preocuparse de Malfoy. Miró a Bellatrix, con su túnica dorada y el pelo negro suelto y encrespado. Parecía una amazona que acababa de capturar una presa.

—Con suerte, los mayores aprovecharán para irse a descansar y la fiesta podrá empezar de una vez.

Dicho eso, Andrómeda apuró su copa y se preparó para beber algo más fuerte. Sin Ted a su lado, esa ceremonia era insufrible. Procuraría quedarse junto a Narcissa todo el tiempo que fuera posible, si Malfoy no se la robaba antes.


A esas alturas de la noche, Lucius observaba a Narcissa Black sin disimulo alguno. Era una jovencita muy guapa, de modales exquisitos y escote vertiginoso. Su padre había mencionado alguna vez la conveniencia de emparentar con los Black y a él le parecía una idea fabulosa. Estaba seguro de que Narcissa sería una buena esposa. Era agradable, educada, guapa, inteligente. La perfecta candidata a señora Malfoy.

—¡Ey, Lucius! ¿Te apetece otro whisky de fuego?

Era Rabastan Lestrange, pasándole un brazo por encima de los hombros y mirándole con ojos de borracho. En cuanto los magos y brujas de más edad tomaron la decisión de marcharse a dormir, había empezado a beber como un cosaco. Él y la pandilla de amiguitos de Rodolphus, que normalmente se juntaban para presumir de Marcas Tenebrosas y que esa noche estaban cantando canciones obscenas a voz en grito. Lucius observó la botella, el rostro sonriente de Lestrange y asintió. Rabastan le sirvió con generosidad y siguió hablando.

—Se me ha ocurrido una idea fantástica. ¿Quieres oírla?

Lucius se lo pensó sólo un segundo.

—¿Por qué no?

Rabastan sonrió y procedió a explicarle el plan.

—Sólo necesitamos que alguien conjure una guitarra y nuestras propias voces.


Bellatrix enredó los dedos entre el pelo de Rodolphus. Bajó una mano hasta su entrepierna y lo escuchó gemir. Sonrió, satisfecha y tentadora. Él gruñó, agarró sus muñecas y tiró de sus manos hacia arriba mientras la arrinconaba contra la pared. Bellatrix hizo serpentear su cuerpo y Rodolphus se restregó contra ella, ansioso y desesperado. La besó con hambre, mordiéndole el labio en el proceso, y se dejó guiar hacia la cama. Bellatrix le empujó con fuerza y se colocó a horcajadas sobre él. No estaba dispuesta a ceder ni un ápice. Ella tenía las riendas de esa relación y pensaba demostrarlo desde ya. Desabrochó el pantalón de su marido y le metió las manos por debajo de la camisa. Rodolphus la cogió del pelo y tiró con poca consideración. Bellatrix ahogó un gritó y le apretó la entrepierna con saña. No necesitó palabras para indicarle que tuviera cuidado.

—¡LOLOLO!

Bellatrix alzó la cabeza. Los gritos se escuchaban en el pasillo.

—¡LOLOLO!

Los vítores alegres venían acompañados por rimas soeces. Bellatrix gruñó e intentó concentrarse en Rodolphus, quien ya estaba duro como una piedra. Le mordió el cuello, ignorando las voces del exterior, y le alegró que su esposo colocara los brazos en cruz sobre la cama, rendido ante ella. Un lametón para consolarle por el bocado y un montón de golpes en la puerta. Sonaba como si estuvieran intentando entrar.

—¿Qué…?

No pudo formular la pregunta. Rabastan Lestrange acababa de irrumpir en el dormitorio, con una botella de whisky de fuego en la mano derecha y el corbatín de su traje ceremonial anudado en la frente. Tras él, Evan Rosier aporreaba una guitarra y Lucius Malfoy y Mulciber se abrazaban por el cuello.

Bellatrix miró a Rodolphus, quien estaba tan pasmado como ella, y se planteó qué opciones tenía. Eran cuatro brujos borrachos contra ella. Poca cosa, en general. Lamentablemente, no dejaba de pasar gente. Avery, Parkinson, un par de tipos a los que apenas conocía y su hermana Narcissa, que estaba más roja que un tomate y parecía haber sido arrastrada hasta allí por un puñado de chicas escandalosas y achispadas. No. Definitivamente no podía pelear contra tanta gente y salir victoriosa. Así pues, se levantó, se colocó como pudo la ropa interior y puso los brazos en jarra.

—¿Qué significa esto?

Esperaba resultar lo suficientemente intimidante. No era la primera vez que un brujo se lo hacía encima con solo escuchar su voz, pero esa noche no funcionó. Rabastan se arrojó sobre su hermano, poco preocupado por el aspecto indecoroso que lucía, y comenzó a reírse y a gritar.

—¡Venimos a celebrar vuestra noche de bodas! ¡Vamos a divertirnos!

Bellatrix lo supo. Enrojeció de ira y no pudo hacer nada para evitar que ese montón de imbéciles la introdujeran en su fiesta de borrachos. Ya se vengaría más tarde.


Narcissa se sentó en el pasillo, harta de la fiesta y preguntándose dónde estaba Andrómeda.

—¿Puedo acompañarte?

Era Lucius, quien estaba borracho.

—Una fiesta grandiosa.

Narcissa asintió.

—Estás muy guapa.

—Gracias.

—¿Puedo besarte?

Narcissa dudó un segundo y, al final, asintió. Que al menos algo saliera bien durante esa boda de pacotilla.

Y Lucius la besó.


Hola, holita.

La historia tiene 996 palabras. Otra vez he rozado el límite.

Podría haber escrito algo más serio, con los sangrepuras pavoneándose y siendo racistas y tal, pero me ha apetecido hacer una boda más típica. Con sus típicos borrachos, sus típicas relaciones nacientes (y/o esporádicas), sus típicos coïtus interruptus. Vale, sé que he sido un poco mala con Rodolphus y Bellatrix, pero se lo merecían por torturar a los Longbottom y ser mortífagos. Hombreya.

Espero que os haya gustado. Besetes y suerte a todo el mundo.