Capítulo 8


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Lord Rasenrengan ignoraba que su esposa había estado discutiendo con Kabuto en Kirigakure. Supuso que estaba haciendo un recorrido de posibles emplazamientos para el hospital con Iruka y discutiendo con él porque el criado tenía órdenes de, a) encontrar defectos a todos los lugares, y b) mantenerla entretenida hasta la hora del té.

Sin saber que su esposa se dirigía a toda marcha hacia la casa en ese mismo momento, obstinadamente inmune a las tácticas dilatorias de Iruka, Naruto estaba de pie junto a la chimenea de la biblioteca. Tenía las manos estrechamente enlazadas a la espalda y la vista fija en el desconcertante joven y caballeresco médico.

Hatake estaba de pie junto a la mesa. Había terminado de hojear las últimas notas de Hinata y ahora escudriñaba pensativo a Naruto.

—En el caso de la madre de usted, se ha acercado mucho a la verdad —dijo Hatake—. A mí se me ocurrió la misma teoría cuando leí su carta y las copias del material de Momochi. —Esbozó una sonrisa tenue—. Y debo añadir que estaban muy bien escritas, milord.

—Mi escritura no tiene importancia —dijo Naruto—. Iba usted a decirme lo que supo en Sunagakure.

Ocurrió que la llegada de Hatake se había visto demorada por un recorrido de la propiedad de Rasenrengan Hall, en procura de información sobre Kushina Namikaze. Hizo el recorrido en parte porque la carta de Naruto despertó su curiosidad médica y en parte por la letanía lacrimosa de Obito Uchiha alabando las nobles y heroicas cualidades de Naruto. Le llevó varios días localizar a la antigua doncella de la madre.

—¿Prefiere que sea delicado, o directo y brutal? —preguntó Hatake.

El corazón de Naruto se agitó.

—Prefiero que sea brutal.

—Su madre tenía un romance con su tío Deidara —dijo Hatake, en tono neutro—. Se encontraban reunidos en secreto, en el lavadero de la propiedad, cuando la doncella de su madre fue a avisarles que el abuelo había regresado inesperadamente. A su madre la dominó el pánico, tropezó y se golpeó la cabeza contra un fregadero de piedra. Como dio la impresión de que se recuperaba de inmediato, no vieron motivo para llamara al médico... sobre todo considerando que corrían el riesgo de que se revelasen las circunstancias del accidente.

Hatake prosiguió explicando que las conclusiones podían ser engañosas: trauma interno sin evidencias externas que, en ocasiones, no manifestaba síntomas visibles durante semanas, meses, y hasta años, y a esa altura era difícil relacionar los síntomas con un accidente de apariencia inofensiva, de mucho tiempo antes. Por eso fue mal diagnosticada desde el principio, como aquejada por una "degeneración" o derrumbamiento constitucional.

—Tal vez usted ignore —dijo Hatake — que el funcionamiento del cerebro...

—Sé cómo es —lo interrumpió Naruto—. Hinata me lo explicó, y también cómo se produce el derrumbamiento.

Hatake asintió.

—Al parecer, se derrumba más o menos del mismo modo a continuación de un trauma, un golpe, por ejemplo, como a causa de varias otras enfermedades diferentes. La cuestión es que su madre, milord, evidentemente sufrió un trauma grave, cosa imposible de heredar.

Tomó una de las hojas con las notas de Hinata.

—Más aún, Su Señoría no detectó en usted ninguno de los síntomas habituales en la degeneración cerebral. No me sorprende, pues no hay tal degeneración.

Hatake dirigió a Naruto una mirada afirmativa.

—Está usted notablemente bien de salud —añadió—, sobre todo si tenemos en cuenta que pertenece a la clase alta. Su cerebro está en excelentes condiciones de funcionamiento. Tanto su escritura, que evidencia un control motriz superior, como la presentación lógica y ordenada de información muy personal y teñida de contenidos emocionales, no dejan lugar a duda.—Volvió a concentrarse en la hoja que tenía en la mano.

