Capítulo 11: La clase de pociones

Me despierto con la alarma del móvil. Abro un ojo y lo veo sobre la mesita de noche. Lo cojo con resignación y lo apago.

- ¿Qué es eso? – pregunta Ginny.

- La alarma del móvil… Hora de levantarse. – les digo estirándome.

- Ese móvil tuyo es una pasada – dice Ginny con los ojos como platos.

Nos vamos levantando y vistiéndonos con el uniforme. Me he puesto la maldita falda a regañadientes ya que Hermione me ha advertido que pasará si no llevo el uniforme completo. Así que le he hecho caso porque no quiero estar castigada el primer día. Completo el uniforme con una camisa blanca con los primeros botones abiertos, la corbata colocada pero suelta como si de un collar se tratase y los calcetines y zapatos. La capa abierta complementa el atuendo.

Meto mi móvil en el bolsillo interior de la capa para así llevarlo siempre conmigo. - ¡Nunca se sabe! – pienso. También pongo los auriculares, por si puedo escuchar música mientras trabajo o en algún descanso. Una vez preparadas, bajamos a la sala común donde Harry y Ron nos están esperando para ir a desayunar.

- ¿Habéis mirado que clases tenemos hoy? - pregunta Hermione a los chicos mientras bajamos por las escaleras.

- Sí, tenemos Historia de la Magia a primera hora y Adivinación después – dice Harry.

- ¡Genial! Así tendremos dos horas más para dormir – suelta Ron con cara de sueño.

- ¡Seguro! – le dice Hermione poniendo los ojos en blanco. - ¿Y tú? ¿Qué clases tienes? – me pregunta curiosa.

- Mates y Biología – le digo – Empiezo el día fuerte – me quejo encogiendo los hombros. – Después tengo una asignatura con vosotros… Pociones – les confirmo.

- ¿En serio? – preguntan al unísono los tres.

- Ayer no me lo dijiste – me acusa Hermione.

- Sí…, al parecer, tendré dos asignaturas con vosotros. La otra es Defensa contra las Artes Oscuras. Para mí es solo teórico, pero quieren que asista – les informo.

- ¡Qué bien! – dice Hermione muy animada.

Llegamos al gran salón y nos dirigimos a nuestra mesa para desayunar. Cuando terminamos volvemos a la sala común para recoger los libros y cuadernos necesarios. En mi caso subo al dormitorio a coger el portátil ya que el material lo tengo en el aula. Una vez en mi poder, me reúno con ellos y salimos en busca de las aulas.

- ¿Qué es eso? – pregunta Ron.

- Mi portátil – le digo. Los chicos me miran. - Es un ordenador, pero más pequeño para llevarlo a todos lados. Lo usamos para clase ya que hay tenemos los libros digitalizados y es más práctico. Es como tener una biblioteca entre tus manos. – les explico.

- ¿Me lo enseñaras? – pregunta Hermione emocionada. – Se de ellos, pero nunca he tenido ni necesitado uno.

- Por supuesto y te enseñaré a usarlo – le confirmo. – Por cierto, ¿la Torre Sur dónde está? – pregunto.

Hermione me da instrucciones de cómo llegar como si fuera un GPS. Me despido de ellos, quedando para vernos después en el Hall, ya que no se ir a las mazmorras donde se imparte la clase de pociones.

Sigo la ruta trazada por mi amiga y consigo llegar al aula. La puerta está abierta y entro tímidamente. La sala es circular, no muy grande, y con mucha iluminación. Hay un triste pupitre en el centro frente a una pizarra. Junto a esta, a la izquierda, se encuentra el escritorio del profesor, el cual también tiene un portátil.

- ¡Tú debes de ser la Srta. Sophia Queen! – me asusta una voz masculina a mi espalda.

- Si – le respondo al girarme. - ¿Y usted el profesor Stefan Colling? – pregunto.

- Correcto – me dice mientras me tiende la mano como saludo. Yo se la acepto.

Aprovecho el momento para observarlo. Es alto y muy delgado. Su cabello es castaño, y lo lleva bien cortado y peinado. Usa unas gafitas rectangulares que ocultan sus pequeños ojos marrones. Viste con traje marrón, un poco anticuado para mi gusto.

