Capítulo 18

Sasuke abrió la puerta con urgencia. No podía creer que durante las tres horas que había estado buscándola, tres horas de angustia, de la peor de las torturas, imaginando todo lo que podía haberle ocurrido, ella hubiese estado sentada en la biblioteca de su casa.

Fijo la vista en el pequeño bulto que, acurrucado en uno de los sillones que había frente a la ventana, miraba a un punto fijo, como si estuviese perdida.

El solo hecho de verla allí, de ver que estaba sana y salva, hizo que su cuerpo se relajara en parte de la tensión que lo había estado dominando. Se dio cuenta de que le temblaban las manos. Las cerró en un puño y volvió a relajarlas antes de aproximarse a Sakura. La furia que le había dominado a primera hora de la tarde volvió en oleadas.

Aquella mujer debía entender que lo que había hecho era una temeridad, una tremenda estupidez. ¿Acaso no entendía que su felicidad dependía exclusivamente de que ella estuviese bien? En cuanto aquel pensamiento se filtró en la mente de Sasuke se tambaleó como si le hubiesen dado un puñetazo en el estómago. Una cosa era intentar evitar la realidad y otra encontrarse cara a cara con ella.

Estaba enamorado de Sakura, y no de forma caprichosa o superficial. La profundidad de sus pensamientos, el anhelo, el deseo y la necesidad que sentía por ella eran más fuertes que su voluntad, su control y su propio egoísmo. Haría cualquier cosa por ella, iría al fin del mundo por ella y moriría por ella. Ser consciente de eso le dejó aturdido.

Sasuke supo el instante exacto en el que Sakura se dió cuenta de su presencia. Su cuerpo se tenso y desvió la vista hacia él. La desesperación que vio en sus ojos hizo que Sasuke reaccionara, saliendo de su estupor, y estuviese a su lado salvando la distancia que había entre los dos en solo unos segundos.

Sakura se levantó del sillón y se echó en sus brazos. Sasuke la estrechó fuertemente, intentando mitigar los temblores de los que Sakura era presa. Sasuke escuchó sus sollozos desgarrados, ahogados en un intento por mantener un poco de control, y aquello le partió el alma. Hubiese dado todo lo que tenía por que ella no sufriera, porque no tuviese que derramar ni una lágrima más.

—Tranquila, Sakura, shhh. Tranquila, cariño —le dijo Sasuke mientras no dejaba de abrazarla.

Estuvieron así unos minutos más. Sakura aferrada a él y Sasuke intentando tranquilizarla, sosteniéndola entre sus brazos y susurrándole palabras de cariño al oído.

Sakura se sentía segura entre sus brazos, como si él estuviese sosteniendo el peso del mundo para que no la aplastase. Eso fue suficiente para sentir que la opresión en el pecho disminuía, y que la angustia que la vía atenazado y que no había hecho más que crecer hasta que él llegó había desaparecido casi por completo. Intentó apartarse un poco para mirar a Sasuke y no le fue fácil. Sasuke era renuente a soltarla. Ella tampoco quería desprenderse de su abrazo, pero sabía que debía explicarle ciertas cosas.

La expresión de Sasuke al mirarla se endureció como el hierro. Sus ojos adquirieron un brillo peligroso, y Sakura, que todavía tenía las manos de Sasuke sobre sus brazos, sintió cómo estas se tensaban, cogiéndola con más fuerza.

—¡Voy a hacer pedazos a ese cabrón hasta que no quede ni rastro de él! —dijo Sasuke entre dientes cuando vio la pequeña herida y el moratón que se le estaba formando a Sakura en el pómulo derecho—. Pero antes vas a contarme todo lo que ha pasado —continuó Sasuke llevándola al sofá y sentándose con ella.

—No estoy aquí por eso —dijo Sakura con voz temblorosa.