—.No registra letargo ni fatiga, dificultad para descansar ni somnolencia. Tampoco dificultades con la atención a los detalles y de concentración, como demuestra con toda claridad su propuesta para el hospital. —Se aclaró la voz—. Y creo que las funciones reproductoras están... eh, funcionando. —Alzó la vista, sonriendo—. Lo felicito, milord. Ese es un suceso dichoso para esperar con impaciencia, ¿no es así?

Su Señoría sólo había logrado asimilar la novedad de un trauma que él no pudo haber heredado. Le llevó cierto tiempo captar el resto y, durante ese tiempo, se limitó a clavar la vista en Hatake, con expresión estúpida. Pasó un tiempo más hasta que logró hablar.

—¿Qué está usted diciendo? —preguntó, aturdido—. ¿Que espere con impaciencia? Yo tengo... Usted tiene... —Se echó el cabello atrás—. ¿No habrá pasado algo por alto? Esas cosas. Las "visiones", "primero ves estrellas, después se siente el dolor". Mi esposa dijo que se trataba de fenómenos comunes a muchas enfermedades neurológicas.

Hatake asintió.

—Es cierto, son bastante comunes. Entre otros, son los síntomas clásicos de la migraña. Deduzco que esa es su afección.

—¿Migraña? —repitió Hatake—. ¿Como en, "hemicránea"? No es un simple dolor de cabeza, que es lo que la mayoría de la gente entiende por "migraña", sino dolores de cabeza muy fuertes, que debilitan. Aun así, no son fatales.

—Está diciéndome —insistió Naruto, marcando las palabras— que todo este tiempo... —Sintió calor en el rostro—... todos estos meses he estado comportándome como un héroe trágico... ¿y lo único que tengo es un maldito dolor de cabeza?

Hatake frunció el entrecejo, puso otra vez el papel en la pila con los demás y los enderezó, mientras Naruto registraba el silencio y se preguntaba con qué se llenaría. Hatake acababa de decirle que eran jaquecas. Que no eran fatales. ¿Entonces por qué vacilaba?


Hinata creyó oír la voz de Naruto, pero, cuando llegó a la puerta de la biblioteca, todo estaba silencioso dentro. Abrió para echar un rápido vistazo y cerciorarse.

En ese momento, otra voz masculina muy familiar rompió el silencio.

—Quisiera poder decirle otra cosa, milord, pero es una dolencia incurable. Aunque ha sido estudiada durante siglos, sigue siendo un enigma médico. Todavía no he encontrado dos casos exactamente iguales. No estoy seguro de poder prometerle alivio, cosa que lamento profundamente, porque sé que es muy dolorosa. Y no puedo prometerle, tampoco, que no pasará a su descendencia, pues existen sólidas evidencias de que se hereda la predisposición.

A Hinata se le escapó un sollozo ahogado.

Dos cabezas masculinas giraron con brusquedad, y dos miradas, una azul, otra negra, se posaron en ella antes de que pudiese retroceder.

—Oh —dijo—. Les pido perdón. No he querido interrumpir.

Se apresuró a cerrar la puerta... y huyó.

Hinata corrió, ciega, por el pasillo, abrió la puerta principal, la traspuso, bajó los escalones... y corrió directo a toparse con Obito.

—Hina, a dónde vas…

Pasó junto a él y corrió hacia el potro, que uno de los mozos de cuadra estaba llevándose al establo.

Le arrebató las riendas al mozo. Obito corrió iras ella.

—Hinata, ¿qué ha pasado?

Se inclinó y juntó las manos.

—No me digas que el Kyūbi se ha ido otra vez —dijo, ayudándola a subir—. Pensé que se llevaría bien con Hatake, y estaba a punto de ir a decírselo a Gaara cuando te vi doblar por el sendero, y nunca en mi vida me he quedado tan estupefacto. Se supone que estarías en...