- Toma asiento – me indica y lo hago. – El material lo tienes en el pupitre. Enciende el portátil y empecemos. – Yo asiento y me concentro en sus explicaciones.

Ha terminado la segunda clase y me despido del profesor Colling cogiendo el libro y el cuaderno para ir a clase de pociones. Introduzco el bolígrafo junto con el móvil en el bolsillo interno de la capa.

- Un consejo Srta. Queen – me para el profesor Colling. – Abotone la camisa y póngase bien la corbata. El profesor Snape no es tan permisivo como yo en cuestión de vestimenta - me dice con una sonrisilla. Yo asiento y le sonrío en agradecimiento.

Camino por los pasillos de piedra. Ya no me parece tan laberíntico el castillo, y soy capaz de encontrar el Hall yo sola. Allí veo que ya me están esperando. - ¡Qué buenos amigos tengo! – pienso con una sonrisa.

- ¡Esperad! – exclamo – Sujétame esto Hermione – le digo poniendo mis cosas sobre las suyas. Me abotono la camisa y tiro de la corbata para ajustarla. Levanto la vista y veo que Harry me está mirando de arriba abajo parándose en mi falda. - ¡Ya está! – exclamo para sacarlo de su hipnosis. Levanta la vista y me mira a los ojos ruborizado. Recojo mis cosas que sostiene la castaña y agarro del brazo a Harry comenzando a caminar para así mostrarle que no pasa nada y que se relaje.

Nos dirigimos a las mazmorras y entramos en el aula. Es bastante grande y oscura. Hay tres mesas largas para los alumnos con muchos botes de cristal llenos de sustancias raras, morteros, balanzas de latón y calderos sobre hornillos. Al fondo, a la izquierda y en alto, el escritorio del profesor donde destaca un gran reloj de arena. En la pared de atrás, una estantería llena de botellas de cristal polvorientas y montones de libros almacenados.

Nos sentamos en la mesa central, de izquierda a derecha, Ron, Hermione, Harry y yo. Junto a mi otra chica que no conozco. - ¡Vaya! Slytherin también están aquí… - pienso molesta al ver a Malfoy entre Goyle y Crabbe, al principio de la primera mesa, delante nuestro. El rubio platino nos ha visto y se gira con una pequeña sonrisa en la cara. – Este chico está pidiendo un puñetazo a gritos! – pienso, molesta.

No tarda en aparecer el profesor Snape como una exhalación. Cuando llega hasta su escritorio se gira a mirarnos. Su aspecto, realmente, impone miedo. El pelo negro, largo y lacio, le cae casi hasta los hombros. Lleva una túnica negra que, junto a su porte, lo hace parecer sofisticado.

Creo que me ha localizado porque lo veo acercarse lentamente hasta posicionarse frente a Malfoy.

- La Srta. Queen, supongo… - dice despacio y mirándome serio. Un nudo en el estómago se me forma de golpe. - ¡Este tío acojona… y mucho! – pienso, nerviosa.

- Si, profesor – le respondo. Una fina sonrisa se dibuja en sus labios. - ¡Sophi…tiembla! – pienso.

- Como ya sabrá… – comienza a decir – me obligan a impartir esta clase a una… "no maga". ¡Una pérdida de tiempo a mi parecer!... Así que tendré que mantenerla cerca, quien sabe los desastres que ocasionará…

- ¡Vaya! Era mi favorito, pero, dos minutos en su presencia y ya lo odio… y mucho… - pienso.

Baja la mirada y observa a los Slytherin que tiene delante.

- Sr. Goyle, póngase junto al Sr. Crabbe – ordena – Srta. Queen, junto al Sr. Malfoy.

- ¡No, por favor! – me sale de pronto. – Snape me mira muy serio. Creo que me está matando con la mirada.

Harry se tensa y me mira. Yo también lo miro asustada pero resignada me levanto y, tomando mis cosas, me dirijo al sitio que Goyle ya ha dejado libre. - ¡Mierda! – voy pensando mientras me acerco a mi nuevo sitio.

Una vez allí, miro a Malfoy que sonríe con aire de superioridad. Levanto la vista hasta el profesor Snape y con la mirada me dice que me siente. ¡Jo! Lo hago, no tengo más remedio.