Todavía le costaba hablar. Después de que Deidara se fuera de su casa, Sakura quedó rota por el dolor. Su querida Chiyo había muerto, y ella no había estado a su lado. Había sido como una madre. La había ayudado y le había dado el cariño que su familia siempre le escatimó. Ella fue la que la animó a irse de Escocia cuando vio la ambición y la crueldad de Deidara. Sabía que él no la dejaría tranquila. En aquellos días Sakura quiso llevarse a Chiyo a Londres, pero esta se negó. Le dijo que aquel no era su lugar, simplemente su sitio estaba en su amada tierra, donde había nacido y donde quería descansar cuando le llegará su hora.

—No sé por qué he venido —dijo Sakura nerviosa, sin saber dónde poner las manos, que le seguían temblando—. No tendría qué... No debería volcar en ti todas mis preocupaciones... Yo... lo siento.

Sasuke puso una de sus manos sobre las de Sakura.

—Ni se te ocurra decirme que no es asunto mío —dijo Sasuke con vehemencia—. Y ahora, cuéntame exactamente lo que ha ocurrido.

Sakura le contó la visita de su hermano. Lo que este le había dicho y como la había amenazado. Podría haber omitido parte de la historia, pero ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo. No deseaba ocultarle nada a Sasuke. Necesitaba contárselo.

Apenas le miró mientras le relataba los hechos de aquella tarde. Sentía que desnudaba ante él la parte de su alma que todavía quedaba intacta, pero al hacerlo descubrió que era liberador. Ya no había ningún secreto entre ambos, bueno, solo uno.

Sasuke la escuchó sin interrupciones, sin dejar de cogerle las manos, aumentando su presión en las partes en las que Sakura parecía más afectada.

Sakura quiso omitir deliberadamente la forma en la que se hizo la herida, pero Sasuke no se lo permitió.

—¿Como te hiciste eso, Sakura? —le preguntó Sasuke pasando suavemente las yemas de los dedos por el borde del hematoma.

—Eso no tiene importancia —dijo Sakura desviando nuevamente la mirada.

—Sakura, mírame —dijo Sasuke con un tono de voz que no presagiaba nada bueno.

Cuando Sakura le miró, la expresión de sus ojos hablaba por sí sola. Era una mirada llena de furia contenida, de una sentencia sin oportunidad de redención.

—Voy a matar a ese bastardo de todas formas, así que dime cómo te hizo eso —declaró Sasuke sin piedad.

—No puedes matarlo —dijo Sakura—. Y estoy bien, no me duele —mintió descaradamente.

Sasuke apretó la mandíbula en un acto reflejo.

—Mi paciencia tiene un límite, Sakura —dijo intentando contenerse.

—¿Por qué quieres saberlo? —preguntó Sakura temblando nuevamente.

—Por si le doy una muerte digna o le hago sufrir hasta que suplique.

En los labios de cualquier otro hombre sonaría a bravuconería, pero en los labios de él era una promesa. Sakura vio la determinación en sus ojos.

—Si te lo cuento tienes que prometerme que no lo matarás. Por favor, Sasuke. A pesar de todo es mi hermano.

Sasuke asintió. Sakura pensó que había accedido con demasiada rapidez, pero también sabía que no iba a conseguir sacarle ninguna promesa más. Tendría que conformarse.

—Cuando le dije que no accedería a su chantaje, Deidara se enfureció. Me he empujó y caí al suelo. Me hice esto en la caída. Me golpeé con el pico de la mesa. Cuando conseguí levantarme cogí el abrecartas que había encima de la correspondencia para protegerme si volvía a acercarse. Y entonces él se fue, no sin antes decirme que Chiyo había muerto.

Sasuke volvió a apretar la mandíbula, esta vez para evitar lanzar la sarta de juramentos que pugnaban por salir de su boca. Al contrario, consiguió dominarse lo suficiente para que su voz sonara calmada.