—¡Hinata!

Obito giró en redondo.

—Ahí tienes, Hina. No se ha ido. ¿Qué es lo que...?

—Suéltame el pie, Obito.

Lo soltó, pero al mismo tiempo los alcanzó Naruto y sujetó la rienda.

—Querida mía, no sé qué es lo que tú...

—Estoy un poco... desquiciada —dijo, ahogándose—. Necesito... dar un paseo. Para despejarme la cabeza.

—Lo que necesitas es una taza de té —le replicó, en tono tranquilizador—. Sé que te ha causado impacto ver a Hatake, pero yo...

—¡Oh, ojalá nunca hubiese venido! —sollozó. Le tembló la voz y se le llenaron los ojos de lágrimas—. Pero eso es una tontería, lo sé. Siempre es mejor conocer los hechos. Y tú me hiciste... tan feliz... y yo te amo... y siempre te amaré, sin importar... lo que pase..

Se le quebró la voz y, con ella, el último residuo de control. Lloró sin consuelo, y, cuando Naruto estiró los brazos, la sujetó de la cintura y la hizo apearse, lo único que atinó a hacer fue aferrarse a él, sollozando.

—Dulzura, yo también te amo con todo mi corazón —le dijo con ternura—. Pero creo que has entendido algo mal.

—No, he oído —gimió—. He oído lo que decía Hatake... y él sabe. Es un verdadero doctor. Dijo que era incurable. Kabuto tenía razón y yo estaba equivocada, debí haberlo sabido.

—En efecto lo has entendido mal —dijo Naruto, entrelazándole los dedos en el cabello—. Los especialistas de Londres, Momochi y Kabuto estaban equivocados. Yo también. Tú estabas más acertada que todos nosotros. Me siento como un completo imbécil. Pero tu Hatake dice que mi cerebro funciona y que uno no puede heredar una concusión, por lo tanto deduzco que tendrás que cargar conmigo... y mis malditas jaquecas... por tiempo indefinido.

Hinata alzó la cabeza y, a través de las lágrimas, vio el fulgor de la verdad en los ojos azulinos.

—¿Ja-jaquecas?

—Él las llama migrañas—dijo Naruto—. Me temo que la Providencia te ha gastado otra broma. Hiciste semejante trayecto para cuidar y consolar a un loco moribundo en sus últimos meses de desgracia y hacer progresar la causa de la ciencia médica estudiando un caso fascinante... —Sonrió—. Y te has quedado ligada con un tipo perfectamente sano, con un aburrido y anticuado dolor de cabeza.

Hinata estiró el brazo y echó atrás el cabello del esposo, parpadeando a través de las lágrimas que seguían cayendo, aunque ya no tuviese ningún motivo para llorar.

—Bueno, de cualquier modo, te amo —le dijo.

Oyó que el potro resoplaba y, al darse la vuelta, vio que el mozo se lo llevaba a los establos y que Obito, con aire preocupado, corría otra vez hacia ellos.

—Por los truenos de Júpiter, digo, por Dios, Kyūbi, ¿qué pasó? ¿Por qué llora? Jamás la he visto hacerlo.

—Es perfectamente normal, Obito —respondió Naruto, palmeándole la espalda—. Tu prima va a tener un hijo. Por eso está sensible.

—Ah. Bueno. Oh, eso significa... que... Oh, sí. Qué estupendo. De veras. —Vivaz, Obito le palmeó la cabeza—. Bien hecho, primo.

—Y tú podrías ser el padrino. —Naruto se apartó para ver la expresión de su esposa—. Te parece bien eso, ¿verdad, mi amor?

Hinata rió entre lágrimas.

—Oh, sí. Claro que Obito será el padrino.

Soltó las solapas de Naruto y se enjugó los ojos.