Me coloco justo en el filo del banco, quiero estar lo más lejos posible del rubio oxigenado. El profesor gira sobre sus talones y se dirige a su escritorio.

- Abran el libro por la página doscientos siete. – nos indica volviéndose hacia nosotros.

Lo hago y puedo ver que es como una receta de cocina. El nombre y la fotografía de una hoja de planta se muestra arriba. Comienzo a leer:

Esencia de díctamo

Nombre: Díctamo o Arbusto Ardiente.

Características: Tallo y hojas de color verde oscuro.

Contraindicaciones: A veces libera vapores inflamables.

Uso: Poción herbovitalizante, Brebaje parlanchín, Magia curativa y Núcleo de varita.

Descripción: El díctamo es una planta mágica o hierva curativa poderosa y reconstituyente. Es utilizada sobre una herida que hace crecer piel fresca y le da un aspecto de varios días.

- ¿Para qué se utiliza esta planta? – pregunta Snape sobresaltándome. Miro a la clase a ver si alguien lo sabe. Solo veo dos manos levantadas… Hermione una de ellas ¡Cómo no!

- Srta. Granger… - le da la palabra el profesor.

- El díctamo o Arbusto Ardiente, es utilizada para curar heridas sangrantes. – responde segura de sí misma.

- Correcto – dice Snape de mala gana. – Hoy van a preparar un ungüento con esta planta. Delante de ustedes tienen los ingredientes para prepararla. – nos explica y se gira para ir hacia la estantería del fondo.

Miro hacia atrás y veo como Hermione y los chicos se ponen manos a la obra. Me giro para ver que tengo delante. Veo un mortero, sobre una tela cuadrada hay varias hojas de la susodicha planta y una hoja grande y triangular que parece Aloe Vera. Veo que los ingredientes son para cada dos alumnos. - ¡Vaya! hay que compartir… ¡lo que me faltaba! - pienso molesta. Aparto el libro y acerco el mortero. Estiro el brazo para coger un poco de la planta cuando veo como Malfoy se inclina hacia mí y me agarra de la cintura tirando para acercarme a él. Por encima de su hombro puedo ver como Harry nos mira furioso. Me quedo helada, no quiero que haga nada que le provoque problemas y Malfoy siempre son problemas. Muevo la cabeza en negativa a Harry y el asiente. Percibo el aroma dulce de Draco…, lo tengo muy cerca. Lo miro a los ojos instintivamente.

- Estabas muy lejos y, por desgracia, tengo que compartir los ingredientes contigo – me dice con una media sonrisa.

- ¡No me toques! – le digo apartándole la mano y me alejo un poco.

- Tranquila, no pienso ensuciarme las manos con alguien como tú – me suelta con aires de superioridad.

- Pues, que corra el aire… – le advierto.

Ahora, sí, cojo un poco de la planta y la pongo en el mortero. Miro el libro y puedo leer:

Preparación: Triturar la planta en un mortero hasta su total disolución. Añadir la sabia y mezclar bien hasta conseguir una pasta compacta.

Me pongo a machacarla hasta dejarla totalmente triturada. Pensar que es la cabeza de Malfoy ayuda mucho… Sonrío. Cuando creo que ya está bien me dispongo a coger la Aloe Vera.

- ¡No la gastes toda! Yo la necesito más que tú… – me dice exaltado.

- ¡Tranquilo! Que hay para los dos… – le digo molesta. - ¡Será idiota! – susurro.

Corto la hoja por la mitad y le tiro su parte sobre el mortero.

- ¡Ehhh!… - chilla – ¡Ten cuidado estúpida! – me dice más bajo.

- ¡Que te jodan Malfoy! – exclamo también bajito. Me mira enfadado.

Oigo unas risitas y miro hacia atrás sonriéndoles. Está claro que mis amigos nos han oído. Malfoy también se ha vuelto y les echa una mirada asesina. Vuelvo la vista hacia delante y veo al profesor Snape acercarse lentamente. ¡Mierda! ¡Espero que él no nos haya oído! – Miro mi mortero para disimular.