—Fui a verte —dijo Sasuke mirándola fijamente—. Cuando llegué tu tía estaba muy nerviosa. Me contó que te habías ido sola. ¿Sabes lo que podía haberte ocurrido? He estado buscándote durante tres horas por todo Londres —dijo Sasuke, que empezó a subir el tono de voz sin darse cuenta—. Pensé que quizás habrías cometido la estupidez de irte a Escocia —continuó, endureciendo su expresión cuando lo que vio en los ojos de Sakura le confirmó que ella había contemplado esa posibilidad—. No puedo creerlo, ¿en qué estabas pensando, Sakura?

Sakura retiró sus manos de las de Sasuke y se levantó de golpe.

—No sé en qué estaba pensando —le contestó alterada—. Solo sé que tenía que salir de allí, me asfixiaba y quería olvidar, vine porque quiero olvidar, porque contigo me siento segura —terminó con voz temblorosa.

Sasuke se puso de pie y se acercó a ella con tanta rapidez que no le dio tiempo a reaccionar cuando la cogió entre sus brazos y la besó. El ímpetu y la urgencia de su boca, reclamando todo de ella, fue más de lo que Sakura pudo soportar. Sintió su pulso a una velocidad vertiginosa y sus piernas débiles como si fueran gelatina, pero nada importaba salvo lo que él le hacía sentir. Cada una de sus terminaciones nerviosas exigía más, necesitaba más. Sasuke la estrecho aún más entre sus brazos y suavizó el beso. Ese cambio de ritmo la volvió loca, ella lo quería todo, lo quería ahora, con un ansia que traspasaba su buen juicio.

Sakura perdió el dominio de sí misma, y se volvió más audaz. Entrelazo sus dedos entre el cabello denso y fuerte de Sasuke, deslizando sus mechones entre ellos, y se dejó llevar por su fuego interior. Introdujo su lengua en la profundidad de la boca de Sasuke y embistió la suya, saboreando cada rincón, buscando una respuesta que no tardó en llegar y que la satisfizo como nada antes. El gruñido ronco que salió de la garganta de Sasuke y la protuberancia dura que sentía presionar contra su cintura lo decían todo.

Sasuke cortó abruptamente el beso, apoyando su frente sobre la de ella, respirando como si le faltase el aliento, y Sakura no pudo contener un pequeño jadeo de frustración.

—Sakura, debemos parar —dijo Sasuke con un tono de voz que a Sakura le pareció desesperado.

—¿Por qué? —preguntó Sakura tocándole suavemente la mejilla con su mano.

Sasuke se apartó como si su simple contacto le hubiese quemado.

—Por qué no soy dueño de mí cuando estás cerca. No creo que pueda parar si te toco. Ya no.

Sakura sabía que Sasuke estaba hablando muy en serio. Su expresión era la de un hombre que parecía estar pasando por un auténtico calvario.

—¿Y si yo no quiero que pares? —preguntó Sakura ruborizándose hasta la médula.

Sasuke la miró con una intensidad que la atravesaba. El fuego y la promesa que vio en sus ojos la hicieron arder y sentirse completamente expuesta, como si estuvieses desnuda a pesar de toda la ropa que llevaba.

—No sabes lo que estás diciendo, Sakura. No puedes pedirme eso —dijo Sasuke con vehemencia. Sakura no sabía a qué se refería, hasta que escuchó sus siguientes palabras—.
Si te toco, lo voy a detenerme. No creo que pueda ni aunque me fuera la vida en ello. Y si eso pasa, ten por seguro que no voy a dejarte marchar después como si nada hubiese ocurrido entre nosotros. Estoy intentando ser noble por una vez en la vida, Sakura, porque si eres mía, si te hago el amor, me dará igual no ser el hombre adecuado para ti, olvidaré que no puedo hacerte feliz y te condenaré al infierno, si de esa manera estás conmigo y puedo tenerte.

Sakura no se movió ni un ápice cuando vio a Sasuke acercarse más a ella. La intensidad de sus palabras, marcadas con un deje de dolor y desesperación, la hicieron contener la respiración como si sus pulmones hubiesen olvidado su función.