—Y tú tendrás un precioso hospital, con encantadores médicos nuevos, de ideas modernas —le dijo el esposo, alcanzándole su propio pañuelo—. Y haremos que el pesado de Kabuto se aleje para que no interfiera ni interponga obstáculos o discuta con las personas sensatas.

Lo mandaremos como médico privado para que atienda a las ancianas Namikaze en Rasenrengan Hall. Si, hasta ahora, no las han matado sus propios matasanos y los medicamentos que les han recetado, es poco probable que Kabuto pueda hacerles algún daño.

Hinata rió otra vez y se limpió la nariz, que, seguramente, estaría tan roja como una fresa en ese momento.

Y, a juzgar por la expresión de Obito, su cabello también debía de ser todo un espectáculo.

—Ya está, ¿lo ves? —le dijo Naruto al primo—. Ya es casi la misma de siempre.

Obito la miraba con aire dubitativo.

—Está toda roja y con manchas.

—Sólo necesita tiempo... para adaptarse —dijo Naruto—.¿Sabes lo que sucede? Resulta que Hinata deberá cargar conmigo por... oh, sólo Dios sabe por cuánto tiempo. Pobre chica. Vino hasta aquí para consolar a un loco moribundo en sus últimos días trágicos... y ahora...

—Y ahora resulta que lo único que sufre Naruto es un fuerte dolor de cabeza—dijo Hinata, con voz no muy firme aún—. Es sólo jaqueca, Obito.

El primo parpadeó.

—¿Jaqueca?

—Sí, querido.

—¿Como los ataques de tía Hana?

—Sí, como mi madre.

—¿Y el tío Hiashi? ¿Y el tío abuelo Madara?

—Sí, querido.

—Bueno. —Los ojos de Obito refulgieron, y se los frotó—. Pero yo sabía que todo iba a salir bien, desde el principio, como te dije. Lo que quiero decir, Kyūbi, es que no todo está exactamente bien. Es doloroso. El tío abuelo Madara se golpea la cabeza contra la pared. Pero la jaqueca todavía no ha matado a ninguno de nosotros.

Palmeo el hombro de Naruto, después le aferró la mano y la sacudió con energía. Después abrazó a Hinata. Por fin, con el rostro enrojecido, se apartó—. Por Júpiter. Un niño, por Dios. Padrino. Jaquecas. Bueno. Tengo sed.

A continuación, frotándose los ojos, corrió hacia la casa.

Una hora después, mientras Obito recuperaba el equilibrio emocional en el cuarto de baño, Naruto y su esposa veían cómo se alejaba el maltratado coche del señor Hatake por el sendero.

—Tenemos que conseguirle un coche mejor —dijo Naruto—. Las personas juzgan por las apariencias, y a los médicos jóvenes les cuesta inspirar confianza. Pero un buen equipaje daría la impresión de una práctica rentable. Si lo consideran muy buscado, dudarán menos de su habilidad.

—Piensas en todo —dijo Hinata—. Esa es tu veta protectora y yo estoy empezando a sospechar que es una reminiscencia de los orígenes feudales de los Namikaze, cuando el señor del feudo cuidaba de toda su gente.

—No seas tonta —le respondió—. Se trata de algo práctico. Tendrá bastante que hacer entre atender enfermos y supervisar la construcción del hospital para, además, tener que pensar en satisfacer sus propias necesidades e involucrarse en las rivalidades y la política de la región.

—Sí, querido —dijo, obediente—. Es algo práctico.

—Y tú tendrás bastante que hacer sin precipitarte a defenderlo varias veces al día... o fastidiarme a mí con eso. Ya la preñez te pone bastante fastidiosa sin eso. No puedo permitirte que estés peleando con todo Konohagakure.

Vieron cómo el carruaje giraba tras una colina y desaparecía de la vista.

—Está poniéndose el sol —dijo Naruto—. Los duendes, los fantasmas y las brujas deben de estar arreglándose para las orgías de la noche.

