Disclaimer: Todos los personajes conocidos son de JKR
¡Un poco atrasada, pero ahí vamos!
Reto FICTOBER, 2020 del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"
Día 9: Trueno
De la mala suerte de Draco
.
.
1 de enero, 2000
Hermione despertó sobresaltada, claramente esta no era su cama y este cuerpo que se abrazaba a ella casi tirándola al suelo, tampoco era Crookshanks.
Miró a su alrededor, no tenía resaca y no recordaba estar borracha ayer, solo demasiado eufórica y segura de sí misma.
Una mano la rodeó por la cintura, atrayéndola hacia un cuerpo caliente detrás de ella.
Y recordó todo.
Demonios
Demonios
Demonios
El anillo de la familia Malfoy estaba presionando deliciosamente contra su pezón mientras Draco la estrujaba. Se había quedado dormida y la luz entraba a raudales por la ventana. Al parecer no habían tenido el sentido común de correrlas la noche anterior. Y estaba agradecida por ello, sino… probablemente se habría quedado ahí hasta tarde.
Con cuidado, tiró de la mano de Malfoy y se deshizo del abrazo. Estaba al borde de la cama, así que se dejó deslizar hasta caer al suelo, completamente desnuda. No recordaba que la cama de Malfoy fuera de estas cosas modernas casi pegadas al piso, pero anoche no estaba siendo muy observadora entre la mezcla de besos y ropa suelta.
Buscó a tientas su ropa interior y se la puso haciendo una mueca; era un desastre, pero ni siquiera tenía su varita para limpiarla… Buscó algo más que ponerse.
¿En serio anoche había dejado todo afuera? ¿De verdad, Hermione te pavoneaste con poco más que bragas hasta su cama?
Caminó de puntillas a la ventana y tiró de las cortinas, sumiendo la habitación en oscuridad. Esperaba que no se despertara mientras salía de su casa… No estaba lista para confrontarlo.
De pronto cohibida, abrió la puerta con cuidado y sacó la cabeza rogando porque Malfoy viviera solo y no hubiera ni un elfo rondando. Cubriéndose con las manos el pecho, salió y se giró justo antes de cerrar.
Malfoy dormía plácidamente boca abajo, apenas cubierto por las sábanas azul marino. Su cabello estaba extra alborotado y su espalda, por Merlín, tenía algunas muescas rosáceas que claramente habían sido sus uñas sobre él. Quiso cubrir su rostro con sus manos y morirse en ese momento.
Sonrojándose, cerró la puerta con cuidado y miró a su alrededor. Si no mal recordaba, su ropa estaba en la sala… Caminó hacia donde creía que era la dirección correcta y suspiró. En realidad, era un piso muy bonito, amplio y lleno de luz. De estilo abierto.
Demasiado masculino.
Tomó su vestido del suelo y lo abrochó mientras se distraía mirando el gran librero que se alzaba hasta el techo, junto a la chimenea. Tomó su varita y arregló la figura extraña que rompieron el día de ayer y la colocó en su sitio, levantó la ropa de Draco y la dejó encima de un sofá con una floritura de su varita.
Miró a su alrededor, satisfecha con su trabajo. Tomó sus tacones y buscó encima de la chimenea, debería haber polvos flu por algún sitio, era la casa de un mago demasiado pagado de sí mismo para viajar por otro medio...
Se negaba rotundamente a hacer la caminata de la vergüenza.
—Los polvos flu están en la caja de terciopelo verde, a tu derecha.
Hermione se quería morir en ese momento.
Blaise Zabini se encontraba recargado en la encimera de la cocina mirándola con una gran sonrisa.
—¿Qué haces aquí? —preguntó débilmente la chica mientras buscaba la caja que había mencionado. Estaba más alejada de lo que pensó.
—Yo vivo aquí, la pregunta es: ¿tú qué haces aquí luciendo como una cualquiera?
Hermione enrojeció violentamente y le dio la espalda.
—Claramente me estaba yendo —Tomó los polvos flu y los arrojó a la chimenea—. Y no luzco como una cualquiera.
—En serio, Granger. Estás huyendo a las ocho de la mañana después de año viejo con tu vestido de fiesta hecho un desastre intentando no despertar a Draco. Eso te hace lucir como una cualquiera.
—Tienes mucha experiencia para identificarlas —dijo mordazmente Hermione mientras aferraba su bolso, poco dispuesta a escucharle algo más.
—Sí, lo tengo —dijo Zabini con una sonrisa—. Pero Draco no. Fue su primera vez, deberías ser más comprensiva...
Hermione se burló de Zabini y desapareció entre llamas verdes.
¡CRASH!
Draco abrió los ojos, ligeramente desorientado, como todos los días desde que se mudó ahí.
En el fondo de su ser, dudaba mucho que alguna vez se acostumbrara a vivir en otro lado que no fuera la mansión. No era un pretexto esnobista, se trataba de magia de sangre. La mansión estaba vinculada a él, a su sangre, a su nacimiento y había algo que se perdía cuando no estaba ahí, era como si la seguridad materna desapareciera cuando te mandan por primera vez al colegio, una parte de ti sabe que no pasará nada, pero otra parte se siente infantilmente arrancado.