—Lady Senju me contó que estuviste cuidando de mí cuando estuve enfermo. ¡Maldita sea! —continuó Sasuke entre dientes—. Me dieron ganas de estrangularte cuando me lo dijo. Arriesgaste tu vida y tu reputación. ¿En qué estabas pensando? ¿Creías que podría vivir si te pasaba algo? —rugió Sasuke—. Puedo soportar muchas cosas, Sakura, incluso dejarte marchar, todo menos eso.

Sakura sintió un nudo en la garganta y en el pecho que amenazaba con partirla en dos. Sintió en los ojos la incipiente llegada de unas lágrimas que pugnaban con desbordar el poco control que tenía. La desesperación en la voz de Sasuke la había hecho temblar. Nunca había tenido la esperanza de que él pudiese sentir algo por ella, y ahora... «Por favor, que no sea un sueño», imploró en silencio, mientras intentaba decir algo entre la vorágine de emociones que sentía.

—Lady Senju también me dijo que es de dominio público que lord Hatake pedirá tu mano en breve —dijo Sasuke tensando la mandíbula. Su expresión era tan dura como el granito—. Nadie está a tu altura, Sakura, pero no es un mal hombre. Puede hacerte feliz —continuó Sasuke con voz ronca. Esas palabras se le habían atravesado en la garganta como un puñal.

—Yo no estoy enamorada de lord Hatake —dijo Sakura con tanta determinación que hizo arquear una ceja a Sasuke—. Estoy enamorada de ti.

Sasuke se tambaleó como si algo lo hubiese sacudido. Esas palabras hacían eco en sus oídos como una broma de mal gusto. No podía ser cierto, porque si fuese así eso haría que le resultase aún más difícil renunciar a ella.

—No sabes lo que estás diciendo, Sakura —dijo con convicción cuando pudo volver a hablar—.
No puedo hacer feliz a nadie.

Sakura se acercó a él. Vio que le temblaban las manos y una honda de desesperación que intentaba disimular se había adueñado de sus facciones. Sabía que estaba sufriendo.

—¿Por qué? ¿Porque eres un egoísta? ¿Porque tienes secretos? —dijo Sakura con intensidad—. Me da igual cómo seas o lo que hayas hecho. Solo sé que te quiero. Prefiero arder en el infierno contigo que vivir en el paraíso con cualquier otro.

Aquella frase la sentenció. Sasuke no podía creer que una mujer como aquella pudiese amarlo. A lo largo de su vida los que habían estado a su alrededor le habían hecho saber, de forma activa o pasiva, que no había nada en él digno de ser amado. Salvo contadas personas, que le habían ofrecido su cariño incondicional, y de las que todavía esperaba que se diesen cuenta de cómo era él en realidad, y le dieran la espalda, el resto le había dejado, despreciado o temido. No era posible que una mujer como Sakura, con su inocencia, su fuerza, su nobleza, su luz y su infinita ternura y compasión por los demás estuviese enamorada de él. Maldita fuera si era así, porque entonces él se sentiría como en aquel instante. Como un estafador que se queda con su amor a cambio de nada. ¿Quién era él para merecer aquello? Había intentado ser noble, por una vez en su vida, por ella, pero con esas pocas palabras Sakura se había condenado.

Ahora no podía dejarla marchar, no iba a dejar que nadie más la tocara, que otro la viera cepillarse el cabello por la noche como si fuese una rutina, cuando para él sería como contemplar el cielo. Quería ser el único que viese su rostro cuando llegara al éxtasis al hacerle el amor y después acunarla entre sus brazos, desesperado por velar sus horas de sueño. Él tendría ese privilegio y, si tenía que renunciar a su alma por ello, que así fuese. Iba a ser su acto más egoísta.

—No sé qué he hecho para merecerte —dijo Sasuke antes de cogerla en brazos y llevarla hasta la puerta.

Sakura hundió la cara en su cuello, aspirando su aroma, el que tantas veces había desvelado sus sueños. Ni siquiera escuchó algo que Sasuke le dijo a la señora Graves cuando este pasó por su lado con paso firme y decidido para después subir con determinación las escaleras que llevaban al primer piso y a su habitación.