Volvió la vista a Hinata.

—¿Quieres dar un paseo?

Hinata le pasó la mano por el hueco del codo y caminaron juntos por el jardín. La llevó hasta el banco de piedra donde la había encontrado esperándolo, tranquila, unas semanas atrás. Se sentó y la hizo sentarse en su regazo.

El sol se cernía sobre una colina, a lo lejos. Su resplandor incendiaba las nubes esparcidas como almohadones de plumón de una cama celestial, azul, verde y violeta.

—¿Sigues queriendo construir en Konohagakure? —le preguntó.

Hinata asintió.

—Me gusta este lugar, y a ti también. Y tenemos a Gaara y a Naori cerca.

—Necesitaremos una casa más grande para criar una familia. —Miró atrás, a la modesta casa principal—. Podríamos agregar un ala. No sería muy grandiosa. Pero Rasenrengan Hall fue grandioso y daba la sensación de una inmensa tumba. Estaba impaciente por irme de allí. De hecho, ahora mismo estoy tentado de desistir de las reparaciones y barrer con toda esa maldita pila de escombros.

—No te gusta, pero tal vez a tu heredero sí —dijo la muchacha—. Si lo reconstruyes, podrías ofrecérselo como regalo de bodas.

Le acarició el vientre con delicadeza.

—¿Estás segura de que hay un varón ahí?

—No, pero en algún momento lo tendremos.

—Incluso antes de comprender que podría haber "algún momento", supe que me haría igualmente feliz tener una niña.

—Ah, bueno, es que tienes un rincón de ternura para las mujeres en tu corazón —dijo—. Pero también sabes conquistar a los niños, por eso yo no tengo preferencias en ese sentido. Serás un padre cariñoso y dedicado. Y eso es bueno —agregó, frunciendo el entrecejo—, porque las mujeres de mi familia son madres más bien negligentes. Lo que pasa es que están siempre criando, y eso las hace distraídas, ¿entiendes?

—Entonces, yo cuidaré de los niños. Porque quiero muchos, y tú tendrás que ocuparte del hospital, además.

Hinata le echó el cabello atrás.

—Tienes talento para hacer previsiones.

—He sido bendecido con muchas cosas buenas que esperar—dijo Naruto—. Por ejemplo, ver elevarse el hospital desde el suelo. Descubrir cuáles de las ideas y los principios médicos modernos pueden aplicarse y cuáles no. Las posibilidades. Los límites. —Movió la cabeza—. Me admira lo mucho que he aprendido sobre medicina las últimas semanas y lo interesante que resulta.

Hasta tiene cierta poesía, su propia lógica y sus propios enigmas, como cualquier objetivo intelectual. Y brinda la misma sensación maravillosa de descubrimiento cuando los misterios se resuelven. Hoy he sentido eso cuando Hatake me explicó a dónde te habían llevado tus anotaciones. —La besó en la frente—. Estoy muy orgulloso de ti.

—Deberías de estar orgulloso de ti mismo —dijo Hinata—. No me pusiste obstáculos en el camino, aunque querías hacerlo, para protegerme de mí misma. Por el contrario, trataste por todos los medios a tu alcance de ayudarme a resolver el misterio, escribiéndole a Momochi y mandando buscar a Hatake.

—Hatake no se parece a ningún otro médico que yo haya conocido. Tiene ideas propias. Mientras estabas lavándote la cara, le pregunté por qué te había aceptado como colega. Me dijo que, en los viejos tiempos, las mujeres eran las curadoras de muchas comunidades.

Pero los ignorantes consideraban sus artes curativas como magia, que, a su vez, está asociada con el Demonio. Por eso se las censuraba y se las perseguía como brujas. —Rió entre dientes—. Así fue como comprendí que yo estaba acertado desde el principio: me he casado con una bruja. Y él también tenía razón, pues tú eres una curadora. Curaste mi corazón. Eso era lo que estaba enfermo.