¡CRASH!
Draco suspiró mientras se incorporaba de mala gana. Palmeó la cama a su alrededor, estaba solo. Sin rastro de ella.
¡CRASH!
Resignado, se puso de pie y se vistió. Un olor a quemado lo golpeó en la nariz.
—¿Qué demonios, Zabini? —preguntó Draco mientras tosía. Había humo por todo el piso. Cerró la puerta de su habitación y conjuró su varita. Blaise estaba frente a la chimenea arrojándole agua en cantidades exuberantes a unas lenguas de fuego que se extendían desde el piso hasta el techo, amenazando todos los cuadros y libros que había alrededor.
—Tu chica —tosió Blaise mientras el fuego comenzaba a menguar cuando Draco conjuró un bote de arena—. Explotó la chimenea.
Draco miró a su amigo sin entender mientras lo ayudaba a extinguir el fuego. Cuando por fin acabaron, tuvieron que abrir las ventanas y arrojar corrientes de aire para poder ventilar el sitio. Era un desastre de arena y agua por todas partes. Cenizas de libros volaban por todos lados, un sofá se había derretido parcialmente…
Blaise tenía su antes camisa blanca llena de hollín y el cabello de Draco estaba en las mismas condiciones deplorables, pero al menos, estaban ilesos.
—Ahora ¿Qué dijiste?
—Tu chica —repitió Blaise mientras se dejaba caer en un sofá no tan dañado, se repantigó como si fuera común vivir en un piso casi incinerado—. Se fue por red flu, tan pronto como desapareció, la chimenea explotó.
Draco miró hacia el desastre con fingida indiferencia.
—¿La viste?
—No es necesario haberla visto, para saber que tal catástrofe sólo lo pudo causar una chica. Tu primer chica en todos los aspectos.
Draco gruñó y negó con la cabeza.
—No sé a qué te refieres.
—Claro que no —coincidió Zabini con un guiño—. Pero dime: ¿En serio tienes que ser tan esnob para que todas tus primeras cosas sean con la misma persona? ¿También piensas casarte con ella? Pensé que siendo como eres, al menos esperarías al matrimonio, tú idiota arrogante…
Un gran chorro de agua bañó a Blaise, pero él solo se rio.
—Claro que no —contestó Draco mientras miraba su ropa doblada y extrañamente sin chamuscar—. Estás equivocado. Ella no fue la primera en nada. ¡Y no es quien crees!
—Por su puesto que no —contestó Blaise mientras se ponía de pie—. Lo que te haga dormir por las noches.
Draco gruñó y miró el desastre en el que se había convertido su departamento.
Suspiró.
¿A quién engañaba?
Sólo había una persona en el maldito mundo que podía causar un desastre como éste solo con cruzarse en su camino.
Y desafortunadamente para él, sus amigos habían sido las víctimas más constantes de sus intentos de acercarse a ella durante los años posteriores a la guerra.
Hermione Granger era para Draco Malfoy lo que un gato negro o una escalera atravesada para un muggle supersticioso.
No importara cuánto tiempo pasara, siempre, siempre, la mala suerte lo alcanzaba cuando ella se aparecía en su camino.
Anoche, por ejemplo, después de huir cuando Lovegood apareció, casi es decapitado por un medallón que cayó de quién sabe donde.
Y mientras bailaban, ni siquiera podía contar la cantidad de pisotones, golpes y bebidas derramadas que había tenido que soportar…
Incluso mientras se besaban en su departamento, el espacio más purificado con los rituales más elaborados por sus compañeros de vivienda, Hermione se las había arreglado para romper una reliquia familiar irrompible con solo deslizarla con sus caderas.
Por Merlín, estaba seguro que habían roto su cama… Draco tenía una cama alta, no esta cosa tipo tatami de la que había rodado cuando escuchó los ruidos...
Y ahora, agrega a la lista, la sala completa con los sillones traídos de Italia por el propio Zabini y la selección personal de primeras ediciones de Nott.
Draco suspiró y se pasó la mano por el cabello, la remodelación iba a costarle varios miles de galeones.
Blaise y Theo no serían piadosos con ello.
Y Hermione… se había marchado sin siquiera decir adiós.
Cerró los ojos y procuró no patalear como colegial idiota.
Ella siempre sería ella.
Y todo había sido perfecto a sus ojos, nunca, jamás, podría haber esperado demasiado por ella, por esta primera vez.
Pero se había ido sin una nota. Sin una mirada.
Hermione era como un rayo que partía árboles, arrasaba con bosques y aldeas enteras cuando se lo proponía sin siquiera parpadear.
Era una fuerza de la naturaleza que lo rompía completamente cada maldita vez, sin siquiera mirarlo.
Como un rayo, primero caía, lo golpeaba en la cabeza, le destrozaba la vida, le paralizaba el cuerpo, incendiaba su departamento, acababa con sus sofás carísimos de diseñador, abrasaba primeras ediciones ajenas y después, retumbaba.
Justo cuando ya había desaparecido, solo quedaba el eco del trueno que era Hermione Granger en su vida.
Tatami: Cama tradicional japonesa que va en el piso.
¡Hola! ¿Les gusto?
Besos draconianos,
Paola