Cuando entraron en ella y Sasuke cerró la puerta con el pie, Sakura se puso nerviosa. No porque no estuviese segura de lo que iba a hacer, sino porque sabía muy poco de aquello. Su madre murió demasiado joven y Chiyo aunque le había hablado un poco del tema, siempre había utilizado términos vagos y generales. Sasuke la dejó en el suelo lentamente, antes de percibir su nerviosismo.

—Si no estás segura, todavía podemos... —dijo Sasuke antes de que Sakura se apresurara a sacarle del error.

—No estoy nerviosa por eso, es solo que no sé si sabré hacerlo. Sé muy poco de todo esto.

Sasuke la miró con tal ternura que parte de su nerviosismo se esfumó.

—¿Confías en mí? —le preguntó Sasuke acercándose a ella.

Sakura sabía que le confiaría su vida si hiciese falta.

—Sí dijo sintiendo los dedos de Sasuke rozando su piel.

Solo aquel gesto la hizo temblar.

Sasuke se separó un poco de ella, lo suficiente para que no pudiera tocarle, y empezó a desnudarse. Se quitó lentamente la chaqueta, el lazo del cuello y por último la camisa. Cuando dejó su torso desnudo, Sakura se ruborizó de los pies a la cabeza. Ya había visto esa parte de su cuerpo desnuda, cuando estuvo enfermo, y ahora, como entonces, no pudo sino admirar su anatomía. Los brazos y el pecho, así como los músculos de su abdomen, parecían esculpidos en piedra. Ligeramente bronceado y con algunas cicatrices que no hacían sino resaltar aún más su elegante masculinidad. Sakura se estremeció sintiendo que su cuerpo respondía ante tal visión de formas que no entendía.

Sasuke se acercó a ella lo suficiente para que sintiera su aliento en la mejilla. Cogió una de sus manos y la colocó sobre su pecho desnudo. Sakura sintió el calor y la energía que desprendía la piel de Sasuke, que parecía abrasar bajo sus dedos. Cuando le miró a los ojos, sin apartar la mano de su cuerpo, vio como este los cerraba y apretaba la mandíbula como si estuviese sufriendo algún tipo de dolor.

Sakura intentó apartar su mano, pero Sasuke no se lo permitió.

—Parece como si estuviese sufriendo por mi contacto —dijo Sakura con voz temblorosa.

Sasuke se acercó más a ella, hasta estar a escasos centímetros de su boca. La miró fijamente a los ojos.

—No lo entiendes, Sakura. Estás nerviosa porque es tu primera vez, pero para mí también lo es en cierto sentido. Jamás había sentido por nadie lo que siento por ti. Hasta un ciego se daría cuenta del poder que ejerces sobre mí. Simplemente con tu contacto me vuelves loco, haces que me sea prácticamente imposible mantener el control. Cariño, si alguien puede torturar a alguien aquí, esa eres tú. Soy todo tuyo.

Sakura deslizó los dedos por su pecho hasta su abdomen, y la expresión de Sasuke le demostró que se había quedado corto con sus palabras. Su cara estaba contraída como si ella le estuviese infligiendo el peor de los castigos. Vio cómo le temblaban las manos a escasos centímetros de su cuerpo en un intento desesperado de no tocarla.

Sasuke no solo estaba cediendo el control, sino también se estaba mostrando ante ella sin ningún tipo de máscara ni subterfugio. El hombre que tenía delante le estaba demostrando que haría lo que hiciese falta por ella. Aquello la sobrecogió de tal manera que apenas sí pudo respirar. Dios, cuánto le amaba.

Sakura cubrió los escasos centímetros que los distanciaban y le besó. Aquel beso fue visceral y abrasador. El detonante, la mecha que alimento la hoguera que durante tanto tiempo había reclamado algo de lumbre. Un deseo que iba más allá de lo racional para adentrarse en el mundo de los sentidos, donde lo único que importaba era sentir la piel contra la piel.