Hinata le rodeó el cuello con los dedos.

—Tú también me has curado, Kyūbi. Has hecho que la parte del médico y de la mujer se convirtiesen en una sola.

—Porque yo amo ambas partes —dijo con suavidad—. Todas tus partes. Toda tú.

Hinata sonrió con esa sonrisa infinita y, entrelazando los dedos en el cabello de él, lo atrajo hacia sí y lo besó lenta, honda, lánguidamente.

Mientras Naruto se detenía con ella en la tibieza perdurable de ese momento, el estrecho arco rojo del sol se hundió tras una colina resplandeciente.

Un fino hilo de luz refulgió en el horizonte. La neblina nocturna se metió por los huecos y hendeduras de los páramos, y las sombras se expandieron, se alargaron, envolviendo en la oscuridad los senderos que serpenteaban.

La brisa que arreciaba hizo a Naruto alzar la cabeza.

—Una bella noche de Konohagakure—murmuró—. En momentos como este, es fácil creer en la magia. —Su mirada se topó con la expresión dulce de la mujer—. Tú eres magia para mí, Hinata.

—Porque soy tu bruja, y tú eres mi devoto pariente.

—Eso soy. —Le sonrió—. Hagamos un filtro, hechicera.

Hinata compuso su adorable ceño médico.

—Muy bien. Pero antes tienes que ayudarme a encontrar ojos de salamandra.

Naruto rió. Luego, alzando a la esposa en brazos, el conde de Rasenrengan se levantó y la llevó al interior de la casa.


FIN


¡Hola! Disculpen tardarme tanto, pero ayer estaba fallando la plataforma. Espero les haya gustado la historia.

Gracias por leer.

¡Hola!

Terminamos con otra historia, espero les haya entretenido.

Les dejo información de la historia.

Autora: Loretta Chase

Titulo: La Novia del Conde Loco.

Personajes:

Donan Camoys = Naruto Namikaze

Gwendolyn Adams = Hinata Hyūga

Forma parte de la colaboración que lleva por título "Tres Bodas & un Beso" por las autoras, Kathleen & Woodiwiss, Catherine Anderson, Loretta Chase & Lisa Kleypas. (Son Historias cortas)

Amor por Accidente adaptado al NaruHina forma parte de la colaboración.

Les dejo información sobre la migraña:

Una migraña suele durar de cuatro a 72 horas si no se trata. La frecuencia con la que ocurren las migrañas varía de una persona a otra. Las migrañas pueden ser poco frecuentes o aparecer varias veces al mes.

Durante una migraña, podrías presentar estos síntomas:

· Dolor generalmente en un lado de la cabeza, pero a menudo en ambos lados

· Dolor que palpita o late

· Sensibilidad a la luz, al sonido y, a veces, al olfato y al tacto

· Náuseas y vómitos

· Ante el primer signo de migraña, deja de hacer tus actividades habituales si es posible.

· Apaga las luces. Las migrañas suelen aumentar la sensibilidad a la luz y al sonido. Relájate en una habitación tranquila y oscura. Duerme si puedes.

· Prueba con terapia de temperatura. Aplícate compresas frías o calientes en la cabeza o el cuello. Las compresas de hielo tienen un efecto anestésico, que podría atenuar la sensación de dolor. Las compresas calientes y las almohadillas de calor pueden relajar los músculos tensos. Las duchas o baños calientes podrían tener un efecto similar.

· Toma una bebida con cafeína. En pequeñas cantidades, la cafeína por sí sola puede aliviar el dolor de la migraña en las primeras etapas, o mejorar los efectos de alivio del dolor del paracetamol (Tylenol, otros) y de la aspirina.

· Pero ten cuidado. Beber demasiada cafeína con mucha frecuencia podría ocasionar dolor de cabeza por abstinencia en el futuro.

· Duerme bien