Saco la sabia de mi parte de la hoja con una especie de cuchara y la pongo en el mortero. Agito ambas sustancias y, poco a poco, la mezcla va tomando un color verde oscuro. Cuando está totalmente verde y parece una concentración de mocos, levanto un poco la vista, satisfecha del resultado. Diviso una túnica negra frente a mí. Poco a poco voy subiendo la vista y me encuentro con la cara inexpresiva de Snape.

- Déjeme ver… – dice quitándome el mortero. – Muy bien, Srta. Queen – dice con desgana y me lo devuelve serio. – Ya puede ponerlo en el frasco. – me indica y sigue pasando por delante de la mesa comprobando los resultados del resto de alumnos.

También felicita el trabajo de Malfoy y continua su trayecto. El rubio oxigenado me mira con superioridad, como si lo hubiera hecho mejor que yo ¡por Dios! Pongo los ojos en blanco. Me centro en mi pasta viscosa. Con la cucharilla de antes voy colocando la sustancia dentro del frasco.

- ¡Genial! – digo bajito y sonriendo. – Esto seguro que me es útil –

- Y ¿para qué te va a servir a ti? – pregunta el rubio burlándose.

- Tienes razón – le digo como con resignación – Toma para ti… lo necesitaras cuando te parta la cara – le suelto con una sonrisita falsa.

- ¿Tú y quien más? ¿El cara-cortada? – pregunta con ironía.

- ¡Muérete, Malfoy! – le suelto empujándolo.

El profesor Snape se gira rápido y nos mira. Vuelvo a mi posición hacia delante y disimulo mirando mi frasco en mi papel de niña buena. Malfoy hace tres cuartos de lo mismo. El profesor vuelve a girarse y a seguir su camino. El rubio y yo nos miramos desafiándonos con la mirada. Esos bonitos ojos azules, casi grises, intentan asesinarme.

Decido ignorarlo separándome un poco más de él y cogiendo el libro para echar un vistazo. No ha pasado ni un minuto cuando veo como Malfoy se inclina sobre mí otra vez. Instintivamente la parte superior de mi cuerpo retrocede un poco para mantener la distancia, aunque no consigo mucho espacio… su aroma me envuelve de nuevo. De pronto, siento una mano fría en mi rodilla, donde la falda no tapa.

- Tienes razón…, la falda te queda corta – me suelta en un susurro cerca de mi oído.

- ¡Sí que nos escuchó! – pienso, nerviosa.

Automáticamente, lo empujo fuerte hacia atrás y eso hace que quite su mano de mí. Mi mano derecha vuela a su mejilla. El sonido de la bofetada se escucha en toda el aula. Todos los alumnos nos miran. El profesor Snape se gira rápidamente y viene a paso ligero a nuestro encuentro. Me mira con los ojos muy abiertos y luego mira a Malfoy que muestra una rojez bastante visible en la mejilla y el pelo despeinado por el impacto brusco de mi mano en su cara. La expresión del rubio está entre la sorpresa y la rabia.

- Srta. Queen, ¿se puede explicar? – me pregunta serio Snape.

- Se lo merecía… Ha empezado él… - me excuso. El rubio me mira cabreado.

- ¡Está castigada, Srta. Queen! Esta tarde a las siete, en mi despacho – me cita. – La clase a terminado – anuncia notablemente enfadado y todos los alumnos se levanta para marcharse rápidamente, se nota que le tienen miedo.

Harry, Hermione y Ron me miran sin saber qué hacer. Creo que no saben que ha pasado realmente.

- ¡Váyanse a su próxima clase! – les grita al trio de oro. Ellos obedecen casi corriendo, pero mirando hacia atrás, preocupados por mí. – Srta. Queen, me acompañará a ver al director… y Sr. Malfoy, irá a la enfermería para que lo atiendan. -

Asiento y me levanto de mi sitio. Casi no me da tiempo a coger el libro y el cuaderno que Snape me ha agarrado del brazo y me arrastra tras él por el aula dirección a la puerta. Miro hacia atrás y veo a Malfoy caminando detrás con una sonrisa perversa.

- ¡Qué bien! – pienso, irónica mientras me sigue arrastrando por los pasillos del castillo. – El primer día de clase y ya estoy castigada. ¡Mi tía me va a matar!