Sasuke, que se había dominado con el último resquicio de control que le quedaba, lo perdió en el mismo instante en que Sakura se abandonó entre sus brazos, y le besó como si no existiese nada más sobre la faz de la tierra capaz de impedírselo. Eso superó su intención de ir despacio, de darle a Sakura la oportunidad de relajarse, de sentirse segura antes de asaltar todos sus sentidos con el deseo que sentía por ella y que le exigía de todo menos ser delicado.

La apretó contra su cuerpo y respondió a su beso, tierno y todavía inocente con el hambre del salvaje que saquea lo que desea y que, sediento, toma lo necesario para poder subsistir. Tomó su boca una y otra vez, en una danza erótica que los hizo tambalearse a los dos. Escuchó a Sakura gemir entre sus brazos y aquello fue el mayor de los afrodisíacos.

Sakura sintió que perdía toda la voluntad de su cuerpo. Este la traicionado, abandonándose a Sasuke de forma instintiva. Cuando sintió el tenue frío sobre su piel fue cuando comprendió que Sasuke le había desabrochado el vestido. Este había caído a sus pies en el suelo, al igual que su corpiño y la camisola, que colgaba precariamente de su cintura. Los labios de Sasuke abandonaron los suyos con una sonrisa cuando Sakura se quejó por ello. La miró a los ojos y termino de desvestirla. La camisola cayó con el resto de la ropa, así como el resto de sus prendas íntimas. Por un momento temió que moriría de vergüenza, pero lo que vio en los ojos de Sasuke, que la miraba con devoción, la estremeció de la cabeza a los pies, y le dió la seguridad necesaria para esbozar una pequeña sonrisa. Sasuke la cogió en brazos y la llevó a la cama, depositándola sobre ella como si fuese una preciada carga, justo antes de quitarse los pantalones y volver junto a ella encima de las blancas sábanas.

Sakura creía haber leído lo suficiente sobre anatomía masculina como para hacerse una idea de qué esperar, pero lo que vio en Sasuke la dejó paralizada. Aquello no podía encajar donde se suponía que debía hacerlo. Era demasiado grande para ella, y así se lo hizo saber.

—Sasuke, no creo que esto vaya a funcionar. Eres muy grande, en todos los sentidos.

Aquello hizo que Sasuke soltara una pequeña carcajada.

—Has dicho que confiabas en mí, ¿verdad? —Sakura asintió sin mucha convicción, lo que hizo que Sasuke volviese a reír.

—No haré nada que no quieras. Te lo prometo —dijo Sasuke, que vio en la expresión de Sakura como aquella promesa la tranquilizaba lo suficiente para que volviese a relajarse entre sus brazos.

Al sentirla desnuda a su lado, Sasuke pensó que derramaría su simiente allí mismo, como un muchacho imberbe en su primer escarceo amoroso.

Dios, era tan hermosa que le costaba un esfuerzo titánico no tomarla en aquel instante, como si fuese un salvaje.

Sakura sintió las manos de Sasuke en su cuerpo y el deseo volvió a nacer de nuevo. Contuvo la respiración cuando los labios de Sasuke hicieron un lento recorrido por su cuello, hasta sus pechos, donde Sakura contuvo el aliento. Cuando Sasuke cogió uno de sus rosados pezones y lo introdujo en su boca, Sakura pensó que podría morir. Sasuke lo chupó y lo succionó dando suaves toquecitos con su lengua en la cúspide que la hicieron gemir y arquearse, apretando las manos en las sábanas en un intento de parar la suave tortura que le estaba infligiendo. Sasuke siguió saboreando su pezón hasta que Sakura pensó que moriría de placer. Solo lo dejó el tiempo suficiente como para tomar el otro en su boca y someterlo al mismo tratamiento.

Sakura pensó que no podría soportar más hasta que sintió la mano de Sasuke sobre la piel caliente e hinchada por el deseo. Le sintió manipular sus labios hasta que encontró el botón de carne que coronaba su sexo. Le tocó ahí sin piedad hasta que ella le suplicó, sin dejar de devorar sus pezones como si le fuese la vida en ello. Sakura le rogó que parase aquella tortura, pero Sasuke siguió hasta que sintió sus dedos húmedos por el deseo de Sakura, que le respondía con tal abandono que tuvo que apelar a toda su experiencia para no penetrarla en aquel mismo instante.

Sasuke siguió besando su cuerpo hasta llegar a su ombligo. Lo bordeó y siguió hasta su cadera y más abajo.

Instintivamente, Sakura intentó cerrar las piernas, pero Sasuke se lo impidió. Él no podía estar haciendo lo que creía que estaba haciendo.

—Sasuke, qué... qué... Ohh... Ahh...

Sasuke la estaba besando ahí. Cuando introdujo su lengua en su sexo y lo probó como si fuese un exquisito manjar, Sakura soltó un gemido de agonía, y se agarró aún más a las sábanas intentando aferrarse a algo. Sasuke siguió jugueteando con su lengua, succionando, lamiendo. La agarró por las caderas con fuerza y siguió saboreándola hasta que sintió que los primeros espasmos de placer recorrían el cuerpo de Sakura con violencia. Aquello casi le volvió loco. Su respuesta era tan sensual, tan absoluta, que no pudo esperar más. Cubrió su cuerpo con el de él y se colocó entre sus piernas. Sakura sintió como el miembro de Sasuke presionaba en su sexo, introduciéndose unos pocos centímetros en él. Se sintió tan colmada que apenas pudo moverse. Después de que su cuerpo se hubiese hecho pedazos con el placer más absoluto que podía imaginar, aquello la hizo desear más.

—No te muevas, Sakura —dijo Sasuke apretando la mandíbula como si estuviera haciendo un gran esfuerzo.

Pero Sakura se movió. Alzó un poco las caderas, lo suficiente para escuchar a Sasuke mascullar entre dientes. Le sintió más adentro, y un ramalazo de dolor recorrió su interior. Se tragó el quejido, que murió en sus labios antes de salir de ellos.

Sasuke volvió a introducirse un poco más, y otro poco, hasta que estuvo completamente dentro de Sakura. Se quedó inmóvil, intentando recuperar el control. La sentía tan estrecha, tan cálida y tan suave que apenas sí podía mantener la cordura a raya.

—Cariño, ¿estás bien? —consiguió decir con mucho esfuerzo.

Sakura asintió y al hacerlo se movió ligeramente. Lo suficiente para que Sasuke tensara todos los músculos de su cuerpo.

Sakura sintió un leve placer al moverse y volvió a repetirlo.

—Maldita sea, Sakura, intento ser delicado, no te muevas.

Pero Sakura no le escuchó. Subió de manera instintiva las piernas y las entrelazó detrás de la cintura de Sasuke. Aquel movimiento supuso más de lo que Sasuke podía soportar y, cogiendola de la cintura, salió de ella para volver a introducirse en su interior con una embestida lenta y fuerte. Sakura sintió que la espiral del deseo volvía a encenderse en su interior. Sintió sus pezones friccionar contra el pecho de Sasuke, que seguía moviéndose dentro de ella cada vez con embestidas más fuertes y más exigentes, hasta que apenas fue consciente de dónde empezaba ella y dónde acababa él. Cuando sintió que su cuerpo iba a fracturarse de nuevo en mil pedazos, Sakura imitó a Sasuke en sus movimientos, saliendo a su encuentro con el mismo ímpetu que él.

—Sakura, para, vas a matarme, cariño, no... —dijo Sasuke perdiendo completamente el control.

El orgasmo fue devastador, dejando a ambos exhaustos. Sasuke jamás había experimentado nada igual, jamás pensó que pudiese llegar a sentir algo parecido. Estaba perdido. Su vida no valía nada desde aquel instante, porque todo lo que le importaba se encontraba en aquel momento entre sus brazos.


Nos queda un Capítulo para el final y el epílogo.